A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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MARISCAL PÉTAIN
O mariscal Henri-Philippe Pétain (1856-1951)heroe francés na batalla de Verdún na Primeira Guerra Mundial, chegou a xefe de goberno en 1940 en plena deblace do exército francés despois do ataque alemán.Con 84 años pediu o armisticio a Alemania, a pesares dos enfrentamentos co seu ministro Laval a que destituiu en decembro de 1940. Intentou facer unha política de neutralidadeue pero en abril de 1942 os alemáns forzáronno a nomear Primerio ministro a Laval, e de ahí en adiante, Pétain,pasou a ser unha figura decorativa no régime de Vichy.
Ao remate da guerra tivo un xuicio e foi condenado á morte polo seu comportamento tras 1940. De Gaulle conmutoulle a sentencia pola de cadea perpetua. Degradado e considerado traidor á patria morreu con 95 anos.
RSP analiza neste artigo a actuación do mariscal e deixa entrever o triste final que lle espera.
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22 de noviembre de 1943

FRANCIA Y SUS GRANDES HOMBRES


Por Ramón Suárez Picallo

Cuéntase que cierto famoso valido, dictador y estadista de un monarca español, caído en desgracia y condenado a muerte, cuando se dirigía al cadalso, al escuchar, los gritos hostiles de las gentes que antes lo aplaudieran y veneraran, dijo esta amarga: ?Esta es Castilla, que face los homes e los desface?. Efectivamente, en España y en otros países de su misma estirpe, suelen ?facerse e desfacerse? grandes hombres, cuando los avatares momentáneos de la política, marcan signo distinto al de su actuación pública.

No ha ocurrido lo mismo, ni en Inglaterra ni en Francia, donde los hombres públicos de valía que tuvieron que apartarse de la vida política, en determinados momentos de su historia, quedaron guardados y respetados, como reserva y como expectativa, factibles de volver a ser útiles, en su día y en su hora. Ello debiese al profundo sentido nacional de esas grandes naciones, que supieron jerarquizar sus valores humanos, más allá y por encima de su significación partidista: esto es, los consideraron valores nacionales, ya fuesen ellos eclesiásticos, militares, socialistas, conservadores u hombres de ciencia.

Sobre el particular, no olvidaremos nunca una sesión que presenciamos, en julio de 1926, de la Cámara de Diputados de la República Francesa. Era en los días tremendos de la caída vertical del franco, que auguraba la total bancarrota de la gran nación. El ?cartel? de izquierdas, presidido por el ilustre repúblico, Eduardo Herriot, tenía mayoría absoluta en el Parlamento, y podía, por lo tanto, gobernar al país, jurídica y constitucionalmente. Pero, las fuerzas económicas ?las 200 familias que perdieron a Francia? le habían declarado guerra sin cuartel, y la mayoría izquierdista ?para evitar la catástrofe de la Nación? tuvo que facilitar el acceso al Poder a una combinación de tipo derechista, con muy escasa fuerza parlamentaria.

Fue jefe del nuevo gobierno, Raymond Poincaré, proclamado desde entonces como ?el salvador del franco?, que había empezado a subir con el solo anuncio ?dado por ?Le Matin?? de que ?era posible que se hiciera cargo del nuevo Ministerio?. El viejo estadista de derechas, compareció ante la Cámara, con mayoría adversa, y, después de una brevísima declaración obtuvo el difícil voto de confianza. Apenas hubo de los sectores extremos algunos gritos hostiles que Poincaré no recogió ni tomó en cuenta.

Al término de la histórica sesión, en cumplimiento de nuestra misión periodística, hemos interrogado a varios parlamentarios izquierdistas, un poco asombrados, nosotros, de aquello que considerábamos una claudicación y una entrega, por no decir algo peor. La respuesta fue casi unánime:

-Poincaré ?nos dijeron? es el único hombre para esta hora de Francia, así como esta hora de Francia, es la única para Poincaré.

Desde entonces, hemos pensado, siempre en lo venturoso que es para las naciones, tener, reservado y respetado, el hombre para cada hora, y, saber cuál es justamente la hora de cada hombre, según sus circunstancias históricas y políticas.


EL CASO DEL MARISCAL PETAIN

No vamos a justificar ahora que cayó en desgracia, según las más recientes noticias, la posición del anciano Mariscal de Francia, después de la catastrófica derrota militar de su país. Pero, tampoco ?digámoslo con franqueza? nos atrevemos a calificarlo de traidor consciente de su patria. Desde luego, jamás lo confundimos, ni antes ni ahora, con Laval, el siniestro vende-patrias, por dinero y honores que le brindaron sus enemigos.

Es más: en los días angustiosos inmediatos a la jornada de Compiegne ?que hemos seguido hora a hora y minuto a minuto, desde la sección cables de un diario? hemos pensado si no sería el Mariscal Petain el hombre adecuado, para que, las consecuencias de aquel gran desastre fuesen ?las menos peores? para la suerte de Francia. ¿Era el hombre de la hora? Pudo perfectamente haberlo sido. Su alta jerarquía, su limpia historia y su extrema ancianidad, lo ponían en cubierto de toda sospecha acerca de sus ambiciones, que, por esas circunstancias, no podían ni debían ser otras que el bien, o por lo menos, ?el menor mal de su Patria.

Petain era un reaccionario, un enemigo del régimen democrático, un admirador de los sistemas totalitarios, un militar, viejo él y de vieja escuela, que creía que gobernar un país, e igual que mandar en un cuartel o en un Estado Mayor; Petain era, ciertamente, todo eso; pero, nadie, honestamente, podía decir que fuese un vendido al enemigo, como puede decirse de Laval, de Doriot y de algunos otros, que ahora, algunos de ellos, buscan su ?Jordán? en las aguas democráticas.

En el decurso de los acontecimientos, posteriores al ascenso del Mariscal al Poder Supremo de Francia, hemos ido convenciéndonos, poco a poco, de que habíamos estado equivocados, cuando lo habíamos supuesto ?el hombre de la hora?. No lo fue por cobardía moral, por falta de sentido político y por haberse entregado a una pandilla de traidores, a los que debió mandar fusilar, sin juicio ni trámite previos, por un piquete de soldados de su guardia personal.


EL GRAN ERROR

En vez de hacer eso, se les fue entregando poco a poco: primero un dedo, después el brazo, más tarde el medio cuerpo, hasta que, después, le tomaron, con o sin su voluntad, el cuerpo entero, el alma, el nombre y el honor.

Su primer error fue el de creerse arquitecto de un nuevo régimen político para la Francia, vieja y avezada maestra en eso de hacer y deshacer durante siglos, regímenes políticos. Y, en vez de implantar, como medida de emergencia, una dictadura militar transitoria, a la espera de mejores tiempos, el pobre Mariscal -¡a sus años!? se dio a hacer cosas políticas y sociales, absurdas, con nombres absurdos y formas extravagantes, contrarias al espíritu nacional francés, dictadas, por su cuenta y razón, desde afuera por los invasores y enemigos de su Patria.

Petain, como otros muchos hombres de su estado, oficio, ideología y condición, cayó en la tontería de creer que las leyes, las tradiciones políticas y jurídicas y las ideas de amor a la Libertad, que sirven de base a los sistemas políticos democráticos, elaboradas por los pueblos y sus guías a lo largo de siglos de estudio, de lucha y de sacrificio, pueden borrarse desde un despacho presidencial, con un sablazo, un plumazo o por medio de un pomposo decreto medioeval, que empieza con aquello de: ?Nos, fulano de tal y tal hacemos, deshacemos y mandamos hacer y deshacer?, todo eso, sin el pueblo, contra el pueblo y por encima del pueblo, que, siempre a las largas o a las cortas, es quien hace y deshace en definitiva, en todas partes, pero en Francia muy especialmente.

Según las noticias que tenemos a la vista y que inspiran este comentario, la caída del Mariscal Petain, se ha producido por haber querido rectificar aquel su error, consistente en haber destruido las bases del orden político democrático francés, para sustituirlas por fórmulas ridículas y extrañas, provenientes del campo enemigo. Por eso, por intentar ahora, reservar y devolver la soberanía de los Poderes del Estado, a las fuentes de su verdadero origen; por repugnancia moral y física a los traidores que lo rodeaban y por una reacción, instintiva, contra los invasores, habría tenido que caer sin gloria y de mala manera sobre un montón de ignominia, a tenor de las noticias referidas.

Si por esas solas y mismas causas, justamente por esas mismas, hubiérase dejado caer hace dos años, la caída habría sido, entonces, aún de pie, como cuadraba y cumplía a un militar y caballero francés. Sus últimos días, habrían sido endulzados por la satisfacción del deber cumplido y del honor salvado, en vez de esta tremenda amargura -la más grande que haya tenido ningún francés de los últimos tiempos- de saber, quizá desde una prisión que todo se ha perdido, incluso el honor, por no haber sabido caer o levantarse a tiempo.

Mucho nos tememos: -¡y lo teme también a estas horas el Mariscal Petain!? que Francia, pese a su generosidad, no pueda considerarlo un grande hombre, de aquellos, a quienes se respeta aún en el error, por haber sabido servir a su hora, aunque fuese ella una hora mala de su historia.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o 23 de novembro de ...1943)
Biografía de Pétain
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (políticos) - Publicado o 22-11-2009 01:04
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MARIA TUDOR
Nesta data pero de 1558 falecía María Tudor, filla de Enrique VIII de Inglaterra e Catalina de Aragón.
RSP conta a súa vida e vicisitudes e a relaciona con Chile, pois seu futuro marido Felipe ,recibiu o título de rei de Chile...


16 de noviembre de 1947

MARÍA TUDOR


Por Ramón Suárez Picallo

El 16 de noviembre de 1558 murió María Tudor, la Reina de Inglaterra, que quiso restaurar, a sangre y fuego, los fueros y privilegios de la Iglesia Católica en las instituciones de su Estado, y en el alma de sus súbditos, alborotados contra el Papado desde el famoso pleito conyugal provocado por su padre Enrique VIII al repudiar a Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena.

Si fuese cierto que los hijos heredan y pagan las culpas de los padres, María Tudor sería de ello vivo ejemplo. Hija de un Rey sensual, inescrupuloso, voluble y cruel, que tuviera la suprema habilidad de mezclar la política vital de su país con las pasiones comunes más desenfrenadas, y de una infanta de España, hija de los Reyes Católicos, austera, fanática, teóloga y terca por la herencia aragonesa, el fruto de tal juntanza tenía que salir a uno de los progenitores, ya que no era posible salir a los dos juntos. Y María, hija de un matrimonio tan mal casado y tan mal avenido, salió redondamente a su madre: católica, castellana y aragonesa, que prefería ?perder diez Coronas antes de poner el alma en peligro?. A la formación de tal personalidad ocurrieron muchas circunstancias. Su padre, quería que ella hubiese nacido varón y la despreció por haber nacido hembra; despreció, también, a su madre, para liarse con otras mujeres de menor cuantía y abolengo, que al fin, fueron a dar algunas de ellas, al patíbulo. Y la niña primero, y la doncella después, halló el único refugio honorable en la entereza virtuosa y recluida de la madre despreciada injustamente fenómeno muy español, por lo demás, que los ingleses del tiempo de Enrique VIII no sabían apreciar.


DE TAL PALO TAL ASTILLA.

De todas las personas que la Princesa conocía, podrían contarse con los dedos de la mano, las que eran capaces de comprender su angustia y su tristeza; entre ellas estaba Catalina de Aragón, su madre, que como buena creyente esperaba la reivindicación de su persona, de su derecho y de su fe en la hija que ella educó para que fuese Reina. Le puso como preceptor a su mejor amigo y confidente, un letrado español sapientísimo en latines y teologías, que le inculcó el orgullo de ser nieta de Isabel y de Fernando y tía de Carlos V, y, con este orgullo extraño e incompatible con la Inglaterra de sus días, que fincaba su sentido nacional naciente en la discrepancia con la Roma del Papa, la España de Carlos V y la Francia de Francisco I, fue Reina de Inglaterra, a la muerte de su hermanastro Eduardo VI, hijo de Juana Seymour y de Enrique VIII, después de un vano intento insurreccional de Juana Grey, también de sangre real, aspirante a la corona.

Calificando a María Tudor y a su reinado, André Maurois, el más fino observador de la historia inglesa y de sus valores humanos, dice de ella que ?fue un deplorable ejemplo de los estragos que puede producir en el alma de una mujer el encuentro del amor, del fanatismo y del poderío?. Le faltó agregar al gran escritor, otra circunstancia menos deplorable; llevar sangre española en las venas y haber recibido una educación que no permite vender el alma para comprar un Reino. Que, como dice el refrán: ?De tal palo tal astilla?.


EL PODERÍO Y EL AMOR

En aquella época, el problema religioso apasionaba a los ingleses hasta tal punto, que produjo mártires en el uno y en el otro bando, de idéntica grandiosidad. Pero, por encima y más allá de la cuestión religiosa, estaban los intereses del Estado. Inglaterra era, entonces, una pequeña potencia aislada, frente a dos grandes Estados, que se disputaban el poderío de Europa; España y Francia, católicas las dos, y por lo tanto ?religiosamente? incompatibles con la Inglaterra antipapista.

Inglaterra decidió aliarse con España, a través del matrimonio de una hija de los Reyes Católicos con el Príncipe Heredero de la Corona, Arturo, hijo de Enrique VII, muerto antes de ser coronado, la viuda del Príncipe muerto en los albores de la adolescencia, casó con su hermano para que la alianza continuase. Y de ahí vino el pleito teológico que dio origen a la desventura de Catalina de España con Enrique VIII de Inglaterra, inspirado en un texto sagrado que dice: ?No cohabitarás con la mujer de tu hermano?. Y fue por este tiquis miquis bíblico que Inglaterra se separó de la Iglesia Romana:

Pero los intereses de Estado subsistían y la alianza de Inglaterra con España, seguía siendo esencial en busca del ?equilibrio del poder? en Europa, que era., para los ingleses, cuestión de vida o muerte. De ahí que, pese al pleito religioso, María Tudor, Reina Católica de una Inglaterra antipapista, casase con el Príncipe español, Felipe de Austria.

María Tudor tenía 36 años cuando el Embajador de Carlos V le ofreció la mano del Príncipe Felipe. Heredero de las Españas donde no se ponía el sol. Ella declaró que nunca, hasta entonces había sentido el aguijón del amor, ni entrado en pensamientos voluptuosos, como no fuese para servir los intereses de la Corona. Pero cuando vio el retrato de su bello y joven prometido, que era además, sobrino suyo en segundo grado, se enamoró de él como una colegiala y se echó a reír de muy buena gana, demostrando que le complacía mucho la propuesta, ya que, casándose con él ?satisfacía- según dice Maurois- su orgullo de princesa española, su fe católica romana, sus deseos sofrenados de mujer ardiente, a la par que reivindicaba la memoria de su madre, tratada de pelandusca por el marido hereje?. La boda se realizó contra la opinión de los ingleses, que le tenían mucho miedo a la nueva Reina, dispuesta a restaurar el papismo contra viento y marea y a ser, antes que nada, obediente a la Corte española, desde donde sus antepasados más queridos imponían al mundo su fe y su ley.


NACE EL REINO DE CHILE.

El Príncipe Felipe, aconsejado por su padre el Emperador, quiso ser grato a los ingleses. Antes de su desembarco, el Embajador de España hizo fundir cuatro mil escudos de oro, con los que hizo cincelar cadenas y otros objetos con que regaló a los miembros del Consejo y del Parlamento.

Los dignatarios de la Corte británica aceptaron los presentes, los argumentos y las promesas, pero exigieron del Real Consorte el juramento de lealtad a las leyes inglesas. El no sería Rey, sino que, simplemente, el marido de la Reina. Todo fue convenido y aceptado, y Felipe llegó a Londres, seguido de un vistoso y largo convoy, cargado de oro, lo cual impresionó mucho a los mercaderes, que dijeron: ?Al menos, éste no viene a robarnos?.

Pero el Príncipe no era Rey aún, y debía de serlo para casarse con María Tudor. Ello no era, entonces, gran dificultad para España. Su Monarca no tuvo más que extender sus ojos sobre el inmenso mapa de sus dominios y elegir entre ellos, el que le fuese más querido, proclamarlo Reino y regalárselo a su hijo para que pudiese tratar a su novia de igual a igual. El Reino elegido y proclamado fue Chile, única tierra americana que ostentó la suprema y soberana jerarquía. Su primer poeta nacional, el futuro autor de la ?Araucana?, don Alonso de Ercilla y Zúñiga, figuró como Paje entre el escogidísimo cortejo que acompañó a Felipe, cuando fue a casarse con María Tudor.

El casamiento fue pomposo y sonado; pero, tras de las ceremonias, latía el temor, la desconfianza y el rencor oculto de los ingleses protestantes, que formaban la flor y nata de la vida social británica de la época. El Rey de Chile y Consorte de Inglaterra, azuzó este estado de ánimo cuando, al serle propuesto un arreglo con Roma, fue fiel a su consigna: ?Es preferible no reinar a reinar entre herejes?.

María Tudor desencadenó una tremenda reacción contra sus súbditos no católicos, Le llamaron por ello, ?La sangrienta?. Razones políticas determinaron la ausencia de Felipe, llamado por los asuntos de España. Se sintió embarazada dos veces y las dos le salió fallido el deseo. Se enfermó gravemente y un mes antes de morir, estaba ya sola, desamparada y combatida por sus propios cortesanos, que rodeaban a su hermanastra y sucesora, la Princesa Isabel, hija de Ana Bolena, la enemiga de su madre. Y murió tal día como hoy de 1558, a los 42 años de edad: Pocas horas después murió su primo el Cardenal Pole, amigo de ella y de su madre, fracasado también en restaurar el catolicismo como religión oficial. Algunos historiadores señalan a Reginald Pole como enamorado de María Tudor, antes de que ella conociese a Felipe de Austria.

Con la muerte de los dos, Inglaterra fue la cabeza visible de la más poderosa comunidad humana enfrentada contra el Poder Temporal de los Papas, y el origen de un gran imperio, bajo la sagaz tuición política de la Reina Isabel. Y comienza, también allí ?preámbulo de la derrota de la Armada Invencible? el ocaso del sol de las Españas, iniciado en el Reinado de Felipe II, el marido y único amor de esta Reina, fanática, terca y honesta, que no entendió a los ingleses y que los ingleses tampoco la entendieron a ella.


(Este artigo publicouse no xornal La Hora, en Santiago de Chile, o 16 de novembro de ... 1947)
María Tudor
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (políticos) - Publicado o 16-11-2009 00:55
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ROOSEVELT
Franklin Delano Roosevelt (1882 ? 1945) o trixésimo segundo Presidente dos Estados Unidos foi tamén o único en gañar catro eleccións presidenciais nesa nación.
RSP foi un entusiasta de dito persoeiro como se pode ver nos numerosos artigos que lle adicou. Cando escribe o terceiro artigo que presentamos tal día como hoxe, pero de 1943 RSP comenta o posible cargo que debe ocupar o seu admirado presidente Roosevelt no caso de non se presentar a unha cuarta elección como presidente dos EE.UU. A raíz do seu pasamento, RSP adicaralle varios artigos en lembranza "dun dos máis grandes valores civis e espirituais que produxo civilización cristiana de tódolos tempos".Recollemos o referido a unha homenxae no 2º cabodano en Santiago de Chile en 1947 e outro, no que lembra nunha breve crónica a importancia e significado da sua figura, aos seis anos da sua morte, que aconteceu un 12 de abril de 1945.



9 de enero de 1943

LA GRAN VOZ OPTIMISTA


Por Ramón Suárez Picallo

El Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Franklin Delano Roosevelt, tiene la virtud de levantar las almas y los corazones, cada vez que deja escuchar su palabra en el mundo. Es la palabra sencilla y patriarcal del padre político, y de la esperanza de millones de almas, para las cuales, el sol de la libertad significará la aurora, después de la noche larga y tenebrosa, de la esclavitud y de la opresión.

De ahí que su Mensaje inaugural de la 78ª Legislatura de su país, esté siendo transmitido al mundo en 26 idiomas, desde centenares de radios inglesas y americanas divulgando a todos los puntos de la rosa de los vientos, su fe en la Victoria y su rotunda promesa de ?atacar duro y al corazón? y de emprender esta magna tarea a favor de los pueblos oprimidos que habrán escuchado el alto y esperanzado mensaje a inicios del presente año.

Es de suponer el angustiado interés, con que los hombres y los caminos que llevan a Tokio, a Roma y a Berlín, recibieron el mensaje del gran demócrata, sabiendo, como saben que su autor no promete en balde. Ayer por la tarde, llevaba ya ciento treinta y cinco transmisiones para consternación y asombro de los opresores, que, frente a él, no pudieron oponer más que sus habituales adjetivos injuriosos, señal inequívoca de su falta de razones para contestarlo de mejor manera. La gran voz optimista de Roosevelt ha resonado en el mundo con acentos proféticos y ha levantado la moral democrática a las regiones de las esperanzas a punto de ser cumplidas.

Fue la suya, la palabra encendida de Fe, que la humanidad escucha siempre reverente. ¡Porque nunca es pronunciada en balde!


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile o 9 de xaneiro de... 1943)


3 de julio de 1943

SIN COMPENSACIÓN


Por Ramón Suárez Picallo

El Presidente Roosevelt acaba de dar una nueva prueba de la generosa bondad de su corazón y de su espíritu. En uso de una facultad constitucional que le es privativa, ha conmutado la pena de muerte de Max Stephan que, en cumplimiento de sentencia de Tribunal Competente debía haber sido ahorcado ayer, en una prisión de Detroit.

El reo, alemán de filiación nazi, naturalizado en los Estados Unidos, había protegido, alojado y ocultado en su casa, a un prisionero de guerra fugitivo; su acto está calificado y tipificado en todos los códigos de Justicia Militar del mundo, como delito de traición, y, en tiempo de guerra, castigado con la pena de muerte, previo un juicio sumario o sumarísimo.

El proceso de Stephan ha durado un año; se tramitó con toda clase de garantías procesales para el acusado en el ejercicio del derecho de defensa. Hubo las apelaciones que concede la Ley y la sentencia, en última instancia, fue de pena capital.

El gran Presidente y magnífico demócrata, evitó la ejecución, en un gesto magnánimo, misericordioso y cristiano, tanto más admirable, cuanto que no tiene compensación alguna en el bando enemigo al que sirvió el beneficiario.

Efectivamente, en el bando totalitario, tales gestos son inconcebibles. Allí se fusila a los rehenes como represalia; se arrasan y queman pueblos enteros, cuando no se puede descubrir o individualizar a un solo culpable; no hay forma legal alguna de proceso, y, la pena de muerte, se aplica a mansalva por fallas minúsculas, normalmente castigadas con multa o con arresto menor.

Los datos, cifras y detalles, que cada día se revelan entre los crímenes cometidos en los países ocupados por lo totalitarios, contra toda ley y contra todo Derecho, ponen los pelos de punta y no pueden menos que inspirar un clamor de Justicia o de venganza. El propio Presidente Roosevelt tuvo que informar, hace poco, sobre uno de estos crímenes cometidos contra un grupo de muchachos de su país: el fusilamiento, en Tokio, de los aviadores norteamericanos que eran típicos y jurídicamente prisioneros de guerra amparados por el Derecho Internacional.

De ahí que resulte más admirable este gesto de Roosevelt, como contraste y comparación entre dos mentalidades, dos maneras de sentir la justicia y dos maneras de estimar la vida humana.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile o 3 de xullo de... 1943)


9 de noviembre de 1943

FRANKLIN DÉLANO ROOSEVELT, EL SUPER PRESIDENTE


Por Ramón Suárez Picallo

Muy urgente, muy interesante y muy auspicioso, resulta, para todos los demócratas del mundo, el telegrama de la U.P., publicado en ?La Hora? de ayer, en primero y muy destacado lugar, acerca del puesto que, posiblemente, ocupará el actual Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Mr. Franklin Délano Roosevelt, en el caso de que no vuelva a ser, por cuarta vez, el Jefe de su Estado.

Observadores políticos muy competentes de Washington, prevén que Wendel Willkie será candidato a Presidente de la República norteamericana, con muchas posibilidades de triunfar en la contienda elctoral. Su posición internacional, su antiaislacionismo, su visión de la Humanidad que viene, expresada en su libro ?Un mundo?, y colaboración en la obra del contrincante, lo colocan en el primer plano político de su país, a menos que Mr. Roosevelt acepte cubrir un cuarto período presidencial.

En el supuesto de que la cosa ocurra ?que Roosevelt no vaya a una cuarta Presidencia? se insinúa, en el telegrama que comentamos, la posibilidad de que el gran demócrata, ocupe un cargo que supere, en jerarquía y en interés internacional, al que ocupa actualmente, como Jefe de la Gran República del Norte.


JEFE Y DIRECTOR DEL MUNDO EN LA PAZ

¿Cuál podría ser ese cargo? Es evidente que en Moscú y antes y después de Moscú, se ha pensado en organizar, asegurar y garantizar la paz mundial, mediante la creación de un organismo de seguridad colectiva, que tendrá el carácter de un super Estado, con fuerza jurídica y ejecutiva bastantes para impedir nuevas agresiones y asegurarle a todos los hombres del mundo una vida pacífica, trabajadora y fecunda, regida por las cuatro famosas libertades proclamadas por Franklin Délano Roosevelt: Libres para creer, libres para pensar, libres de la miseria y libres del temor.

No se trata -¡se ha dicho ya!? de resucitar la Sociedad de Naciones débil, claudicante, ?componedora?, burocrática, sin calor ni emoción humanas, que languideció a la vera del Lago Lehman de Ginebra, al margen y muy por debajo, de las angustias del mundo contemporáneo. ¡No! Se trata de una cosa nueva, viva, operante y creadora, extendida a todo lo ancho y a todo lo largo del mundo dispuesta a impedir que renazcan el chantaje, el desorden y la inmoralidad internacionales, al amparo de la cobardía y de la negligencia.

Hemos dicho super Estado y hemos dicho bien. Porque en tal organismo habrán de delegar y declinar, los estados nacionales y particulares una parte de su soberanía, en beneficio de soberanías menores y débiles, y en pro de una más justa y equitativa distribución de los bienes, que, en conjunto, posee la Humanidad, como reserva brindada por Dios o por la Naturaleza ?como se quiera? a los hombres de buena voluntad.

Un super Estado, con una super dirección ejecutiva, encarada en un hombre, al que queremos llamar el super Presidente.

¿Es ese el cargo en que se piensa colocar a Mr. Delano Roosevelt, según el telegrama de nuestra referencia? Lo es ciertamente, y, digamos desde ahora, que con la conformidad, la alegría y el beneplácito internacionales.


EL HOMBRE PARA EL PUESTO

Agreguemos, en seguida, que, en ninguna época de nuestra Historia conocida se dio, en tan perfecta simbiosis, el hombre para el puesto así como el puesto para el hombre. Mr. Roosevelt, por su tolerancia cristiana, su ancha comprensión de los problemas políticos y sociales contemporáneos, la universalidad de su humanismo, y su honesta, ingénita y profunda bondad personal, está llamado a esa alta misión internacional: A que los ciudadanos gobernantes y gobernados de todos los países, digan de él, con emoción filial: ?Nuestro Presidente?. El super Presidente del mundo en paz.

Nos damos perfecta cuenta de lo que tal cosa significa para el pacífico, bondadoso y hogareño vecino de Hyde Park. Él fue, y es hoy, el gobernante de la tierra más abrumado y cargado de deberes y responsabilidades. Humanamente, tiene derecho a vivir los últimos años de su vida magnífica -¡quiera Dios que sean muchos!? acogido al sosiego y a la tranquilidad de su predio familiar. Pero, por otra parte, tiene el duro deber de vigilar y velar para que el gran sacrificio, no sea estéril. ¡Y cumplirá ese deber, como cumplió todos los otros!

Para América, la alta y trascendental misión que, en la noticia comentada, se le atribuye al Gran Patriarca de la Democracia mundial, reviste una innegable. ¡Quiere decir, nada más ni nada menos, que el más nuevo de los continentes conocidos, asume, representado por Mr. Fraklin Delano Roosevelt, la capitanía suprema de la Humanidad!

En su rol, y bajo sus banderas, nos inscribimos desde ahora, para navegar en sus naves, emproadas hacia los mares del futuro para un viaje de mil años o de más años aún.

¡Capitán Roosevelt! A vuestras órdenes hacia todos los puntos de la Rosa de los Vientos.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile o 9 de novembvro de... 1943)



20 de abril de 1947

HOMENAJE A ROOSEVELT


Por Ramón Suárez Picallo

Hoy, a las 10 de la mañana, la Alianza de Intelectuales de Chile, rinde un homenaje público a la memoria de Franklin Délano Roosevelt el inolvidable Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, el Evangelista de las Cuatro Libertades, el bondadoso y sencillo humanista, el estadista de relieve universal y el que quiso ser conductor de la Humanidad hacia metas de paz, de libertad, de democracia y de justicia social.

El acto tendrá lugar en el Teatro Imperio y el programa, preparado con exquisito buen gusto, indica su carácter severo, cívico y religioso a la vez, como cuadra el recuerdo de uno de los más grandes valores civiles y espirituales que produjo la civilización cristiana de todos los tiempos. Aparte de los obligados discursos, que serán necesariamente cortos, los Coros de la Universidad de Chile, ofrecerán obras escogidas y altamente simbólicas de Vittoria, Palestrina, Bach y Davidson, algunas de las cuales -como ?O Vos Homnes?? viene admirablemente al carácter y significado del acto que se realiza.

El ?Atended?, ?Escuchad?, que refiriéndose a la alta palabra y al conmovido llamamiento, llevó al pentagrama el insigne compositor Vittoria, pueden ser referidos también a quienes ahora quieren desatender y no seguir escuchando la palabra -viva aún en el alma del mundo desquiciado? del presidente muerto.

Por lo demás, el grande hombre gustaba mucho del canto religioso en el que tomaba parte cada vez que podía. Como un simple vecino de Hyde Park, iba los domingos a los oficios de su modesto templo, y en el momento de cantar, era uno más entre su servidumbre, sus jardineros y sus convecinos, en el libro de salmos abierto entre sus dedos y como Presidente de los estados Unidos lo recordarán muchos de nuestros lectores, porque lo vieron en la película histórica ?después de la entrevista con Churchill, celebrada en pleno Atlántico, para dictar aquella carta- hoy olvidada y desatendida, que dio a la última guerra objetivos y fines trascendentales, tuvo lugar en la cubierta de un gigantesco acorazado un oficio religioso al que asistieron los dos grandes estadistas. En un momento dado más de dos mil marinos, con voces vigorosas y juveniles, entonaron el ?Populus meus? y entre todas aquellas voces era una de las más audibles la del Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, impetrando para su pueblo la gracia, la ayuda y la misericordia divinas. ?Confírmanos Dómine misericordiam tuam?. Mientras tanto practicaba él el dicho que reza: ?A Dios rogando y con el mazo dando?; trocaba a su pueblo en ejército combatiente por la conquista de ideales generosos, le infundía una mística empapada de trascendente humanidad y conquistaba para su Patria un primer puesto en la estimación del todo el género humano.

¿Qué queda hoy de todo aquel glorioso patrimonio en los propios Estados Unidos? No queremos hacer un resumen del saldo. Pero hemos de afirmar, eso sí, que hay y que habrá siempre un inolvidable recuerdo de la época histórica y crucial que encabezó, interpretándola a cabalidad, Franklin Délano Roosevelt. Y que cuanto se intente o haga para borrar aquel recuerdo ?quien quiera que se proponga llevar a cabo la ingrata e injusta empresa? no obtendrá mayor resultado que el que lograría quien quisiese ponerle compuertas al mar.

En todo el mundo, pero singularmente en América, la vida y la obra, las doctrinas y las actitudes de Roosevelt, tienen el prestigio y la jerarquía de lo que no muere con la muerte física de su protagonista. De ahí los homenajes que ahora se le tributan en el segundo aniversario de su deceso, a modo de afirmación de su inmortalidad en el corazón y en el espíritu de sus contemporáneos.

En este sentido, la Alianza de Intelectuales chilenos, interpreta hoy, al honrar la memoria de Roosevelt, el mejor sentimiento de su pueblo y de todos los otros pueblos de América y del mundo, que esperan, aún de la realización del pensamiento roosveltiano, la paz, la justicia y la democracia verdadera, bienes inestimables pero ausentes de la ancha y larga faz de la tierra.


12 de abril de 1951
COSAS DE AYER

ROOSEVELT Y LA HISTORIA


Por Ramón Suárez Picallo

Franklin Délano Roosevelt pasará a la historia con caracteres nítidos y definidos. De todas las figuras brillantes que se destacaron durante el dramático período de la Segunda Guerra Mundial, ninguna ha significado tanto para el corazón de los pueblos del mundo como la del gran estadista norteamericano.

No se trata de descubrir en estas líneas las bien conocidas innovaciones que puso en práctica en todos los terrenos de la convivencia nacional e internacional. Recordamos hoy, en el sexto aniversario de su muerte, ocurrido el 12 de abril de 1945 en Warm Springs, al hombre que se llamó Franklin Délano Roosevelt.

Pocos seres han tenido más tareas difíciles y más problemas que enfrentar y vencer. Quizá el vigor de Roosevelt, oriundo de la pequeña localidad de Hyde Park, emanara no sólo de la herencia de sus antepasados holandeses, sino también de ese íntimo contacto con la tierra, que tuvo desde sus primeros años.

En e terreno internacional, junto a su comprensión para todos, sabía también ser implacable con aquellos arrogantes grupos agresivos que se envanecían de sus pasajeros triunfos en los campos de batalla y de la política. Fue así como en Casablanca se forjó la fórmula de hierro de la rendición incondicional, la cual tuvo por resultado galvanizar a las masas, fijando para siempre el objetivo de las Naciones Unidas en Europa y Asia.

Murió antes de ver completamente establecida una paz que aún no se ha logrado. ¿Habría influido él en la solución definitiva de los conflictos que nacieron de la guerra pasada? ¿Cómo habría zanjado las dificultades actuales?

Su muerte dejó sin respuestas estas preguntas. Hoy, después de seis años, el mundo sigue recordando este hecho con el dolor que se siente la muerte de un amigo.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile o 12 de abril de... 1951)
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GENERAL GIRAUD
Henri Honore Giraud (1879 - 1949) foi un xeneral francés que pelexou na Primeira Guerra Mundial e participou na Segunda caendo prisioneiro; logrou fuxir do cautiverio en maio de 1942 e apoiou o desembarco aliado no norte de África. Cando RSP escribe o artigo, Giraud ia camiño de Xibraltar nun submariño pra entrevistarse co xeneral Eisenhower.


9 de noviembre de 1942

EL GENERAL GIRAUD


Por Ramón Suárez Picallo

Henri Giraud, es aquél famoso general francés, prisionero de guerra que se escapó, aparatosamente, del Campo de Concentración donde estaba recluido en territorio del Tercer Reich. Giraud es general de infantería, pero cuando fue tomado prisionero comandaba una unidad motorizada, a cuya cabeza tripulaba un tanque. Su fuga, casi novelesca: las incidencias que ella dio lugar entre Hitler y el Gobierno de Vichy y la circunstancia de ser un valeroso militar, en momentos en que sus colegas traicionaban a Francia y la entregaban al enemigo atada de pies y manos, son circunstancias que aureolan su figura dándole contornos heroicos.

El viejo soldado, con tales antecedentes habló desde su escondite por una radio no identificada, al ejército francés en África, apoyando la actitud de los estados Unidos y Gran Bretaña; aconsejando a sus hombres que se sumen a las fuerzas democráticas, de cuyo triunfo depende la liberación de Francia, asegurándoles su valiosa colaboración. Frente a su palabra cargada de autoridad moral y de fervor patriótico, los militares de Compiegne y los políticos vendepatrias han dado la orden de morir, en servicio de los enemigos de Francia, a unos cuantos miles de franceses, oponiéndose, inútilmente, como ocurrió en Siria y en Madagascar, al empeño liberador de las Naciones Unidas.

El pueblo francés, que sabe como pocos pueblos, de padecimientos morales y espirituales, tiene ya decidido cuál palabra debe escuchar: si la del militar que cayó prisionero y se fugó de la prisión por cumplir con su deber, o la de los vendepatrias que luchan con ardor digno de mejor causa, porque los franceses todos vayan en calidad de prisioneros al cautiverio del cual fugó en buena hora el general Giraud.

Francia nunca escuchó a traidores. Ni los escuchará en esta ocasión. Prefiere escuchar la voz de su espíritu que le viene en línea recta desde los mejores capítulos de su historia gloriosa. Y esa voz fervorosamente francesa es la que habló desde el escondite no identificado por los labios del general Henri Giraud.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile o 9 de novembro de ... 1942)
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MANUEL AZAÑA
No día que se cumplen os sete anos do pasamento do que fora Presidente da Segunda República, 4 de novembro 1940, RSP lembra a figura de Azaña co que compartiu vicisitudes e conta tamén como sucedeu a sua morte. Pero anos antes, en 1943, RSP divulgaba xa algunhas anécdotas do ilustre político.



8 de agosto de 1943

DON MANUEL AZAÑA Y EL PADRE ZACARÍAS


Por Ramón Suárez Picallo

Don Manuel Azaña Díaz, el ilustre repúblico español, se educó como se sabe, en el famoso monasterio de San Lorenzo del Escorial, con los Padres Agustinos. Orador y escritor de primer orden ?el mejor ?hablista? español de dos siglos a esta parte- le dedicó al famoso Colegio el mejor libro salido de su pluma: ?El jardín de los Frailes?. Entre los profesores del joven taciturno de Alcalá de Henares, le tenía especial afecto el de Ciencias Naturales: el Padre Zacarías Martínez. Alumno y profesor, estudiaban, con delectación, la función clorofílica de las plantas y las costumbres extraordinarias de los insectos, junto con las piedras calcáreas de las famosas sierras castellanas.

Andando el tiempo los dos ocuparon posiciones prominentes en la Historia de su país: Simultáneamente, el Padre Zacarías ocupaba el solio Episcopal de Santiago de Compostela y don Manuel Azaña, la Presidencia del Consejo de Ministros y el Ministerio de la Guerra de la República Española que era, como se sabe, un Estado ?sin religión oficial?.

En tal momento falleció el Arzobispo de Compostela, el Padre Zacarías. Conocida la noticia en Madrid se cursó un telegrama de don Manuel Azaña al Palacio Episcopal de Santiago dando el pésame y preguntando el día y la hora del sepelio..

Al día siguiente, llegó de Madrid a Compostela, un automóvil conduciendo a un solo viajero de riguroso incógnito. El viajero se alojó en un hotel de la ciudad y se fue en seguida, a Palacio, a visitar la Capilla ardiente del Padre Zacarías. Todo el mundo lo conoció y todo el mundo guardó y respetó su incógnito y su luto rigurosos. En la ceremonia del sepelio, presidida por el Cabildo Catedral, entre la presidencia eclesiástica y la civil, iba un hombre solo, que todo el mundo conocía, con la cabeza inclinada. Terminada la ceremonia el hombre de incógnito, tomó su auto y regresó a Madrid, solo como había venido. ?Se supo después? que don Manuel Azaña había asistido al entierro del Padre Zacarías, su profesor de ?Historia Natural? en el viejo Monasterio escurialense. Se supo más: los dos hombres, discípulo y profesor, actuaban en campos distintos y opuestos; pese a lo cual discretamente, dialogaron muchas veces sobre grandes problemas públicos, en un ambiente de estimación devota y de rendido respeto.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile o 8 de agosto de ... 1943)


4 de noviembre de 1947

DON MANUEL AZAÑA DÍAZ


Por Ramón Suárez Picallo

Hace hoy 7 años, 4 de noviembre de 1940, falleció en la ciudad francesa de Montaubán, don Manuel Azaña Díaz, escritor, orador, traductor de Chestterton y de James Borrow al castellano, diputado, Ministro de Guerra, jefe de Gobierno y Presidente de la Segunda República Española. Había nacido en Alcalá de Henares, como el Cardenal Cisneros y como Miguel de Cervantes Saavedra. Y a fe que, como estadista y como escritor, no les iba en zaga a sus ilustres conterráneos. Porque don Manuel Azaña fue en las más nobles actividades de la política, del pensamiento y de las bellas letras, uno de los hijos más ilustres que parió Castilla, en sus mil y tantos años de existencia, desde que el Conde Fernán González la proclamara nación ibérica independiente.

Lo afirmamos así todos cuantos lo hemos leído, escuchado y tenido por maestro, por jefe, por correligionario y por amigo, sabiendo como sabemos que nuestra afirmación puede ser desmentida; no porque ella carezca de fundamento, sino que más bien por llevar implícito un problema apasionante en el panorama internacional del mundo democrático de nuestros días: el tremendo problema de España, de su República y de su democracia, de purísimo origen popular, derribadas por las potencias totalitarias, derrotadas en la última guerra, con la complicidad de quienes tenían el deber de salir a su defensa; problema vivo y latente en la conciencia de los hombres y de los pueblos democráticos de todo el Globo, en deuda impaga con la España heroica, que fue la primera en combatir a las fuerzas totalitarias del mal; problema que, en el ínterin de que no se resuelva con justicia, actuará, irremediablemente, como cáncer corrosivo y como perturbación espiritual permanente en el orden pacífico mundial que se intenta implantar. Porque la justicia, la decencia y la paz internacionales tienen que ser indivisibles para ser existentes. Y no lo serán, mientras subsista en España el último vestigio del nazifacismo, encabezado y dirigido a su voluntad, por el más aventajado y afortunado discípulo de Hitler y de Mussolini, con incomprensibles visto buenos.

Pero la Historia, cuando examine con las perspectivas que dan el tiempo y el espacio, hará justicia a España y a su causa y al hombre que la encarnó plenamente desde la inconmensurable altura de su austeridad y de su talento: don Manuel Azaña Díaz, muerto en el destierro tal día como hoy del año 1940. Para entonces se hará su biografía, intelectual, espiritual y moral completa; mientras tanto, veamos cómo murió uno de los más grandes europeos de su época.


LA MUERTE Y EL DESTIERRO

Eran los tiempos de la Francia de Vichy; es decir, cuando Francia no era Francia; cuando Francia era una colonia del Reich nazi. En uno de sus pueblos, Montaubán, agonizaba don Manuel Azaña. Lo asistía un médico español, sacado ex profeso de un campo de concentración por ser su amigo personal y político. No era especialista en la enfermedad que aquejaba al Presidente Azaña y pidió una junta de médicos franceses. Le fue denegada, porque por aquellos días, ser republicano español, aún después de Arrás y de Dunkerque, donde los españoles murieron a cientos defendiendo la retirada famosa, era horrendo delito. El Presidente murió rodeado de unos cuantos amigos, entre los que se contaban españoles, mexicanos y chilenos. Se preparó el entierro al que se le quiso dar cierta sencilla solemnidad; pero el Gobierno del desdichado Mariscal Petain, negó la autorización para que el ataúd que guardaba los restos de uno de los mejores amigos de Francia, bajase a la tumba cubierto con la bandera tricolor de la República Española, patria del muerto ilustre. Fue entonces, que el Ministro de México, Luis I. Rodríguez, utilizando sus fueros diplomáticos, envolvió el féretro con la bandera de su Legación y de su Patria.

Y fue el mismo diplomático quien, aquí en Chile, relató en su día, la triste ceremonia del entierro: ?Iban detrás del cortejo todos los españoles, residentes en Montaubán y los que pudieron escapar de los próximos campos de concentración; eran en su mayoría, mutilados de guerra, tristes, escuálidos y cubiertos de harapos. Al borde de la tumba abierta, cuando iba a caer sobre el cuerpo muerto de Azaña la primera palada de tierra un miliciano de Castilla, mutilado de un brazo y de una pierna, arrancó de su pecho dos condecoraciones ganadas en la guerra, la medalla del valor y la de la Libertad, y las arrojó en la fosa con estas palabras:

?Toma mi Presidente. Es lo único que tengo para ofrecerte a manera de regalo. Llévatelo porque es tuyo como jefe de nuestra República?.

Don Manuel Azaña sigue reposando en Montaubán. Después de la liberación de Francia se le tributaron muchos homenajes; pero el mejor de todos fue, sin duda, el que le hizo el miliciano de Castilla, ofreciéndole sus condecoraciones. El otro será el que, en su día, han de tributarle las Democracias del mundo, haciéndole justicia a la causa de la España Republicana y Democrática; a la España que él sirvió con su talento esclarecido, con su vida ejemplar y con su palabra mágica.

Mientras tanto, su recuerdo, que es recuerdo de sus ideas y de sus pensamientos de paz constructiva, civil y civilizada, sigue siendo una esperanza para muchos millones de españoles. ¿Esperanza próxima? ¿Esperanza remota? No lo sabemos. Pero sabemos sí, que, por ser esperanza de justicia debida, llegará al fin; porque ese tipo de justicia no prescribe nunca, y cuanto más tarde venga, peor será para quienes la hayan retrasado.


(Artigo publicado no xornal La Hora, o 4 de novembro de... 1947)
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MESSERSCHMIDT
O Messerschmidt foi un dos cazas de combate máis emblemáticos da Segunda Guerra Mundial. Era un cazabombardero dotado cunha capacidade de aceleración enorme e unha maniobrabilidade sinxela.
RSP critica duramente ao inventor do avión que se achega a Madrid, para ser condecorado por Franco pola súa participación na loita, despois de sembar cadáveres polos campos e camiños do sur de España.



4 de noviembre de 1942

MESSERSCHMIDT

Por Ramón Suárez Picallo

El inventor del avión alemán que lleva su nombre, acaba de estar en Madrid, donde ha sido condecorado ?por su cooperación al triunfo de la España nacionalista?. Es, en verdad, un triste galardón el que lleva de la España de hoy el inventor del terrible aparato, que ensayó sus siete ametralladoras automáticas, movidas las siete con el dedo pulgar del piloto conductor, sobre la carretera de Málaga a Almería, cubierta de fugitivos.

Madrid, ha recibido a lo largo de su historia, muchos huéspedes ingratos; pero pocos tan ingratos como éste hombre, cuyo nombre, grabado en el metal del aparato de su invención, sembró el espanto, la desolación y la muerte sobre campos y carreteras, ciudades y villorrios, desde cien metros de altura, en medio de un infernal ladrido de ametralladoras haciendo fuego graneado.

Messerschmidt, lleva de Madrid una condecoración de chatalonía, concedida por quienes disponen de un buen surtido de eso; pero antes cayó sobre su nombre el mayor torrente de maldiciones de mujeres que vieron con sus propios ojos caer acribillados a sus niños; maldiciones de ancianos que tuvieron que dejar en la cuneta, cosida a balazos a la compañera de sus días feroces maldiciones españolas de leñadores y gitanos, de mineros y campesinos, capaces por su fuerza y por la justicia que asistía a los maldicientes, de mandar al Infierno a una Legión de Justos.

El inventor alemán, como es natural, hizo el viaje en avión. En una manera muy prudente de viajar para un hombre que teniendo por enemigos a los transeúntes de todos los caminos de España porque su nombre los cubrió de muerte y de espanto.

¡Que le aproveche la condecoración y que se cumplan todas las maldiciones
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