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<description>El arte de vencer se aprende en las derrotas.
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   <title>Revolta 08 - 3ª Edición</title>
   <description><![CDATA[<div align=justify><br />
<i>Se acerca el momento...<br />
<br />
Ya pasaron muchos años desde que combatimos en Monterrei. Ahora tenemos la oportunidad de vengarnos de nuestras heridas. El arzobispo Fonseca y Pedro Madruga se reunirán en el castillo. Nuestra oportunidad está al caer...<br />
<br />
Organizados esta vez como una escuadra, los Kellae volvemos a la batalla. <br />
<br />
El líder, Xan (Rubén), con un carisma y táctica en la batalla que inspira a los que le rodean.<br />
<br />
El maestro de armas, Breogán (Francho), sargento de la división y el animal de los Kellae.<br />
<br />
Los soldados, Damián, Silvia, Pese y (esperemos que coja plaza) el antaño trovador Chuck. Su aguante es casi legendario, sobreviviendo con un mínimo de armadura donde otros más acorazados cayeron.<br />
<br />
Estos son los guerreros. La batalla es su destino...<br />
</i><br />
<br />
<br />
Revolta Irmandiña 2008. Los días 26, 27 y 28 de Septiembre. Será legendario...</div>]]></description>
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   <category>2-> Novas</category>
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   <pubDate>Tue, 19 Aug 2008 19:22:00 +0100</pubDate>
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   <title>A Revolta Irmandiña</title>
   <description><![CDATA[<div align=justify>-	Catapulta!!!!<br />
Sudor. Sangre. Barro. Excrementos. Todo se mezcla. El hedor de la batalla. Gritos de dolor y desesperación se confunden con los de ira y euforia. El cansancio se hace notar en ambos bandos. <br />
No habrá refuerzos para nadie en este día. No los hay. No queda gente para morir. Los líderes de cada bando observan tensos desde retaguardia. La balanza no parece caer hacia ningún lado. La mayoría morirá en esta mañana. Ellos lo ven. Los que luchan lo sienten. <br />
En el frente más bajo del campo de batalla un hombre comienza a sentir que su hora se acerca. Múltiples heridas recorren su cuerpo. La cota de malla está destrozada en los puntos donde le salvó de una muerte segura. El hacha que empuña gotea sangre. La vista se le comienza a nublar. El inclemente sol le golpea como un mazo ardiente. Sus enemigos pueden verlo. <br />
Hecha un rápido vistazo a sus compañeros de batalla. El hombre de su derecha sigue ahí. No conoce su nombre. Pero no importaba. Luchó a su lado durante estos último días. Se protegen. Sangraron juntos. Él lo llama “Dereita”. A él lo conoce por “Machado”. No hace falta más. Pensó en las muchas veces que ese hombre le había salvado la vida. Juntos abatieron a muchos enemigos.<br />
Un giro de cabeza para observar a la gente de la izquierda. Ya no está quién buscaba. Su hermano estaba en otro lado. Combatiendo o abatido por sus enemigos. No lo sabe. Una fiera guerrera estaba allí. Gritaba con furia mientras detenía las estocadas de sus enemigos con el escudo. Su cara le sonaba del campamento. No sabe nada de ella. Por su aspecto podría haber sido una baja burguesa. Tal vez en otra vida. Ahora era una guerrera. Una más luchando en un ejército basado más en motivaciones que en habilidad bélica.<br />
El flanco estaba muy débil. De los muchos hombres y mujeres que comenzaron la batalla ahora solo quedaba una línea de combate. Una frágil línea que les separaba de la destrucción total. No había refuerzos para ellos. Ya no.<br />
Pero su enemigo también estaba débil. Sus caras estaban cargadas de agotamiento y las armas temblaban en sus manos. Luchaban con fiereza intentando no ceder ante los irmandiños, pero según avanzaba la batalla se vieron forzados a retroceder lentamente, muy lentamente. Pero eso les estaba salvando la vida. Fueron muy castigados desde el principio de la batalla y si no fuese por el muro posterior contra el que ahora se apoyaban ya se habrían quebrado hacía tiempo. Pero en ese lado eran los que quedaban. No había retirada posible. No había refuerzos para ellos. Ya no.<br />
Otro aviso. Otro silbido del proyectil de catapulta. Las tropas irmandiñas saltan hacia los lados intentando apartarse de su trayectoria. Pero no todos son lo suficientemente rápidos para apartarse y otro valeroso guerrero cae bajo el peso de una roca. Durante toda la batalla las catapultas hacían flaquear las fuerzas irmandiñas una y otra vez. El frente se rompía a cada nuevo ataque para luego intentar recomponerse. Muchas veces con gente de menos para rellenar los huecos. La adrenalina no permitía que el pánico se apoderase de ellos, pero este esperaba bajo la superficie a la menor oportunidad para dominarles. Debían aguantar. No había otra opción.<br />
El guerrero tomó una nueva bocanada del viciado aire que le rodeaba. Cada vez le costaba más hacerlo. El peso del hacha parecía aumentar a cada segundo que pasaba. Al comienzo de la batalla la ira y su propia fuerza le permitían blandirla a una velocidad imposible. Ahora no creía poder realizar más de dos o tres ataques antes de que sus manos no tuviesen fuerzas suficientes para sostenerla. <br />
A lo lejos escuchó un grito. Una voz que le resultó familiar. Un grito de venganza. Solo tuvo tiempo de observar un segundo en aquella dirección. El joven Carlos acababa con una soldado enemiga. Una enemiga que aun tenía la espada manchada de la sangre de su hermano. Xan caía hacia atrás dejando un rastro carmesí. Carlos recibió un ataque directo al pecho que le desgarro la carne.<br />
La ira llenó al joven guerrero. Gritando como una bestia se enfrentó al enemigo con una fuerza abrumadora. Pero la ira también ciega y Breogán no vio el ataque hasta que fue demasiado tarde.<br />
Mientras cae, una imagen se cruza por su cabeza. Algo tenue. Fugaz. Intenta recuperarse. Pero no es capaz. Su mundo se nubla. La vista se le oscurece, reduciéndole el margen visual. Todo comienza a moverse lentamente. Cada vez a menor velocidad. Los gritos y el ruido de la batalla se alejan. La voz de Dereita y de la muchacha del escudo le llegan como ecos lejanos que casi no distingue. Los recuerdos de estos últimos días vuelven a él ocupando su mente por completo.<br />
 <br />
<br />
-	Motivador, no crees hermanito?<br />
-	Si. Este Lanzós sabe dar buenas arengas. De todas formas me fijé en que el ejército está un poco… fragmentado. Parece que estas últimas semanas hubo algunos roces entre ellos.<br />
-	¿Qué esperabas? Aquí se mezclan mendigos con hidalgos, marineros con burgueses, campesinos con bachilleres. No todos se llevan bien. Ni siquiera por una causa común. Solo espero que al menos nos olvidemos de qué es cada uno cuando veamos que el color de la sangre es siempre roja.<br />
No conocían a casi nadie. Solo un par de hidalgos y algunos muchachos que habían compartido su viaje desde Vigo. Además de Xan el trovador. Fiel amigo suyo desde hacía años. Desde la expulsión de los nobles. <br />
Eran muchos en el campamento. Y muchos no los veían con buenos ojos. En las últimas batallas no todos los hidalgos demostraron ser de fiar, llegando a estar a punto de traicionar a la hermandad algunos de ellos. Política. Siempre estaba la política metida de por medio. Mientras pensaban esto comenzaron las pruebas para la elección de los delegados militares.<br />
Puntería; tiro con arco y de lanza. Velocidad; carrera. Fuerza; tirar de la cuerda. Destreza; combate con espada y lucha sobre el potro. Se probarían las artes de combate. Ellos solo destacaron en dos. Xan, el joven y más ágil de los dos hermanos venció en la prueba de velocidad. Breogán, un año mayor y de también mayor fortaleza venció en la de fuerza.<br />
En las pruebas también conocieron a algunos de los que serían sus compañeros de los días que estaban por venir. Valerosas guerreras. Diestros luchadores. Algún hidalgo de pura cepa. Una joven muchacha más diestra de lo que ella creía. Muchos nombres para aprender. Muchos que tal vez al día siguiente caerían olvidados en el campo de batalla.<br />
Sería más fácil conocerles por su forma de ser. El que quedó como delegado militar parecía un buen hombre. Se apellidaba Do Barro si le entendieron bien. Sería más fácil recordarlo por “Sargento”. <br />
La que más llamó su atención fue Mina. Una muchacha que tenía facilidad para quedarse bien anclada al suelo. Hermosa y jovial. Su alegre risa parecía no encajar en un lugar como aquel. Pero luchaba bien. No cedía un ápice y bloqueaba la mayoría de los ataques. Su escudo parecía tener vida propia. Breogán la vio con ternura y tristeza. Una muchacha como ella no debía morir en un lugar como aquel. <br />
Él y su hermano ya habían luchado en muchos campos de batalla. La locura que acompaña a la lucha, los gritos y el miedo. Habían vendido su espada muchas veces al mejor postor. Luego llegaron las batallas irmandiñas y con ellas lograron lo que habían ansiado durante años… venganza. Pero no fue completa. Una vez más debían luchar. Estos dos años solo fueron un pequeño descanso en un camino de sangre. Debían combatir otra vez contra aquellos que habían huido con el rabo entre las piernas. Y no podían perder. Si eso sucedía era mejor morir en la batalla que enfrentarse a lo que vendría después.<br />
----------------------------------------------------------------<br />
Cayó la noche. Las pruebas y el entrenamiento de batalla terminó. Tendría que bastar. El resto se aprendía en el campo de batalla. Los supervivientes se volverían más diestros luchando juntos. Los muertos no tendrían más oportunidades. <br />
El plan de batalla para el día siguiente parecía bueno. Su cuadrilleiro, Xan de Albán, que comandaba a hidalgos y burgueses, se lo había explicado. Tras discutirlo durante mucho tiempo acabó por perfeccionarse. Esperaban que funcionase. <br />
A ellos les tocaba el oeste del castillo. Los mendigos y trovadores irían apoyados por parte de los burgueses. Juntos debían coger a las tropas nobiliarias por el flanco y destrozarles rápidamente. Mientras ellos debían esperar. Debían esperar sus noticias sin saber nada de ellos. Si iba bien luego ellos atacarían al enemigo desde otro flanco y así destrozarle entre dos frentes. Si funcionaba tomarían la armería y la entrada principal al castillo. Si no era así mucha gente moriría. Los mendigos y trovadores eran los que más se arriesgaban. Si encontraban demasiada resistencia sufrirían. Y mucho.<br />
---------------------------------------------------------------<br />
Breogán suspiró tras tumbarse en su lecho. Estaba cansado. Y no era por el ejercicio de la tarde. El juicio le agotó. No se hizo más que discutir y dejar en evidencia las grandes diferencias en el ejército irmandiño. Llegó a sentirse rodeado de hostilidad por todos lados, excepto por el de los mercenarios. No porque les cayesen bien los hidalgos, sino porque estaban contratados por ellos para quedarse en la Irmandade y, según Victoria y el “Hombre Preocupado”, para proteger a los hidalgos…<br />
Por un momento el oscuro guerrero creyó que tal vez tuvo razón. Solo por un momento. Un momento de debilidad. Un momento que recordaría para no volver a pasar por él.<br />
Al final la cosa no fue tan mal. Los mercenarios se quedaban. Ellos sobrevivirían una noche más… o eso esperaban. Pobre de los que intentaran asaltar su tienda mientras dormían. Su espada reposaba junto a él. Solo sentía que si la cosa seguía así al día siguiente moriría mucha gente. Y sería de un solo bando. <br />
La noche tardó en pasar. Al parecer hubo incursores del bando malfeitor. La gente hablaba de cazarrecompensas y  de fuerzas especiales de asalto venidas desde Castilla. Hubo algún que otro asalto y la única baja fue del bando enemigo. Un incursor se quitó la vida de una forma cobarde en cuanto se vio atrapado. Si en cuanto se ven en apuros se suicidan tal vez no fuera un ejército tan fuerte y valiente como se contaba. Miedo a la tortura y a delatar a los suyos. Al día siguiente no habría forma de huir del miedo… El miedo iría a por ellos.<br />
El último pensamiento de Breogán antes de quedar dormido era mucho más tranquilizador. Y hermoso. Mina. Así se llamaba la muchacha de la túnica granate que habían conocido durante la batalla. Ella y sus botas de “anclaje”. Sonrió. Su voz sonaba aún dulce y cálida en su memoria. Una profunda inspiración. Despejó su mente. El sueño no tardó en envolverle.<br />
 <br />
<br />
No sabían cuanto llevaban esperando. A ellos les pareció una eternidad. Ni una noticia. El explorador volvía siempre sin noticias de los trovadores y mendigos. Xan de Albán estaba nervioso. Estaban al final del “Camiño Real”. Más adelante el estrecho camino se ancheaba hasta llegar a un cruce. Hacia la derecha se iba hacia la armería y los puntos de ataque posteriores. Hacia la izquierda se subía hasta la entrada principal y la parte frontal del castillo.<br />
Había tropas Fonseca cubriendo el camino hacia ambos lados. El explorador no pudo distinguir cuantos eran. Podían ser decenas. Podían ser menos de diez. En ese momento podían estar flanqueándoles y seguían sin saber nada de los trovadores. El explorador regresó a la carrera bajando por un terraplén.<br />
-	Infantería, señor. Fonsecas. Salen del castillo hacia donde deberían estar los demás. Llevan armadura pesada. El suelo se estremece con sus pasos. Los van a destrozar.<br />
-	¡Maldita sea!<br />
-	Y hay más. Un pequeño grupo se dirige hacia aquí.<br />
-	¿Cuántos son?<br />
-	Una avanzadilla. No más de seis o siete.<br />
-	Intentan atraernos a terreno abierto.<br />
En cuanto acabó la frase unos soldados nobiliarios bajaron hacia ellos por el cruce. Parecían confiados. Sus armaduras eran de placas de acero y cuero negro. Tenían aspecto de tropas de élite. Debían de ser las tropas de asalto de Fonseca. Se acercaron a menos de cinco metros de los guerreros irmandiños y parecían contarlos. Comenzaron a hablar entre ellos.<br />
-	Hum… No son gran cosa. ¿Cuantos serán? Uno, dos,… unos veinte y pocos. Creo que podremos con ellos…<br />
-	¡Te voy a dar yo lo tuyo, cabrón!<br />
El explorador se calentaba con facilidad. El y otros dos salieron de las filas irmandiñas gritando a por los Fonseca. Estos dieron media vuelta y huyeron corriendo por donde vinieron. A duras penas Xan de Albán consiguió detener la persecución. Intentaban atraerlos a una trampa. Eso parecía. Debían salir de allí e ir a ayudar a los trovadores y a los mendigos. Solo les quedaba una alternativa. Bajar al pueblo y subir por el camino de pastoreo hasta el otro lado, donde sus compañeros luchaban y morían.<br />
---------------------------------------------------------------<br />
El combate era brutal. El espacio para luchar mínimo. Era su primera batalla después de varios años. Los irmandiños eran más numerosos, pero el enemigo estaba muy bien armado. Armaduras pesadas que conseguían detener los golpes que sus diestros usuarios no paraban. Eran tropas de élite. Los irmandiños eran gentes normales que pocas batallas habían presenciado. Hasta la llegada de los refuerzos de los burgueses y los fidalgos iban perdiendo terreno. Luego solo lograron mantenerlo.<br />
Pero lo hacían bien. Las tropas de asalto de Fonseca era su enemigo. La rabia era su aliada. Luchaban lobos contra perros adiestrados. Unos tenían su instinto y una ira salvaje que les daba fuerzas. Los otros tenían un fuerte entrenamiento y experiencia de combate. Pero no por ello dejaban de sorprenderles en ocasiones algunas de las maniobras de los inexpertos combatientes irmandiños.<br />
La carcajada de dos irmandiños en medio de la lucha fue un sonido extraño. Las caras de los soldados que luchaban enfrente mostraban incredulidad mientras uno de sus compañeros caía muerto al suelo. Mina había llegado cargada de adrenalina a la primera fila. Sin pensárselo se adelantó a los suyos. Salió de la formación y ella sola se enfrento a tres de los Fonseca. Estos quedaron paralizados ante la sorprendente situación sin saber qué hacer. Uno de ellos no fue los suficientemente rápido para detener el ataque de la heroica irmandiña. Cuando se dio cuenta de su desprotegida situación Mina retrocedió. Breogán la miró. Comenzaron a reírse. Siguieron luchando juntos contra sus enemigos.<br />
Pero el combate no iba bien en general. La desesperación brillaba en los ojos de muchos irmandiños. No podían ceder. No lo harían. Si hacía falta moriría hasta el último de ellos. Los líderes del bando nobiliario lo vieron. Sufrirían más bajas de las aceptables y sus armaduras quedarían hechas trizas si la cosa se alargaba demasiado. El punto no era crucial.<br />
Dieron la voz de replegarse a sus tropas. Los irmandiños estaban demasiado cansados como para seguir la batalla. Los líderes de ambos bandos se reunieron en punto neutral. Pactaron una tregua en la que se le cedía el punto a los irmandiños y los nobiliarios podrían retroceder hasta las puertas del castillo sin ser perseguidos. Así fue. Pero poco duró la estancia allí.<br />
Nada más desaparecer de la vista las tropas nobiliarias los irmandiños se dejaron caer. Estaban agotados. Miraron a su alrededor donde muchos de los cuerpos de sus hermanos de batalla habían caído. Muchos más que entre los militares.<br />
El principio de la mañana había ido bien. Lograron lo que habían planeado. Hubo poca resistencia en el campo de entrenamiento, pero los refuerzos llegaron demasiado pronto y cortaron el punto de ataque de la cofradía de fidalgos y burgueses. Luego fue una carnicería.<br />
Dos fidalgos de negro se acercaron al cuerpo de uno de los caídos. Era amigo suyo. El trovador Xan. Llevaban tiempo compartiendo sus caminos. Múltiples heridas surcaban su cuerpo. Lo cogieron y lo llevaron a un lateral del camino. No había tiempo para ceremonias. Enterraron su cuerpo con respeto bajo unas piedras y pusieron una maltrecha cruz de madera en ella. No moriría en vano. Muchos enemigos caerían en su nombre. Por venganza. Otra muerte por culpa de los malditos nobles, sentados tranquilamente en sus delicadas posaderas. El odio volvía a crecer en su interior.<br />
--------------------------------------------------------------------<br />
No se quedaron mucho tiempo allí. En cuanto estuvieron descansados rodearon el castillo por el norte para reunirse con el resto de las tropas que atacaban la retaguardia del castillo desde la fuente. Los ánimos allí también eran bajos. La atalaya, la fuente y la encrucijada que llevaba a ellas eran suyas. Pero el resto de los puntos parecían prácticamente imposibles de tomar.<br />
La menciñeira no daba abasto. La mayoría de las tropas tenía algún tipo de heridas. Muchas no eran graves. Algunas lo eran demasiado y los que las sufrían acababan muriendo entre gritos de agonía. La moral estaba destrozada. <br />
Sin embargo sus tropas habían tenido un aumento de números inesperado. Algunos de los cazarrecompensas que habían combatido en la atalaya decidieron que los nobles no pagaban suficiente. Sus vidas valían más. Y pasaron al bando irmandiño ayudando a los mercenarios a acabar con los que aún resistían en la atalaya.<br />
Había aun tropas combatiendo. En el arco y en la entrada posterior del castillo. Se haría otro ataque. Uno masivo. Las tropas recién llegadas del otro lado del castillo y todos los que pudieran unírseles. Una vez comenzaron a moverse por el camino hacia la fortaleza resultaron ser cerca de setenta.<br />
En cuanto se alejaron de la fuente el ambiente mejoró. El no escuchar a los moribundos ni a los heridos ayudaba a no pensar en sus destinos. La tropa se detuvo a medio camino. Más mercenarios. Madruga. Portugueses. Pocos. Unos quince. Exigían dinero por pasarse al bando irmandiño. Serían aniquilados si no lo hacían. La decisión fue sencilla de tomar. Pronto se unieron en abrazos con los que habían sido sus enemigos.<br />
Parece ser que en el castillo no se respiraba un buen ambiente con las tropas llegadas de refresco estas últimas semanas. Había rencillas internas. Peor para ellos. Mientras se reanudaba la marcha y los nuevos mercenarios daban la vuelta a sus tabardos para ser reconocidos en la batalla la moral ascendía. Pero duró poco.<br />
Al llegar al final del camino se encontraron a los soldados. Bien armados. Esperándoles. Eran más que ellos. Ocupaban los dos caminos de ascenso al castillo. Liderándoles, nobles a caballo. Su aparición enardeció a los soldados. Los irmandiños permanecían serios, viendo su fin próximo. Hasta que se alzó una voz entre ellos. Uno de los trovadores, un tal Carlos de Vigo, comenzó a abuchear a la nobleza. El resto del ejército le acompañó. Los nervios y el miedo se convirtieron en rabia y adrenalina. Los irmandiños comenzaron a gritar y a insultar a su enemigo. Ya no estaban intimidados. Si tenían que morir allí sería de una forma gloriosa.<br />
Se extendieron para cubrir todo el frente. Formaban una sola línea de combate. De entre la nobleza surgió un líder. Arrojó un maravedí al ejército irmandiño. “Isto é o que valedes”. Varios mendigos y campesinos se lanzaron a por la moneda. Sonrisas entre los soldados. A los irmandiños les afectaba poco lo que les dijesen sus enemigos en ese momento. Solo querían verles sufrir y morir.<br />
A sus espaldas escucharon unos gritos de batalla. Se giraron. Un nuevo torrente de irmandiños subía por el camino. Uno grande. Los cazarrecompensas y los mercenarios de su bando. Más campesinos. Gente herida. Todo el ejército que podía andar se dirigían al frente. Parecía una cantidad inagotable. Los soldados nobiliarios comenzaban a dudar. Los gritos irmandiños eran cada vez más altos y numerosos. Se acoplaron todos juntos, golpeando sus espadas contra los escudos. Morte. Morte o exército nobiliario. <br />
Comenzó el avance.<br />
Ambos ejércitos se enfrentaron en una extensa línea de combate de prácticamente tres filas por cada bando. La colisión fue terrible. Sonidos de carne y acero resonaban haciendo temblar incluso los muros del castillo. En el arco, en otro frente de batalla, también acababa de comenzar un nuevo asalto. Desde un camino de pastoreo los cazarrecompensas de Conan se dirigían a flaquear al enemigo desde el sur. La táctica estaba trazada. Sería ganar o morir.<br />
--------------------------------------------------------------------<br />
 “Isto é o que valedes!” Fue una frase valiente. Parece que valían más después de todo. O tal vez fueran las tropas nobiliarias las que valían menos de lo esperado. La batalla se ganó. A un muy alto coste pero fue una gran victoria. Las tropas irmandiñas comentan que no todos los ejércitos enemigos combatieron. Reservaban fuerzas. Todo se decidiría al día siguiente.<br />
La noche era fría. Todos se acurrucaban alrededor de la hoguera, calentándose con su calor o con el del alcohol. Se escuchaban gruñidos de dolor cuando la menciñeira trataba a alguno de los heridos. Pero había un buen ambiente. Se había logrado mucho. Los alrededores del castillo habían sido tomados casi por completo. Pero los nobles aún vivían todos. Incluso Madruga, que a punto estuvo de caer bajo los ataques de un par de fidalgos de negro. Pero la noche estaba lejos de ser tranquila.<br />
Traiciones, maquinaciones, incursiones enemigas. Fue una larga noche. Los fidalgos de rama más pura hicieron una reunión secreta con Fonseca con la que se asegurarían una posición de poder si al día siguiente traicionaban a los irmandiños. Se dijo que si. Pero no todos los fidalgos eran de esas ideas y finalmente solo dos eran los cobardes traidores. El resto se prepararon para acabar con ellos al día siguiente, antes de la batalla.<br />
Alguién asesinó a la tesorera. La economía fue cortada de raíz. Sería dificil aguantar más de unos días sin sustento monetario. La menciñeira estaba bien protegida por los mariñeiros, encargados de desarmar a cualquiera que se acercase a ella.<br />
La gente ahogaba sus últimos miedos y dudas en el alcohol cuando llegó la hora más aciaga. Alonso de Lanzós, capitán de las fuerzas irmandiñas, fue asesinado. La noticia se difundió por el campamento con rapidez. Mil dudas asaltaron a los guerreros. Veneno, traición, asesinos. Durante toda la noche el capitán había rechazado toda clase de ayuda. ¿Quién sería el causante de su muerte? Tal vez alguién en desacuerdo con sus ideas. Tal vez el mismo conselleiro, su segundo al mando. ¿Quién sabe? La gerarquía irmandiña se tambaleaba. Se necesitaba otro líder. Uno de los cuadrilleiros. Sería por la mañana. Antes de la batalla final. Antes de la muerte.<br />
 <br />
<br />
-	Llegas tarde, como siempre.<br />
-	Lo se. Sabes cuanto me gusta dormir.<br />
Le encantaba. Casi no la conocía. Su voz era hermosa y musical. Incluso en esa situación, cuando se dirigían hacia una muerte casi segura. Pero siempre conseguía arrancarle una sonrisa. Habían compartido mucho ese fin de semana. Tal vez no tanto como le habría gustado. Pensaba en un lugar donde podrían haber reído juntos. Un lugar tranquilo y apacible. Lejos de todo aquello. Acariciar su cabello por la mañana. Despertarla con suavidad y ver sus hermosos ojos risueños con las primeras luces del día.<br />
El sol le golpeó inclemente devolviéndole a la realidad. La cota de mallas pesaba cada vez más. Paso ligero. El joven fidalgo sudaba a mares. El y su hermano pequeño avanzaban lejos del resto de los fidalgos. Todos sus compañeros de batalla estaban informados. No habría traidores entre los fidalgos. Todos los que quisieran irse al otro bando serían aniquilados. Solo uno sería aniquilado. El “hombre preocupado”. El pobre diablo ignoraba su situación creyendo que todos iban a seguirle. La otra traidora había desaparecido por la mañana, antes del alba. Era más lista.<br />
Su nuevo capitán lideraba la marcha. Don Paio. La decisión fue dificil. La votación más larga de lo esperado. La unión entre irmandiños fue férrea. Todos lo aceptaron como nuevo líder sin dudar y corrieron hacia la batalla. Sue enemigo les esperaba. Les esperaba para decidir el destino de Galicia. Para decidir sus destinos…<br />
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-	¡Merda!¡Machado!¿Estas ben?<br />
-	Unghh. Si. ¡Si! ¡Estou ben!<br />
-	¡Veña! A cousa pinta mal. Pensei que te perdera.<br />
-	Xa estou ben. Non sei que foi. O Sol tal vez.<br />
-	Jajajajaja. ¿Non sabes que foi? ¡É o noso fin! ¡Iso foi! ¡O demo ven por nos, compañeiro! Déamoslle a éstes malditos nobiliarios algo que recordar. ¡Eu protéxote pola dereita!<br />
-	¡E eu mandareinos ó inferno! ¡¡¡Graaaaarrrrg!!!<br />
<br />
 <br />
 <br />
<br />
La noche era oscura como boca de lobo. Allá arriba se escuchaban voces feroces celebrando la victoria. La victoria de la nobleza. Las tropas irmandiñas habían sido aniquiladas. Los ejércitos nobiliarios habían sido también tremendamente diezmados y deberían esperar nuevos refuerzos. Pero los irmandiños tal vez no tuviesen tanta suerte.<br />
Los soldados heridos fueron ayudados. Los de los irmandiños fueron dejados como comida para los cuervos y otras criaturas buscadoras de carroña. Los gemidos de dolor resonaban por el campo de batalla. La sangre lo cubría todo.<br />
Breogán despertó con un intenso dolor de cabeza. Apretó los dientes todo lo que pudo para no gritar. Un gemido salió de su boca. Un poderoso golpe le había dado en la cabeza. Pudo pararlo en parte con el mango del hacha y así la espada le dolpeó de canto y no le partió la cabeza en dos. Pero fue todo lo que pudo recordar. Cayó al suelo y fue dado por muerto. <br />
El frente fue sobrepasado, las filas se rompieron. Los irmandiños se pegaron espalda contra espalda y aguantaron lo que pudieron. Vendieron caras sus vidas. Por cada irmandiño caído un soldado se iba con él. Pero fueron derrotados. Su enemigo era demasiado fuerte.<br />
El fidalgo tenía todas sus ropas rasgadas. Como pudo logró quitarse lo que quedaba de la cota de malla que le aplastaba contra el suelo. Comenzó a arrastrarse por el campo de batalla. Buscó sin éxito mientras pudo. A su hermano. Al alegre Carlos. A Dereita… A Mina. La hermosa Mina de dulce voz. Gritó de rabia y dolor. La cabeza pareció estallarle. Esa le dio nuevas fuerzas. Recogió su espada y como pudo se adentró en la maleza desapareciendo entre las sombras de la noche.</div><br />
<br />
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   <category>4-> Campo de batalla</category>
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   <pubDate>Tue, 19 Aug 2008 18:51:00 +0100</pubDate>
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   <title>Observar esto...</title>
   <description><![CDATA[<div align=center><object width="464" height="392"><param name="movie" value="http://embed.break.com/NTA3Mjcy"></param><param name="allowScriptAccess" value="always"></param><embed src="http://embed.break.com/NTA3Mjcy" type="application/x-shockwave-flash" allowScriptAccess=always width="464" height="392"></embed></object><br><font size=1><a href="http://www.break.com/index/cell-phones-are-evil.html">Cell Phones Are Evil</a> - Watch more <a href="http://www.break.com/">free videos</a></font></div>]]></description>
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   <category>5-> Parvadas</category>
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   <pubDate>Mon, 11 Aug 2008 23:07:00 +0100</pubDate>
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   <title>El lemur .el dramatic cat y el perro cabron xDDD</title>
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   <category>5-> Parvadas</category>
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   <pubDate>Tue, 29 Jul 2008 15:12:00 +0100</pubDate>
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   <title>Ortigueira 2008</title>
   <description><![CDATA[<div align=center>Pues eso que estamos listos para Ortigueira 2008 a darlo todo xDD ... cada dia somos mais </div><br />
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<b><div align=center>Os dias 10,11,12 e 13 de Xullo</div></b> ]]></description>
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   <pubDate>Mon, 30 Jun 2008 23:03:00 +0100</pubDate>
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