MISCELÁNEA MINDONIENSE


Andrés García Doural
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EN ACCIÓN DE GUERRA-1896-

Mi amigo Roberto Reigosa, que se encuentra desde hace un tiempo digitalizando los libros de actas del Círculo de Recreo (Casino) de Mondoñedo, me comenta qué en el apartado de una de ellas, dice: “en la acción de Candelaria (1), por la que ha quedado inútil el primer hijo de este pueblo que llegaba herido de la referida guerra; estimé oportuno que la Sociedad Círculo de Recreo inície una suscripción a favor de uno de los héroes de Mondoñedo”. Comienza esa suscripción la Sociedad anteriormente citada, con la cantidad de 20 pesetas. Sorprendentemente no figura el nombre y apellidos del soldado herido de extrema gravedad ni la cantidad recaudada.
En primer lugar, intenté localizar algún dato de la acción de Candelaria (Cuba) y posteriormente, consulté la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa, para saber si figuraba entre la relación de heridos repatriados de Cuba el soldado natural de Mondoñedo. No he tenido fortuna.
Por último, me dirijo al Archivo Municipal de Mondoñedo, sospechando que entre sus libros de actas se podía hacer referencia a este soldado inutilizado en la contienda cubana. Ahora he tenido mayor fortuna.
En el acta municipal del 2 de septiembre de 1896 nos dicen que el soldado repatriado y que había perdido su brazo izquierdo en la Campaña de Cuba se llamaba Pascual Vieiro Reigosela (1). “Enterada la Corporación de que el Sr. Alcalde había anticipado a Pascual Vieiro Reigosela, vecino de este pueblo, sesenta pesetas en concepto de socorros para poder atender al restablecimiento de su salud, como inutilizado de la Campaña de Cuba, de donde regresó hace unos días y considerando que dicho soldado ha derramado su sangre en defensa de la madre patria hasta el extremo de quedar completamente impedido del brazo izquierdo, se acuerda aprobar dicho anticipo como donativo y limosna”.
El Alcalde de Mondoñedo, D. Joaquín Basanta Gayoso, le había adelantado como ayuda económica por su invalidez y por la precaria situación económica de la familia la cantidad de 60 pesetas. Siguiendo la citada acta municipal, la Corporación acepta de buen grado el donativo y se acuerda que figure su importe en el capítulo de improvistos. El Sr. Obispo (Fernández de Castro), con su inagotable caridad, también aportó su ayuda económica.
Como ya sabíamos el nombre y apellidos del soldado gravemente herido buscamos su anotación de bautismo en el Archivo Diocesano de Mondoñedo-Ferrol. El cura párroco nos dice: “Antonio Pascual Vieiro Reigosela nació a las 2 de la mañana del 20 de octubre de 1873 en el barrio de Los Molinos de Abajo de Mondoñedo. Era hijo de José Vieiro Barja, natural de Mondoñedo y de profesión jornalero y de Manuela Reigosela Fernández, natural de San Adriano de Lorenzana y de profesión panadera. Era nieto paterno de Fernando Vieiro, oriundo de Mondoñedo, difunto, y de Tomasa Barja, oriunda de Meira. Era nieto materno de Baltasar Reigosela, difunto, y de Juana Fernández, originarios y vecinos de San Adriano. Fueron sus padrinos: Pascual Trelles, casado y Filomena Reigosela Fernández, soltera, tía materna del bautizado” (2).
Pascual había regresado a su domicilio del barrio de Los Molinos de Arriba de Mondoñedo, señalado con el número 28, el 19 de agosto de 1896, totalmente inútil para el servicio, enfermo y postrado en cama. Por estas fechas, en casi todas las poblaciones gallegas aparecen soldados heridos en la campaña de Cuba, muchos de ellos implorando la caridad pública.
Antes de marchar como soldado a la Campaña de Cuba, Pascual Vieiro había ejercido el oficio de peón albañil y su padre el fiel de consumos. En octubre de 1899, Pascual, todavía no había recibido aportación económica alguna del Estado. En el mes de noviembre le fue concedido el retiro al soldado Pascual Vieiro Reigosela, con el haber de treinta pesetas mensuales (3).
Como Pascual se encontraba herido de extrema gravedad, enfermo y postrado en cama, intentamos localizar su anotación de defunción, pero no hemos tenido fortuna. Cierto día, hablando con su pariente, Santina Rubal, me comentó que desconocía totalmente el suceso y que había sido de su tío abuelo Pascual. Hasta sus parientes más cercanos desconocen el final de Pascual. Nosotros lo hemos intentado, pero tampoco tuvimos fortuna.
(1)-El 6 de febrero de 1896, la población de Candelaria (Cuba) se hallaba sitiada desde hacía unas 30 horas por 7.000 insurrectos al mando de Maceo y defendida por un reducido número de voluntarios. El general Canella, con fuerzas de los regimientos Zamora núm.8 y Simancas, logró levantar el cerco y causarle un número elevado de bajas. Las tropas españolas también sufrieron algo más de veinte bajas y varios heridos, alguno de ellos de consideración. En esta acción de guerra, en la que se luchó bizarramente, resultó gravemente herido el soldado del primer batallón del Regimiento Zamora núm.8, Pascual Vieiro Reigosela. El 19 de marzo llegaron a la Habana los heridos en la acción de Candelaria. El 26 de julio fondeó en el puerto de La Coruña el vapor P. Satrústegui que desembarcó gran número de soldados heridos y enfermos que fueron trasladados al Hospital Militar de aquella plaza.

(1)- Archivo Municipal de Mondoñedo, carpeta 970, acta municipal del 2 de septiembre de 1896.
(2)- AHDMF, Parroquia de Santiago de Mondoñedo, libro 31 de bautizados, folio 357 V y 358.
(3)- “El Lucense”, núm.4444, del 18 de noviembre de 1899, pág.2.


Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 14-08-2021 22:02
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UNOS MINDONIENSES EN ÁFRICA

En 1898 España pierde todas sus posesiones de Ultramar. A comienzos del siglo XX, inicia sus aspiraciones territoriales en el norte de Marruecos. En los primeros años del segundo decenio, la zona española, conocida como Protectorado, consistía en un territorio de unos 23000 kilómetros cuadrados, de los que un tanto por cien muy pequeño eran llanos. Territorio indómito y extraño, en el que no había caminos y las comunicaciones naturales eran escasas. El clima tampoco era propicio para las tropas españolas, muy caluroso en verano y frío y lluvioso en invierno, lo que hacía que los caminos se volvieran polvorientos en verano y fangosos y casi impracticables en invierno.
Los nativos tenían fama de bravos guerreros y acostumbrados al clima y a la lucha. España no tenía un Ejército muy boyante. El verano africano, de más de 40º hacía mella en unos hombres acinados, sin agua y que tenía que convivir con ratas, piojos, chinches, mosquitos y legiones de moscas.
No se sabe con certeza cuantos soldados españoles murieron en África, pero las cifras más realistas hablan de varias decenas de miles, siendo en muchas ocasiones, sus cadáveres objeto de todo tipo de vejaciones.
Conocemos los datos de dos mindonienses que han quedado en África para siempre. Sospechamos que hay más, pero en estos momentos lo desconocemos. Sabemos de otros que han regresado salvos, pero no sanos e incluso otros, que fueron condecorados por su comportamiento en algunas acciones bélicas.
Como los padres de Manuel y de José, qué así se llamaban los dos soldados, no eran poderosos ni pudientes, no lograron escaparse del servicio a la patria. Tampoco habían decidido emigrar como habían hecho otros para librarse de los horrores de la guerra.
El primero se llamaba Manuel Pardo López. Estaba destinado en uno de los batallones del Regimiento de Infantería Ceriñola 42 de Melilla, que ocupaba las lomas de Cheruta formando una barrera para impedir el paso a los rebeldes por la barrancada del río Lau y que sufrió un fuego intensísimo del enemigo. En todas las operaciones y a pesar de la intensa hostilidad del enemigo, sufrieron pocas bajas. Otros resultaron con heridas de consideración, llegando a aumentar el número de bajas.
En el campamento de Uad Lau (Tetuán), posición de Xeunda, del Protectorado de Marruecos, falleció el 7 de septiembre de 1924 el soldado mindoniense Manuel Pardo López. El Regimiento Ceriñola 42, al que pertenecía Manuel, estaba compuesto de tres batallones, de 6 compañías de fusileros de 120 hombres cada una y una compañía de ametralladoras por cada batallón.
Manuel era hijo de José Pardo Rego y de Manuela López Pardo, vecinos del lugar de “As Airas”, del barrio de Maariz, de la parroquia de Santiago de Mondoñedo. Manuel había nacido el 29 de abril de 1901 (1). Manuel obtuvo el número 25 en el sorteo de su quinta de 1922, medía 1´55 de estatura y tenía una capacidad torácica de 90 centímetros. En el momento de su alistamiento no había alegado motivo alguno para su exclusión del servicio militar obligatorio.
El segundo se llamaba José Manuel Rubiños Muinelo. José Manuel había nacido el 15 de enero de 1897 en la edificación señalada con el número 4 del barrio de Zoñan. Era hijo de Antonio Rubiños Díaz y de Manuela Muinelo Barreira. A José Manuel le tocó el número 45 en el sorteo de su quinta de 1918 y en el momento del reconocimiento médico, dio una talla de 1´71 metros y una capacidad torácica de 93 centímetros. José no alegó enfermedad ni defecto físico alguno.
Se desconoce la fecha exacta del fallecimiento de José, al figurar su nombre en una amplia lista de soldados desaparecidos en África. Años más tarde, en junio de 1928, por hallarse comprendido en el real decreto de 17 de mayo de 1927 (D. O. núm.109), le fue concedida la indemnización extraordinaria de 3000 pesetas, aneja a la medalla al Sufrimiento por la Patria, a Antonio Rubiños Díaz, vecino del barrio de Zoñán, como padre del soldado desaparecido en campaña, José Rubiños Muinelo y haber fallecido la madre del causante (2).
Jóvenes mindonienses que fueron llamados a filas, inocentes y con escasa preparación, obligados a servir en África y que la fatídica guerra los llevó por delante, tan lejos de sus domicilios y de los suyos. Ahora, que se cumplen cien años del Desastre de Annual opinamos que es el momento oportuno de recordarlos, para que no queden en el olvido.

(1)- Archivo municipal de Mondoñedo, censo municipal de población (1906), carpeta 1634.
(2)- Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, 5 de mayo de 1928, pág.344.

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 13-08-2021 22:33
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