MISCELÁNEA MINDONIENSE


Andrés García Doural
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ALGUNAS PROTESTAS EN MONDOÑEDO
El 24 de febrero de 1907, circuló por Mondoñedo la noticia de que los obreros que trabajaban en la construcción de la Hidroeléctrica del Tronceda se habían declarado en huelga. Parece ser que la causa fue el acuerdo de los contratistas de rebajar un real diario al jornal de los peones y despedir a otros, al encontrarse las obras muy avanzadas y no necesitarse tantos obreros. Los canteros hicieron causa común con los peones. A las nueve de la mañana del 25 de febrero de 1907, un grupo de obreros que trabajaban en las obras del Tronceda, entraron en Mondoñedo, bajaron por el trazado de la calle Padilla (actual Alfonso VII) y al llegar al frente de la casa donde vivía D. Modesto Puig, representante de los contratistas de la citada obra, subió una comisión de aquellos a hablar con el Sr. Puig (1). Acudieron posteriormente a la alcaldía para buscar alguna solución al conflicto. El Alcalde (D. Francisco Díaz Portas) les recomendó prudencia y les aconsejó designar una comisión para que acudiese por la tarde al salón consistorial. Allí fue también convocado el representante de los contratistas. A las cinco de la tarde del día 25 se celebró la reunión, en la que hablaron varios obreros y el Sr. Puig expuso la imposibilidad de mantener a todos los peones, porque no eran necesarios, ya que las obras estaban llegando a su fin. Tomó la palabra el Alcalde, para instruir a los obreros de sus derechos y de sus deberes y exponer su firme voluntad de evitar toda clase de coacciones. Finalmente, se llegó a un acuerdo con respecto al jornal, ofreciendo el Sr. Puig proponer a los demás contratistas que la rebaja fuese sólo de la mitad. En tales términos se dió por solucionada la huelga, reanudándose al día siguiente los trabajos con los obreros que eran necesarios. Aunque los huelguistas mantuvieron en todo momento un comportamiento aceptable, las fuerzas de la guardia civil de Mondoñedo, estuvieron siempre preparadas para intervenir en caso de necesidad.
Tuvieron que transcurrir casi cien años para que los mindonienses viéramos de nuevo transitar por nuestras calles a obreros en protesta de las empresas de Mondoñedo Maderas Lorenzo, Parquets Eladio Lorenzo y Aglomerados Ecar, empresas relacionadas con la transformación de la madera, provistos de pancartas y megafonía, que protestaban por la falta de cobro, cierre patronal y negativa a negociar un nuevo convenio.
El 16 de octubre de 2011, desgraciadamente las calles de Mondoñedo se ven ocupadas de nuevo por obreros que protestan por el anuncio de despidos masivos. Esta vez ocurre en la empresa Muebles Hermida de Vilanova de Lourenzá, en la que trabajan desde hace muchos años numerosos mindonienses.
A las doce de la mañana se congregaron en las inmediaciones de la gasolinera de Mondoñedo muchos obreros de la citada empresa, sindicalistas, políticos de toda la comarca, prensa gráfica, familiares, amigos, algunos obreros mindonienses que se solidarizan con ellos, e inician la marcha portando una pancarta que decía “Hermida, non ós despidos, solucións” y con megafonía por la Travesia en dirección al santuario de Nuestra Señora de los Remedios, descendiendo posteriormente por la Avenida San Lucas y rematan el recorrido en el paseo central de la Alameda de los Remedios. Es de destacar la masiva afluencia de personas afectadas directa o indirectamente y el comportamiento cívico de todos ellos.
Deseamos que este grave problema, que afecta a muchas familias, tenga una solución poco traumática para todos y que esta situación económica tan preocupante comience a mejorar, aunque las perspectivas no son nada halagüeñas.

(1)-Periódico “La Voz de Mondoñedo”, número 206, del 2 de marzo de 1907.

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 10-11-2011 21:17
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¡PROMESA CUMPLIDA!
Hace unos días, me desplacé en compañía de mi padre, hasta el territorio de la parroquia de San Martín de Galgao (Abadín), en busca de una cruz de mármol que recuerda el lugar donde ocurrió una desgracia hace ya muchos años. Después de caminar casi dos horas por caminos y parcelas de monte de la parroquia, logramos localizarla. Vaya sorpresa nos llevamos: faltaba la cruz y la placa de mármol, la vegetación de su alrededor estaba recién cortada e incluso una de las estacas de madera y alambre que la rodeaba estaba retirada. Nos preguntamos: ¿Hallándose en un lugar tan escondido, no podía ser un acto vandálico?. ¿Si no había restos de la cruz y de la placa de mármol, podría haber sido retirada intencionadamente por la familia?. ¿Cómo el corte de la vegetación era muy reciente y en sus inmediaciones pasta en recintos cerrados numeroso ganado vacuno, álguien debería saber algo?. Regresamos al vehículo y nos detenemos en el barrio de “O Sumeiro” de Galgao, con la intención de preguntar a algún vecino por los propietarios de la cruz. Tuve la suerte de encontrarme con un vecino de 85 años que me informó correctamente y me dirigió a la vivienda de un hermano de la víctima. Continúan nuestras sorpresas; pregunto a un grupo de personas, que se hallaban realizando unas tareas, por Carlos y me responde un hombre de algo más de setenta años: -¡Carlos soy yo!. Yo le respondo si podía hablar un momento con él. Me recibe muy amablemente y le explico el motivo de mi visita. Hace ya unos años que yo lo conocía de vista, pero él conocía a toda mi familia y nosotros a la mayoría de la suya. Carlos nos relató con toda clase de detalles el fatal suceso, al ser hermano de la víctima. Nosotros intentaremos con brevedad relatar el suceso lo más aproximado posible. El quince de junio de 1955, Antonio Rivas Otero, vecino de Galgao, de 22 años de edad, que se hallaba librando del servicio militar obligatorio por un problema físico en la muñeca de su mano izquierda, se hallaba pastoreando en el lugar conocido como “O Vedro da Ponte Vella” de la parroquia de San Martín de Galgao, un numeroso rebaño de ovejas y de cabras propiedad de la familia. Antonio marchaba cubierto con un saco de esparto, popularmente llamado “de corno”, con el paraguas cerrado y colgado del cuello de sus ropas y un pequeño saco al hombro, donde llevaba sus pertenencias. Se desata una espectacular tormenta, desciende un gran rayo que lo alcanza y le penetra en su cuerpo por la parte trasera de la cabeza, le desciende por el tórax, por su pierna izquierda y lo lanza al aire una altura considerable. La muerte de Antonio fue fulminante. La desgracia familiar es todavía mayor, pues 70 cabezas de ganado (entre ovejas y cabras) perecen abrasadas por el rayo. En las inmediaciones del lugar se hallaban en una gran parcela de monte cavando “en la roza” 26 hombres, que no pudieron hacer nada por socorrer al desafortunado Antonio. Transcurrido un tiempo, la familia decidió colocar una placa y una cruz de mármol sobre un muro de piedra para recordar el lugar del trágico suceso. El muro de piedra fue construido por Patricio Valle Folgueira y la placa y cruz de mármol por José Otero Arias, ambos vecinos de Galgao. El deterioro de los materiales usados en la construción y las inclemencias meteorológicas hicieron mella en todo el conjunto. La madre de Carlos, antes de fallecer, le pidió a éste que siempre conservará en buen estado la cruz y la placa de mármol que recordaba a su hermano. Carlos como buen hijo y como buen hermano cumplió su promesa. Todas estas tareas le fueron encargadas a Pedro Lorigados, industrial de la piedra mindoniense. Al conjunto le fue colocada una nueva placa de blanco mármol en su frontal que dice: “Aquí falleció Antonio Rivas Otero el 15 de junio de 1955, a los 22 años de edad. D. E. P. R. de sus padres y hermanos”.

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 07-11-2011 21:13
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