Arredor de Lámbrica


☀️ Petroglifos de A Ermida: ¿astronomía y territorio?




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Este artículo es una recopilación de todas las observaciones hechas en los petroglifos de A Ermida hasta el día de hoy, con una posible vinculación con el territorio circundante del lugar de A Chaira, donde actualmente se encuentra el castro de San Cibrán das Lás.
En la Edad del Hierro será edificado este castro, que todavía hoy podemos visitar, ostentando una férrea primacía sobre el territorio de los alrededores fruto de las características del solar que ocupa (visibilidad sobre el entorno, existencia de agua...). Pero nada impide que dicha primacía, de alguna manera, no existiera ya desde las primeras épocas del megalitismo.

Los petroglifos de A Ermida
Teniendo en cuenta las características de la roca, que permiten una cómoda observación del horizonte Oeste desde la parte oriental de la misma, nos hemos fijado en los siguientes eventos astronómicos, todos relacionados con puestas solares:
1.- En los solsticios de verano, en torno al 21 de junio, los petroglifos A y B están en línea con el punto del ocaso solar. Es un hecho indiscutible, aunque no podamos probar de momento tal intencionalidad.
2.- Los petroglifos E y A forman una línea que se aproxima mucho al Norte magnético. Igual que el anterior, también es un hecho indiscutible, aunque dudemos de la intencionalidad de sus grabadores.
3.- Los petroglifos A y D tienden a alinearse con el punto de ocaso en las épocas del solsticio invernal, hacia el 21 de diciembre. Aunque tal alineamiento, en épocas actuales, no llega a producirse al 100%, es posible, sin embargo, que en épocas anteriores a 3000 a. C. ambos petroglifos formaran una línea recta con el Sol poniente en las fechas solsticiales de invierno. Lo más sorprendente de estos dos petroglifos es que la prolongación de la línea que forman hacia el Nordeste apunta con aproximación hacia el castro de San Cibrán das Las, a unos dos kilómetros de distancia, aunque sin visibilidad directa.
4.- Los petroglifos A y C forman línea recta con el Sol poniente unos días después del equinoccio de primavera, aproximadamente 11 días. Es decir, faltando 81 días para o solsticio de verano. Por lógica, el alineamiento volverá a producirse 81 días después del solsticio de verano, o sea, hacia el 10 de septiembre, cando falten 11 días para el equinoccio otoñal.

Las cronologías que manejan os prehistoriadores para los petroglifos de la tipología de los A, B, C y D de A Ermida hablan de un largo espacio temporal entre finales del Neolítico y la Edad de Bronce. De finales del Neolítico proceden también las tradiciones megalíticas, de las que poseemos en esta zona dos ejemplos: una mámoa (dolmen) inmediata al castro de San Cibrán das Lás y otra mámoa inmediata a la roca de los petroglifos de A Ermida, siendo la distancia entre ambas de dos kilómetros. La mámoa del castro de Las es una de las huellas que dejó el hombre en épocas anteriores a la Edad del Hierro en ese lugar.

El castro de San Cibrán das Lás
El castro de San Cibrán de Lás, uno de los mayores de Galicia, conserva en el recinto sacro de su parte central, pegadas a la muralla, dos pequeñas piedras orientadas, una de ellas romanizada con una dedicatoria a Júpiter. En la construcción de la muralla esta roca y su compañera fueron respetadas, por lo que podemos suponer que alguna tradición milenaria de los constructores castreños debió de impedir su destrucción. Los romanos le inscribirán, atendiendo á esa posible importancia simbólica para los indígenas, la palabra ?IOVI?. La orientación de ambas rocas es Norte-Sur, quedando un hueco, a modo de puerta, Este-Oeste, coincidente con los ocasos solares equinocciales o próximos a los equinoccios.

Desde la cima del castro de San Cibrán das Lás, si seguimos los eventos astronómicos que hemos citado más arriba (los ocasos solsticiales y los ocasos próximos a los equinoccios), vemos que las líneas rectas hacia las puestas de Sol en esas fechas pasan por territorios que consideramos especiales, que marcamos en el mapa con las letras B, C y D, coincidentes con zonas húmedas y próximas al nacimiento de regatos (Lavandeira, Reguenga y Farcixo, respectivamente). Además, el punto D se aproxima mucho al lugar de A Ermida, donde se encuentran los petroglifos.
Por su parte, el punto E se acerca mucho a la parte Este de la cumbre del monte de San Trocado o San Torcuato, la máxima altura del entorno, a 550 metros, lugar sacro cristianizado con una capilla y en el que también existió un pequeño castro. Por esta ladera del monte, al Sur de la parroquia de Ourantes, también nace un pequeño curso de agua.

La inquietante coincidencia
En el mapa adjunto apreciamos como el diseño del panel de los petroglifos parece reflejar la distribución de zonas importantes para los pobladores anteriores a la Edad del Bronce, particularmente las zonas húmedas con nacimiento de cursos de agua. En una sociedad que se supone más ganadera que agricultora, la distribución de los pastos y la idoneidad estacional para su aprovechamiento llevaría a un control anual de los movimientos de ganado. Desde las cumbres de los montes, en este caso desde el futuro castro de Lás, pudieron decidirse las tareas a realizar en cada época del año y en cada pequeño territorio. Igual que en otras sociedades antiguas, los grupos dirigentes estarían muy unidos, incluso identificados, con los grupos religiosos. Así, se concederá un carácter sagrado a determinados lugares, en este caso la cumbre del monte. El carácter sagrado de ese lugar será heredado a través del tiempo, aunque cambie el sistema cultural o la religión, llegando así hasta la romanización, cuando se grabe ?IOVI? en una de las piedras, y hasta la cristianización, que llevará a grabar cruces en rocas cercanas.

Es posible que los petroglifos de A Ermida, además de constituir un marcador estacional o cronológico (calendario), reflejen la disposición de los distintos territorios (mapa) en función de posibles movimientos estacionales de ganado, o en los que se realizan labores agrícolas en determinadas épocas del año a las que posiblemente acudirían todos os pobladores del entorno: más al Sur en invierno y más al Norte, hacia las zonas húmedas, en épocas estivales, donde obtendrían pastos más abundantes.

La diferente tipología y el diferente tamaño del petroglifo A de a Ermida, que muestra líneas radiales y mayor número de líneas concéntricas, hace pensar en ese gran centro cultual que permanecerá a lo largo del tiempo en la parte central del castro. La relación entre ese petroglifo y sus compañeros es la misma que, a diferente escala, mantienen el castro de Lás y los nacimientos de cursos de agua señalados en el mapa.

La existencia de lugares con nacimientos de corrientes da agua abundante no pasaría desapercibida para aquellos primeros pobladores, que pudieron repartirse el territorio desde la parte central de lo que en la Edad de Hierro se convertirá en el castro de San Cibrán de Lás, la Ciudad de Lámbrica.












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Artigo publicado o 03-04-2010 20:53
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