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Andrés García Doural
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UNA ILUSIÓN RENOVADA
E.D. LOURENZÁ
El equipo de fútbol de las E. D. Lourenzá compite un año más en la difícil categoría de Primera Regional Autonómica. Conjunto formado en general por jugadores muy jóvenes, pero algunos con amplia experiencia deportiva.
Esta temporada dirige el equipo laurentino el vegadense Segundo López, entrenador veterano y con mucha experiencia en los banquillos. Comenzaron la pretemporada con fuertes entrenamientos, se enfrentaron en partidos amistosos a rivales de categoría contrastada, ganaron el torneo de las fiestas del Conde Santo de Lorenzana y después de diez jornadas disputadas del campeonato, parece ser que los resultados apetecidos van llegando poco a poco.
Entraron a formar parte de su joven plantilla jugadores procedentes de sus categorías inferiores como Adrián Alfonso y Celeiro y de otros clubs como Izar (Vegadense), Rubén (Cangas), Nécega (Celta Barreiros) y Carro (Mondoñedo F.C.).
La imagen fue tomada en el campo municipal de Santa Cruz el 13 de septiembre del 2.009, antes del inicio del encuentro de liga que se iba a celebrar contra el Outeiro de Rei. Forman de izquierda a derecha y de arriba abajo: Bugui, Izar, Felipe, Celeiro, Lucas, Marcos, Omar, Israel, Adrián Alfonso, Segundo (entrenador), Bruno, Rubén, Garrafín, Moncho, Dani Rego, Carro y Recalde.

Charlo

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 19-11-2009 11:31
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* LAS CALEIRAS DE MASMA - (MONDOÑEDO) - * [2ª parte]
CALEIRA-MONDOÑEDO
El horno de cal es una construcción tronco–cónica, de unos siete metros de altura, por unos cuatro de diámetro en su interior y con unos muros de piedra a su alrededor de un metro de grosor aproximadamente. Para su construcción se aprovechaba el desnivel del terreno. En la parte inferior aparece una boca por donde se le introduce la leña que servía para la cocción y por donde se le atiza. Las piedras calizas blancas se comienzan a colocar en el interior del horno a modo de pared, desde la zapata inferior ayudados por unas tablas llamadas “banco”. A partir de este punto se levantaba una “bóveda” hasta el cierre y posteriormente se le prendía fuego.
La piedra para las cocciones de estos hornos se iba a buscar a la “Costa de Lago”, cerca del “Cerrado de Veiga”, cantera comunal de la parroquia, a las canteras de Veliño o a las canteras de la parroquia de Vilamor. La que era blanca, al ser más blanda, se colocaba alrededor y arriba desmenuzada y la de color azulado (también conocida como pinta), al ser más dura, se colocaba a la flor del fuego, en la parte central se colocaban los trascantos de 4 ó 5 kilos de peso cada uno. La piedra se transportaba en carros del país tirados por yuntas de vacas o de bueyes, formando una “cuerda” de carros, hasta amontonarla en las inmediaciones del horno; una vez allí, se partía con unos martillos y se comenzaba a efectuar la carga de la “caleira”, descendiendo la piedra al interior del horno por medio de un tablón de madera. En algunos casos, para salvar desniveles muy pronunciados del lugar (cuesta de La Brava) se acostumbraba a “abordelar”; es decir, se le añadía una pareja más de vacas y en caso de no disponer de ellas se le añadía una caballería de la casa.
Con el paso de los años, se sustituyen los animales de tiro por camionetas para el transporte de la piedra desde las canteras hasta los hornos. Realizaron esta tarea durante varios años los “Xan Pardos” y Luis de “Camuza” de Mondoñedo o Modesto de Vivero, quien se hospedaba durante varios días en alguna vivienda de la parroquia.
Para cargar una “caleira” se necesitan unos 70.000 kilos de piedra bruta, la cual después de realizada la cocción se quedará en unos 40.000 de cal y unos 60 carros de leña de tojo, eucalipto, pino o roble.
La carga de cada “caleira” se tardaba unos tres días en efectuar, trabajando constantemente varios operarios. Eran dos los operarios “atacadores” y dos los “llegadores”; éstos últimos eran los encargados de retirar la cal resultante. Cada cocción se tardaba en realizar aproximadamente unas 72 horas, atizando el fuego los operarios día y noche con intensidad.
[ver fotografía]
Cuando el horno se halla en plena cocción, asciende hacia el cielo una densa columna de humo oscuro, aunque el nivel de contaminación es escaso. Si amenazaba lluvia se tapaba la boca superior de la “caleira” con retamas para que el agua no llegara a la cal, a consecuencia de lo cual podría agrietarse el horno e incluso inutilizarse.
Una vez realizada la cocción de la piedra había que “escolmar la caleira”, por la parte superior del horno. Se quitaba la piedra cocida y compactada con palancas de madera, con mucho cuidado para no mezclarla con la ceniza y por último la cal se cargaba a mano en los camiones. Una vez vaciado el horno debía dejarse enfriar tres días hasta comenzar la próxima sesión.
La producción se medía en “cozos” (especie de cajón de madera), equivalente a un quintal (50 kgs) y su precio ascendía a 12 pesetas en los años cincuenta; cuando rematan su actividad estos hornos (años ochenta) su precio ascendía a 500 pesetas.
Varios vecinos de la parroquia mindoniense de Masma, la mayoría jubilados, algunos que fueron antiguos operarios de las “caleiras”, a petición del concejal de deportes en aquel momento del ayuntamiento de Mondoñedo, José Otero Reges, también vecino de la citada parroquia, tomaron la iniciativa de limpiar, cargar, y realizar una cocción de cal en una “caleira”, en el lugar de “Outeiro”, próximo a la capilla del San Antonio de la Brava, a mediados del mes de agosto del año 2.004.
Numerosas personas de Mondoñedo y de localidades limítrofes se acercaron hasta el lugar para contemplar las tareas de carga, cocción y de vaciado de la “caleira”, provistos de cámaras de fotos y de video. Las buenas condiciones atmosféricas facilitaron todas las actividades.
La obtención de cal fue una tradición popular que pasó de padres a hijos hasta que desapareció de forma definitiva hace más de veinticinco años. La llegada del cemento para la construcción de manera expansiva y otros productos tuvo mucho que ver en la desaparición total de estas cocciones de piedra caliza a gran escala.
Los hornos de cal están actualmente abandonados y algunos cubiertos de espesa vegetación, por lo que darlos a conocer, realizando una esmerada limpieza y posible remodelación, podría suponer un atractivo más para el ayuntamiento mindoniense.

Andrés García Doural - Mondoñedo -
Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 16-11-2009 13:31
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