A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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Discurso de Ramón Suárez Picallo nas Cortes da República celebradas en México no 1945
Discusión sobre a designación dunha ?comisión especial para dictaminar sobre el estatuto autonómico de la región gallega?

El señor SUAREZ PICALLO: Señores Diputados, cuando salí de Santiago de Chile para asistir a estas sesiones de las Cortes, me acompañaban las mismas tres ilusiones que me acompañaron cuando, al proclamarse la República, salí de Buenos Aires para servirla, después de residir en America durante veinte anos. Estas tres ilusiones eran: contribuir al afincamiento de la República democrática española; crear para ella una vida de convivencia democrática y de armonía entre todas las partes que la integraban, y lograr para mi país gallego, para Galicia, una autonomía política que le permita dirigir, ordenar y encauzar aquellas peculiaridades que la hacen, no hostil a ningún otro pueblo de España, sino diferente en aquellas condiciones que definen una comunidad humana. Traje de Santiago de Chile esas ilusiones, después de muchas amarguras, como las han sufrido también SS. SS., y yo no deseo, señores de la minoría socialista, irme con una desilusión, la desilusión de que un grupo político, con el que siempre he mantenido cordiales y fraternales relaciones, pudiera impedir dar un paso más en la realización de la esperanza y de la ilusión autonómica de Galicia.

Con el respeto que me merecen todos los grupos parlamentarios y con toda la gratitud que sabemos tributar los gallegos, les estamos agradecidos a aquellos que han designado ya representantes para la Comisión que dictamine nuestro Estatuto; y además, yo deseo decirles a los señores Diputados socialistas, hablándoles a su corazón y a su buen sentido político, que faciliten este paso, que es para nosotros una de las armas psicológicas mas importantes para la reconquista de la Republica en nuestra tierra que vamos a ofrecerles a los hombres que están trabajando dentro de Galicia y a los millones de compatriotas nuestros que trabajan por ella en Nueva York y en Buenos Aires, en Cuba y en Santiago de Chile, que no han perdido aun la ilusión de la Republica y de la autonomía de Galicia.

Yo quiero recoger, naturalmente, algunas de las razones que don Indalecio Prieto adujo para considerar innecesaria la Comisión de Estatutos. Decía el señor Prieto, en primer lugar, que se carece de la documentación auténtica referente al Estatuto. Efectivamente, así es. El señor Prieto, por lo demás, se acogía al testimonio de cualquier señor Diputado. Hay muchos aquí que saben de ello; pero hay alguien más: el actual señor Presidente de la Republica recibió el Estatuto de Galicia, el día 15 de julio de 1936, de manos de Ángel Casal, alcalde de la ciudad de Santiago de Compostela, rodeado de todos los alcaldes de las villas gallegas, rodeado de todos los Diputados gallegos y de los presidentes de las cuatro Diputaciones Provinciales. Y esa Comisión, con Ángel Casal a la cabeza, está debajo de la tierra, acusados y ejecutados sus componentes tanto por ser hombres de izquierda como por ser autonomistas, porque para Franco este es también un delito horrendo. (Aplausos.) La documentación autentica -hemos hablado respecto a eso con quienes la recibieron- no esta aquí; pero para eso se designa una Comisión de Estatutos, entre los trabajos de la cual figura, naturalmente, el de procurar reunir toda la documentación apropiada que pueda obtener para formular su dictamen.

Nosotros no entramos hoy a anticipar poco ni mucho del contenido del Estatuto en sí. Si se discute en las Cortes, lo hemos de defender; pero lo que sí nos importa mucho es salvar este principio fundamental -el derecho bien ganado de Galicia a su autonomía-, que a mí, como a otros compañeros, me trajo desde Chile hasta México y nos trae por el mundo adelante, porque es la última manifestación de soberanía democrática de nuestro pueblo. Estamos obligados a defender y salvaguardar esa última expresión de la voluntad popular de Galicia en su plebiscito autonómico de 28 de junio de 1936. Esta manifestación de soberanía tiene absoluta validez para nosotros, porque si este Estatuto, plebiscitado después de ser elegidos todos nosotros, no tuviera validez, tampoco tendría valor la manifestación de voluntad que nos consagró a nosotros como representantes de la República.

Dentro de Galicia -quiero insistir en ello- se está trabajando devotamente, fervorosamente, ardorosamente, de consuno, en armonía con todos los demás pueblos españoles y de común acuerdo todos los sectores políticos. Al lado de los hombres del partido al cual pertenezco, están, afortunadamente, respetados como se merecen, hombres socialistas de altísima estimación y hombres de todos los otros grupos que han traído, sostenido y defendido la Republica.
Nosotros no entramos en el problema reglamentario, problema que ha dilucidado perfectamente, a mi juicio, el señor Jáuregui; problema que, por lo demás, no ha de escapar a la alta sabiduría jurídica del señor Presidente de las Cortes. Por otra parte, nos parece bien y magnifico que el señor Presidente llamase a debate, a este breve debate, seguramente brevísimo, acerca de la necesidad de crear la Comisión de Estatutos, a todos los grupos de la Cámara, porque en su aprobación o no aprobación, entiéndase bien, nos veremos obligados a estimar que aquellos que no aportan las arenas para una conquista, es que no desean la conquista en sí. Y para Galicia, el Estatuto es una gran conquista republicana.

Yo se bien que los socialistas, que trabajaron con nosotros, que hemos formado con ellos parte del Frente popular, que compartieron con nosotros todos los trabajos del plebiscito, en una campaña de propaganda como nunca se había hecho en Galicia, examinando cuestiones, tratando de no dañar ningún interés legítimo de Galicia ni de fuera de Galicia; nosotros sabemos que los señores Diputados socialistas no han de renegar de aquellos principios que nos hicieron ir como peregrinos a todo lo largo de Galicia tras una ilusión que queríamos fuese una realidad democrática. Yo me permito suplicar a los señores Diputados socialistas que no nos nieguen la herramienta para algo que ellos consideran lícito, y esta herramienta es, hoy por hoy, la creación de la Comisión de Estatutos, que debe estar formada por representantes de todas las minorías, de todas. Nosotros no hemos venido a estas sesiones a originar discusiones inútiles; hemos venido a colaborar con todos, del mismo modo que pedimos a todos que colaboren con nosotros. (El señor LONGUEIRA: Discrepo de las afirmaciones de su señoría.) Muy bien, señor Longueira. Para eso puede S. S. pedir la palabra. Eso es lo correcto. Nosotros, cuando hablamos, sabemos lo que decimos. Yo soy y me siento absolutamente Diputado gallego, al igual que su señoría. (El señor LONGUEIRA: No lo he negado.) Su señoría podría protestar si yo asumiera aquí la parte alícuota de la representación, que no deseo asumir, de su señoría. (El señor LONGUEIRA: Pues la han asumido el señor Castelao y su señoría.) Yo asumo la representación de los ciudadanos gallegos que me votaron, aunque se trate de aquellos que, a lo mejor, han perdido la idea de lo que era esta representación. Por otra parte, el señor Longueira me conoce y sabe que soy incapaz de conducirme ni en forma extemporánea ni de modo agresivo para nadie, ni de asumir representación que legítimamente no me corresponda.

Y continuo, señores Diputados, con unas brevísimas consideraciones que esta vez no van dirigidas solamente al sentido político, sino al sentimiento de los señores Diputados socialistas. Recuerdo que, con Jaime Quintanilla, el ilustre doctor socialista de El Ferrol, alcalde de la Villa, recorrimos toda la tierra de Galicia, afirmando el ilustre escritor, nuestro inolvidable coterráneo, que cuanto tiempo se tardase en aprobar el Estatuto gallego era tiempo que la República perdía en Galicia para consolidarse. Recuerdo a Bilbatúa y a Seoane, diputados que yacen bajo la tierra sagrada de Galicia, muertos por la doble causa autonomista y socialista. Están enterrados esos compañeros al lado de otros de todos los grupos y organizaciones, juntos con mi hermano de carne y de sangre, lo que, por ser hermano mío y morir con los otros por la misma causa, hace que todos sean mis hermanos. Y cuando hablo de mi país gallego, le doy al posesivo esta significación de una hermandad, de una fraternidad de muertos y de vivos que en 1936, el veintiocho de junio, expresaron la voluntad popular de Galicia al votar afirmativamente el Estatuto gallego.

Esperamos que este Parlamento confirme el mandato de aquella voluntad. Ruego, pido, suplico a la minoría socialista que nos ofrezca sus representantes en la Comisión de Estatutos, en la seguridad de que dará a los gallegos, a los núcleos republicanos gallegos que actúan en tierra gallega y a lo ancho y a lo largo de todo el mundo, un arma muy importante para reconquistar, no solamente la libertad y la autodeterminación política de Galicia, sino que también la República Española. (Aplausos.)



Cidade de México ? 9 de novembro de 1945

(Libros de sesións celebradas en México das Cortes da República Española, nº 71, p. 7-25).
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 18-10-2009 13:36
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