 Hace ya muchos años, recorrían las ciudades y pueblos del territorio español unos personajes muy hábiles, que provocaban gran admiración entre el numeroso público congregado, al trepar sin ningún tipo de ayuda las más altas torres de la localidad que visitaban; eran los ?escalatorres?. El espectador se acercaba a la plaza del pueblo a contemplar la evolución de los ?escalatorres?. Durante el siglo XX, entretuvieron a los mindonienses en diversas ocasiones.
La primera actuación que conocemos data de mediados del mes de septiembre del año 1910, cuando nos visitó D. José Puertollano, de origen granadino. El periódico local ?La Voz de Mondoñedo? se hizo eco de la noticia: ?Ante numeroso público situado en el Cantón, aquel hombre-gato subió desde el primer corredor de la torre de la catedral, agarrado al cable del pararrayos hasta el departamento donde está instalada la campana del reloj que da los cuartos, ya allí, echó el cuerpo fuera y tanteando los dibujos salientes y agarrándose a ellos, trepó por la cúspide hasta colocarse encima de ella, y al fin, poniéndose de pie en uno de los brazos de la cruz de hierro que corona la torre, erguido saludando triunfador a los espectadores congregados, que con el alma en un hilo le contemplaban y que recibieron su saludo con una salva de aplausos?. El redactor al final de la crónica decía: ?Pedimos a Dios que en ninguna de esas ascensiones sienta prisa de bajar?.
Pocos días más tarde, el Sr. Puertollano volvió a subir a las torres de la catedral mindoniense, colocándose de pie en el remate de las cruces de hierro que coronan dichas torres.
Por los años veinte, también era muy conocido el escalador portugués Antonio Sousa, que escaló en el año 1934 la torre de la catedral de Lugo, contratado por el Ayuntamiento, para limpiar las hierbas y pintura de las cruces que rematan dicha torre. Este ?escalatorres? había sufrido una terrible caída en el año 1933, al intentar escalar la fachada del edificio del Ayuntamiento de La Coruña. (1)
La última vez que nos visitó uno de estos ?hombres araña?, fue en el año 1964 y se hacía llamar ?El Aguila de Oviedo?. Previo permiso de las autoridades eclesiásticas, en una soleada mañana, ante una muchedumbre de personas congregadas en el Cantón Grande, en el Cantón Pequeño y en la Plaza de España, llegadas incluso de Ayuntamientos limítrofes al de Mondoñedo, da comienzo el ascenso a la torre de las campanas de la catedral. Poco a poco va sorteando con gran destreza todos los obstáculos y llega al recinto donde se encuentra La Paula, posteriormente al del Esquilón y por último a la cúspide de la torre, donde comprueba que la cruz y veleta de hierro existentes no dan muestra de seguridad. Ante el temor a sufrir un percance, comunica a viva voz, a los allí congregados el inconveniente, irrumpiendo estos en un largo y caluroso aplauso.
Posteriormente, una de las personas que lo acompañaba, pasa por entre los espectadores una bandeja metálica, sobre la cual depositaba cada uno su voluntad.
(1)- Se desplomó desde una altura de siete metros, al intentar escalar la fachada del edificio del Ayuntamiento de La Coruña con los ojos vendados. ?Fue trasladado al hospital moribundo?.
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