| Bienvenido al maravilloso mundo del telemarketing |
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| ¿Estás harto de llamar a los nºs de atención al cliente y que no te hagan caso? En este blog descubrirás lo que ocurre al otro lado de la línea. |
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| O meu perfil |
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| ¿TIEMPO? ¿QUÉ ES ESO? |
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Escribo estas palabras (que no prometo que sean breves) para disculparme ante los que me seguís habitualmente, lo cual agradezco enormemente. Desde que he vuelto a la rutina no he tenido ni un momento para escribir algo decente (como si alguna vez hubiese escrito algo decente). Realmente no he tenido tiempo para escribir nada, ni decente ni no.
Estos son los inconvenientes de ser "pobre". Hay que ir a trabajar, lo cual ya quita la mayor parte del tiempo que podríamos dedicar a otros temas más interesantes, a no ser que te guste tu trabajo. En ese caso ¡enhorabuena! Qué envidia. Yo trabajo no sólo de teleoperadora, que aún me deja algunos momentos para escribir -"me deja" no es el término adecuado, pero vamos a decirlo así-, sino que además por las tardes doy clases de ingles en algunos centros, cosa que hago más por hobby que por dinero, pero todo ayuda y más con esta "no crisis" que "no tenemos" (país de pandereta). Pero lo dicho, que esto de ser pobre significa no tener mucho dinero y además no tener tiempo. Y si además eres madre… olvídate. Aunque yo no me puedo quejar, nunca agradeceré lo suficiente la labor de los abuelos. Gracias.
A lo que iba, que el volver a la rutina -es decir, al trabajo- no me deja tiempo para nada. Estoy leyendo un libro, cosa que no hago desde hace mucho debido, precisamente, a esa falta de tiempo de la que me quejo constantemente. El libro se titula "Una noche de perros" escrito por Hugh Laurie, el que hace de doctor House, y debo decir que me gusta mucho. Es muy entretenido y seguro que a mis habituales les gustará. Pero lo que quiero comentar es una de las frases que viene en la contraportada: "... y Laurie es un escritor con mucho talento". A ver, a ver. Analicemos esto. Leyendo el libro no voy a discutir que tenga talento, porque lo tiene. Pero lo que le pasa a Laurie y a muchos otros hombres que dirigen, escriben, actúan, dan conciertos de saxo, viajan, etc... no es que tengan talento. Lo que tienen es muuuucho tiempo libre. Si no, cómo van a poder hacer todas esas cosas. Yo también estoy escribiendo un libro y ya tengo el tema para otro en mente (no es broma), pero ¿te haces una idea de cuánto tiempo puedo necesitar yo para escribir un sólo capítulo? Teniendo en cuenta que para escribir esto le estoy robando minutos a mis clases, no es difícil de calcular, ¿no?. Yo no tengo menos talento que ellos (o si, pero eso es otro asunto), lo que tengo es mucho menos tiempo y, muy importante en este mundo, menos contactos. Así que si no publico nada con una editorial no es por mala escritora -que podría ser- sino por falta de tiempo y contactos.
Y es que los famosos tienen todo eso que a mí me falta y yo tengo lo que les falta a muchos: talento. Qué mal repartido está el mundo, snif snif. |
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| EL PRECIO DE LAS COSAS (según los bancos) |
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Un compañero de mi marido, al que llamaremos John Smith -por eso del anonimato-, decidió que ya iba siendo hora de tener moto otra vez, así que echó cuentas y eligió la que iba a ser su nueva montura. Lo de echar cuentas no era por el dinero, que para eso ya están los bancos, sino por su embergadura. “Veamos, si mido 2 de alto por 2 de ancho está claro que la moto que elija tendrá que ser tamaño XXL. Un scooter no lo quiero, custom ya he tenido -mi última moto fue una Honda Shadow- y se me quedan pequeñas, los “pepinos” no me apasionan...”. Y así, mirando mirando en las distintas marcas encontró la moto que más se ajustaba a él, una Honda (en mi opinión personal, lo mejor de lo mejor). Y encima estaba de suerte, se la dejaban 3.000€ más barata. Aún así, John decidió pedir un préstamo por el precio real, por si acaso; ya puestos a pedir.
Una vez dado el primer paso, elegir moto, nuestro protagonista se dispone a realizar el segundo: ir al banco a pedir pasta, que tienen a tutiplén. Así que una mañana se presenta en su banco de siempre. Le atiende una amable chica que le hace el interrogatorio de rigor: “tienes cuenta aquí, tienes nómina, qué tipo de contrato tienes, cuánto necesitas, para qué, qué talla de calzoncillos usas, de qué marca...”. Lo normal, vamos. “A ver, tienes que traer algunos papeles y en unos días ya tendremos una respuesta.” Y así lo hace al día siguiente.
Como ves, por el momento todo sigue su curso normal: John Smith soñando con el día en que cabalgue su nueva montura, el banco estudiando la solicitud del préstamo. Los días transcurrían como transcurren en estos casos: lentos, muy lentos. John se dio otra vueltecilla por su banco amigo para ver cómo iba su solicitud pero la chica no estaba, vacaciones. Bueno, no pasa nada. La moto aún tardaría así que él podía esperar mientras iba decidiendo cómo tunearla: color, extras... y ya está. No hay mucho más que tunear en una moto. Otra semana más y vuelta al banco. Vaya por Dios, ahora está de baja. Nadie le puede informar así que habla con el director. “No te preocupes -le dice- ya me encargo yo de agilizarlo” (palabra de banquero, qué miedo).
La moto ya está en el concesionario y su futuro dueño empieza a impacientarse. Cada vez que llama al banco amigo le dan excusas hasta que decide ir “in person” y que le expliquen de una vez qué ocurre. Y lo que ocurre es lo siguiente (asómbrate):
John- A los buenos días, vengo por lo de mi préstamo.
Director- Buenos días... si... estooo... siéntate. Verás, es que te lo han denegado.
J- ¿¡Por qué!?
D- Bueno, es que 30.000€ para una moto es mucho dinero.
J- Pues es lo que vale.
D- Además, ahora mismo su contrato es temporal.
J- Ya les traje los papeles que me pidieron para confirmar que estoy la lista del Sergas porque estoy esperando a que salga la plaza. Como mucho tardaría 2 años y hasta entonces tengo trabajo estable.
D- Si, ya, pero de aquí a dos años le pueden surgir otras cosas.
J- ¿Me está diciendo que después de lo que me ha costado aprobar la oposición y teniendo ya una plaza asegurada de funcionario voy a ser tan estúpido de rechazarla? Venga, hombre.
D- Bueno, pero aún así 30.000€ nos parece mucho para una moto. Para un coche puede ser, pero una moto...
J- Ese es el precio oficial. Si quiere le traigo el catálogo. Es lo que valen esas motos tamaño familiar. No estamos hablando de un ciclomotor.
D- No hace falta. Como le he dicho se ha denegado porque el banco considera que 30.000€ es mucho dinero para una moto.
Si señor, un aplauso para el banco y su director, plas plas plas. Eso de “qué atrevida es la ignorancia” se lo han aplicado de lleno. Que ellos sabrán mucho de planes de pensiones, pero está claro que de motos no tienen ni idea. ¿Cómo pueden denegar un préstamo sólo porque les parece que una moto no puede valer tanto? Al menos tendrían que comprobarlo. Pero qué se le va a hacer. El que sabe, sabe; y el que no, trabaja de banquero. Seguro que tú ya has adivinado qué modelo de moto es el que ha elegido nuestro prota sólo con saber el precio. Ahora ya no sólo Pere Navarro nos pone trabas para motorizarnos, los bancos también opinando de lo que no saben. Mucho pa'una moto, mucho pa'una moto... bah, qué sabrán ellos.
Respecto a John Smith, probó en Caixa Galicia, otro banco amigo de toda la vida -de la vida de su padre- y ¡obtuvo la misma respuesta! (no entraré en más detalles por no extenderme más). Finalmente, el concesionario le ha echado un cable (lo que sea con tal de no pringar con la moto) y Johnny ya ha estrenado su Honda Goldwing. Enhorabuena, y a disfrutarla con sensatez y con casco. |
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| SUMA DE DESPROPÓSITOS |
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Cada vez estamos más acostumbrados, por desgracia, a que las cosas en lo que a telefonía se refiere funcionen mal. Y si a los problemas que nos puede causar una incidencia en la línea de teléfono (ya sea fijo o móvil) le sumamos la tortura añadida e irremediable de tener que solucionarlo a través del telemárketing... pues vamos apaña'os. Echando un vistazo por internet, fuente inagotable de des-información, veremos que a cualquier queja por avería del "maravilloso" servicio que nos vendieron van irremediablemente ligadas las quejas por la mala atención recibida en los servicios telefónicos de atención al cliente. Y como hablemos de adsl... ahí si que a la gente le salen sapos y culebras contra los "call-center". Y no sin razón, a veces.
En uno de los últimos relatos te comentaba que según mi humilde, personal y objetiva opinión la culpa la tenían tanto las empresas como los propios teleoperadores prácticamente al 50%. Pero hoy voy a hacer una modificación y es que le voy a poner al cliente un 10% de responsabilidad porque también es él quien en ocasiones nos dificulta el trabajo y encima tiene más que decir. Pero de esto hablaré otro día, si me acuerdo.
¿A qué se debe que la atención al cliente sea tan deficiente? ¿Por qué es aún peor hoy en día después de más de 10 años de experiencia? Pues qué quieres que te diga, no te voy a descubrir nada nuevo. La razón principal sigue siendo la de toda la vida: poderoso caballero es don dinero. Que las empresas se mueven por dinero es obvio y lógico. No son ONG's ni tienen alma, así que las personas no importan tanto como quieren hacernos creer. Pero no es el único motivo aunque sea el principal y desencadenante de los demás.
¿Has visto alguna vez esos documentales que te explican las causas de un gran accidente? Te dicen: "se soltó el cable rojo, pero no habría pasado nada si el cable azul no hubiese caducado, y aún así no habría pasado nada pero el detector de fallos de cables estaba apagado por error... y todos estos fallos en conjunto fueron los causantes del accidente". Bueno, pues en el telemárketing es lo mismo. No es una sola cosa, no es sólo el afán de ganar más dinero lo que fastidia finalmente al cliente sino la suma de varios factores. La cadena podría ser algo así (recuerda que siempre me refiero al maravilloso mundo de la telefonía y adsl):
Para aumentar la cifra de la cuenta de resultados las empresas reducen costes tanto en los medios proporcionados a los empleados como en los sueldos de los propios empleados (deslocalización). Allí forman a la gente igual de mal que aquí con el añadido de que allí no ponen mucho interés, empezando por el idioma. Además, los medios para realizar el trabajo son a veces peores que aquí (que ya es decir) y les hacen trabajar con la presión de que o venden o puede que ya no vayan mañana. Si a todo esto le sumamos la falta de ética de muchos muchos muchos teleoperadores (de aquí y de allá), el incumplimiento de promesas de la empresa hacia el trabajador y la idea de "el cliente me importa un pimiento" pues ya tenemos la mezcla perfecta para causar un pequeño infierno en la vida de mucha gente.
Resumiendo: afán de dinero (empresa) + deslocalización (empresa) + falta de formación (empresa) + falta de medios (empresa) + falta de interés (teleoperador) + falta de seriedad (empresa y teleoperador) + falta de ética (teleoperador) + falta de respeto (teleoperador y cliente) + hago lo que me da la gana (cliente)= clientes descontentos sin opción a nada porque todas las empresas son iguales.
Continuará (puedes dejar tu opinión pinchando en "comentarios") |
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| HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE |
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Él me quiere. Estoy segura. Los demás se equivocan. ¿Qué sabrán ellos? Soy yo la que está junto a él todos los días. Yo, la que le espera cada noche. Es cierto que a veces se enfada mucho y que pierde el control conmigo, pero me parece exagerado llamar a eso malos tratos. Mi caso no es tan grave como el de las demás. A mí, mi marido me quiere. Tiene que quererme. Me lo ha dicho llorando. Lo que pasa es que los hombres no saben querer como nosotras. Ellos lo demuestran así. Además, trabaja todo el día. Es normal que quiera tener la cena en la mesa cuando llega. Todo lo que yo debo hacer es estar en casa, preparar la comida, limpiar... No me pide mucho. Y ni siquiera eso hago bien. Tiene razón, soy una inútil. Menos mal que él está conmigo. Reconozco que a veces me da miedo. Cuando se pone violento puede hacerme mucho daño, pero después se le pasa y me pide perdón; se arrepiente de verdad. Por eso yo soy diferente de esas mujeres que salen en las noticias. Seguro que lo soy. Mi marido no quiere pegarme, es sólo que tiene un carácter muy fuerte que le cuesta mucho controlar. Y la culpa es mía, por torpe, por no hacer nada bien. Debo ayudarle, poco a poco seré capaz de hacerle feliz. Aprenderé, es fácil. Aunque yo soy tan inútil. Pero él me quiere, tiene que ser así. Si no, de qué sirve todo lo que estoy aguantando. Se habría marchado si no me quisiera... Escucho unos pasos fuera. Y la llave en la cerradura. Ya llega. Por favor, Dios mío, ayúdame... |
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| ¿EN QUÉ PUEDO DES-AYUDARLE? |
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Hace ya tiempo que no te cuento nada del telemárketing, y no es porque no haya nada que contar sino porque no me apetecía hablar del tema. Pero hoy... hoy no he podido resestirme más, así que aquí estoy otra vez para seguir desahogándome de tanta burrada que sufro cada día. Vale, quizás la palabra “sufro” es exagerada pero así es como lo siento. Lo que ha provocado que coja hoy el boli es comprobar, otra vez, qué fácil podría ser todo y qué difícil lo hacemos. En ocasiones son los clientes los que me desesperan, pero debo reconocer que lo que realmente me supera, me deprime, me agota es vivir cada día en primera persona lo mal que funciona todo este circo. Y lo peor es que no se exactamente a quién culpar: al teleoperador o a la empresa. Así que he decidido que los dos tengan la culpa, a partes iguales. Ah, y no nos olvidemos de los coordinadores (no incluyo a los míos, no tengo queja). De la parte de culpa que le toca a la empresa hablaré otro día; hoy dirigiré mi ataque contra mi propio tejado: los teleoperadores.
A ver, vale que la empresa no nos forme al 100% (ni siquiera al 50) pero jopelines, que también tenemos que poner nosotros un poco de interés. Una cosa es no saber la información y otra muy distinta es mentir al cliente por no molestarte en preguntar. Y si nadie a tu alrededor lo sabe es mejor colgar a mentir. No te puedes imaginar hasta qué punto puedes fastidiarle la vida a una persona sólo por no molestarte en hacer bien tu trabajo y/o por no escuchar al cliente. Y aquí te podría poner ejemplos a tutiplén, pero como tengo que escribirlos y me llevaría muuucho tiempo mejor voy poco a poco y así tengo tema para otros relatos. De momento sólo te voy a comentar lo que me ha ocurrido hoy, que es por lo que te estoy escribiendo. La semana pasada tuve un par de casos no de los complicados pero de los que hay que hacer un seguimiento y dar bien la información al cliente para que todo se solucione sin más problemas y rápido. En el caso A quedé en llamarle en cuanto tuviese respuesta de la consulta. Hasta hoy no la tuve, así que no cerré dicha consulta por si llamaba el cliente antes de que le llamase yo y cualquier compañera pudiese darle la información. Bien, pues llamo al cliente, le digo la respuesta (era una dirección para que enviase un documento) y me comenta que ya había llamado y que le dieron un fax. Pero vamos a ver, ¿para qué carajo hacemos las consultas pidiendo información si después no las leemos? Si hago la consulta es para confirmar si este cliente debe mandarlo a ese fax o no, y la respuesta era una dirección postal. Repito, estas cosas me superan, y eso no se trata de que la empresa nos forme o no, tan sólo es cuestión de fijarse. El teleoperador, de Marruecos, al menos se molestó y fue a preguntar al coordinador (o eso le dijo al cliente). Voy a considerarlo como un despiste, pero si yo no hubiese quedado en llamar al cliente, ese documento no llegaría.Y estamos hablando de rehabilitar una línea y anular importes impagados de más de 400€ (más detalles no son relevantes) así que figúrate si es importante que dicho documento llegue lo antes posible.
En el caso B la cantidad era mucho más pequeña, unos 32€, pero incluso por menos puedes tener problemas el día de mañana. El caso es que el cliente dijo que iba a dar orden al banco de que devolviesen esa factura. Al estar dentro de plazo no hay problema pero cuando hice la reclamación salió a favor del cliente así que le llamé inmediatamente para indicarle que la pagase ya que en los próximos días se le haría el ingreso de la devolución en su cuenta. Pero no me contestó. Pensé que al ver las llamadas perdidas llamaría, por lo que dejé anotado el motivo de mi llamada. Efectivamente llamó... ¡y nadie supo decirle qué pasaba! Pero si lo dejé bien clarito “no contesta. Informarle que pague la factura ya que la reclamación sale a su favor”. Pues nada, oye, ni así. Debe ser que les quitan dinero del sueldo por hacer más clicks con el ratón de los estipulados por llamada, o quizás les dan un plus por cada cliente al que desinforman. Al igual que en el caso anterior, aunque vea que han llamado prefiero llamarles yo para confirmar la información, por si acaso.
Como te dije al principio, son este tipo de cosas las que me superan y me hacen trabajar sin ganas. Seguro que tú, como cliente, conoces algún caso de esos de “he llamado tres veces y cada uno me dice una cosa”. Pues ya ves que es normal si cada teleoperador no mira lo que ya hay hecho. Bueno, para equilibrar la situación me animo cada vez que escucho “muchas gracias, me ha ayudado usted mucho, muy amable...” Si no fuese por esto, no tendría ánimos de atender la siguiente llamada. |
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| TÍPICOS TÓPICOS TÍPICOS |
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Como te dije en la historia (100% verídica, como todas) de una rubia en la ferretería, el tema de los tópicos da para mucho y por eso me decido a seguir profundizando en él. Es curioso, pero aunque todos tenemos algún tópico respecto a algún tema (si, tú también) nos parece mal e incluso nos llega a ofender escuchar a los demás simplificar algunas cuestiones a base de tópicos. Esto suele suceder por norma general cuando nos afecta directamente, claro; los tópicos ajenos nos dan un poco igual y, encima, los utilizamos sin más. Tenemos típicos tópicos típicos para todos los gustos y asuntos diversos: política, religión, nacionalidad, oficios, música, sexos, hobbies, deportes, edades, clases sociales... Una variedad tan variada como variados temas de debate pueda haber; y en todos, absolutamente en todos hay tópicos. Además, todas las personas sin excepción estamos incluídas en alguno y todas las personas sin excepción vemos aunque sólo sea un pequeño aspecto de la vida a través de un tópico (cuanto más repito la palabra “tópico” peor me suena pero voy a seguir escribiéndola mucho). Es inevitable, y te lo voy a demostrar en esta nueva serie de relatos que espero que te guste o, al menos, que te entretenga. Hablaré de ellos con buen humor e ironía, pero nunca -repito tres veces más- nunca nunca nunca con intención de ofender, que os conozco y enseguida tendréis algo que decir para desmontar alguno de los que iré sacando a la luz: “pues yo no soy así y soy madrileña” “mi hermano es heavy y no es para nada como lo que has descrito” “bla bla bla...” Espero que os haya quedado claro clarito claro pero que muy requeteclaro que yo sólo hablaré de los tópicos pero no daré por sentado que sean ciertos; y si no, os remitiré contínuamente a esta introducción. Por cierto, admito sugerencias e ideas.
Y para empezar a ahondar un poquito más en el tema en cuestión, voy a ponerte un ejemplo de un típico tópico típico universal (bueno, quien dice universal dice español). He elegido éste en concreto porque creo que es bastante conocido y con el que todos coincidimos -a no ser que justamente tú tengas una amiga que bla bla y sea la imagen de ella la primera que te viene a la mente al hablar del tema- y también para demostrar que no todos los tópicos son algo malo o humillante. Son simplemente... tópicos. Si te digo que me describas a una sueca seguro que la primera imagen que te aparece es una chica joven, delgada, alta, rubia, ojos claros... Para no caer en el tópico puede que rápidamente hayas querido imaginarla morena, pero lo siento, la primera impresión es la que queda. Y es que para nosotros ésa es la imagen de las suecas. Sabemos que no todas son así, lógicamente, pero no podemos evitar esa primera y típica imagen. No es algo ofensivo ni conlleva una falta de cultura por nuestra parte. Sólo es un tópico y las películas españolas de los '70 han ayudado mucho a que tengamos esa imagen idílica. Bueno, idílica para ellos, para nosotras si que es algo ofensiva, ejem.
Todos los tópicos tienen una base, un por qué, ya sea más o menos justo, más o menos lógico. Algunos, incluso, hoy en día ya no tienen sentido pero los seguimos utilizando sin razonar más. Son tópicos que nacieron hace décadas y décadas derivados de la forma de vida y de la forma de pensar de la época. En política y religión hay unos cuantos de éstos, qué pena. También son contradictorios ya que los tópicos suelen ser tan ciertos como falsos a la vez. Es decir, son ciertos porque tienen un porcentaje real y demostrable (las suecas son rubias) y son falsos porque generalizan pero ese porcentaje real no es el 100% (no todas las suecas son rubias, supongo).
Cómo te he dicho antes, todos utilizamos tópicos en algún momento, más a menudo de lo que creemos. Puede ser por influencia de las películas, por experiencias personales, por prejuicios, por desconocimiento, porque hemos crecido escuchándolos... He echado un vistazo en internet y en todas partes he visto lo mismo: a la gente le molestan los tópicos que le tocan de cerca y se esfuerzan en desmontarlos. No lo hagas, es inútil; y cabrearse también. Tómatelo con calma y buen humor. Recuerda que tú también los utilizas en algún momento, aunque sea de broma, así que acepta los que te toquen porque tendrás que escucharlos muchas veces. Siempre te encontrarás con alguien que te vuelve a mencionar ese tópico que odias y que tantas veces en la vida has desmentido ante otros. Insisto, no te canses porque después de ese alguien vendrá otro y otro y otro... |
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| ESPINETE NO EXISTE (2ª parte) |
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(viene de "Espinete no existe 1ª parte)
Aunque yo viví esa infancia en esa época, lo que más recuerdo son los momentos y los amigos. Quizás porque no crecí aquí y no tengo con quien compartir aquellas historias y sus lugares es tan importante para mí poder hablar con algún viejo amigo de aquella época. Bueno, yo sigo diciendo “mi amigo tal” aunque realmente hoy en día y después de tantos años sin vernos ya se que no somos amigos, pero es una manera de hablar. Como te decía, reencontrarme con un amigo de la infancia es todo un acontecimiento, aunque sea por tfno; y sucedió que ayer, al salir del teatro, me encontré con uno de esos amigos. Después de un momento de confusión que todavía estoy intentando entender, al fin pude hablar en persona. No voy a decir cuántos años hace que no nos veíamos porque me agobia pensar en lo rápido que pasa el tiempo. Te diré que la última vez que nos vimos yo había ido de visita a Portugalete, que es donde crecí. Hacía poco que me habían traído a vivir a Coruña, así que estar allí otra vez era estupendo. Le pregunté a Arantza (ésta si que sigue siendo amiga a pesar de los años y la distancia) que si podíamos quedar con Edu (es que casualmente mi amigo se llama Eduardo, como el del monólogo de Espinete, pura coincidencia) “si, podemos ir a esperarle a la salida de clase”. Y allá que nos vamos. Yo iba contenta, había pasados momentos muy divertidos con él y tenía muchas ganas de volver a verle. Cuando nos vio esperándole se alegró y -si no recuerdo mal- después nos fuimos a tomar algo al viejo hotel de Portu. Creo que fue durante ese reencuentro tomando chocolate con churros que mientras bebía el chocolate no pude contener una carcajada y salpiqué al pobre Edu que estaba sentado enfrente de mí. Le dejé a lunares negros mientras que yo me partía de risa (aún sonrío al recordarlo). Tal vez sea por eso que no hemos vuelto a coincidir, seguro que me ha estado esquivando por si acaso.
Como no había móviles ni teníamos internet, Arantza y yo apenas hablábamos un par de veces al año, en los cumpleaños y le preguntaba por las amistades comunes. En una ocasión me comentó que Edu se había marchado de Portugalete y le dije que por favor me diese la dirección y/o el tfno para poder seguir en contacto con él. Pero esa información tardaba “la tengo que buscar” “ahora no la tengo aquí”. Pasó el tiempo y Arantza me invitó a su boda. ¡Qué alegría! Volví a ver a mis amigas del cole, recordamos aquellos tiempos en clase, nos reímos... Pregunté por Edu, me extrañaba que no estuviese allí habiendo sido amigo y vecino de Arantza. Me dijeron que le iba muy bien en su trabajo. Así que le dije a mi amiga que me diese el nº de tfno ya, pues no quería que Edu pensase que le llamaba después de unos años sólo porque estaba progresando y por interés. Realmente me apetecía hablar con él, como en aquella ya antigua visita a Portu. Y lo conseguí. Desde entonces he mantenido una relación sms con él, muy esporádica y fría, pero sin vernos. Por eso me hizo tanta ilusión volver a coincidir, aunque sólo fuesen unos pocos minutos, y encima después de haber estado en un espectáculo acerca de la infancia en el que no pude evitar acordarme de él. Es normal, si recuerdo aquella época tengo que acordarme también de las personas con las que la compartí, él incluído.
Pero, al igual que con el resto de amigos de la infancia, con Edu también me pasa que no puedo verle tal como es. Me dicen que es guapo, que está muy bien... Puede ser, pero yo no lo veo. Cuando miro a Edu no veo al hombre guapo y de éxito profesional en el que se ha convertido. Le miro y sigo viendo a aquél niño con el que hablábamos ventana a ventana, que tenía esa chispa en los ojos por tantos sueños por cumplir, que practicaba trucos de magia. Y eso es lo que quiero seguir viendo porque así me veré otra vez a mí misma dejándome arrastrar por sus ideas, grabando tonterías en aquellas cintas de cassette, participando en castings que él preparaba y en los que me ponía menos nota de la que me merecía, salpicándole de chocolate porque siempre me hacía reir a carcajadas...
Por eso me habría gustado tener ayer más tiempo para estar con él. Pero la vida de adultos es así, quizás la próxima vez. |
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| ESPINETE NO EXISTE (1ª parte) |
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Me vas a permitir que te cuente algo que nada tiene que ver con el telemárketing ni con las motos, pero es que tengo que contarlo. Ayer fui al teatro a ver “Espinete no existe”. No es algo que suela hacer, no porque no me guste – me encanta el teatro- si no porque me da tanta envidia ver a los actores en el escenario que poco a poco dejé de ir. Y es que siempre quise ser actriz pero, cosas de la vida, no tuve o no busqué mi oportunidad.
A lo que iba. Mi amiga Ana me avisó “he visto un cartel anunciando que viene Eduardo Aldán con su espectáculo”, “estupendo, voy a reservar las entradas” Y así nos juntamos 7 para ir a ver “Espinete no existe”. Es un monólogo que dura aproximadamente hora y media durante la cual vuelves a recordar esos detalles de la infancia -concretamente de la infancia de los '80- que ya no recordabas o a los que no habías dado la importancia que merecen: el estuche de dos pisos, la goma para bolis, los dibujos animados con sus bandas sonoras, el kiosko de los domingos donde por 5 duros te daban muuuuchas chuches... Hasta mi hija de 13 años se rió tanto que pensé que iba a tener que hacerle un transplante de pulmón. Le gustó muchísimo y se lo pasó muy bien descubriendo la infacia de sus padres. Os recomiendo que si tenéis oportunidad no os lo perdáis, merece la pena. No me defraudó. Hasta pudimos cantar la de Dartacán. Recuerdo que cuando jugábamos, todas las niñas querían ser Juliet. Todas menos yo, que siempre quería ser Milady, la mala, así que nunca tenía que pelearme con las demás. Repìto, si tenéis ocasión no os perdáis “Espinete no existe”, no os arrepentiréis.
Hubo un par de historias que me hicieron revivir mi infancia de tal manera que podía ver al niño que describía Eduardo Aldán, su casa, su madre obligándole a comer, sus juegos, sus sueños... como si yo hubiese estado allí, como si hubiese formado parte de la vida de ese niño en algún momento. Pero eso es imposible porque sólo es un cuento contado en un espectáculo, ¿o no?
Eduardo sabe sacar a la luz aquellos detalles que te hacen revivir momentos que creías ya olvidados o que habías olvidado adrede, como al repelente niño rico de la clase. Y también te hace cantar, llorar, reir... Yo me pregunto, los niños que aparecen en las imágenes en los programas de los payasos de la tele, ¿alguno se ha reconocido? Quiero decir, imagínate que vas al teatro y de repente ves que apareces tú en una pantalla en un mal momento de tu vida. ¿Lo dirías? “eh, que ese niño al que aplastaron la nariz era yo, ja ja ja”. No se yo. A mi amigo Pedro no le gustó mucho que revolvieran así su infancia. Seguro que el tema de “come todo aunque no te guste” enfrentándose al poder absoluto de las madres no le trajo buenos recuerdos. Jopé, ni a él ni a nadie. Ese turbio y atemorizador pasado debería quedar enterrado para siempre. Pero Eduardo nos lo trae a la memoria de una manera divertida. ¿Alguno llegó a casa después del teatro y le dijo a su madre “pues ahora como lo que quiero, chincha”? Era peor para las niñas, que teníamos que esquivar las cucharadas sufriendo doble: por una parte porque nuestra madre acertaba a meter la comida en la boca, y por otra porque al movernos para ponérselo difícil notábamos en nuestras tiernas carnes todo el dibujo de las duras bragas de perlé que ella misma había ganchillado. Seguro que nos las ponían para que no nos moviésemos tanto a la hora de la comida, qué listas eran las muy jodías.
Lo dicho, id a verlo, que en Madrid todavía va a seguir... (continuará) |
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| SIN ÁNIMO DE OFENDER |
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Nunca pensé que tendría que explicar alguno de mis relatos, pero si ello sirve para “des-ofender” a cualquier lector pues lo haré encantada. Los que me seguís habitualmente ya conocéis mi estilo irónico, principalmente en las cartas a Pere Navarro. La ironía y el buen humor es lo que suele marcar lo que escribo, o eso intento (no siempre lo consigo, snif). El motivo de escribir esta aclaración es por un comentario recibido en mi “6ª carta a Pere Navarro” en el que el autor indica que se siente ofendido por lo que dice que digo de los camioneros. Todos los comentarios son bienvenidos siempre que, como en este caso, sean escritos con respeto y por eso le respondo con gusto. Dicho esto paso ya a desgranar el relato en cuestión.
Desde el “ya está” inicial hasta el “ver la luz” del final todo, absolutamente todo es ironía. Es decir, ni quiero ser camionera, ni me molesta pasar frío en moto, ni soy rica, ni pienso que Navarro sea inteligente... Bueno, es cierto que no me gusta la ropa de cordura, pero me la pongo igual. Así que no hay por qué ofenderse. Navarro dice que los guardarraíles están pensados para los camiones, y yo pensé "pues nada, a hacerse camioneros y solucionamos el tema de las muertes por quitamiedos". De los camioneros no he puesto nada. Lo que dije es el aspecto que yo me pondría para ser camionera y para ello me acordé de las películas de EEUU (un tópico, ya lo se) con esas rudas chicas que conducen camiones enoooormes. También me vino a la cabeza la imagen de los camioneros de película pero, ay, por desgracia aquí no son así (bueno, alguno habrá), supongo que allí tampoco. Una pena. Mmmm, esos supercamiones, esos megatrailers -en las pelis ninguno conduce un dos ejes, todos llevan un 16 ruedas- con esos tíos musculados pero lo justo, con camiseta ajustada, melenita, algún tatuaje en los brazos... Bueno, no sigo que me pierdo y no llevo Tom-Tom. En lo único que me reafirmo es en lo del brazo moreno, cosa que me pasó a mí trabajando con el coche y le pasa incluso a los taxistas. Hombrepordiosbendito, que por algo se llama “moreno camionero” y no es por desprecio ni porque sea algo malo ni nada parecido, pero es que es de cajón de madera de pino. Si en verano trabajas al volante o si tan sólo haces un viaje en coche tu brazo izquierdo estará más moreno que el derecho, a no ser que lleves manga larga. Es así, científicamente demostrado. Por lo demás espero que quede aclarado que ya se que los camioneros no sois como yo quisiera ser si fuese camionera, ni como los de las pelis, pero no estaría mal, ¿verdad, chicas?
Respecto al resto ya he comentado que no voy a dejar de ser motera por más que el Pere ese se empeñe. Podría haberme ofendido por el tópico utilizado en el comentario que dice que cogemos la moto para ir de paseo y para fardar de velocidad, traje y casco, pero a estas alturas creo que todos los moteros estamos más que acostumbrados a escuchar lo mismo. Mi marido trabaja con la moto, y está harto. Ya le gustaría usarla sólo de paseo. Hoy ha ido a la mutua porque reventó la rueda trasera y se ha fastidiado la rodilla (afortunadamente sólo eso). Una baja. Ya se lo venía avisando al jefe “hay que cambiar la rueda que está lisa” “hay que cambiar la rueda que se le ven los alambres”... y siempre la misma respuesta “ya se hará que ahora hay muchos gastos” “ya se hará que hoy no puedes perder tiempo, hay mucho trabajo”. Pues hala, ahora hay que hacerlo a narices y encima te has quedado sin empleado (si, éste es otro tema, pero comprended que estoy que si tuviese a ese jefe delante le cogería y le colgaría y le arrancaría los pelos de la nariz y le obligaría a ver “Ana y los 7” y...). Inspirar, expirar, relajada, así, ya puedo seguir.
Cambiando de tema, no soy rica. Trabajo de teleoperadora (de ahí el nombre de este blog). Los que habéis leído mi “1ª carta” -qué manera más sutil de plubicitarme- y los que estáis al tanto de los “acertados comentarios” del Pere sabéis por qué digo que soy rica cuando no es cierto. Según él, hay muchos accidentes de moto porque somos un país rico ¿¿?? Para mí, los mileuristas son una leyenda urbana con la paga extra prorrateada. Ya quisiera yo formar parte de esa leyenda.
Espero que con esta aclaración quede todo aclarado, valga la redundancia ya que todo lo que escribo es sin ánimo de ofender. Y, por favor por favor por favor, cuando se cruce con alguna moto en carretera no la mire mal, puede ser un compañero suyo. Hay muchos camioneros moteros. Tan sólo facilítele el camino, que para entorpecerlo ya tenemos a los coches y a Fomento. Ráfagas, saludos en V y buena ruta, amigos camioneros.
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| 6ª CARTA A PERE NAVARRO (y sigue, y sigue, y sigue, y sigue...) |
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Ya está, decidido, voy a ser camionera. No es por la ya antigua canción de Lokillo de ser feliz con un camión, no. Es porque usted, Navarro, me ha abierto los ojos respecto a la realidad vial de nuestras carreteras y me ha hecho entender que lo mejor es conducir un camión. Es más grande, más estable y tiene menos accidentes que una moto. Esto ya lo sabía yo, claro. Lo que me ha hecho tomar la decisión justo ahora es haber leído una de sus inteligentes respuestas a un comentario acerca de los guardarraíles. Si es que no se en qué estaría yo pensando cuando decidí ser motera. Si, claro que fue una decisión -y por lo que veo no fue acertada-. Es lo que tiene ser ricos, que podemos decidir ser lo que queramos. Ya se lo dije en mi primera carta "el motero no nace, se hace euro a euro". Y ahora he decidido ser camionera. Tendré que empezar a fumar, ponerme tatuajes en los brazos, ir al solarium para tener el brazo izquierdo más moreno que el derecho, descargarme el calendario Pirelli de tíos para empapelar la cabina del camión... Buf, cuántas cosas, y seguro que se me olvida algo. Pero si hasta los Mojinos Escozíos tienen una canción acerca de lo estupendo que es tener un camión. Pues yo no voy a ser menos, Navarro.
Se acabó ir de ruta papando frío. Adiós a Pingüinos, a los pantalones de cordura tan antifemeninos, a las manos congeladas en invierno, a sudar a chorros en verano y a no estar nunca estupendamente peinada por culpa del casco. Hala, ahí queda eso. Ni siquiera me voy a molestar en vender la moto (recuerde que soy rica, no necesito recuperar ese dinero).
Menos mal, Navarro, que le hicieron ese comentario tan malintencionado "y persiste la polémica de los quitamiedos", que ya hay que ser mala persona para decirle algo así. Pero usted, como siempre, con esa rapidez y agudeza mental que le caracteriza respondió "donde hay que trabajar es en la prevención, que los motoristas no tengan accidentes. Todo no puede ser y las vallas que tenemos actualmente están diseñadas con una rigidez para poder retener camiones, lo que es incompatible con las motos. Y por ahora tenemos más camiones y autocares que motos". Pues muy bien dicho. Eso si que es una respuesta directa, lógica y que no admite discusión alguna. No esperaba menos de usted. Como siempre ha sabido cerrar la boca a todos lo que están en contra de los guardarrailes esgrimiendo argumentos tan tontos y sin consistencia como que te pueden matar aunque vayas a 29 km/hora. Qué tontería. Como se nota que usted, Navarro, debido al cargo que ocupa tiene más información que el resto de los mortales y por eso nos puede dejar sin argumentos en cuanto abre la boca. Pero ya verá como todavía alguno tendrá más que decir.
Seguramente le reprocharán que ni la DGT ni Fomento hacen nada por prevenir los accidentes de motos, que las carreteras siguen en mal estado con agujeros, gravilla, aceite, planchas metálicas, pintura deslizante... Que gastar dinero en anuncios no es prevenir accidentes. Que la prevención no es cosa sólo del que conduce sino también -sobre todo con las motos- de usted, de Fomento y del resto de "enlatados". Y se acogerán a las cifras que dicen que más de la mitad de los accidentes de moto son por culpa del otro vehículo.
Se atreverán a decir que por supuesto que puede ser todo. Es más, que cuando hablamos de evitar muertes en la carretera tiene que ser todo y más. Que un guardarrail asesino (ellos lo llaman así, no se por qué) no sólo puede, sino que debe proteger a camiones, coches, motos e incluso al carro de Manolo Escobar cuando lo encuentre, pero que para eso deben estar bien diseñados, colocados y homologados. Dirán que esas guillotinas (qué manía de poner motes sin sentido al pobre quitamiedos) hoy por hoy no protegen a nadie, ni a los camiones ni a las motos. Y que, además no hay que proteger camiones sino camioneros, no motos sino moteros. Osarán corregirle diciéndole que puede ser que haya más camiones que motos -que tendrían que ver las cifras- pero que hay muchos más coches y motos que camiones, y que además son más vulnerables y los que tienen la mayoría de los accidentes, que por eso habría que pensar más en ellos que en los camiones, si es que sabe usted pensar.
Afirmarán que hay que ser un bruto inconsciente, un incompetente ignorante enchufado en ese puesto a saber con qué tipo de favores a cambio para decir semejante burrada; porque decir que la seguridad en la carretera está pensada para la mayoría y los demás que se fastidien... Compréndalo, Navarro, sus declaraciones son siempre de un nivel intelectual tan tan pero tan alto que es normal que los ciudadanos de a pie no las entiendan, y menos los ricos ciudadanos de "a dos ruedas". No les haga caso. Si usted dice que todo no puede ser, es que todo no puede ser. Y punto. No sea que por gastar en dobles biondas y tonterías de esas que salvan vidas se quede usted sin poder comprar otro juguetito de esos de llenar arcas; el radar, ya sabe. Nada, nada, usted ni caso. A palabras necias, Navarro sordo. Si no quieren morir en la carretera que se hagan camioneros, como yo, y ya está solucionado el ¿problema? de la seguridad vial. Gracias, Navarro, por hacerme ver la luz. |
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