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PAULINO PEDRET CASADO
Paulino Pedret Casado,nado en Santiago en 1899 e finado no ano 1969. Foi sacerdote e escritor galego,Catedrático de Dereito canónico na Universidade de Santiago,ademáis de capellán do exercito e da Armada.
(Copia literal de un art. Publicado por La Noche. Santiago)Biblioteca Diputación Provincial Orense
NOTAS DE PRENSA -LA NOCHE-Sábado 10 Enero 1.959
Mis recuerdos de Alfredo Brañas
Por: Paulino Pedret Casado


No pueden ser directos de él a mi, pues no había cumplido yo seis meses de existencia cuando Brañas desapareció de este mundo; pero si recibidos de personas que convivieron con el insigne hombre de acción gallego, con las que hablé en distintos momentos de mi vida y que ya entregaron su alma a Dios.
Me decía un bondadoso pariente mío, que elogiaba la compañía de Antonio Toledo el malogrado orador, Alfredo Brañas y Barcia Caballero, muerto hace treinta y dos años, cuando dirigían “El Libredón” en los últimos tiempos del pontificado del cardenal Payá, que había oído a Brañas lamentarse de que la Biblioteca Universitaria de Santiago no tenía las obras de aquella gran mujer que se llamó Concepción Arenal, que nuestro catedrático eximio tanto admiraba. En cambio, le había oído relatar entusiasmado su emoción al confesarse en Burgos el publicista fecundo, pocos días después de su fogoso discurso en el quinto Congreso católico el 12 de septiembre de 1899 y oír del sacerdote palabras de alto encomio para el joven profesor gallego, que con tanta valentía e inteligencia había defendido a la Iglesia, sin darse cuenta de que era el penitente que tenía ante si.
A la generación de Brañas perteneció el distinguido y pulcro literato ferrolano Aurelio Ribalta, el cantor de la montaña gallega, y cuya bondad fue proverbial. Me decía un día de Brañas que era muy inquieto, con una felicísima disposición para toda ciencia o arte. Pintaba, componía poesías, escribía libros, defendía pleitos.
La hermana de Brañas, doña Magdalena, que hace poco más de dos años murió, en su casa, colocados ella y yo ante un retrato de aquel sentado en una mecedora en el jardín de una casa inmediata al mar tranquilo de Villagarcia, confirmaba lo dicho por Ribalta, y añadía que le dominaba el deseo de servir a los demás. Estábamos comiendo - aseguraba - y varias veces suspendió la comida para hacer diferentes composiciones que los directores de cualquiera comparsa de carnaval venían a pedirle. Mi hermano fue el gran amigo del más tarde buen alcalde santiagués Máximo de la Riva, del pianista Enrique Lens, del inspirado pintor valenciano José Fenollera, casado y muerto en Santiago,; del modesto y tierno poeta Juan García Santillán, que falleció en nuestra ciudad en 1 de abril de 1921 y hoy casi olvidado. Brañas, como todos los espíritus selectos, adoraba a su madre y pedía al señor que le concediese la gracia de morir antes que ella, lo que consiguió del Cielo.
Se recordaba Doña Magdalena de que el Duque de Terranova, D. Alfonso Osorio de Moscoso, había sido compañero de estudios de Brañas y de que cuando siendo este un adolescente perdió a su padre, fue el duque quien presentó a Brañas a su madre, que se constituyó en protectora de él. Pregunté a la hermana por los domicilios que Brañas tuvo en Santiago, y se recordaba del domicilio familiar en Azabachería 20, así como del número 5 de la misma calle donde murió. No se recordaba, en cambio, de Mazarelos 7, donde vivió cuando era estudiante.
Otro íntimo amigo de Brañas fue el sacerdote y catedrático López Vigo. Le acompañó a las oposiciones de Diciembre de 1899, pero ya en 3 de enero de 1900 estaban los dos de regreso aquí, sin haber obtenido López Vigo la cátedra.
Moneva Puyol, el ingenioso y eruditísimo catedrático de Zaragoza, que había de conseguir la plaza en marzo de 1903, me decía un día en Madrid de Brañas que tenía mucho acento gallego y que era una vela que ardía con el pabilo hacia abajo.
El recuerdo del centenario del nacimiento del activo, trabajador y generoso catedrático de Economía y Hacienda Pública es un deber que gratamente cumplimos los que pertenecemos a la Universidad de Santiago y los que amamos a nuestra histórica ciudad.
El intervino en los primeros años de vida del Círculo Mercantil, él fue el alma del Ateneo Leon XIII; el fue en compañía del genial Murguía y de Cabeza de León, entusiasta de Galicia; el fue el autor de un texto hermoso para sus tiempos de Hacienda Pública española, asignatura que desgraciadamente parece estar condenada a no tener titular en nuestra Universidad, pues desde el aciago fallecimiento de D. Amando Castroviejo, en agosto de 1934, prácticamente no ha vuelto a tener catedrático. ¡Amarguras del destino, pues Galicia en el siglo XIX tuvo economistas gloriosos : Ramón de la Sagra, Manuel Colmeiro, Joaquin Díaz de Rábago ...!

(Copia literal artículo publicado en La Noche. Biblioteca Diputación de Orense)
NOTAS EN PRESA: LA NOCHE-13. Agosto de 1.958
Alfredo Brañas en Cambados, por:Paulino Pedret Casado


La ría de Arosa la más grande de las hermosas rías gallegas, alberga en su recinto varias lindísimas villas, cuya historia es parte principal de la general de Galicia.
La más aristocrática de aquella, es la de Cambados, que ha unido a si a las de Fefiñanes y se Santo Tomé do Mar, entre las cuales está.
Pero además de la ría de Arosa, formada por el río Ulla, en cuya cuenca está situado Santiago, es tradicionalmente el horizonte marítimo de la ciudad relicario de Galicia. No debía pertenecer ningún pueblo de esta ría a provincia distinta que Compostela, que siempre fue la capital de toda esta paradisíaca comarca, y solo el desinterés absoluto por la Historia que presidió la división
de España en provincias en 1833, ha sido causa de este desatino.
Hoy es el prestigio artístico mayor de la ciudad Jacobea un cambadés, el escultor Francisco Asorey, y, cuando yo nací, triunfaba en sus últimos días de gloria un entusiasta e insigne catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad, el economista orador Alfredo Brañas Menéndez.
No había nacido Brañas en Cambados, sino en la céltica villa de Carballo, pero muy niño se trasladó con su familia a la melancólica y señorial Cambados, en la que pasó toda su juventud y en donde se formó aquel espíritu selecto.
La vida de Brañas en Cambados, si risueña en los primeros años de su juventud, fue después la nostálgica de un huérfano que tiene que alternar sus estudios con el trabajo en una oficina pública, para poder abrirse paso en el difícil camino de la vida.
Estas circunstancias acrecentaron, si cabe, su devoción a la Virgen bajo la advocación de la Pastora, que en Cambados se venera en la solitaria ermita de su nombre, en lo alto del monte que da cobijo a las artísticas ruinas de Santa Marina.
Allí, a la sombra de aquellos centenarios robles y castaños ante la capilla de la Pastora, pasó Brañas horas y tardes enteras estudiando los textos de Derecho en cuya carrera tanto había de brillar.
Años más tarde, en recuerdo de aquellos otros tan difíciles, y en gratitud a la Virgen de la Pastora, por la protección de Ella recibida, organizó y patrocinó Brañas en su honor unas fiestas solemnisimas, que hicieron época de las que aun hoy se tiene grata memoria.
Después de ser secretario general de la Universidad a los 25 años, muy pronto obtuvo en reñida oposición la cátedra de Derecho Natural de la Universidad de Oviedo, y en 1888 pasó por traslado a desempeñar la de Economía Política y Estadística, de la Universidad de Santiago.

Antes que él, habían sido catedráticos en esta Universidad de la misma asignatura el benemérito Joaquin María Sanromá y más tarde Melchor Salvá, que murió catedrático en Madrid, bastante entrado el siglo presente. También Galicia había producido insignes economistas en la primera mitad de la centuria pasada, como el coruñés Ramón de la Sagra y el santiagués Manuel Colmeiro, aquel catedrático de la Universidad de La Habana, y éste de la de Madrid. Cuando Brañas se incorporó al Claustro de la Universidad estaba en su apogeo la producción literaria del economista que más y más bien estudió en Galicia, Joaquin Díaz de Rábago, muerto en otra hermosa villa de la ría de Arosa, en la Puebla del Caramiñal, en 29 de julio de 1898.
Alfredo Brañas era una inteligencia de grande y fácil capacidad de asimilación, un corazón sensibilisimo que le había conquistado continuas simpatías y un hombre de incansable acción. Por ser lo primero, su obra “Lecciones de Hacienda Pública” señala un hito en la ciencia financiera española, y, aunque no poeta, es un fino compositor de obras literarias.
Por su capacidad asimiladora y la sensibilidad de su corazón, estuvo siempre en contacto con el alma popular, con los sentimientos, los ideales, los dolores, las tragedias del pueblo gallego. Frente al liberalismo, que fue siempre, desde la Revolución francesa, abstracto y doctrinario él fue un dulcísimo romántico, que amaba con locura a Galicia.
Nadie como él fue orador de esta tierra. Los acontecimientos, indudablemente le favorecían. El entusiasmo que en ciertos sectores produjera la restauración borbónica con Cánovas en 1875, y la subida al Poder de los liberales, con muchos republicanos que se convirtieron a la Monarquía, en 1885, había casi desaparecido en 1888, por las discordias intestinas, y sobre todo, por las tendencias librecambistas patrocinadas por el ministro de Estado Moret, y apoyadas por la mayoría del partido que presidía Sagasta.
La actividad de Brañas, que ya se había manifestado antes en Santiago, cuando fue compañero del llorado Toledo Quintela en la dirección del “El Libredón”, tiene su amplitud y grandeza desde 1888 hasta
Comentarios (0) - Categoría: Fundación Alfredo Brañas - Publicado o 06-04-2018 22:20
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