A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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José Somoza e Suárez Picallo: O mestre aos ollos do alumno.
Na revista cultural das Mariñas, A XANELA, no seu último número (outono 2009 nº 28) Manuel Pérez Lorenzo, membro desta Asociación, publicou este artigo no que lembra como RSP fala da marca, da sinal que o mestre que o achegou ás primerias letras ,José Somoza Eiríz, deixou nel. En numerosos escritos publicados hai mencións ao seu mestre e lembranzas imborrables que se recollen no citado artigo.


José Somoza Eiriz e Ramón Suárez Picallo: o mestre aos ollos do alumno


Manuel Pérez Lorenzo


Ao longo das súas páxinas de xornalista infatigable, Ramón Suárez Picallo (1894-1964) recorreu en numerosas ocasións á evocación emotiva da súa infancia en Sada: as paisaxes, o traballo no mar, as celebracións festivas, as xentes... Deses artigos, cando menos tres dedicounos a lembrar ao mestre que o achegara ás primeiras letras, única bagaxe instrutiva coa que decidira partir ao novo mundo con 17 anos. Fora ese mestre o vilalbés José Somoza Eiriz, que, nacido nos anos 50 do século XIX, rexentara durante unha ducia de anos a escola nacional masculina de Sada.

Nun dos seus textos máis fermosos, publicado en Chile no 1956, o alumno, que xa entraba no territorio da ancianidade, caracterizaba ao seu mestre cunha xenial descrición:

Era director y maestro único de la escuela don José Somoza Eiriz, caballero de extraordinaria prestancia física, de unos cincuenta años de edad, con barbilla mosqueta, tipo Napoleón III. Escritor elegante, magnífico orador y, además, astrónomo premiado con Mención de Honor, por la Academia Española de Ciencias, a causa de un trabajo maravilloso suyo, sobre la reaparición del cometa Halley, allá en el año 1909. Y, por si ello fuera poco, exquisito glosador de nuestra literatura de todos los tiempos, recitador de versos y narrador incomparable de historias y leyendas. El pedagogo más querido de sus discípulos a lo largo de medio siglo. Y no tan querido ni estimado de los padres y de los abuelos de sus educandos, aferrados a la vieja y bárbara norma de que ?la letra con sangre entra?; frente a ella afirmaba don José, que ?la letra entra mejor con música?.
Por lo demás, las gentes del lugar, que educaban sus hijos en la Escuela Pública, le tenían cierta inquina al señor maestro. Ellas creían que los niños iban a la escuela sólo para aprender a escribir, leer y contar, hasta las cuatro operaciones tabladas; cuando más hasta las Reglas de Tres y las de Interés, Simple y Compuesto. Todo lo otro, la poesía, las humanidades y la astronomía, por ejemplo, no pasaban de ser cosas vagas, imprecisas y sin ningún interés(1).


O mestre José Somoza, naquela Sada dos albores do século XX, atoparía serias dificultades para o exercicio da súa labor pedagóxica. Dependendo do signo político, progresista ou conservador, dos diferentes gobernos municipais, os informes sobre as inspeccións á súa escola serían favorables e mesmo gabanciosos ou profundamente críticos, segundo se desprende dos Libros de Actas do Concello de Sada.

A modesta escola que rexentaba tamén quedaría gravada por moitos anos na retina do alumno, fundida co seu entorno:

La escuela pública estaba situada en la calle de La Marina, de una villa medio labriega y medio pescantina. Y todos de origen muy humilde, trabajábamos en alguna de las dos faenas, en la tierra o en el mar y, a veces en las dos, según las épocas del año.
El local era blanco y luminoso, con muchas ventanas, y daba por el lado de atrás a uno de los valles más fértiles y más hermosos del mundo; por el frente estaba el muelle de los pescadores y, como telón de fondo, la bocarría azul, tersa como una esmeralda en las calmas chichas de la primavera y del verano, y alborotada como la Ira de Dios, en el otoño y en el invierno.
La casa escolar, su jardín, que nosotros cuidábamos, y un buen pedazo de tierra al fondo, que hacía de granja experimental, agrícola, avícola, cunícola y apícola ?había en ella gallinas y conejos, ovejas y patos, y toda la hortelanía conocida- había sido donada al Municipio por la nuestra ilustre vecina, doña Emilia Pardo Bazán y de la Rúa [?].(2)


Numerosos artigos que viron luz nas páxinas da prensa chilena e arxentina están salpicados polos consellos do bo mentor, sacados a colación das efemérides e conmemoracións que tanto gustaba de glosar Suárez Picallo. Así, se polo 350 aniversario do Quijote evocaba a vez primeira en que o mestre lle leu aos alumnos as pasaxes máis significativas, prendendo neles o afán pola lectura, cando no 1943, en tempos convulsos da II Guerra Mundial, se celebre en Chile a festa da árbore, lembrará as palabras de don José Somoza, nunha lección de amor á natureza:

Mi viejo y querido maestro de primera letras: inolvidable, bondadoso y paciente, don José, nos dijiste un día, hace muchos años, una frase: ?Apartaos, hijos míos, de aquellos que maltratan a los animales y a las plantas. No son buenas personas?. Y después, frente al huerto familiar de cerezos, ciruelos, perales y manzanos, de nuestra vieja escuelita rural salieron de vuestros labios venerables, las palabras de elogio al árbol, en el día de una fiesta límpidas y temblorosas, como brota el agua pura de los puros manantiales.
Vuestro sermón: -¡qué sermón era!? de nobles tonos evangélicos cayó como riego amable sobre nuestra adolescencia florecida: y, a lo largo de años, de luchas, de amarguras, de amores y desconsuelos, aún conservamos, en nuestro más íntimo jardín interior la sensibilidad y la ternura de aquellas plácidas verbas.
De ellas, son pobre fruto estas palabras de hoy, dichas en Chile, en el día inicial de una Semana del Árbol: a vuestra memoria y recuerdo van dedicadas, bienquerido maestro: son nacidas en una tarde de domingo, llena de noticias de guerra y de matanza, de incendios de bosques y de avasallamiento, bajo el tronar de carros de acero y de fuego sobre bellos huertos y sembrados en flor y en fruto. Dejamos de lado la caza de noticias, para preferir esta amable plática, sobre los árboles de vuestros amores y de vuestras enseñanzas. Y ello es, porque, al enseñarnos vos, el amor al árbol, nos enseñabais, indirectamente, el amor a la paz, al bien y a la belleza, a cuyo amparo nos refugiamos, de cuando en cuando, para olvidar nuestro dolor y el dolor del mundo.(3)


O recordo do mestre era para Ramón un refuxio no que agocharse das miserias que o arrodeaban. Unha fuxida cara atrás, cara a nenez idealizada, tratando de evadir a súa irremediable condición de desterrado por unha guerra que, precisamente, rematara co proxecto de fundar unha sociedade baseada no ideal humanista, racionalista e innovador de mestres como don José Somoza.

A primeira ocasión na que Ramón Suárez Picallo evocou a figura do seu mestre foi moito antes desa época de sombras. Fora alá polo 1927, cando era un emigrado na capital bonaerense, e fixérao con motivo do falecemento do inesquecible mentor. Con este seu artigo, preñado de emocións universais, pechamos o noso, dándolle voz a Ramón unha vez máis:

?En Villalba, donde residía, falleció a edad avanzadísima el maestro nacional don José Somoza Eiriz?
Cumpliendo con su misión informativa, el cronista recorre la prensa regional en busca de noticias para satisfacer la curiosidad del lector, cuando sus ojos tropiezan con la que sirve de acápite a estas líneas. [?] al tropezar sus ojos con estas pocas líneas, el espíritu se estremece de emoción y de angustia. -¡Este don José Somoza Eiriz fue su maestro en la villa natal! De sus labios escuchó, en los primeros años de la niñez, el deletreo del silabario. Y cuando alboreaba la adolescencia e iba a emprender el largo viaje de la emigración, escuchó su última clase, terminada con palabras henchidas de emoción paternal, de ventura y de buen augurio, rubricadas con su mano venerable, extendida en ademán de bendecir: ?Que los caminos del mundo por donde vayas sean florecidos como una mañana de San Juan, hijo mío?. [?]
Pasaron muchos años desde aquella mañana de sol en que D. José Somoza Eiriz, dictó su primera clase en el aula de la Escuela Pública de Sada; pero en la memoria de aquella rapazada que lo escuchó, entonces, y que lo escuchó luego durante doce años, vive su figura patriarcal, mitad de apóstol y mitad de gran señor. [?]
Cuando en horas de angustiosa añoranza, hemos abierto el libro de nuestra vida y aparecieron, purísimas, las páginas de la infancia, nos hemos tropezado con la figura de El y de sus tres bellas manías: La batalla de Numancia, las estrellas y el ?Don Quijote?. Con entusiasmo juvenil, paseándose a grandes zancadas, por el aula, con el dedo pulgar en el chaleco, su espíritu vivía todo el heroísmo de los abuelos. A través de su verbo armonioso, las congojas del sublime loco manchego, llegaban a conmovernos. Y la portentosa maravilla de los astros, en su grandeza inconmensurable tenían en el a su más rendido enamorado. ¡Como creía el la pluralidad de los mundos habitados, no sería difícil que a su alma le fuera concedido el don de habitar en alguna estrella! ¡Lástima de no saber en cual, para que nuestro espíritu estableciera con el suyo un respetuoso diálogo!(4)


Sada, 2009


Publicado en A Xanela, nº 28, Betanzos, 2009.




(1)?Evocación infantil. Cómo conocí a Don Quijote?, El Sur, 05/03/1956.
(2)Id.
(3)?Semana del árbol?, La Hora, 12/10/1943.
(4)?In memoriam. En la muerte del maestro?, Correo de Galicia, 25/09/1927.
Comentarios (0) - Categoría: Historia local - Publicado o 25-02-2010 17:16
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