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GALEGOS NA DEFENSA DE DONOSTI (XULLO DO 1936). PRIMEIRA PARTE
Artigo de Serxio Balchada

Días de plomo: Gallegos en la defensa de Donostia, julio de 1936 (I parte)

A partir de los años 20 se instala en la vecina población de Pasaia una importante colonia de marineros gallegos. Nace así el barrio pasaitarra de Trintxerpe y con él el sindicato Avance Marino integrado en la CNT y donde los pescadores galaicos van a aglutinar fuerzas en contra de las terribles condiciones laborales de las que son víctimas.

En mayo de 1936 los trabajadores del mar del puerto de Pasaia inician una huelga que se enquistará ante la negativa de la patronal a ceder ni un ápice en las demandas de sus asalariados y la negativa de éstos a reincorporarse a sus puestos de trabajo.

Por aquel entonces, solicitaban los marineros 375 pts. al mes, con una gratificaciónde 50 pts. para los que iban a los caladeros más lejanos, en razón de la subida de un 3% en los precios de las subsistencias; Bolsín de Trabajo establecido y controlado por los sindicatos, para terminar con los favoritismos y la especulación con el empleo; incremento de las tripulaciones de los bous y de las parejas, para reducir las jornadas laborales que estaban entre las 15 y las 18 horas; cumplimiento efectivo de los descansos; un mes de vacaciones pagadas; mejora de las condiciones sanitarias,de seguridad y de habitabilidad de los barcos…(1)

La huelga se mantiene todavía activa a mediados de julio cuando las guarniciones africanas se sublevan contra el gobierno. El día 18 de julio Miguel González Inestal, secretario del sindicato trintxerpetarra, acude al Gobierno civil a reunirse con el gobernador Jesús Artola Goicoechea con el que está negociando el fin de la huelga; la entrevista es interrumpida por el coronel León Carrasco, a la sazón jefe militar de la provincia. El coronel asegura que su lealtad y la de sus hombres están con el gobierno constituido en las urnas. Una vez el coronel abandona el despacho de Artola, Inestal telefonea a la sede del sindicato Avance Marino la consigna es que se preparen para lo que pueda suceder.

El foco principal fue Trincherpe, un barrio de Pasajes, y costó cierto tiempo reducirlos a la impotencia. (…). Honradamente he de decir que en Rentería, aparte de crear una situación de inseguridad, atemorizar a honrados ciudadanos y pedir documentación, no hicieron nada más. Sin embargo crearon un ambiente sumamente desagradable.(2)

El palacio de Salinas es incautado por los gallegos pasaitarras y en el se instala una fábrica de explosivos.(3) En los talleres Luzuriaga y Torrea de Pasajes San Pedro(4) se blindan camiones para enviar al frente. Estos blindados artesanales no eran más que camiones o camionetas recubiertos de planchas de metal, a las que se practicaban unas aberturas por las cuales sacar el cañón de los fusiles y la correspondiente para el conductor. Uno de estos blindados partió de Pasaia el día 22 de julio en dirección a Tolosa en una descubierta; en la carretera se topan con una avanzadilla enemiga y en la refriega éstos últimos salen victoriosos. Sus tripulantes fueron fusilados in situ(5) al socaire de la “justicia caliente” que se aplicó rigurosamente en ambos bandos durante el verano del 36.

Desconocemos cuantos milicianos ocupaban el camión, al menos sabemos que uno de ellos se llamaba Manuel Gil García e ingresó cadáver el mismo día 22 en el Hospital Civil de Pasajes. Era vecino de Trintxerpe donde se ganaba la vida como marinero, pero natural de Marín (Pontevedra) y tenía 31 años.(6)

Con la cercanía de los cuarteles de Loyola donde la tropa permanecía acantonada, la capital gipuzkoana no podía respirar tranquila. Por otro lado, las fuerzas civiles afines a la sublevación comienzan a reunirse en el interior del Buen Pastor la madrugada del día 19 en espera de los militares que habían prometido armarlos.

Esa misma madrugada el coronel Carrasco se ve sitiado por grupos de izquierdistas armados en el edificio del Gobierno Militar; sin saber muy bien cómo alguien abre fuego contra el edificio y se entabla un intercambio de disparos. El coronel telefonea al Gobierno Civil informando del ataque y reiterando su adhesión al gobierno de la República. El tiroteo arrecia y esta vez el militar telefonea a los cuarteles solicitando refuerzos. En su auxilio parten dos blindados bajo las órdenes del teniente Leoz; la columna de socorro es recibida a tiros a su paso por el Boulevard siendo alcanzado mortalmente un soldado.(7) Ante la ausencia de Carrasco el teniente coronel Vallespín intenta convencer a la oficialidad que permanece dubitativa pero no logra su objetivo frustrando así que tomen la iniciativa y se hagan con la ciudad fácilmente.

El nerviosismo crece entre los elementos civiles comprometidos con la trama golpista; la mañana del 19 todavía continúan aguardando que los militares se subleven; las patrullas de izquierdistas armados no les auguran un futuro prometedor si son identificados. Que los militares no van a acudir a la cita se hace evidente; por lo tanto deciden abandonar el Buen Pastor, algunos acuden a los cuarteles; otros en cambio tratan de enlazar con las columnas de requetés que avanzaban hacia la capital o en su defecto alcanzar la muga con Navarra.

A lo largo de ese día las milicias prosiguen estableciendo controles de vigilancia y el cuartel de la Guardia de Asalto de “La Brecha” es acometido para hacerse con las armas que hay en su interior.

El día 20 de julio el Comandante del Estado Mayor Augusto Pérez Garmendia arriba a Donostia, va camino de Oviedo tras conocer las noticias en su lugar de vacaciones en Francia, para presentarse ante el general Aranda su inmediato superior. Los responsables del Frente Popular le proponen su inclusión como jefe militar de las milicias populares; la carestía de mandos competentes era alarmante. Pérez Garmendia acepta el puesto y una de las primeras medidas que se adoptan es la formación de una columna que se dirija a Vitoria donde el alzamiento ha triunfado, uniéndose previamente a otra columna de Eibar que debe llevarles armas. Junto a esta tropa miliciana se quiere reforzar la expedición con soldados del cuartel de Loyola. Carrasco promete colaborar con una compañía y baterías. Ordena al teniente Presilla que se haga cargo de preparar una compañía de Zapadores y 2 baterías de 155 mm; y que se una la mañana del 21 con la columna.(8)

En la columna se quiere incluir tanto a los gallegos de Trintxerpe como a los que han llegado huyendo de su tierra en barco después de enfrentarse en vano contra los sublevados. A los primeros se les temía por su condición de anarquistas de armas tomar; a los segundos por las noticias que traían de la brutal represión desatada en Galicia y que iban exaltando los ánimos.

Entre otras ventajas que nos proporcionaba la expedición, era una de ellas la de retirar de la ciudad, del puerto y de la frontera a unos cuantos cientos de gentes extrañas al País, singularmente gallegos, que imprimía un sello de violencia exótico e inconveniente a nuestra causa, que era la defensa de la República (…)Realmente controlábamos mal a aquellos grupos armados, extraños y pintorescos que daban un tinte extraño a la amable vida guipuzcoana y al carácter y maneras de producirse del país.(9)

A pesar de la alarma suscitada no se conocen actos de vandalismo o asesinatos perpetrados por los anarquistas gallegos.

El 21 a las 10 de la mañana la columna compuesta por 60 camiones inicia la marcha sin que los militares hayan hecho acto de presencia. El teniente coronel Vallespín presenta una serie de evasivas excusando la presencia del contingente de militares; no obstante añade que tan pronto puedan saldrán a reunirse con las milicias. Si hacemos caso a las cifras manejadas por Manuel de Irujo en sus memorias, la columna estaba integrada por alrededor de 5000 milicianos donde “tal vez una mitad aproximada, hablaban castellano con tono gallego.”(10) La marcha de los camiones por las calles iba acompañada de gritos revolucionarios y banderas rojinegras; en verdad debió de ser un espectáculo que puso los pelos de punta a los sectores conservadores de Donostia.

Vacía la ciudad de considerables fuerzas izquierdistas Vallespín consigue hacer valer su criterio y declara el Estado de Guerra en toda la provincia. Asegura las alturas inmediatas a los cuarteles asegurando al mismo tiempo los accesos desde la ciudad. En Ametzagaña sitúa 2 piezas de 155 MM y despliega una compañía al mando del capitán Álvaro Padilla que también ocupa el manicomio de Uba. En el cementerio de Polloe y el convento de las Hermanitas de la Caridad se despliegan 100 hombres a cuyo frente está el capitán Miquel; entre esta tropa hay tiradores de elite. (11)
Vallespín telefonea al Gobierno Civil e insta a las autoridades a que se rindan bajo amenaza de bombardeo de la ciudad.(12)En la ciudad la actividad es febril y se comienzan a montar las primeras barricadas en los accesos a la ciudad y en las bocacalles de las principales arterias de la ciudad. Esa noche el comandante Velasco, siguiendo el curso del Urumea llega hasta el puente de Hierro con 2 blindados y una heterogénea tropa de soldados, guardias civiles, guardias de asalto y carabineros.(13) La ciudad los recibe con las calles sumidas en la completa oscuridad, dudan; temen una emboscada. El capitán Velasco regresa sobre sus pasos.

Así llegamos a la madrugada del 22 de julio. El capitán de artillería Joaquín Arana sobreviene sobre la ciudad con 800 hombres entre soldados, fuerzas del orden y paisanos pertrechados con correajes y uniformes; un blindado y morteros.(14) Los rebeldes penetran por el barrio de Amara y progresan por las calles Urbieta y Prim; las primeras escaramuzas tienen lugar en las inmediaciones del teatro de Bellas Artes con elementos de la CNT que se van replegando hacia la calle Larramendi donde se ubican los locales del sindicato y se han levantado barricadas. Es en esta zona donde la CNT articula un entramado defensivo apoyándose en los citados locales; en las escuelas de Amara y en las azoteas de los edificios de la manzana(15) que resultó eficaz y detuvo el avance de los rebeldes. Los combates se enquistan durante toda la mañana, por momentos revistan cotas de una dureza sorprendente; el control de las azoteas desde las que los anarquistas lanzan explosivos caseros es crucial para el desenlace del combate; se reciben refuerzos por parte de elementos comunistas y socialistas que no acaban de decantar la balanza hacia el lado de las milicias.

En el éxito de la enconada resistencia de los combates tuvo mucho que ver el sindicato Avance Marino; hasta en dos ocasiones se desplazó Félix Liquiniano al local del sindicato procurando en su primer viaje “Algunas botellas incendiarias y algunos cartuchos de dinamita con la mecha preparada.”(16) Una vez agotado el arsenal, Liquiniano regresa a Trintxerpe donde es testigo de la febril actividad que las mujeres de los pescadores tienen entre manos: “las mujeres continúan afanándose unas en la elaboración de explosivos rudimentarios; mientras otras se dedican a las labores de recolección de botellas para llenar de gasolina.”(17)

Mientras los combates se suceden en la calle Larramendi, una porción de la columna rebelde se desgaja del grueso y toma posiciones en los jardines de la estación del Norte, situando una ametralladora al final de la calle Iztueta la que mantiene en jaque durante horas a las fuerzas populares que se mueven por los accesos al barrio de Atotxa.(18)

Sergio Balchada
Comentarios (0) - Categoría: 04.- GALIZA EN EUSKAL HERRIA - Publicado o 23-06-2015 12:52
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GALEGOS NA DEFENSA DE DONOSTI (XULLO DO 1936). SEGUNDA PARTE
Artigo de Serxio Balchada (Segunda parte)

Días de plomo: Gallegos en la defensa de Donostia, julio de 1936 (II parte)

En Bilbao la intentona golpista hab�a sido controlada sin demasiadas complicaciones por el gobernador civil, el pontevedr�s Jos� Echeverr�a Novoa. Conocedores all� de los combates desarrollados en las calles donostiarras, se solicitan voluntarios para integrar una columna que acuda en ayuda de la capital gipuzkoana. �stos deben presentarse en un instituto bilba�no frente a Correos. Finalmente parten 166 hombres; a su frente un gallego, Justo Rodr�guez Rivas. Natural de Ver�n (Ourense), era guardia de asalto con grado de teniente. Descabezada la rebeli�n en Bilbao, la duda sobre sus verdaderas inclinaciones pol�ticas dieron con sus huesos en una celda. Avalado por el Teniente Coronel Gabriel Aizpuru y por Francisco Ciutat, es puesto en libertad y se le encomienda la direcci�n de la citada columna.(1)

Salen la ma�ana del d�a 22 de julio, de camino se desv�an a Mondrag�n porque el destacamento local de la guardia civil se ha sublevado y se niegan a abandonar el cuartel; Justo Rodr�guez se aproxima y parlamenta con el oficial al mando consiguiendo que depongan su actitud y se unan a la columna. Precisamente en esta poblaci�n coincide con Augusto P�rez Garmendia y enseguida ponen rumbo a Donostia junto a un tercer grupo que desde Eibar salva el trayecto en ferrocarril.(2)

Llegados a las cercan�as de la ciudad se decide penetrar por dos puntos mientras el tren contin�a hasta la Estaci�n del Norte. Justo Rodr�guez se abre paso por Aldapeta; en vanguardia un blindado artesanal con milicianos gallegos de Trintxerpe avanza por la calle Urbieta, recibe el impacto de un mortero que lo hace volcar, sus ocupantes corren ilesos a resguardarse.

A su vez P�rez Garmendia hace aparici�n por Miraconcha y la calle San Mart�n sorprendiendo a los rebeldes que se ven obligados a pasar a la defensiva. El tren de Eibar se detiene en la estaci�n, los milicianos se precipitan fuera y son recibidos por la ametralladora sita al final de la calle Iztueta, hay algunas bajas vistas y las milicias quedan fijadas en el and�n.


Los combates se recrudecen y P�rez Garmendia se hace cargo de las operaciones, para ello enlaza con los responsables de la CNT y establece el puesto de mando en los bajos del n�mero 47 de la calle Easo.(3) Tras sucederse unas horas m�s de combates los rebeldes optan por retirarse, algunos consiguen alcanzar los cuarteles, mientras otros se atrincheran en diferentes edificios de la ciudad en espera de ser auxiliados por sus camaradas de armas: El Casino, el Club N�utico, la Equitativa, el Gobierno Militar, el C�rculo Easonense y el Hotel Mar�a Cristina. Pasado el meridiano del d�a, las milicias se dedicar�n a sofocar los n�cleos que todav�a resisten.

En el puerto de Pasaia permanece atracado el Torpedero N�3 de la marina, milicianos de Avance Marino, de UGT y del PC lo abordan y toman el control del mismo ante la pasividad de la tripulaci�n y del teniente Amador Gonz�lez.(4) Persuaden al oficial de la conveniencia de poner rumbo a la bah�a de la Concha y hostigar las plazas ocupadas por los rebeldes, �ste se niega tajante, no quiere responsabilizarse de los posibles da�os colaterales que pueda causar el ataque. Entonces Juan Varela, secretario de Avance Marino extiende un documento firmado donde exime al teniente de toda culpa recayendo en su persona toda responsabilidad.(5) El torpedero enfila proa hacia la isla de Santa Clara y abren fuego contra el Club N�utico y el Casino con parco resultado. Las bater�as de Ametzaga�a los obligan a retirarse.

La tarde avanza inexorable y los focos de resistencia son sofocados, bien porque son tomados al asalto (como es el caso del Casino) o porque son abandonados o sus ocupantes enarbolan bandera blanca. Todos excepto el hotel Mar�a Cristina que contin�a aguantando las embestidas de los milicianos. Las ametralladoras rebeldes son due�as absolutas del paso del puente del Kursaal donde permanece abandonado un cami�n blindado con sus dos ocupantes muertos; incluso se ha intentado aproximar un cami�n cisterna de la CAMPSA para rociar el hotel con gasolina.(6) El plan se frustr� con la muerte del conductor cuando enfilaba el cami�n hacia las verjas del hotel.

Nuevamente entran en liza los pescadores gallegos con el Torpedero N� 3, esta vez desde la desembocadura del Urumea, el objetivo es obviamente el hotel. No consiguen alcanzar el objetivo pero algunos proyectiles impactan contra el Teatro Mar�a Eugenia donde las milicias del Frente Popular se guarecen. Garmendia es tajante y ordena que se retiren. La participaci�n del torpedero caus� una fuerte impresi�n a los sitiados y comenz� a abrirse una brecha en la moral. Al cabo de unas horas s�banas blancas son descolgadas de las ventanas, el hotel se rinde.

Tras la ca�da del hotel la Estaci�n del Norte y La Equitativa son abandonados; la ya famosa ametralladora de la calle Iztueta es silenciada con una pieza de artiller�a que consigue que sus servidores la abandonen a su suerte.

La ciudad queda en manos de las organizaciones obreras que enseguida se afanan en plasmar, por un breve per�odo de tiempo, sus teor�as sociales. Pero una preocupaci�n mayor viene a canalizar los esfuerzos del Frente Popular; los cuarteles de Loyola y las alturas inmediatas todav�a representan un peligro real que deben atajar de inmediato.
Milicianos durante los combates en el cementerio de Polloe

Milicianos durante los combates en el cementerio de Polloe.
Fotograf�a en http://www.donostia.org/

El 24 de julio las milicias comienzan a hostigar las posiciones rebeldes que son rodeadas; se asalta el cementerio de Polloe donde Justo Rodr�guez dirige a las milicias entre las cuales hay numerosos marineros de Trintxerpe. Las milicias son contenidas por los tiradores de �lite, las bajas son cuantiosas por lo que el ataque se paraliza, ocup�ndose diferentes posiciones en torno a los cuarteles, a Polloe y Ametzaga�a. Se corta el suministro de luz y agua del cuartel.

El 25 se opta por cambiar de t�ctica, un viejo avi�n apodado el �Abuelo� deja caer sobre los cuarteles octavillas con mensajes de los familiares de los soldados, algunos desertan cuando van a hacer la aguada.

El d�a 26 se asaltan simult�neamente el alto de Ametzaga�a y el cementerio de Polloe(7); en la refriega en el cementerio el teniente de asalto Justo Rodr�guez Rivas es herido de gravedad en el vientre. Luis Arbella tambi�n se encuentra en el mismo lugar, esto es lo que nos cuenta:

Est�bamos nosotros all� en posiciones (en el cementerio de Polloe), y un buen d�a sacaron ellos una bandera blanca para parlamentar. �bamos a ir: entre ellos Antxon Andonegui, yo y algunos m�s y los militares no dejaron, porque ten�an que ser ellos los que ten�an que ir a parlamentar. Y efectivamente sali� (�C�mo se llamaba aquel Teniente de Asalto?�C�mo?). No me acuerdo. Bueno salieron tres y cuando estuvieron a huevo, como generalmente se dice, ellos tiraron y nos mataron a alguien. Iban a parlamentar y los mataron en el camino.(8)

Justo Rodr�guez no fallece all� mismo, si no que es trasladado al Hospital San Ignacio donde muere pocas horas despu�s.(9) Posteriormente el cuerpo ser� trasladado a Bilbao donde se oficiar� el sepelio con la presencia de autoridades.(10)

Los combates se suceden en los alrededores del cuartel, un avi�n gubernamental entra en liza y arroja dos bombas que causan graves desperfectos en uno de los muros de los cuarteles. El ataque exaspera a Vallesp�n que quiere a toda costa enviar un escrito en tono amenazador a las autoridades civiles, pero se topa con la oposici�n de la oficialidad, a cuya cabeza Carrasco junto al comandante Herce son de la opini�n de tomar una actitud m�s conciliadora invit�ndoles a parlamentar. Finalmente consiguen imponerse bajo la condici�n de que los receptores fuesen los diputados, ya que para Vallesp�n eran la �nica autoridad civil que consideraba leg�tima.

A la ma�ana siguiente se decreta un tenso alto el fuego y en el puente de ingreso a los cuarteles se encuentran ambas partes. Por parte de los militares hacen acto de presencia el coronel Carrasco, el teniente coronel Vallesp�n y el comandante Herce; de parte de las autoridades civiles acuden a la cita los diputados Miguel Amilibia (PSOE), Irazusta, Manuel de Irujo, Picabea y Lasarte (todos del PNV).

Los diputados exigen la rendici�n incondicional; Vallesp�n obviamente se niega tajante a aceptar estas condiciones �Eso es: que el rat�n imponga condiciones al gato.�(11) Los diputados dan un tiempo a los militares para que reflexionen sobre lo propuesto o para que aporten otras sugerencias que se puedan tener en cuenta.

La moral de los sitiados no vive sus mejores momentos, Vallesp�n se encuentra solo una vez m�s, la mayor�a de los oficiales se inclinan por capitular y la idea de intentar una salida para enlazar con los navarros es desechada porque no conf�an en la lealtad de la tropa una vez fuera. Vallesp�n huye a las 6:30 horas de los cuarteles y se refugia en el cercano monasterio de Uba (desde donde es testigo de la rendici�n), m�s tarde en Astigarraga un coche lo conducir� a Pamplona.

Aprovechando al confusi�n inicial, miembros de la CNT introducen camiones por la parte posterior de los cuarteles y se hacen con un bot�n de 1.400 fusiles y municiones que almacenaron en el cuartel que los gallegos pasaitarras ten�an en Bidebieta.(12) Esta acci�n no sienta nada bien a sus aliados que exigen la repartici�n de los fusiles; la CNT se niega alegando que cuando se tom� el hotel Mar�a Cristina fueron excluidos del reparto de armas.

La presencia de gallegos en los combates registrados en la capital gipuzkoana entre los d�as 22 y 28 de julio de 1936 en las filas, mayormente de la CNT, es destacada. Al contingente galaico del sindicato trintxerpetarra Avance Marino ya de por si elevado, hay que sumar la llegada de al menos dos barcos pesqueros a Pasai-San Pedro que ven�an huyendo de Galicia. Desconocemos el puerto de partida, pero recientes estudios de Dionisio Pereira apuntan que antes el 22 de julio hay localizadas dos fugas por mar desde la provincia de A Coru�a.(13) Cuatro tripulantes de estos pesqueros resultaron fallecidos durante los combates donostiarras: Manuel Ramos Sanpedro, Jos� Lage Iza, Seraf�n Ubeira y Clemente Queipo.(14)

Sergio Balchada
Comentarios (0) - Categoría: 04.- GALIZA EN EUSKAL HERRIA - Publicado o 23-06-2015 12:51
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