A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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ANTONIO MAURA Y MONTANER
Cúmplense 89 anos do pasamento de Antonio Maura presidente do Goberno en diferentes ocasións durante o reinado de Alfonso XIII.
RSP escribiu este artigo en 1943 lembrando o 18 aniversario da sua morte.




13 de diciembre de 1943



DON ANTONIO MAURA Y MONTANER



Por Ramón Suárez Picallo

En la primera década de este siglo, comenzó el socialismo español a tener gran prestigio y relieve entre las masas obreras, a pesar de su aparente carácter de grupo minoritario en el concierto de los partidos políticos españoles. Buena parte de la estimación popular por el socialismo debíase a su Jefe, Pablo Iglesias vida ejemplar, conducta intachable y austeridad franciscana. Por aquel entonces, una revista o periódico de ?lance y chantaje? y de callanesco origen, llamado ?El Dominio Negro?, lanzó contra el jefe socialista una especie injuriosa y calumniosa. Se le acusaba de viajar en primera clase y pasarse a ala tercera, cuando llegaba a los pueblos donde le esperaban sus adeptos. Se inventó un lujoso e impresionante gabán de pieles, que Iglesias cambiaba, por uno modesto y raído, cuando asistía a los mítines obreros. Y aún se inventaron más cosas, para desprestigiar al líder popularísimo, cuya causa comenzaba a asustar a las clases reaccionarias.

Se le quiso dar a la campaña contra Iglesias el carácter de un escándalo nacional. Juan Meliná, discípulo muy dilecto, hijo espiritual de Iglesias, dirigía ?Vida Socialista?, de Madrid, donde colaboraban varios intelectuales de izquierda de gran fuste y prestigio y muchos de los cuales fueron más tarde altos valores de las Artes, las Letras y el profesorado español. ?Vida Socialista? abrió una encuesta sobre Pablo Iglesias, entre los diversos sectores de la opinión española. Opinaron sobre el líder socialista, elogiando y admirando su vida, entre otros cien escritores, políticos, profesores, etc., don ramón Vásquez de Mella, jefe de los carlistas y gran orador; la Condesa de Pardo Bazán, novelista y grande de España; don Francisco de Asís Cambó, millonario y jefe político catalanista; varios jefes republicanos y liberales y líderes anarquistas y demás.

Entre los opinantes, se contó don Antonio Maura y Montaner, jefe conservador, monárquico y católico, que tenía a Iglesias por el más irreconciliable y peligroso adversario. Maura hizo el más cumplido elogio del jefe socialista: ?Es el opositor de mayor jerarquía moral y espiritual, que haya tenido nunca ningún Gobierno español. Es, por lo tanto, el adversario por el que siento mayor respeto. Más que un jefe político, Pablo Iglesias es el apóstol de una causa, nacido para conductor de pueblos?.

Tales, más o menos, las palabras del líder conservador, refiriéndose al líder socialista. Palabras bien expresivas de tolerancia, de respeto y de caballerosidad política, que hoy sonarían a lengua extraña, pronunciadas entre adversarios.


DOS ESPAÑAS

Y como si en ello hubiese algo de signo y de sortilegio, los jefes de las dos Españas, que dirimían un gran pleito histórico, murieron pocas horas uno después del otro. Efectivamente cuando todo Madrid volvía del entierro de Pablo Iglesias, se propaló la noticia. Don Antonio Maura y Montaner, el jefe máximo del otro bando político había muerto de repente. Estaba retirado de toda actividad y mataba sus horas pintando paisajes, en compañía de un conde amigo que lo tenía en su casa. De regreso de un paseo, al subir las escaleras de la casa del conde, cayó muerto, como fulminado. El mismo se tenía por muy viejo. Cuando Primo de Rivera le pidió que colaborase con su Dictadura, Maura le contestó:

-?Mi general, soy demasiado viejo para ser sargento?.

Debutó en política en las postrimerías del pasado siglo, en el apacible ambiente de los partidos turnantes, después de la restauración de Alfonso XII. Era conservador, pero dijo tales cosas que no lo parecía. Propugnaba por la autonomía de Cuba, cuando los demás de su bando gritaban: ?el último hombre y la última peseta?. Quería hacer ?la Revolución desde arriba?, antes que las masas la hicieran desde abajo. Hablaba de la pureza del sufragio, y, en unas elecciones dirigidas por él, fue elegido medio centenar de diputados republicanos. Un día, después de sus primeras intervenciones parlamentarias, su padrino político, que era también su pariente muy próximo, le preguntó a un alto personaje de su partido.

-¿Qué le parece el futuro jefe conservador?

-Me parece ?contestó el otro? un caballo loco en una cacharrería.

Abogado ilustre, orador magnífico, conservador a la inglesa, y monárquico vertical, no confundía la institución monárquica con la persona que, le encarnaba, y que, por lo demás, no lo estimaba poco ni mucho. Fue Ministro de varias carteras, y presidente del Consejo en horas muy duras. Él, para su desgracia, puso el ?cúmplase? a la sentencia que condenaba a muerte a Francisco Ferrer y Guardia maestro y fundador de la Escuela Moderna, después de la ?Semana trágica? de Barcelona.


DOS GRITOS

Poco después, España entera, se partió en dos gritos, los cuales dos, acreditaban su enorme personalidad:

-¡Maura, sí!

-¡Maura, no!

¡La España eterna de las afirmaciones rotundas, y de las negaciones totales! Curiosa cosa: la República tuvo servidores pertenecientes a los dos gritos, sirviéndola los dos con igual lealtad y con parejos talentos. Y un hijo suyo, don Miguel Maura, fue Ministro de Gobernación del primer Gobierno republicano.

Sin duda alguna, fue don Antonio Maura y Montaner ?aparte de sus ideas monárquicas y conservadoras? el más inteligente, el más culto, y no de los más honestos políticos monárquicos de la Restauración. Por eso, raras veces, fue persona grata en el Palacio de Oriente. Se le llamaba sólo cuando sus servicios eran absolutamente indispensables. El finado monarca, que entre sus malas y buenas costumbres, tenía la de tratar de ?tú? a todo el mundo, incluso a quienes por la edad y el saber podían ser sus abuelos, jamás tuteó a don Antonio Maura. Alguien le preguntó una vez porque el Rey hacía con el esa cortés excepción. La respuesta de Maura, lo definía de cuerpo entero.

-Porque yo ?contestó Maura? cuando voy a Palacio visto la levita del caballero y no la librea del lacayo.

Así era don Antonio Maura, nacido en Palma de Mallorca y muerto en Madrid el 12 de diciembre de 1925; representante de una España que se fue para no volver más nunca. Por muchas razones; entre otras porque, con don Antonio Maura, ha muerto el último de sus personeros, con autoridad con talento y con jerarquía moral.
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (políticos) - Publicado o 13-12-2014 00:18
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