lugar para a conectividade e o intercambio de memoria sobre o noso pasado personal e humano
EU TAMÉN NECESITO AMAR

Premio Mellor documental galego CURTAS 2019.
Selección Oficial MICE 2020. Santiago (aplazado polo coronavirus)
Selección Oficial ESPIELLO 2020. Boltaña-Huesca (aplazado polo coronavirus)


THE BATTLE OF THE GOOD MEN

Selección oficial Cans 2018. sección vídeo clips.

Selección oficial Son Rías 2018. sección vídeo clips.

A VOLTA DOS NOVE

Nominación Mellor Documental
Premios Mestre Mateo, 2015

Premio do Público
Festival Primavera do Cine, 2015


DESDE DENTRO DO CORAZÓN

Nominada a Mellor Banda Sonora
Jerry Goldsmith Awards, 2013

Nominada a Mellor Longametraxe
Festival Primavera do Cine, 2014


O FAIADO DA MEMORIA

Arousán do Ano 2009
Apartado Cultura


A MEMORIA NOS TEMPOS DO VOLFRAM

1º Premio Certamen Etnográfico
Espiello, 2005


ARQUIVO DA MEMORIA SOCIAL
damemoria@gmail.com
 ESPACIOS
 GALERÍA DE FOTOS
 Ir a estas páxinas
 ARQUIVO

Alameda
Alameda

Non e moi grande, pero e moi coquetona

Anterior Volver á galeríaSeguinte

6 Comentario(s)
1 Era pequeña a los ojos de hoy pero cuando era niño me parecía enorme.
La niñas jugaban hacia la zona de Calicó y los chavales jugábamos al futbol en la zona del palco de la música. Las porterias eran dos árboles de cada lado y la longitud del campo era el ancho de la alameda.
El riesgo principal era "el torero" que a veces esperaba escondido a que la pelota escapara hacia la zona de Lago y Lago. Si no llegábamos a tiempo la atrapaba, la cortaba con una navaja y tiraba los restos al mar.
Cuando era la época de patinar, la pista era: alameda, Valentín Viqueira y Baldosa también con gran "cabreo" por parte del mismo guardia. No recuerdo que patinando nos hubiera pillado a alguno aunque a veces tuvimos que escapar por Conde de Vallellano.
Comentario por Paco Salgado (20-04-2010 23:44)
2 Como dice Paco, cuando éramos niños la Alameda nos parecía enorme. Del mismo modo, los bancos de piedra con respaldo de hierro fundido nos parecían muy altos; y los árboles, sobre todo cuando tenían abundantes hojas, se nos antojaban gigantescos; y las farolas, altísimas. Todo es cuestión de edad y estatura. Luego, los años van pasando y uno crece; sin embargo, la Alameda, los bancos, los árboles y las farolas, siguen teniendo las mismas dimensiones. Y así, tal vez un poco decepcionados, ya nada nos parece tan grande como antes; y, sin darnos cuenta, vamos observando que las cosas tienen su justa medida y, en cierto modo, para nosotros han perdido aquel interés de lo inalcanzable.

En nuestra Alameda, entre los múltiples juegos que practicábamos, solíamos hacer carreras. Partíamos del extremo sur (contiguo a la calle Valentín Viqueira), y terminábamos en la fachada del comercio de efectos navales ?Casa Calicó?, que era la meta. La salida, como era preceptivo, se iniciaba al terminar de contar: uno, dos, tres. Y allá íbamos, corriendo a toda la velocidad que nos permitían nuestras fuerzas -con las limitaciones propias de la edad-, sorteando a las personas que paseaban tranquilamente, y que nos reprendían cuando pasábamos muy cerca o tropezábamos con ellas; y, también -esto era lo más peligroso-, esquivando las farolas que se interponían en nuestra desaforada carrera.

Llegábamos a la meta ?Calicó? como podíamos. El primero que tocaba la pared era el vencedor absoluto. Pero, a veces, alguno de nosotros no llegaba. En la frenética carrera, al tratar de esquivar a algún paseante, te encontrabas de frente con una de aquellas farolas y ¡Zas! Un tremendo golpe en la frente y salías rebotado, cayendo al suelo. Herido, más en la dignidad que en la frente, te levantabas con arrogancia, pero desorientado; y, sacando fuerzas de flaqueza, reanudabas la carrera, pero en sentido contrario? Al poco rato, porque la naturaleza infantil es así, ya no andabas a la deriva. Estabas totalmente recuperado.

Llegabas a tu casa, acalorado, encendido? Y con un tremendo chichón en medio de la frente. Reprimenda impresionante de tus padres o abuelos, acompañada de media docena de azotes en las posaderas, compresas de agua fresquita sobre la frente y, tal vez, algún ungüento mágico antiinflamatorio. Al día siguiente: ¡A ver lo que haces?! ¡Ten mucho cuidado?! ¡No corras como un loco?! Y, de nuevo, a jugar en la Alameda.
Comentario por Roberto Núñez Porto (23-04-2010 22:17)
3 Un regocijo, leer a Roberto,yo tambien he tenido mas de un chichon en esa Alameda...Cuando pasaba el verano y empezaba la caida de las hojas las juntabamos en montones grandisimos y desde el palco saltabamos sin preocuparnos, si las hojas amortiguarian el golpe...he estado algunos dias sin poder sentarme...que tiempos!...
Comentario por Carlos Deaño (05-05-2010 01:52)
4 me gustaria tener esta foto para poder pasarla a lienzo y asi colgarla en mi casa, me la podriais pasar? gracias.
Comentario por Noelia (28-01-2011 15:41)
5 Noelia, para acadar os teus desexos, só tes que premer no botón dereito do ratón, e logo cliquear en COPIAR. Logo abres Word, e alí premes no botón dereito, e logo cliqueas en PEGAR. E... ¡listo!
Comentario por Salvador Alcalde Gil (06-06-2011 08:50)
6
Me sumo al pelotón de los chichones, aún hoy recuerdo el dolor y como en los tebeos me parece ver las estrellas
Comentario por Ana Rubianes (18-09-2012 11:02)
Deixa o teu comentario
Nome:
Mail: (Non aparecerá publicado)
URL: (Debe comezar por http://)
Comentario:
© by Abertal

Warning: Unknown: Your script possibly relies on a session side-effect which existed until PHP 4.2.3. Please be advised that the session extension does not consider global variables as a source of data, unless register_globals is enabled. You can disable this functionality and this warning by setting session.bug_compat_42 or session.bug_compat_warn to off, respectively in Unknown on line 0