A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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AS MULLERES AVOGADOS NOS ANOS 40

A entrada da muller no campo da xurisprudencia non foi nada fácil,como tampouco o foi e o está a ser en moitas profesións; Nos anos 40 se percibían notables diferencias e RSP así o fai constar apoiándose en varias anécdotas...

11 de enero de 1943

LA SEÑORITA ABOGADO


Por Ramón Suárez Picallo

Los juristas de Chile han celebrado su tradicional fiesta de ?fin de curso?, con ocasión del cierre del año judicial. Banquete de confraternidad discursos e insinuación de proyectos de reforma de ese esencial Poder del Estado. Todo muy serio, muy solemne y muy, estrictamente jurídico, como corresponde a una reunión de jueces, magistrados, abogados y fiscales; es decir, la justicia con todas sus ramas y matices, reunida en torno a una mesa de comer y beber, desprovista de gerundios, de fallos y de mejor proveer.

De pronto, uno de los comensales, en medio de un discurso, suelta un dato: en los últimos 20 años, han recibido su título de abogado 87 niñas, muchas de las cuales actúan brillantemente en la judicatura, dando a cada cual lo que es suyo, conforme a Derecho. Es seguro que el dato alegró a la gente joven. Y le recordó que alguna mañana, en el aula, mientras el profesor explicaba, minuciosamente el Estatuto real, formal y personal, la señorita A., compañera de banco, toda abstraída, leía ?Madame X? o ?El proceso de Mary Dugan?, metidos, de contrabando entre la prosa espesa de Chlovenda o de Florián.

En cambio, el viejo jurista, apegado a las viejas escuelas, recordando que en Roma se prohibía abogar a las mujeres, y que el Rey Sabio, las declaraba ?moi subtiles e enredadoras de las cosas claras, que se non deben mezclar en menesteres de Derecho? habrá fruncido el ceño y dicho en voz baja:

-Valiente cosa: una mujer interpretando al sabio varón Papiano, defendiendo a un estuprador o discerniendo la condición ejecutiva de la letra de cambio. ¡Qué tiempos, señor! Y lo peor del caso es que lo hacen muy bien, por ?subtiles e enredadoras?, como decía don Alfonso, el de ?Las Partidas? .

Porque ha de saberse que la entrada de la mujer el campo de los estudios Jurídicos, fue en su tiempo combatida y obstacuIizada por los viejos jurisprudentes, desde Oxford a Salamanca. No hace mucho aún, en esta última Universidad, había algún sapiente profesor que no recataba en inquina, a sus oyentes con faldas.

Explicaba Derecho Procesal y, refiriéndose a las ?generales de la Ley? que encabezan toda declaración, aseguraba que siendo mujer la declarante, no había por qué preguntarle la profesión. Debía ponerse, a priori, lisa y llanamente: ?labores propias de su sexo?. Y miraba a sus alumnas, con una sonrisita irónica.


?CABALLEROS ALUMNOS?

El viejo profesor salmantino era ritualista a la vieja usanza. Subía a la cátedra de rigurosa toga, con el birrete doctoral encasquetado en su cabeza calva. Invariablemente, comenzaba la lección del día con la siguiente Invocación:

¡Caballeros alumnos!

Las muchachas estudiantes tramaron un día el modo de hacerle pasar un mal rato al ?dómine? antifeminista: pidieron y obtuvieron -¡cómo no iban a obtenerlo- que, por una vez, no asistiese a la clase de Procesal, ninguno de los estudiantes varones. Sonaron las campanillas, el catedrático subió al estrado profesoral como de costumbre a la hora en punto. En el aula había sólo cinco muchachas y ni un varón. Tomó asiento y esperó un instante. No entró a clases nadie más. El profesor caló sus quevedos, miró a los asientos vacíos y, con la solemnidad habitual, comenzó la lección con las palabras de siempre:

¡Caballeros alumnos!

Al final de la clase, se dedicó a poner ceros delante de sus nombres, a todos y cada uno de sus discípulos de ambos sexos. Y luego, decía a sus compañeros de claustro:

-Las mujeres con mantilla. Vistiendo toga y birrete, me resultan unos adefesios insoportables. Más que una cuestión de Derecho es una cuestión de estética.


?SI LAS MUJERES MANDASEN...?
La cosa no paró ahí, para delicia del viejo profesor. Tuvo un compendio lírico casi al final del curso. Los estudiantes españoles siguen teniendo una vieja y bella tradición: suelen organizar masas corales, con toda clase de instrumentos de música. Se llaman ?tunas? y resumen toda la gracia y la travesura juvenil, en coplillas y canciones cantadas a coro con tanto entusiasmo como desafinamiento. Recorren pueblos y ciudades, en asedio de la simpatía y del regocijo de las gentes, menos de los hospederos y mesoneros, que ante su proximidad, se echan a temblar por sus despensas. Porque nadie les cobra lo que consumen a los estudiantes ?tunos?. ¡Y no es poco lo que consumen!

Antes de salir, la tuna, debe, protocolarmente, dar serenatas a las personalidades más principales de la ciudad. Y naturalmente, a las señoras, hijas y nietas de los señores profesores. Y aún se trata de obtener, cantando bajo un balcón los puntos que se ganaron en el estudio severo y sosegado.

Una noche de luna, los alumnos y alumnas del jurista de nuestro relato con todos los que cantaban y tocaban algo de las otras clases y años, se plantaron, formando una ?tuna? multifónica, debajo del balcón del profesor, -que tenia varias niñas en estado de merecer-, e hicieron allí derroche de lirismo, valses pasos dobles y hasta su tanto y cuanto de música clásica. Y por aquello de que la música domestica las fieras, ablandó al vejo dómine, que, al agradecer el gentil agasajo, prometió hacer una borratina general de ceros, de la lista de sus traviesos discípulos. Aplausos y demás, y una nueva ?tocata? a manera de despedida. Era la de la sorpresa. ?Orquesta y coro general? rompieron a cantar la famosa jota de ?Gigantes y Cabezudos?

?Si las mujeres mandasen
en vez de mandar los hombres;
serían balsas de aceite
los pueblos y las naciones?

El viejo profesor sonrió, bondadoso, y dijo: ?Puede que tengáis razón? y, como lo había prometido, borró todos los ceros.


ENVÍO

A las mujeres chilenas, que administran justicia, con el cerebro y con el corazón, tratando de armonizar lo legal y lo justo, les quedan dedicadas estas líneas, a modo de respeto y admiración.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 11 de xaneiro de ... 1943)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Tal día como hoxe... - Publicado o 11-01-2011 00:03
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