A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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Don Juan de Borbón y Gil Robles
Desde a renuncia de Afonso XIII como xefe da Casa Real española o 15 de xaneiro de 1941, Juan foi o pretendente ao trono de España e encabezou a defensa da causa monárquica contra a ditadura de Franco, ligando o proxecto de restauración da monarquía a unha concepción política liberal e democrática (Manifesto aos españois, 1945), liderando parte da oposición ao franquismo. En 1946 instalouse en Estoril, Portugal coa súa familia e desde alí, asesorado por un consello privado, do que formou parte José Mª Gil Robles, despregou un paciente labor diplomático en favor da súa propia causa.
RSP, dende o exilio, opina sobre a cuestión.


25 de octubre de 1947

DON JUAN Y DON JOSÉ MARÍA


Por Ramón Suárez Picallo

Don Juan de Borbón, Habsburgo-Lorena y Battenberg, hijo tercero del ex Rey de España, Alfonso XIII, tiene muchísima gana de ocupar el trono de sus mayores derribado por unas elecciones municipales, celebradas el 12 de abril de 1931 y de las cuales devino la proclamación de la República Española. Desde aquel día, aciago para su familia, los miembros de la Casa Real, no cejaron un solo instante para recuperar la posición perdida mientras los que fueran sus amigos y partidarios, se avenían con el nuevo régimen y lo servían, a su modo, sin reconocerlo pero acatándolo.

Entre estos últimos, figuró don José María Gil Robles, Catedrático de Derecho Político de la Universidad de Salamanca, Diputado en los tres períodos parlamentarios de la República, y en uno de ellos gobernante - 1933-1935, llamado ?bienio negro?, en el que compartió el Poder con don Alejandro Lerroux- durante el cual, desde el Ministerio de la Guerra ayudó a preparar la insurrección de 1936 cuya iniciación ordenó desde el Parlamento republicano, el mismo día de la muerte de Calvo Sotelo, mediante unas palabras bíblicas, que eran la clave del levantamiento, convenido desde hacía mucho tiempo.

El señor Gil Robles representaba, entonces, todas las fuerzas derechistas españolas en el orden religioso, en el orden económico y en el orden político frente al propio Calvo Sotelo, monárquico vertical por el que Gil Robles tenía pública y notoria antipatía. El profesor de Salamanca, sofista sutil, hábil y buen servidor de la reacción española, encabezada entonces por La Compañía de Jesús, definió su posición hablando en las Cortes Constituyentes en los siguientes términos: ?La corona española ha caído, pero la Cruz que le servía de término superior, es recogida por nosotros con corona o sin ella?. Se refería a su poderoso grupo político denominado ?Ceda? ?sigla de la Confederación Española de Derechas Autónomas? como jefe del cual actuó dentro de la República; perdió las elecciones de 1931, ganó las de 1933 y perdió después las de 1936.

Al perderlas, en el mes de febrero, se dedicó en cuerpo y alma a provocar la Guerra civil; le propuso al jefe del Gobierno ? a la sazón don Manuel Portela Valladares- que no entregase el poder a los vencedores, que proclamase la Ley Marcial y que disolviese el Congreso antes de reunirse. Cuatro horas después, el General Franco le hacía a Portela la misma proposición, en nombre del ejército; el Premier no les hizo caso y entregó el Poder a quienes lo habían ganado en las urnas en memorable jornada electoral, aún siendo como eran sus adversarios políticos. La guerra civil quedó proclamada en aquel mismo instante a la espera tan sólo del grito: ?a las armas?. Lo dio Gil Robles en la ocasión antes mencionada y la lucha comenzó con los resultados conocidos.


COMPUERTA AL MAR

El señor Gil Robles creía que la insurrección había de ser hecha a la medida de su partido y de los intereses que él representaba: protección al latifundio semifeudal, monarquía ?ponderada y ecuánime? y otras cosas más, que no entraban en el Programa desaforado del ?nacional sindicalismo? de Falange Española, revolucionaria al revés. Gil Robles, después de una histórica entrevista con Franco, salió para el exilio como si fuese un ?rojo distinguido?. La prensa franquista, no le escatimó epítetos ni injurias. Lo puso como a chupa de dómine.

En el destierro se encontró con el Pretendiente al trono, el que a su vez no había sido mejor tratado que él por el dictador en ciernes. En efecto, don Juan de Borbón, había sido rotundamente rechazado, después de vestirse de falangista, como soldado raso del ?movimiento salvador?. El generalísimo, ya tenía, sin duda, a la sazón, sus ?ideas? sobre el reino del que quería ser jefe. Y se dijo lo mismo que dice ahora: ?Principitos a mí?. Y a estas horas. Yo los hago y los deshago, y, como hay tantos, elijo el que quiero. Porque no se le pueden poner compuertas al mar desbordado de una guerra civil?.

Don Juan y don José María se pusieron de acuerdo para ?convencer? a Franco; y para combatirlo después de no haberse querido convencer de que debe irse del Gobierno. Franco proclamó su propio reino sin don Juan y sin Gil Robles, y ahí está en él, tan campante y pimpante, dispuesto a todo, menos a llevarles el apunte a los dos desprestigiados capistotes de una España que no volverá nunca más.

Últimamente, un sector de los monárquicos ?el llamado constitucionalista y liberal- inició gestiones con algunos grupos republicanos, entre los que se cuenta el Partido Socialista Obrero Español, que dirige don Indalecio Prieto, para llegar a un acuerdo tendiente a derribar a Franco, substituyéndolo por un Gobierno provisional que convoque a las elecciones para que el pueblo decida qué régimen desea. En estos trapicheos, intervinieron, bajo la amable vigilancia del Foreign Office, Indalecio Prieto y José María Gil Robles, los que, según noticias cablegráficas que tenemos a la vista, habrían llegado a un principio de entendimiento para el logro del objetivo principal, consistente en decirle al Generalísimo: ?Váyase usted con Dios y déjenos a nosotros en paz o en guerra?.

Mas hétenos aquí que don Juan de Borbón, a quien suponíamos representado él y sus pretensiones por Gil Robles, ha declarado que no hay tal cosa; que los dos líderes obraron por su cuenta y riesgo; y que la corona de España no vendrá a su cabeza por tales caminos. Por cuales otros puedan venirle es cosa que nosotros no sabemos, a pesar de nuestros medios de información.

¿Es que han dejado de entenderse don Juan y don José María? Allá se las entienden ellos. Mientras tanto, España y los pueblos que la integran, siguen su ruta por caminos propios, que no son ni los de Juan ni los de José. Son los caminos de España.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de...1947)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (políticos) - Publicado o 25-10-2014 13:54
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