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EL ALTAR DE LOS CAÍDOS DE MONDOÑEDO
Durante la Guerra Civil (1936-39), por iniciativa de la autoridad municipal, se proyectó erigir una gran cruz y un altar de granito, como recuerdo de los militares muertos en el frente de batalla en el llamado Bando Nacional y de otros que lo hicieron en las instalaciones del Hospital de Sangre de Mondoñedo.
La maqueta del proyecto fue ejecutada bajo la dirección del Señor Aguiar, la cual fue muy elogiada por su sencillez y severidad, acordando exponerla al público en el escaparate del comercio de D. Bernardino Vidarte (actual calle Andrés Baamonde) y se decide comenzar inmediatamente las obras de la cruz y del altar, a fin de que pudieran ser inaugurados durante el segundo año de la contienda. El artista local Sr. Vidarte, procedió al decorado de dicha maqueta, que fue presentada como una exacta miniatura del proyecto, con todos sus emblemas y motivos ornamentales.
El altar sería todo de granito, constituido por una severa cruz latina de cinco metros aproximadamente de altura, sobre una plataforma de tres grandes escaleras. Delante de la cruz, se colocaría la mesa de altar, sostenida por una ancha columna y en esta se gravaría el nuevo escudo nacional y a ambos lados de aquella, dos columnas de mayor tamaño. Las obras fueron administradas por una Junta presidida por el Alcalde y su coste ascendió entre 7 y 8.000 pesetas. Los habitantes de Mondoñedo hicieron aportaciones económicas de forma entusiasta y pronta para la realización de la expresada obra.
En un principio se pensó emplazarlo en la Avenida de Primo de Rivera (delante del Seminario) por reunir las condiciones de capacidad y de retiro del bullicio de la población, siendo propósito de las autoridades imponer el saludo obligado a dicho altar y celebrar en él las efemérides.
Invitados por el Alcalde, estuvieron en Mondoñedo el 19 de febrero de 1938, el ingeniero jefe de la Diputación Sr. Varela, el arquitecto Sr. Vila y el Sr. Vázquez Seijas, organizador del museo provincial. Su presencia fue recabada para conocer su opinión acerca del proyectado altar y de su mejor emplazamiento. Acompañados del Prelado (D. Benjamín de Arriba y Castro), del comandante militar, del Alcalde, del jefe local de F. E. T. y de la J. O. N. S. y del autor del proyecto, recorrieron varios lugares de la ciudad con el fin de elegir el emplazamiento del altar. Eligieron como el más adecuado, el trozo del Campo de los Remedios, comprendido entre el edificio del Hospital de San Pablo y la casa que fue del Sr. Ferreiro (hoy de la parroquia), en cuyo lugar se formaría un pequeño parque, para independizar y dar mayor realce al monumento.
El 20 de febrero de 1938 dan comienzo las obras, si bien a causa de una disposición del Ministerio de Educación Nacional, publicada en el Boletín del Estado, tuvo que llevar un ritmo más lento del propuesto, en espera de la aprobación necesaria de la Comisión del Estado en conmemoración de la patria. La Comisión encargada de la construcción del Altar de los Caídos, por medio de una oficina de colocación obrera, ofreció trabajo a los canteros del término para la labra de sillería que ha de ser empleada en dicho monumento. La cantidad señalada para jornales es de 17 pesetas por metro cuadrado de piedra terminada. Esta oferta de empleo era extensible a personas de este término, hasta un número de diez.
El 12 de septiembre de 1938, día de la fiesta de Nuestra Señora de los Remedios, a las once y media de la mañana, tuvo lugar la inauguración del Altar de los Caídos. Asistieron numerosas Autoridades y su bendición corrió a cargo del Obispo de Arriba y Castro. Se celebró Santa Misa en sufragio de los mindonienses caídos, se dieron algunos discursos alusivos al acto y posteriormente desfilaron las fuerzas militares asistentes.
A las seis de la tarde, como remate de los actos religiosos, salió del Santuario de los Remedios una solemne procesión.
A finales de los años ochenta del pasado siglo, por orden de la alcaldía mindoniense, fue desmontado el Altar de los Caídos situado en la Alameda de los Remedios y trasladados todos los materiales de que estaba compuesto al interior del nuevo cementerio municipal, donde con el paso de unos años se levantaría de nuevo una gran cruz y un altar en su parte frontal, pero sin algunas piezas del anterior. Las piedras que poseían inscripciones y símbolos que hacían referencia a la Guerra Civil se encuentran esparcidas en la parte superior del recinto.

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 11-08-2010 08:40
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