A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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SIMÓN BOLÍVAR
RSP, ante o aniversario da morte de Simón Bolívar lembra ao "libertador" como tamén o frán tódolos países hispano americanos e comenta a publicación "Simón Bolívar" do norteamericano Tomás Rourke , para rematar coa publicación dunha carta, escrita uns días antes de morrer,a modo de testamento e dirixida a Fanny de Villars.
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16 de diciembre de 1943

B O L Í V A R


Por Ramón Suárez Picallo

El día 17 de diciembre de 1830, a la una de la tarde, falleció en una pequeña hacienda cerca de Santa Marta (Colombia) ?San Pedro Alejandrino? propiedad del español-asturiano, Joaquín de Mier, el Libertador Simón Bolívar. Con tal motivo, hoy en la mañana, todos los países americanos habrán de recordarlo, con el respeto y la admiración que merecen las grandes personalidades y las grandes vidas, consagradas a la liberación de pueblos y a la creación de patrias.

No haremos aquí la semblanza del gran hombre ?parigual en estirpe y jerarquía, de los Washington, de los Jefferson, de los O?Higgins y de los San Martín-. Hay sobre Bolívar una copiosa bibliografía, tan completa, que no faltan en ella ni siquiera la diatriba, ni la censura áspera, ni la deificación, rayana en lo mítico.

El último y más complejo de los documentos de ese rico caudal que conocemos es el libro ?Simón Bolívar?, del escritor norteamericano, -especializado en historia venezolana? Tomás Rourke.

Rourke, en una nota final de su libro, sitúa perfectamente, aunque con alguna fantasía a Simón Bolívar, en el amor y en la devoción de América, tal como hoy se le rinde homenaje.


DEIDAD DE AMÉRICA

?No existe figura en la historia de Inglaterra o de Estados Unidos ?afirma Rourke? que viva hoy en la conciencia del pueblo, como vive Simón Bolívar en la de millones de sudamericanos. Para ellos no es meramente un carácter vago y heroico en la páginas de los libros de historia; es una entidad vigente, un ser divino, omnisciente, que mora en alguna parte y guía sus destinos?.

?Es prácticamente una deidad y su recuerdo casi un culto. Indios semidesnudos y peones rotosos, que no podrían descifrar su nombre escrito, repiten sus palabras como si ellas hubieran sido pronunciadas; las murmuran con reverencia y con aire extraño y confidencial, como si tuviesen el poder de remediar sus males y protegerlos contra la opresión. Estadistas, hombres de letras y eruditos, se descubren al oír pronunciar su nombre?.

?Han designado el edificio de Caracas, donde descansa su cuerpo, con el nombre de ?Panteón?, y se dice que los Presidentes de Venezuela van allí a orar en busca de inspiración?

Recuerdo haber visto la Letanía a la Santa Virgen, esa extraña y hermosa oración, con sus obsesionantes frases: ?Espejo de la Justicia. Asiento de la Sabiduría. Vaso de Honor?? Pues bien, la letanía a Bolívar es apenas menos comprensible a la mente no iniciada??.


MIENTRAS TANTO

Todos los historiadores y biógrafos del Libertador, coinciden en que buscó, afanosamente, la gloria y la inmortalidad. Sus acciones, sus cartas, sus proclamas, sus secretos, parecen estar hechos para la Historia. Y, en varios momentos de su vida, pudo creerse mimado por las codiciadas deidades; pudo creerse señor de inmortalidad y de la gloria. Y lo fue en efecto. Hasta que en los alrededores del fin, sintió que todo se le iba de sus manos junto con la vida de su cuerpo? Los últimos documentos de Bolívar, cartas, frases y dichos, revelan el caso más extraordinario de angustia pesimista de un hombre que había sido cuanto había deseado y soñado ser. ?Hemos arado en el mar?, es la frase que resume todo su desconsuelo y de su desesperanza. Algún historiador ?que no puede llamarse ?bolivariano?? atribuyó ese pesimismo recargado de Bolívar, a su tendencia a la ?posse?. Formaría parte de su plan para lograr la inmortalidad. No es de creer la afirmación. Bolívar ?como todo político creador? era sensible a los fracasos inmediatos y a las críticas de sus coetáneos. Y, como todos los soñadores, creía que si el sueño no se hacía realidad inmediata, nunca sería realidad. La historia se encargó de demostrarle que la siembra de ideas y de ideales, de esperanzas y de sueños fructifica muchas estaciones después de haber sido hecha. ¡Por eso su siembra, recién florece ahora!


A UNA MUJER

Varias mujeres pasaron por la vida de Bolívar. Unas fugazmente, y otras con cierta raigambre y permanencia, y hasta con alguna influencia en sus destinos. Entre esta últimas cuéntase Fanny de Villars, lejana prima suya, de la familia Aristigueta. La conoció en París en momentos de ilusión. Cuando Napoleón Bonaparte, en pleno triunfo, se le entró por los ojos a Bolívar como figura digna de ser emulada.

A esta mujer le dedicó Bolívar una de sus últimas cartas, once días justos antes de su muerte. La autenticidad de esta carta fue, alguna vez, puesta en duda; pero hoy se da por auténtica. Es un modelo de estilo ?bolivariano?; pero es, además y sobre todo, el testamento amargo, entristecido, revelador de los últimos pensamientos del Libertador, confesados a una mujer que acarició su primer sueño de gloria. Y es que la gloria tiene nombre de mujer, especialmente para los que, como Bolívar, no fueron entendidos de los hombres.

Damos a continuación la carta que, si no fuese del Libertador, merecería serlo por su bello estilo; y también para darnos el gusto de ver, hoy, rectificada así su última frase: ?El relámpago rasgó la tiniebla y pareció volver al vacío; más sólo quedó atenuado, hasta volver a fulgurar, y esta vez, con permanencia de astro y centro solar?.


LA CARTA

San Pedro/Alejandrino, 6 de diciembre de 1830.
QUERIDA PRIMA:

¿Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro?

Ha llegado la última aurora: tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma, por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805; por sobre mí el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz?

Y tú estás conmigo porque todos me abandonan; tú conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la concencia.

¡Adió, Fanni!

Esta carta, llena de signos vacilantes, la escribe la mano que estreché la tuya en las horas del amor, de la esperanza, de la fe; ésta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Bocayá y Carabobo; esta es la letra escritora del Decreto de Trujillo y del mensaje al Congreso de Angostura?

¿No la reconoces verdad?

Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despreciando la realidad de este supremo instante.

Si yo hubiera muerto sobre un campo de batalla, dando frente al enemigo, te daría mi gloria, la gloria que entreví a tu lado, a los lampos de un sol de primavera.

Muero miserable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores: víctima de inmenso dolor, presa de infinitas amarguras. Te dejo en mis recuerdos mis tristezas y las lágrimas que no llegaron a verter mis ojos.

¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda?

Estuviste en mi alma en el peligro: conmigo presidiste los consejos de gobierno; tuyos fueron mis triunfos y tuyos mis reveses; tuyos son también mi último pensamiento y mi pena postrimera.

En las noches galantes del Magdalena, ví desfilar mil veces la góndola de Byron por los canales de Venecia; en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tú; porque tú has flotado en mi alma mostrada por níveas castidades.

A la hora de los grandes desengaños; a la hora de las íntimas congojas, apareces ante mis ojos moribundos con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas y en tu voz escucho las dianas inmortales de Junín y Bomboná.

¿Recibiste los mensajes que te envié desde la cima del Chimborazo?

Adiós, Fanni; ¡todo ha terminado!

Juventud, ilusiones, sonrisas y alegrías se hunden en la nada, sólo quedas tú como visión seráfica señoreando el infinito, dominando la eternidad.

Me tocó la misión del relámpago, rasgar un instante la tiniebla; fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderme en el vacío.

SIMÓN BOLÍVAR

NOTA: (Una de las últimas publicaciones de esta carta se hizo en el diario ?Centro América?, de San Salvador).


(Artigo publicado no xornal La Hora, de Santiago de Chile, o 16 de decembro de... 1943)
Biografía de Simón Bolívar
Monografía de Bolívar
Otra biografía de Simón
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (políticos) - Publicado o 16-12-2009 03:02
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