MISCELÁNEA MINDONIENSE


Andrés García Doural
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EL CRISTO DE BARBEITAS
En una de las paredes laterales de una edificación dedicada a pajar, propiedad de la familia Pardo del lugar de Milladoiro del barrio de Barbeitas de Mondoñedo, fue colocado un bonito Cristo crucificado, dentro de una hornacina. En su momento, la hornacina fue decorada y la imagen protegida por una puerta con cristal, la cual, en un principio fue iluminada con una lámpara de aceite y posteriormente con luz eléctrica.
En este lugar se cruzan varios caminos de carro y era punto de paso obligatorio para los difuntos que pertenecían a la parroquia de Santiago de Mondoñedo. Por este motivo, en su costado derecho fue construida una meseta de piedra, donde los sufridos porteadores depositaban el ataúd, para descansar y reponer fuerzas, antes de descender hasta la parroquial de Santiago y el sacerdote que acompañaba al difunto, aprovechaba para rezar un responso.
Como bien nos dice una inscripción realizada en piedra caliza, colocada en su base, se remató el 2 de enero de 1903 y era su propietario D. Ramón Pardo. La inscripción también nos dice que: “El Ilustrísimo Sr. Obispo de Mondoñedo concede cuarenta días de indulgencia a los fieles que devotamente ante esta imagen rezaren V.G. el padrenuestro, el credo etc”. Era obispo de Mondoñedo el adorado D. Manuel Fernández de Castro.
Al fallecer Feliciano Pardo, propietario de la hornacina, sus hijos deciden retirar el Santo Cristo de la misma y guardarlo en su domicilio. Las inclemencias meteorológicas y el abandono han hecho mella en la hornacina y posiblemente nunca más podremos contemplar el Santo Cristo colocado en el lugar.
Sería una decisión muy acertada que las autoridades municipales dialogaran con los propietarios de la edificación y del Santo Cristo para que lo colocaran de nuevo en su sitio, que a la hornacina le fuera colocada una puerta nueva y pintado su entorno y al mismo tiempo dotarla de luz eléctrica, como estuvo durante mucho tiempo y hoy en día, con la cantidad de peregrinos que transitan por su frontal en dirección a Santiago de Compostela, sería un lugar de oración y de ornato.
Hace muchos años, “Mondoñedo tenía el saco lleno de granos, pero poco a poco fue perdiéndolos por el camino y hoy se puede asegurar que está casi vacío”.

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 10-06-2015 14:01
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VA DE COMILONES
Datos extraídos de un bonito e interesante artículo publicado por D. Jorge Víctor Sueiro en la “Hoja del Lunes” del 13 de diciembre de 1954 sobre unos buenos comensales. En él reconoce que estas anécdotas se las comento D. Luís Cayón, vecino del barrio de S. Lázaro de Mondoñedo.
Todos los que hemos viajado un poco por las tierras de la provincia de Lugo, conocemos el detalle de que por aquí se come muy bien. También recordamos que se uso durante mucho tiempo el slogan ¡y para comer Lugo!
El primer “caso” del que nos habla el Sr. Sueiro es el de Ramón Méndez de Vivero, que desayunaba todos los días en la afamada casa de Juan Meilán y de María Torres, a su llegada con el coche-correo, un abundante plato de “ropa vieja” y dos docenas de huevos cocidos. Esto lo hizo aquí en Mondoñedo, durante muchos años. Por cierto, Ramón era un hombre de estatura y peso más bien regulares.
El segundo “caso” que nos comenta es el de Alfonso Cigarrán, un hombre capaz de comerse cincuenta o sesenta cañas de almendras, antes de almorzar y después sentarse a la mesa con su acostumbrado buen apetito. Alfonso Cigarrán era un hombre de baja estatura, de poco peso y “además” padecía úlcera de estomago.
El tercer “caso”, muy conocido en Mondoñedo, es el de Agustín Vázquez, más conocido como “O Capataz”. El día de Santiago, fiesta mayor del barrio de Los Molinos, fue invitado a una casa de aquel popular barrio. Comió mucho y bien, y a los postres le quisieron gastar una broma, diciéndole si era capaz de tomarse el postre de todos los comensales. Consistía en una lata de membrillo de 40 por 30 centímetros y un queso de Castilla. “El Capataz” se tomó el postre de todos.
Pero lo realmente curioso es que los tragones de la zona se hayan reunido en una olimpiada en Ribadeo. Precisamente a ella concurrió el mencionado “Capataz”. Uno de los contrincantes era de Puentenuevo y asombraba verlo comer tanto. Algunos, al saber que iban estos dos fenómenos, desisten de participar en la prueba.
El menú fue pantagruélico y sirvió para eliminar a los “flojos”. Agustín y el de Puentenuevo quedaron finalistas y para dirimir el campeonato, mandaron preparar una tortilla española de cuatro dedos de grueso y un metro de circunferencia. ¡Yo ya sé que tu eres capaz de comer tu mitad, pero te desafío a que acabo primero!. Sin prisas, los dos fenómenos inician la “marcha” sobre la tortilla. A medida que se acercaba el final, el de Puentenuevo iba perdiendo terreno. Agustín “El Capataz” triunfó.
En el antiguo “Café-Bar Madrid” de Mondoñedo, siendo niños, recordamos escuchar comentar la disputa de alguna de estas extrañas competiciones, que por cierto eran muy frecuentes, entre las que figuraban como menú los huevos cocidos, el queso, los filetes, los chorizos o los latones de sardinas. En esos años, los ciudadanos de Mondoñedo no controlaban tanto el colesterol, el acido úrico o la tensión arterial y los médicos del Centro de Salud no recomendaban perder peso ni caminar con tanta frecuencia a sus pacientes.
Según algunos entendidos en la materia, en el arte de comer, tres reglas se deben cumplir: 1- La comida ha de estar en su punto. 2- Comer siempre despacito. 3- Y después del atracón, tumbarse a la fresca un ratito.
“todo es posible ante un buen apetito y un buen estuche”.

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 10-06-2015 13:59
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