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Andrés García Doural
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UNAS PIEDRAS DE MOLINO HARINERO

Los molinos de mano se emplearon durante largo tiempo, desde que el grano se incorporó a la alimentación del ser humano.
Los hidráulicos fueron apareciendo cuando el agua fue utilizada como fuente de energía a aplicar para la elaboración de la harina. Según algunos autores, las primeras referencias del molino hidráulico vienen reflejadas en texto del escritor clásico Antipates de Salónica, hacia el año 85 antes de Cristo. Vitrubio en el año 27 antes de Cristo describe la existencia de ruedas verticales movidas por fuerza hidráulica. En el siglo V, Gregorio de Tours menciona estos artefactos.
En la edad media, los molinos de mano, aumentan de tamaño y pasan a ser movidos por la fuerza motriz del agua, comenzando a poblarse de estas construcciones la mayoría de los cursos de agua. Cualquier corriente de agua era aprovechada por nuestros antepasados para la construcción de un molino harinero. Podían ser de un particular, aunque por lo general eran varios sus usuarios (quendeiros), los cuales se encargaban de su mantenimiento.
Durante cientos de años, muchas piedras de los molinos harineros de Mondoñedo y sus alrededores procedían de la cantera de A Gramela , situada en la parroquia de Santa María de Viloalle. Lo mismo ocurría con los grandes y gruesos listones de cantería que cubrían los alcantarillados de nuestras calles y el piso de las aceras de algunas de ellas. De esta cantera también fue extraído el material necesario para esculpir algunos de los cruceros erigidos en Mondoñedo.
En los años setenta del siglo XIX y aprovechando la expansión del ferrocarril, van apareciendo en el mercado unas nuevas piedras de moler, con intención de obtener una perfecta molienda, provistas de mayor dureza y con un diseño diferente, llamadas de La Ferté (1) y popularmente conocidas como piedras francesas . En Mondoñedo podemos encontrar piedras de 100, 110, 120 ó 130 centímetros de diámetro.
Estas ruedas de moler, dotadas de mayor dureza, formadas por varias piezas, que son unidas por un cemento especial, sujetas por unos aros metálicos, pero que esportillan fácilmente, producen una harina más blanca que las piedras de la comarca. Por su elevada dureza el picador debe de proteger los ojos con unas gafas, usar guantes y utilizar herramientas de vidrio. Por supuesto, su mantenimiento resulta más barato, al no ser necesario picarlas con tanta frecuencia. Piedras que fueron premiadas en varias exposiciones.
En 1884, A. Faugueux y Compañía era uno de los primeros y más importantes fabricantes de piedras de moler, procedentes de la cantera La Ferté-Sous-Jounrre (Francia) (2). Durante unos treinta años, el comerciante e industrial de Mondoñedo, D. Dámaso Salaverri Otero (3) daba instrucciones para picarlas correctamente y para conservarlas.
La imagen que acompaña al texto fue captada junto al molino de nuestro vecino Edelmiro, en la que se puede observar la diferencia de una piedra típica de la zona de Mondoñedo y una de La Ferté.
Mientras el molino realizaba su tarea, el interior de la edificación era utilizado como lugar de reunión y de ocio por parte de los vecinos del lugar que a la luz del farol o del candil contaban historias de todo tipo: tristes, alegres, de noviazgos y desamores, de ladrones y bandoleros etc. Parecía que el tiempo no transcurría para los contertulios. Más de uno, cuando regresaba con la molienda hacia su domicilio, a lomos de una caballería, o al suyo propio, cantaba alguna copla, las cuales llegaron a ser muy populares.
Muchos molinos harineros han desaparecido, otros se encuentran en estado ruinoso y un número muy escaso, continúa moliendo.

(1)- Localidad francesa situada a la orilla del río Marne. Declarada -capital mundial de la piedra de moler-. De las antiguas canteras solo quedan unas excavaciones inundadas e invadidas por la vegetación.
(2)-(Lau-Buru), núm. 603, del 23 de enero de 1884, pág.1.
(3)- D. Dámaso Salaverri Otero nació en Mondoñedo en 1842. Era hijo de Luís Salaverri y de Josefa Otero. Se casó con Dolores Calaza Illade. Regentó un buen comercio e incluso unas fábricas de chocolate y jabón en Mondoñedo. D. Dámaso falleció el 10 de noviembre de 1908 en la calle Pacheco de Mondoñedo. De su matrimonio le quedaban cuatro hijos: Josefa, Ramón, Dámaso y Asunción, todos solteros y el 2º y 3º, ausentes.


Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 30-11-2020 14:33
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