Fontenla


Juapo, juapo non é... pero ten un pelaso!

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FRIAXE
Miña avoa sempre nos quiso. Tódolas fines de semana viña á nosa casa. Botaba dous días connosco que, para nós, eran días de festa. Miña avoa non tiña cartos. Cobraba unha pequena pensión que administraba mellor que calquera ministro de economía. Era o que lle quedara por estraga-los dedos metendo sardiñas nas latas dunha conserveira. A pesar diso, ás veces, facíanos algún agasallo. Cousas pequenas que compraba no mercadillo a carón da praza de abastos. Non sempre me gustaron aqueles obxetos. Eu aínda era novo e non sabía apreciar xestos dese tipo pero, mirando cara o pasado con ollos máis vellos, percátome da importancia que tiñan. Aquela ansia de miña avoa por agradar ós netos regalounos unha frase que xa ten sona na familia. Eu debería ter oito ou nove anos e carecía dunha bata que me poñer por riba da roupa de durmir. Así que tódolas fines de semana miña avoa dicía aquilo de “eiche comprar unha batiña”. E así foi, pasaron os días e mercóume unnha bata azul. E seguiron pasando os días e mercóume outra bata marrón. Non fora ser que o neto máis novo de Gumersinda anduvera pola casa con frío.
Disque (4) - Categoría: Relatos - Publicado o 18-11-2009 17:28
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DOMINGOS NO PUREX
Atopei este cartel nun local lisboeta hai dous anos. Lin o que poñía, botei unha risada e tireille un retrato. Pasou o tempo, o mundo seguiu andando non se sabe moi ben para onde, e hoxe atópome coa fotografía do cartel. A mellor proposta que me fixeron para o último día da semana, moito mellor que calquera misa. Pasaron dous anos e sigo pensando no Purex como o mellor lugar para esquecerse do mundo. É unha mágoa que teñamos que esperar a que sexa o último domingo de cada mes.

“Domingos Negros. Música para cortar os pulsos. Depressões mal curadas, causas perdidas, auto-comiseração, crises existênciais, Sebastianismos, spm, traumatismos de infância, inaptidão social, contas por pagar, dividas à segurança social, fantasias iludidas, impotência… Todos temos boas razões para deprimir. Agora o Purex ofrece-lhe a oportunidade única de o fazer em grande estilo. VENHA AFUNDAR-SE CONNOSCO NA MAIS PROFUNDA MISÉRIA HUMANA!”.
Disque (0) - Categoría: Crónicas - Publicado o 13-11-2009 18:14
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TOMANDO MEDIDAS
Ciudadanos de primera y de segunda. Estoy cansado de ver policías nacionales cortando la ciudad para que un coche oficial no se tope con un atasco. Suenan las sirenas y el vehículo de lunas tintadas recorre la Castellana sin detenerse. El ocupante de ese coche, que pagamos todos, vota en el congreso en contra de que un militar armado acompañe a cada uno de los atuneros que faenan en el Índico. Se habla del gasto que conlleva la medida. ¿Cuánto cuesta la seguridad de ese político en España? Basta con darse un paseo por la Carrera de San Jerónimo un miércoles de pleno. Ciudadanos de cuarta categoría.

Un militar en cada barco. Los marineros también pagan IRPF pero ¿a quién le importan realmente los marineros? Una profesión en peligro de extinción. El pescado del futuro, fileteado, sin piel y sin espinas. Criado, no pescado. Paños calientes con calcio y omega3 de piscifactoría. Salchichas de atún y hamburguesas de merluza, envasadas al vacío en atmósfera protectora. Conservantes, potenciadores de sabor, acidulantes y pollas en vinagre. En el fondo, ¿a quién le gusta el pescado?, ¿a quién le gusta atragantarse con una espina?
Disque (3) - Categoría: Crónicas - Publicado o 07-11-2009 19:34
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LOS DEBERES DE SUSO
Nadie como Suso para saber si los centollos eran faroles. Los agarraba con cuidado para no clavarse los pinchos del caparazón, les apretaba el abdomen y notificaba su veredicto. Suso sabía que el marisco era valioso y nunca regateaba a los furtivos. Los furtivos lo sabían y siempre le ofrecían las mejores piezas.

El restaurante de Suso era antiguo. Sus abuelos lo habían puesto en pie como un despacho de vino en el que se servían tapas para acompañar la bebida. Sólo se cocinaba lo que pescaba el abuelo. Hoy acedías, mañana sollas y pasado, lo que el boliche hubiera atrapado. La segunda generación convirtió el negocio familiar en un restaurante. Ganaron clientes habituales a costa de perder el encanto inicial.

Desde muy joven, Suso tenía varias ideas para su futuro. Ninguna de ellas pasaba por el restaurante. Suso quería ser buzo y sumergirse en la ría para descubrir galeones hundidos. Durante su instrucción participó en el rescate del patrimonio de varios pecios. Nadie pasaba más horas que él bajo el agua y, entre rescate y rescate, sacaba tiempo para capturar hermosos centollos. Nunca comió tanto marisco como entonces.

El destino colocó a Suso al frente del restaurante de sus padres. El destino y un camión que vació su carga de madera sin que el turismo que le seguía tuviese tiempo a detenerse. El coche fue declarado siniestro total y el seguro corrió con los gastos del entierro de los padres de Suso.

Hoy, Suso, se ha olvidado de aquellas ideas para su futuro. Regenta el restaurante familiar, su única herencia. Ya no tiene tiempo para sumergirse y se conforma con ver el mar desde tierra y elegir sus mejores frutos. El trabajo es duro y el negocio siempre conlleva incertidumbre. Pero Suso sabe que hace lo correcto, trabajar donde empezaron sus abuelos. El postrero homenaje a la memoria de sus padres.

Disque (1) - Categoría: Relatos - Publicado o 07-11-2009 19:33
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