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Elucubraciones de unos lunaticos

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La novia

Él:
¡Calla, digo!
Ella:
Con los dientes, con las manos, como puedas. quita de mi cuello honrado el metal de esta cadena, dejándome arrinconada allá en mi casa de tierra.
Y si no quieres matarme como a víbora pequeña, pon en mis manos de Ella el cañón de la escopeta.
¡Ay, qué lamento, qué fuego me sube por la cabeza!
¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Él:
Ya dimos el paso; ¡calla! porque nos persiguen cerca y te he de llevar conmigo.
Ella:
¡Pero ha de ser a la fuerza!
Él:
¿A la fuerza? ¿Quién bajó primero las escaleras?
Ella:
Yo las bajé.
Él:
¿Quién le puso al caballo bridas nuevas?
Ella:
Yo misma. Verdad.
Él:
¿Y qué manos me calzaron las espuelas?
Ella:
Estas manos que son tuyas, pero que al verte quisieran quebrar las ramas azules y el murmullo de tus venas.
¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!
Que si matarte pudiera, te pondría una mortaja con los filos de violetas.
¡Ay, qué lamento, qué fuego me sube por la cabeza!
Él:
¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Porque yo quise olvidar y puse un muro de piedra entre tu casa y la mía.
Es verdad. ¿No lo recuerdas?
Y cuando te vi de lejos me eché en los ojos arena.
Pero montaba a caballo y el caballo iba a tu puerta.
Con alfileres de plata mi sangre se puso negra, y el sueño me fue llenando las carnes de mala hierba.
Que yo no tengo la culpa, que la culpa es de la tierra y de ese olor que te sale de los pechos y las trenzas.
Ella:
¡Ay que sinrazón! No quiero contigo cama ni cena, y no hay minuto del día que estar contigo no quiera, porque me arrastras y voy, y me dices que me vuelva y te sigo por el aire como una brizna de hierba.
He dejado a un hombre duro y a toda su descendencia en la mitad de la boda y con la corona puesta.
Para ti será el castigo y no quiero que lo sea.
¡Déjame sola! ¡Huye tú!
No hay nadie que te defienda.
Él:
Pájaros de la mañana por los árboles se quiebran.
La noche se está muriendo en el filo de la piedra.
Vamos al rincón oscuro, donde yo siempre te quiera, que no me importa la gente, ni el veneno que nos echa.

Ella:
Y yo dormiré a tus pies para guardar lo que sueñas.
Desnuda, mirando al campo, como si fuera una perra, ¡porque eso soy! Que te miro y tu hermosura me quema.
Él:
Se abrasa lumbre con lumbre.
La misma llama pequeña mata dos espigas juntas.
¡Vamos!

Ella:
¿Adónde me llevas?
Él:
A donde no puedan ir estos hombres que nos cercan. ¡Donde yo pueda mirarte!
Ella:
Llévame de feria en feria, dolor de mujer honrada, a que las gentes me vean con las sábanas de boda al aire como banderas.
Él:
También yo quiero dejarte si pienso como se piensa, pero voy donde tú vas.
Tú también. Da un paso. Prueba. Clavos de luna nos funden mi cintura y tus caderas.

Ella: ¿Oyes?

Él: Viene gente.

Ella:
¡Huye! Es justo que yo aquí muera con los pies dentro del agua, espinas en la cabeza.
Y que me lloren las hojas.mujer perdida y doncella.
Él: Cállate. Ya suben.

Ella: ¡Vete!

Él: Silencio. Que no nos sientan.
Tú delante. ¡Vamos, digo!

Ella: ¡Los dos juntos!

Él: (Abrazándola) ¡Como quieras! Si nos separan, será porque esté muerto.
Ella: Y yo muerta.
Categoría: General - Publicado el 08-07-2016 10:18
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