Joao da Nova


Todo o referente o Navegante João da Nova
O navegante João da Nova (orixinalmente Joan de Nóvoa) nacido en Maceda-Ourense mostrase como un galego universal, o máis relevante do seculo XVI.

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O VENTO IMPIDE VOAR A SANTA HELENA (6)
Aeroporto Santa HelenaBaixo ese título, imprentaba o xornal catalán La Vanguardia un traballo sobre este tema de actualidade no que xa temos reparado nesta bitácora. Ía asinado dende Londres polo seu corresponsal Rafael Ramos con data do 26/09/16. Mesmo comezaba ilustrado cunha fotografía da modernísima terminal do aeroporto de Santa Helena que, polo de agora só pode recibir avións pequenos para evacuacións médicas, pero non avións comerciais. A illa descuberta por Joao da Nova está de actualidade no mundo da aeronáutica a escala global por mor desta eiva que vai lastras a economía da illa, que vive da pesca artesanal e pouco máis:
“Tras su derrota en la batalla de Waterloo y previo paso por la mucho más accesible Elba, Napoleón Bonaparte fue enviado al exilio en la isla de Santa Helena, en medio del Atlántico, a dos mil kilómetros de la costa africana y casi tres mil de la brasileña, entre otras razones para que se muriera de aburrimiento, tuviera tiempo de pensar y las posibilidades de una fuga fueran nulas. Y es que Santa Helena, cuya única comunicación con el continente es un barco del Royal Mail que hace el viaje desde Ciudad del Cabo una vez cada tres semanas (si el tiempo lo permite), sigue sin tener aeropuerto. De hecho sí lo tiene, pero no funciona. Porque después de una inversión de 300 millones de euros (60.000 per cépita), el Gobierno británico ha descubierto que los fortísimos vientos hacen extremadamente peligrosos los despegues y aterrizajes. Y aunque los expertos “están trabajando en el problema”, por el momento, y por embarazoso que resulte, no hay solución a la vista. En Santa Helena, incluso sin bola de cristal, no habría sido demasiado difícil leer el futuro e imaginar lo que iba a pasar. Entre otras cosas, porque muchos pilotos lo habían advertido. “Quejarse de las turbulencias en una pista construida en lo alto de un acantilado de trescientos metros de altura es como quejarse del calor en el desierto del Sáhara”, dice Brian Heywood, un expiloto de British Airways que escribió en su día al primer ministro David Cameron y al ministro de Desarrrollo Internacional Andrew Mitchell, explicando con todo lujo de detalles el problema de las fuertes corrientes de aire.

El propósito del aeropuerto (la mayor inversión en toda la historia del Reino Unido con fondos de Ayuda Exterior) era fomentar el turismo y abrir al mundo la remotísima isla de Santa Helena, un territorio británico de tan sólo 60 kilómetros cuadrados y cuatro mil habitantes, en medio del Atlántico Sur, y que se está despoblando a marchas forzadas por culpa del paro y un estilo de vida demasiado tranquilo. En vista de las dificultades técnicas, los planes para la inauguración oficial del aeropuerto por el príncipe Eduardo han sido aplazados sine die. Una visita de lord Ashcroft, extesorero del Partido Conservador, tuvo que ser abortada cuando el piloto (un veterano de las guerras de Irak y Afganistán) advirtió que el aterrizaje habría sido suicida, y el único uso es para vuelos de emergencia, como uno del pasado viernes para recoger a un paciente en estado crítico y llevarlo al hospital en Ciudad del Cabo. Los lugareños se las prometían tan felices con la promesa de varios vuelos comerciales a la semana de la compañía británica Atlantic Star y la sudafricana Comair, que hasta la dueña de uno de los pocos bed and breakfasts ha invertido dos millones y medio de euros en la ampliación y reforma del establecimiento, frotándose las manos con la llamada de los turoperadores. Hazel Williams se encuentra en cambio con un enorme crédito que pagar y un gran hotel tan vacío como el aeropuerto. Muchos otros negocios amenazan con irse a la bancarrota y los suministros de agua y medicamentos se han visto afectados, porque todo el mundo contaba con empezar a recibirlos por avión. Santa Helena es posesión británica desde que Oliver Cromwell dio la isla a la Compañía de las Indias en 1657, y sobrevive con los 30 millones de euros anuales que le paga Londres como parte de sus obligaciones con sus territorios de ultramar. Joao da Nova fue su descubridor y Napoleón su turista más conocido, y lo seguirá siendo por algún tiempo (...)”.
Artigo Vanguardia
Categoría: 02-Lugares - Publicado o 07-03-2017 23:45
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