A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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A BATALLA DE INGLATERRA
26 de septiembre de 1943
LA BATALLA DE GRAN BRETAÑA


Por Ramón Suárez Picallo

EL Imperio Inglés, o mejor dicho, la gran Comunidad de Naciones Británicas, celebra hoy, a lo largo y a lo ancho de su inmensa vastedad, la llamada Batalla de Gran Bretaña; la batalla famosa, sin par en la Historia, como hecho representativo de la voluntad de un pueblo, y de una comunidad de pueblos, por sobrevivir con decoro y facilitar vida decorosa a otros pueblos y a otras naciones.

Al perderla, perdieron los totalitarios la esperada victoria, que parecía estarles, entonces, al alcance de la mano; y ganándola, Gran Bretaña, abrió a la esperanza de la Humanidad acongojada, la perspectiva de un camino de salvación.

Recuerde el lector: Polonia devorada en pocos días. Catástrofe en Noruega; arrasadas las naciones balcánicas; invasiones de Bélgica y Holanda, el cataclismo gigantesco de Dunkerque y la caída vertical de Francia. Todo con la rapidez y la velocidad del huracán incontenible; con tiempo, apenas suficiente, para meditar en la magnitud de lo que acababa de suceder, y cerrar los ojos ante lo que se venía.

¿Qué quedaba entonces? Inglaterra, sola, trágicamente sola, solemnemente sola, frente al mundo, envuelto en la estupefacción; y en medio de los cánticos de victoria de los que se creían triunfadores, surgió la voluntad milagrosa de luchar y de vencer, en los que parecían los vencidos.

¿Cómo? ¿Dónde? ¿Con quién? Como se pueda, en todas partes ? en la tierra, en el mar, en el aire, en las playas, en los acantilados y en las encrucijadas ? con ?sangre, sudor y lágrimas?.

La decisión heroica, fue conjuro y sortilegio para el renacer de insospechadas energías; y fue, también, universal para que los amigos de la causa democrática, se rehicieran y pensaran que Inglaterra no podía quedar en el noble empeño. Ella no se rendiría jamás, y, por lo tanto, toda ayuda, le llegaría siempre a tiempo. Se pensó, también entonces, seriamente, en la suerte que le esperaba al resto del mundo democrático ?las Américas en primer lugar? si Hitler lograba vencer a Inglaterra.

Las advertencias y admoniciones, generosas y proféticas del gran Presidente Roosevelt, acerca del inminente peligro, comenzaron a ser escuchadas, cada día con más atención, dentro y fuera de su país. ¡El Nuevo Mundo podría ser atado al carro triunfal de los dueños de Europa, cerrándose al ciclo de su soberanía, de su Independencia y de sus tradiciones democráticas! Y los ojos, los espíritus, los corazones de todas las gentes de bien se volvieron hacia Inglaterra, baluarte de la Libertad de todos los continentes del Mundo.


EL TERROR

La Batalla de Gran Bretaña fue, típicamente, la batalla del terror, arma predilecta del totalitarismo. El terror colectivo, lanzado desde el aire sobre ciudades, puertos, villas y campos, sin discernimiento de objetivos, ni distingo entre combatientes y no combatientes.

En un período de cuatro meses ?del 10 de julio al 30 de octubre de 1940? el pueblo británico recibió el mayor estrago, en vidas y bienes, en dolores y angustias que hasta entonces no había soportado ?en iguales o parecidas condiciones de tiempo, lugar y elementos? ningún otro pueblo.

Hemos seguido, día a día, hora a hora, aquellas terribles jornadas en la mesa de rotulación y ordenación de cables, de un diario, que recibía informaciones de cuatro agencias; habíamos seguido, antes, desde sitio igual, en otras latitudes, las de Varsovia, las de Rótterdam, las de Belgrado y otras; sabíamos, por propia y dura experiencia personal, lo que es el bombardeo aéreo, de ciudades, villas y aldeas; pero aún así, o quizá por eso, muchas noches, al dormir, después de la tarea, seguíamos oyendo las explosiones, las sirenas, las campanas de las ambulancias cargadas de heridos; veíamos el resplandor de los incendios y al fondo los nombres: Londres, Coventry, Liverpool, Bristol.

Hubo días, y semanas, en que los títulos terroríficos de un día, podían servir para varios siguientes con sólo agregar ceros a la derecha al número de víctimas y al de los aparatos de bombardeo.

Pero? ?¡Siempre habrá una Inglaterra!? El terror tiene su límite en su eficacia aplanadora; aquel en que ?el terror deja de aterrorizar?. Extravasado, valerosamente, aquel límite por el pueblo británico, tenía ganada la batalla. En adelante, los bombardeos, serían llamados ?incidentes?, ?incursiones? y ?visitas? por los ingleses. Hitler y Goering, verían fracasados sus planes de invadir una Inglaterra destrozada, desmoralizada, rendida, ya desde antes de la invasión.

Todo lo que vino después, hasta el día de hoy, arrancó de aquel punto principal: la invencibilidad de Inglaterra mediante el terror aéreo. El minutero del reloj totalitario, pasó el único punto tras del cual podrían haber triunfado, para desdicha del género humano. Perdida aquella, ellos no ganarían ya ninguna otra, absolutamente ninguna otra, capaz de influir en la decisión final de la gran contienda.


HOY

Sobre las tierras, los mares, las ciudades y las cordilleras, están llenos los cielos de alas, triunfadoras. El aire todo, es señorío azul de las Democracias; rutas infinitas sin estorbos ni tropiezos. De todas las formas, nombres y tamaños, velocidades y funciones, desde el raudo caza, hasta la fortaleza de gran bombardeo, ?nuestros? aviones vuelan a miles, a decenas de miles, por centenas de miles, quizá.

¿Cuántos eran los ?Hurricanes? y ?Spitfires? que formaron las escuadrillas de la R.F.A. entre el 10 de julio y el 30 de octubre de 1940? ¿Cuántos los héroes que los pilotearon, metiéndose, a razón de uno por cincuenta, entre las espesas formaciones de ?Junkers?, ?Heinkel?, ?Wulf? y ?Messerschmitt?? Si se conociera la cifra exacta, habría una exclamación de asombro ante su insignificancia, su temeridad y su gloriosa eficacia.

Pues bien, los que fueran, ellos han sido los precursores del actual fabuloso dominio del aire; y en la historia de esta guerra, ellos con el pueblo inglés abrieron el primer capítulo victorioso; algo así como Covadonga y Don Pelayo en la Reconquista Cristiana.

La Comunidad de las Naciones Británicas y la Comunidad de todas las otras naciones democráticas, les rinden hoy su homenaje. Lo hacen con los laureles de la victoria al alcance casi de la mano; devolviendo al ciento por uno los golpes recibidos con la seguridad de poder duplicar y aún triplicar la recompensa. Hay, por eso, motivo de regocijo; y de emocionado recuerdo para aquellas horas inciertas, aciagas y oscuras, alumbradas por el heroísmo de aquellos pocos caballeros del aire de la R.F.A. que, como quien intenta ponerle puertas al mar, atajaban, sobre el canal y sobre Inglaterra, las terroríficas bandas de la destrucción, del incendio y de la muerte; y de glorificación: de un pueblo y de sus conductores, que supieron abrirse camino por un sendero que sólo les ofrecía sangre, sudor y lágrimas; y que hoy, próximo a la meta, le ofrece a la Humanidad la esperanza de vivir con decoro, con justicia y con Libertad, discurriendo por los nuevos y claros caminos de la Paz.

¡Por eso, en la celebración de la ?Batalla de Inglaterra?, somos todos partícipes, con hurras y palmas para sus héroes!
Sobre a batalla de Inglaterra
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Tal día como hoxe... - Publicado o 26-09-2010 11:08
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