Fontenla


Juapo, juapo non é... pero ten un pelaso!

Non imos dar pistas
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Perspectiva. Todavía me sigue sorprendiendo la capacidad de algunas personas para olvidar la perspectiva. Desde qué punto de vista uno tiene razón o no. Desde qué punta de vista uno actúa de una forma u otra. En la vida todo es perspectiva. Metas.

Medios. La capacidad de ejercer liderazgo no está al alcance de todos. Hay muchos líderes de pacotilla que pronto dejan de serlo. Pero, cuando las cosas se ponen mal, cuando de verdad hay un problema, todo el mundo mira a la misma persona. Con el título de líder o sin él. Porque todos saben quién es la persona que hará que el problema deje de serlo. Todos saben quién observará el problema con la suficiente perspectiva. Quien tendrá miras. Metas.

Disque (0) - Categoría: Relatos - Publicado o 15-08-2013 15:13
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PETATE
Varios quilos de laranxas dunha laranxeira de máis de cincuenta anos. Unha caixa chea de aguardente branca, tostada, de herbas e licor café. Varias latas de chandarmes, varias latas de bonito. Mexilóns e tomate en conserva. Empanada de mazán, roscón e biscoito de meu padriño. Marmeladas de laranxa, peladillo e mazán feitas por miña nai. Calacú troceado. Ovos das galiñas da miña avoa. Dous polvos e peixe, moito peixe de Gran Sol.
Disque (2) - Categoría: Relatos - Publicado o 11-04-2012 16:30
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CASQUERÍA
Siente la necesidad de bajar a un bar. Siente la necesidad de beber alcohol. De ver gente pasar a su lado. De no sentirse solo. Aporrea el ordenador. Antes le gustaba imaginar que el teclado era como un piano. Ahora, se ha convertido en metralleta.

Le duele una muela. La enjuaga con el alcohol de su cubata. No da resultado. Acabará borracho de disciplina. Buscando un kebab en la noche para matar el gusanillo de sus ganas de adelgazar. Pertenece a algo sórdido. Por eso descuida su cuerpo entre colesterol, tabaco y alcohol. Por eso torturaba a lagartijas, lagartos y pájaros en su más tierna infancia. Por eso es carne de delito. Por eso se golpea las sienes y se arranca los cabellos hasta hacer sangre cuando se enfada. Por eso se descontrola en los peores momentos. Por eso se arranca la muela con unos alicates manchando su metralleta de sangre y saliva.
Disque (0) - Categoría: Relatos - Publicado o 17-09-2011 15:47
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AROMA
Mi mochila huele a la galería. La he dejado allí olvidada, cargada de papeles y tareas, una cajetilla de tabaco y un cepillo de dientes. La olvidé por casualidad. Algunas veces la gente se olvida de las cosas a propósito pero yo lo hice sin querer, sin premeditación. Allí descansó durante meses, sobre el respaldo de la silla del escritorio. Nadie la husmeó, nadie la auscultó. Permaneció en ese lugar inmóvil, contemplando las mejores vistas del mundo. Con los bolígrafos intactos y el pen drive sin desimantar.

La he rescatado y huele a humo de tabaco y a chimenea. El calor del hogar que trepa por la escalera de madera hasta que sale por la ventana cuando se ventila la estancia. Ahora, cada vez que buceo en ella, una bocanada cálida me inunda. Mi nariz percibe el aroma de lo familiar, la tibieza de la vivienda de mis padres. El lugar donde reposó feliz mi mochila, contemplando las mejores vistas del mundo.
Disque (3) - Categoría: Relatos - Publicado o 13-12-2010 15:36
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ROJO ENCARNADO
Desde pequeño me gustó el comunismo. Pero no por nada ideológico. Las películas americanas, a las que teníamos acceso fácil gracias a la política de doblaje en España, estaban plagadas de malvados comunistas que luchaban y perdían contra los héroes yankees. Villanos y perdedores, una combinación perfecta para elaborar personajes atractivos. Luego estaba el tema del color. Del color rojo, digo. No hay otro tan fascinante para mí. Por él me hice fan de los Chicago Bulls y luego de Jordan, por él me gustaba Pegaso en Los Caballeros del Zodíaco, por él elegía Independiente de Avellaneda cuando jugaba al PC Fútbol.

El llamativo rojo me encandiló como a un toro entrando al trapo (rojo comunista). Mención aparte merece lo de Gorbachov. Ese hombre que en mi cabeza de menos de diez años representaba una especie de sentimentalismo lacónico. Era calvo y con una mancha enorme sobre su frente, estigma que le confería una pose de humildad y prudencia. Nada que ver con Reagan que era alto, lucía buen pelo y se mostraba vanidoso. El dirigente ruso parecía uno de los señores mayores que bebían vino espeso en las tascas de mi pueblo. Reagan, en cambio, encajaba con la idea que yo tenía de un altivo inspector de hacienda (o de conciencia).

En las Olimpiadas de Seúl, en 1988, el rojo y el comunismo se fundieron definitivamente en mi cabeza de siete años. Vestían de rojo los soviéticos y no eran otros que Sabonis, Marciulionis, Kurtinaitis y Homicius. En semifinales le ganaron al combinado estadounidense de Danny Mannig, Dan Majerle y David Robinson. Todos ellos futuras celebridades de la NBA. Fue un partido vibrante y espectacular que dio el pase a los rusos a la final. Allí se toparon con la Yugoslavia de Radja, Petrovic y Kukoc, otro equipo que llamaría mi atención. Era previsible, en su bandera lucían una estrella de color rojo. Mientras veía el partido no lograba decidir quién quería que ganase. Aún hoy me cuesta pensar qué equipo era el mejor.
Disque (6) - Categoría: Relatos - Publicado o 17-08-2010 15:48
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GONCIDE
En 2007 creé un blog porque me pareció un juego, como cuando publicaba crónicas sobre la NBA en la revista del colegio. Colgué dos escritos con fotografías retocadas y me olvidé de él durante un año. Pasado ese tiempo conocí a un señor prolífico en creatividad que salpicaba la web con sus palabras y diseños y me reenganché a la onanista pretensión de gestionar el blog. Con menos asiduidad de la esperada, fui colgando y posteando (siempre pensé que eso era una cualidad sólo digno de los pívots de baloncesto).

La plataforma que elegí fue la más cercana en aquel lejano 2007, Blogoteca. No es que esté descontento con ella pero sé que hay otras mejores y, si escribes un blog, lo suyo es que lo lean. Así que he decidido mudarme pero, como ser nostálgico que soy, me pesa demasiado dejar atrás etapas (sí, además de nostálgico soy un poco imbécil).

Lo he decidido, voy a crear un segundo blog y voy a asumir el reto de mantener vivos el nuevo y el antiguo. Espero poder suministrar ambos de contenido (además de nostálgico e imbécil, también soy un poco incauto). Avisados quedáis, lectores de Fontenla, a partir de ahora hay una bitácora nueva y su nombre es Goncide.
POR AQUÍ SE LLEGA A GONCIDE
Disque (2) - Categoría: Relatos - Publicado o 03-06-2010 16:37
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DOCENAS
Hay un pulpo humeando en la cocina, dentro de una olla. Se pelea sobre el fuego y el vapor contra una cebolla impertinente más dura que una piedra. El hervor sale por fuera e inunda la vitrocerámica de cristal rojo. Huele a quemado como el azúcar que se tuesta para adornar un flan de huevos de casa, al baño maría en una tartera de cobre. De media docena o de una docena. Porque regalar diez huevos queda feo, así que mejor doce. Y fíjate que este último está gordo así que, con suerte, será de dos yemas. No hay como los huevos de casa, de gallinas que hacen deporte y comen hasta las cáscaras de las cigalas de Gran Sol y los escarabajos que les tiro desde el otro lado de la valla. Y maíz, mucho maíz, con cada saco te regalan media docena de pitos, para que les sigas haciendo gasto en la tienda agrícola. De paso, dame unas semillas que pienso sembrar tomates y unos sobres para la viña que hay que empezar a dar el sulfato. A ver si no llueve este fin de semana y no sopla el viento que si no se te mete en los ojos y la terraza se llena de manchas azules. Seguro que hará bueno.
Disque (2) - Categoría: Relatos - Publicado o 07-03-2010 15:49
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BAJO INTERÉS VOL. 2
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Seguía dándole vueltas a los veinte euros perdidos en pos de la buena educación, cuando el destino me agasajó con un regalo inesperado. Me dirigí a una de las múltiples máquinas expendedoras de carbohidratos que saturan las urbes del primer mundo. Introduje un euro con veinte, pulsé A12 y una bolsa de patatas fritas Vicente García cayó por el expendedor de la máquina. Hasta ahí todo normal.

La sorpresa me sobrevino al descubrir que en el fondo del depósito reposaba un paquete de regalices. Me puse loco de contento y supuse que, al descender la bolsa de patatillas, se quedó enganchado el paquete, de regalices. Feliz por el regalo del destino, pensé en la persona que había desperdiciado sus euros en busca del dulce aperitivo. No sentí remordimiento.

Ya sé que un paquete de regalices no son veinte euros pero un trozo de papel timbrado es menos apetecible que una golosina. Hoy he aprendido a decir “que aproveche” en rumano (pofta buna). Son las nueve de la noche y todavía no he tocado techo. No sé qué pensará Rosa Díez de todo esto.
Disque (1) - Categoría: Relatos - Publicado o 25-02-2010 23:35
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BAJO INTERÉS
El otro día acudí a un céntrico cajero del BBVA a sacar dinero de mi cuenta. Aprovecho estas líneas para criticar el trato que me está dispensado el banco en cuestión. Cualquier día cancelo mi cuenta y me la llevo a otro banco que me la maltrate pero, en fin, ésa es otra historia.

El asunto es que estaba aguantando el frío mientras una pareja operaba en el cajero que nos ocupa. Por su aspecto, sus modos, su acento y su vestimenta, mis prejuicios los situaron rápidamente en mi hueco mental dedicado a “pijos capitalinos con alto poder adquisitivo”. Aproveché la espera para contemplar los coches pasando, la luz roja de un semáforo cercano, escuchar a una señora comentar lo poco que le gusta Obama y para acomodar la parte de mi cuerpo que menos caso me hace. Los quehaceres normales de una espera en la ciudad.

Al fin, la pareja abandonó el cajero y yo aproveché mi turno. Iba a introducir mi tarjeta cuando el cajero escupió un billete de veinte euros. Lo cogí, lo miré, me di la vuelta y grité “chicos, os dejáis esto”. Ellos, ruborizados por semejante error infantil tan poco digno de su categoría económico-social, agarraron el billete, maldijeron el cajero que, según ellos, estaba estropeado y se fueron escuetos en agradecimiento y apurados en el paso.

Yo me quedé frente a la puerta de la sucursal, recargué el teléfono móvil, divagué en mis pensamientos, retiré dinero de mi cuneta y empezó a ponérseme cara de gilipollas. ¿Por qué no me quedé con el billete? ¿Por qué les hice el favor de devolverles el dinero? ¿En qué lo gastarían? ¿Por qué no lo ingresé a plazo fijo? ¿Por qué no se lo di a un pobre que mucha más falta le hará y podría comprar veinticinco cartones de El Conquistador? Todas esas preguntas sólo tenían una respuesta. Mis padres me han educado muy bien y yo no soy Robin Hood. No sé que pensará Ricardo Chorro de todo esto.
Disque (5) - Categoría: Relatos - Publicado o 14-02-2010 17:11
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ES HORA DE BAJAR LA BASURA
Mala combinación la de whisky y música. O, quizás, la mejor de las combinaciones posibles. Así que ahí estaba yo, con las yemas de los dedos en el teclado, las orejas en los auriculares y la garganta atestada de graduaciones espirituosas. Sin hielo, sin refresco y sin agua porque uno, con el paso del tiempo, se va haciendo mayor.

No hay peor cosa que un guionista sin ideas. Le da por escribir para encontrarlas en lugar de irse al Carrefour como haría cualquier persona de bien. Y, claro, el muy cabrón se atreve a colgar esa basura en Internet, en su pretencioso blog, pensando que a alguien le va a interesar. Porque el ciberespacio es muy grande y puede que haya alguien en Nueva Caledonia que sepa castellano y que esté interesado en los misterios y las miserias de la creación literaria, de mi basura literaria. Disculpen las molestias por semejante post. Las cosas no son siempre como uno quiere pero, ante todo, sinceridad.
Disque (3) - Categoría: Relatos - Publicado o 03-12-2009 16:52
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FRIAXE
Miña avoa sempre nos quiso. Tódolas fines de semana viña á nosa casa. Botaba dous días connosco que, para nós, eran días de festa. Miña avoa non tiña cartos. Cobraba unha pequena pensión que administraba mellor que calquera ministro de economía. Era o que lle quedara por estraga-los dedos metendo sardiñas nas latas dunha conserveira. A pesar diso, ás veces, facíanos algún agasallo. Cousas pequenas que compraba no mercadillo a carón da praza de abastos. Non sempre me gustaron aqueles obxetos. Eu aínda era novo e non sabía apreciar xestos dese tipo pero, mirando cara o pasado con ollos máis vellos, percátome da importancia que tiñan. Aquela ansia de miña avoa por agradar ós netos regalounos unha frase que xa ten sona na familia. Eu debería ter oito ou nove anos e carecía dunha bata que me poñer por riba da roupa de durmir. Así que tódolas fines de semana miña avoa dicía aquilo de “eiche comprar unha batiña”. E así foi, pasaron os días e mercóume unnha bata azul. E seguiron pasando os días e mercóume outra bata marrón. Non fora ser que o neto máis novo de Gumersinda anduvera pola casa con frío.
Disque (4) - Categoría: Relatos - Publicado o 18-11-2009 17:28
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LOS DEBERES DE SUSO
Nadie como Suso para saber si los centollos eran faroles. Los agarraba con cuidado para no clavarse los pinchos del caparazón, les apretaba el abdomen y notificaba su veredicto. Suso sabía que el marisco era valioso y nunca regateaba a los furtivos. Los furtivos lo sabían y siempre le ofrecían las mejores piezas.

El restaurante de Suso era antiguo. Sus abuelos lo habían puesto en pie como un despacho de vino en el que se servían tapas para acompañar la bebida. Sólo se cocinaba lo que pescaba el abuelo. Hoy acedías, mañana sollas y pasado, lo que el boliche hubiera atrapado. La segunda generación convirtió el negocio familiar en un restaurante. Ganaron clientes habituales a costa de perder el encanto inicial.

Desde muy joven, Suso tenía varias ideas para su futuro. Ninguna de ellas pasaba por el restaurante. Suso quería ser buzo y sumergirse en la ría para descubrir galeones hundidos. Durante su instrucción participó en el rescate del patrimonio de varios pecios. Nadie pasaba más horas que él bajo el agua y, entre rescate y rescate, sacaba tiempo para capturar hermosos centollos. Nunca comió tanto marisco como entonces.

El destino colocó a Suso al frente del restaurante de sus padres. El destino y un camión que vació su carga de madera sin que el turismo que le seguía tuviese tiempo a detenerse. El coche fue declarado siniestro total y el seguro corrió con los gastos del entierro de los padres de Suso.

Hoy, Suso, se ha olvidado de aquellas ideas para su futuro. Regenta el restaurante familiar, su única herencia. Ya no tiene tiempo para sumergirse y se conforma con ver el mar desde tierra y elegir sus mejores frutos. El trabajo es duro y el negocio siempre conlleva incertidumbre. Pero Suso sabe que hace lo correcto, trabajar donde empezaron sus abuelos. El postrero homenaje a la memoria de sus padres.

Disque (1) - Categoría: Relatos - Publicado o 07-11-2009 19:33
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EL MEJOR ESCRITOR DEL MUNDO
Yo conocí al mejor escritor del mundo. Aquel hombre redactaba de noche notas sueltas en libretas blancas sin rayas. Lo hacía encerrado, alejado de cualquier presencia humana. Sé que soy el único que ha leído de su pluma, un privilegiado escogido por los caprichos del azar. El mejor escritor del mundo escribía con fruición, como la ama de casa que pretende desinfectar el fregadero con su estropajo. Redactaba por puro placer y por ingrata necesidad. Yo observaba su día a día ajeno a su escondido secreto. Él nunca permitía que nadie leyese sus textos sencillamente porque nadie sabía que escribía y, en consecuencia, nadie le pedía que le dejase leer sus líneas.

El mejor escritor del mundo trabajaba de jornalero y no necesitaba mostrarle a nadie su arte. Él sabía que era bueno y el papel también. Con eso bastaba y eso era suficiente. Descubrí su secreto de manera fortuita. Estaba escrito que así debía ser. Uno de los folios que rellenaba de noche acabó alojado en el bolsillo del mono de faena. Durante la jornada siguiente y debido al polen del maizal, estornudé. El mejor escritor del mundo me ofreció un pañuelo con sus recias manos de labrador. Junto con el pañuelo se arrastró el pedazo de papel en el que había escrito la noche anterior. Comencé a leerlo y él no me detuvo. Al finalizar, se lo devolví y le felicité. Él sonrió con cierto rubor y siguió trabajando.

Ahora que él sabe que he leído de su literatura, me ofrece alguna cuartilla emborronada, de vez en cuando. Sé que lo hace para que yo disfrute pero, desde que sé su secreto, su prosa ha decaído y sus versos no son tan precisos. Ahora redacta para mí y la pluma y el papel ya no son los mudos testigos de su talento. Ahora redacta pensando en el beneplácito de su lector y no por puro placer e ingrata necesidad. Hubo un tiempo en que conocí al mejor escritor del mundo. Ya no sé quién es.
Disque (4) - Categoría: Relatos - Publicado o 22-10-2009 15:49
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PIROTECNIA
Aquela mañán despertámonos cun cheiro novo. O aire fedía a quentura e a gasoil. Non se falaba doutra cousa no pobo. Un barco estranxeiro encallara nas illas. Meu irmán e máis eu rematamos o almorzo e baixamos ata o colexio. Era o único que te permitían facer. Da casa ó colexio e do colexio á casa, coa única salvedade dos domingos, cando había que ir a misa. Eu nunca estiven dacordo con iso e notaba dentro de min o que os maiores chamaban rebeldía.

Aquel día a curiosidade era máis forte que a obriga así que collín a man de meu irmán e camiñei con el rumbo a Donón. Cada paso que daba aumentaba a miña curiosidade pero tamén o medo ás represalías da miña nai cando algunha veciña parloteira lle contara que o seu fillo non fora a clase ese día. Intentei quitarme da cabeza eses pensamentos con cada zancada. Afastar da miña testa o medo de quen sabe que está a facer algo mal. Camiñamos apurados durante un bo treito, subindo e baixando costas e apartando do noso camiño as silvas e fentos que poboaban as corredoiras. Conforme avanzabamos, o cheiro e o fume facíanse máis notables. Meu irmán seguíame como o fan os irmáns pequenos, sabedores de que a responsabilidade e o castigo sempre cae no lombo do maior. E camiñamos.

Chegamos a Cabo Home, a mellor atalaia para contemplar o espectáculo. Velaí estaba, o Polycomander. Ardendo e levantando faíscas. Desafiando o meu coñecemento de rapaz, ardendo na auga como se o lume non sucumbira ante a forza do mar. O fume espeso que mudaba de dirección co embite do vento. E as Illas Cíes que permenacían quedas, sen afastarse do lume, coma se non lle queimara. Pensei nas fogueiras de San Xoan e en poñerlle un barco enriba para o próximo ano. Meu irmán e máis eu sentámonos nuns penedos e ficamos alí todo o día, coa mirada meiga. Foron os meus primeiros fogos artificiais.

Disque (1) - Categoría: Relatos - Publicado o 22-10-2009 12:03
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LAVADO EN FRÍO PARA ROPA DE COLOR
Hubo un tiempo en el que acostumbraba a viajar tanto como podía. Aprovechaba la hospitalidad de mis amistades para alojarme en sus viviendas con el único precio de un regalo a modo de bienvenida y una cena de despedida. Así lo hice durante varios años y ningún amigo se quejó o, por lo menos, no me comunicó su queja. Hasta mi viaje a Brujas. Allí me alojé en casa de Anna, una chica más joven que yo que vivía con la única compañía de un hurón. El animal se llamaba Buddy y era el postrero recuerdo de una relación que no había prosperado. La novia de Anna se fue y mi amiga se quedó con su mascota.

En Brujas, además de conocer su estilizado casco antiguo, descubrí el penetrante olor a miel que desprenden los hurones, sus afiladas uñas y su gran habilidad para refugiarse en cualquier agujero. Más de una vez me encontré a Buddy escondido en mi maleta, en la cesta de la ropa sucia o en el interior del horno. Todo un presagio de lo que iba a suceder.

Con la mejor intención de ayudar a mi anfitriona, decidí hacer una colada. Mientras acomodaba la ropa en el interior de la lavadora, escuché el ruido de la llave en la cerradura. Era Anna que regresaba de su trabajo como teleoperadora a tiempo parcial con contrato por obra. Acudí a saludarla y seguí llenando la lavadora. Bastaron veinte segundos para que el hurón, sin que nos diésemos cuenta ninguno de los dos, se alojase en el tambor de la AEG. Fue Anna la que eligió el programa, lavado en frío para ropa de color.

Aquella misma tarde abandoné Brujas ajeno a la tragedia. Me embarqué en un vuelo de bajo coste de vuelta a mi península. Durante el viaje apagué mi teléfono móvil y no pude recibir las llamadas de la que nunca más volvería a ser mi amiga. Fue Anna la que descubrió el cuerpo empapado y frío de su hurón en el interior de la lavadora.
Disque (2) - Categoría: Relatos - Publicado o 05-10-2009 18:28
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SE O MILLO FALARA...
Se o millo falara contaría aquela vez que atoparon un xabarín morto dun estacazo no padal.
Se o millo falara todos saberiamos a verdadeira historia da dentadura extraviada de señor Maximino.
Se o millo falara contaría como o Moreno agochou dous kilos de hachis entre os pendóns.
Se o millo falara saberiamos de certo o día en que Sabela perdeu o virgo.
Se o millo falara contaría as veces que o fillo de Xosé moveu os marcos das veigas.
Se o millo falara teriamos atopado o reloxo de ouro que don Manuel trouxo de Suiza e que aínda se está a pudrir na veiga de Friande.
Se o millo falara saberiamos o tempo que botou agochado o Servando mentras a Garda Civil enterraba as botas no eirado.
Se o millo falara Gumersindo sabería quen lle apañaba os melóns que el cultivaba con tanto coidado.
Se o millo falara saberiamos que a fermosa nena Consuelo tiña pelo nos pezóns.
Se o millo falara contaría o conto de cando don Anxo perdeu o alzacuellos.
Se o millo falara saberiamos onde está enterrada aquela cadela que lle comía as pombas ó veciño.

Disque (0) - Categoría: Relatos - Publicado o 15-09-2009 14:20
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EL RETIRO SE QUEDÓ ESTUPEFACTO
Comenzó la Feria del Libro de Madrid y el mundo editorial se concentró en el Paseo del Retiro para presentar las últimas novedades. Como viene siendo tradición, muchas de las casetas contaron con autores invitados para firmar ejemplares. Un buen reclamo para que el público acuda a la feria.

El día del estreno saltó la sorpresa cargada de polémica. Algo sin precedentes en los muchos años de historia de este evento. Uno de los autores invitados era Jiménez Losantos que presentaba su nuevo libro de haikus. No hace mucho tiempo, la cadena COPE anunció que no contará con los servicios del comunicador a partir de septiembre. Basta con darse un paseo por la capital a bordo de este servicio público, para saber que la mayoría de los taxistas eligen el programa de Jiménez Losantos para entretenerse durante su jornada laboral. El anuncio de su cese, provocó una movilización sin precedentes. La gran mayoría de taxistas madrileños decidieron acudir con sus automóviles a la Feria del Libro para expresar su apoyo a Losantos. Fuentes consultadas por este blog aseguran que se sumaron a la protesta compañeros de otras comunidades.

El parque del Retiro quedó colapsado de vehículos blancos con franjas laterales. Todos los conductores hacían uso del claxon en una orgía de decibelios que emocionó al veterano periodista. La Policía Local intentó intervenir para evitar el colapso pero, ante la escasez de efectivos, nada pudo hacer para evitar las protestas.

Esta movilización, que contó con doce kilómetros de caravana dentro y fuera del parque madrileño, ha provocado diferentes reacciones en todos los ámbitos de la sociedad. La Casa Real, en un comunicado público, ha expuesto su neutralidad ante lo acaecido ya que ningún miembro de la familia real utiliza taxis en sus desplazamientos. Los sindicatos han sido cautelosos y declararon lo siguiente: “Los taxistas son compañeros que respetamos y que tienen todo el derecho a manifestarse. Son obreros aunque tengan ordenador de a bordo. Eso sí, aprovechamos desde aquí para criticar el aumento de coches de alta gama en la flota”.

Al concentrase todos los taxistas en el entorno del Retiro, el tráfico en la ciudad fue tremendamente fluido. Muchos conductores manifestaron su felicitación por la iniciativa ya que les permitía circular mejor que en agosto. El primer partido de la oposición ha declarado por boca de su portavoz que ellos ya habían propuesto medidas similares para facilitar el tráfico de vehículos pero que el gobierno ha vuelto a meter la pata en un acto de irresponsabilidad política. Zapatero, mientras tanto, está encantado. Madrid se ha quedado tan liberado de coches que ahora podrá aterrizar con su Falcon en la Castellana, mucho más cerca de Moncloa que la Terminal 4.
Disque (0) - Categoría: Relatos - Publicado o 09-06-2009 17:55
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FEDORES
Demetrio era un rapaz coma todos. Non lle gustaba estudiar. Disfrutaba máis charlando e rindo cos compañeiros que metendo o fuciño no libro. Xa era medio home de corpo pero menos maduro que os da súa idade. O alcume de Demetrio era Fedores aínda que algunhas veces tamén lle chamaban Bacallao. Todo era polo cheiro, claro.

Ás mañáns chegaba moi repeinado, todavía con bo arrecendo, e botaba as cinco horas de clase sen despertar os ferintes comentarios dos seus compañeiros. Sonaba a serea e cada un marchaba a xantar a súa casa. E era despois dese trámite cando Demetrio voltaba ó colexio e comezaban as burlas. A verdade é que cheiraba a fritura en condicións e tódolos nenos amolaban coa mesma leira ó pobre rapaz.

Un día descubrin o porqué da súa sona. Miña nai non estaba na casa e meu pai seguía embarcado así que fun xantar á casa de Demetrio. A cociña era coma calquera outra e máis limpa que moitas das que eu vira antes. A nai de Demetrio vestía perfectamente e todo aparentaba normalidade. Comín con eles e, ó rematar, voltei ó colexio con Demetrio.

Chegamos a clase e os compañeiros comezaron a rir e a cheirarnos. Eu non entendía nada. Era normal que se meteran con Demetrio pero que eu fora víctima dos seus insultos xa non era tan común. Reparei niso un bo anaco mentres soportaba os improperios sobre o meu cheiro. Foi entón cando me decatei. A miña chambra cheiraba a fritura e na casa de Demetrio comeramos chinchos. Caín na conta. Demetrio non era un porco. A culpa de todo era da campana extractora.

Disque (0) - Categoría: Relatos - Publicado o 02-06-2009 18:01
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AMOR DE PAI
Censurado.


Foto: Lilo.
Disque (0) - Categoría: Relatos - Publicado o 22-04-2009 16:32
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CHIPS CONNECTION
Roger McCain era un tipo con fortuna. Vivía holgadamente de la herencia familiar. Se había casado con su novia de toda la vida, una chica formal. Dios les había regalado tres hijos rubios, blancos y sanos con el único defecto de un mar de pecas sobre la nariz y los mofletes. Roger McCain y su familia daban gracias por su suerte y sus posesiones a diario. Y bendecían la mesa antes de comer pollo con guisantes o costillas a la brasa con salsa barbacoa. Los niños asistían al colegio y siempre cosechaban notas destacadas. La esposa fiel se encargaba de las tareas de casa y de organizar los encuentros sociales de la familia. Y Roger McCain acudía a su despacho en el único edificio que albergaba la plantación. Mientras su secretaria le recordaba el orden del día, Roger observaba sus lustrosos zapatos y se sentía orgulloso de toda lo que la vida le había obsequiado.

Pero había un secreto que le atormentaba. Una mancha en su expediente. Un lunar en su moral perfecta. Un puñetazo en el estómago que le impedía pensar con claridad y que le obligaba a bajar la mirada cuando sus hijos le besaban de regreso a casa.

Roger McCain paseaba por el parque. Había oscurecido y se deslizaba con los zapatos sucios sobre los caminos rodeados de matorrales. La vegetación albergaba los nidos de las tórtolas, las palomas y los sueños húmedos de un padre de familia perfecto. Entonces, Roger se escondía tras la maleza y observaba cómo el más joven de los Brady le lamía los pezones a la hija del sheriff. Y a Roger eso le gustaba mucho más que cualquier caricia de su mujer. Y, a veces, ensuciaba los pantalones no sólo de barro.

De vuelta al coche, cepillaba la ropa y el calzado pero nunca podía secar el sudor de su frente. Y Roque McCain regresaba a casa por el camino más largo intentado controlar su angustia a base de volantazos. Y cada curva era un puñetazo en el estómago. Porque no es lo mismo espiar a jovencitos blancos que asesinar a negros, disfrazado del Ku Klux Klan.
Disque (0) - Categoría: Relatos - Publicado o 17-02-2009 17:27
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SOLPOR
Diecisiete formas de ver el mundo. Respirar una pureza que se escapa de entre los dedos. Una fotografía de espuma inquieta, de vientos coquetos. El mar evaporándose despacio hacia la cima del monte. Con el único objetivo de abrazar una torre vigía y otear el horizonte recortado por islas y gaviotas. Sal en los labios de un mar profundo, de fondo olvidado y rostro cariacontecido. Y el sol expectante, molesto por no salir en la foto. Estirando sus rayos para que no me quede más remedio que hablar de él. Así es Cabo Home o, por lo menos, así se muestra ante mí.
Disque (0) - Categoría: Relatos - Publicado o 24-01-2009 14:28
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CUENTO DE NAVIDAD (O NO)
Existen lugares, rodeados de Atlántico, que todavía conservan la magia de civilizaciones ancestrales. Ancoradouro, que en el idioma de aquella tierra significa el ancla dorada, es uno de ellos. Se trata de un enclave rocoso, pegado al mar. Allí hay dos playas y, entre ellas, un arenal inaccesible, oculto, mitológico. Hoy día, habitan en él cangrejos y mejillones pero hay quien dice que allí vivían centauros y unicornios. Existe un camino que conduce hasta el arenal. Sólo lo conocen algunos lagartos, muy pocos búhos y un zorro sagaz. Es una vía inexpugnable, un sendero sobre el que caminaron druidas, los únicos humanos que han pisado esa tierra.

Algunos abuelos llevan a sus nietos a pescar allí. Sueltan las peteras y atrapan calamares y sepias. Preciosos cefalópodos que sobre la madera de la barca se camuflan, regalando a los tripulantes la visión del arco iris en su piel como último estertor. Desde el mar se adivina una playa flanqueada por rocas. Cuando el nieto pregunta al abuelo sobre ella la respuesta siempre es la misma. “Ahí nadie puede llegar. Es una playa inaccesible. Ni siquiera la marea, cuando sube, es capaz de inundar su arena.”

Un día, a pesar de las indicaciones contrarias de su abuelo, un niño se adentró en el monte en busca de esa playa tan especial. Al principio, sólo veía robles por todas partes, con raíces fuertes y profundas hincadas en la tierra. Cada vez los robles eran mayores y sus ramas se retorcían cargadas de bellotas y hojas onduladas. Los rayos del sol se filtraban entre ellas creando los juegos de luz más bonitos que los ojos del niño podían ver. Al igual que las ramas, las raíces se agigantaban y creaban arcos enormes bajo los que un hombre podría pasar sin necesidad de agacharse.

Comenzó a llover. El niño tuvo frío pero no paró de caminar. De repente, apareció un lagarto ocelado. Era completamente verde salvo en los costados, donde lucía cuatro círculos desiguales de un profundo color azul. El lagarto se erguía sobre sus patas delanteras estirando el cuello, divisando el camino que se avecinaba. El niño siguió al lagarto, aprisa, curioso. Se cayó varias veces pero el lagarto se paraba a esperarlo, giraba el cuello y cuidaba de que el niño siguiese su estela. Hasta conducirlo a un nuevo lugar.

Cuando el niño perdió de vista al lagarto dejó de llover. Se encontraba solo, frente a un sendero y, en los flancos, crecían numerosos castaños. Bajo sus pies había una alfombra de erizos repletos de castañas. El niño caminó por el sendero pero se pinchó muchas veces. Enfadado, decidió hacerse un hueco entre la maleza y sentarse a descansar. Comió más castañas aquella vez que en toda su vida junta. Al acabar se notó pesado, con el estómago lleno. Sintió sed y oyó, a lo lejos, el canto del agua rompiendo contra una roca. Se aproximó en dirección al sonido y descubrió un riachuelo nacido de un manantial. Bebió de él. Era un agua fresca, dulce, que sólo con verla y oírla apagaba la sed. Bebió despacio, saboreándola. Se lavó la cara y las manos y también se mojó la nuca. Tan satisfecho se quedó que allí mismo acabó por dormirse.

Se hizo de noche. El niño durmió tranquilo hasta que la presencia de un búho lo despertó. Pasó volando junto a él, majestuoso, desplegando las alas lenta y ampliamente. Las movía con magia, era imposible dejar de verlo. El niño lo observó embelesado hasta que se levantó para seguirlo. Caminó tras él con el pesado recuerdo de las castañas en el estómago. El búho se paraba en las copas de los castaños aguardando por su joven perseguidor que demostraba una determinación de hierro. Al fin, alcanzó un claro. El búho desapareció, retrocediendo velozmente para regresar al castañal. La luna llena permitía al niño ver lo que ante él se presentaba. Hasta donde llegaba la luz, todo era un gran campo de tojos. Había algún pino que salpicaba aquel paraje con sus siniestras siluetas, adornado de retorcidas ramas, coronadas por piñas a punto de caerse. A lo lejos, se oía rugir al mar y se intuía su presencia en el salitroso olor a algas. Entre los tojos se divisaba un nuevo sendero y el niño, azotado por la curiosidad, se adentró en él hasta que llegó a un acantilado.

La percepción del tiempo se pierde en lugares mágicos. El sol se desperezó y nació el día. No había niebla que impidiese ver el cielo. Unas majestuosas islas recortaban el horizonte con su calmada silueta. El mar desprendía un pulcro color azul. Las aguas cristalinas permitían ver lo que en el fondo escondían. Se oía el rumor de las olas y el canto de los pájaros. Mirlos, ruiseñores, gorriones... todos ellos componían una tocata sin partitura digna de la mejor orquesta. No se atisbaba vida humana y, quizás por ello, se respiraba paz.

El niño bajó por el acantilado, con cuidado, de piedra en piedra. Al fin, divisó la playa escondida. Era preciosa, con arena de concha y con un promontorio de rocas en la bocana que impedía que el mar la tocase. Las rocas parecían flotar sobre el agua y al tiempo, actuaban de dique. El niño se adentró en la playa y disfrutó de todas las sensaciones que en ella se conjugaban. El olor a salitre, la brisa que le azotaba la cara, el sonido de la rompiente sobre las rocas, las algas que profanaban el aire, el canto de los cormoranes, las gaviotas, las sirenas. Todo era perfecto e idílico. Varios cangrejos salieron del agua dibujando sus pasos en la arena. Las lubinas y los múgeles nadaban animosamente en la orilla profiriendo saltitos. Algunos erizos de mar se disputaban con sus pinchos un pedazo de roca, dentro de una charca. Se movían despacio, con parsimonia, ajenos a los brincos de un camarón que jugaba a la vida con una anémona.

Aquel jovencito había logrado acceder al corazón de la naturaleza para descubrir su secreto. El equilibrio, el respeto, la vida. Miró al cielo donde dominaba un radiante sol, adornado por blancas nubes de algodón. El lagarto que le enseñó el camino lo saludó mientras surcaba los cielos a lomos de un búho que, en el idioma de aquella tierra, llamaban moucho.

El niño se levantó para subirse a una de las piedras, para mirar el océano. Oteando las aguas descubrió algunas barcas, como la de su abuelo. Quizás algún tripulante fuese un niño como él. Un niño que, atentamente, escuchase las historias sobre una playa mágica e inaccesible.
Disque (2) - Categoría: Relatos - Publicado o 16-12-2008 21:10
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PAUL AUSTER
Esta noite soñei con Paul Auster. Deume as gracias por regalarlle un libro de Paul Auster en San Sebastián. Está ben escrito, díxome. Non foi idea miña, contestei. Foi cousa de todos no traballo. A próxima vez dareiche como agasallo un libro de Blanco Amor ou de Neira Vilas. Xa verás que ben escriben. Por certo, ¿quen pensas que é mellor actor, Harvey Keitel ou Tommy Lee Jones? Non sei, díxome. E marchou do meu sono sen despexar tal dúbida. Mirei o reloxo no pulso, as catro da madrugada. Carai, pensei, este foi un sono de categoría, heino poñer no meu curriculum. Volvín durmir, tanta literatura deixoume baldado.
Disque (1) - Categoría: Relatos - Publicado o 02-06-2008 13:53
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GARDENIA
Casi todos mis tíos abandonaron el hogar familiar siendo muy jóvenes. Uno de ellos lo hizo para ser marino mercante. Su primer viaje fue a Argentina. Cuando estaba en el puerto de Vigo, a punto de zarpar, su novia le colocó una gardenia en el ojal del uniforme. Y así partió, con un dolor perfumado en el pecho.

La flor soportó los envites de la mar en un tarro con agua dulce. Cuando mi tío regresó al Puerto de Vigo se conmovió ante la resistencia de la gardenia. Y la llevó a casa.

El recibimiento en el hogar fue enorme, y todos los parientes querían saber de su viaje, sus anécdotas, sus vivencias. Mi tío contó la historia de la gardenia y mi abuela, que nunca dio un esqueje por perdido, enterró el débil tallo en la mejor parte de la finca, sobre una tierra blanda y rica. Encima de la flor puso una botella de cristal abierta para que formase un invernadero a modo de incubadora. Y la gardenia echó raíces y fue creciendo. Y llegó un día en el que la simple flor se convirtió en arbusto. Y nunca había olido tan bien el camino.

Mi tío ahora está jubilado y la gardenia, después de treinta años se secó.
Disque (1) - Categoría: Relatos - Publicado o 23-05-2008 14:56
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LA COCINA DE PICADILLO
Mi biblioteca es convencional. Unos trescientos volúmenes de menor o mayor calidad y de editoriales que todavía existen. Sin ninguna pieza de coleccionista. Libros apilados con el único orden del tamaño para aprovechar bien los huecos de las estanterías. Pero entre ellos hay un apequeña joya, o a mí me lo parece al menos, La cocina de Picadillo.

Es la quinta edición de esa obra y data de 1916. Mi abuelo materno, a quien llamaban Chuco de Vilas, la compró en 1934, cuando le encargaron ser el repostero/camarero del Comandante en la Escuela Naval de Marín. Tras la guerra, mi abuelo lo conservó. En las sobremesas leía a sus hijos algunos pasajes del libro, que combina recetas con parodias de cómo era la gente de entonces en Galicia y cómo se cocinaba. Cuando mi abuelo murió el libro estaba muy estropeado pero mi madre lo rescató y lo llevó a que lo encuadernasen con letras de oro, no podía ser de otra manera.

Así que ahora mi colección de libros ha ganado en lustre y ya no hay, sólo, libros que regalan los periódicos y ediciones que se pueden encontrar en cualquier biblioteca.
Disque (1) - Categoría: Relatos - Publicado o 14-05-2008 12:10
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ZAPATILLAS VICTORIA
Yo tuve unas zapatillas Victoria. De hecho, tuve muchas. Las calcé y las sufrí. Pero fui afortunado. La llegada del estado del bienestar, mi afición al deporte y la generosidad de mis padres me permitieron calzar deportivos y olvidarme de las zapatillas Victoria.

Durante mi niñez había muchos adeptos a estas zapatillas que esgrimían argumentos mil en su favor. Eran cómodas, el pie transpiraba, se secaban pronto, por lo que no importaba que el agua del mar las mojase, y eran baratas. Para los mayores las zapatillas Victoria eran la panacea y sólo las superaban los chorlitos y las fanequeras. ¡Mentira puta! Para mí eran una tortura. Cuando caminaba por el monte con ellas, se llenaban de espinas de chumbera y de pinchos de tojo. Me salían rozaduras en los talones constantemente. A veces prefería caminar descalzo, fue la época en que descubrí lo caliente que puede llegar a estar el asfalto en verano. Los remates de los cordones se clavaban en el empeine dejando circulares marcas que te acompañaban todo el verano, fueron mis primeras escarificaciones. Pero lo que más me impresionaba de las zapatillas Victoria era que, pese a su simplicidad, resultaba imposible sacudir la arena de la playa. Pasaba un año y todavía encontrabas arena de las vacaciones en Canarias.

Pues bien, todos estos argumentos no son óbice para que, en los últimos tiempos, los pijos de España luzcan orgullosos sus zapatillas Victoria. Ninguno de ellos me ha explicado el porqué de tan extraña moda. Todavía me sobrecoge ver a uno de ellos con este calzado y una camiseta de Dolce & Gabbana. Sobre todo porque en mis tiempos, las zapatillas Victoria sólo hacían juego con camisetas de publicidad del Froiz.
Disque (0) - Categoría: Relatos - Publicado o 12-05-2008 13:00
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EL PERRO DE O VAO
O can do Vao
Todavía no había amanecido. La mañana era fresca y las botellas se amontonaban sobre la arena, recuerdo de una noche de fiesta en la playa. El primer turno permitía ver esa clase de cosas. La ciudad permanecía dormida enfrascada en el sueño perezoso de cada domingo de agosto. Comenzamos a recoger la basura, separando los vidrios del resto de desperdicios.

En el curso de iniciación nos habían enseñado a escudriñar los montículos de arena en busca de rescoldos de alguna hoguera mal apagada. Así trabajamos la primera hora hasta que me encontré con un promontorio coronado por una botella de Ballantine´s. Recogí el recipiente y aparté la arena de la superficie. Al enterrar mis manos tropecé con una mata de pelo. Extrañado, seguí escarbando y, para mi sorpresa, caí en la cuenta de que lo que se hallaba debajo era un pequeño perro. Lo alcé con mimo. Presentaba varias heridas, todas sucias y llenas de arena. Me acerqué al mar con el animal en brazos y le lavé las llagas. Estaban llenas de cristales. Alguien se había entretenido con aquel perro a base de patadas y botellazos. Tiritaba de frío así que decidí colocarlo sobre el capó de la camioneta, al calor del motor. Avisé a mis compañeros y, al rato, descubrimos que recobraba fuerzas.

Aquel perro nos miraba aturdido, incluso con miedo. Sus ojos dejaban entrever el desconcierto de quien duda entre la salvación o la muerte. Algún auténtico hijo de puta se la había pasado en grande a costa de ese chucho. En cuanto acabamos el turno lo llevé al veterinario. Localizó y curó bien las heridas, aplicó los puntos de sutura y mostró su sorpresa por el aguante del animal. Debe de ser joven, no más de dos años. Por eso ha aguantado. Con esa paliza y la humedad de la playa lo normal es que no sobreviviese más de unas horas.

He puesto un anuncio en el periódico por si su dueño lo reclama. Por ahora nadie ha llamado. Me alegro. Quiero cuidar a ese chucho, le tengo cariño. Mi casa no es muy grande pero vivo cerco de la playa, allí podré llevarlo para que pasee.

Disque (2) - Categoría: Relatos - Publicado o 13-03-2007 13:06
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LA TOALLA Y LAS PALOMAS
De ferro, con chumbo.
Su momento preferido era cuando cesaba la enseñanza. Dejaba sus libros en el despacho y se enfundaba su chándal y su toalla. Allí, corriendo sobre la pista de atletismo nadie sospecharía que se trataba de un paúl de sesenta años. La estampa de su figura con aquella toalla era más parecida a Rocky Balboa, y su esfuerzo, contenido y silencioso.

Desde la ventana de mi clase observaba su monótono trote. Yo, con mi adolescencia en plenitud, envidiaba el modo en que aquel cura de mierda le ganaba el pulso a la vida. Año tras año se empecinaba en inculcar a los alumnos del colegio la seriedad, la disciplina física y mental y el amor por la literatura. Varias veces me había regañado y otras tantas castigado. Pocos se salvaban de la férrea dureza del Padre Simón. Pero el que más sufrió su crueldad fue Roque.

Todos los curas tenían una extraña afición. La del Padre Simón era cuidar un cobertizo que albergaba palomas mensajeras. Durante los recreos, Roque se acercaba al palomar con su tirachinas y martirizaba a los animalillos sin piedad. Al descubrir las escaramuzas, el paúl se encolerizaba. Ni siquiera podía ocultar su rabia en clase, ante los niños.

Ahora soy adulto y procuro correr todas las semanas. Me sienta bien notar los pulmones abiertos y los pies hinchados. Corro con una toalla al cuello para secarme el sudor. El ejercicio me trae a la mente recuerdos de aquel cura, de aquel palomar y del cadáver de Roque cubierto de mierda de paloma.
Disque (0) - Categoría: Relatos - Publicado o 12-03-2007 14:49
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