Pensamientos en voz alta


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ZOMBI CON SUEÑO Y HAMBRE
Comer y dormir han sido siempre mis dos grandes aficiones en la vida. Había quien se atrevía a decirme “ya descansarás cuando mueras”, pero ¿y la comida? Despertarme para comer, comer para ir a dormir, y entre medias, trabajar, socializar… Esas cosas que hay que hacer con nuestra vida, pero con calma, sin prisas. No era pereza, era falta de ganas, o de motivación, vaya usted saber, pero vaya usted, que a mí no me apetece.

Cuando los muertos empezaron a salir de sus tumbas de esa manera que nunca te explican las pelis porque parece súper obvia, los humanos tuvimos que espabilar para sobrevivir. Es decir, tuvimos que estar más despiertos, más atentos, más rápidos. Todas esas cosas que a mí me provocaban sarpullidos. No es que los zombis fuesen veloces, pero, por si acaso, había que andar ligeritos para que no te pillasen. Lo bueno es que, como ellos no comían comida, quedaba más para nosotros, pero había que hacer malabares para poder conseguirla porque con tanto imbécil que la sociedad había creado, los cerebros pensantes como el mío se cotizaban bastante alto. Los zombis podían oler esos fluidos extras que da el esfuerzo de pensar.

No tardé mucho tiempo en agobiarme por no poder dormir todo lo que quería, por no poder comer en cualquier sitio a cualquier hora sin tener que moverme como un ninja por la ciudad para no ser descubierto y, por lo tanto, no tener que correr. Correr, ugh, todavía me dan escalofríos al pensarlo. Bueno, la verdad es que podía seguir durmiendo porque no entraban en las casas. Un picaporte era mucha tecnología para ellos, por eso siempre golpeaban las puertas, aunque con desgana. Ni siquiera me molestaba en poner la cadenita o echar la llave, porque eso era ya como magia para ellos.

El caso es que una noche, una de esas en las que yo no había podido dormir mucho porque tenía hambre, pero la despensa estaba casi vacía, tuve que salir para poder satisfacer uno de mis vicios y ser así capaz de satisfacer el otro. Tener hambre y sueño no es buena combinación cuando puedes morir en el intento de conseguir comida. Fue esa noche cuando pensé “qué demonios, total tengo que morir alguna vez, y los zombis no corren ni necesitan dormir todo el día ni comer a todas horas”, así que durante la lucha perdí, pero feliz.

Maldita sea, me equivoqué. Resulta que, al menos en mi caso, y me consta que soy un caso extraño, cuando me morí no perdí mi esencia. Todos mis anhelos como humano se quedaron atrapados en mi cuerpo y siguen exigiendo que los satisfaga, así que ser zombi no es la vida fácil que yo pensaba. Sigo teniendo sueño y hambre. La única ventaja es que no tengo que correr detrás de gente viva más rápida que yo porque puedo seguir comiendo lo que quiero, incluso caducado. Soy el único zombi que, literalmente, se puede morir de hambre. Irónico. Me quedo dormido en casi cualquier sitio, los vivos me echan monedas porque me confunden con un vagabundo. Para poder dormir y no tener que ir a buscar comida, he convencido a un repartidor zombi para que me traiga la comida y así él tampoco pierde su esencia humana. Al no tener cerebro, ha sido una presa fácil del convencimiento y me ahorra mucho esfuerzo. Los picaportes son un pequeño inconveniente, pero estoy avanzando.
Comentarios (2) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 12-05-2018 20:59
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ENVIDIA DE ESCRITORA
Uno de los consejos que te dan si quieres ser escritor es leer. Se supone que leyendo lo que escriben otros puedes aprender de diferentes estilos y esas cosas, pero lo que no te dicen es que te puedes deprimir por momentos. Porque tú sabes que quieres escribir, te gusta, lo necesitas, tienes tu propio estilo y lo desarrollas, pero hay cosas que, por más que lo intentas, no te salen. No tiene por qué ser algo malo, pero hay momentos y momentos, y ahora estoy en el momento “soy mediocre, no hay originalidad en mis escritos, es una pérdida de tiempo”.

Esto me pasa por hacer caso y leer. Me compré el libro de JC Hidalgo "Historias para leer en el WC" y lo acabo de terminar, y me ha gustado -os recomiendo leerlo, sobre todo los relatos de humor-, pero me ha dejado con esa sensación de “por qué yo no puedo escribir así”. Sí, ya sé que cada uno es diferente, que nuestro cerebro va por veredas distintas, pero es que mi cerebro va incluso por una vereda distinta a la mía, y eso no vale, así no juego.

Me gusta ver películas de risa, estar con gente que me hace reír, se me ocurren muchas tonterías a lo largo del día… pero no soy capaz de desparramar en el papel algo divertido. De verdad que lo he intentado, pero lo único que he conseguido es escribir historias ajenas que me han hecho gracia, siempre con el permiso de la persona implicada, por supuesto. Pero al escribir no tengo ese estilo que te saca una sonrisa, ni siquiera una sonrisa.

Mientras pensaba hoy en eso, he llegado a la conclusión de que mi cerebro y yo somos diferentes. Yo quiero escribir algo gracioso, una historia absurda que entretenga sin más, pero mi cerebro -creo yo- entiende que esto de escribir es más intelectual, de gente que comparte ideas, opiniones, que hace despertar a los demás… Y estoy de acuerdo, también se puede escribir para todo eso; es lo que he hecho siempre. Pero ya está bien, jopelines, que cada vez que se me ocurre algo gracioso, mi cerebro se ríe, pasa un buen rato y luego dice “vale, ya está, ya me he reído, ahora voy a tirar eso al cajón de tonterías que me han hecho reír pero que no valen para ser escritas”. ¿Que no valen? ¿Por qué? Por llevar la contraria, algo innato en mí, intento escribirlo, pero no me sale bien, no como a JC Hidalgo, y me ha dado envidia, y he pensado “soy otra más, no hay nada diferente en mi manera de escribir, no voy a conseguir nada excepto la satisfacción de terminar una novela”. ¿Será por el tinte “rubio pero no mucho”? Puede que sea porque paso demasiado tiempo pensando tonterías, diciéndolas cuando surge el momento, y mi cerebro necesita momentos serios, como para hacerse el importante escribiendo cosas racionales acerca de sentimientos y experiencias profundas.

A pesar de este bajón que la envidia me ha producido, voy a seguir con mi novela. Ahora que estoy en el segundo borrador, no la voy a dejar. Será una novela más, sin nada especial, sin el talento innato de JC, pero será MI novela y habré disfrutado cumpliendo otra de las tres metas de la vida: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro.

PD: el libro de Javier lo podéis conseguir en Amazon a un precio de risa. https://www.amazon.es/Historias-para-leer-WC-Hidalgo-ebook/dp/B076GNZPB9
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 12-05-2018 12:33
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DE MINDFULNESS Y BUDISMO
Hace años fui al cine con unos amigos y, a la salida, como siempre, comentamos la película. Uno de ellos no la había disfrutado como nosotros porque era un apasionado de los aviones y no paraba de ver errores en los de la película (que no era Top Gun ni nada parecido). Le dije “qué suerte tengo de no saber de aviones porque he podido disfrutar la película”.

Esta situación seguro que nos ha pasado a todos en algún momento. Vemos cómo nuestro país sale en una peli “americana” y nos centramos en la mezcla de tradiciones que hacen en la misma ciudad, o nos encanta la historia de la Antigua Roma y no entendemos cómo han podido cometer tantos errores en vestuario o en poner en un siglo a personajes de otro siglo… Mientras tanto, los demás simplemente disfrutan desde la ignorancia, y eso está bien.

Te cuento esto porque ayer fui a un tour por diferentes iglesias o templos… Visitamos diferentes religiones y nos explicaron, a grandes rasgos, en qué consisten. Una de esas religiones era la budista. Mientras explicaba y respondía nuestras preguntas, la monja mencionó el Mindfulness como una de las actividades que hacen para cualquier persona que quiera participar. Dijo Mindfulness, así en inglés, porque vivo en Inglaterra, así que es lo normal. Nunca se me había ocurrido vincular budismo con Mindfulness, pero tiene sentido.

El tema me interesa porque en mi trabajo tengo que preparar, al menos, una hora semanal de Mindfulness para un par de niños. Buscando en internet siempre veo que se basa, principalmente, en relajación. Repito, en relajación, no en meditación, aunque las dos cosas pueden ir de la mano, por supuesto. Hoy, he buscado la palabra relacionándola con el budismo, esperando encontrarme ideas, técnicas… Algo. Pero me he encontrado discusiones en blogs budistas. Una pena. Me ha decepcionado mucho comprobar que, al final, somos las personas las que hacemos las religiones y, como humanos que somos, nos empeñamos en saber más que nadie y en despreciar lo que consideramos que se desvía de nuestras creencias para venderlo al mundo.

Algunas personas implicadas en las discusiones hablaban del Mindfulness como algo que no es meditación porque la meditación es mucho más que eso y es budista pero depende de qué budistas bla bla bla. Para los no budistas no es realmente interesante, a no ser por aprender algo más. Para ellos era realmente importante conocer los orígenes del Mindfulness y su equivalente con palabras usadas en el budismo en su idioma original porque eso demostraba… Otra vez bla bla ba.

Me recordaron a ese amigo apasionado por los aviones que no disfrutó de la película. Esas personas estaban tan llenas de información que no podían entender que algo tan simple como la relajación (repito de nuevo, relajación, que no meditación) pudiese ser útil para el resto de los mortales. Había quien incluso decía que el Mindfulness no es bueno. Y aquí yo discrepo, y mucho.

Tal vez no sea algo relevante para las personas que se toman muy en serio lo de la meditación, pero para quienes no buscamos alcanzar el Nirvana, ni modificar nuestra vida para adaptarla a la meditación, encontrar unos minutos al día para aislarnos del mundanal ruido es algo bueno, muy bueno. Queremos disfrutar de la película, sin más complicaciones.

Resulta que el Mindfulness, esto es, aprender a relajarse, sobre todo en momentos de tensión, conocer cómo nos afectan las emociones, cómo podemos tener control sobre ellas, aunque sea a nivel principiante, es importante y está ayudando a personas de todas las edades. Por eso se está implementando más y más en los colegios. Por otra parte, si quieres dar a conocer tu religión, tus creencias, tu filosofía de vida, a alguien que no la conoce, no empieces usando palabras que no conoce, ni hables de técnicas que van 5 pasos por delante de lo que esa persona necesita ahora mismo, o cree que necesita. Empieza despacio, habla de Mindfulness, porque eso lo va a entender. Simplicidad.

Me gusta mi vida, no quiero modificarla / dejarla para adaptarla a la meditación sublime. Lo único que necesito es entender qué me ocurre, por qué me ocurre, y ayudar a otros a entenderlo también. Así de simple es mi ambición. Y, de momento, funciona, les guste o no.
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 26-02-2018 19:30
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EXPERIENCIAS DE ESCRITORA
Cuando leo artículos en internet, me gusta leer también los comentarios de la gente. A veces son ridículos, a veces presuntuosos, algunas veces interesantes. Leyendo un artículo acerca de consejos para escritores en el que comentaban libros de autores muy conocidos, me llamó la atención el comentario de una persona que decía algo así (no es textual):

«Siempre son los famosos, los que han publicado ya muchos libros, quienes nos dan los consejos, y está bien para poder aprender, pero también me gustaría leer el proceso de alguien como yo, alguien que está empezando, que todavía no ha publicado nada, y así sentirme más identificada».


Pues aquí estoy, a ver si consigo que otros “intentos de escritores” como yo se identifiquen conmigo, o compartan sus procesos y qué hacen para seguir adelante.

Escribo por necesidad, porque necesito echar fuera mis pensamientos, incluso mis sentimientos. Escribo porque me gusta, porque es como estar hablando con alguien, contándole mis historias inventadas y mis puntos de vista acerca de diferentes temas. No escribo para ser famosa -aunque no estaría mal, lo reconozco- ni para hacerme rica con eso. Soy consciente de que una cosa es escribir, otra escribir y que te publiquen, y otra muy distinta es escribir, que te publiquen y que te empiece a llover dinero y fama. De momento estoy en el primer paso: escribir imaginando que, tal vez, un día alguien piense que no lo hago mal y decida publicarme. Tal vez. Pero no es mi meta, sólo un pensamiento lógico.

Durante años he escrito relatos, artículos. Siempre textos más o menos breves en los que desparramo mis ideas, experiencias e imaginación. Los mejoro (o yo creo que los mejoro) un poco corrigiendo algunas cosas, y ya está. Normalmente, esos textos son bastante espontáneos; un 80% espontaneidad. Para el 100% tengo mi diario personal, en el que nunca corrijo ni retoco nada porque es sólo para mí y el objetivo de escribirlo es diferente al de los textos. A veces comparto esos textos en internet, ya sea en mi blog o en Facebook o en los dos. Eso sí, lo primero es registrarlos (yo uso Safe Creative). Cierto es que no creo que nadie me robe mis escritos, pero nunca se sabe. Más vale prevenir.

Aunque sigo escribiendo artículos y pequeñas historias, hace unos años me planteé escribir una novela. «¿Por qué no?», me pregunté, «en una novela tengo más espacio para contar más cosas, para detallar, para conocer la historia, a los personajes…». Y me puse a ello sin más, con una imagen que apareció de pronto en mi mente. Incluso estaba ya el título.

En aquel momento yo tenía bastante tiempo libre, así que escribí unas cuantas ideas casi convertidas ya en capítulos. Mi intención era simplemente escribir, contar una historia, pero no tenía ni idea de cómo se escribe una novela. Pensaba, como piensan muchos, que se escriben de un tirón, todo hacia delante, haciendo algunas correcciones, pero aprovechando todo lo escrito. Bueno, no estuvo mal como práctica. Me apunté a un foro de escritores (aficionados, como yo) y escribí algunos textos que me gustaron. También hice pequeños intentos de otros estilos que se me antojaban más complicados. Fue una época creativa y de aprendizaje; la disfruté. Leí un consejo acerca de hacer fichas de los personajes y lo intenté, pero no funcionó conmigo. La novela todavía está guardada, sin terminar. Guardada, pero no olvidada.

Mucho tiempo después de haber aparcado ese primer intento de novela y pasarme poco más de dos años escribiendo algún que otro relato, pero sin cantidad y puede que sin calidad, me asaltó otra idea para una nueva trama. Al igual que la otra vez, lo primero que escribí fueron las ideas que iban surgiendo, ya fuesen párrafos o frases sueltas. Recordé que tenía una novela inacabada, pero me di cuenta de que tenía que echar fuera lo que en ese momento estaba en mi mente y más allá.

Decidí que quería tomármelo más en serio, así que busqué información por internet acerca de qué pasos seguir para escribir novelas y aprendí que todos los escritores, incluso los más internacionalmente famosos, escribían varios borradores antes de presentar la historia definitiva. Incluso eliminaban páginas, párrafos, escenas completas. Quitan, añaden, vuelven hacia atrás para modificar, planifican, usan el diccionario de sinónimos… Así que si yo quería ser una escritora que se toma su afición seriamente, tenía que atreverme a hacer lo mismo. Y lo hice, y funcionó, y me gustó. No perdí mi espontaneidad ni mi esencia, ni la esencia de la historia. Lección aprendida.

En esta ocasión, después de escribir todas esas ideas consideré la planificación. No como algo estricto e inamovible, sino como algo que me diese una referencia para no perderme en mi universo personal de ideas desordenadas. Si quería que mi historia fuese “leíble”, tenía que organizarla. Pequeñas anotaciones en post-its en la propia libreta para ayudarme a mantener el rumbo y a tener una visión general de la historia. También escribí pequeñas fichas de personajes, y esta vez entendí mejor su utilidad. Todavía las sigo usando.

Me di cuenta de que esta segunda novela era el complemento perfecto para la primera, que seguía guardada. De hecho, ésta será el inicio de la historia. Como no soy profesional, no sé si conseguiré mi propósito de hacer dos novelas independientes pero que se complementan, pero no tengo nada que perder por intentarlo.

El caso es que me he dado cuenta de que tengo “arrancada de caballo y parada de burro”, pero leyendo los comentarios de otros escritores aficionados, también me he dado cuenta de que no soy la única y de que, de hecho, es algo bastante habitual. Me alivió saberlo, por eso es bueno estar en contacto con otros autores.
El primer borrador de esta segunda novela iba bien cuando, sin motivo aparente, nuevas ideas para otra historia querían sentir el tacto del papel. Resumiendo, he tenido que dejar a un lado, de momento, lo que estaba escribiendo y ponerme con algo diferente, que es lo que ocupa algunos de mis días y, sobre todo, mis noches.

Con esta trama ya tengo algo más de experiencia y conocimientos, lo que no quiere decir, ni muchísimo menos, que soy una profesional o que sé exactamente lo que hay que hacer. ¡Ojalá! Me he propuesto terminarla sí o sí. Bueno, terminar el primer borrador, dejarlo reposar, y volver a él un tiempo después. Es lo que recomiendan.

Pues así, a rasgos generales, he pasado de escribir relatos breves a novela. No sé si a alguien más le pasa esto de tener diferentes ideas atacando desde dentro. Sé que algunos piensan que es fantástico tener siempre ideas, pero cuando vienen a la vez, no es tan fantástico, sobre todo si tienes que trabajar en otra cosa y no te queda mucho tiempo para desahuciar todas las historias que piden paso al exterior.
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 16-02-2018 20:41
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SOLTAR LASTRE, GANAR FELICIDAD
Siempre digo que, en esta vida, para poder seguir adelante, hay que soltar lastre. Hay que eliminar todo lo que te impide avanzar, lo que te obliga a quedarte en el pasado, por bonito que haya sido ese pasado. Si hoy en día se ha convertido en lastre, hay que deshacerse de él, por mucho que duela. Y a veces duele, demasiado, pero es lo mejor, aunque nos cueste reconocerlo, sobre todo cuando ese lastre está materializado en gente. Es cierto que cortar con alguien que ha sido una parte importante en nuestra vida es algo que necesita su momento, que tenemos que haber alcanzado nuestro punto más bajo de aguante para poder decir “ya está bien, ya me he cansado, se acabó”, pero ese momento siempre llega, por suerte.

Hay personas que son capaces de soltar lastre con una facilidad asombrosa, demasiada. Para otras, es una decisión más complicada, una decisión que necesita tiempo, valoración, segundas oportunidades, asegurarse de que están en lo cierto haciendo más de una comprobación, mentalizarse de que, después de todo lo anterior, no hay otra solución y de que van a ganar en descanso mental. Sí, el proceso es más largo, pero es cien por cien seguro, porque cuando el lastre reclama el confortable espacio que le ha sido arrebatado, se le puede responder sin ninguna duda “te di muchas oportunidades y todas tuvieron el mismo resultado, así que ya estás fuera de mi vida”. Intentará poner excusas, decir que todo fue por nuestra culpa, por culpa del trabajo, por culpa de otros… Pero la verdad es que mientras se sintió inamovible no dijo nada, no dio explicaciones, así que nos hace sentirnos seguros en esa meditada decisión. Ha hecho falta tiempo, estrategias, pero ha merecido la pena porque sabemos que no nos equivocamos, que no nos podrán echar nada en cara, que hacemos lo correcto al dejarlo ir.

Y qué liberación sentimos cuando, por fin, recuperamos ese espacio vital que deja más sitio para nosotros mismos. A pesar de las razonables dudas iniciales, nos hemos liberado de una incómoda carga y realmente nos hace sentirnos más ligeros. Pero lo importante para rematar de manera positiva es seguir recordando los fantásticos momentos vividos con esas personas, no olvidar lo bueno que hayan podido hacer por nosotros durante su estancia en nuestras vidas, sonreír cuando veamos las fotos tontas que nos hicimos juntos, aun cuando sabemos que esas personas no van a hacer lo mismo con nosotros, que no lo han hecho en mucho tiempo. Que les vaya bonito, pero lejos de nosotros. Porque los sentimientos negativos son incómodos, porque no sirve de nada abandonar nuestro nocivo lastre si seguimos manteniendo rencor. Si vamos a prescindir de esas personas a causa del malestar que nos producen, ¿por qué quedarnos con el malestar? Que se lo lleven, que se lo queden, que se entiendan con él. Y es que el propósito real y definitivo de una acción como ésta, es deshacernos no de la persona, que también, sino principalmente de esas emociones dañinas, por eso no tiene sentido mantenerlas y alimentarlas.

Soltar lastre de vez en cuando está bien, y eso es lo que voy a hacer otra vez por motivos diferentes. Respecto a algunas personas, ha sido una decisión reciente, por motivos personales, totalmente ajenos a ellas, pero es algo que creo que necesito hacer aunque puedo estar equivocada. Es más un "me alejo sutilmente" que un "ahí os quedáis". Sin embargo, hay un número muy muy reducido de personas con las que he tenido una paciencia de años. Mucho tiempo, pero bien aprovechado para poder tomar esta decisión.

Hay muchas cosas que no necesito en mi vida y una de ellas es gente que o no me aporta nada, ni positivo ni negativo, o que me llena de malas sensaciones, así que sólo hay una cosa que puedo decir: fue bonito mientras duró, pero adiós.
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 19-01-2018 22:40
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SURTIDORES DE RECUERDOS
Mi intención era parar en la primera gasolinera que viese por el camino, pero me puse a pensar en la variedad de precios y he acabado en la de siempre, aunque eso me ha hecho desviarme de mi camino. No tengo prisa, sólo me apetece disfrutar del día y de su estupenda temperatura dando un paseo con mi vieja amiga, así que hacer un par de kilómetros más no me importa.

Al ser un día entre semana no hay apenas cola en los surtidores y no tengo que esperar mucho. Menos mal, porque estar bajo el sol con la cazadora puesta no me hace ninguna gracia. Por pasar el rato, mientras reposto intento calcular cuántos años llevo viniendo a esta pequeña gasolinera. Siempre ha sido la más barata, a veces con una diferencia importante, y está en el parking de un centro comercial, lo que la hace más accesible que otras y un punto de encuentro cuando quedamos en grupo.

En el surtidor de al lado se para un Citroën verde oscuro y, de pronto, los recuerdos me asaltan para ayudarme a hacer un cálculo exacto y sentimental. No me puedo creer que esté sintiendo nostalgia en una gasolinera, qué tontería. Ese coche me ha traído a la memoria las primeras veces que empecé a venir aquí con mis padres y su recién estrenado Xsara familiar a finales de los ’90. Qué contentos estaban, no dejaron de sonreír en todo el día proponiendo sitios para visitar. Era su primer coche nuevo. Los dos anteriores habían sido de segunda mano, pero éste lo sacó mi padre del concesionario. Bueno, en realidad lo sacó mi madre porque él quiso que fuese ella la que hiciese los honores. Yo tenía unos diez años, pero esos recuerdos se mantienen muy vívidos en mi “rincón de momentos que no debo ni quiero olvidar”, con sonidos y olores incluidos. El color, verde oscuro, lo había elegido mi madre y, en mi opinión, acertó. Mi padre decidió que fuese un familiar para tener un maletero grande como un armario ropero. Siempre me gustó ese coche, por amplio, fiable, cómodo, verde. Por eso yo también tengo un Xsara, aunque no tan antiguo, claro, y mis padres siguen manteniendo el suyo, que todavía está estupendo.

No tardo mucho en repostar, mi vieja amiga no tiene un depósito muy grande, y me voy hasta la cabina a pagar. Cuando venía con mis padres y su coche nuevo con olor a esfuerzo, a logros conseguidos, a satisfacción, todavía pagábamos en pesetas contándolas por miles. Ahora es en euros y no llegamos ni a 100, pero es mucho más cara. No me hago a la idea de que hayan pasado ya tantos años, unos 20, pero es lo que ocurre cuando te pones a pensar e intentar calcular qué edad tenías.

Cuando vuelvo al surtidor, el Citroën aún sigue ahí y veo a una niña de unos diez años en el asiento trasero, riendo, hablando con su madre que está delante. Su padre le pone caras raras por la ventanilla trasera mientras reposta. Se les ve contentos, como nosotros cuando estrenamos el coche. Por curiosidad, miro su matrícula mientras guardo la cartera en la maleta de mi vieja amiga, mi moto, y es un Xsara nuevo, cómo no. Al menos no es un familiar; sería mucha coincidencia.

No puedo evitar preguntarme si mis hijos se acordarán también de estos momentos con una sonrisa. Todavía son pequeños para acompañarme en dos ruedas, pero han venido ya muchas veces aquí en el coche. Supongo que, al igual que yo en su momento, no le dan importancia a una gasolinera. Es más, incluso a mí me cuesta creer que tenga la mirada húmeda en un sitio así.

Me subo a mi moto intentando que no se me empañen los ojos con las lágrimas. Con calma, me recojo un poco la melena para ponerme el casco, aunque sé que voy a acabar despeinada, como siempre. Mientras me ajusto los guantes veo que la niña me mira atentamente, me sonríe y me saluda con la mano, igual que hacía yo de pequeña. Quién sabe, tal vez también sea motera como yo en cuanto tenga ocasión.
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 17-11-2017 19:55
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MALA EDUCACIÓN VIRTUAL
Imagina que nos encontramos tú y yo en una tienda:
Yo: Hola, cuánto tiempo, ¿qué tal estás?
Tú: Hola, bien, bien, ¿y tú?
Yo: Pues ya ves, ¿qué tal por el trabajo? ¿se solucionó todo o tuviste que cambiar?
Tú: Por suerte todo bien. Al final llegamos a un acuerdo y ahí sigo. Supongo que tú sigues en el tuyo, ¿no?
Yo: ……. (me doy media vuelta, me voy a mirar unos pantalones, con tranquilidad. A los 5 minutos vuelvo) Pues sí, sigo en el mismo sitio. Estoy muy contenta. Me habías dicho que ibas a cambiar de casa, ¿lo hiciste? (y otra vez me marcho).
Tú: Pues sí, encontré otra casa más grande por el mismo precio, así que el mes pasado me cambié de casa y de barrio. Tú sigues en el mismo sitio, ¿verdad?
Yo: (mientras tú hablabas, yo me he ido al probador con dos prendas de ropa. Salgo al cabo de unos 10 minutos y sigo hablando como si nada) Sí, sí, sigo en el mismo sitio.

Si esta situación fuese real, ¿qué pensarías de mí? ¿habrías estado esperando todo ese tiempo a que yo terminase mis asuntos para seguir la conversación? Supongo que la primera vez me habrías dicho algo y la segunda te habrías marchado sin ni siquiera esperarme para despedirte. Es normal. Mi actitud ha estado realmente fuera de lugar, de educación y de respeto.

Ahora imaginemos lo mismo pero por teléfono, o incluso por Skype. Estamos charlando y de vez en cuando desaparezco sin más. Te dejo esperando, no sabes si colgar o no, no respondo… Y de pronto, al cabo de unos minutos (digamos 15 minutos) vuelvo y sigo hablando sin más, como si fuese normal dejar las conversaciones a medias sin dar explicaciones. ¿Te parece correcto mi comportamiento? Seguro que no, y tienes razón.

Cuando estamos en una conversación, lo normal es hacerla fluida. No dejamos pasar minutos entre frases. Si nos preguntan algo, respondemos al momento. En las conversaciones en persona es fácil ver lo que la otra persona está haciendo, incluso por Skype, pero no por teléfono. Aun así, en estas 3 situaciones decimos “perdona, espera un momento, disculpa, dame un minuto, te tengo que dejar ahora pero seguimos hablando luego, me tengo que ir…” Es lógico, ¿no? Estamos hablando con alguien, es normal que le digamos por qué cortamos la conversación y que nos despidamos apropiadamente.

Pero hay una situación, más común hoy en día que Skype y el teléfono, que no sigue ningún protocolo de respeto, dónde esas normas no escritas de educación se pisotean sin ninguna razón (o por alguna razón que yo no alcanzo a comprender) y que a mí me cabrea bastante: la conversación escrita.

Entiendo perfectamente que el hecho de escribir nos da la libertad de poder seguir haciendo lo que sea que estemos haciendo: cocinar, comprar, vestirnos, desvestirnos, comer, coger el autobús. Y todo sin necesidad de dar explicaciones, excepto… Excepto si vas a estar media hora sin responder, o 5 minutos, no importa. Entiendo también que, al tener que escribir -sobre todo con los móviles- no siempre es posible avisar de la espera. Si, por ejemplo, te llaman a la puerta o llega el bus, no te da tiempo a anunciarlo, pero sí que puedes comentarlo después con un simple “perdona, pero me ha llamado una vecina a la puerta y me ha entretenido más de lo que yo pensaba / disculpa, es que llegaba el bus”. A esto se le llama mostrar respeto por la otra persona, entender que se quedó ahí, al otro lado de la pantalla, sin saber qué estaba pasando, sin saber si podía irse o si tenía que esperar…

No creo que yo sea la única persona a la que han “abandonado” durante una conversación, y no creo tampoco que yo sea la única a la que las buenas maneras le siguen pareciendo importantes. Después de darle hoy un tirón de orejas a un amigo por este comportamiento, me dice “a veces te aviso, pero otras veces no me doy cuenta y sigo con mis cosas, aunque no es por mala educación”. ¿Que no es por mala educación? Por supuesto que lo es. Eso demuestra el poco o nulo interés que tiene en hablar conmigo. Decir “me voy a dar una ducha, luego te escribo” o “ahora arranco, voy a conducir, cuando llegue a casa te contesto” no cuesta nada, de verdad, y liberas a la otra persona de la espera. Porque, durante esa espera, a mí me puede surgir algo también y tengo que irme. Normalmente lo comento, aunque con algunas personas ni me molesto. Simplemente apago y me voy. Mal hecho, pero es que me han dejado ahí esperando durante un cuarto de hora y no sé si van a regresar, y es algo habitual en ellas. Tengo conversaciones sin acabar desde hace meses. Hice una pregunta y ahí me quedé. ¿Será que otra persona murió, se le acabó internet? Ni idea, pero cada vez me apetece menos hablar con personas así.

No cuesta nada mantener la educación, el respeto, incluso cuando hablamos por Facebook, whatsapp, o cualquier otro medio escrito. Estamos en una conversación, hay otra persona esperando nuestra respuesta, no la dejemos tirada sin más explicaciones. No siempre es necesario empezar con un “hola, buenos días”, pero sí es necesario terminar apropiadamente la conversación con una despedida en condiciones.
Ahora tengo que dejarte porque la comida ya está preparada y tengo mucha hambre. Seguimos en contacto. Hasta pronto.
Comentarios (2) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 23-09-2016 14:36
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EL SUSURRO
Acerca su boca a mi mejilla para darme un beso de amigo y, sin prisa, me susurra “te deseo”. Sus dedos coquetean con los míos a escondidas en un fugaz momento mientras decido cómo reaccionar confiando en que nadie se haya dado cuenta de la situación. No puedo hacer nada por disimular la emoción en mi piel, que espera otro roce, un simple roce furtivo que la devuelva a la vida.

Nadie más debe saberlo porque no soy una mujer libre. Soy el fruto prohibido, la tentación anulada por los años y las decepciones, que ya no se da cuenta de que todavía puede levantar pasiones. Soy una sombra de mí misma que echa de menos las miradas y palabras lujuriosas de los que anhelaban una oportunidad junto a mí. Me he convencido de que ya no queda nada de aquella mujer deseada y, por lo tanto, que nadie siente interés por este cuerpo deteriorado, ni siquiera yo. Pero ese susurro… Ese susurro me ha devuelto la ilusión, las mariposas en el estómago, la juventud. Quiero más, necesito alimentar mi ego.

Poco a poco me va apartando de los demás y yo, que me doy cuenta, le sigo el juego. Ya a solas, en su casa, me mira a los ojos intentando perderse en mi mirada, convenciéndose de que ya no soy un sueño, su sueño. Acaricia mi pelo, mis labios, disfrutando esos primeros momentos como si no pudiese creer que está realmente conmigo. Mi mente todavía se debate entre lo correcto y el anhelo de volver a sentirme deseada. Sin darme tiempo a tomar una decisión, él acerca su boca a la mía, muy suavemente, apenas la roza, consiguiendo estremecer todo mi cuerpo que, en ese preciso instante, decide dejarse llevar por las sensaciones anulando cualquier intento de cordura. Cierro los ojos.

Sus dedos empiezan a bajar por mi cuello acompañados de sus besos que vuelven a mis labios con más fuerza y pasión. “Te deseo”, me dice otra vez mientras pone mi espalda contra la pared, “siempre te he deseado”. Puedo sentir sus nervios a flor de piel mientras sus dedos se deslizan por debajo de mi camiseta, agarrando mi cintura firmemente pero con dulzura. Se detiene por un momento para entender todas las sensaciones que recorren su cuerpo de arriba abajo. Mis manos se aferran a su cuerpo pidiendo con silenciosos gritos que no me suelte y empiezan a descender lentamente, intentando que él disfrute tanto como yo de este momento de locura. Sube hacia mis pechos deleitándose con cada centímetro de mi piel, dudando si debe seguir ese camino o si será mucha osadía. Sus caricias siguen subiendo por mi espalda, sus besos empiezan a bajar por mi escote, y me abraza con unas ganas que ya no necesita contener. Yo enredo mi pierna con la suya, apretando mi muslo contra su entrepierna. La sensualidad deja paso a la sexualidad. Nuestra respiración comienza a acelerarse, a hacerse protagonista con gemidos de un placer que no queremos reprimir más.

Mi mano agarra el bulto de su pantalón y lo acaricia con fuerza, arriba y abajo. Su lengua ha llegado a mis pechos y recorre mis pezones mientras sus dedos se deslizan entre mis húmedas bragas. Mi primer impulso es cerrar las piernas, por vergüenza, pero él no cede el terreno conquistado. Me besa suavemente, “ya no hay vuelta atrás” dice para convencerme y, poco a poco, vuelve a tener el camino despejado para que lo recorra a su antojo. La vergüenza no se va, pero tampoco interfiere más. Desabrocho su pantalón y le quito la camisa.

Nos tumbamos en la alfombra, desnudos, vulnerables, excitados como adolescentes en su primera vez, acariciando cada rincón de nuestros cuerpos. El ritmo vuelve a ser sensual, cálido. Ninguno de los dos quiere acelerar el final, no tenemos prisa, por eso él tiene que hacer un esfuerzo por mantener sus instintos más básicos dentro de unos límites. Agarra mis muñecas con firmeza, sujetándome contra el suelo, y sube mis brazos mientras entrelaza sus dedos con los míos. Comienza la bajada, lenta y dulcemente. Mi espalda se curva como la de una gata en celo, mi uñas se clavan en su espalda dejando un rastro de pasión no contenida, muerdo su boca, le encierro entre mis piernas, cabalgo sobre su cuerpo mientras beso su pecho, su ombligo, su… Después cambiamos posiciones y con su lengua me hace alcanzar un orgasmo que llena todo mi cuerpo y, de pronto, somos uno. Puedo sentirle dentro de mí. Toda su pasión, su deseo, su lujuria guardada durante tanto tiempo para este momento, todo lo puedo sentir mientras los movimientos de nuestros cuerpos se sincronizan. Mis caderas, otra vez sobre él, siguen su ritmo, hacia adelante, hacia atrás, en pequeños giros. Sus manos continúan recorriendo mi cuerpo y me agarran con fuerza cuando alcanza el clímax.

Los dos nos quedamos quietos, abrazados, mirándonos, acariciándonos. Apoyo mi cabeza en su hombro para que no vea las lágrimas bajando por mis mejillas. No quiero preguntas, no quiero pensar en respuestas; sólo quiero cerrar los ojos y sentir sus brazos rodeándome. Saber que hay alguien que ve en mí a la mujer que un día fui y que su piel se eriza con un simple roce de mi piel, me ha devuelto a la vida. Pero nadie más debe saberlo porque no soy una mujer libre. Soy la abnegada esposa que se ha cansado de ser ignorada por su marido.
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 01-08-2016 20:49
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ESCRITORES TECNOLÓGICOS
Hace 3 años, allá por el 2013, un amigo me contaba que llevaban ya 2 días sin luz en la ciudad y alrededores a causa de un temporal. Ni tele, ni ordenador… Le dije que podía aprovechar el tiempo escribiendo.

- No puedo, no tengo luz- me contestó.
- Pero… si todavía es de día- repliqué extrañada.
- Que no tengo luz, no puedo conectar el portátil y ya no tiene batería.
- ¿Y qué tiene que ver el portátil con aprovechar el tiempo escribiendo?
- ¿Cómo voy a escribir sin el portátil?
- Pues con boli y papel, que es como se escribe –dije con toda la naturalidad que merece algo tan obvio, sin estar segura de si él hablaba en serio.
- Ah, claro. El método antiguo. No lo había pensado. – sí, hablaba en serio.

Hace apenas un mes leí un artículo de un escritor que contaba un viaje a Madrid de 2-3 días. Decía que tenía mono de escribir, que quería su portátil ya, que no soportaba estar tanto tiempo sin escribir. Y lo decía como si fuese lo más normal del mundo, dando por sentado que todos íbamos a entender ese desasosiego por no tener un teclado a mano.

Tal vez la rara hoy en día sea yo, pero no les entiendo. No me identifico con esos escritores tecnológicos que dicen que necesitan escribir pero no se les pasa por la mente coger un boli, o un lápiz. ¿En serio hay gente que no se da cuenta de que se puede seguir escribiendo en papel? Parece que sí, pero yo no lo entiendo. Para mí es algo tan obvio, tan lógico, tan habitual, que no sé si reírme o llorar de pena cuando escucho ese tipo de comentarios.

Yo también uso el ordenador para escribir, por supuesto, no soy tan arcaica, pero conozco el uso la tinta sobre el papel. Tengo una libreta que suelo llevar siempre conmigo, por si tengo un rato libre para compartirlo con las musas. Lo bueno de este método tan antiguo de escritura, y tan desconocido para algunos, es que puedo usarlo en cualquier sitio. No necesito cobertura, ni se me acaba la batería, es cómodo de transportar y muy fácil de usar. ¿Que me quedo sin uno de los dos artilugios? Pues voy a una tienda y compro más, y sigo desparramando palabras. Si lo que he escrito merece la pena, lo paso al ordenador. A veces, empiezo en papel y termino en digital. Otras, va en digital de principio a fin si la idea ha surgido mientras estaba ya conectada. Incluso tengo una pequeña grabadora por si no me puedo parar a escribir (podría grabar en el móvil, pero me gusta más la idea de la grabadora). Pero no perdamos el tema. No se trata de papel o digital, sino de no olvidarnos del papel. Y sigo sin entender cómo es posible que los escritores, ¡los escritores!, se hayan olvidado de algo tan básico.

Puede que argumenten que así no tienen que escribir lo mismo dos veces (la tradicional y la digital), que así ya queda guardado bla bla bla. Pero, desde mi punto de vista, se trata de poder escribir bajo cualquier circunstancia, en cualquier momento. Y yo, que sólo soy una escritora aficionada, tengo la fórmula para conseguirlo. Puede que yo sea antigua, como mi móvil, pero soy más práctica y no pierdo oportunidades para escribir cualquier tontería que me viene a la cabeza. Me alegra no ser una escritora tecnológica. Soy una escritora mixta.
Comentarios (0) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 08-07-2016 13:17
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Ráfagas para Blas

Pero vamos a ver, Blas, ¿en serio? Es decir, todos tenemos claro que estar de fiesta te gustaba mucho, pero que lo primero que hagas al llegar al cielo sea agarrar a San Pedro para echar un bailecito… Menos mal que ya te conocían e incluso tenían la música preparada, que el pobre San Pedro se aburre mucho y estaba deseando que llegases. Ha sido un buen comienzo, no esperábamos menos de ti. Eso sí, después del baile y de la gran sonrisa que le has dejado al portero, te han llevado a recoger la que va a ser tu moto ahí arriba. Y digo “ahí arriba” porque es donde mereces estar y, oye, porque es donde estamos mandando nuestras V’sss y nuestras Ráfagas, y no creo que todos estemos haciéndolo mal.

Has estado muy ocupado en tu primer día ahí, entre reencuentros, motos, cerveza, bailes, tatuajes (porque seguro que ya estás pensando en hacerte otro), y creo que ya lo hacen adrede los que manejan el chiringuito ése, porque así no ves nuestras caras de mala sorpresa al enterarnos de la noticia, nuestra fase de negación, de “no puede ser, tiene que ser un error”, nuestras lágrimas, tantas lágrimas que no hemos podido ni querido contener. Te han distraído para que no pudieses sentir el gran dolor que todos hemos sentido y que todavía estamos asimilando. Es muy duro para nosotros, Blas, muy duro. Así que mejor sigamos hablando de tu entrada en el paraíso y de todas las sonrisas que vas dejando a tu paso.

No podía faltar la ruta motera, una ruta de altura, para conocer los mejores sitios acompañado por otros hermanos que nos dejaron antes. Porque a nosotros, los que nos quedamos aquí, nos gusta pensar que cuando lleguemos ahí arriba nos estaréis esperando con moto, buen tiempo y las rutas ya preparadas. Hombre, es normal, no vamos a llegar nosotros, los nuevos, y organizarlo todo, ¿no? Eso os toca a vosotros. Así que lo de estar de fiesta está bien, pero no te distraigas. No es que estemos pensando ir, pero ya sabes cómo va esto, qué te voy a contar que tú no sepas, y es que en cualquier momento nos puede tocar a nosotros y no queremos que os pille desprevenidos. Queremos seguir liándola parda.

Pero, Blas, te has ido pronto, demasiado pronto. Sabemos que tú no querías, no te lo estamos reprochando, es sólo que nos va a llevar tiempo hacernos a la idea de que ya no estás. Y no importa si éramos amigos cercanos o si sólo nos veíamos en concentraciones. Algunos de nosotros no te veíamos desde hacía tiempo ya porque la vida nos llevó lejos de todo ese mundo motero que tanto amamos, pero seguíamos hablando de ti con una gran sonrisa recordando tus bailes con las señoras del restaurante –qué contentas estaban bailando contigo- y tu baño nocturno en la playa, camino del hotel, después de otra Liada Parda, a la que intentabas no faltar. Nos hiciste parar a todos y esperarte para no quedarte solo mientras te quitabas la ropa, te metías en el mar en calzoncillos y te volvías a vestir. ¿Y sabes qué? Que te esperamos porque lo estábamos pasando en grande con tu idea (tranquilo, no voy a publicar esas fotos, que las hay), y las carcajadas merecían la pena.

Escuchando a todo el mundo, creo que lo has hecho bien, Blas. Todos hablamos de tu sonrisa, de los buenos momentos que nos has dejado, de tu alegría contagiosa. ¿Sabes lo que eso significa? Que entendiste perfectamente en qué consiste la vida: en disfrutar y en regalar buenos momentos a los demás. Porque esos momentos son los que van a quedar, los que hablarán de ti mientras nosotros sigamos aquí. Por eso esperamos que estés echando unos bailes ahí arriba, que sigas de ruta, que no faltes a nuestras concentraciones. Nos gustaría que siguieses haciéndolo aquí, pero ya no puede ser. A cambio, prometemos llorar sólo un poco más, permítenos eso, por favor, porque no lo podemos evitar por mucho que lo intentemos. Después, seguiremos sonriendo al pensar en ti, al recordarte. Es lo que mereces, buenos recuerdos y sonrisas, muchas sonrisas.

Quedan muchas cosas por decir, pero cada uno lo dirá por su cuenta. Seguro que ni tú tienes tiempo para leer esto ni la mayoría puede terminarlo, o por pereza o por las lágrimas. Y eso que yo quería escribir algo que sacara sonrisas, en tu honor, pero qué le vamos a hacer. Tal vez todavía no es el momento. Por hoy lo dejamos aquí, que no te quiero entretener con estas cosas mundanas de penas y despedidas. Que siga la fiesta, por ti, para ti. Ha sido un gran placer conocerte.

V’sss y Ráfagas, compañero, hermano. Sigue disfrutando allá donde estés.

(autor de la foto: Carlos F. Gómez Llavero, Os Ártabros)
Comentarios (0) - Categoría: Mi moto y yo - Publicado o 14-06-2016 01:07
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