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O FAIADO DA MEMORIA

Arousán do Ano 2009
Apartado Cultura


A MEMORIA NOS TEMPOS DO VOLFRAM

1º Premio Certamen Etnográfico
Espiello, 2005


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Vuelve el obelisco de las 4.500 pesetas

Olalla Bouza Diario de Arousa

Colaboracion O FAIADO DA MEMORIA

Un acto festivo en la plaza conocida como la “del obelisco”, a donde regresará el monolito o faiado
Dice la canción que las obras quedan las gentes se van. Hace ya muchos años que Ramón Fontenla Búa se fue para siempre pero sus huellas quedaron repartidas entre sus dos patrias, a miles de kilómetros de distancia. Y aunque desconocido, su nombre está hoy de plena actualidad.
Muchos no lo saben pero Ramón Fontenla fue una parte muy importante de sus vidas. Y es que si hay un símbolo querido en Vilagarcía este es el obelisco, que pronto volverá al lugar del que no debería haber salido nunca: La plaza que durante años llevó su nombre y se convertió en escenario para el recuerdo de generaciones enteras de vilagarcianos.
Pero esta historia comienza en 1932, cuando el Ayuntamiento de Vilagarcía, del que entonces era alcalde Elpidio Villaverde, saca a licitación la construcción de un monolito para la Plaza de la República (hoy de Galicia). Además de Fontenla Búa, optaron a esta obra conocidos canteros como Miguel  Sanmartín o Mariano Alba.
El obelisco fue adjudicado el 23 de mayo de 1932 por un presupuesto de 4.500 pesetas y acabó de construirse en lo que hoy en día sería un tiempo récord: Tres meses. Desde entonces forma parte de la vida y los recuerdos de la ciudad y sus habitantes y se ha ganado un sitio importante en la historia urbanística.
Javier Porras recoge en su obra un pasaje cotidiana de la vida vilagarciana en la década de los 50 del pasado siglo: La regulación del tráfico por los guardias municipales desde el pedestal de este monolito.
Una imagen que no pudo ver Ramón Fontenla. Aunque argentino de nacimiento, su familia era de Carril, localidad a la que regresaría siendo muy joven y donde contraería matrimonio con María Abuín, otra carrilexa que le convirtió en padre de sus cinco hijos. El estallido de la guerra civil española lo sorprendió en Buenos Aires realizando unas gestiones. No lo dudó, enseguida inició los trámites para que su familia pudiese reunirse con él y escapar del horror bélico.
Del puerto de O Cavadelo partió una familia entera rumbo a los paisajes de La Plata. Allí iba Juana, una de las hijas de Ramón y una mujer que siempre guardó en su interior a la niña que desde la cubierta de un barco dijo adiós a la Vilagarcía a la que nunca pudo regresar. Sí lo hizo su padre, que en 1952 visitó el panteón que le construyó a su madre, María Búa. Otro trabajo que salió de sus manos de oro, el obelisco, regresará pronto a su plaza original. Así lo decidió el Concello sin saber que casi al mismo tiempo y en otra patria nacía el tataranieto de su creador, hijo de su bisnieta Sabrina y con nombre de campeón: Valentino

Comentarios (4) - Categoría: Os Artigos do Faiado - Publicado o 16-11-2014 08:03
TODOS INVITADOS

Xa sabedes que Olalla desde o Diario de Arousa escribe os artigos do Faiado, polo tanto non a imos sentir axena a nos, O venres vinteun presenta un poemario que seu pai deixou escrito cando finou, eso e unha invitacion para dita presentacion. A vosa compañia nos gusta.
Comentarios (0) - Categoría: Os Artigos do Faiado - Publicado o 12-11-2014 08:24
La “ciudad jardín” de A Lomba: El primer gran sueño del nuevo urbanismo de Vilagarcía.

Reportaxe de Olalla Bouza en colaboracion co Faiado da Memoria.
Diario de Arousa
La ciudad comenzaba a cambiar, para bien y para mal, hacia un nuevo urbanismo que la alejaba de aquella villa bañada por el mar y uno de los grandes proyectos de esta era fue “la ciudad jardín” de A Lomba, formada en su mayoría por chalets adosados en la que residieron funcionarios municipales y de otras administraciones establecieron d s.
El proyecto se anunció en abril de 1955 por un presupuesto de 3,9 millones de pesetas. “Cuando se tracen y acondicionen las calles y estén en funcionamiento todos los servicios inherentes a este magnífico grupo de viviendas es indudable que aquella extensa y hermosa zona cobrará no solo un valor urbanístico sin parangón en Vilagarcía sino también que ganará mucho en belleza”, señalaba El Pueblo Gallego en 1956.
Finalmente el proyecto se hizo realidad, los chalets se conviertieron en hogares y uno de los niños que correteó por aquellos jardines fue Moncho Paredes, que recuerda perfectamente la distribución de las casas. La primera, entrando por Matosinhos, era la de José Bazaco, “que era única”, y en esa zona vivían también César Morales, Celestino Ramos, Francisco Pérez (militar), Enrique Meyer (cargo del Ministerio de Vivienda), Manolo Novo (empleado municipal), José Fernández (de obras del Puerto), Emilio Pérez Antelo, José Burés y Enrique Melio (empleados municipales). En la zona central, relata Paredes, se situaban las casas de Antonio Villaronga, Paulino Piñeiro (juez), Manuel Trillo (practicante), Fole (empleado de la banca), Francisco Novoa, Moncho Paredes (padre), Teófilo Sábchez, Francisco Mouriño (militar), Jesús Castro, Luis García y Luis Blanco (guardias municipales) y Antonio Bugallo, cuya casa ponía punto y final a este área. “En la fila de la izquierda la primera casa individual era la de Antonio Ricoy, seguida por la de Joaquín Durán (guardia municipal que luego expendía carnets de identidad), después la de Octavio del Río (aparejador), las siguientes eran las de Avelino Campos (ferroviario), Antonio del Río (fontanero), José Casal, Francisco Somozo y Miguel Martín (guardias municipales), Eduardo Núñez y Manuel Rey (empleados del Ayuntamiento), Manuel Barranco (guardia), José Mondragón y por último la de José Ramos, que estuvo poco tiempo y luego la casa la habitó Enrique Villaronga” explica Paredes.
Comentarios (1) - Categoría: Os Artigos do Faiado - Publicado o 26-10-2014 05:23
OASIS DE AMOR EN TIEMPOS DE GUERRA

Comentarios (1) - Categoría: Os Artigos do Faiado - Publicado o 15-09-2014 18:18
A Compostela, esa playa que Vilagarcía pudo perder por un recibo de 150 pesetas

Artigo de Olalla Bouza no Diario de Arousa en colaboura co Faiado da Memoria


Se dice en honor a Santa Rita que lo que se da no se quita. Pero este dicho no lo tuvo en cuenta el gobierno municipal de 1954, pese a la estrecha relación de Vilagarcía con la sufrida mártir. Y ese olvido a punto estuvo de echar al traste con otro de los símbolos de la capital arousana.
La playa de A Compostela fue desde principios del siglo XX el motor turístico de la ciudad y signo inequívoco de su relación con Santiago. El arenal formaba parte de la enorme finca que poseía Joaquín Martínez García y que enlazaba con el Jardín de Artímez y con el monte Xiabre hasta que quedó cortada por la vía férrea y por la carretera.
La historia de cómo la playa pasó a formar parte del patrimonio público se remonta a 1929 y la relata la revista Chan, dirigida por Raimundo García Borobó, en su número 32 de agosto de 1970. Transcurre “en 1929, siendo alcalde de Vilagarcía Enrique Rodríguez Lafuente. Las gestiones por parte de la Corporación las lleva don Jacobo Rey Daviña, ilustre romano. La Vilagarcía de la Dictadura quiere conservar el parque y la playa para disfrute y solaz de propios y extraños. Se necesitan unos medios económicos que en las aras no había. Entre vendedor y comprador se establece un acuerdo que hacía posible tal adquisición. El Ayuntamiento entregaba 125.000 pesetas, reconociendo que era solamente una parte de su valor. Como compensación se comprometía a no imponer ningún gravamen ni arbitrio especial, ya por obtras o servicios que pudiera hacer o implantar o bien por incremento de valor”.
El problema llegó en 1954, siendo alcalde Victoriano Piñeiro, cuando el gobierno local se empeñó en cobrar 150 pesetas  al propietario por “entrada de carruajes”. El afectado recurrió al informe de un especialista, que concluyó que el acuerdo de compraventa era ilegal.  La situación dejaba al Concello con dos opciones: Perder la playa o pagar 34 millones de la época. La revista Chan relata que fue “la postura de los herederos” la que mantuvo A Compostela. “Moralmente no le podemos hacer eso al pueblo de Vilagarcía”, dijeron
Comentarios (5) - Categoría: Os Artigos do Faiado - Publicado o 22-06-2014 06:09
A Casa dos Villar

Reportaxe de Olalla Bouza no Diario de Arousa ca colaboracion do Faiado da Memoria
Comentarios (1) - Categoría: Os Artigos do Faiado - Publicado o 01-06-2014 09:56
Lobeira, el tesoro que no se acaba de descubrir

Inauguración de la Cruz de Lobeira en septiembre de 1895 o faiado da memoria

Artigo de Olalla Bouza no DIARIO DE AROUSA

Ha pasado más de medio siglo desde que en Vilagarcía se puso en marcha una iniciativa para construir un monumento en el mirador de Lobeira. Fue a mediados de los cincuenta de la pasada centena pero a día de hoy los términos de la discusión en torno a este pasaje y otros de la comarca sigue siendo el mismo: Escasa información, poca difusión y necesidad de promover la historia que se esconde tras sus piedras.
“Pasaron quizá dos años (o más) de que en un céntrico comercio de la localidad se había exhibido el proyecto de un monumento al Sacratísimo Corazón de Jesús de grandes proporciones que se pretendía erigir en la cúspule del monte de Lobeira”, se aseguraba en un artículo de prensa en julio de 1955, a la par que se lamentaban de que todavía no había más noticias sobre dicha iniciativa.
Lo cierto es que el mirador de Lobeira motivó varios artículos en la prensa de la época y se convirtió en el destino de una gira organizada por el Recreo Liceo que congregó, aseguraba un periódico el 20 de julio de 1955, a “millares de personas”, muchas de las cuales “descubrieron ayer toda esta espléndida belleza que tenemos a mano y a la que no damos todo el gran valor turístico que realmente tiene”.
Los accesos al Monte Lobeira, que todavía hoy siguen siendo objeto de inversiones públicas, fue el objeto de un artículo que Jesús Diéguez Patiño escribió en mayo de 1956 y en el que criticaba el “lamentable” estado de la calzada en la Avenida Agustín Romero y llegaba a asegurar que “tanto es así que estamos seguros de que no habrñiamos llegado arriba si Sampedro, el chófer del taxi, no sacrificara su vehículo para poder brindar a los visitantes la oportunidad de disfrutar de la paradisíaca visión que desde la Cruz de Lobeira domina”.
El monumento en el mirador de Lobeira, que finalmente se dedicó a las víctimas del mar, se inauguró en septiembre de 1961 gracias a la labor de una comisión de la que formó parte Valentín Viqueira y con la que colaboró el escritor Álvaro Cunqueiro. Consistió en una gran placa de bronce que sustituyó a otras de mármol que hacía referencias a diversos naufragios y que con el tiempo se perdieron. Los actos comenzaron con una misa e incluyeron el fondeo de un buque de guerra.
El acto sirvió para que en la prensa de la época se hiciese referencia a la historia que se esconde tras las piedras del monte. “En aquella espléndida atalaya, desde la que fue anunciada a Sisemando, obispo de Iria, la llegada de los depredadores normandos”, se escribía en un periódico en el que también se animaba a investigar “su riqueza prehistórica y ahora que se han descubierto los cimientos de la antigua fortaleza de Lobeira, tantas veces citada en la historia medieval de Galicia, el descubrimiento debe consolidarse para que pueda ser contemplado”. Un mensaje más que actual.
Comentarios (5) - Categoría: Os Artigos do Faiado - Publicado o 25-05-2014 07:21
La Prosperidad, un barrio de cine sin final feliz

Na imaxen Mon Gomez e a sua dona Pilar Buhigas no dia feliz da sua voda, a fotografia é no barrio da Prosperidade, na casa dos Garcia Reboredo, a casa de Pilar na que veu o mundo e se criou

REPORTAJE O. BOUZA |COLABORA O FAIADO DA MEMORIA

Si algo tiene Vilagarcía que la hace diferente es su espontánea capacidad para mezclar antagónicos entornos y ambientes. Una cualidad que mantiene con el paso del tiempo y que en su momento se plasmó en uno de sus barrios más emblemáticos, el de “la Prosperidad”. En la avenida que lleva a Carril se crió Pilar Buhigas que con los ojos de una niña describe el escenario donde conoció el amor rodeada de vizcondesas y mantidas.
Todo empezaba en una pequeña laguna a donde iban a lavar la ropa. “Isabel Campos, Casilda, Nieves, la madre de Guillermo el de la notaría”, recuerda Buhigas, que señala que la primera casa era “la de Cachúmbala, luego estaba la de Olimpio Pérez Blanco y luego la nuestra, que también era de señor Olimpio pero mi abuelo, Luis García Reboredo Isla, la compró y la reformó. Le puso la terraza que da a la carretera e hizo la galería de atrás”. Más adelante estaba la casa de “la suegra de Poyán, que le llamaban Muñequita porque era muy guapa, y allí tiene venido de pequeña María Teresa Fernández de la Vega”. La vizcondesa de Llanteno, que “se pintaba las piernas y tenía una hija actriz” y las mantidas, que se alojaban en la planta de arriba de la casa de Enrique Campos eran otros de los personajes de un barrio de cine donde Pilar paseaba a las cabras de su tío y conoció a su marido, Ramón Gómez, vecinos puerta con puerta. Muchas de aquellas casas fueron víctimas de la piqueta o de las llamas. O de ambas. No hubo final feliz para “la Prosperidad”.
Comentarios (1) - Categoría: Os Artigos do Faiado - Publicado o 20-04-2014 07:26
Adalbert Laffon: El pronazi que encontró refugio en Carril y dejó una huella de ostras

Adalbert Laffon, con una característica vestimenta, muestra una ostra de su criadero

Reportaje de Olalla Bouza Diario de Arousa en colaboracion con el Faiado de la Memoria


Bikinis y ostras. Ese fue el legado que la familia Laffon dejó en Carril, lugar en el que se refugiaron tras huir de la Francia liberada. Adalbert Laffon era un pronazi que creció al amparo del régimen de Vichy y que abandonó su Bretaña natal sobre 1944 refugiándose en los paisajes que miran a la paradisiaca Cortegada.
Aunque su llegada no fue del todo bien recibida por unos carrilexos que temían una invasión francesa siglo y medio después de Napoleón Bonaparte. Y es que la llegada de Adalbert Laffon con su mujer Gracia y sus cuatro hijas, Solange, Rocío, Nadine y Cuqui, que destacaban por su belleza, no pasó inadvertida en el siempre suspicaz Carril, especialmente cuando comenzó a hacerse con una de sus riquezas más preciadas.
Poco después de llegar, Adalbert Laffon se hizo con cuatro viveros ubicados en la zona que hoy ocupa el bar Loliña (muy cerca de donde vivía esta familia francesa). La “operación” mereció incluso que se hiciera sonar la campana, símbolo inequívoco de que las alarmas se habían disparado.
Finalmente no fue necesaria ninguna guerra de independencia. La compra de Laffon sirvió para introducir en las aguas arousanas un cultivo del que luego vivirían generaciones enteras de carrilexos: La ostra. “Nos dio la vida”, recuerda Pilar Diz, cuñada de Juan Castromán, que fue contratado por el francés para llevar su barco, al que le puso de nombre como una de sus hijas, Rocío.
Fueron precisamente las cuatro jóvenes hijas del matrimonio las que causaron una segunda revolución en toda Vilagarcía, aunque esta no fue de tipo económico sino más bien en el ámbito de la moda. Y es que el bikini llegó a la Compostela de la mano de Rocío, Nadine, Solange y Cuqui.
La belleza de estas cuatro mujeres traspasó las fronteras arousanas. Y es que la familia Laffon no se afincó definitivamente en Carril y las crónicas de la época los sitúan en un paraíso bien distinto, Ibiza, allá por los años sesenta. Así lo cuenta en un diario local el escritor Fernando Guillén de Castro, quien asegura que Solange Laffon (“joven, cenceña, siempre sin maquillaje alguno”) fue el gran amor de uno de los hombres más influyentes de la literatura española del siglo XX, Juan Benet. No fue la única musa de la familia. Rocío Laffon protagonizó una trágica historia de amor con el autor de “Tiempo de Silencio”, Luis Martín Santos. Se casaron en 1953 y tuvieron cuatro hijos. Una década después, ella moriría en un escape de gas. Al año siguiente, él siguió sus pasos al no lograr superar las graves secuelas que le dejó un accidente de tráfico.
Comentarios (2) - Categoría: Os Artigos do Faiado - Publicado o 13-04-2014 07:23
Pirotecnia Valladares y su último combate fatal


REPORTAJE O. BOUZA | DIARIO DE AROUSA
Colaboracion O FAIADO DA MEMORIA


Una profecía situó el fin del mundo el 14 de junio de 1960. Por ello cuando en la tarde del 17 los vilagarcianos escucharon un fuerte estruendo no fueron pocos los que pensaron que todo se acababa. Las imágenes que se vieron a continuación no despejaron estos presagios. Eran las seis menos diez de la tarde. Isabel Garrido estaba leyendo una novela en su casa en Carril. “Salí a la calle y todo el mundo corría hacía Vilagarcía”, recuerda en el blog de O Faiado. La explosión se produjo a kilómetros, en el barrio de As Carolinas. Pirotecnia Valladares libraba su último combate y en él fallecían siete miembros de la familia que hizo soñar a generaciones enteras de vilagarcianos en las noches de verano. “Los muertos son Ramón Emilio Valladares Monteagudo, de 70 años, su esposa, Jesusa Carballido, de 75, un nieto de este matrimonio, Rogelio Presas Valladares, de 19, la hermana de éste, María del Carmen Presas Valladares, de 16; Dolores Emilio y Alicia Valladares Carballido, hijos del matrimonio, y un cuerpo sin identificar que se supone corresponde a un operario de taller conocido por el Sordo”. Así lo contaba el ABC, que destacaba el valor del guardia Roque López y de Juan Lorenzo, que fueron los primeros en entrar a ayudar. Pudieron rescatar a Eduardo Valladares. Su sobrina, Alicia Presas, se encontraba al lado, en casa de otra familiar. Cándido Castro estaba en San Roque. Ambos se cruzaron con un isocarro (un remolque tirado por una moto) del que sobresalían unas piernas chamuscadas. Un recuerdo grabado a fuego en sus retinas.
Comentarios (3) - Categoría: Os Artigos do Faiado - Publicado o 30-03-2014 08:54
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