MISCELÁNEA MINDONIENSE


Andrés García Doural
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LA FUENTE DEL RÍO DE SISTO
En las inmediaciones de las viviendas del barrio del Río de Sisto y a la orilla del arroyo que por allí desciende, existe un abundante manantial, con su caño de hierro, que abasteció de agua durante muchos años a numerosos vecinos de Mondoñedo.
Sobre el caño de la fuente, fue construida una pequeña cavidad, cerrada con una puerta metálica, en el interior de la cual se halla un “repartidor de caudal”, confeccionado en plomo, a través del cual, la mitad del agua del manantial viene encañada por el trazado de la calle Rigueira hasta una fuente existente en el interior de la huerta amurallada del Palacio Episcopal.
Junto a la fuente del Río de Sisto fueron construidos unos buenos lavaderos de mano y un amplio estanque, de los que hicieron uso durante muchos años familias mindonienses. Con la llegada de las máquinas lavadoras a los hogares, han dejado de usarse estos apreciados y concurridos lavaderos.
Después de transcurrir varios años sin echar gota de agua el caño de la fuente del Río de Sisto, desde hace un corto periodo de tiempo, comenzó a manar de nuevo abundante agua. La mano destructora del ser humano tuvo algo que ver con este suceso. Persona desconocida introdujo a presión un trozo redondo de madera por el interior del caño. Unos obreros de la empresa de abastecimiento de agua a la población de Mondoñedo (Aqualia) revisaron el manantial y retiraron el trozo de madera.
En estos momentos me viene a la memoria, cuando éramos prácticamente unos adolescentes y regresábamos a nuestros domicilios por el camino del barrio del Río de Sisto, después de jugar unos largos y disputados partidos de fútbol en la pista de cemento de Alcántara. Una vez junto al caño de este abundante manantial, los jugadores hacíamos cola para saciar la sed con su fresca agua.
Durante el tiempo que dejó de manar agua, cada vez que transitábamos a pie por sus inmediaciones, nos asomábamos por la parte superior del muro donde se encuentra colocada para comprobar si salía agua por su caño. Echábamos en falta el sonido de su agua.

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 12-08-2010 00:02
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EL ALTAR DE LOS CAÍDOS DE MONDOÑEDO
Durante la Guerra Civil (1936-39), por iniciativa de la autoridad municipal, se proyectó erigir una gran cruz y un altar de granito, como recuerdo de los militares muertos en el frente de batalla en el llamado Bando Nacional y de otros que lo hicieron en las instalaciones del Hospital de Sangre de Mondoñedo.
La maqueta del proyecto fue ejecutada bajo la dirección del Señor Aguiar, la cual fue muy elogiada por su sencillez y severidad, acordando exponerla al público en el escaparate del comercio de D. Bernardino Vidarte (actual calle Andrés Baamonde) y se decide comenzar inmediatamente las obras de la cruz y del altar, a fin de que pudieran ser inaugurados durante el segundo año de la contienda. El artista local Sr. Vidarte, procedió al decorado de dicha maqueta, que fue presentada como una exacta miniatura del proyecto, con todos sus emblemas y motivos ornamentales.
El altar sería todo de granito, constituido por una severa cruz latina de cinco metros aproximadamente de altura, sobre una plataforma de tres grandes escaleras. Delante de la cruz, se colocaría la mesa de altar, sostenida por una ancha columna y en esta se gravaría el nuevo escudo nacional y a ambos lados de aquella, dos columnas de mayor tamaño. Las obras fueron administradas por una Junta presidida por el Alcalde y su coste ascendió entre 7 y 8.000 pesetas. Los habitantes de Mondoñedo hicieron aportaciones económicas de forma entusiasta y pronta para la realización de la expresada obra.
En un principio se pensó emplazarlo en la Avenida de Primo de Rivera (delante del Seminario) por reunir las condiciones de capacidad y de retiro del bullicio de la población, siendo propósito de las autoridades imponer el saludo obligado a dicho altar y celebrar en él las efemérides.
Invitados por el Alcalde, estuvieron en Mondoñedo el 19 de febrero de 1938, el ingeniero jefe de la Diputación Sr. Varela, el arquitecto Sr. Vila y el Sr. Vázquez Seijas, organizador del museo provincial. Su presencia fue recabada para conocer su opinión acerca del proyectado altar y de su mejor emplazamiento. Acompañados del Prelado (D. Benjamín de Arriba y Castro), del comandante militar, del Alcalde, del jefe local de F. E. T. y de la J. O. N. S. y del autor del proyecto, recorrieron varios lugares de la ciudad con el fin de elegir el emplazamiento del altar. Eligieron como el más adecuado, el trozo del Campo de los Remedios, comprendido entre el edificio del Hospital de San Pablo y la casa que fue del Sr. Ferreiro (hoy de la parroquia), en cuyo lugar se formaría un pequeño parque, para independizar y dar mayor realce al monumento.
El 20 de febrero de 1938 dan comienzo las obras, si bien a causa de una disposición del Ministerio de Educación Nacional, publicada en el Boletín del Estado, tuvo que llevar un ritmo más lento del propuesto, en espera de la aprobación necesaria de la Comisión del Estado en conmemoración de la patria. La Comisión encargada de la construcción del Altar de los Caídos, por medio de una oficina de colocación obrera, ofreció trabajo a los canteros del término para la labra de sillería que ha de ser empleada en dicho monumento. La cantidad señalada para jornales es de 17 pesetas por metro cuadrado de piedra terminada. Esta oferta de empleo era extensible a personas de este término, hasta un número de diez.
El 12 de septiembre de 1938, día de la fiesta de Nuestra Señora de los Remedios, a las once y media de la mañana, tuvo lugar la inauguración del Altar de los Caídos. Asistieron numerosas Autoridades y su bendición corrió a cargo del Obispo de Arriba y Castro. Se celebró Santa Misa en sufragio de los mindonienses caídos, se dieron algunos discursos alusivos al acto y posteriormente desfilaron las fuerzas militares asistentes.
A las seis de la tarde, como remate de los actos religiosos, salió del Santuario de los Remedios una solemne procesión.
A finales de los años ochenta del pasado siglo, por orden de la alcaldía mindoniense, fue desmontado el Altar de los Caídos situado en la Alameda de los Remedios y trasladados todos los materiales de que estaba compuesto al interior del nuevo cementerio municipal, donde con el paso de unos años se levantaría de nuevo una gran cruz y un altar en su parte frontal, pero sin algunas piezas del anterior. Las piedras que poseían inscripciones y símbolos que hacían referencia a la Guerra Civil se encuentran esparcidas en la parte superior del recinto.

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 11-08-2010 08:40
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