Pensamientos en voz alta


Porque todavía puedo opinar libremente
Leer este blog es gratis excepto si eres de la SGAE que tendrás que pagarme un canon por mis derechos de autor/propiedad intelectual, así yo también podré vivir de esto, como vuestros artistas, y no tendré que buscar trabajo.

O meu perfil
 CATEGORÍAS
 RECOMENDADOS
 BUSCADOR
 BUSCAR BLOGS GALEGOS
 ARQUIVO
 ANTERIORES

MALA EDUCACIÓN VIRTUAL
Imagina que nos encontramos tú y yo en una tienda:
Yo: Hola, cuánto tiempo, ¿qué tal estás?
Tú: Hola, bien, bien, ¿y tú?
Yo: Pues ya ves, ¿qué tal por el trabajo? ¿se solucionó todo o tuviste que cambiar?
Tú: Por suerte todo bien. Al final llegamos a un acuerdo y ahí sigo. Supongo que tú sigues en el tuyo, ¿no?
Yo: ……. (me doy media vuelta, me voy a mirar unos pantalones, con tranquilidad. A los 5 minutos vuelvo) Pues sí, sigo en el mismo sitio. Estoy muy contenta. Me habías dicho que ibas a cambiar de casa, ¿lo hiciste? (y otra vez me marcho).
Tú: Pues sí, encontré otra casa más grande por el mismo precio, así que el mes pasado me cambié de casa y de barrio. Tú sigues en el mismo sitio, ¿verdad?
Yo: (mientras tú hablabas, yo me he ido al probador con dos prendas de ropa. Salgo al cabo de unos 10 minutos y sigo hablando como si nada) Sí, sí, sigo en el mismo sitio.

Si esta situación fuese real, ¿qué pensarías de mí? ¿habrías estado esperando todo ese tiempo a que yo terminase mis asuntos para seguir la conversación? Supongo que la primera vez me habrías dicho algo y la segunda te habrías marchado sin ni siquiera esperarme para despedirte. Es normal. Mi actitud ha estado realmente fuera de lugar, de educación y de respeto.

Ahora imaginemos lo mismo pero por teléfono, o incluso por Skype. Estamos charlando y de vez en cuando desaparezco sin más. Te dejo esperando, no sabes si colgar o no, no respondo… Y de pronto, al cabo de unos minutos (digamos 15 minutos) vuelvo y sigo hablando sin más, como si fuese normal dejar las conversaciones a medias sin dar explicaciones. ¿Te parece correcto mi comportamiento? Seguro que no, y tienes razón.

Cuando estamos en una conversación, lo normal es hacerla fluida. No dejamos pasar minutos entre frases. Si nos preguntan algo, respondemos al momento. En las conversaciones en persona es fácil ver lo que la otra persona está haciendo, incluso por Skype, pero no por teléfono. Aun así, en estas 3 situaciones decimos “perdona, espera un momento, disculpa, dame un minuto, te tengo que dejar ahora pero seguimos hablando luego, me tengo que ir…” Es lógico, ¿no? Estamos hablando con alguien, es normal que le digamos por qué cortamos la conversación y que nos despidamos apropiadamente.

Pero hay una situación, más común hoy en día que Skype y el teléfono, que no sigue ningún protocolo de respeto, dónde esas normas no escritas de educación se pisotean sin ninguna razón (o por alguna razón que yo no alcanzo a comprender) y que a mí me cabrea bastante: la conversación escrita.

Entiendo perfectamente que el hecho de escribir nos da la libertad de poder seguir haciendo lo que sea que estemos haciendo: cocinar, comprar, vestirnos, desvestirnos, comer, coger el autobús. Y todo sin necesidad de dar explicaciones, excepto… Excepto si vas a estar media hora sin responder, o 5 minutos, no importa. Entiendo también que, al tener que escribir -sobre todo con los móviles- no siempre es posible avisar de la espera. Si, por ejemplo, te llaman a la puerta o llega el bus, no te da tiempo a anunciarlo, pero sí que puedes comentarlo después con un simple “perdona, pero me ha llamado una vecina a la puerta y me ha entretenido más de lo que yo pensaba / disculpa, es que llegaba el bus”. A esto se le llama mostrar respeto por la otra persona, entender que se quedó ahí, al otro lado de la pantalla, sin saber qué estaba pasando, sin saber si podía irse o si tenía que esperar…

No creo que yo sea la única persona a la que han “abandonado” durante una conversación, y no creo tampoco que yo sea la única a la que las buenas maneras le siguen pareciendo importantes. Después de darle hoy un tirón de orejas a un amigo por este comportamiento, me dice “a veces te aviso, pero otras veces no me doy cuenta y sigo con mis cosas, aunque no es por mala educación”. ¿Que no es por mala educación? Por supuesto que lo es. Eso demuestra el poco o nulo interés que tiene en hablar conmigo. Decir “me voy a dar una ducha, luego te escribo” o “ahora arranco, voy a conducir, cuando llegue a casa te contesto” no cuesta nada, de verdad, y liberas a la otra persona de la espera. Porque, durante esa espera, a mí me puede surgir algo también y tengo que irme. Normalmente lo comento, aunque con algunas personas ni me molesto. Simplemente apago y me voy. Mal hecho, pero es que me han dejado ahí esperando durante un cuarto de hora y no sé si van a regresar, y es algo habitual en ellas. Tengo conversaciones sin acabar desde hace meses. Hice una pregunta y ahí me quedé. ¿Será que otra persona murió, se le acabó internet? Ni idea, pero cada vez me apetece menos hablar con personas así.

No cuesta nada mantener la educación, el respeto, incluso cuando hablamos por Facebook, whatsapp, o cualquier otro medio escrito. Estamos en una conversación, hay otra persona esperando nuestra respuesta, no la dejemos tirada sin más explicaciones. No siempre es necesario empezar con un “hola, buenos días”, pero sí es necesario terminar apropiadamente la conversación con una despedida en condiciones.
Ahora tengo que dejarte porque la comida ya está preparada y tengo mucha hambre. Seguimos en contacto. Hasta pronto.
Comentarios (2) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 23-09-2016 14:36
# Ligazón permanente a este artigo
EL SUSURRO
Acerca su boca a mi mejilla para darme un beso de amigo y, sin prisa, me susurra “te deseo”. Sus dedos coquetean con los míos a escondidas en un fugaz momento mientras decido cómo reaccionar confiando en que nadie se haya dado cuenta de la situación. No puedo hacer nada por disimular la emoción en mi piel, que espera otro roce, un simple roce furtivo que la devuelva a la vida.

Nadie más debe saberlo porque no soy una mujer libre. Soy el fruto prohibido, la tentación anulada por los años y las decepciones, que ya no se da cuenta de que todavía puede levantar pasiones. Soy una sombra de mí misma que echa de menos las miradas y palabras lujuriosas de los que anhelaban una oportunidad junto a mí. Me he convencido de que ya no queda nada de aquella mujer deseada y, por lo tanto, que nadie siente interés por este cuerpo deteriorado, ni siquiera yo. Pero ese susurro… Ese susurro me ha devuelto la ilusión, las mariposas en el estómago, la juventud. Quiero más, necesito alimentar mi ego.

Poco a poco me va apartando de los demás y yo, que me doy cuenta, le sigo el juego. Ya a solas, en su casa, me mira a los ojos intentando perderse en mi mirada, convenciéndose de que ya no soy un sueño, su sueño. Acaricia mi pelo, mis labios, disfrutando esos primeros momentos como si no pudiese creer que está realmente conmigo. Mi mente todavía se debate entre lo correcto y el anhelo de volver a sentirme deseada. Sin darme tiempo a tomar una decisión, él acerca su boca a la mía, muy suavemente, apenas la roza, consiguiendo estremecer todo mi cuerpo que, en ese preciso instante, decide dejarse llevar por las sensaciones anulando cualquier intento de cordura. Cierro los ojos.

Sus dedos empiezan a bajar por mi cuello acompañados de sus besos que vuelven a mis labios con más fuerza y pasión. “Te deseo”, me dice otra vez mientras pone mi espalda contra la pared, “siempre te he deseado”. Puedo sentir sus nervios a flor de piel mientras sus dedos se deslizan por debajo de mi camiseta, agarrando mi cintura firmemente pero con dulzura. Se detiene por un momento para entender todas las sensaciones que recorren su cuerpo de arriba abajo. Mis manos se aferran a su cuerpo pidiendo con silenciosos gritos que no me suelte y empiezan a descender lentamente, intentando que él disfrute tanto como yo de este momento de locura. Sube hacia mis pechos deleitándose con cada centímetro de mi piel, dudando si debe seguir ese camino o si será mucha osadía. Sus caricias siguen subiendo por mi espalda, sus besos empiezan a bajar por mi escote, y me abraza con unas ganas que ya no necesita contener. Yo enredo mi pierna con la suya, apretando mi muslo contra su entrepierna. La sensualidad deja paso a la sexualidad. Nuestra respiración comienza a acelerarse, a hacerse protagonista con gemidos de un placer que no queremos reprimir más.

Mi mano agarra el bulto de su pantalón y lo acaricia con fuerza, arriba y abajo. Su lengua ha llegado a mis pechos y recorre mis pezones mientras sus dedos se deslizan entre mis húmedas bragas. Mi primer impulso es cerrar las piernas, por vergüenza, pero él no cede el terreno conquistado. Me besa suavemente, “ya no hay vuelta atrás” dice para convencerme y, poco a poco, vuelve a tener el camino despejado para que lo recorra a su antojo. La vergüenza no se va, pero tampoco interfiere más. Desabrocho su pantalón y le quito la camisa.

Nos tumbamos en la alfombra, desnudos, vulnerables, excitados como adolescentes en su primera vez, acariciando cada rincón de nuestros cuerpos. El ritmo vuelve a ser sensual, cálido. Ninguno de los dos quiere acelerar el final, no tenemos prisa, por eso él tiene que hacer un esfuerzo por mantener sus instintos más básicos dentro de unos límites. Agarra mis muñecas con firmeza, sujetándome contra el suelo, y sube mis brazos mientras entrelaza sus dedos con los míos. Comienza la bajada, lenta y dulcemente. Mi espalda se curva como la de una gata en celo, mi uñas se clavan en su espalda dejando un rastro de pasión no contenida, muerdo su boca, le encierro entre mis piernas, cabalgo sobre su cuerpo mientras beso su pecho, su ombligo, su… Después cambiamos posiciones y con su lengua me hace alcanzar un orgasmo que llena todo mi cuerpo y, de pronto, somos uno. Puedo sentirle dentro de mí. Toda su pasión, su deseo, su lujuria guardada durante tanto tiempo para este momento, todo lo puedo sentir mientras los movimientos de nuestros cuerpos se sincronizan. Mis caderas, otra vez sobre él, siguen su ritmo, hacia adelante, hacia atrás, en pequeños giros. Sus manos continúan recorriendo mi cuerpo y me agarran con fuerza cuando alcanza el clímax.

Los dos nos quedamos quietos, abrazados, mirándonos, acariciándonos. Apoyo mi cabeza en su hombro para que no vea las lágrimas bajando por mis mejillas. No quiero preguntas, no quiero pensar en respuestas; sólo quiero cerrar los ojos y sentir sus brazos rodeándome. Saber que hay alguien que ve en mí a la mujer que un día fui y que su piel se eriza con un simple roce de mi piel, me ha devuelto a la vida. Pero nadie más debe saberlo porque no soy una mujer libre. Soy la abnegada esposa que se ha cansado de ser ignorada por su marido.
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 01-08-2016 20:49
# Ligazón permanente a este artigo
ESCRITORES TECNOLÓGICOS
Hace 3 años, allá por el 2013, un amigo me contaba que llevaban ya 2 días sin luz en la ciudad y alrededores a causa de un temporal. Ni tele, ni ordenador… Le dije que podía aprovechar el tiempo escribiendo.

- No puedo, no tengo luz- me contestó.
- Pero… si todavía es de día- repliqué extrañada.
- Que no tengo luz, no puedo conectar el portátil y ya no tiene batería.
- ¿Y qué tiene que ver el portátil con aprovechar el tiempo escribiendo?
- ¿Cómo voy a escribir sin el portátil?
- Pues con boli y papel, que es como se escribe –dije con toda la naturalidad que merece algo tan obvio, sin estar segura de si él hablaba en serio.
- Ah, claro. El método antiguo. No lo había pensado. – sí, hablaba en serio.

Hace apenas un mes leí un artículo de un escritor que contaba un viaje a Madrid de 2-3 días. Decía que tenía mono de escribir, que quería su portátil ya, que no soportaba estar tanto tiempo sin escribir. Y lo decía como si fuese lo más normal del mundo, dando por sentado que todos íbamos a entender ese desasosiego por no tener un teclado a mano.

Tal vez la rara hoy en día sea yo, pero no les entiendo. No me identifico con esos escritores tecnológicos que dicen que necesitan escribir pero no se les pasa por la mente coger un boli, o un lápiz. ¿En serio hay gente que no se da cuenta de que se puede seguir escribiendo en papel? Parece que sí, pero yo no lo entiendo. Para mí es algo tan obvio, tan lógico, tan habitual, que no sé si reírme o llorar de pena cuando escucho ese tipo de comentarios.

Yo también uso el ordenador para escribir, por supuesto, no soy tan arcaica, pero conozco el uso la tinta sobre el papel. Tengo una libreta que suelo llevar siempre conmigo, por si tengo un rato libre para compartirlo con las musas. Lo bueno de este método tan antiguo de escritura, y tan desconocido para algunos, es que puedo usarlo en cualquier sitio. No necesito cobertura, ni se me acaba la batería, es cómodo de transportar y muy fácil de usar. ¿Que me quedo sin uno de los dos artilugios? Pues voy a una tienda y compro más, y sigo desparramando palabras. Si lo que he escrito merece la pena, lo paso al ordenador. A veces, empiezo en papel y termino en digital. Otras, va en digital de principio a fin si la idea ha surgido mientras estaba ya conectada. Incluso tengo una pequeña grabadora por si no me puedo parar a escribir (podría grabar en el móvil, pero me gusta más la idea de la grabadora). Pero no perdamos el tema. No se trata de papel o digital, sino de no olvidarnos del papel. Y sigo sin entender cómo es posible que los escritores, ¡los escritores!, se hayan olvidado de algo tan básico.

Puede que argumenten que así no tienen que escribir lo mismo dos veces (la tradicional y la digital), que así ya queda guardado bla bla bla. Pero, desde mi punto de vista, se trata de poder escribir bajo cualquier circunstancia, en cualquier momento. Y yo, que sólo soy una escritora aficionada, tengo la fórmula para conseguirlo. Puede que yo sea antigua, como mi móvil, pero soy más práctica y no pierdo oportunidades para escribir cualquier tontería que me viene a la cabeza. Me alegra no ser una escritora tecnológica. Soy una escritora mixta.
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 08-07-2016 13:17
# Ligazón permanente a este artigo
Ráfagas para Blas

Pero vamos a ver, Blas, ¿en serio? Es decir, todos tenemos claro que estar de fiesta te gustaba mucho, pero que lo primero que hagas al llegar al cielo sea agarrar a San Pedro para echar un bailecito… Menos mal que ya te conocían e incluso tenían la música preparada, que el pobre San Pedro se aburre mucho y estaba deseando que llegases. Ha sido un buen comienzo, no esperábamos menos de ti. Eso sí, después del baile y de la gran sonrisa que le has dejado al portero, te han llevado a recoger la que va a ser tu moto ahí arriba. Y digo “ahí arriba” porque es donde mereces estar y, oye, porque es donde estamos mandando nuestras V’sss y nuestras Ráfagas, y no creo que todos estemos haciéndolo mal.

Has estado muy ocupado en tu primer día ahí, entre reencuentros, motos, cerveza, bailes, tatuajes (porque seguro que ya estás pensando en hacerte otro), y creo que ya lo hacen adrede los que manejan el chiringuito ése, porque así no ves nuestras caras de mala sorpresa al enterarnos de la noticia, nuestra fase de negación, de “no puede ser, tiene que ser un error”, nuestras lágrimas, tantas lágrimas que no hemos podido ni querido contener. Te han distraído para que no pudieses sentir el gran dolor que todos hemos sentido y que todavía estamos asimilando. Es muy duro para nosotros, Blas, muy duro. Así que mejor sigamos hablando de tu entrada en el paraíso y de todas las sonrisas que vas dejando a tu paso.

No podía faltar la ruta motera, una ruta de altura, para conocer los mejores sitios acompañado por otros hermanos que nos dejaron antes. Porque a nosotros, los que nos quedamos aquí, nos gusta pensar que cuando lleguemos ahí arriba nos estaréis esperando con moto, buen tiempo y las rutas ya preparadas. Hombre, es normal, no vamos a llegar nosotros, los nuevos, y organizarlo todo, ¿no? Eso os toca a vosotros. Así que lo de estar de fiesta está bien, pero no te distraigas. No es que estemos pensando ir, pero ya sabes cómo va esto, qué te voy a contar que tú no sepas, y es que en cualquier momento nos puede tocar a nosotros y no queremos que os pille desprevenidos. Queremos seguir liándola parda.

Pero, Blas, te has ido pronto, demasiado pronto. Sabemos que tú no querías, no te lo estamos reprochando, es sólo que nos va a llevar tiempo hacernos a la idea de que ya no estás. Y no importa si éramos amigos cercanos o si sólo nos veíamos en concentraciones. Algunos de nosotros no te veíamos desde hacía tiempo ya porque la vida nos llevó lejos de todo ese mundo motero que tanto amamos, pero seguíamos hablando de ti con una gran sonrisa recordando tus bailes con las señoras del restaurante –qué contentas estaban bailando contigo- y tu baño nocturno en la playa, camino del hotel, después de otra Liada Parda, a la que intentabas no faltar. Nos hiciste parar a todos y esperarte para no quedarte solo mientras te quitabas la ropa, te metías en el mar en calzoncillos y te volvías a vestir. ¿Y sabes qué? Que te esperamos porque lo estábamos pasando en grande con tu idea (tranquilo, no voy a publicar esas fotos, que las hay), y las carcajadas merecían la pena.

Escuchando a todo el mundo, creo que lo has hecho bien, Blas. Todos hablamos de tu sonrisa, de los buenos momentos que nos has dejado, de tu alegría contagiosa. ¿Sabes lo que eso significa? Que entendiste perfectamente en qué consiste la vida: en disfrutar y en regalar buenos momentos a los demás. Porque esos momentos son los que van a quedar, los que hablarán de ti mientras nosotros sigamos aquí. Por eso esperamos que estés echando unos bailes ahí arriba, que sigas de ruta, que no faltes a nuestras concentraciones. Nos gustaría que siguieses haciéndolo aquí, pero ya no puede ser. A cambio, prometemos llorar sólo un poco más, permítenos eso, por favor, porque no lo podemos evitar por mucho que lo intentemos. Después, seguiremos sonriendo al pensar en ti, al recordarte. Es lo que mereces, buenos recuerdos y sonrisas, muchas sonrisas.

Quedan muchas cosas por decir, pero cada uno lo dirá por su cuenta. Seguro que ni tú tienes tiempo para leer esto ni la mayoría puede terminarlo, o por pereza o por las lágrimas. Y eso que yo quería escribir algo que sacara sonrisas, en tu honor, pero qué le vamos a hacer. Tal vez todavía no es el momento. Por hoy lo dejamos aquí, que no te quiero entretener con estas cosas mundanas de penas y despedidas. Que siga la fiesta, por ti, para ti. Ha sido un gran placer conocerte.

V’sss y Ráfagas, compañero, hermano. Sigue disfrutando allá donde estés.

(autor de la foto: Carlos F. Gómez Llavero, Os Ártabros)
Comentarios (0) - Categoría: Mi moto y yo - Publicado o 14-06-2016 01:07
# Ligazón permanente a este artigo
ENCONTRÁNDONOS
Te lo digo una y otra vez pero tú no quieres escucharme. El riesgo de la aventura es más fuerte que tu instinto de supervivencia y te lanzas a mi vacío confiando en que no te dejaré caer. Y yo te vuelvo a decir: “no saltes, tal vez no hay fondo, tal vez el fondo duele, no quiero lastimarte, no saltes”. Pero tú ya estás en el aire, disfrutando del peligro, sintiendo la adrenalina que te nubla el camino hacia la lógica, y sonríes. Te quiero salvar, pero no quieres evitar tu caída.

Intentas caminar a mi lado, y yo quiero que lo hagas, pero llevamos ritmos diferentes. Tú vas por carreteras secundarias, tranquilas, haciendo paradas para disfrutar del paisaje. Recorres sus curvas con calma. Yo voy por autopista, más rápida, quiero llegar a mi destino.

Deseo seguirte, bajar el ritmo, alargar la ruta, pero me escapo en cuanto tengo ocasión para acelerar el viaje, e intento llevarte conmigo, sin preguntar, sabiendo que no tienes prisa por alcanzar tu meta. Rompo tus esquemas sólo por diversión.

Sin pensarlo, vienes tras de mí. Quieres saber hasta dónde puedo llegar y hasta dónde estás dispuesto a seguirme. Pero cuando te das cuenta de que te arrastro hacia un rápido final me frenas y me conduces suave, dulcemente a tu carretera para disfrutar juntos de sus curvas. Yo voy, obediente, sumisa, porque sé que tu camino es mejor pero consciente de que echaré a correr en cuanto bajes la guardia, y aunque no la bajes. No lo puedo evitar. Me rebelo contra mis instintos y te pido que frenes mi huida, te reto a que me detengas. Me reiré porque sé que vendrás a buscarme y volveré a tu lado. Y tú, paciente, me envolverás en tus brazos en otro intento por retenerme junto a ti mostrándome el placer de la calma. Sé que ahí es donde quiero estar aunque seguiré intentando escapar. No entiendes por qué, yo tampoco.

Tú preguntas, una y otra vez, intentando conocer mis razones, pero yo no contesto. No me quiero comprometer, no quiero que te comprometas, que te aferres a una ilusión que te envuelve con su realidad. Una parte de mí disfruta sintiendo tu desesperación. La odias y la amas a la vez, lo confiesas sin miedo mientras yo me guardo mis confesiones. Sigo sin contestar pero, a veces, como sin querer, calmo la sed de tu alma atormentada dejando salir algunos sentimientos aferrados a mis palabras porque están deseando llegar a ti para sentirse arropados con tu piel. Vuelves a preguntar y vuelvo a callar, sonriendo.

Y sigues esperando, siempre esperando, a que yo responda, a que yo baje mi ritmo, a que yo pare a tu lado y me quede ahí, a que encontremos el equilibrio para disfrutar cuerpo a cuerpo… Mientras tanto, vuelves a saltar sin red, disfrutando de mi odiado silencio, sabiendo que estaré ahí para evitar que toques fondo. Sabes que, en realidad, soy yo la que tiene miedo de caer y, por eso, no quiero que caigas tú, porque sé que te seguiré y será el fin para los dos.

Frena mi huida y yo frenaré tu caída. Nos salvaremos y seguiremos disfrutando juntos de los caminos que tú elijas; tú con tus preguntas y yo con mis calladas respuestas.
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 20-10-2015 23:28
# Ligazón permanente a este artigo
AMARGA Y FELIZ VICTORIA
Se marchó. Después de mucho tiempo luchando por su relación, se marchó. No hubo enfados, ni lágrimas, ni explicaciones. Sencillamente, cogió sus recuerdos, sus pedazos, los puso alejados del corazón para que no doliesen más y emprendió el camino. Siempre había pensado que cuando llegase ese momento iba a estar confusa y triste, y se sorprendió al comprobar que sólo la tristeza aparecía. No había confusión, ni siquiera había preguntas porque, en el fondo, ella siempre había sabido lo que estaba pasando y lo que iba a pasar.

Después de unas horas pensando en lo que había ocurrido se sintió mejor, más ligera de emociones, con menos peso en el alma y una mente más libre. Ahora, por fin, sabía lo que tenía que hacer. No iba a gastar ni un trocito más de corazón en alguien que no lo merecía. Si él no sabía apreciarla, ella no iba a obligarle.

Tener las cosas claras después de tanto tiempo era un gran alivio. Poder decirse a sí misma “se acabó” fue un triunfo y lo gritó en voz alta para escucharlo y creérselo. No era el final por el que ella había luchado, pero estaba en su lista de posibles finales y, por eso, estaba preparada para asumirlo y afrontarlo. A veces, lo importante no es cómo acaba algo, sino que acabe.

Se sentó al sol durante un buen rato, cerró los ojos y sonrió. Saber la verdad le daba tranquilidad. Lo importante para ella era que las mentiras habían sido descubiertas, aunque no se lo dijese a él. Pero pensándolo bien no eran mentiras sino secretos; y ahora, la mejor manera de evitar las mentiras era no preguntar por los secretos. No necesitaba respuestas, al menos, no las de él. El simple hecho de saber que sus sospechas eran ciertas, de tener la prueba, era suficiente para mantener la sonrisa en su rostro.

Sí, poder deshacerse de algunos sentimientos, de las dudas, saber con certeza que ya no merecía la pena seguir luchando le daba paz interior. Ahora, por fin, después de tanto tiempo, tenía claro cuál era su lugar en la relación. Se podría pensar que no era un final feliz después de todo el esfuerzo que ella había hecho. Tendría que ser diferente, con él amándola otra vez, siendo la única en sus pensamientos… Pero eso no iba a suceder y ella lo supo siempre, así que su victoria era confirmar que él no había cambiado y que todo seguía igual. Si ella se lo dijese, él lo negaría, por supuesto, así que mejor callar y sonreír. Todo había acabado ya y eso era lo principal.

¿Por qué algunas personas no valoran lo que tienen? ¿Por qué se acomodan tanto en una relación pensando que nunca va a terminar? ¿Por qué se creen con derecho a poner sus caprichos por encima de los sentimientos de su pareja? Es cierto, dije que ella no se hacía preguntas pero algunos porqués eran inevitables, aunque no pensó mucho en ellos.

Siguió con los ojos cerrados bajo el sol, sonriendo, disfrutando de un nuevo principio después de un triste pero esperado final. Después de su marcha, él la echó de menos y lloró por no haber sabido retenerla. Entonces, aprendió a valorar lo que ya se ha perdido, pero ya era tarde.


Safe Creative #1409091942814
Comentarios (1) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 08-09-2014 21:50
# Ligazón permanente a este artigo
ORGULLO DE PROFESOR (de los de verdad)
The country school (Winslow Homer)
José Carlos López, PROFESOR por vocación desde 1980 ha trabajado desde 1981 en colegios públicos en Sevilla y alrededores, perteneciendo durante la mayoría de su trayectoria laboral a equipos directivos. Es importante destacar en qué zona ha trabajado para poder entender su experiencia y, por lo tanto, su manera de pensar con respecto a la profesión de PROFESOR:

- dos años como director en El Aljarafe (zona de Sevilla)
- diez años como jefe de estudios en Las 3000 Viviendas
- doce años como director en Las 3000 Viviendas

Hoy en día sigue orgulloso de su profesión y avergonzado de los muchos “compañeros” que se han convertido únicamente en funcionarios dejando de ser profesores. Es decir, que lo único que hacen es quejarse de todo y protestan por cualquier pérdida de privilegios en lugar de preocuparse por seguir siendo estupendos profesionales a los que ningún recorte político afectará en su manera de enseñar. Gente que encuentra tiempo para ir a manifestaciones pero que hace años que no va a cursos ni lee libros para reciclarse y seguir mejorando como educadores.

Aquellos niños y niñas que pasaron por las aulas y el despacho de José Carlos todavía le recuerdan y le saludan con cariño por la calle. Ésa es su recompensa, y la de cualquier PROFESOR (siempre con mayúsculas) que se precie de serlo. Hacen falta más José Carlos y menos funcionarios.

"En el cuadro podemos ver una escuela en la época de la Guerra Civil norteamericana. Es una escuela como las que se podían ver en todos los sitios en aquella época. Si buscáis la obra de Winslow Homer, veréis más cuadros con motivos escolares.

En el aula del cuadro hay niños de todas las edades. Las niñas se sientan juntas y los niños leen en su bancada. La maestra no tiene pizarra digital, ni los niños laptop. Tampoco parece que tenga profesores de apoyo. La maestra cobrará muy poco, como ahora sucede. Seguramente deberá hacerse cargo de la limpieza del aula y del mantenimiento del edificio... No veo armarios llenos de recursos didácticos. Lo que sí veo es lo único que hace falta: una maestra, unos niños, una pizarra y unos trozos de tiza en el portatiza. Eso es enseñar, ésa es la profesión más vieja del mundo. Pero, ¿sabéis una cosa? Hoy, a 31 de mayo de 2014, hay colegios en el mundo que están más desabastecidos que el del cuadro. A sus alumnas las secuestran y las venden como esclavas, después de haber sido repetidamente violadas, y convertidas contra su voluntad a otra creencia. Hay colegios sin agua potable para los niños, niños que deben recorrer una decena de kilómetros entre bosques o selvas o desiertos para ir a clase... Por eso digo que ser maestro es lo mejor que le puede pasar a uno, si le gusta esa profesión.

Nuestros alumnos, hoy en día, en países como España, mueren de muerte intelectual. Muchos tienen tanto "de todo" que son cascarones vacíos que no salen del mundo del móvil o de las Play Stations. Son zombies, muertos en vida que no saben por qué van al colegio (es su deber y su derecho), que lo tienen todo sólo con pedirlo porque los padres no niegan nada (¡es que podemos crear una frustración en el niño!). Todos nos hemos enfrentado en clase a esos alumnos apáticos, pasotas, que saben que te pueden mandar "a la puta mierda" ya que el castigo que van a recibir es, en el peor de los casos, una privación del derecho de asistencia a clase, que es lo que ellos buscan, en realidad.

Hace bastante años, y ante el hecho de que un colegio privado de una ONG ocupara aulas de mi centro, en una reunión con los responsables de ese centro "incrustado" y varios Inspectores del Servicio de Inspección, lamenté las líneas educativas del colegio acogido: sus alumnos agredían a los profesores, faltaban a clase, cometían destrozos en las instalaciones comunes... "¿Qué solución propone usted para esto?", me preguntó una importante Inspectora. "Disciplina". Oh, ¡por qué se me ocurriría citar esa palabra...! Se llevaron las manos a la cabeza, "¡Disciplina!", gritaban mientras correteaban como pollos sin cabeza... Para estos niños", me dijeron, "llamar hijo de puta al profesor es como para los tuyos decirles 'tontos'". Vale, pero los míos NO llamaban tontos a sus profesores. "Además, se queja usted de lo que niños del colegio XXX se orinan en los coches de los maestros... eso es normal en su cultura". Como me lo pusieron a huevo, es decir, me lo sirvieron en bandeja, contesté a este puñado de lumbreras educativas de despacho: "Vale, hija de la gran puta. Ahora voy a mear en su coche, que no me aguanto más y le rajaré las ruedas. Es parte de mi cultura y no quiero que me frustren". El colegio "incrustrado" duró dos años entre nosotros pues conseguí trasladarlos a todos por medios legales. Curiosamente, las familias de esos niños pidieron inscribirse en el mío y no hubo ningún problema de orines, de insultos ni de comportamiento.

La demagogia de los planes de enseñanza, el "buenismo" de unos pocos idiotas de salón y, sobre todo, los perjuicios que pueden ocasionar quienes no pisan un aula pero tienen poder de decisión, son los causantes del número de "niños muertos" en nuestras clases del primer mundo. Son niños que, en unos años, también pertenecerán a la generación ni-ni (ni estudian ni trabajan) y que vivirán en los hogares paternos, explotando a sus progenitores, exigiendo derechos y despreciando los deberes. Y las balanzas desequilibradas conducen a la catástrofe.

En nuestros países “civilizados, primermundistas” también son frecuentes los casos de agresiones o insultos a profesores. La mayoría de los casos están motivados por la hostilidad que muchas familias presentan hacia los maestros porque "mi niño nunca miente", "el maestro o maestra ha pegado a mi hijo", "el maestro o maestra ha suspendido (reprobado) a mi hijo", y mil causas que, si no fueran de resultados tan serios, serían hilarantes. En España existen organizaciones de Atención al Docente, números de contacto y ayuda por parte de los sindicatos de la enseñanza. En algunas Comunidades, al profesor se le ha concedido el régimen de "Autoridad", como el que tienen los policías, por ejemplo, y cualquier agresión de palabra u obra se denuncia como una agresión a la autoridad. En la mayoría de los casos, los incidentes se resuelven por vía judicial. Yo puedo hablar desde mi experiencia: durante mi mandato como director en un colegio público nunca permití una sola acción contra los maestros de mi centro o contra mí mismo. Esto supuso un esfuerzo extra, es cierto, pero funcionó. He denunciado a padres y madres por insultos y hemos ido a juicio y los hemos ganado todos. Siempre están los recalcitrantes: una madre, ante la sentencia impuesta por el juzgado, dijo que por una sanción de esa cuantía (fue realmente ridícula) me podía matar tres o cuatro veces, después pasaría un par de años en la cárcel y tan contenta. Es la misma madre que, ante testigos, afirmó en cierta ocasión que "ella quería matar a su hijo"; cuando le dije que se lo pensara mejor, me respondió que "tenía más hijos, que no importaba". La falta de respeto hacia el profesor, la sobreprotección de muchos niños, la falta de valores, las familias, que ya no saben educar y relegan todo a los colegios, culpándonos de todo... Ése es el ambiente cotidiano en muchos casos. Pero también hay que decir que la mayoría de las familias, ante casos como éstos, han apoyado al profesor y no han dudado en afear la conducta de las familias conflictivas. Repito que hablo desde mi experiencia. Yo siempre he recomendado a mis maestros "posiciones firmes, evitar diálogos si las cosas se ponían feas y remitirme a esos padres a mi despacho". Pero yo trabajaba en ese tiempo en un colegio machista, especial, y la actitud que resultaba ganadora era la del "macho alfa", y eso cuesta."
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 01-06-2014 22:39
# Ligazón permanente a este artigo
ELECCIONES Y ¿TOLERANCIA?
No soporto la intolerancia, es algo que me revuelve el estómago. Me pone enferma la gente que no acepta que los demás piensen de otra manera y no se molesten en entender –ni en escuchar- otros argumentos, otras manera de pensar. Hay muchas situaciones en la vida que tienen más de un punto de vista y todos pueden ser válidos. ¿Por qué hay personas que se empeñan en criticar a los que no piensan como ellos, a los que buscan otras alternativas?

Seguro que me estás dando la razón, pensando que tú eres de esa minoría tolerante que acepta a los demás con sus diferentes maneras de afrontar situaciones… ¿Seguro que lo eres? ¿Seguro que aceptas que los demás actúen de manera diferente a como tú quieres que actúen? Bueno, comprobémoslo.

Elecciones. Me da igual si son europeas, nacionales, autonómicas… Elecciones, al fin y al cabo. Hay muchas opiniones respecto a cómo participar “correctamente” en unas elecciones. Y lo pongo entre paréntesis porque todas (si, TODAS) son aceptables y merecen respeto.

1. Votar a uno de los dos partidos mayoritarios: los militantes de esos partidos les votarán, es obvio, pero hay gente que les vota porque creen que son los únicos que tienen la infraestructura de personal y económica necesaria para poder liderar un país. No votan a los partidos pequeños porque creen que no están preparados para algo tan importante o, sencilla y lógicamente, porque no los conocen lo suficiente como para darles tanto poder.

2. Votar a un partido minoritario: hay personas que están cansadas de que siempre gane uno de los partidos mayoritarios y quieren poner su granito de arena para cambiar eso. A veces es un voto de castigo para los “grandes”, otras veces están convencidos de que esos partidos minoritarios pueden conseguir un cambio positivo.

3. Votar en blanco: normalmente, las personas que votan en blanco son personas que quieren ejercer su derecho al voto pero sin dárselo a nadie. Bueno, están beneficiando a los partidos mayoritarios y perjudicando a los minoritarios pero su intención es que su voto cuente indicando que no quiere a ningún partido político.

4. Voto nulo: la persona que mete en la urna un voto nulo quiere ejercer su derecho al voto pero sin favorecer ni perjudicar a ningún partido. Muchas veces, simplemente ve la oportunidad de decir lo que opina pensando que su opinión va a llegar más allá de la mesa electoral, lo que no es cierto. Normalmente, al igual que con el voto en blanco, quieren indicar que no están de acuerdo con ningún partido político.

5. No ir a votar, abstención: esta opción suele ser elegida por personas que no están de acuerdo con el sistema político, con el sistema de votación, que no quieren participar del juego de los políticos y no quiere que su voto sea usado ni a favor ni en contra de ningún partido. Es su manera de rebelarse ya que sabe que ningún político quiere la abstención (todos insisten en la importancia de ir a votar). Sabe que su abstención tiene el mismo efecto en el recuento que los votos nulos pero, sencillamente, no quiere formar parte del número de personas que han puesto otra vez a los políticos en el poder.

Después de estas opciones, ¿sigues pensando que eres tolerante? Lo pregunto porque ya estoy harta, muy muy harta, de escuchar siempre las mismas críticas hacia las mismas personas: las que optan por las 3 últimas opciones. Como te he dicho al principio, todas las opciones son respetables. Lo importante NO es que los demás hagan lo que tú crees que es correcto sino que cada uno sea consecuente con su manera de pensar.

Después de cada jordana de elecciones siempre escucho lo mismo y me parece muy injusto: hay que ir a votar para conseguir un cambio, hubo mujeres que murieron para que las futuras generaciones de mujeres pudiesen votar, si no votas no tienes derecho a quejarte después, los que no votan son unos vagos a los que no le importa la situación del país… NO ESTOY DE ACUERDO. Lo que hay que criticar es la intolerancia y el no respeto a la decisión de los demás.

Te voy a dar otros puntos de vista acerca de esos argumentos (no quiere decir que yo los comparta, simplemente quiero exponerlos). Hasta ahora, desde que ganó por primera vez el partido socialista, ir a votar NO ha supuesto ningún cambio, y si la gente sigue votando a A para castigar a B en lugar de votar porque cree que ese partido merece ganar, ir a votar seguirá siendo un acto inútil, da igual a qué partido votes o si votas en blanco o nulo. Nada cambia porque los políticos, del color que sea, seguirán ahí, con sus sueldos de por vida, tomando decisiones sobre temas que desconocen… Por eso hay gente que decide no votar, no quiere ser responsable de que sigan estando los mismos viviendo a su costa.

Las mujeres que lucharon e incluso murieron por el voto femenino no lo hicieron para que tuviésemos la obligación de votar sino para que tuviésemos la opción de decidir qué queremos hacer. Antes no había elección: las mujeres no votaban y punto (te sorprendería saber qué partidos estaban en contra del voto femenino en España y sus argumentos) y ellas cambiaron eso. Hoy en día las mujeres podemos decidir si queremos votar o no. No sería justo que antes nos prohibiesen votar y que ahora ellas nos obligasen a votar; no tiene sentido.

El que no vota tiene todo el derecho del mundo a quejarse. De hecho, no votar es su manera de quejarse y protestar, aunque no lo entiendas. Quien no vota también puede decir al que vota que no se queje porque por su culpa, por su voto, el sistema político y de votación no ha cambiado.

Tú tienes tu forma de pensar y actuar con respecto al voto y quieres que te respeten, pero los que optan por la abstención son los más criticados, seguidos por los que votan nulo o en blanco. ¿Por qué no somos tolerantes con las distintas opciones de voto? Están ahí para que decidamos cuál queremos pero muchas personas aceptarían una ley (dictatorial) que obligase a votar a todo el mundo. Aceptemos que cada uno vota a quien quiere y protesta como cree mejor. Ya basta de insultar a los que eligen diferentes opciones a la nuestra. Ya sé que la mayoría no estará de acuerdo con lo que expongo aquí, lo acepto, pero yo seguiré apostando por la TOLERANCIA.
Comentarios (0) - Categoría: Política, leyes, y otras mentiras - Publicado o 27-05-2014 02:24
# Ligazón permanente a este artigo
DE HOMBRES Y TÓPICOS
Teresa y Pedro estaban sentados tranquilamente en su cómodo sofá. Ella leía una revista, él también. Disfrutaban de un aromático café y de una tarde de domingo lluviosa. De pronto, Pedro dice:

- Vaya, a partir del martes y sólo durante 3 días va a haber una oferta de una Tablet, a mitad de precio.
- Ah, bien –respondió Teresa
- Me vendría genial para el trabajo porque ésta tiene la pantalla más grande que la mía y más capacidad. Y parece que el sonido también es mejor
- ¿Cuál será el precio?
- Sólo 230 euros, es una buena oferta
- Si, es muy buena -añadió Teresa con interés-. ¿Y qué vas a hacer? ¿La vas a comprar?
- Bueno, iré el martes a echarle un vistazo y si realmente está bien y es ligera, pues la compraré
- Vale, tú verás.

Y siguieron leyendo sus revistas. Por cierto, la de Teresa no es una revista de cotilleos sino de negocios porque tiene una pequeña empresa y le gusta estar al día. Odia las revistas de cotilleos y muchas otras cosas que se supone que deberían gustarle por ser mujer. Pedro no estaba leyendo una revista de deportes, no le gusta el fútbol ni otros asuntos supuestamente masculinos. Te lo comento por eso de los tópicos, ya sabes.

Después de esa mini-conversación, Pedro se quedó pensando en la hora a la que podría ir a ver la Tablet. Mejor por la mañana, que el martes lo tenía libre y así, si la compraba, tendría todo el día para poder dejarla preparada para llevarla al trabajo al día siguiente. Estaba contento pensando en su nueva Tablet y, sobre todo, en el precio.

Al día siguiente se lo comentó a sus compañeros. Algunos comentaron que si les decían a sus mujeres que se iban a comprar otro juguetito más dormirían en el sofá durante mucho tiempo, y le preguntaron por la opinión de Teresa.
- ¿La opinión de Teresa? La Tablet es para mí
- Si, bueno, pero algo habrá dicho ella, ¿a que sí?
- Dijo que le parecía una muy buena oferta y preguntó si me la iba a comprar. Le dije que iría a verla y decidiría y me dijo que vale, que yo veré
- ¿Te dijo “tú verás?
- Si
- Pues ya está. Mejor olvídate de la Tablet, chaval. Cuando una mujer dice “tú verás”… significa “como la compres te enteras”
- Venga ya –dijo Pedro- ya estáis con vuestras tonterías. Teresa no es así
- TODAS son así. Tú llevas poco tiempo casado pero ya aprenderás. Mejor olvídate de esa compra.

Todos sus compañeros (la mayoría casados) dieron la razón al tópico. Si tu mujer termina una conversación diciendo “tú verás” todos saben que es una amenaza encubierta, una manera sutil de decirte “ni se te ocurra”. Ante tantos hombres asegurando lo mismo, Pedro dudó por un momento. ¿Era Teresa así? Nunca había tenido ningún problema de ese tipo con ella, era una mujer muy directa, si algo no le gustaba o no le parecía bien lo decía y punto. Pero estaban todos tan seguros…

Esa misma tarde fue con sus amigos a tomar algo y les comentó la conversación con sus compañeros de trabajo. ¿Resultado? Sus amigos opinaban lo mismo. “Las mujeres son complicadas y retorcidas”, le dijeron, y ellos conocían a Teresa. La verdad es que Pedro no sabía qué hacer. Mientras cenaba con su mujer volvió a sacar el tema, pero esta vez con un poco de miedo.

- Oye, recuerdas que ayer te hablé de la Tablet esa de la oferta…
- Si, dijiste que irías mañana a verla
- Si, si, pero ¿a ti qué te parece?
- ¿A mí? Pues ya te dije que me parece una buena oferta pero que es cosa tuya si la compras o no. La Tablet es para ti, así que tú verás.

El tono de Teresa no era amenazador, ni mucho menos, ni siquiera sus gestos, su cara, su mirada… nada. Pero si todos sus amigos, con experiencia en el matrimonio, estaban tan seguros… Así que durante toda la noche, Pedro estuvo pensando en la Tablet, en la frase de Teresa, si debía ir…

Es sábado por la mañana y, mientras desayunan, Teresa se acuerda de pronto del asunto de la oferta.
- Oye, no te he visto la Tablet nueva. ¿No la compraste?
- Eeehhh… bueno… no, no la compré
- ¿Por qué? ¿Pesaba mucho? ¿No era tan buena como parecía?
- Si, estaba muy bien, era ligera e incluso podría usar la funda que me regalaron tus padres, que le viene grande a la mía
- ¿Entonces? Por el precio no sería porque era realmente bueno. ¿Se habían agotado?
- No, no creo. Bueno, es que no estaba seguro de si te parecería bien o no

En ese momento la mirada de Teresa era una mezcla de asombro, de “qué me estás contando” y de “tú eres tonto”.

- Pero vamos a ver, si te dije MUY CLARITO que me parecía una oferta muy buena y que si a ti te venía bien pues que allá tú, que era cosa tuya.
- Ya, pero al final me dijiste “tú verás”, y dos veces. Ya sabes, esa frase al final de la conversación… es confusa.
- Espera, espera, déjame adivinar. Se lo dijiste a tus amigos y te aconsejaron con los típicos tópicos sobre las mujeres. ¿Pero es que no me conoces?

Pedro bajó la mirada y dijo un tímido “si, así fue”. Teresa empezó a reírse a carcajadas.
- O sea, que lo hablas con ellos, te quedan dudas, hablas conmigo pero sin ir al grano, te siguen quedando dudas… ¿y no compras la Tablet? ¿Pero cómo se puede ser tan tonto?
- Bueno, es que no quería que te enfadases.
- Tendría que enfadarme ahora, pero la situación es incluso graciosa. Vamos a ver. Si después de hablar con esos hombres tan sabios sobre mujeres tenías dudas, haberle preguntado por lo menos a otras mujeres, a mis amigas. Aunque lo más inteligente habría sido preguntarme a mí de una manera clara. Pero si ya sabes que de parecerme mal te lo habría dicho
- Si, lo sé, y ahora aún más, pero es que fueron muy convincentes
- Ay, pero cómo se puede ser tan… Además, podías haberla comprado y si fuese tan retorcida como para decirte que no, después de haberte dicho que si, con haberla devuelto ya estaba.
- No se me ocurrió
- No, claro, ni a ti ni a tus superamigos. Pues ahora ya les puedes decir que por SU culpa te has quedado sin Tablet, que no tienen ni idea de mujeres, puede que incluso ni de las suyas. Me da pena que hayas perdido esa oferta, de verdad, pero al menos habrás aprendido a hablar las cosas claras conmigo.

Así es, amigos, no TODAS las mujeres somos iguales. Los tópicos son sólo eso: tópicos. De hombres, de mujeres, de religión, de países… Tenemos tópicos para todos los gustos. Pero cada persona es un mundo. Si vas por la vida basándote en tópicos te vas a perder muchas oportunidades y a muchas personas estupendas. Conozco a uno que dijo: “como soy feo, esa chica tan guapa no querrá hablar conmigo porque así son las guapas”, así que ni se acercó a ella. Años después se reencontró con esa chica, tuvo la oportunidad de hablar con ella y se dio cuenta de que ella no se consideraba guapa, que hablaba con todos sin importarle el físico y que había perdido unos años de amistad estupenda por un tópico absurdo. Lo malo es que no ha aprendido la lección, pero esa es otra historia.
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 20-02-2014 14:19
# Ligazón permanente a este artigo
CONTRA MOVISTAR TV
POR UN MUNDIAL DE MOTOGP GRATUITO
¿TE ATREVES A PROTESTAR… CORRECTAMENTE?

Dentro de poco empieza la temporada del mundial de MotoGP, pero con cambios. Tele5 va a retransmitir todas las carreras EN ABIERTO (9 en directo y 10 en diferido) mientras que Movistar las retransmitirá todas en directo además de habilitar otros canales dedicados al mundo de las motos. Sería una buena noticia si no fuese porque tienes que pagar para disfrutar de todo ese despliegue.

Los miles de aficionados a las carreras del mundial están mostrando su descontento ante tal circo que, en su/nuestra opinión, está estropeando ese deporte. Entiendo que necesitan dinero, pero no a mi costa.

Se ha organizado una marcha motera para protestar por dicha decisión de “si pagas las ves en directo”, lo cual está bien porque a todo lo que sea ir en moto yo me apunto, pero no creo que vaya a servir absolutamente para nada. Después de tantos años de cientos de manifestaciones anuales en España me ha quedado muy claro que es una forma de protesta inútil. Hay que conocer el punto débil de tu enemigo y, en este caso, no es difícil: el dinero. Pues ahí es donde hay que atacar. Eso sí, requiere “sacrificio” por tu parte, ¿estás dispuesto a luchar de verdad por lo que quieres?

Para empezar, está claro que los que no están abonados al antes llamado Imagenio no deberán abonarse por muy tentador que sea, a no ser que les ofrezcan algunos meses gratis y durante ese tiempo pues a disfrutar de lo que se pueda, siempre y cuando la oferta no exija permanencia. Hasta aquí no es muy difícil, sobre todo para los que no se pueden permitir aumentar sus gastos mensuales y mucho menos con algo tan superficial. Resultado: Movistar no aumentará sus ingresos.

Pero ¿cómo pueden colaborar los ya abonados? Pues llamando a Movistar para darse de baja del servicio, así de fácil. Si, vale, tienes que renunciar a un capricho en tu vida, porque reconoce que pagar por ver la tele es un capricho, no es una necesidad, pero ¿no crees que merece la pena? Pues claro que si. Resultado: Movistar perderá dinero.

Los dos resultados juntos suponen que la empresa no sólo no va a aumentar sus ganancias (que supongo que cuenta con ello) sino que además va a perder mucho dinero al no recibir todas esas cuotas mensuales que esperaba mantener. Y aquí es donde les duele. Es decir, de esta manera empezamos a hablar su mismo idioma y nos van a entender. ¿Nos harán caso? Pues eso nunca se sabe pero tenemos más posibilidades de que nos escuchen y no con una manifestación.

A lo largo del mes de febrero Movistar debería recibir una masiva entrada de llamadas de clientes que quieren dar de baja el servicio de televisión, y cuando les pregunten por qué solicitan la baja la respuesta tiene que ser “porque no estoy de acuerdo con que las carreras de motogp sean de pago”. Y por “masiva entrada…” me refiero a una detrás de otra, cientos, miles (si es que hay tantos moteros pagando a Movistar TV).

Si estás abonado a la tele de Movistar, ¿serás capaz de hacer algo así? Porque puede que tú estés pensando “bueno, yo ya tengo los canales de pago, me da igual que Tele5 lo ponga en diferido”, pero se trata de luchar juntos, de solidaridad con los demás. Porque hay mucha gente que no se puede permitir pagar, que incluso ha tenido que vender su moto por esta crisis y sólo le queda poder ver las carreras a su debido tiempo en la tele. Ahora es cuando podemos decir “protestamos porque no es justo que los que más están sufriendo esta crisis no puedan ni siquiera permitirse el pasar un rato agradable delante de la tele”.

Piénsalo bien, colabora, llama a Movistar y date de baja. Si no eres capaz de hacer algo tan sencillo, si no eres capaz de renunciar a un capricho… entonces no me extraña que las cosas realmente importantes no se solucionen. Las manifestaciones NO funcionan, hay que actuar, en todos los aspectos. Este tema puede servir de calentamiento para hacer después algo más importante relacionado directamente con la situación del país.

¡¡Anímate!! No les pagues más. Por un mundial gratuito.
Comentarios (2) - Categoría: Mi moto y yo - Publicado o 08-02-2014 15:55
# Ligazón permanente a este artigo
© by Abertal