A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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GUERNICA
Guernica, símbolo e santuario do pobo vasco,sufriu un 26 de abril de 1937 un abominable ataque aéreo polos fascistas que ocasionou ?Una bacanal de horrores, de espanto y de muerte; grandes charcos de sangre inundaban las calles y la carretera; cadáveres sin cuento en muecas terribles, por todas partes; cabezas separadas del tronco, brazos, piernas y miembros sanguinolentos esparcidos; y los gritos, poco a poco apagados, de los soterrados debajo de los escombros humeantes, de salían de los intersticios de aquel inmenso montón de ruinas humeantes...?"según nos relata RSP -no décimo aniversario dos abominables e tristes feitos- neste impactante artigo sobre a singular e significativa cidade vasca, que tanto desgarro ocasionou en España como no mundo enteiro e que inmortalizou maxistralmente para sempre o xenial Picasso.


26 de abril de 1947

G U E R N I C A


Por Ramón Suárez Picallo

Los vascos de todo el mundo, sus hijos, sus nietos, sus biznietos y sus tataranietos, fieles a su prócer estirpe, ya lo sean por ?jus sanguinis? o por ?jus solis? celebran hoy uno de las más tristes efemérides de su historia milenaria: el bombardeo y las destrucciones de Guernica, la villa sagrada de sus fueros viejos, de sus libertades y de su Democracia, anteriores en varios siglos, a todas las otras Democracias conocidas en el mundo. En efecto, en el patio de la Casa de Juntas de la vieja villa y a la sombra de un roble copudo y patriarcal ?el ?Gernikaks arbola? que inmortalizó en su himno libertario Iparraguirre? florecieron allí hace más de mil años, los más esenciales e inalienables derechos del Hombre y del Ciudadano; el recurso de ?Habeas Corpus?, el derecho de ser juzgado legalmente por jueces iguales, la prohibición de privar la libertad a un vasco si no era a virtud de simple prueba de que hubiese delinquido, o por causa de sentencia firme, y otras muchas normas procesales que, siglos más tarde, habría de proclamar la Revolución Francesa como código universal de garantías para la persona humana, así como el principio de la igualdad de todos los hombres ante la Ley, eran rigurosamente aplicadas con venerables magistrados populares, ajenos a toda presión, viniese de quien viniese; ya fuese del Señor, del Obispo o del Rey, que para ser lo que eran, tenía primero que jurar, bajo aquel mismo árbol, acatamiento y fidelidad a los fueros establecidos de ante mano por el pueblo.

No hubo nunca en el País Vasco siervos ni esclavos. Todos los nacidos en su tierra eran libres e iguales, y por lo tanto señores, por el solo hecho de nacer allí. Sólo una vida, larga y austera, consagrada el bien de la familia y del prójimo, el trabajo en la tierra o en el mar, daban a los vascos el derecho de gobernar a sus conciudadanos y a ser por ellos obedecidos. De ahí que un vasco, rico o pobre, pero honorable siempre, se sienta, en su tierra o fuera de ella, una entidad, una nación, y a veces, un imperio independiente generador de pueblos y de naciones. Porque lleva sobre su espíritu, a manera de carga preciosa la tradición y la historia de Guernica y de su viejo árbol simbólico.

EL CRIMÉN

Era el lunes 26 de abril de 1937, Guernica, la rica y legendaria villa vizcaína, estaba abarrotada de feriantes; como todos los lunes de todos los meses y de todos los años, los lunes de Guernica eran famosos en todo el país vasco, por sus ferias, a las que iban a vender y a comprar, orar y a divertirse, las sencillas gentes de Euzkadi. Ni siquiera la Guerra, encendida a todo lo ancho y a lo largo de toda la vieja Tierra, lograba mermarle concurrencia al gran ferial de Guernica.

Por la mañana, la misa, después la visita ritual al Santuario de la Patria, de sus leyes y de sus tradiciones milenarias, la Casa de Juntas y el Arbol del santo; luego, la feria libre, el romaje de música y de danzas, y a la atardecida, el clásico partido de pelota, entre la flor y nata de los viriles mozos euzkaldunas.

Eran las cuatro de la tarde primaveral de aquel lunes 26 de abril de 1937. El inconfundible ?ronroneo? de los motores de un avión ?Junker?, interrumpió las melodías del ?chistú? que bordaba un ?zorzico?; el pájaro negro, del espanto y de la muerte, dio tres vueltas sobre el ?village? y la multitud. Marchó después de lanzar unas bombas, una buena perspectiva de matanza. Estaba abarrotada de gente. Volvió enseguida, al frente de diez bombarderos alemanes, siete cazas ?Heinkel?, y cuatro cazas ?Fiat? italianos. Luego otra bandada, y otra, y otra, hasta completar una jornada de 3 horas y 40 minutos justos sobre la villa de 10.000 habitantes. Mientras los ?Junker? lanzaban sus bombas, los cazas enfilaban sus ametralladoras, desde doscientos metros de altura, sobre la multitud que corría de un lado para otro enloquecida y espantada.

En declaración, jurada por Dios, el cura párroco de la villa mártir, Presbítero Arronátegui, y su Alcalde, señor Labauria, narran el espectáculo, después del tremendo castigo, ?Una bacanal de horrores, de espanto y de muerte; grandes charcos de sangre inundaban las calles y la carretera; cadáveres sin cuento en muecas terribles, por todas partes; cabezas separadas del tronco, brazos, piernas y miembros sanguinolentos esparcidos; y los gritos, poco a poco apagados, de los soterrados debajo de los escombros humeantes, de salían de los intersticios de aquel inmenso montón de ruinas humeantes.? No se sabe aún el número exacto de los muertos; una vez terminada la guerra, se quiso hacer una remoción general de las ruinas; no pudo hacerse, porque los cadáveres, enterrados debajo de ellas no estaban aún bastante ?hechos tierra? y hedían. De la hermosa y rica villa, que obtuvo su carta como tal en 1366, habían quedado totalmente destruidas el 70 por ciento de sus casas, 8 por ciento semidestruidas, y el 22 por ciento restante, ligeramente tocadas.

Quedó intacta, en cambio, la casa de Juntas y el Árbol Sagrado, para que cumpla la misión que le encomendó el poeta, de dar y esparcir por el mundo, el fruto santo de la Libertad, y a la sombra de él, y de sus retoños, transplantados en cien tierras próximas y remotas, quedan los vascos y su progenie, para cultivar las virtudes tradicionales de su raza.

El ya citado sacerdote, señor Arronátegui, dijo, sobre las ruinas de Guernica, estas palabras ?Guernica ha dejado de existir. La imagen bíblica de Raquel, que llora y no quiere consolarse, viene a mi imaginación. Pero el vasco, que ha concentrado todos sus amores en el amor a Dios y a la Patria, no desespera, sabe elevarse en el dolor al Dios de la misericordia, después de aquel alarde de crueldad inaudita, hecha por los aviones fascistas sobre las gentes y las casas de Guernica?

Muy otro, ciertamente, fue el lenguaje de quienes bombardearon o mandaron bombardear la villa santuario. En efecto, un informe publicado en Valladolid, bajo el patrocinio de la Universidad adicta a ellos, impreso en los talleres Cuesta, sobre ?Situación de las provincias Vascongadas bajo el dominio rojo?separatista?.

Justifican así -o quieren justificarlo? el bárbaro atentado:

?Grande era la importancia sentimental e histórica de la Guernica, pero era aún mayor su importancia militar y estratégica; y pensar que la guerra iba a detenerse por razones sentimentales, sólo podía caber en la mente de los dirigentes vascos?. Y con su afirmación, dijeron los franquistas de Valladolid, una verdad y una atrocidad, grandes como templos.


SÍMBOLO Y RECUERDO

Guernica es, pues para los vascos leales, símbolo y recuerdo, Santuario colectivo y Area de la Alianza de su pasado y de su futuro. Como la Meca, Jerusalén, Roma y Compostela para los devotos de sus respectivas religiones.

Allí se reunían para hacer justicia y cumplir la ley, sus viejos patriarcas; ante las Juntas generales de Vizcaya, a la sombra del Arbol Santo. Y allí presentaban su juramento, por Dios y los Fueros, los poderosos reyes de las viejas Españas, ante de ejercer señorío, que no realeza, sobre un pueblo cuya soberanía nace en la noche de los tiempos. Y cuando, después de 1839, la comunidad euskalduna perdió aquella soberanía, siguió reuniéndose en Guernica, para recuperarla bajo su advocación. Allí celebra sus congresos anuales el famoso Centro de Estudios Vascos y allí se encontraban los alcaldes populares de todas sus villas para guardar y reguardar sus fueros como tales; y allí se inspiro Sabino Arana, el Maestro. El 12 de junio de 1931, acuden a Guernica 30.000 vascos a despedir a sus diputados a las Cortes Constituyentes de la República Española, tomándoles sagrado juramento de lealtad al mandato conferido; en la Casa de Juntas de Guernica se celebra, el 15 de noviembre de 1933, el escrutinio del plebiscito popular del Estatuto automático, de acuerdo con el mandato constitucional. El primero de octubre de 1936 producida ya la guerra, las Cortes Republicanas españolas, reunidas en Madrid, en sesión solemne, aprueban, en su trámite final, el Estatuto y el siete del mismo mes, ?inclinado ante Dios, de pie sobre la tierra vasca? prestó el juramento de rigor, José Antonio de Aguirre, como Primer Presidente de Euzkadi.

Por eso, al ser conocida su destrucción por los nuevos bárbaros, tembló de consternada emoción toda España, primero, y todo el mundo civilizado después; temblaron con singular estremecimiento, todos los vascos, diseminados por la tierra, incorporados ya, a la vida, a la historia, y al trabajo de otras naciones, protestó desde la remota lejanía de los siglos, la moral, la tradición, el alma y la carne, ?de uno los pueblos más viejos y honorables del mundo? ?según afirmación valerosa e inolvidable de David Lloyd George, hecha a la sazón ante el parlamento británico.

Fue tremenda entonces la protesta. Y sigue, y seguirá siéndolo, mientras quede sobre la haz de la Tierra, rastro, herencia y recuerdo de los arrasadores de Guernica, que siguen hoy -para vergüenza y deshonor de la civilización occidental- gobernando, ordenando y mandando sobre 28 millones de almas, entre las que se cuentan la de los supervivientes de la villa de Guernica.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, o 26 de abril de...1947)
Máis sobre o bombardeo de Guernica
Fotos do bombardeo de Guernica
O artigo no libro LA FERIA DEL MUNDO
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Pobos, cidades e lugares - Publicado o 26-04-2010 01:52
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