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Andrés García Doural
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EL CONVENTO DE MONJAS DEL COUTO DE OTERO
COTO DE OTERO-MONDOÑEDO
Dª María Pardo de Andrade, viuda del Licenciado D. Agustín Guedeja, Oidor de la Real Audiencia de Galicia fue la fundadora del convento de la Concepción Francisca del Couto de Otero de Mondoñedo.
Se hallaba enferma en la casa que en Mondoñedo poseía el capitán Pedro Fernández Baamonde y Saavedra. Otorgó testamento el 26 de octubre de 1639. En una de sus cláusulas dice: “es su voluntad que lo haga hacer y edificar el capitán Pedro Fernández Baamonde y Saavedra, casado con su sobrina Dª María Pardo Castro y Pimentel, a costa de mis bienes y rentas”. La señora Pardo Andrade lo nombró por Patrono del convento y disponía también que el convento tuviese capacidad para treinta monjas, 15 de ellas dotadas por los bienes de la fundación y las otras que aportarían su dote correspondiente. (1)
El Ilustrísimo Señor Obispo de Mondoñedo D. Juan Juaniz de Echalaz, por auto del 15 de julio de 1646, habiendo reconocido el lugar donde iba a construirse el citado convento, acompañado del maestro de obras Diego Ibáñez Pacheco, entre otros, dijo: “que daba y dio licencia para que se pueda fundar dicho convento en el Couto de Otero, pegado a la ermita de Nuestra Señora del Socorro, que en aquel lugar tiene fundada el capitán Pedro Fernández Baamonde”.
En el año 1670, La Comunidad de monjas exige al Patrono reparar los desperfectos y grandes deficiencias de la edificación y se colocase un órgano en el convento entre otras cosas. En el año 1707, el convento se encontraba prácticamente en estado ruinoso. En vista de esta lamentable situación La Comunidad “a las tres y media de la tarde del 30 de noviembre de 1707 se trasladó al Palacio Episcopal de Mondoñedo”, que fue cedido por Ilustrísimo Señor Obispo D. Juan Muñoz y Salcedo. El Prelado inmediatamente se trasladó a residir a Vivero, junto a unas sobrinas, mientras duraron las obras del nuevo convento que se construyó en el centro de la ciudad, actual de La Concepción.
En el año 1663, La Comunidad estaba formada por ocho monjas: Sor María de la Asunción, Abadesa; Sor Isabel de San Bernardino, Vicaria; Sor Ana de la Trinidad, Sor Ana de la Presentación, Sor Beatriz de la Concepción, Sor Isabel de San Juan, Sor Francisca de San Froilán y Sor Antonia de San Francisco y Salazar.(2)
En el libro de fundación de la Cofradía de Las Ánimas del Purgatorio de Mondoñedo del año 1674, encontramos varias monjas del citado convento asentadas como cofrades:
Dª Lorenza de Villarino, monja profesa en el convento del Otero, extramuros de esta ciudad, se asentó por cofrade de la Cofradía de Las Ánimas el 11 de junio de 1674 y ofreció de limosna veinticuatro reales y una libra de cera. Falleció en dependencias del citado convento el 19 de julio de 1674.
Dª Antonia de Salazar y Saavedra, religiosa profesa en el mismo convento del Couto de Otero de Mondoñedo con el nombre de Sor Antonia de San Francisco, se asentó por cofrade de la misma cofradía el 11 de marzo de 1674 y ofreció de limosna veinticuatro reales y una libra de cera. Era hermana de D. Felipe Torres y Salazar, tapicero mayor de su Majestad, vecino de la Villa de Madrid. Falleció en dicho convento a comienzos del año 1683.
Dª Ana Pita, monja profesa en dicho convento con el nombre de Sor Ana de la Trinidad, hija de D. Lorenzo Pita y de Dª María de Xea, natural de Puentes de Cim, se asentó por cofrade con la misma limosna y en el mismo día.
También entraron a formar parte de la citada cofradía en el año 1674, Dª Josefa de Sotomayor, Dª Beatriz de Miranda, Dª Ana de San Rosendo, Dª Francisca de San Bernardo, Dª Beatriz de San Luís Losada y Dª María de San Buenaventura.


(1)- D. Eduardo Lence Santar, El Convento de la Concepción, año 1910, páginas 1 y 5.
(2)- D. Santos Sancristóbal, El Monasterio de la Concepción de Mondoñedo, página 16.

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 07-02-2010 11:54
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ALGUNOS CABOZOS DEL ESTILO MONDOÑEDO
El popular cabozo es una edificación dedicada a granero, muy extendida por los alrededores de Mondoñedo a partir de los primeros años del siglo XVII, con la llegada a estas tierras de las primeras plantas de maíz procedentes de la península de la Florida (Estados Unidos).
Estas edificaciones del medio rural están construidas entre dos muros verticales, denominados cepas, construidos habitualmente de mampostería. Estos muros forman los lados cortos de la planta rectangular, denominándose frontal el que aloja la puerta de acceso y testera a la pared opuesta. La altura de las cepas es por lo general considerable, con el fin de que se ventilara bien la cosecha, con el fin de permitir el almacenamiento de algunos aperos de labranza, para adaptarse a la topografía del terreno o para ubicar un pequeño tendejón bajo el cuerpo del granero, en el interior del cual se realizaron durante muchos años las populares fías.
En el nivel de apoyo del granero, las cepas se interrumpen con las ratoeiras o tornarratos, grandes losas planas que sobresalen del muro y realizan la misma función que las muelas del horreo. Sobre éstas se colocan unas vigas de madera longitudinales, en las que se apoya el pavimento del granero, formado de gruesas tablas de madera. Los lados mayores del cuerpo contenedor se delimitan con un entramado de madera con dos pies derechos intermedios y un listón horizontal a media altura. Se forman así unos vanos que se cierran con un enlistonado vertical de madera ligeramente calado, de forma que se permite el paso del aire para posibilitar el secado del maíz en su interior, pero impidiendo el paso de aves. La cubierta se remata a cuatro aguas de igual pendiente sobre otras vigas longitudinales. El material usado para la cubierta es por lo general de pizarra. Se colocan grandes piedras en los vértices de la cumbrera y en el perímetro de los faldones para asegurar la fijación por su propio peso.
El acceso se produce por una puerta de madera ubicada en el frontal y a través de una escalera de piedra exterior o por medio de una pasarela desde la planta alta de la vivienda. En cualquier caso siempre se deja un salto final para impedir el paso a los roedores.
Aunque son escasos, algunos propietarios mandaron colocar elementos decorativos en las paredes frontal y trastera. También es frecuente encontrarse en el interior de los cabozos parte de las cosechas de patatas, alubias o incluso elementos de la matanza de los cerdos de casa.

Comentarios (1) - Categoría: Cronicón - Publicado o 07-02-2010 11:47
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