A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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ALVARO DE ALBORNOZ Y LIMINIANA

Álvaro de Albornoz y Liminiana no centro da foto (de pé)entre Alcalá Zamora e Azaña.


Ante a esperada pero irrealizable visita a Chile do que fora ministro na II República e deputado nas Cortes por Oviedo, Álvaro de Albornoz, en 1944, RSP comenta neste artigo os impedimentos que non lle permitiron visitar o pais e fai detallado perfil biográfico do que chegou a ser Presidente do Tribunal de Garantías Constitucionais, a máis alta Institución Xurídica do Estado na época da II República...


3 de junio de 1944
DON ÁLVARO DE ALBORNOZ


Por Ramón Suárez Picallo

Por estos días, debía haber llegado a Chile, en tránsito para México, donde reside, él eminente repúblico español, don Álvaro de Albornoz y Liminiana. El señor Albornoz asistió, en representación de la Junta Española de Liberación, de México, a las festividades conmemorativas de la proclamación de la segunda República Española ?14 de abril? celebrada, con toda solemnidad, en la ciudad de Montevideo.

La noticia de paso de Don Álvaro por Chile, había despertado aquí vivísimo interés, en los centros parlamentarios, democráticos, jurídicos y universitarios, donde es conocida, y altamente estimada, la personalidad del ilustre viajero. Tenemos el pesar de decir hoy que Don Álvaro de Albornoz y Liminiana, no pasará por Chile. Un país vecino, con tránsito obligado entre Montevideo y Santiago, interpuso su veto al transeúnte, negándole el correspondiente visado a su pasaporte.

Conocida, aquí la dificultad y surgida, pusiéronse en movimiento, para salvarla, Instituciones, personalidades y organismos representativos de la democracia Chilena para facilitar el viaje del gran demócrata español. Fracasaron todos antes la inexorable negativa del país aludido, a pesar de la alta jerarquía de los valedores chilenos, cuya generosidad y cuyos afanes nos encargan agradecer, públicamente, los españoles amigos de Don Álvaro de Albornoz.

¡Don Álvaro no pudo transitar por ese país, porque no es un contrabandista, ni un espía nazi, ni un ?che? delincuente, ni un provocador de subversiones; ni es tampoco miembro de ningún clan reaccionario, encargado de introducir, en la América democrática, ninguna punta de lanza totalitaria! Es un caballero español con penacho y airón romántico, de servidor de la libertad, descendiente directo de los amigos españoles de San Martín, de O?Higgins, y de Bolívar. Y como los encargados de revisar pasaportes, en algunos de estos países, son hoy los descendientes y devotos de Fernando VII, le negaron el correspondiente permiso para viajar, como se lo negarían a Sarmiento o a Alberdi, a Artigas o a don Justo José de Urquiza ¡se lo concederían, en cambio, al fraile Aldao, a Facundo Quiroga, o a Cuitiño, el jefe siniestro de la ?Mazorca?!


PERSONALIDAD

Don Álvaro de Albornoz y Liminiana es asturiano, descendiente de una familia prócer del ilustre Principado. Estudió Derecho en la Universidad de Oviedo, y es uno de los más sapientes, austeros y estimados abogados de España. Es un liberal, demócrata y republicano, de solera y estirpe, y, de vivir en aquellos tiempos, sería el mejor discípulo de Gaspar Melchor de Jovellanos, asturiano como él y como él filósofo y enciclopedista. Pero esta filiación política no le impidió nunca servir a la justicia y al derecho donde quiera que su defensa fuese necesaria. Se recuerda que en su carrera, defendió ante él Tribunal Supremo de Madrid y la Corte del Sena de París, a la Infanta Eulalia de Borbón, duquesa de Montpensier frente a la casa Real Española. Ganó Don Alvaro el sonado pleito y siguió siendo tan pobre como antes. El Derecho Social, la causa obrera y todos los luchadores por la libertad de España, lo tuvieron por adalid en los tiempos duros y heroicos.

Formó parte del Comité Revolucionario que trajo la República, y fue por ello procesado. Lo defendió una mujer, discípula suya ?doña Victoria Kent? cuyo alegato se limitó a narrar ante el Tribunal la vida apostólica y gloriosa, de su defendido, como ciudadano, como jurista y como hombre de bien.

Promulgada la República fue Ministro de Fomento de su Gobierno Provisional, después Ministro de Justicia, a la vez que diputado a las Cortes Constituyentes por Oviedo; y, más tarde, su Embajador en París.

Promulgada la Constitución Republicana y elegido un primer Magistrado en Diciembre de 1931, debía elegirse también, la segunda jerarquía constitucional republicana: el Presidente del tribunal de Garantías Constitucionales, la más Alta Institución Jurídica de la Nación encargada de guardar y amparar los derechos individuales, discernir la constitucionalidad de las leyes, supervisarla elección del Presidente, dirimir los pleitos de jurisdicción entre el Estado y las regiones de régimen autonómico y ver, en juicio político, las faltas de los demás altos funcionarios del Estado.

Fue elegido, sin oposición, don Álvaro de Albornoz. Él, por su edad, su sabiduría su conducta y su lealtad a los principios republicanos era la mayor garantía de todas cuantas debía defender y amparar el famoso Tribunal.

Durante el ?bienio negro? de Lerroux y Gil Robles, cuando la República fue desvirtuada en sus esencias más puras y el Gobierno hizo de la Constitución mangas y capirotes don Álvaro de Albornoz renunció a su cargo en un documento histórico y ejemplar por su alto sentido moral y su consecuencia democrática.

Como uno más entre sus conciudadanos, vivió los años, los meses y los días de la guerra, y fue después, un emigrado más, orador magnífico, uno de los españoles que mejor conocen la historia de España y de Europa, escritor y periodista, vive en el exilio con lo que le produce su pluma.

Fue fundador del partido Radical Socialista, perteneciente al ala que luego ingresó a la Izquierda Republicana española, el partido de don Manuel Azaña; pero por encima de toda filiación partidista, don Álvaro de Albornoz y Liminiana es por su jerarquía moral, por su paciencia y por lo ejemplar de su vida, una figura nacional española respetada por todos, aún por sus más decididos adversarios. ¡Es una jerarquía moral, humana e intelectual, de las honras a un régimen, aún después de que el régimen se haya perdido!

Todo esto, y algo más le hubiésemos dicho al ilustre viajero el día de su llegada a Chile. Pero por las razones antes aludidas, no llegará aquí, y ahí le quedan las palabras sentidas y cordiales, con un voto de ventura y buen viaje, por otras tierras, donde la Democracia no impone vetos a los demócratas.

Y con las palabras, el cumplimiento de un encargo que nos fue confiado: agradecer públicamente, en nombre de los amigos de don Álvaro de Albornoz, las gestiones y los esfuerzos hechos en Chile, para facilitar su malograda visita.

Otra vez será, con libre tránsito y palmas batidas, cuando la facultad de visar pasaportes en América no esté confiada a los descendientes de Fernando VII.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 3 de xuño de... 1944)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (políticos) - Publicado o 03-06-2011 01:19
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