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MEMORIA DE ESPAÑA (CAPÍTULO 2)
Con el ser humano asentado definitivamente en la Península Ibérica (gracias a que con la agricultura y la ganadería y sus excedentes pueden sobrevivir todo el año y por eso se quedan fijos en un lugar), comienzan a surgir las primeras poblaciones de la Edad del Bronce tardío, y con ellos surgen los primeros reinos peninsulares, de los cuales, el primero, es el de Tartessos. Tartessos o Tartesia se sitúa en el suroeste español entre diversas ciudades.

Esto ocurre desde el siglo VIII hasta el VI a.C, que es cuando desaparece dicho reino. Con la especialización en los diversos menesteres, los pobladores pueden dirigirse a su siguiente paso evolutivo, el que constituye la Edad de los Metales: es decir, comienza en Tartessos la siderurgia. Hasta ahora, extraían de las minas de Río Tinto, entre otras, cobre y estaño, que al fundirse surgía un metal apreciado como para cortar la carne, pero muy liviano para defenderse de sus enemigos. Y como los Tartessos no conocían otro metal aparte del bronce, tienen que dedicarse a comerciar con los fenicios (tierra situada en el actual Líbano), que viajaban bordeando toda la costa mediterránea (a pesar de tener birremes y trirremes las embarcaciones no eran del todo seguras como para viajar en mar abierto) intentando llegar a las costas inglesas; y al pasar obligatoriamente por la Península, descubrieron que en la zona suroeste había muchas materias primas y muchos minerales con lo que decidieron comerciar con aquella gente. Los fenicios se llevaban minerales como el hierro o el acero (aquí no sabíamos dar con ellos porque para eso necesitaban altos hornos, para que con el excesivo calor se creen y luego se pongan en un molde y así crean espadas y escudos que nada tienen que temer del bronce). A cambio nos dejaron nuevos materiales pero no sólo ropajes sino la maquinaria para que trabajáramos en los altos hornos por ellos. Con esto se puede decir que nació la siderurgia en la Península. Los poblados no sólo cambiaron a nivel de especialización, sino también estructural, ya que los fenicios nos dejaron la disposición de cómo debía ser una casa (con más habitaciones distribuidas en una estructura cuadrangular y no sólo como era antes, una simple masa de adobe que era dónde se guardaban las vasijas con excedentes y donde también dormían) y la construcción de muros de protección. Supuestamente, así surgió, Gadir, la actual Cádiz, creada por los fenicios como parte de unión entre ambos pueblos. Hasta entonces Tartessos es un reino dividido en varios lugares similar a los pueblos fenicios existentes. Así surgió también Ibiza.

Tartessos tenía un rey, el único del que tenemos constancia porque no tenían escritura, que es posterior. Lo que sabemos de él es por los historiadores fenicios y, sobre todo, griegos (léase Herodoto), y se llamaba Argantonio (hombre de plata) el cual reinó durante 80 años y vivió 120 (estas cifras son exageradas y lo que es más normal pensar es que había más de un rey con el mismo nombre). Los griegos también comerciaron con el pueblo Tartesso, exactamente los foceos que se apropiaron de la incipiente escritura fenicia para tener la suya propia. Un último legado fenicio. Surgen más ciudades como Ampurias, surgida en la primera Edad de Hierro y que comercia con los griegos. Tartessos fue el primer reino de la Península y en su edad de oro puente de muchas civilizaciones hasta que sin saber hoy en día cómo desapareció. Unos lo atribuyen a la sobreexplotación de las vetas mineras, lo cual hizo que ya no pudieran comerciar y otros más modernos dicen que pudo ser por un terremoto u otro cataclismo geológico.

Ya como anécdota destacar que algunos piensan que Tartessos (ciudad que existió lo que aún hoy en día no se sabe cómo no dejó restos) era la Atlántida, quizás porque para los fenicios, la Península resultaba estar en los confines del mundo, allá donde Heracles separó la Península de África y unió el Mediterráneo con el Atlántico.

Por cierto, destacar que los fenicios trajeron de sus tierras a la gallina, que aunque parezca una tontería, aún hoy vivimos de ella en nuestra dieta.

RAFA MARTÍNEZ
DIOGO

Comentarios (0) - Categoría: Historias de la historia - Publicado o 28-02-2014 10:16
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