A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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UN POEMA DE JOSÉ Mª MONTES Á TORRE DE HÉRCULES


A Torre de Hércules, o monumento máis emblemático da Coruña, ven de ser nomeada patrimonio da humanidade pola UNESCO. O poeta e xornalista sadense José María Montes(Osedo, Sada, 1822-id. 1892) publicaba no 1862 a seguinte composición dedicada ao faro herculino.








A la Torre de Hércules


Heme aquí dominando
Todo el furor de las sonantes olas,
y en tu elevada cima contemplando
de bajeles sin fin las banderolas:
Que sin cesar navegan
del turbio mar en la mansión umbría
y a saludar con entusiasmo llegan
a este coloso de la patria mía.
Y alegre el marinero
con gozo eleva la tostada frente,
cuando al son de sus cantos, placentero
logra mirar tu cúspide eminente.
¿Te puso ahí el destino
para ser el perpetuo centinela
del esforzado pueblo brigantino
que por sus glorias cuidadoso vela?
¿Al verte no temieron
atónitos un día los bretones
cuando al tocar tus playas se atrevieron
con altivez izando sus pendones?
¿Cómo en aquel instante
tu benéfica luz no has convertido
en rayo de terror que centellante
los hubiera en las olas sumergido?
Más que si orgullosa
cruzó Albion burlando tus almenas,
sus naves pronto en fuga vergonzosa
pasaron ante ti de oprobio llenas.

Cual grandioso monumento
de antiquísima memoria
siempre debes á la historia
con tu nombre fatigar.
Que temor infunde al verte
con tu frente envuelta en bruma,
mientras lame con su espuma
tu espaciosa planta el mar.

En esa escarpada roca
te alzas esbelta de día,
y allá en la noche sombría
das, al mirarte, pavor,
Mientras vibra en el espacio
desde tu elevada cumbre,
viva y trémula tu lumbre
con su vario resplandor.

Ya en lucientes tornasoles
a la absorta vista halaga,
ya lentamente se apaga,
ya en otra vez torna á brillar:
Y en ese afán incesante
de vida y muerte, se mira
cual alienta, cual espira
sin que pueda reposar.

Y sus rayos tembladores
se difunden a lo lejos,
y en los mares sus reflejos
se ven inquietos bullir.
Y las naves que divisan
el resplandeciente faro,
le bendicen cual su amparo
en su rumbo al proseguir.

Y en vano iracundo ruge
en sus embates crueles
azotando los bajeles
con su furia el aquilón.
Y el Océano rabioso
por sus víctimas reclama...
¡Ah! tu fulgurante llama
siempre es luz de salvación.

Queda adiós, ¡oh fanal! que misterioso
Eres la fiel imagen de la vida
del hombre que se agita sin reposo
teniendo el alma de zozobra henchida.
Así siempre en el orbe la ventura
se muestra con divinos resplandores,
y después al menguar su lumbre pura,
vienen en pos angustias y dolores.
Ya el astro del placer se ostenta bello,
ya se eclipsa el albor que le cercaba,
ya torna a derramar vivo destello,
ya rápido otra vez su brillo acaba.
Más, del mortal los azarosos días
labran al fin la postrimera suerte;
tu siempre, ¡oh torre! al tiempo desafías
sin que vaciles en tu asiento fuerte.
¿Qué importa que a tus pies la fura rompa
del mar al revolverse en loco anhelo,
y te circunde en su siniestra pompa
la tempestad con tenebroso velo?
¡Oh! entonces tu poder muy alto sube
que el torbellino contra ti se estrella,
cuando de negra y tormentosa nube
arrancas la flamígera centella.
¡Adiós, dominadora de los mares!
¡Eterno asombro de la humana gente!
¡Oh¡ ¡nunca morirás en los cantares
qué al viento de mi inspiración ardiente!

Coruña, 9 de julio de 1862
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 31-10-2010 14:45
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A CRISE DO TRABALLO
No 1934, Xohán Antón Suárez Picallo reflexionaba sobre a crise do traballo e as cifras de parados.
Hoxe estamos a vivir unha época de crise que en Sada nos toca especialmente, dada a situación pola que atravesan as Cerámicas do Castro, que pouco ten que ver coa conxuntura global e moito cunha pésima xestión por parte dos que decidiron poñerse á fronte da mesma desprazando a Isaac Díaz Pardo. Desde aquí, o noso apoio aos traballadores do Castro e a Isaac.



La crisis del trabajo


Aumenta cada día en proporciones alarmantes, la crisis de trabajo en la villa y términos municipales. A la crisis antigua, se une ahora la falta de pesca, la paralización de obras en la localidad, la huelga del ramo de la Construcción en La Coruña, donde trabajaba buen número de obreros de este Ayuntamiento, y la angustiosa situación del agro, que a los mil problemas que ya tenía se une ahora la escasa venta de su ganado. Puede asegurarse que más del 50 por 100 de los obreros, están en paro forzoso, y sus hogares carecen de lo más indispensable para ir tirando. Ante esta situación, creemos que las autoridades en unión de las demás fuerzas de la villa, deben dirigirse a los poderes públicos solicitando que se abran algunas obras donde hallen ocupación los sin trabajo, consiguiendo además que obras como el puerto de refugio y otras no menos necesarias se llevasen a cabo. Por encima de todo está el pan de cada día, y nosotros esperamos que esta indicación recogida entre muchos que carecen de él sea tomada en cuenta, para con buena voluntad y cariño darles donde ganarlo. Hay que pensar algo más que en cosas de pequeña política local, que ante problemas como el reseñado no tiene importancia alguna.


El Pueblo Gallego, 19/01/1934
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 21-09-2010 01:06
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A SADA DO 1925 AOS OLLOS DUN MADRILEÑO
Entre o 1925 e 1926 editouse en Sada a revista Mariñana. No seu primeiro número incluía unha colaboración dun madrileño anónimo que nos daba a seguinte visión da vila mariñá.

ME PARECE UN SUEÑO
SADA, SADA Y SADA


Decíame en Sada, este último verano, un castizo madrileño: Me parece un sueño y sin embargo es pura realidad! Por más que me froto, los ojos y me sacudo sendos cachetes y me acribillo a pellizcos brazos y piernas, con la mayor crueldad, no me acabo de convencer de que no sueño despierto, o de que cuanto veo y oigo no es imagen engañosa de calenturienta pesadilla.

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Esos tranvías que van y vienen a La Coruña, ruedan lo mismo que los de la calle Mayor; esos coches y autos saltan por el arroyo como las antiguas manuelas y simones de Madrid, esas gentes, sobre todo las señoras, visten como las que pasean en Recoletos y en el Retiro; y esas pescadoras chillan lo mismito que sus congéneres, las vendedoras famosas del Carmen o de la plaza de la Cebada
Francamente; esto me arranca una ilusión. Yo esperaba algo extraño, algo que chocara con aquellas costumbres y con aquellos usos cortesanos que me sé de corrido, y me diera la nota diferencial de este pueblo; me voy temiendo un amarguísimo desengaño.
Verdad es que desde los ventanales del gran restauran "La Terraza" ?circundada de árboles y plantas, besada por las aguas de la poética ría, como ilusionada góndola veneciana o encantado hotelito de la costa azul? contemplo un espectáculo hermosísimo, un especie de lago ancho y dilatado, mucho más que el estanque del Retiro y el de la Casa de campo, unidos.

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Qué jaleo, qué barullo, qué incesante movimiento; qué ir y venir, los domingos, .del muelle a las avenidas de Barrié y Progreso, a los bailes del elegante y lujoso salón-teatro "El Moderno". Luego a los conciertos de "La Terraza" y "El Suizo". De noche a los debuts y sesiones de cine de los salones "Moragra" y "Gran Suizo".
Por las calles no se puede andar, ríos de gente, tranvías y autos. El automovilismo se impone, y lo que antes era un ir y venir de carricoches y jinetes, ahora son ómnibus, camiones, autos, motocicletas y alguna que otra bicicleta que ya parece un anacronismo en estos tiempos del reino de la bencina.
Vuestra revista MARIÑANA nos gustó mucho.
Hubo concurrentes al centro "Casa de Galicia" que hicieron muchos ditirambos de ella.
Tener constancia y seguir el mismo derrotero y la victoria será ruidosa.
Te mandaré para números sucesivos, otras cuartillas más evocadoras.


Pimpiol
Madrid, Enero 1925.
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 18-09-2010 10:03
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AO PASAR POLO CEO por Ramón Suárez Picallo
Da sua etapa na revista Céltiga entre 1925 e 1929 hai unhas vinte colaboracións literarias de RSP. Hoxe presentamos unha na que fai intervir a Curros, Murguía, Pondal, Brañas e Pardo de Cela, "aos que Deus tenlles certa xenreira" pero que, en cambio, gozan do favor de Nosa Señora...


AO PASAR POLO CEO


Por Ramón Suárez Picallo

Os galegos que moran no ceo?que pra intranquilidade de Deus son moitos?adoitaban, despois de cear, xuntarse no xardín que hai perto do comedor, pra presenciaren a partida da birisca que de cotío xogaban Curros e Murguía, contra Brañas e Pondal.
A noite que socedéu o que vou a contarvos, Curros que levaba ó xogo, estaba de mal xor, porque Brañas levaba todolos trunfos, namentras o seu compañeiro non vía nin un besbello.
-Hai que matar co que sexa?mandaba Curros ao seu compañeiro, refiríndose ao rei de trunfo que xogara Brañas para lle comer unha birisca de once.
-Cunha lana romana?respondeu don Manoel, relembrando os seus tempos de hestoriador.
Ganástedes?rosmou Curros, convencido que según as suas contas xa os rivales fixeran sesenta e unha.

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Ouviron, de súpeto, un estrano zoar, que non era de abellón, nin de tabau, nin de nespra, nin de paxaro conoscido.
-Ha de sere un morcego que coida que ó ceo é unha eirexa vella?sentenciou o autor de ?Mirando pro chan?.?Das cartas?agregoú, mirando pra Brañas que tiña na man a baraxa.
Aparesceu entón, voando sobor do ceo, un paxaro de ferro. Unha andrómena con áas, facendo no aar voltas e reviravoltas i unha man que lles capeaba dicindo abúr.
Gran rebumbio no ceo. O vixía da torre máis outa, foi correndo dar conta ao vello Deus da nunca ollada aparisción. O vello, que estaba moi ocupado eisaminando o libro de entradas que lle trouxera San Pedro, para que sinalara ós que ficarían no paradiso i os que irían derreterse ás caldeiras do inferno, tomóu moita xenreira, cando soupo que sin sua licencia, querían tomar serventía polos seus eidos nunca atravesados por ninguén.
Namentres, ó Mestre Murguía, diante do ceo asombrado, espricaba o mecanismo do paxaro con áas de ferro, por sere el o derradeiro que viñera do ?outro mundo? desque se inventara tal estrumento.
A nao voadora, como se estivera presa dun esconxuro, quedouse queda movendo unhas áas pequenas, como fan as tartarañas sobor dos pitos novos, cando quérenos atrapar.
Un berro varil, que desde a nao alada foi ceibado, puxo grande alegría nos galegos, que reconosceron seren da Terra Galega os que ían dentro dela:

¡¡Terra a Nosa!!

E coma se ouviran unha consiña sagra, ós galegos responderon a coro:

¡¡Terra!!

Deus ainda se puxo máis indiñado cando soupo que aqueles ousados eran galegos. Deus, desque Curros lle chamou nun verso ?vello reumático? tenlles xenreira aos galegos. E xa sabedes?porque o contóu Cabanillas?de que xeito entróu no ceo, por infruencias de Nosa Señora, que, en troques, ten aos galegos por dileutismos amigos, desque o bardo a nomeou con verbas de non igualada gabanza na ?Virxe do Cristal?.
O rei do ceo, rodeado de todo ó goberno celestial, saíu do seu despacho, iracundo, en xeito de tomar comprida venganza, i a disposto mandarlle a o inxeneiro que coida as chaves dos raios e dos ventos, que ceibara unha descarga que dera cos estrevidos nautas do fondo do mar ou do inferno, cando Curros, enérxico como adoitaba inquiríu:

-¿Qué vai facer vostede?
-¡O que quero i o que podo: esnaquizálos!
-Vostede non fará eso?amenazóu ó bardo,?porque o destronamos?

Unha ovación acolleu as verbas do rebelde. A revolución no ceo ficaba decrarada. Pondal oferceuse pra escribir ?A Marsellesa?. Brañas pra arengar ás multitudes, Murguía pra compoer a historia da xornada e o Mariscal Pardo de Cela comandaría ó exército.
Malas se poñían as cousas para o rei do ceo; mais terco él tamén azuzado por seu permeiro ministro, Iñigo de Loyola,?que nunca quixo ben a Curros polo haber alcumado, nun someto, de ?católico bergante??no que se viña a razóns, de ningún xeito.
Nosa Señora, namentres, estaba allea a canto alí socedía. Entretíñanse isa noite en adeprender a tecer puntilla de camariñas,?seu adorno máis preciado cando ia ás hermidas galegas a recoller os pregos das nais e das noivas?tomando leucións de Rosalía e de Conceución, suas amigas preferidas. Foi axiña avisada do motín, e pedida a sua intervención pra que puxera pas nos alteirados espritos.
Acudíu Nosa Señora e cando os galegos virona aparescer, abríronlle camiño e fixéronlle, gasallosos, unha xentil reverenza.
Así que a Santa Nai se enteróu do que pasaba, fíxolles a os revoltosos un aceno de que estaba da sua parte, i o vello Deus un xesto de esconsolo, cavilando que tiña perdida a partida.
-Boa ias a facela home ¿Non che avisaron que ise rapaz vai pras Américas, e que por intermeios de sua nai, conta co a miña proteución, pregada nunha hermida do Ferrol? ¿Non sabías que os nautas galegos téñenme por patrona e ríndenme non semellado homaxe?
Cando Deus ouvíu tales razóns baixóu a testa avergoñado e metéuse novamentes no seu despacho, convencido de que nada podería contra os galegos, que contaban con tan poderosa proteución. E convencido, tamén, de que nada mandaba naquel reino, cavilou en presentar a dimisión do seu platónico goberno. E coma derradeira medida gobernativa dou entrada no ceo a un fato de caciques que figuraban no libro de entradas, pra que lle fixesen a guerra a o bardo rebelde, buscando dese xeito vengarse do relúmbio que lle armara?
Cando a Nosa Señora benzoou o ar, a nao alada, que estivera todo o tempo tartarañando, partíu como unha frecha, perdéndose no hourizonte azuado, deixándo tras sí lumioso ronsel?
Houbo gran festa no ceo. Nosos bardos de novo tremar de emoción suas liras groriosas, e racharon ó ar as notas variles do hino: ?Os tempos son chegados?.


Buenos Aires.-CELTIGA, FEBREIRO 1926.
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 08-09-2010 00:42
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Ramón Suárez Picallo entrevistado polos seus alumnos
Hoxe publicamos unha entrevista que no año 1961 lle fixeron a RSP os seus alumnos de xornalismo en Bos Aires.


DE FRENTE Y DE PERFIL


Entrevistar a un periodista es siempre una prueba de fuego. Máxime cuando ese periodista, como en nuestro caso, se resiste al reportaje. Quizás por saber que el mejor reportaje es contestar todos los días a las preguntas irremediables que nos hace la vida. Pese a ello don Ramón Suárez Picallo concedió esta entrevista en forma exclusiva para sus alumnos del cursillo de periodismo.

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¿Cuándo nació y dónde?
Nací el 4 de noviembre de 1894 en Sada, Coruña. Soy el hijo mayor de un hogar humildísimo donde vieron la luz seis varones más y una mujer.

¿Dónde Pasó sus primeros años?
En la villa de Sada, localidad de Veloy, pueblo mitad marinero mitad labrador, donde cultivé ambos oficios, cursando mi educación primaria con el ilustre maestro galleguista Don José Somoza Eiriz, natural de Villalba.

¿En qué año vino a la Argentina?
Legué a este país como inmigrante en el año 1912; desempeñando los oficios de peón de farmacia y siendo mi primer sueldo $ 15.- Posteriormente fui vendedor ambulante de alfajores, siguiendo por lavaplatos y, finalmente, periodista.

¿Volvió alguna vez a su pueblo natal?
Regresé a Galicia en 1931 como delegado de la Federación de Sociedades Gallegas.

¿Qué hizo entonces en Galicia?
Elegido diputado en 1931 a las Cortes Constituyentes de la República por Coruña, intervine en el Parlamento con sesenta y dos discursos sobre Galicia en dos años, al tiempo que estudiaba en forma libre las asignaturas principales de Bachiller en el Instituto de Lugo. Con este título ingresé a la Universidad de Santiago de Compostela como alumno libre recibiendo mi licenciatura de Derecho, en el año 1935, con la calificación de sobresaliente. Fue mi primera defensa la de un gallego residente en Avellaneda (Pcia. de Bs. Aires), al cual el fiscal pedía la pena de veintiocho años y un día, siendo el fallo de absolución.

¿Qué fue de su vida luego?
Posteriormente emigré a EE.UU. de donde pasé a Chile, trabajando como periodista durante 16 años. Escribí mi primer artículo en ?Adelante? el 1º de Mayo de 1916 refiriéndose este a una huelga de frigoríficos. Lo firmé con las iniciales R.S.P. Seguí escribiendo en periódicos obreros hasta 1918, en que fui secretario rentado de los trabajadores del puerto y allí fui nombrado director del periódico ?Libertad?. El primer ejemplar que lancé al público fuñe un desastre, pues corregí las erratas encima del error y el copista al no ver nada en los márgenes mandó todo a máquina tal cual estaba. También fui colaborador del diario ?La Argentina? donde me inicié con una crónica obrera. Fui Secretario del Correo de Galicia durante dos años. Escribí crónicas sobre la vida política de América Latina, en el ?Pueblo Gallego? de Vigo, ?Le Humanité? de Barcelona y ?El día Vasco? de San Sebastián. Después de ser columnista durante 16 años en Chile pasé a la Argentina donde me encuentro actualmente radicado.

¿Cómo resumiría usted su vida?
Pues, diciendo que tengo 67 años bien vividos, muy navegados y además muy doloridos. Soy un hombre de los que se van que tiene el placer de estar entre los que vienen. Creo firmemente que, a esta generación que viene tras de mí, debo dejarles como legado las pocas cosas que sé.

¿Algo más?
Soy soltero? ¡porque no tuve tiempo de casarme! No obstante, yo debía haberme casado en la Catedral de Lugo el 4 de octubre de 1936 pero la Guerra Civil estalló el 17 de julio de 1936. Mi novia quedó en Galicia bajo el régimen de Franco y yo seguí el curso completo de la Guerra Civil en la zona de la República. Después recorrí el mundo y, como ya os he contado, todas esas correrías terminaron en vuestro país.

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Una pregunta más. ¿qué opina del resultado del cursillo?
¡Estoy muy contento! Creo firmemente que por los menos seis alumnos llegarán a ser excelentes periodistas, y, los otros, eficiente colaboradores. Ansío que continúen unidos como un núcleo de muchachos y muchachas estudiosos. No olvidéis que, en vosotros, están los pilares de un futuro mejor.

Y así nos despedimos de don Ramón, ejemplo señero de un espíritu recto, batallador e insobornable.


Imaxes: Ramón Suárez Picallo celebrando o seu anviersario cos alumnos do curso de xornalismo.



A entrevista foi recollida en R. Suárez Picallo, Escolma de textos en Galego, Concello de Sada-Consello da Cultura Galega, Santiago de Compostela, 2008.
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 07-09-2010 00:16
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MAROLA (de Suárez Picallo)
Hoxe 18 de agosto, cúmplense 85 anos do estreo no teatro Mayo en Buenos Aires da obra Marola da que é autor Ramón Suárez Picallo, con música e Paz Hermo.
Non se conserva o texto íntegro. Si hai notas de prensa dos días da representación e un anaco do primeiro acto (que nos facilitou no seu día, dende Arxentina, o noso bon amigo e colaborador Hernán Díaz) e que reproducimos a continuación.




Fandiño. --¡Cómo, lloras, estás llorando! Triste tú, mi más alegre compañera de la escuela... Eres huérfana, también murió tu madre...
Marola (con ira). --No murió: la mataron de pena: la mataron a infamias!... ¡Probiña!...
Fandiño (con profunda tristeza). --La tuya, al menos, ha tenido tu consuelo en su agonía; la mía, en cambio, habrá muerto sola torturada por el recuerdo del hijo ausente...
Marola. --A la tuya la acompañé yo hasta el último instante. Estas manos cerraron los ojos ya sin vida de tu madre...
Fandiño (sollozando de rodillas). --¡Tus manos, tus manos benditas cerraron para siempre los ojos de mi madre!... ¡Déjame que te las bese con el mismo cariño con que besaría las de ella!... (Oculta la cara en las manos de Marola, las que besa fervorosamente). ¡Nai! ¡Naiciña!...
Marola (cariñosamente). --Vamos... Vamos... Con eso nada se hace ahora... ¿Cuéntame cómo te ha ido en América?... ¡Ya creímos que no volverías más. Tanto tiempo!... ¿Cómo se te ocurrió venir?
Fandiño (tranquilizado ya). --Primero, cuéntame tú, ¿qué te ocurre?... (Fijándose en la cesta). ¡Loliña, eres pesca?... Tú, hija única de una casa de pan, con la ilustración que te dio tu madre?... ¡Una cacicada, quizá...! ¡Ah, miserables... el día que rindan cuentas, no habrá inocentes!...
Marola. --Una infamia, Toniño, una infamia. Mi madre muerta, los bienes perdidos, perdida mi honra... Y hasta el nombre me arrebataron, ahora me llaman Marola, como a la roca.
Fandiño. --¡Vaya un nombre xurdio, casi simbólico!
Marola. --Después que lo perdí todo y fui por todos despreciada, juré hacer tanto daño como me habían hecho. Trocaron mi dolor en odio tan fiero, que si no fuera el deseo de vengar a mi madre y... (Tapa la boca con la mano, bajando la cabeza avergonzada).
Fandiño. --No digas más. ¡Estupendo drama, el drama del pueblo mío!... Le haré un epílogo...

(En el valle cercano óyese el sonido de un esquilón de ganado, y una voz característica.)

Una voz. --¡Ei para aquí, Marela; Xuvenquiña...
Marola. --E mais mala que a Marola, así me decían todos cuando me puse a luchar fieramente contra ellos...
Fandiño. --Lo que yo decía: ¿te llaman Marola, porque como la roca, no te doblegas? ¿Porque como ella, a pesar de las olas y de los vientos, estás erguida y amenazante?
Marola. --Por eso.
Fandiño. --Magnífico, admirable!... En tu apodo, hay todo un cierto. Puedes llevarlo con orgullo. ¡Marola rugiente!... ¡Marola bravía!... ¡Bendita seas, Marola indomable!...
Marola. --No pudieron conmigo, ni podrán. He de cumplir el juramento de vengar a mis muertos...
Fandiño. --Y yo he de ayudarte, que a eso vengo, a vengar a los que en mi tierra sufren ignominias...! A vengar a Galicia!
Marola. --¿Luego tú, vienes a eso?... (Como para sí.) ¡Qué idea!... ¿Acaso tú eres de los hermanos que allá en América forman una Federación para librar a Galicia de caciques y de foros?
Fandiño. --Soy, y por ellos vengo. ¡Nada tenía que hacer aquí!... Muerta mi madre, la última que quedaba de mi familia, sólo me faltaba la herencia, y esa podía cobrarla desde allá... Vengo, porque esos hermanos de América me confiaron una misión por la que daré mi vida y mi herencia.
Marola (radiante de alegría). --¡Dios te vea venir...! ¡Se acerca mi venganza! (Confidente.) Oyes, ¿conoces al tío Calviño?
Fandiño. --¡Y no he de conocer!... Nada menos que nuestro delegado más eficaz, nuestra mano derecha. Es un ejemplar de la Raza; ahora, me doy cuenta por qué le llaman hereje... Cuando era niño, me contaba cuentos de Estadeas y Santas Compañas, y me acuerdo que siempre había caciques que venían del otro mundo para que les sacaran el hábito...
Marola. --Fue la única persona que me amparó. Por eso, como iba todas las noches a su casa, sé todo cuanto se hace para librar a Galicia. En esta cesta, fueron todos los papeles que yo repartí por villas y aldeas.
Fandiño. --De modo que fuiste tú la mensajera de nuestros ideales!... ¡Déjame que te abrace!... (La abraza, pero Marola se desprende avergonzada. Va oscureciendo. Una moza canta una canción nostálgica, la que Fandiño escucha alelado.)
Fandiño. --¡Canción de mi tierra!... ¡Dulce como las caricias de mi madre!... ¡Triste como mis dolores!... ¡Madre Galicia, alma tuya torturada que sigues como una visión angustiosa a los emigrados!... (Terminó el canto de la moza: la vigorosa voz de un mozo entona con aire de desafío un rudo alalá. Cada vez más lejos continúan oyéndose las canciones de desafío.) ¡Alalá viril!... ¡Musa gloriosa de Curros y Pondal!... ¡Canto épico de mi heroica estirpe Celta...! Diez años hacía que no escuchaba tus mágicos ecos!... ¡Cuánto darían por escucharte los que murieron en tierras lejanas!... ¡Cuánto darían porque tus notas fueran el Miserere de su agonía, llevando reflejada en sus pupilas la dulcísima visión de su Galicia bienamada!
Marola. --¡Probiños!... (La campanita de la aldea cercana toca el Angelus. Marola se arrodilla frente a la cruz.) Recemos por ellos y por nuestras madres.
Fandiño. --No sé rezar de ese modo. Mis rezos son otros, se dicen de pie y con los puños en alto.
Marola. --No es ésta la oración del cura: es la oración que nos enseñaron nuestras madres cuando niños para adormecernos, y las oraciones de las madres no se olvidan nunca.
Fandiño (se arrodilla y se descubre reverente). --¡Por su santa memoria!
Marola (inicia el rezo, haciendo la señal de la cruz). --Animas al cielo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo... El Angel del Señor anunció a María que el Hijo de Dios encarnaría en sus entrañas por obra y gracia del Espíritu Santo, Ave María.
Fandiño. --Sin pecado concebida.
Marola. --He aquí la esclava del Señor, hágase en mí su voluntad, según tu palabra, Ave María.
Fandiño. --Sin pecado concebida.
Marola. --El Verbo Divino se hizo Hombre, y habitó entre nosotros para redención del mundo, Ave María.
Fandiño. --Sin pecado concebida. (Fandiño se levanta, vivamente. Marola, musita bajo una oración breves segundos, y luego hace lo mismo. Va oscureciendo. Con extrañeza.) ¡Rezar yo!...
Marola. --Santa ofrenda a nuestras madres muertas, recordando las palabras que tantas veces escuchábamos entre sueños, selladas siempre con un beso tiernísimo de despedida.
Fandiño. --Es noche ya... ¡Cuánto temor tengo de entrar en mi hogar abandonado!



CRÍTICAS NA PRENSA DA ÉPOCA

Aun cuando preveíamos que obra de tal sinceridad y emoción como la que comentamos, había de penetrar profundamente en el sentimiento del público ?gallego en casi su totalidad? que llenaba por completo la sala del Mayo, el éxito estuvo muy por encima de todas las esperanzas, como lo demuestra el hecho de haber sido llamado el autor, al final de los cuatro cuadros que integran la pieza, en medio de calurosísimas y prolongadas ovaciones.
[?]
El triunfo de ?Marola? constituye, además de un éxito personal para Suárez, una confirmación de su contextura doctrinaria, que halló en el público una fraternal acogida y una indiscutible simpatía. Los personajes de ?Marola? tienen tanto de humanos como de simbólicos y en ellos palpita y accionan las ideas nuevas que constituye la perspectiva espiritual de la mejor parte de la juventud gallega: la liberación de Galicia por la exaltación rebelde del sentimiento regional.
[?]
En resumen, el estreno de ?Marola? dio lugar a una espontánea manifestación de galleguismo y su autor fue juzgado como una revelación en el género teatral, esperándose que las inevitables fallas que se observan en el tecnicismo de esta primera obra, han de ser subsanadas, a medida de que Suárez vaya adquiriendo la parte de ?oficio? necesaria para toda ficción teatral.

Céltiga


?Marola?, más que una obra teatral, es una obra henchida de patriótico fervor [?].
Es evidente que Suárez Picallo se ha valido de la escena como simple vehículo de sus ideas, sin tener muy en cuenta las leyes que rigen a los trabajos a ella destinados. Ello, empero, y como dijimos, no resta a ?Marola? nada de su fuerza, antes bien, se la procura mediante bien hallados motivos de evocación de ambiente [?].

La Prensa


En el desenvolvimiento de este asunto, si bien se perciben algunas deficiencias que afectan a la estructura de la obra en lo que se refiere a la disposición de sus figuras y a su movimiento escénico, y que disminuyen el efecto impresionante buscado con las escenas y situaciones de objetivo dramático, el señor Suárez Picallo evidencia ciertas estimables cualidades de escritor teatral [?].

La Nación

Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 18-08-2010 11:15
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PRÓLOGO A UN LIBRO DE MARCIAL FERNÁNDEZ

No 1951, un ano logo do pasamento de Castelao, RSP escribía a seguinte carta ao socialista galego Marcial Fernández, co que compartira as experiencias da Guerra Civil e do primeiro ano de exilio nos EEUU. A carta sería empregada como prólogo do seu libro Trascendencia y hondura de Castelao, editado en México.(Material facilitado por Lois Pérez Rodríguez)


CARTA A MANERA DE PRÓLOGO


Querido Marcial:

Hace cuatro meses he sufrido un ataque al corazón. Por cuenta de la Caja de Previsión de Empleados Públicos y Periodistas, me mandaron a un sanatorio de la costa para someterme a un régimen de reposo absoluto, físico y mental. Durante este tiempo, estuve privado de leer y escribir ni una sola línea. Si no del todo sano, estoy ahora bastante repuesto, y al incorporarme a mis tareas habituales ?escribir dos artículos diarios eligiendo yo el tema? me encuentro con dos cartas tuyas y con los capítulos originales de tu obra sobre Castelao, para la cual me pides un prólogo.

Quiero que me creas si te digo que tu recuerdo y tu cariñosa solicitud me han causado una honda emoción. ¡Dios bendito, cuantos recuerdos amistosos, cordiales y fraternales me trae tu carta!... Las jornadas de Ortigueira, con cien mítines de caudal esperanzado, soltado al viento en aldeas y villorrios; entre pinares druídicos. Te acuerdas de Insua,... Las charlas amicales en La Coruña y en El ferrol, en los albores de nuestra gran ilusión autonomista, y los primeros días de la guerra civil en Madrid y en Barcelona; nuestra aventura a Huesca, Barbastro, Tardienta, Vicien, Fornillos, La Granja, y, después, aquella batalla malograda de Chimillas. Castellón de la Plana, cuando tú reorganizabas el Cuerpo de Carabineros entre jocundos naranjales. Después, los días, las noches, la horas y los minutos de angustia en Barcelona, cuando ya era irremediable la gran catástrofe. Nuestra salida hasta Darnius, el cruce de la frontera francesa, y el viaje de Perpignan hasta Cherburgo. El Queen Mary y Nueva york. Los mítines y conferencias en la gran República del Norte. En fin, el más ardido período de nuestras vidas, diciendo y escribiendo palabras que quizá ya nadie recuerda más que nosotros, y, en medio y medio, el nombre y, muchas veces, la presencia física, de Castelao, el artista, el símbolo, el amigo y el apóstol indiscutido. Castelao en Galicia, Castelao en Madrid, Castelao en Barcelona, Castelao en Nueva York y Castelao en México, bajo el alero cordial de una jerarquía moral y artística que nuestra amistad respetó siempre, y, como diría el propio Castelao, no "profundo" más porque no sé latín...

He leído dos veces seguidas las cuartillas originales de tu libro sobre nuestro querido muerto. Me parecen una delicia de estilo y de decoro literario, y, desde el punto de vista de situar a Castelao en medio de la historia contemporánea de Galicia, el más logrado esfuerzo que conozco. Castelao hijo de la Tierra, del Aire, del Agua, de la tradición, del pinar rumoroso, de la canción y del romance, del mar y de sus acantilados, de los marineros, de los campesinos y de los moinantes gallegos, a parte del líder que quiso hacer caudal patriótico, social y político de tales valores, todo está en tu libro, cabal y de cuerpo entero. Visto, además, desde un ángulo nuevo: el del escritor que, poniendo a salvo su formación marxista, recuerda a Carlyle, para ver en un hombre representativo, a un pueblo en su más decisiva etapa histórica, al revés de lo que afirmaba el famoso barbudo de Tréveris. Y, aquí, permíteme el amado recuerdo de un dilecto amigo tuyo, mío y de Castelao, que también supo conjugar la más limpia actuación socialista con la emoción de una galleguidad entrañable, trocada en soberana obra de arte. Me refiero ?ya lo habrás supuesto tú? a Jaime Quintanilla, a quien debemos rendir diezmos y primicias en este orden de darle a Galicia una jerarquía nacional, social, política y estética, compatible con las ideas más avanzadas de nuestro tiempo, y quizá seamos muy pocos los que sabemos ?fuera de Castelao, tú y yo? que Jaime Quintanilla fue punto de referencia de nuestro Castelao cada vez que quiso recrear una patria en sus unidades esenciales y permanentes en el tiempo y en el espacio: la lengua, la cultura, el paisaje, la tradición, la economía y la voluntad de ser diferente para poder existir.

Todo esto, y aun mucho más, está admirablemente captado en tu libro Trascendencia y Hondura de Castelao. Y, por ello, yo te auguro que más allá, y por encima de su éxito momentáneo de crítica y de librería, será un documento antológico, de indispensable consulta para estudiar a una generación gallega que hizo historia; que pasó de la esperanza al desconsuelo, y de la ilusión al dolor de todas las desesperanzas, y de la que Castelao, tú y yo hemos formado parte.

Y, ahora, querido Marcial, perdóname si te digo que no me atrevo a escribir un prólogo para tu libro. No tengo para ello ni humor, ni salud, ni ?vagar?... y, por otra parte, no estoy seguro de saber a ciencia cierta en que pueda consistir un prólogo para una obra que, en sí, lo dice todo... ¡Y que bien lo dice!

El día que murió Castelao yo ya estaba enfermo. La noticia me fue comunicada, desde Buenos Aires, por Rodolfo Prada, a las cinco de la tarde. Me levante y escribí, para mi periódico, una semblanza biográfica que terminé a la una de la mañana, con lágrimas en los ojos y en el corazón. Unos domingos después, compuse una página entera con sus últimos dibujos y un precioso articulo de Valentín Paz Andrade. Y ya no volví a escribir sobre el tema, pues todo el tiempo me parece poco para ver a Castelao en toda su magnitud, clavado como un hito en medio y medio de nuestra historia, más allá de todo trabajo fraguado al conjuro de la tremenda impresión que me ha causado su muerte, por lo que ella significa de decapitación de un movimiento al que consagré los más nobles y fervorosos días de mi vida y, por lo que, en nuestra vida, representa la muerte de un querido amigo. Por último: si algunas líneas de esta carta te sirven para algo, tómalas y úsalas a tu gusto, porque, querido amigo, yo no sé como se hace un prólogo.


Un abrazo y el cariño invariable de
Ramón Suárez Picallo
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 07-07-2010 00:02
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EMIGRANTES, por R. Suárez Picallo

Dende entón cando vexo que un galego as praias deixa onde, infeliz, nasceu, i achego busca noutras praias, digo: ¡Guíete Dios, tamén!
Curros

A derradeira pitada do vapor semella un salaio saído da lama doorida de Galicia que ven amargurar máis a nosa alma. I o renixer das cadeas das áncoras bourannos no corazón coma cen martelos xuntos. ¡Ímonos! ¡Deixamos novamente a Terra Nosa, cuios airiños benzoados, ían xa sanándonos a alma, doente de lonxedade!
O ?aleve e negreiro vapor? xa botou a andar. Lonxe, no peirao, mans ben amadas axitan os panos brancos decíndonos adiós. ¡Quen sabe até cando! ¡Cicais até máis nunca! Os panos brancos somellánsenos pombiñas brancas que queren vir bicarnos cos petelos; pro non poden voar.
Ouvimos os agoiros de ?bon viaxe?, ?saúde e sorte?, ?Deus vos acompañe, ¡filliños!?.
¡Nosas nais! ¡Nosos fogares!
¡O Pasaxe! ¡Santa Cruz! ¡Mera! ¡A Cruña! Todo voa e vai quedando atrás. I as bágoas deixan aos ollos nosos facer un esforzo supremo pra manter sempre, alén mar, esta visión sagra na nosa retina. E morrer con ela nas meixelas, pra que o noso esprito torne a estes eidos e lles dea os bicos que cicais non poidan darlle os nosos beizos carnaes que comerá terra estena.
¡Marola! ¡Torre de Hércules! ¡Orzán! ¡Derradeiros senlleiros da Nosa Terra! ¡Até a volta! ¡En corpo ou en esprito! ¡Vivos ou mortos!
Agora: Mar, Ceo, e gueivotas galegas que quérennos acompañar un anaquiño mar adentro. Estas boas gueivotas, que aniñan na Costa Brava e que son o derradeiro sopro de vida galega, han ser, tamén, as pirmeiras en vir a darnos a benvida cando retornemos.
Gueivotas amigas, levade no petelo o noso derradeiro bico á Terra que xa non ollamos?

* * *
O esprito aventureiro da Estirpe, atópase na cuberta do vapor que marcha cara América. El, un fondo amor á Terra Nai, e o desexo de voltar pronto a ela, son o úneco caudal destes anacos de Galicia.
Homes e mulleres; viriles mozos e mozas garridas, velliños que levan o tráxico presentimento de que os seus ósos durmían o sono derradeiro en terras estranas, lonxe do cimiterio aldeán onde descansan seus maores; neniños a meio criar que van xa compartir con seus pais o amargurado pan do desterro. − ¡O fillos infortunados da Galicia escravizada, que, como os fillos de Israel, percorren tódolos vieiros do mundo, unha peregrinaxe eterna?! No chan benzoado da América, ceibe e xenerosa, acharán moitos piadosa sepultura; das súas entranas fecundas arrincarán outros a fortuna cobizada; nas súas leises xusticieiras conquerirán azos pra ser apóstolos da Libertade; na grandeza dos seus ríos e das súas alongadas sementeiras buscarán a ispiración pra ser poetas; no amor das súas mulleres sentarán os cimentos dun fogar novo que lle dará a América barudos retoños da Raza de Breogán. ¡Que todo eso pode saír deste feixe de carne emigrante, deste anaco de alma galega, que vai sobor da cuberta do vapor! ¡Piñusco de ilusicóns! ¡Proieitos aloumiñados de grandeza prós seres queridos! ¡Sonos de día venturosos despois de duras xornadas de traballo! ¿Faranse realidade?? ¡Quén o sabe! Mais aínda que así sexa, non serán felices nunca máis.
Levarán sempre metido na alma pra torturala o meiguizo das nosas campías verdescentes; a lembranza torturante dos alalás, da gaita e dos aturuxos; o arrecendo suave dos nosos vales frorecidos; a visión do derradeiro ?lusco e fusco? i o toque da oración da campá parroquial.
Ese lembro ?música, alma e paisaxe galegos− será seu compañeiro permaente de pelegrinaxe por tódolos vieiros do mundo, martirizándolles o esprito até non voltar aos eidos nativos. E despois que se tornen, terán arelas das terras, que aínda non sendo suas terras, acocháronos, agarimosas no seu seo. I así a sua vida será xa pra sempre arela eterna de mundos lonxáns?

* * *
Tódolos días, na hora en que o Pai Sol deitase no leito azul do mar, un rapaz emigrante toca na sua frauta de pau de buxo canzóns saudosas do Val de Barcia. E a sua frauta de pau de buxo canzóns señaba aos melros a subiar a riveirana ¡E cousa miragrosa a frauta de buxo deste rapaz! A o conxuro dos seus saloucos, tódolos emigrantes soben a coberta e vanse acercando a o rapaz até facer un corro silenciosos ó seu arredor?
Un vaho de Saudade envolve nas suas azas invisibres e misteriosas aos emigrantes galegos. Apodéranse deles unha tristura doce que fai insensibremente caer as bágoas.
O rapaz frautista deporcatase deso e rompe a tocar unha muiñeira. Saen a bailar una parexa que a puntea lediciosamente.
Un aturuxo roda sobor das augas e vaise a esnaquizar nos penedos da Costa Nosa, tales bríos leva a tal esforzo anímico o impulsa.

* * *
Entre todos hai algúns que levan enriba da alma unha traxedia.
Dous neniños ?unha parexiña− que aínda non suma vinte anos entre os dous e que, orfos de nai, mándaos chamar seu pai desde Buenos Aires. Van soliños sen amparo de ninguén. El maréase, e a nena facendosa como unha nai galega, como unha nai que queda durmindo no Camposanto de Carnoedo, lévalle tisanas, acóchao garimosamente. Non falan con ninguén. Somentes o médico-ispector de emigrantes puido entrar nas suas almas. O médico, é un nobre rapaz, fillo inteleitual i espritual da ilustre Compostela, que lles fala en galego que os aloumiña en galego, porque el sabe da traxedia da nosa Terra.
Un vello que por mor dun pleito (que perdeu gracias á intervención dun cacique) quedóu polas portas do mundo. Pásase horas longas debruzado no barandal cos ollos encravados na estela escumosa que deixa o barco, longo ?vía crucis? do seu calvario. Este non se afacerá. ¡Vello pino galego que morrerá murchadiño a o sere trasprantado noutras terras!
Un rapaz peixeiro da Costa da Morte que víu unha noite malfadada, morrer a seu pai afogado envolto nos outos salseiros. No probe fogar mariñeiro queda a nai tolleita e dous irmanciños agardando polo que el gane en América como polo Santo Advenimento. Cos brazos cruzados i os cabelos a o ar, mirar o mar con fonda xenreira. Emporeso de noite soña e oiselle decir: ?couce?, ?Asimán?, ?Orza?, ?Duro de babor?, ¡Soña que é peixeiro na Costa Finisterrán!

* * *
¡Soio traballo lle piden a América! E América, xenerosa e nobre, daralles traballo, Libertade e Amor a presas cheas.
Polas xélidas e soberbas costas patogónicas; pola inmensidade verde das Pampas arxentinas; polo Chaco abraxado do Sol tropical e polas ruas da grande cidade arxentina, esparéxase un novo anaco da alma galega, aterecida de door e de saudade.
¡Deus a guíe?!


Céltiga, 10-XI-1926.
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 09-03-2010 06:42
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ESTAMPAS MARIÑEIRAS. A TABERNA DA TRENLA, por R. Suárez Picallo
Igrexa parroquial de Carnoedo
¡Carnoedo!
Nome sonoro que trai ao noso pensamento arumes de craro abolengo celta; nome empoirado no longo camiño dos seculos lonxanos do abó Brigos e da aboa Celt; nome espetado coma unha cuña de toxo, no vieiro azúl que fende o corazón da Terra dende o Pai Atrántico deica a vella Briganza. ¡Ou benamada ria de Sada que nasce nas fervenzas remexidas da Marola, pra morrer na festa belidamente helénica dos Caneiros!
Aldeiña peixeira debruzada n?ún irto ribazo da ria, coma unha fidalga na solaina d?un vello pazo. Na curvilinda ensenada, dornas e botes, lanchas e minuetas, gamelas e traineras, facendo acenos de ribeirana xentil, falan d?un pobo que arrinca o pan de Deus, das entranas inhóspitas do mar.
Enriba das pedras, as redes de xeito, do bou e da rapeta, do boliche e da trilla, reciben, pra enxoitarse, os raios lumiosos do sol coma un vello poema cribado de lús, indicando que alí non chegou a nova sensibilidade peixeira, musicada en isócronos bruidos de motoras e tarrafas. Na outra aldea, a soma perfumada de loureiros e sanguiños, a ermida parroquia. Dentro dela Nosa Señora do Carme, extendendo unha ollada, lumiñosa e maternal, enriba d?un milleiro de ex-votos, testimuño doutras tantas loitas entr?o mar e os homes.
Polo abano de carreiros e congostras, á hora do lusco fusco, coma pombas pro pombal, como abellas d?ouro d?un enxamio, as mulleres dós peixeiros, voltan ao fogar, coas patelas acuguladas de froitos do agro en troques dos que levaran acuguladas de froitos da ria!... Troque do mar i-a terra, carne e sangre de Galicia!... Pan e viño na Eucarestía da Raza! ¡Carnoedo!
*
* *

No meio do rueiro aldeán, geocentro d?aquel mundo primitivo, avistase a taberna da Trenla. N?ela vive inscrita a historia d?aquel núcleo humán, chea de inédito heroismo. Casino onde grandes e pequenos, alleos ao conceuto clasista, xogan nas noites d?invernía, lendo no libro das corenta a mais outa leición de democracia. Bulsa e banco, despacho e ucha de caudales, alí fanse as partixas da Compaña peixeira, recibindo cada compañeiro o produto enteiro do seu traballo; cada un ten aberta unha conta corrente con tanto creto como poida dar o capital comun da tradicional irmandade. Sociedade de mútua axuda, de infinda solidaridade, sin carta orgánica, sin estatutes, si noutra ley que a ley da Tradicción, alí cobra ?o quiñón do náufrago? a viuda a quen o mar deixou sin compañeiro, e aos cativiños sin pai. Xuntoiro ledicioso nas festas de gardar, cén parexas dixéronse seu amor, e xurdiron cen fogares onde se cumpríu o outo mandado de ?medrade e multiplicaivos?. Tribunal inapelabel, alí repártese xusticia, sine stranas intervenciós das hocas leises alleas, sob a guidanza somentes do mais vello compañeiro, cuía sabidencia, en asuntos de xusticia, está grabada no espello cristaiño da sua concencia, limpa coma a auga da fonte parroquial. Xuntorio da fé, ten n?un recuncho unha boeta onde todos botan a súa parte pra que Ela, Nosa Señora do Carme, teña a festa mais soada da comarca, con mais foguetes, mais gaiteiros na festa do adral, e con mais devotos na sua procesión mariñeira, escoltada rendidamente por dornas e botes, lanchas e minuetas, gamelas e traineras, co choupar monorrítmico dos remos.
¡Taberna da Trenla, esprito e corazón da aldea mariñeira!
Detrás do taboleiro, cen ?trenlas? exerceron dino e noble matriarcado entr-as xentes peixeiras. A ollada de todas, paseou sempre por riba do mesmo panorama: Darredor da tabola común, homes en cuios ollos remansa o azul da ria. Enriba, concas de viño da terra recendente. Na atmósfera fume, cheiro d?alquitrán e de maruxía, afogando profecias de temidas mareiras e visiós de afogados. Fora, o mar pai e verdugo, heredade farturenta, sin marcos nin liñas divisorias, bruando, o vater en Coitelada a sua sinfoníta de ?Eternidade?.
_________


¡Taberna Mariñeira da Trenla! ¡Alma e corazón de Carnoedo! ¡Ucha arumada de tradiciós mariñeiras de vella Briganza! Fidalga debruzada, coma na solaina d?un vello pazo, no ribazo irto de Arnela. ¡Deus te garde!
Dende unha inmensurable lonxanía de anos e de leguas, meu esprito vai deca tí, e enxoénllase conmovido pra bicar a canteria da tua porta, que non poden pisar os meus pés.


Galicia: Revista del Centro Gallego de Montevideo. Vol. 12, n. 151 (1929).
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 08-03-2010 09:11
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Film de un marinero gallego que pudo ser senador en América - por Ribas Montenegro
Suárez Picallo durante a entrevista que lle fixo o autor deste artigoRecuperamos da prensa un interesante artigo de Ribas Montenegro sobre a biografía de Ramón Suárez Picallo, entón deputado a Cortes. Para a súa confección entrevistouse co sadense, momento que quedou reflectido na imaxe, tamén recuperada, que o acompaña.



Film de un marinero gallego que pudo ser senador en América


En gracia a la brevedad, el reportero prescinde de las preguntas y respuestas. Del diálogo transcrito, que haría más extensa esta información, y compendia su interlocutorio con Picallo, este hombre salido de la entraña del pueblo gallego para vocear ante el Estado las aspiraciones de sus hermanos los labradores, los marineros.

Picallo nace en Sada, un pueblecito del litoral galaico, mitad labriego, mitad mareante y pescador, como todos los de la costa atlántica. En su niñez empuña el remo y la primera peseta que gana es yendo a la pesca del boliche. A los diez y seis años se va a América, empujado por ese afán de más allá que tienen todos los gallegos enxebres. En la inmensidad bonaerense se encuentra solo y desamparado. Entra de peón en una botica, y luego, en unos almacenes de productos químicos. Más tarde se emplea en un almacén al por mayor. Lo despiden por no acudir al trabajo el día 1º de Mayo. Marcha luego a Montevideo y Brasil, en busca de trabajo, y consume, sin encontrarlo sus pocos ahorros. Regresa a Buenos Airea, y con un paisano se coloca de vendedor ambulante de dulces; dulces que tiene que portar llevando una cesta en la cabeza. Por exceso de trabajo, enferma y pasa seis meses en un hospital. Se emplea luego en la Aduana de Buenos Aires, y la organización obrera de estos empleados le nombra secretario y redactor de su boletín. Por entonces empieza su actuación de propagandista y fautor de las reivindicaciones sociales. La Asociación de Empleados Postales le nombra su secretario. Una huelga desafortunada da al traste con todos los avances sociales, y se deshacen las organizaciones societarias. Un acontecimiento que pone a prueba sentimentalidad étnica lo aleja de la lucha social momentáneamente, y vuelve al mar: al mar donde todos los gallegos costeros buscan refugio para ahogar su saudade fundamental. Se enrola en la tripulación del vapor argentino Helios, como camarero; luego es peón de cocina en otros buques. Se hace después periodista. Funda la revista Celtiga y otros periódicos, que mantienen viva en Sudamérica la llama de la galleguidad.

En 1914 ingresa en las organizaciones obreras bonaerenses y en las Juventudes socialistas de la gran capitel del Plata. Es candidato a concejal y diputado. Los comunistas de Buenos Aires lo proponen para senador. Recorre toda la República Argentina fundando Sindicatos.

En 1917, en la lejana Patagonia resuena por primera vez una voz reivindicadora para los derechos de los hombres que trabajan: es la de este gallego.

En 1926, los obreros marítimos argentinos lo designan consejero técnico de su Delegación en Ginebra.

Al proclamarse la República en España, las Sociedades gallegas de Buenos Aires lo diputan como su representante en la Península. Llega a La Coruña, da una conferencia en la Sociedad de Artesanos, de esa capital, y al terminar, el auditorio, puesto en pie, lo proclama diputado a las Constituyentes. Victoria electoral. Sobreviene el bienio gilroblista, y otra vez, como cuando llegó casi niño, a la capital argentina. No tiene entonces más que cincuenta pesetas de capital para toda la vida. En tres años se hace bachiller y abogado, a fuerza de matrículas de honor. Durante la revolución de Octubre va a la cárcel. Y de ella sale para venir al Parlamento español como genuino representante de esa Galicia que tales hombres produce y que hasta ahora fue tan mal conocida.


RIBAS MONTENEGRO

Crónica, Madrid, 19/04/1936
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 20-02-2010 10:31
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