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O recaudador de S Rita
O recaudador de S Rita


Primeira comunion dun fillo de Julio Carus na capilla de Vista Alegre, a estetica e un pouco funebre pero asistian as amigas da aboa do neno. Vemos a figura do monaguillo de sempre...


foto donada por Maricruz-realizada por Carús

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10 Comentario(s)
1 Por sugetión de Paco escogi esta foto para relatar nuestras aventuras dentro de la visión "espiritual" que teníamos los niños en aquellos tiempos.
Bueno, ! no todos claro !
Eran cosas que pasaban casi siempre con mi amigo inseparable.
Paso a contarla, esperando que os guste recordar como eran nuestras travesuras en aquellos tiempos:


Aurelio y yo-“De monaguillos en Vista Alegre”

Desde el campanario de la Iglesia de Vista Alegre, con unos espejitos que daban en la droguería Lens, hacíamos señales con reflejos a las alumnas de las Felipenses durante el recreo.

Y era muy emocionante cuando recibíamos también otros destellos de vuelta que nos hacían las chicas…

Nuestros espejitos eran, para nosotros, algo así como los precursores de los teléfonos móviles de hoy en día…

Durante mi corta carrera de monaguillo, iniciada por sugestión de Aurelio, que ya ejercía tal ministerio a servicio del siempre malhumorado cura Don José, subíamos al campanario para anunciar las actividades de la iglesia, redoblando las campanas con los diversos toques que mi inseparable amigo me enseñaba.

¡Salíamos casi sordos de allí!..., pero nos sentíamos muy importantes comandando tantos decibeles de lo alto del campanario, como maestros regentes, cada uno en su campana, trinando primero la más grave, después la otra más aguda, juntando a seguir ambas al unísono, llamando para la novena de Santa Rita.

De allí, corríamos para la sacristía a vestir nuestros paramentos para ayudar en la celebración de la novena, no sin antes comer unas hojas de pan ácimo, que guardaban para hacer las hostias, y darnos un trago de la botella del estupendo vino tinto que Don José tenía escondido en el armario…

Cuando nos pasábamos del punto en que podría notarse la falta en la botella, simplemente le rellenábamos con agua lo bebido…

Eso fué pasando desapercibido hasta el día en que, al tomarse el cáliz durante la misa, haciendo gestos de quién había notado algo raro allí, Don José nos lanzó, en plena novena, aquella mirada furibunda que lo decía todo…

Sabía, el severo sacerdote, que aquello no podría ser atribuido a otro milagro que estaría ahora transformando el vino en agua de nuevo, al revés de lo que Jesús había hecho en las Bodas de Canaán…

Pero, por otro lado, Don José tampoco tenía pruebas de la autoría de aquel desfalque, de modo que apenas se limitó a guardar su botella “a siete llaves” a partir de aquel día…

La verdad es que nunca en mi vida tuviera la menor vocación para monaguillo.

La idea de recomendarme al cura fuera de Aurelio.

Todo porque aquellas novenas eran frecuentadas por las alumnas de las Felipenses, entre las cuales había dos por quienes curtíamos un amor platónico…

Con aquellas vestes angelicales y ayudando en las misas, queríamos impresionarlas favorablemente, para, quién sabe algún día, confesarles nuestro amor cuando tuviésemos coraje para tanto…

Y fué por causa de eses paramentos que vestíamos que se dio el desastroso fin de mis pretensiones…

Aquel día, como aún nos sobraba tiempo para iniciar el culto, ya vestidos con aquel sobrepelliz blanco lleno de bordados y puntillas, luchábamos a las “tumbas” en la sacristía, retorciéndonos por el suelo, de un lado para el otro, hasta sentir aquel ruido de un enorme rasgón en mi ropa…

Mi sobrepelliz se había rasgado desde la manga hasta más allá de la cintura, por debajo del brazo derecho, sin la menor posibilidad de uso en aquel estado…

Había que encontrar alguna solución rápidamente pues restaban apenas 15 minutos para el inicio de la misa…

-¡Ya sé!,- dijo Aurelio,
-¡Vamos a buscar una aguja e hilo en el convento!.

Fuimos hasta el “torno” por donde atendían las monjas en clausura y muy gentilmente nos entregaron una aguja enhebrada con un largo hilo blanco.

Con nuestras pobres dotes para el arte de la costura, hicimos un remiendo tan mal hecho, que no nos aguantábamos de la risa solo de mirarlo.

Además de los puntos enormes, que dejaban grandes fallas entre las dos partes cosidas, la costura se había fruncido de forma tal a lo largo del remiendo, que la parte de la derecha había encogido casi diez centímetros…

Cuando íbamos a deshacer los puntos para tentar mejorar nuestra obra prima, oímos la voz mal humorada del cura preguntándonos que estábamos esperando para iniciar el culto…

Sin más tiempo para nada, salí para el altar tal como estaba, procurando, sin éxito, esconder el grosero remiendo con el brazo apretado a lo largo del cuerpo, dando la impresión de estar inválido o algo así…

Ninguno de los dos se aguantaba de las ganas de reírse, lo que fue notado por Don José, que nos miraba con desapruebo a cada lance de la misa…

Y…tilín, tilín, tilín…, después del toque de campanillas, allá voy yo para el cambio del libro en el altar, cuando veo Aurelio con la mano en la cara, aguantando la risa al ver aparecer en destaque mi remiendo, cuando retiraba el pesado libro del altar…

Con aquel peso en las manos, sin posibilidad de esconder la cara y explotando de las ganas de reír, me escapó aquel gruñido por la nariz, tan característico de quien no aguantaba mas prender la risa…, lo que hizo con que Don José parase la misa y, sin más ceremonia, virándose para mí dijo, en alta voz, con el brazo extendido en dirección a la sacristía:
“¡En la misa no se ríe!... ¡FUERA!”…

Aún hoy parece que estoy oyendo el eco de aquella voz...
¡Que vergüenza pasé aquel día!.

Allí, en el altar, rojo como un tomate, delante de todo el colegio de las Felipenses, después de dejar el remendado paramento en la sacristía, aún vino la peor parte, que fué recorrer todo el pasillo, por el medio de la iglesia (que se ve en la foto), ante la estupefacta platea que tan bien queríamos impresionar desde el inicio de las novenas…

Aurelio también llevó una reprimenda en la sacristía cuando acabó la misa.

Por ser muy competente, aún continuó con Don José por mucho tiempo.

Cuanto a mí, la desastrosa experiencia me curó, de una vez por todas, de la quimera de causar buena impresión vestido de monaguillo….

Comentario por José Manuel Casalderrey (14-09-2009 01:03)
2 Me olvidé al presentar mi comentario arriba, de mencionar que la ayuda para escoger esta foto fué por sugestión de Paco Salgado y Lolita Camiño, (ver en [6] "Hoyos" de "Vilagarcia de Onte").

A primera vista podria parecer fuera de contexto por el titulo de la foto, pero la encontré muy adequada, como bién resaltara Paco, por la visión de un monaguillo con idéntico sobrepelliz al que fuera usado en la narativa, además de mostrar el pasillo que del altar llega a la puerta de la iglesia.


Comentario por José Manuel Casalderrey (16-09-2009 02:31)
3 Ahora ya estoy habituado a tus comentarios y ya no me sorprende la narrativa. Sigo, seguimos, disfrutando mucho con ellos.
Sigue, sigue, no pares....
Comentario por Paco Salgado (16-09-2009 10:42)
4 Estimado Casalderrey, estoy seguro que nunca nos hemos conocido personalmente, seguramente por diferencia de edad y por frecuentar ambientes diferentes.
He leido algunos de tus relatos y te aseguro que si algun dia los plasmas en un libro yo seré uno de los primeros en comprarlo,
SALUDOS cORDIALES
Comentario por juan leites (17-09-2009 15:01)
5 Gracias Juan, es un elogio y tanto el que me mandas.
Es gracias a "O Faiado" que me puse a escribir sobre mi infancia tan feliz en Villagarcia y, recordar aquellos tiempos está siendo muy gratificante para mi.
Además, gracias a eso, veo que estaré haciendo nuevos amigos como tu ahora.
Un saludo afectuoso.
Comentario por José Manuel Casalderrey (17-09-2009 18:53)
6 José Manuel, tus comentarios son impresionantes. Disfruto muchisimo al leerlos.
Nos haría muchisima ilusión a todos estos Villagarcianos que te decidieses a escribir un libro sobre todas estas vivencias de tu infancia.
Un cariñoso saludo.
Comentario por piluca villaverde (19-09-2009 02:08)
7 Gracias por el incentivo, Piluca.
Vamos a ver si reuno algunos recuerdos más y, quien sabe, compilados, pudiesen resultar en un libro un día.
Por ahora me están haciendo volver en aquel tiempo tan feliz de la infancia...
Saludos
Comentario por José Manuel Casalderrey (19-09-2009 12:48)
8 Claro que sí Jose Manuel, estoy seguro que ademas de los amigos que has dejado en Vilagarcia que veo que son numerosos, a partir de ahora harás muchos mas, y todos esperamos compartir unos poder disfrutar de tu compañia a no tardar mucho.
Nos vemos en Diciembre???
Un saludo Cordial.
Comentario por juan leites (19-09-2009 14:27)
9 Estoy haciendo lo posible para ver si puedo dar una vuelta por ahí antes de diciembre, pois xa non che aguanto muito o viruje...
Comentario por José Manuel Casalderrey (20-09-2009 06:07)
10 que diantres tenia el vino de la comunion que os gustaba a todos, lo digo porque mi marido fue alguna vez monaguillo y hacia lo mismo
muy buena esta tropelia seguir asi, contandonos aventuras de antes que me hace, sin mala fe, comparar vuestra generacion con la nuestra y sin duda era mejor la vuestra
Comentario por conchi abal (11-10-2009 19:17)
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