A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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Sobre DELINCUENTES (Chile 1947)

8 de septiembre de 1947

BATALLA CONTRA LA DELINCUENCIA


Por Ramón Suárez Picallo

Las patrullas volantes de Carabineros de Chile, que actúan en zonas rurales, asoladas y aterrorizadas por bandas organizadas de maleantes ?atracadores, ladrones y asesinos y de la peor índole? están realizando una magnífica labor, digna del aplauso y del estímulo incondicional de todas las personas honorables.

En efecto, en menos de ocho días, a tiro limpio, y en rudas batallas campales, han liquidado a cinco o seis delincuentes, mandándolos al otro mundo, con la más viva complacencia de los vecinos honestos de las comarcas afectadas, que en este caso, prestaron a los representantes de la autoridad ?abnegados defensores de las vidas y de los bienes ajenos? toda clase de ayudas y de cooperaciones.

El hecho es muy digno de subrayarse, en estos momentos que el Supremo Gobierno de la República, está empeñado en una campaña trascendental de moralización nacional, y extensiva a todas las capas, clases y zonas de la ciudadanía, para erguir al país de un estado de depresión pública a punto de hacerlo caer en profundos abismos morales y espirituales.

Porque, efectivamente, la delincuencia en sus aspectos más innobles, aumento en los últimos tiempos en Chile en progresión pavorosa, sin que las viejas leyes punitivas dispongan de medios rápidos, eficaces y expeditivos para reprimirla y exterminarla. Las fuerzas del orden público tropiezan a cada minuto con normas jurídicas que traban y limitan estrictamente sus actuaciones, tomadas estas normas de ambientes extraños, totalmente distintos y opuestos al hampa chilena, que es de las más temibles del mundo, cuando se les da por hacer de las suyas. Días pasados se habló precisamente del tema en un editorial de ?La hora? en el que se decían unas verdades de a puño: Que las leyes penales y procedimentales chilenas no pueden continuar cuidando y guardando más la honra e integridad personal del delincuente, que la paz y la seguridad del ciudadano honrado; y que las normas generosas de la libertad condicional, la remisión de la pena, el indulto, y otras medidas humanas y generosas previstas en los textos, no deben ser aplicables a los delitos inspirados en móvil indigno, como lo son el robo, el hurto, la estafa, el atraco a mano armada, el cogoteo, el asalto con homicidio y con estrago, que ?enriquecen?, cada año con mayor caudal, las estadísticas de la delincuencia chilena.

Hay, además, a favor de los delincuentes vulgares, otro elemento de carácter imponderable, que los anima y estimula: una especie de ?vaga e imprecisa? simpatía popular, nacida en las más bajas capas del populacho, dispuesta siempre a inclinarse hacia la parte del ?pobrecito ladrón?, y en contra de la autoridad, sobre todo si está borracho o se hace el borracho por conveniencia para operar más a sus anchas. El hecho deplorable y deprimente, lo hemos comprobado muchas veces personalmente, en góndolas, micros y carros, atestados de ?pungas? conocidos, rodeados de ?damas?, y a veces protegidos por los maquinistas y cobradores.

Esta inconfesada simpatía por amigos de los bienes ajenos, no es, por lo demás, cosa privativa de Chile; los ?Niños de Ecija?, José María, ?El Tempranillo?, Diego Corrientes, Luis Candelas, y Mamed Casanova, fueron en España, ?bandoleros ilustres?, cantados y elogiados en historias y romances; su directa herencia chilena fueron los ?Pincheiras?, ?El Huaso Raimundo?, ?El flaco Manuel?, ?El ajicito? y la figura real y literaria a ratos generosa de Joaquín Murieta, que tuvo por escenario de sus hazañas las tierras de California. Todos estos personajes ?espiritualmente muy superiores a los bandidos de hoy, representados por el ?Torito?, porque ellos no asesinaban a mujeres, a niños ni a ancianos? están hoy fuera de órbita, desde que el romanticismo bandolero dejo de ser literatura tolerable. Sus figuras tienen un solo encaje, señalado en el Código Penal, o en el buen sentido moral de las gentes honestas, que piden a gritos su exterminación, lisa, llana y sumarísima, sin mayores consideraciones a las garantías procesales que no se hicieron para ellos.

Al conjuro de la consigna de ?pena de muerte al ladrón?, Carabineros de Chile debe continuar su benemérita ?razzia? a tiro limpio. Francisco Cayumán Curín, caído en cumplimiento de su deber días pasados, debe ser seguido de la pena de muerte, de por lo menos cien bandoleros, entre los muchísimos que andan sueltos por los campos y por las ciudades. Así contribuirán eficientemente al éxito de la campaña del Gobierno de la República tendiente a levantar a Chile de la postración moral en que se halla.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile tal dia como hoxe pero de... 1947)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (outros) - Publicado o 08-09-2013 23:05
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ACTO CONMEMORATIVO POR ELISA ABRUÑEDO
Difundimos o seguinte comunicado da familia de Elisa Abruñedo:



Hola. Somos Héctor y Sandra Fernández Abruñedo.

Hacemos este evento para comunicaros que el sábado 7 de septiembre a las 18 horas se va a celebrar un acto conmemorativo en la plaza Suárez Picallo de Sada por nuestra tía Elisa Abruñedo.

Para los que no sepáis de que va el tema, nuestra tía fue asesinada el domingo por la tarde mientras que estaba paseando por el pueblo en el que vivía a escasos metros de su casa.

Os adjuntamos una noticia del acto que se celebró en Cabanas hace unos días.

http://www.elcorreogallego.es/galicia/ecg/ayuntamiento-cabanas-expresa-su-repulsa-muerte-violenta-vecina/idEdicion-2013-09-04/idNoticia-824867/

Toda la familia estará enormemente agradecida de vuestra colaboración.

Por favor, difundid este evento entre vuestros amigos. Gracias.
Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 07-09-2013 11:49
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RECUERDOS DEL 11 DE SEPTIEMBRE (EN CHILE)


RECUERDOS DE AQUEL 11 de SEPTIEMBRE


El martes 10 de septiembre de 1973 tuvimos clases en el Pedagógico de la Universidad de Chile, en calle Macul. Yo cursaba Pedagogía en Castellano (no en ?Español?, como dicen ahora), en horario vespertino, a mis treinta y dos años de edad? Manuel Alcides Jofré, joven y entusiasta profesor, nos impartía Literatura Latinoamericana. Salimos cerca de las 11:00 de la noche. Manuel nos dijo, con el rostro agobiado por la preocupación: -Las cosas se están poniendo feas? Cúidense, muchachos?.

Clemente Astudillo y yo, logramos abordar una micro atestada de torvos ciudadanos, rumbo a la Alameda con San Diego, para coger allí un colectivo o lo que fuese, rumbo al sur íntimo. Santiago del Nuevo Extremo parecía una ciudad sitiada, sumida en la oscuridad por los constantes cortes de luz provocados, tanto por los opositores al gobierno de Salvador Allende, como por ?cabezas calientes? de la Unidad Popular. Todo valía para contribuir al desorden.

En medio de los barquinazos del microbús, el Flaco Astudillo me dijo: -Mañana darán el golpe los milicos. Estoy seguro-. ?Cállate, huevón- le dije, me tienen hasta la tusa con esos vaticinios golpistas? El Flaco señaló hacia la calle, mostrándome las estaciones de servicio, a oscuras y sin la constante protección policial que habían tenido hasta ese día. ?Por algo habrán acuartelado a los pacos? No he visto ni uno solo a lo largo del trayecto-, insistió mi pesimista y lúcido compañero.

No quise creerle a Clemente Astudillo, condiscípulo del Pedagógico y camarada de célula. Yo me negaba a considerar las evidencias, como un enfermo terminal que no quiere oír las admoniciones irrefutables del médico. Se podía percibir en el aire la tensión del ambiente, reflejada en los rostros cetrinos de los pasajeros. Con suerte, logramos trepar a un minibús que nos dejó en el paradero 18 de Gran Avenida. El chofer no quiso continuar, a la vista de vehículos militares que atronaban la rúa. Desde ahí, caminamos hasta el paradero 25. El Flaco siguió, rumbo a San Bernardo. Fue la última vez que le vi. Hoy es un nombre más entre los miles de desaparecidos de la represión cuartelera que asolara Chile durante diecisiete años.

En casa me esperaban un sinnúmero de quejas y una larga lista de las vituallas que faltaban. Se me enrostró mi apego a una causa absurda, que nos tenía al borde de la inanición, gracias a los continuos desaciertos y tropelías de la ?Upé?, sigla peyorativa que empleaban los enemigos del socialismo ?vulgo ?momios?-, y que tenía su correspondiente gentilicio: ?upeliento?. El lenguaje exhibía también sus acerados cuchillos fratricidas.

Poco dormí aquella noche. A las 6:30 del miércoles 11, salí rumbo a mi trabajo en las oficinas de Química Hoechst, ubicadas en calle Teatinos, frente a la sede del Partido Comunista y a la Librería Austral, donde la fiel y diligente compañera Violeta me proveía de buenos libros, a precios irrisorios y con un crédito abierto, como corresponde a la solvencia de un escritor en vías de celebridad.

Descendí del microbús en la esquina de Lord Cochrane con Alameda. Vi dos tanquetas de carabineros desplazándose hacia La Moneda. Todo el sector aledaño de la Avenida Bulnes estaba acordonado, impidiendo el paso de peatones y tránsito vehicular hacia los alrededores del palacio de gobierno. Caminé rumbo al norte, por calle Amunátegui. A las 7:45 ingresé en la Hoechst. Recién pasadas las 8:00, mi jefe entró como una tromba en la oficina. Se le veía exaltado, pero feliz. Traía en su mano derecha una radio a pilas. -¡Por fin!- gritó, las Fuerzas Armadas se han rebelado contra este gobierno de mierda?

A las 9:15 de la mañana, don Jorge Mosel, gerente alemán de la empresa, impartió la orden para que todos nos retiráramos a nuestras casas, hasta nuevo aviso. Abandoné la Hoechst y crucé la calle Teatinos hasta la puerta del Partido. Estaba cerrada, al igual que la librería. A través de las ventanas no se veía a nadie, pese a que dentro se encontraban más de cuarenta compañeras y compañeros, convocados quizá a lo que sería una resistencia suicida. En efecto, ninguno de ellos escapó con vida de aquella casona donde se fraguaron tantos sueños.

Caminé hacia La Cisterna, bordeando la carretera Panamericana. Camiones militares se dirigían al centro de la ciudad. El cielo comenzaba a llenarse de nubarrones, traídos por los vientos de septiembre, otrora venturosos anunciadores de las Fiestas Patrias. En San Miguel me topé con unas patrullas de milicos de la Aviación, que derribaban puertas de dependencias municipales. Era la comuna de los hermanos Palestro, Mario y Tito, luchadores socialistas de toda una vida. Mario lograría escapar al exilio. Tito fue lanzado al mar, desde un helicóptero.

Llegué a casa, cariacontecido y agotado, no de la caminata, sino de la insoportable tensión asociada al miedo, a la impotencia, al desconcierto. Me encontré en el umbral con mi pequeña hija Karen, que cumplía ese día aciago siete años de vida. ?Papá- me dijo, no hay nada para que me hagan la torta de cumpleaños, pero la Nena armará una con galletas que tenía guardadas? Y sonrió, feliz y ajena a la tragedia colectiva.

El 11 de septiembre había dejado de ser, para siempre, una fiesta augural y jubilosa.

Edmundo Moure
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 06-09-2013 00:48
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PROVIDENCIA POETICA


PROVIDENCIA POÉTICA


Fue una tarde de septiembre de 1973. Habían transcurrido diez días desde el cruento golpe militar y de la muerte del ?compañero Presidente?, Salvador Allende. Estábamos bajo riguroso ?toque de queda?. La casa permanecía en hosco silencio, mientras escuchábamos por la radio los luctuosos sucesos. Se sucedían los bandos militares, las amenazas y proclamas ?antimarxistas?. El miedo penetraba hasta lo más íntimo, como peste negra. Llamaron a la puerta de nuestra casa, sita en La Cisterna, al sur de Santiago del Nuevo Extremo. Antes de abrir, miré por la ventana. Eran tres uniformados en tenida de combate. Irrumpieron sin mayores preámbulos: un oficial de infantería y dos jóvenes reclutas que apestaban a pisco? (Se les hacía ingerir una mezcla del fuerte licor nortino ?más peruano que chileno- con algo de cocaína; era la pócima del coraje cuartelero). El teniente portaba una metralleta sueca, y los dos milicos, sendos fusiles yanquis de reciente fabricación (Nixon mediante).

-Haremos un registro- me espetó el mílite. (El día anterior, sábado, un grupo de combatientes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria había atacado la comisaría policial del barrio, matando a cuatro carabineros; una de varias escaramuzas contra el descomunal enemigo que les llevaba una ventaja de cien a uno, puesto que en Chile no se produjo ni siquiera un conato de guerra civil. El cuartelazo fue brutal y sanguinario, y la resistencia armada se circunscribió a un puñado de auténticos suicidas, que carecían de instrucción militar básica y de de armamento propicio).

Los soldados ingresaron, hurgando en lo que les pareciera sospechoso (yo había sido director de la casa de la cultura del ayuntamiento, un subversivo en potencia); registraron armarios y otros muebles, dieron vuelta las ropas de cama, removieron todos los objetos a su paso. No había armas, aparte de tantas palabras guardadas en las cartucheras de los libros.

El teniente quiso revisar la habitación ?de servicio?. La usábamos como improvisado escritorio y andel literario. Encendí la luz. Desde el muro nos miraba Ernesto Che Guevara: un retrato en reluciente cobre chileno, regalo de mi amigo socialista, Carlos del Real. En la biblioteca destacaban los verdes tomos empastados de Editora Austral, con obras de Maquiavelo, Bakunin, Lenin, Engels, Marx, y otros autores diabólicos. (Yo no tuve la precaución de esconder aquellas terribles pruebas del delito). Recordé que en casa de un escritor amigo habían requisado ?La Rebelión de las Masas?, de Ortega y Gasset, y ?La Revolución en el Amor?, best seller de una gringa cuyo nombre olvido, tal vez subversiva en la cama. El trámite habitual de una requisa incluía destrucción de enseres, robo de especies y, por supuesto, vejámenes a los moradores.

Se produjo un espacio de silencio, nada angélico, sino más bien angustioso y sofocante. El militar me miró con fijeza; transpiré, esperando un terrible desenlace; entonces, habló para decirme: -Se ve que a usted le gusta la literatura? Sí ?le dije-, casi en un suspiro, -es mi razón de vivir. Hubo una pausa, aligerada como el vuelo de la golondrina. ?Yo tengo un tío escritor- agregó el oficial, con voz serena, casi meliflua en la tensión acerada de la tarde? -Es mi tío, poeta del sur, Antenor Guerrero.

Me volvió el alma al cuerpo y el habla a la memoria. ?Aquí tengo su mejor libro- le dije, y extendiendo el brazo hacia el andel, extraje el bello poemario ?Hondo Sur?. En la portadilla estaba escrita una afectuosa dedicatoria a este escriba que ahora cuenta aquella historia? El oficial sonrió, aquiescente, amigable, humano por encima de sus violentas ferreterías; me habló con emoción admirativa de su tío Antenor, confesó, como un oscuro pecado, su propio interés por la literatura. Abrí el libro y leí algunos versos, al azar: ?Los pájaros del mundo/ cantan para todos./ Son las mismas canciones/ en el bosque o la ciudad./ Idioma de los trinos,/ mensaje de alegría./ Yo digo, por ejemplo,/ que cante el ruiseñor: /¿Necesita traductores??
Los ojos del teniente se llenaron de lluvia. A punto estuve de abrazarle, pero no habría sido ético ni menos ?políticamente correcto?? Pensé en regalarle mi primer poemario, ?Ciudad Crepuscular?, pero qué podía escribirle en la dedicatoria que no me pesara después en las alas del remordimiento. Me abstuve, aguardando sus últimas palabras.

Al salir, en la acera, me dijo, con mirada candorosa: -Gracias por su acogida? Ha sido un gusto conocerle? Permítame recomendarle algo, sin ofenderle, claro? Mire, guarde ese poster del Che; puede traerle problemas, nadie se sabe?

Le vi alejarse, con sus dos conscriptos en patética escolta. Pensé en Antenor, en Neruda, en Juvencio Valle, en Jorge Teillier, en los poetas del sur lluvioso y mágico de Chile, donde la poesía crece como helechos de un bosque interminable. No sentí odio ni resentimiento, a pesar de que la patria se precipitaba en un agujero negro, en esa longa noite de pedra que iba a durar diecisiete larguísimos años.

Tuve entonces la certeza de que la Divina Providencia velaba por la poesía y continuaba siendo, pese a todo, un ente sobrenatural proclive a las izquierdas.


Edmundo Moure
Septiembre 2013

Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 02-09-2013 00:13
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CANTÓN en 1942

1 de septiembre de 1942


CANTÓN


Por Ramón Suárez Picallo

Los chinos de Chiang Kai Shek -los únicos chinos que cuentan en el mundo- en avance irresistible sobre Cantón, han llegado a 48 kilómetros de la vieja urbe.

No es de extrañar el empuje brioso, tratándose de Cantón, la magnífica ciudad, que es cuna de la nueva China renaciente y heroica. Allí nació la República democrática apadrinada por uno de los más grandes espíritus del Oriente moderno: el doctor Sun-Yat-Sen, llamado Padre de la Patria nueva. Sus doctrinas entroncan en las viejas escuelas milenarias, creadoras de una Filosofía y de una espiritualidad que cautiva aún en nuestros días por su belleza alada; a ellas agregó el doctor cantonés las experiencias recogidas por él en Occidente, cuya cultura dominaba.

Cantón tiene incluso una lengua propia -el cantonés - que es la lengua diplomática y literaria por excelencia. La China moderna, tiene un alma que está en Cantón, cautiva, secuestrada? Los chinos de Chiang Kai Shek, avanzan sobre la vieja ciudad para rescatar el alma de su Patria.
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Pobos, cidades e lugares - Publicado o 01-09-2013 08:45
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