De manera casi clandestina, como de puntillas, se viene produciendo un giro significativo en la política educativa, que es particularmente llamativo en el modo en que se afronta el llamado problema de la calidad y la mejora de los rendimientos escolares. Especialmente en las Comunidades Autónomas gobernadas por el PSOE, hace tiempo que se advierte un distanciamiento evidente de políticas que en otro tiempo se defendieron con pasión. Ahora, fascinados por las formas de gestión de la empresa y por las supuestas bondades de la lógica del mercado aplicada a cualquier cosa, nuestros políticos siguen la estela marcada por Margaret Tatcher en Gran Bretaña y continuada con entusiasmo y aplicación por el neolaborismo de Blair y el neoliberalismo de George Bush
La invisibilidad de esta nueva política se destaca por la ausencia de un discurso que explique o justifique los principios en los que se fundamenta. En el mejor de los casos podemos encontrarnos con declaraciones de intenciones siempre adornadas con la palabra calidad y, rastreando algo más, con algunas ideas provenientes casi todas del mundo de los negocios, muy pocas del campo de la educación. Pero, no es que no haya doctrina, simplemente es que no se publica. Esta especie de ocultamiento se hace más patente al comprobar que el cambio desde el modelo de la reforma hacia la política basada en la gestión empresarial de la escuela y del sistema educativo, se produce sin que ninguno de sus promotores haya explicado las razones por las que se fue abandonando aquella estrategia. Como reza en el título de un artículo de Terry Haydn (2004), en España, al igual que ocurrió algunos años antes en Inglaterra y Gales, el proyecto de mejora de la educación basado en el modelo de escuela comprensiva ha muerto de forma extraña, pues, al menos en boca de dirigentes del PSOE, no se ha oído ningún balance crítico que justificara la desaparición de la criatura, si bien es cierto que hace ya algún tiempo que dejó de hablarse de ella.
Así pues, a falta de pronunciamientos explícitos, debemos suponer entonces que la adopción de esta nueva orientación de la política educativa es un reconocimiento implícito del fracaso de la anterior, sólo que es comprensible –especialmente en el mundo de la política- que tal cosa no se exponga a los cuatro vientos, sobre todo por las frustrantes consecuencias que tendría para quienes desde el compromiso con la mejora de la escuela pusieron tantas energías y tanto empeño en la tarea. Desde luego, quien no está obligado en esas cautelas, puede advertir claramente –y decirlo- que los derroteros por donde hoy caminan nuestros gobernantes nos hablan de su convicción de que la política de reforma –la de la experimentación en los años 80 y la de la LOGSE del 91 y siguientes- ha fracasado estrepitosamente a la hora de mejorar la educación.
Aunque van apareciendo los primeros estudios sobre este tema, el balance de lo que supuso aquel proceso está todavía por hacer. Seguramente sus logros estuvieron muy lejos de los objetivos que se propusieron y, seguramente también, sus insuficiencias fueron menores de lo que han venido defendiendo sus detractores. Lo que, en todo caso, me parece una injusta simplificación es afirmar que los males que hoy aquejan al sistema educativos son consecuencia de aquella política. En realidad con la reforma ocurrió lo que suele ocurrir con muchos fenómenos sociales: la realidad desbordó ampliamente a los proyectos, de manera que los propios gobernantes se pusieron al frente de su liquidación. Quizás no sea justo, ni desde luego riguroso, tildar de fracaso el proyecto de mejora de la educación que se desarrolló durante los años ochenta, pues, en realidad, si exceptuamos el período de experimentación y el caso de un reducido número de centros escolares, simplemente no se aplicó. La persistencia del currículum académico, la existencia de itinerarios distintos en la práctica, la huida de las clases medias desde los centros públicos a los concertados, y otras muchas circunstancias de parecido tenor, avalan la afirmación de que el modelo de escuela comprensiva no llegara a aplicarse1. Una vez apreciadas las primeras resistencias fácticas y los primeros síntomas de inviabilidad, los responsables políticos de la educación, lejos de empeñarse, se limitaron a legislar a favor de la corriente. Y la corriente nos ha traído a donde ahora estamos. Al día de hoy, no sabemos si las reformas curriculares, organizativas y de estilos de enseñanza que entonces se propugnaban servían para mejorar la formación de niños y jóvenes. Lo que sí sabemos es que no se pudieron aplicar.
Los resultados de informes y pruebas de diverso tipo ponen hoy de manifiesto que el problema de la mejora de la educación sigue pendiente, así que, fracasada la política de la reforma, se imponen otras estrategias, eso sí, en un contexto sociopolítico e ideológico muy distinto al de aquellos años. La clave de la nueva política reside en considerar que los problemas pueden reducirse básicamente al ámbito de la gestión: si las cosas no funcionan bien es porque el sistema educativo está mal gestionado, en todos sus niveles, pero, especialmente en el que atañe a la fase final de la elaboración del producto, que no es otra cosa que el alumno académicamente exitoso. Considerando así el problema, el recurso a las formas de gestión empresarial y a los principios del mercado cae por su peso, pues, al decir del pensamiento dominante, se trata de herramientas eficaces y potentes en todos los campos de la vida social (¿y privada?). Ahora bien, puesto que la escuela y la educación son realidades muy distantes del mundo de la empresa y de su lógica de funcionamiento, la primera tarea de la nueva política educativa consiste en construir lo que Whity (1999) llama un quasimercado, liquidando para ello todo lo que es un obstáculo en la implantación de la nueva doctrina y, sobre todo, estructurando el funcionamiento de la escuela y la enseñanza de tal manera que sea viable la dinámica de la competitividad y la productividad. Aún admitiendo que en el campo de la educación no todo puede asimilarse a la empresa y al mercado –de ahí el término quasimercado-, la política educativa hoy gobernante trata de desplazar el centro de gravedad del debate y de las medidas, desde la reforma a la gestión.
Esta política requiere, en primer lugar, definir en qué consiste el resultado óptimo de la educación, y hacerlo de manera tal que pueda medirse su grado de consecución. Y es aquí donde aparecen las primeras contradicciones y problemas. Recientemente la OCDE ha planteado como objetivo de la educación la adquisición de una serie de competencias, una idea que en España se ha trasladado al currículum oficial con el enunciado de las competencias básicas que deben regir los contenidos y la práctica de la enseñanza. Las competencias serían un conjunto de destrezas, conocimientos, valores y disposiciones que se activan para resolver problemas y tareas complejas. Algunos autores (Crahay, 2006) consideran que esta perspectiva integra los intereses del mundo empresarial, para el que la escuela debe enseñar a poder hacer, y la tradición de la pedagogía progresista que siempre ha reclamado una enseñanza para la vida. En todo caso, digamos que el objetivo de la escuela, más que el de transmitir conocimientos, sería el de formar a los jóvenes con el fin de que sean capaces de resolver problemas y afrontar situaciones complejas. En el marco de la gestión empresarial, la pregunta es ¿como valorar el grado de adquisición de estas competencias? Naturalmente, el asunto es complicado, puesto que, como se sabe, muchos de los logros de la educación no son susceptibles de medida y otros tienen efecto diferido y, por tanto, no pueden apreciarse en el curso de la vida de estudiante. Además, y esto es quizás lo más contradictorio, si las competencias se definen como saber hacer en situaciones de la vida, por definición la escuela tiene muchas dificultades para hacer una evaluación del logro, pues no hay nada más alejado de la vida que la propia escolarización. Aquí es donde entra en juego la fiebre por las pruebas y exámenes a los que son sometidos los alumnos. A falta de otras posibilidades, el examen, un recurso contradictorio con la perspectiva de las competencias y siempre denostado por la pedagogía progresista, se refuerza como el elemento clave de la práctica de la enseñanza: los alumnos estudian para aprobar los exámenes, la enseñanza se convierte en una actividad centrada en la preparación de los exámenes, y la escuela en una especie de academia de oposiciones. El problema es que no hay otra forma de medir los resultados y, en este tiempo dominado por el rendimiento y la eficacia, todo debe ser sometido a un escrutinio certero.
Aunque desde la época del fordismo se ha ido reformulando, la productividad es uno de los conceptos claves de la gestión de la empresa que debería introducirse en el funcionamiento de la escuela y la educación. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua española, la productividad es la relación que hay entre los medios empleados y los resultados obtenidos. Mientras que en una cadena de montaje, los resultados se miden, por ejemplo, por el número de televisores fabricados por trabajador y hora, en el mundo de la enseñanza, la política de la gestión empresarial ha determinado que la productividad se mide básicamente en función del rendimiento académico de los alumnos en un período determinado de tiempo. Así, los llamados programas de Calidad de la Educación y Mejora de los rendimientos escolares –como el que viene aplicando, por ejemplo, la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía-, cifran sus objetivos en la mejora de estos indicadores. Siguiendo las pautas del mundo empresarial, estos planes estipulan para los docentes unos complementos retributivos que están ligados a su consecución, dando por supuesto que ante el atractivo de ganar más dinero, conseguirán que sus alumnos obtengan mejores resultados, si bien en la mayoría de estos planes no se les indica qué es lo que deben hacer ahora y que antes no hacían. La fórmula no es desde luego nada original, ni siquiera en el mundo de la educación. Tanto el gobierno de Tony Blair como el Bush la han aplicado, sin que los resultados respondan a las expectativas. Para el caso de los Estados Unidos de América, Kliebard (2002) señaló acertadamente que, en realidad, estos planes no mejoran nada, sino que simplemente se limitan a evaluar resultados, de manera que lo que pomposamente se denomina programa de calidad y mejora no es más que un programa de evaluación y rendición de cuentas de los docentes. Lo curioso es que no se les evalúa en función de lo que ellos hacen, sino de lo que hacen sus alumnos.
Al introducir el concepto de productividad en el mundo de la educación -con su correspondiente asignación económica-, y, sobre todo, al hacerlo en función del rendimiento académico de los alumnos, se desatan múltiples consecuencias que no nos pueden pasar desapercibidas. Aunque es legítimo y conveniente resistirse al determinismo de las estructuras, no deja de ser cierto que una parte muy importante del rendimiento académico esta ligado al contexto sociocultural de los alumnos: así se ha venido poniendo de manifiesto desde el famoso Informe Coleman, hasta el más reciente Informe PISA de 2006. Con estos datos, centrar el pago de un plus a los profesores en la mejora de los resultados de los alumnos, más bien parece una medida cargada de perversa ingenuidad que una apuesta seria por lo que se dice perseguir. Es posible que en la cadena de montaje el trabajador actúe con más celeridad o se distraiga menos en las operaciones, pero en la educación estos conceptos tienen difícil correspondencia. Puesto que la mejora de la educación pasa necesariamente por un cambio de la práctica de la enseñanza, los defensores de la gestión empresarial tienen que demostrar que en las mismas circunstancias –contexto, características de los alumnos, recursos, horarios, currículum, etc.-, los docentes actuarán de manera distinta en la clase según reciban o no el citado complemento, a no ser que lo único que se pretenda es simplemente que cambien las notas o todo se reduzca al cumplimento de nuevas tareas burocráticas. Además, es prácticamente imposible determinar qué porcentaje del éxito o el fracaso de sus alumnos responde a su esfuerzo y cuál a factores sobre los que no puede actuar.
Por los datos que disponemos de Inglaterra y de los Estados Unidos, sabemos que esta política de productividad relacionada con el rendimiento académico de los alumnos no sólo no mejora la formación que reciben, sino que ni siquiera mejora los resultados de las pruebas que se les realiza. Por el contrario, su aplicación tiene consecuencias muy negativas tanto para el ejercicio de la profesión docente como para el funcionamiento del sistema educativo. De entrada, tal y como vaticinaba Robert Bollen (2001:22), se advierte una dejación de responsabilidades por parte del estado, que traslada a los docentes el problema del logro académico, atribuyéndoles de forma implícita el resultado de un proceso en el que intervienen muchas y complejos factores sobre los que no pueden actuar. El hecho de que la participación de centros y profesores en los diversos programas de mejora sea voluntaria, no hace sino reforzar la idea de la responsabilidad de los docentes en el resultado de la educación. El mensaje que implícitamente se transmite al conjunto de la sociedad es que la administración educativa cumple su papel ofertando los programas. y corresponde a los centros decidir sobre su participación. Un mensaje equívoco que además de servir para ocultar la escasez de los recursos que se emplean en la educación y de eludir sus responsabilidades, oculta una estrategia para introducir dinámicas de competitividad entre colegios e institutos, lo que no sólo no contribuye a mejorar la formación que reciben los alumnos, sino que acaba liquidando las posibilidades de mejora de los centros de barrios más pobres. Por lo demás, la política de dejar a la voluntad de maestros y profesores la aplicación de programas de mejora de la educación, es como dejar a criterio de cada conductor el itinerario que deben seguir los autobuses urbanos. Al fin y al cabo, la formación que reciben los alumnos es responsabilidad de las autoridades educativas y no debería depender de que haya centros más avispados en la captación de proyectos o profesores dispuestos a ganar unos euros más al año.
Como demuestra Wrigley (2007) para el caso de Inglaterra, esta política de presión sobre los docentes ha conducido a que la mitad de los nuevos dejen la profesión a los dos primeros años de ejercerla y, en general, uno de cada diez lo haga cada año. El problema del abandono se centra en las escuelas de barrios más pobres, en las que resulta difícil alcanzar y mantener unos rendimientos mínimos y en las que, sobre todo, el progreso entre dos puntos es mucho más lento y complicado. A la larga, la política de productividad basada en el rendimiento y el comportamiento de los alumnos, acaba discriminando a las escuelas que necesitan mayor compromiso.
Por otra parte, la identidad de la profesión docente se ve notablemente alterada. A las turbulencias que la crisis de autoridad de la familia ha producido en la posición del docente en la escuela, se une la progresiva burocratización del trabajo de la enseñanza que inevitablemente trae aparejada cualquier política basada en la racionalidad técnica. Es un hecho fácilmente constatable que en los últimos años maestros y profesores dedican cada vez más tiempo a completar expedientes burocráticos, lo cual no sabemos si contribuye a la mejora de la educación pero es seguro que trastoca el oficio de la enseñanza. Además, frente al espíritu de colaboración y trabajo en equipo y frente a la creatividad y la espontaneidad, la nueva política requiere de la profesión docente un perfil de competitividad y de hacer técnico acorde con el estilo que caracteriza la dinámica de cumplimiento de una serie de objetivos operativos. Pero, al contrario de lo que ocurre en otros campos, al tratarse de una filosofía extraña al mundo de la educación, la nueva política sobre los docentes se limita a la fijación de metas, sin que sea capaz de definir las tareas que mejor pueden servir para alcanzarlas.
Junto a esto, la relación de maestros y profesores con alumnos, padres y madres, cambia también de manera significativa. Ahora, esa relación adopta formas propias del intercambio mercantil, pues en ambos casos el papel que juegan en la escuela es más propio del cliente que del aprendiz o el colaborador. En este sentido, el grado de satisfacción se convierte en uno de los parámetros de la productividad docente y, en definitiva, de parte de sus ingresos económicos. La supeditación del trabajo del maestro o profesor a este tipo de requerimientos, supone, además, que su competencia profesional se vuelve vulnerable ante la presencia de intereses que, aunque legítimos, no siempre son compatibles con la mejora de la educación.
No cabe duda de que la política educativa basada en la tesis de la gestión empresarial supone una profunda reformulación de la práctica y sentido de la enseñanza, así como de la profesión docente. Pero esta nueva identidad profesional requiere, como en la empresa, una estructura organizativa que sólo se sostiene en un régimen de mucha vigilancia y poca confianza. (Wrigley, 2007: 49), pues, al fin y al cabo, se parte de la sospecha de que los problemas de la educación se deben a que maestros y profesores no se emplean a fondo en su trabajo. De esta manera, la figura del director adquiere un notable relieve que sólo es comparable en España a la época en que en la enseñanza primaria existía un cuerpo de directores escolares, si bien incluso ahora se le dota de mayores competencias. Si los problemas de la educación son problemas de gestión, es lógico que se potencie el papel de los directores, tanto en sus funciones como en sus retribuciones, pues la figura del jefe parece ser fundamental en el mundo de la empresa. El perfil de dirección que le legislación española viene construyendo en los últimos años, tiende a crear una figura distanciada de los docentes, un distanciamiento que desde la filosofía de la empresa parece ser condición necesaria para el ejercicio de la autoridad que la nueva situación requiere. Otra cosa será si realmente, dada las peculiaridades de la escuela, este estilo de dirección será capaz de ejercer el liderazgo de la comunidad educativa o, como parece más probable, terminará produciendo una especie de capataz o vigilante y, en definitiva, un elemento extraño a la vida de la escuela. Desde luego la idea de una dirección profesionalizada no es nueva; se trata de una figura que goza de amplia tradición en otros países y ha sido motivo de discusión cada vez que en España se ha propuesto abiertamente. Ahora, como otro ejemplo de la clandestinidad que caracteriza a la nueva política educativa, parece que, sin nombrarlo, se acaba imponiendo lo que hace tiempo se venía intentando: la instauración de gerentes al frente de los centros escolares.
En fin, no es ningún descubrimiento afirmar que la mejora de la educación es un asunto complejo para cuya consecución hay que actuar en muchas direcciones. El hecho de que a lo largo de la historia este objetivo haya sido una especie de utopía perseguida de manera recurrente, es reflejo inequívoco de la dificultad del empeño. Además, en los tiempos que corren, los problemas con los que se enfrenta la escuela se agudizan ante las evidentes contradicciones entre el mundo real del siglo XXI y una institución que sigue funcionando con la estructura del siglo XIX. Ahora bien, la gravedad y complejidad de los problemas nos obligan a ser cautos ante las propuestas magníficas como esta de la gestión empresarial de la escuela y la educación. La historia de la educación está llena de modas pasajeras, la mayoría de ellas han mejorado poco la escuela, han tenido poca incidencia en la práctica, pero, al menos, han sido inocuas. Otras, como la que aquí estamos considerando, lejos de sanar, pueden producir más daño al enfermo. La tesis de que se va a conseguir la tan famosa calidad aplicando la lógica de la empresa al mundo de la educación, tiene que argumentarse, y demostrarse, no basta con dar por supuestas sus bondades sólo porque forma parte del pensamiento dominante, ni porque parece de “sentido común”. Hay que tener cuidado, porque gobernar la educación como si fuera una empresa tiene efectos colaterales y secundarios que pueden acabar liquidando lo que queda de la escuela pública, sin que aporte nada mejor que lo que en su tiempo se proyectó con la política de la reforma y no se pudo aplicar.
BOLLEN, R. (2001) La eficacia escolar y la mejora de la escuela: el contexto intelectual y político. En AAVV Las escuelas eficaces. Claves para mejorar la enseñanza. Madrid: Santillana. Págs. 17-35.
CRAHAY, Marcel (2006) Dangers, incertitudes et incomplétude de la logique de la compétence en éducation. Revue française de pédagogie, 154, 97-110
HAYDN, Terry (2004) The strange death of the comprehnsive school in England and Wales, 1965-2002. Reaserch Papers in Education Vol. 1, nº 4, 415-432.
KLIEBARD, Herbert M.(2002). Changing Course. American Curriculum Reform in the 20th century, New York: Teacher College Press.
VARELA, Julia (2008) Balance de una frustración. Cuadernos de Pedagogía, 379, 81-83.
WHITTY, G.; POWER, S., Y HALPIN, D.( 1999). La escuela, el estado y el mercado. Delegación de poderes y elección en educación, Madrid: Fundación Paideia/Morata
WRIGLEY, T. (2007) Escuelas para la esperanza. Una nueva agenda hacia la renovación.Madrid: Morata.
F. Javier Merchán Iglesias es Catedrático de Educación Secundaria y Profesor de la Faculta de Educación de la Universidad de Sevilla
¿Doscientos cincuenta millones de mujeres en la Unión Europea y ni una sola de ellas vale lo bastante? En los medios europeos ha comenzado a circular una nota elaborada por la web Females in Front (Mujeres al Frente) con el siguiente texto: "En los próximos 12 meses, cuatro políticos serán elegidos para ocupar los puestos de máxima responsabilidad en la UE. Durante 50 años, la foto de los dirigentes europeos ha sido la misma. Es hora de que cambie. Los cargos internacionales deberían ser siempre ocupados por los candidatos más competentes. Hay doscientos cincuenta millones de mujeres en Europa. No debería ser muy difícil encontrar candidatas lo bastante buenas entre ellas. Si quiere que al menos una mujer ocupe uno de esos puestos, firme aquí" (www.femalesinfront.eu).
La iniciativa ha partido de la europarlamentaria danesa Christel Schaldemose, socialdemócrata. Se trata de lanzar una iniciativa ciudadana (prevista en el Tratado de Lisboa). Con un millón de firmas se puede pedir a la Comisión Europea que haga lo necesario para garantizar que la Unión respeta el objetivo de igualdad de género del que tanto se habla en el tratado.
Del que tanto se habla y tan poco se respeta. La web Euobserver.com recuerda que en los 50 años de existencia de la UE no ha habido nunca una presidenta de la Comisión. Ahora que se proclama a los cuatro vientos esa igualdad, resulta que hay 9 mujeres y 18 hombres en la Comisión; una única mujer entre 27 jefes de Gobierno (la alemana Angela Merkel); un 75% de ministros de todo tipo frente a un 25% de ministras. Y que entre los 26 presidentes que ha tenido el Parlamento Europeo desde su creación, sólo dos han sido mujeres, las francesas Simone Veil y Nicole Fontaine. No se puede decir que el balance sea muy brillante.
Desde la firma del Tratado de Roma, en 1957, las fotos de familia europeas reproducen, año tras año, prácticamente el mismo escenario: un amplio grupo formado exclusivamente por hombres, generalmente mayores, en traje oscuro, que parecen felicitarse entre sí por copar todos los puestos de mando, y que, de hecho, actúa como un club: hoy por ti, mañana por mí. De entre ellos mismos salen casi siempre los candidatos para los puestos de relevancia dentro de la Unión. Probablemente en eso reside el problema: o se amplía el número de puestos (lo que no suele ser muy eficiente), o para que entre una mujer en los centros de poder de la UE tiene que salir uno de los hombres que aparecen en la fotografía desde siempre.
Para cualquiera que conozca mínimamente la historia de la Unión Europea resulta casi una broma la idea de que no se han encontrado hasta ahora mujeres capacitadas para los puestos de mayor relevancia en la UE. Basta con recordar el nombre de algún presidente de la Comisión (varón) para darse cuenta de que podía haber sido sustituido muy ventajosamente incluso por su secretaria, más trabajadora, eficiente y enterada que su jefe.
A quienes se preguntan por qué el género debe ser un argumento para elegir a uno de esos cuatro importantes puestos en liza (presidencia del Consejo Europeo, cargo que se nombra por primera vez; presidencia de la Comisión; Alta Representación para Asuntos de Política Exterior y Seguridad, y presidencia del llamado Eurogrupo), se les podría rebatir inmediatamente con una simple pregunta, escribe Euobserver.com: "¿Por qué se acepta sin ningún reparo que entre los criterios para elegir a estas cuatro personalidades figure su familia política (derecha o izquierda) y su país de procedencia (pequeño o grande)".
Por el momento, los nombres que circulan en Bruselas son todos masculinos, y algunas políticas, sobre todo nórdicas, empiezan a estar enfadadas. Margot Wallstrom, la comisaria sueca encargada de Relaciones Institucionales y Estrategia de Comunicación, concedió hace ya tres meses una entrevista en la que dejaba claro lo que pensaba: "Estoy harta de este reino de hombres viejos". Wallstrom aseguró que las instituciones europeas se comportan como una especie de círculo interno de hombres con poder de decisión que actúan a puerta cerrada y que se reparten tranquilamente los cargos de la UE. "Hombres viejos eligen a otros hombres viejos", protestó. Y a una pregunta del entrevistador, a bote pronto, dio tres nombres de mujeres que podrían ocupar cualquiera de esos cuatro cargos en liza: la ex presidenta de Irlanda y Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos hasta 2002, Mary Robinson; la presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, y Emma Bonino, italiana, ex comisaria europea.
I. Primeiro Movimento: Lento-Sostenuto Tranquillo Ma Cantabile.
Um aristocrata casou com uma moça recém-saída do convento, da que estava fundamente namorado, e a mesma noite de bodas levou-a com ele a sua vila. Entanto iam na carruagem disse: Meu amor, esta noite vou introduzir algumas mudanças na minha fazenda, e porei a teu nome parte das minhas propriedades. Mas tenho de dizer-te antes que há na casa um objecto que reservo para mim, e cuja propriedade não hás-de reclamar jamais. Rogo-te não faças perguntas e não trates de saber qual é esse objecto.
No salão pintado ao fresco no que sentou a cear com sua mulher, o senhor ordenou que trouxesse à sua prensença ao cavalariço e disse: Atende ao que te ordeno e lembra-o bem. Desde este momento meus estábulos, e tudo o que há neles, pertencem a minha esposa a princesa. Nenhum cavalo ou coche, nenhuma sela ou arnês, nem sequer o látego do cocheiro, são da minha propriedade de agora em diante.
Depois chamou a seu mordomo e disse: Toma boa nota das minhas palavras. Desde este momento todos os objectos de valor da minha casa, tudo o ouro e a prata, todos os quadros e estátuas, são propriedade da minha esposa a princesa, e eu não tenho já nenhum direito sobre eles.
Fez chamar depois à ama de chaves da vila e disse: A patir de hoje toda a roupa da cama, sedas, pontilhas, damascos e brocados da minha casa pertencem a minha esposa a princesa, pois eu renúncio por inteiro a sua propriedade. Não esqueças o que te disse, e obra em consequência.
Por último chamou a uma anciã que fora donzela da sua mãe e avó, e comunicou-lhe: Escuta bem, minha fiel Gelsomina. Todas as jóias que pertenceram a minha mãe, avó ou a qualquer das senhoras da casa, desde esta noite pertencem unicamente a minha esposa a princesa, que as luzirá com a mesma graça que minha mãe ou minha avó, e que poderá fazer com elas o que lhe praza.
Então beijou a mão da sua mulher e ofereceu-lhe o braço. E agora, meu amor –disse-, vem comigo, que quero mostrar-te o objecto precioso que, única entre as minhas propriedades, só reservo para mim.
Com estas palavras conduziu-a escadas acima até seu aposento, e deixou-a, turbada e sem saber quê pensar, no meio da peça. Logo, alçou-lhe o véu de noiva da frente e despojou-a das pérolas e os diamantes. Desabotoou o pesado vestido de boda, de longa cauda, deixou-o cair a seus pés, e uma trás outra tirou-lhe as enáguas, o corpete e a camisa até que ficou frente a ele, ruborizada e concisa, tão formosa como Eva aparecera a Adão por primeira vez no Paraíso. Depois, girou-a mui suavemente para que se visse no grande espelho da parede.
Esta é –disse- a única cousa da minha fazenda que está exclusivamente reservada para mim.
Quando se conte esta história de Isak Dinesen, quem a relate deverá deter-se quanto menos duas vezes a perguntar se aceitariam tal trato. Ao final, inquirir-se-á sobre a condição deste: o que é que cede a esposa?
Assim começa o debate.
>II. Segundo Movimento: Lento e Largo –Tranquilíssimo.
O Nome de Deus.
Deusas e deuses múltiplos, Jeová, Deus, Alá... Dinheiro: o medo consagrado, a justificação da morte, da culpa e da pena, as prisões de ferros ou de consciência, os autos de fé, as matanças de gentes ou a sua condena à escravidão, a benção do Capital e das suas caixas fortes, as suas pistolas e os seus computadores, a formação de tropéis de trabalhadores para nada, a venda da vida pelo Futuro, já fosse a Glória Eterna ou já a Jubilação Segura,
e em fim, por toda a parte, a mentira e a Fé que a impunha ou a vendia como verdade.
Da existência ou realidade de Deus.
Deus tem que andar a mudar de nomes sempre para ser Ele Mesmo. Tudo quanto existe é Deus,
eu mesmo, que aqui falo, não sou ninguém, mas se começo a falar de mim, ou vem outro e fala de mim, já existo.
Assim que Realidade é aquilo do que se fala, e o Dinheiro, a cara de Deus ou a Sua principal epifania entre nós, é a cousa da que mais se fala. O seu parecido com o velho Deus das fases anteriores da Religião é patente:
é sublime ou impalpável,
a Sua presença consiste na Fé que se lhe empreste, no caso do Dinheiro chama-se Crédito,
o seu objecto é o Futuro, como na velha Religião era a Fé, que era Esperança,
reside no Céu, onde determina o Seu valor de câmbio assegurando a Sua permanência eterna,
está onde quer,
o seu filho unigénito é o Homem, isto é, o Indivíduo Pessoal, garantia do valor e o poder do Pai neste mundo,
a sua alma não é outra cousa que dinheiro,
é o Juiz Supremo, que eleva aos que têm Fé a uma futura Glória Eterna, e condena aos que erraram na sua Fé aos abismos da miséria e o tormento:
o Dinheiro é Deus, e Deus é Dinheiro,
o Primeiro Mandamento da Lei de Deus, Amar a Deus sobre todas as cousas, significa que todas as cousas se perdem no Dinheiro, reduzidas somente à sua Realidade suprema:
as catedrais das Oficinas metropolitanas e as capelas dos subúrbios, os ritos da Banca, as caudas dos fieis perante os confessionários da Declaração da Renda ou os oratórios de cobro de Réditos ou Pensões, os cânticos de promessa da Glória Eterna entoados pelos altifalantes e televisores, os concílios dos teólogos e bispos no Cume para determinar os artigos da fé ou crédito para dirimir as dissensões entre as Igrejas ou Corporações Financeiras, unidos pela Rede Informática Universal numa mesma Fé.
Da Fé e da Futuridade de Deus.
Fides (pistis): confiança; e credere, confiar- (lhe algo a alguém). Confiar em alguém significa abandonar-se, renunciar a reger um próprio a sua vida. Credere começaram a utilizá-lo desde antigo os banqueiros (confiar, abandonar a outros os bens ou dinheiros de um).
O dinheiro que o Dinheiro custa é o que lhe dá ao Dinheiro sua única realidade. Dinheiro, crédito ou fiança no cumprimento da promessa, ou seja, Fé.
A epifania (o manifestar-se) de Deus é o Dinheiro,
só graças aos números da minha conta sou. Se perder o crédito, perdi-me, ou estou perdido.
Deus, o Senhor do Medo, que administra morte, na vez de vida, vende tempo, fundado pelo futuro da morte,
oculta-se-me que a minha morte sempre-futura encontra-se já presente em cada futuro a que o medo de perder o nome ou o dinheiro me condena.
Dinheiro: a manifestação (epifania) mais real de Deus.
A vida: não ter de ser quem se é, que não haja Deus,
não se preocupar pelo amanhã, que se preocupará de si próprio:
a cada dia com seu mal lhe abonda.
Tudo o nosso mundo está regido pelo Crédito e o Deus do sempre-amanhã: essa é a Realidade,
mas não a verdade;
lutando contra a Realidade, como crianças, de vez em quando, podem tratar de falar por entre os rotos da Escrita e da História:
respirando pela ferida, como popularmente se diz.
Somente a Fé sustém a Realidade, a Fé e o Ideal movem a História toda,
a Banca, o Estado, o Futuro,
confundem as ideias com a linguagem viva, que assim como engendra as ideias, e portanto, a Realidade, assim as desfaz e descobre sua falsidade;
a falta de Fé e a descrença nunca apertaram o gatilho de qualquer arma nem puderam dizer qualquer mentira.
Deus, Um (e Masculino).
A aparição mais certa de Deus (princípio e fim de todas as cousas) neste mundo é o Dinheiro,
a condição que Deus impõe às mulheres da História é que se vendam,
por Prostituição ou por Matrimónio –instituições complementares,
que se troquem em dinheiro,
Dinheiro vindo a ser a Suma Realidade ou Realidade das realidades, em Ele anulam-se todas as diferenças entre as cousas;
não pode o Dinheiro ser senão um e só.
O Deus da Lei, da Lei escrita, quer determinar a vida em cada um dos seus passos e gestos, que não haja resquício por onde algo imprevisto e não sabido possa transpirar.
Deus das mortes dos povos, de guerras, horrores, matanças de gente, arrasamento de terras, e embrulhada de merdas militares e financeiras,
Fé e somente Fé (sem a Ela nem um percutido de revólver se apertaria) é a sua causa,
Deus Um e Totalitário:
Deus como lei do mundo, que chegou a ser, na perfeição dos tempos, como Dinheiro Sumo,
o único Senhor da casa, da Realidade, o só administrador de morte.
Deus
Pai –riquezas, bens, ouro.
Filho –crédito.
Espírito Santo –intercâmbio ou troco.
Dinheiro.
Todo-Poderoso.
Omnipotência,
Dinheiro, Patrão universal, e Tempo, que são o mesmo,
Poder de Deus,
submeter-se ao Trabalho, ao Dinheiro, Realidade, Tempo e Administração de Morte,
ainda que não haja conjuntos infinitos, nem Deus redondo e acabado,
o seu Poder não é mais que de fazer o que está feito, não do que não o está:
sua Omnipotência é sua limitação.
Com o aperfeiçoamento da História, a Cultura chegou a ser a arma mais tremebunda do Poder e a sua epifania mais perfeita, a Televisão, que converte em História o que agora mesmo está a passar,
procurando assim que na verdade nada passe,
conseguindo que tudo o que podia passar, já passasse, e portanto, não possa já passar.
Imaginai uma proclama como esta:
‘Não faz falta trabalhar quase nada, repartamos o trabalho que haja, turnos entre todo o mundo.
Espanha, França, Europa, ideias mandadas retirar,
reduzir a Administração ao mínimo indispensável para que sigam a funcionar transporte e comunicação.
Que os povos, cidades ou pequenas comarcas se encarreguem de administrar os seus bens.
Cesse radical do investimento em auto-estradas e autovias, transferência destes gastos ao desenvolvimento de vias de ferro para trens e tranvias, mercadorias e viageiros.
Abandono do critério de Rendibilidade a favor da estimação de utilidade para a gente.
O quê é o que o Dinheiro pode?
Conseguir fazer suas todas as cousas que haja no Mercado,
sempre e quando sejam de condição futura.
O quê é que não pode?
Não pode dar ou comprar a felicidade porque esta não se sabe o quê é.
O preço que se paga é a submissão a Ele, à sua Lei,
mas o Dinheiro tem um poder estritamente limitado,
pode produzir Dinheiro mas não gerar riqueza, da incontável, da desconhecida;
pode o proprietário de uma quinta ocupá-la , aproveitá-la e fazê-la mais produtiva,
mas que da polpa e sumo dos seus morangos tenha ele mais poder de desfrutar que qualquer rapaz que salte o muro –mais doce e saboroso no cercado alheio -,
isso não há Deus que o creia.
Infinitamente justo.
Se Deus, Juiz Supremo (não esquecer que o símbolo da justiça é a espada), de verdade fosse infinitamente bom, quê falta fazer-lhe-ia ser Todo-Poderoso,
e, se fosse de verdade Todo-Poderoso, para quê ia a molestar-se em ser bom?
Omnisciente e Sabichão.
Deus sabe só tudo o que sabe, não pode saber o que não sabe,
a Fé, sustentada pela Ciência ou Teologia, crê que sabe tudo o que há,
mas pode que à parte de toda a Realidade, haja algo mais,
talvez verdade.
Infinitamente Bom.
Como vai o Dinheiro a ser bom?
Por exemplo, o automóvel: atascos, tufo de gases, estrépito arrítmico, pestilento, horríssono, feio, triste, estúpido, mau,
sustento do Capital e do Estado.
O bom, por baixo da Realidade, ninguém sabe o que é nem pode defini-lo.
Realidade, Natureza,
Não era boa, senão necessariamente guerra e contradição de bom e mau, de mal com bem;
e Deus também.
III. Terceiro Movimento: Lento-Cantabile-Semplice.
Deus, em verdade, era o princípio mesmo da contradição que sustinha a existência,
constituinte da Realidade e alheio a Ela.
Assim que, em tal caso, talvez poderíamos rezar-lhe deste jeito:
Tu, a quem não conheço, renúncia, por favor, a conhecer-me.
Para te librares de tanto mal como no teu nome se tem feito, esquece o teu nome.
Que o teu Poder se perca, que a gente viva como possa pelo céu sem fim e aqui na terra.
Libra-me do Futuro e do Dinheiro, para que possamos volver a saber o pão de cada dia.
Renúncia às tuas contas de bons e maus, de virtude e culpa, que esqueçamos de quem era cada um.
Nada te peço.
Libra-me tu de mim mesmo, que eu te libro do teu nome, Deus, e aqui te dou a liberdade.
que tropezaras y cayeras, ésa
es justicia de Dios: no le hagas caso.
Si te dicen que Dios es infinito,
di que entonces no es; y si finito,
que lo demuestre pués y que concluya.
Pero no hay Dios ni hay Ley que a contradanza
no se pueda bailar. Tu muerte es tuya.
Tu no saber es toda tu esperanza.
Bibliografia:
-Isak Dinesen: Últimos cuentos. Editorial Debate.
-Agustín García Calvo: De Dios. Ed. Lucina.
-Agustín García Calvo: Sermón de ser y no ser. Ed. Lucina.
Foi o cansazo o que moveu a Ovidio Bao, un veterinario retirado de 87 anos, a plantarse fai uns días nun xulgado de Instrución da Coruña cunha denuncia contra o Concello por incumprir a lei que obriga a retirar toda simboloxía franquista das rúas e edificios públicos nunha cidade en que proliferan as pegadas da ditadura e as homenaxes aos golpistas de 1936. "Eses recordos non serven de nada, dei o paso porque son vello, estou esgotado e quero acabar con todo iso dunha maldita vez".
"Son vello, estou esgotado e quero acabar con isto dunha maldita vez" "Á xente parécelle un conto o que pasou. Espero que esperte"
E a súa iniciativa, inédita, parece facer madeixa no goberno municipal, ata agora remiso a emprender, en aras de non remover supostos "valores artísticos ou históricos", a obrigada retirada da simboloxía falanxista e franquista que campa ás súas anchas na Coruña. Polo pronto, o alcalde, o socialista Javier Losada, desvelou onte, como "primeiro paso", a supresión fai uns días dunha pequena placa, no corazón da cidade, que rezaba Os Cantóns de José Antonio, o anterior nome do que é hoxe o Cantón pequeno.
Do cambio de nome das 69 rúas, entre elas as principais arterias da cidade, que renden homenaxe a falanxistas e franquistas, aínda non se sabe nada. Pero o rexedor tamén anunciou a pronta retirada, aínda que sen tampouco pórlle data, da estatua de Millán Astray, o fundador da Lexión e destacado falanxista que foi xefe de Prensa e Propaganda nos primeiros anos da ditadura. O contestado monumento, que preside unha pequena praza ás costas do Palacio Municipal de María Pita, será depositado no Museo Militar, cando finalicen as obras de ampliación agora en curso, explicou Losada.
"O que habería que facer é fundir a estatua, que desapareza do todo", replica Bao, desde o seu domicilio, no edificio máis alto da Coruña que domina cálea Cabo Santiago Gómez, outro coruñés erixido en heroe polas autoridades franquistas por morrer, o día do golpe militar de 1936, ao estalar o canón co que estaba disparando contra a sede do entón Goberno Civil, a máis alta instancia da República na cidade. E é que na Coruña, non se pode dar un paso sen toparse con símbolos ou homenaxes aos vencedores da Guerra Civil e a longa ditadura que lle seguiu.
Este ancián veterinario é fillo dun represaliado militante de Esquerda Republicana, o partido de Manuel Azaña, que "estivo tres anos escapado" e padeceu o cárcere. "A min o que me deixo frío é que cando fun a presentar a denuncia, o secretario do xulgado contoume que o seu pai foi fusilado e o seu avó desapareceu". O ancián, con declarada "malo leite", non se explica como causa tanto balbordo "algo tan simple" como acudir, como el fixo, a un xulgado para presentar unha denuncia, que escribiu sen axuda de ninguén, só "por desafogo". "A xente está durmida ou lles parece un conto o que pasou, espero que teñan o valor de espertar e reaccionar", insiste.
Bao fartouse de ver leis incumpridas, como a de 1981 sobre o escudo constitucional que daba un prazo de tres anos para a retirada de toda simboloxía da ditadura en edificios públicos e rúas. Ou de ver e oír "o espertar da dereita" ante a Lei da Memoria Histórica, en vigor desde xaneiro, que tamén obriga a suprimir todo homenaxe e recordo dos franquistas. E que dicir da polémica sobre o Pazo de Meirás. Bao non se explica como a casa de Emilia Pardo Bazán "regalada a Franco por ser xefe de Estado" non forme parte hoxe do Patrimonio do Estado, ou que nin tan sequera "o presidente da Xunta teña permiso para entrar nel". "Impórtame todo un rábano, no cárcere non me poden meter por idade, en todo caso nun hospital", replica, pragmático, Ovidio Bao á súa esposa, inqueda pola posibilidade de que a súa iniciativa xudicial teña "consecuencias malas". Dentro de 15 días, volverá polo xulgado para ver se se admitiu a trámite a súa denuncia, á que non pensa renunciar pese ao anuncio do alcalde. "O primeiro paso é que se retire todo dunha vez", clama.
Aínda que me atopo en Atenas, que co euro e o tratado de Schengen é como estar en casa, non poderei pasar a mañá na vella Acrópole. O meu desexo de contemplar a arquitectura de Calícrates e Ictinos, de imaxinar no seu lugar as metopas de Fidias, ou de sentir a forza subxacente da politeia de Pericles, terán que esperar a mañá. Porque tamén en Grecia é o Primeiro de Maio, o día en que todos os monumentos están pechados a causa do rito enteiramente oficialista da festa do Traballo.
Por iso paréceme un bo lugar e unha boa circunstancia para meditar na estraña capacidade que ten o sistema liberal para asumir e recocinar todos os menús inventados polo pobo, ata o punto de lograr que unha festividade que decaeu totalmente no mundo dos proletarios, e que de nada serve xa para as reivindicacións laborais efectivas e actualizadas, mantéñase con forza extraordinaria nas economías globalizadas, sen máis obxectivo que facer un corte profiláctico nas relacións do poder cos traballadores e manter as minúsculas manifestacións que utilizan as burocracias sindicais, todas remuneradas, para prorrogar a artificiosa vixencia das súas garitos.
A festa do Primeiro de Maio foi importante para o asentamento das liberdades sindicais e para o impulso dos movementos democratizadores anteriores a 1989. E aínda sería un día especialmente sinalado nos calendarios laborais se as organizacións sindicais evolucionasen ao mesmo ritmo e na mesma dirección que evolucionaron os traballadores e as patronais. Pero a realidade é que o modelo de representación sindical, agarrado ao cravo ardente das administracións públicas e aos restos dunha cultura industrial case de museo, está divorciando de xeito irreversible aos traballadores e aos que din representalos. E esa é a razón pola que o Primeiro de Maio está evolucionando dunha forma moi parecida á Semana Santa, de tal xeito que, mentres un escuálido e estraño grupo de confrades e sindicalistas vanse ás procesións ou ás manis, a xente corrente -que nin vai a misa nin está afiliada ao sindicato- aproveita para irse á praia, sen entender para nada o significado dunhas datas que foron cruciais nos calendarios da nosa mocidade.
Para os que gustan de afirmar a voracidade do capitalismo, aquí está o seu mellor exemplo: un Primeiro de Maio oficialista e burocratizado, ao servizo dos sindicalistas profesionais e dos Estados ultraliberales, do que desertaron en masa os verdadeiros obreiros. Porque a historia e a vida seguen adiante, mentres o mito do proletario unido quedou atascado na nostalxia.
Houbo quen se sorprendeu de que se consolide e prestixie máis a relixión, outorgándolle horas en segundo de Bacharelato, mentres se degrada e reduce a filosofía no novo Currículo presentado pola Conselleira de Educación. Quizais acreditaran na verborrea laicista do PSOE. Mais calquera observador atento aos cambios en materia educativa, sobre todo na Galiza, era previsible outra volta máis de parafuso neste sentido.
O ano pasado asistimos perplexos ao engadido dunha hora máis de relixión na ESO, respecto dos mínimos fixados polo MEC, ao mesmo tempo que se lle garantía ao profesorado de relixión o desempeño doutras funcións para as que non foi contratado e que corresponden unicamente ao profesorado que accedeu polo sistema ordinario de acceso á función pública docente. Dentro das novas funcións, que superan o actual marco legal e invalidan o dereito a un ensino laico, están a de realizar gardas con alumnado, titorías de pais e nais, dinamizar a convivencia escolar, etc. Con esta regulamentación pódese dar o caso que haxa alumnado que opte por non recibir clase de relixión e que non obstante teña como titor ou titora un ou unha profesora de relixión.
Temos que recoñecer que a posición do PSOE non é tan confesional en todas partes e, mesmo, hai proxectos de currículo en Asturias ou Cataluña onde se dan avances ao engadir dúas horas máis aos alumnos que queiran ter relixión, sen castigar os demais cun confinamento que cada quen enche como pode. De feito, hai matices que deixan en evidencia tendencias dispares. Por exemplo, nos contidos mínimos do MEC, á denominación dos principais filósofos medievais non engaden o recoñecemento da súa relación directa con Deus a través do título de Santo. No proposto pola Consellaría xa volven a defender o culto a estes seres humanos coa reposición da santidade de Tomé e Agostiño. Son detalles sen importancia… ou non.
O caso é que, na anterior campaña electoral, o PSdeG-PSOE fixo mitins específicos nos diferentes concellos galegos para presentar a materia “Educación para a Cidadanía” como a súa grande aposta e sinal de identidade co obxecto de diferenciarse da outra mercadoría electoral que este partido político presentaba como clerical, homófoba e machista. Disto, obtivo, por certo, abondosos réditos electorais xa que mobilizou as ilusións progresistas cunha opción que lles facía albiscar algún avance na reforma educativa nesta dirección. Outro engano máis. Vemos de novo que baixo a bandeira da esquerda se encobren actuacións que a chamada dereita non se atrevería levar a cabo polo rexeitamento social que provocaría.
Pode seguir o PSOE coa súa campaña de imaxe na Galiza e continuar a xogar coa educación de xeito electoralista, mais a redución horaria da filosofía de primeiro de Bacharelato e a ampliación de contidos só poden ter como consecuencia menos profundamento, menos argumentación, máis esquematismo e máis retórica moralista baleira. En definitiva, a cacarexada “cidadanía” vai haber que fundamentala na fe máis que na razón. Mais, para iso xa está a relixión que, se coa carga horaria que ten, non é quen de convencer dos beneficios de ser bo, sempre poden recorrer ás lapas do inferno para amosar, cunha soa imaxe e de xeito inmediato, os prexuízos de ser malo.
Xoán Carlos Garrido Couceiro (A Estrada, 1965). É Profesor de Filosofía e membro da Fundación Bautista Álvarez na que é Director do "Terra e Tempo". Autor de "O pensamento de Castelao" e "M. García Barros, loitando sempre". Traballa na recuperación da memoria histórica na Estrada.
De los dieciséis hermanos de Benjamín Franklin, Jane es la que más se le parece en talento y fuerza de voluntad.
Pero a la edad en que Benjamín se marchó de casa para abrirse camino, Jane se casó con un talabartero pobre, que la aceptó sin dote, y diez meses después dio a luz su primer hijo. Desde entonces, durante un cuarto de siglo, Jane tuvo un hijo cada dosaños. Algunos niños murieron y cada muerte le abrió un tajo en el pecho. Los que vivieron exigieron comida, abrigo, instrucción y consuelo. Jane pasó noches en vela acunando a los que lloraban, lavó montañas de ropa, bañó montoneras de niños, corrió del mercado a la cocina, fregó torres de platos, enseñó abecedarios y oficios, trabajó codo a codo con su marido en el taller y atendió a los huéspedes cuyo alquiler ayudaba a llenar la olla. Jane fue esposa devota y viuda ejemplar; y cuando ya
tuvieron crecidos los hijos, se hizo cargo de sus propios padres achacosos y de sus hijas solteronas y de sus nietos sin amparo. Jane jamás conoció el placer de dejarse flotar en un lago, llevada a la deriva por un hilo de cometa, como suele hacer Benjamín a pesar de sus años. Jane nunca tuvo tiempo de pensar, ni se permitió dudar. Benjamín sigue siendo un amante fervoroso, pero Jane ignora que el sexo puede producir algo más que hijos. Benjamín, fundador de una nación de inventores, es un gran hombre de todos los tiempos. Jane es una mujer de su tiempo, igual a casi todas las mujeres de todos los tiempos, que ha cumplido su deber en la tierra y ha expiado su parte de culpa en la maldición bíblica. Ella ha hecho lo posible por no volverse loca y ha buscado, en vano, un poco de silencio. Su caso carecerá de interés para los historiadores.
Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.
Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.
Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!
Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores