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A familia na praia
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O travieso de Casalderrey matinando na praia que falcatruada facer

donado por jose manuel casalderrey

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2 Comentario(s)
1 Pues para que sintáis como era dura la vida de un niño en aquellos tiempos, ahí va otra historieta, contada en sus mínimos detalles...
FELICES NAVIDADES Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!


?Mojados en la Cama?

En aquellos tiempos, cuando tenía unos nueve o diez años apenas, los colchones aun eran hechos con relleno de lana virgen.

Eran bastante pesados y difíciles de manosear, principalmente para virarlos invirtiendo las superficies en uso.

Mi hermano y yo dormíamos en la misma cama, tamaño de matrimonio, en uno de esos confortables colchones, hecho por mi madre, con aquella talentosa habilidad y experiencia que había adquirido con sus antepasados.

Recuerdo la fiesta que era para nosotros apalear aquellos montones de lana virgen esparcidos en el suelo, para servir de relleno en los colchones multicolores que confeccionaba mi madre con su máquina ?Singer?.

Esa era una faena que se repetía a menudo, para cambiar los tejidos de los colchones y al mismo tiempo soltar los ovillos que se formaban en la lana después de mucho uso.

Hacía mucho frío en aquel invierno.

Antes de dormir, mi madre dejaba una palangana con agua caliente en la habitación y también colocaba una bolsa con esa misma agua entre las ropas de cama.

Dormíamos con, por lo menos, dos gruesas mantas y una colcha de edredón, por encima de las sábanas, enterrados hasta la nariz dentro de aquellos acogedores agasajos.

Para usar el cuarto de baño, que estaba situado del otro lado de la casa, había que atravesar todo el pasillo ladrillado.

Con aquel frío, salir de la cama caliente en altas horas de la noche, de pijama, para ir hasta la privada del otro lado de la casa, exigía un tremendo esfuerzo de voluntad que, siempre que podía, procuraba retardar lo máximo posible?

Y así, un día de esos, después de tantos años sin semejante acontecimiento, talvez por haberme ?retardado? más de la cuenta, me encontré, al despertar, todo mojado en la cama?, con mi hermano mondándose de la risa?

Mi madre, después de darme una bronca diciendo que ya no era un bebé para orinarme en la cama, tuvo que colocar el pesado colchón a secar al sol después de limpiarlo lo mejor que pudo.

Pasados dos o tres días, aun hoy no sé por que motivo sería, nuevamente aparecí mojado al despertar?

¡No podía dejar aquella delatora mancha aparecer en el colchón otra vez!?

Con la ayuda de mi hermano, le dimos la vuelta al colchón, dejando la parte mojada para abajo?

Con una sábana limpia, la cosa pasaría desapercibida?

El problema era que las que mojara anteriormente aun estaban secando en la lavandería y mi madre, encontrando muy extraño que yo mismo hubiera hecho la cama aquel día, no tardó en descubrir el cuerpo del delito en aquella sábana?

Como el colchón estaba seco, le expliqué que fuera solo un ?pequeño? descuido que interrumpiera a tiempo de ir hasta el baño y que eso no volvería a ocurrir más.

La vergüenza que pasaba superaba el miedo de la bronca o del castigo, eso sin contar el cachondeo de mis hermanos con aquella historia repitiéndose?

No podía volver a acontecer?, mismo porque el colchón solo tenía dos lados y el otro ya fuera debidamente ?bautizado? días atrás?

Pues muy bien. Bajo las amenazas de que sería castigado severamente la próxima vez que me ?descuidase?, conseguí mantenerlo seco por las mañanas controlando el involuntario impulso en las noches siguientes, sin dar oportunidad de seguir con las burlas de mis hermanos?

Finalmente había superado el problema de la incontinencia y ya podría dormir tranquilo, pensaba yo, enroscándome en las ropas de cama en aquel frío domingo de enero?

Y con el sueño atrasado por las noches de preocupante vigilia, en minutos ya dormía como un lirón

Y aquella noche? ¡Que noche fue aquella!?! Fue la más larga de las noches!

¡Hay que ver lo que hace la imaginación!?

Aquella noche tuve un sueño que, por las consecuencias que me trajo, jamás olvidaré y aun hoy recuerdo en sus mínimos detalles?

Con la ansiedad instalada en mi mente para no repetirse el descuido, desperté con el toque de campanas del reloj del Ayuntamiento y aquella presión en la vejiga ya tan preocupantemente conocida por sus inesperadas sorpresas?

Era hora de salir para aliviarse antes de que fuese tarde?

Al retirar las ropas que me cubrían la cabeza, hacía tanto frío que parecía que la nariz y las orejas se me estaban congelando?

Voy a esperar un poquito más, le autoricé a mi conciencia, seguro de que, estando despierto, no había con que preocuparse?

Y así, medio dormido y medio despierto, fui acompañando todos mis movimientos para ir hasta el baño, viendo en cámara lenta todos los detalles, desde mi salida de la cama, sintiendo el frío del suelo en los pies descalzos, hasta llegar corriendo por el pasillo a la privada, levantar la tapa a tiempo para no mojarla, y, finalmente, saboreando aquel placer incomparable de alivio que proporciona una meada a tiempo, librarme de una vez del insistente, impertinente e inoportuno residuo de mis riñones ?

¡Y que deliciosa meada fuera aquella!..., todo había transcurrido en la más perfecta sincronía para darme tiempo de aliviarme y volver para cama sin culpa aquella noche?

De repente, aquel momento tan agradable fue perturbado por una extraña sensación de calor entre las piernas?y?

¡Que mierda!... ¡Solté otra meada en la cama!...

¡Todo aquello fuera un sueño, un miraje, una ilusión!?

¿Cómo pude ser tan estúpido?, me penitenciaba? ¿Y que le iba a contar de esta vez a mi madre?... ¿Qué ?aquello? también era una ilusión?...

De esta vez estaba irremediablemente perdido?No había nada que hacer?Disculpas ya no surtirían efecto?Era fin de línea?, incluso para el tren eléctrico que me regalaran los Reyes aquel año?

Mi hermano dormía al lado?y yo ya estaba imaginando el cachondeo que iba a tener que aguantarle al día siguiente, justo ahora que ya se estaba recuperando mi credibilidad en casa...

¡Y además que injusticia!... Si fuese de él aquella meada, ese ?despiste? se lo perdonaría mi madre sin castigos, apenas por tener cuatro años menos?

¡Ya en aquellos tiempos sentía el peso de los años!...

En medio a tan tormentosos y filosóficos pensamientos, una idea luminosa empezara a tomar forma, siguiendo los caminos de logística que me apuntaban una luz en el fin del túnel?

Si amaneciese él al lado de la meada, podría parecer que no fuera yo de esta vez?

Todo pasaría sin mayores problemas ya que aquella sería su primera vez?

Además, por ser menor, tal desliz sería perfectamente disculpable?

Y aun tendría el lado de poder desquitarme de los agravios de tantos cachondeos que le aguantara aquella semana?

¡El plano era perfecto!... ¡Manos a la obra!...

En la total oscuridad que reinaba en la habitación, con mucho cuidado para no despertarlo, fui empujándolo, poco a poco, para mi lado de la cama?

Cuando ya lo había ?instalado? confortablemente en las coordenadas próximas al ?lago artificial? que se sentía en la sábana, me acordé de un detalle importante:
Para quedar bien ?natural? la cosa, tendría que aparecer mojada también su ropa...Luego:

¡Teníamos que cambiarnos los calzoncillos!...

Y esa fue la peor parte del minucioso plano?

No podría imaginar que el simple acto de retirar la pieza mojada de uno y, aun calientita, enseguida ponérsela al otro, iba a tener tan brusca caída de temperatura que le haría despertarse?, y aun por encima de muy mal humor?

Es que uno no puede pensar en todo?Desgracias ocurren todos los días?Y además estaba a oscuras? ¿Cómo iba a saber donde estaba la pierna derecha con el calzoncillo del revés?...

Pues eso?, se armó un jaleo en la cama, con mi hermano gritando, dándome puñetazos y puntapiés por todo lado, jurando que, por la mañana, se lo contaría todo a mi madre?

Se perdiera mucho tiempo con las discusiones sobre lo que había ocurrido y ya eran las cinco de la madrugada sin que le hubiera convencido a perdonarme.

Después de las negociaciones de estilo, como por ejemplo, aceptar que viniese de caza conmigo, poder leer los cuentos que me emprestaban mis amigos, dejarle jugar con el tren eléctrico, mi balón de fútbol, la motora, etc., etc., llegamos finalmente a un acuerdo.

Ahora no había más tiempo a perder. Había que secar las sábanas, el colchón y los calzoncillos antes que amaneciese, aprovechando en cuanto aun era noche cerrada.

La tarea no parecía nada fácil, mismo contando con el concurso de las dos planchas de mi madre, una nueva que ganara el día de Reyes y otra que, aunque ya bastante usada, funcionaba perfectamente.

La principal diferencia entre ellas estaba en las superficies del hierro.

En cuanto la nueva exhibía un reluciente brillo del niquelado impecable, la otra ya estaba oscurecida con el uso y el óxido del hierro sin la protección del niquelado.

Con una plancha enchufada en la sala al lado, ya que en el cuarto no había enchufes, esperaba hasta que estuviese bien caliente para desligarla, siguiendo para el cuarto con el artefacto casi en brasa, en cuanto la otra se calentaba para hacer el servicio después.

Y palpando en el colchón para sentir donde estaba ?mojado?, le metí la improvisada ?máquina de secar? en medio y?

¡¡¡CHUFFFSSSS!!!...,

¡Un ruidoso crepitar de sartén de churros a todo meter no haría tanto barullo!...

Parecía el resoplido de la locomotora cuando arrancaba en la estación?

Pero eso no era nada?, lo peor era aquel insoportable olor de amoníaco que subía por la cara como una nube de un vapor sofocante a cada mudada de posición de la plancha?Aquello daba náuseas e irritaba los ojos?

Y no podía dejarla allí esperando?Había que moverla constantemente, de un lado para otro, para no quemarse el colchón?

Todo era hecho a oscuras, usando apenas el tacto para sentir como iba secando la cosa?

Amarré un pañuelo en la cabeza para proteger la nariz y?

¡¡¡CHUFFFSSSS!!!...,

¡¡¡CHUFFFSSSS!!!...,

El cuarto estaba empestando con aquel olor penetrante que emanaba a cada resoplada de la plancha?

¡Estaba insoportable!

Mismo sintiendo frío tuve que abrir un poco la ventana para airear la casa?

Mi hermano presenciaba la frenética actividad sin decir un pío, a no ser para recordarme que todo aquello sería de mi única responsabilidad si fuese algún día descubierto por mis padres?.

-¡El colchón ya está secando!, ¡No va a notarse nada!, le decía entre una vaharada y otra para tranquilizarlo?

Al sentir que la plancha se enfriaba, rápidamente era cambiada por la otra que ya estaba caliente en la sala al lado? Y todo iba de viento en popa.

Antes de amanecer estaría todo seco?Las planchas se estaban portando muy bien?

Cuando acabé de secar la sábana y pasé para los calzoncillos, ya estaba clareando el día?

En la penumbra, noté que una mancha iba dejando un rastro en ellos por donde pasaba la plancha? ¿Que sería aquello ahora?

Mi hermano me llamó preocupado con alguna cosa que acabara de descubrir al estirar la sábana en la claridad que ya empezaba a entrar por la ventana?

Y de lejos ya daba para entender el porqué de tanta aflicción?

La sábana exhibía un enorme círculo de medio metro, estampado en matices que iban del amarillo tostado al marrón chocolate, pasando por todas las gamas de ocres y castaños que se puedan imaginar en la paleta de un pintor?

A pesar del susto y por increíble que parezca, por un momento imaginé como quedaría bonita aquella mancha si colocasen la sábana dentro de una moldura?

?Pero mi madre, con certeza, no vería aquello como quien descubriera ahora alguna insospechada dote artística de su hijo primogénito?

¿Y el colchón?... ¿Como estaría?...

Aun no había luz suficiente para avaluarse el efecto que causarían aquellos ?tonos? sobre las bonitas flores estampadas del colchón, que mi madre había confeccionado con tanto esmero...

Pero ya daba para ver que la mancha sobre el estampado no producía ?aquel? efecto tan especial que tanto me agradara en la sábana?

¡Aquella no me había salido tan bien!...

La verdad es que, ya con más claridad, pude ver cuan horrorosa parecía la cama con aquella mancha en el colchón?

Aquel color café con leche inducía a pensar que algún puerco hubiera dormido allí.

¡Había que pensar en algo con urgencia!?

¡Y la culpa de todo aquello era de las planchas!, descubrí cuando pude verlas por debajo a la luz de la ventana?

¡Las dos estaban, por debajo, puro óxido de hierro!

Si fuera solo la más vieja, ya oxidada por los años de uso, creo que no tendría problemas?

¡Pero la nueva no podía aparecer en aquel estado por la mañana!?

Con estropajo agua y jabón hice lo posible para limpiarlas, pero aquel meo de la cama se había ?papado? el niquelado de las dos planchas en menos de una hora de uso?

¡Que jugadas te hace la química!

Las dejé lo mejor que pude, pero la nueva se quedara con el mismo aspecto que tenía la otra antes de haber participado de aquel anómalo teste de resistencia?

Lo de la plancha solo fue descubierto la semana siguiente, cuando la empleada notó que empezaran a ensuciarse los cuellos de las camisas blancas también con la plancha nueva?

El colchón tardó un poco más, pues le habíamos dado la vuelta y, de la mojadura anterior que ya había secado, poco se le notaba ahora.

Ya la sábana nunca más se libró de la obra de arte que le estampara con tanta maestría, y expliqué que aquello fuera por culpa a la plancha vieja?Pero no pasó?

Así fueron, podría decirse, ?disolviéndose? poco a poco, los impactos de aquella que fue mi última meada en la cama.

¡Palabra de honor!
Comentario por José Manuel Casalderrey (23-12-2009 20:31)
2 Esta és una de las anécdotas que más gracia me hizo hasta ahora imaginando las escenas vividas durante el episodio que narra José Manuel.Está mui divertida la história y siempre rio al releerla...
Comentario por ane casalderrey (08-08-2011 02:25)
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