MISCELÁNEA MINDONIENSE


Andrés García Doural
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CASERIOS Y CASEROS DE LAS INVERNEGAS

-DONDE SE HALLA: Con el peculiar nombre de “Invernegas” se conoce un diminuto núcleo de población que pertenece a la parroquia de Santiago de Mondoñedo. Las viviendas se encuentran situadas a unos quinientos metros de altitud sobre el nivel del mar, en plena ladera de los montes conocidos como “da Farrapa”.

En el citado lugar nos encontramos con dos viviendas muy antiguas, con otras pequeñas edificaciones para guardar los aperos de labranza y algunos animales y todas ellas rodeadas de robustos muros de piedra y de unos gruesos laureles que las protegen del fuerte viento, principalmente, del vendaval. Algunas parcelas del terreno de labor también fueron en su momento rodeadas de gruesos muros de piedra.

Para acercarnos desde Mondoñedo a “As Invernegas” tomamos la carretera local que parte desde el lugar de Los Remedios hacía el de Sasdónigas, ascendemos todo el barrio de Barbeitas, al rebasar las últimas viviendas de Maariz tomamos una pista que desciende a nuestra izquierda conocida como “A Costa da Curuxa”, atravesamos el cauce del río Valiñadares por “A ponte da Veiga”, ascendemos por entre verdes prados de regadío hasta el barrio de Supena, continuamos ascendiendo hasta la entrada de la cueva del “Rei Cintolo”; posteriormente tomamos la pista que nos lleva al lugar de Orxal y por último al lugar de Pausalido. Cuando nos encontremos situados en este último lugar recomendamos descansar a los caminantes unos minutos porque falta les hará reponer fuerzas para realizar la ascensión por el empinado camino de carro que nos llevará hasta las viviendas de As Invernegas.

También podemos aproximarnos al lugar de As Invernegas tomando la carretera que desde el barrio de “O Barral” (Argomoso) asciende hacia el alto del “Fiouco”, a unos quinientos metros de iniciada la ascensión, después de superar una curva muy cerrada, nos encontramos el inicio de una pista de tierra que parte a nuestra derecha. Tomamos ésta pista, caminamos durante unos quince minutos, atravesamos dos regatos de agua que descienden precipitadamente de la cima de los montes, y nos aproximamos a las viviendas por su parte superior.

-ORIGEN DEL NOMBRE: Según algunos autores, la palabra Invernegas es un derivado de la palabra latina “hibernus”, aludiendo posiblemente a mansiones aptas para pasar los duros inviernos, o pastos invernales para el ganado Lo que parece bastante acertado al existir más arriba del lugar en que se hallan las edificaciones una planicie con verdes pastos, provista de un abundante manantial de agua y todo muy protegido de los vientos, que es conocida entre los lugareños como “As Cabanas”.
Un poco más arriba del lugar anteriormente citado, existen los restos de unas excavaciones hechas en el terreno, que en su momento eran cubiertas con retamas o con manojos de tallos de plantas de maíz, conocidas como “Os Cortellos”. Son los restos de unas cuadras para resguardar el ganado durante muchos años, en los largos y crudos inviernos.
El nombre de As Invernegas ya aparece citado en un documento del Tumbo de Lorenzana del año 1.087, que en uno de sus párrafos dice “revertit per invernego”.

-PRIMERAS NOTICIAS ESCRITAS: Otras noticias que conocemos es por medio de documentos existentes en el archivo catedralicio de Mondoñedo y publicados por su incansable y recordado archivero, D. Enrique Cal Pardo.
La primera data del año 1.396, en aquellos momentos sólo se encontraba edificada la vivienda que hoy conocemos como “a casa do Cuco”; en ella residían Juan Afonso y su mujer María Deus. A las pocas fechas venden todas las propiedades “mansas y bravas” y el casal al Chantre de la catedral de Mondoñedo D. Fernando Martínez por la cantidad de 400 maravedíes, que el vendedor recibió en dinero y sin derecho a reclamar en el caso de que las propiedades valiesen más (1). Al año siguiente, el citado Chantre donará al cabildo mindoniense estas propiedades, con la condición de que le hiciesen un aniversario cada año, al cual representaría el canónigo Juan Alonso de Suegos, quien encendería fuego dentro de la vivienda en señal de posesión y de dominio.

La segunda noticia data del 8 de septiembre del año 1.399, cuando el cabildo afora el casal a Juan Afonso, vecino de As Invernegas y a su hijo Juan Yanes, quienes lo habían vendido anteriormente. Les imponen como condición que debían construir una buena casa de piedra dentro de dicho casal, cubriéndola de losa, un celeiro y una cerca, todo ello en el periodo de un año, durante el cual no pagaría nada al cabildo (2). En caso de no construir la casa, entregaría al cabildo la que allí había construido. Se construye la segunda vivienda, con mayores dimensiones que la anterior, incluso con unos contrafuertes por el costado Norte y otras edificaciones más pequeñas para guardar los aperos de labranza. Ésta vivienda es conocida como “Casa Nova”, llegando a ser conocidos sus antiguos moradores por este mote. Transcurrido este periodo de tiempo debía de pagar 100 maravedíes anualmente.

En el mes de marzo del año 1.415 se trata de los tributos que ponía el Concejo a los caseros y molineros del cabildo, uno de los caseros era el de As Invernegas, que se encontraba exento del impuesto del Concejo.

El 26 de febrero del año 1.483, el Deán y el cabildo aforaron a Juan da Ribeira y a Lopo Escourido, para ellos y otras tres personas después de ellos, las casas de As Invernegas con sus heredades, en las que se levantaban dos casas; por todo ello debían pagar cada año por el día de San Martín, 60 maravedíes viejos con destino a las dos misas dedicadas al Chantre D. Fernando Martínez (3).

En el mes de diciembre del año 1.502 los prebendados aforaron la casería al racionero Pedro Fernández por los días de su vida y de otras tres personas, más 29 años, en 100 maravedíes, pagaderos por San Martín. Le imponen la condición de rehacerla y habitarla y quitarla de las manos en que estaba.

El 10 de julio del año 1.525 el cabildo arrendó a Juan do Souto, vecino de Mondoñedo, por días de su vida la casería, con todas sus heredades, montes, sotos y pumaregas, por el precio de 350 maravedíes cada año, pagaderos por San Martín. Se le impuso la condición de vivir en la casería, no cortar ningún castaño por el pie, aunque si podía “repolarlos” (4).

-ALGUNOS HABITANTES: En la vivienda más antigua de As Invernegas, más conocida como “A Casa do Cuco”, residían en el año 1746 el matrimonio formado por Silvestre do Chao y por Cayetana Pérez. A finales del siglo XVIII residía el matrimonio formado por Rosendo Grandio y María Pérez. A comienzos del siglo XIX, lo hacían Bartolomé Grandio e Isabel Fernández. En el año 1.848 lo hacían Antonio Grandio y Rosa Fernández. En el último tercio del siglo XIX lo hacían José Grandio y Ramona Varela Cobas.

A mediados del siglo XIX, al ser propiedades que afectó la Desamortización de Mendizábal, era el nuevo propietario de estos caseríos D. José Villaamil Albareda y en los últimos años del siglo su hijo, el prestigioso historiador y arqueólogo de Mondoñedo D. José Villaamil y Castro. También lo era de los de Xastoso, Pausalido, O Pacio, Vilar, Paadín y Casabella.

Por estas fechas, la vivienda más antigua, como ya hemos dicho, era conocida como “a Casa do Cuco” y la más moderna como “a Casa Nova”.
En “a Casa Nova” residían José García (1850) y su esposa Josefa Maseda Villapol y sus hijos: Ramón García Maseda, 1885; Antonio, 1882; Josefa, 1887; Ramón, 1890 y Manuel, 1893.

Más tarde lo haría el matrimonio formado por Ramón García Maseda (1.885) y por Remedios Nogueira Cabanela (1.886), en compañía de sus hijos Dolores (1.913), José Manuel (1.915), Pilar (1.919) y Emilio (1.921).
Según un censo de población del Ayuntamiento de Mondoñedo, en el lugar de “As Invernegas” residían en los años veinte del pasado siglo diecisiete personas durante el año. Eran otros tiempos.

A finales de los años veinte, todas estas propiedades y la hermosa vivienda de la calle Pardo de Cela de Mondoñedo son vendidas a D. Antonio Alonso Doural, natural del barrio mindoniense de San Pelayo, que hacía pocas fechas que había retornado con importante fortuna de la isla caribeña de Cuba.

El último morador en “a Casa Nova” fue Eulalio Díaz, en compañía de su esposa Granada González e hijos, que abandonan el caserío a finales del año 1.973 y fijan su residencia en el lugar de A Pradela, perteneciente a la cercana parroquia de San Vicente.
El último morador en “a Casa do Cuco” fue Enrique Grandio García, en compañía de su esposa Adelina Varela García e hijos, que abandonan el caserío a comienzos del año 1.974 y fijan su residencia en el lugar de A Valiña, también perteneciente a la parroquia de San Vicente.

-LA VIDA DIARIA: Los habitantes de estos caseríos utilizaban el agua del abundante manantial existente en las proximidades de “As Cabanas”, para regar unas extensas fincas dedicadas a prado de regadío, para lavar sus ropas y para sustento de las numerosas cabezas de ganado. Para uso doméstico utilizaban el agua que brotaba en una “pinguela” existente un poco más adelante de las viviendas.

En una loma situada abajo de las viviendas, construyeron un horno de calcificación de piedra caliza (caleira), para obtener la cal necesaria para el cultivo de las tierras de labor, en particular para echar a las cosechas de maíz y de patatas, para encalar las viviendas y como desinfectante de las cuadras del ganado cuando se extraía el abono para las tierras de cultivo. La piedra caliza para “la caleira” la arrancaban en un trozo de monte próximo al lugar de Pausalido.

-CULTIVOS: Las tierras de labor eran bastante fértiles, a pesar de esa circunstancia las abonaban abundantemente y en ellas recogían buenas cosechas de nabos, trigo, maíz y patatas. Incluso dedicaban unas buenas parcelas de terreno al cultivo del lino; un año de buena cosecha se llegaron a recoger 14 lotes. También disponían de abundantes árboles frutales (manzanos, perales, ciruelos, cerezos, higueras etc).
Durante las estaciones de la primavera y del verano se hacía acopio de pan, carnes y abundante cantidad de leña para superar los crudos e interminables inviernos; el fuego en la “lareira” era costumbre estar encendido desde las primeras horas de la mañana hasta la hora de acostarse. Para la alimentación del ganado acumulaban gran cantidad de hierba seca y una importante cantidad de “estrume” para sus cuadras.
La cabaña ganadera estaba compuesta por un número determinado de cabezas de ganado vacuno en las viviendas, que realizaban la mayoría de las tareas del campo, alguna caballería que era utilizada para el trasporte de materiales y con mucha frecuencia para el trasporte de las personas, unos cerdos, abundantes gallinas y conejos y buenos rebaños de ovejas. También disponían de abundantes cabezas de ganado caballar, que pastaba libremente por los montes de la zona, al que algunas veces el lobo causó importantes bajas.

Otra dedicación de sus habitantes era la venta de leña y acarreos con bueyes, con destino a la ciudad de Mondoñedo. Venta que se realizaba en la plaza del Seminario, aunque algunos clientes eran fijos, como los abundantes hornos de cocer pan.

Los hombres cavaban amplias superficies de monte, en las que sembraban centeno y trigo prácticamente todos los años, de las cuales recogían unas cosechas muy aceptables. Levantado el trigo o el centeno, se sembraban nabos en agosto para recogerlos en febrero y sembrar maíz en mayo.
Para curar las grandes riestras de espigas del maíz que cosechaban utilizaban dos enormes robles, inmediatos a las viviendas, en sus gruesas ramas colgaban el maíz “enrestrado” durante un período de tiempo, hasta que lo bajaban para “refregarlo”.

A mediados de los años cincuenta del pasado siglo, construyó Enrique Grandio “O Cuco” el único cabozo de piedra y madera que existió en el lugar. Corta iba a ser su vida, porque unos veinte años después era abandonado el caserío y como remate final, una noche invernal con fuerte viento, al encontrarse su puerta de entrada abierta, es tirado al suelo y esparcidos sus materiales de construcción por el entorno.

-REMATE: De la antigua Rilleira de Trigás,el núcleo de población de As Invernegas fue el primero en quedarse totalmente desabitado, haciéndolo a continuación los de A Pradela, Xastoso y el de O Vilar .
Desde hace unos cuarenta años las viviendas se encuentran en completo abandono, ya comenzaron a caerse trozos de los tejados de ellas, la maleza hace estragos en sus paredes, faltan puertas y ventanas, las escaleras, las tablas y pontones de madera de los pisos fueron llevados para el fuego, incluso unos sólidos muros de piedra que cerraban algunas fincas se desmoronaron.
A las edificaciones de menor tamaño se les rompió parte de sus muros de cierre al ampliar el camino por el que se ascendía desde Pausalido con una pala excavadora, haciéndolas irrecuperables y causando un aspecto desolador. En los terrenos de labor se observan todavía las huellas de sus cultivos, pero la vegetación se esta apoderando de ellos a pasos agigantados.

-EL TRASLADO DE LOS DIFUNTOS: Las Invernegas pertenecen como hemos dicho anteriormente a la parroquia de Santiago, por ese motivo las personas que fallecían en estos caseríos eran trasladadas a hombros de familiares o vecinos hasta la iglesia parroquial y posteriormente al cementerio municipal de Mondoñedo, donde se les daba cristiana sepultura.

Era todo un espectáculo ver pasar las conducciones de los cadáveres de los vecinos del lugar, sobre los hombros de unos “levadores” muy cansados, después de descender por los lugares de Pausalido, atravesar el cauce del río Valiñadares por el rustico puente de A Puxiga, transitar por O Pacio, Casabella, O Vilar, Paadín, Maariz, Barbeitas y San Cayetano, Río de Sixto, calle Rigueira y llegada a la parroquial de Santiago. En el siglo XX, al retirar el impuesto por transitar con un difunto por una parroquia a la que no pertenecía, cambiaron el trazado: descendían por Pausalido, Orxal, Supena, atravesaban el cauce del río Valiñadares por el puente “da Veiga”, ascendían la empinada cuesta de “A Coruxa”, atravesaban todo el barrio de Maariz por unos caminos intransitables, descendían por el empinado barrio de Barbeitas, San Cayetano y Río de Sixto hasta la Fuente Vieja, y por último, ascender hasta la iglesia parroquial de Santiago. Para realizar todo este recorrido y superar las numerosas condiciones adversas del camino era necesario disponer de tres relevos (12 personas).
La emigración y la dureza de la vida en estos lugares fue la causa principal de su abandono.

(1)- D. Enrique Cal Pardo, Catálogo de los documentos medievales, escritos en pergamino, del archivo de la catedral de Mondoñedo, página 441.
(2)-(3)-(4)- Obra citada anteriormente, página 454, 475 y 680.

(5)- Archivo del Ayuntamiento de Mondoñedo, carpeta 1.635, censo de población del año 1.924.

Comentarios (1) - Categoría: Cronicón - Publicado o 07-09-2020 21:28
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1 Comentario(s)
1 Boas meu amigo.
Cando poidas, e teñ#blgtk08#amos 2h libres, habemos de achegarnos alí
Comentario por Ciclista da Toxiza (08-09-2020 08:34)
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