MISCELÁNEA MINDONIENSE


Andrés García Doural
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LA CRUZ DE RICO (SASDÓNIGAS)

Muchas veces escuché hablar de la Cruz de Rico de S. Lorenzo de Sasdónigas de Mondoñedo a vecinos de San Vicente y de Sasdónigas. En la prensa escrita de Mondoñedo y en algunos documentos particulares, aparece citada en alguna ocasión. Muchas nos preguntamos ¿pero quién era Rico? ¿de donde era? y ¿qué le había ocurrido? Hoy podemos dar respuesta a estas preguntas.
En el Archivo Diocesano de Mondoñedo y en los libros parroquiales de San Lorenzo de Sasdónigas, encontramos respuesta a nuestras preguntas. El 9 de marzo de 1864, de orden de la justicia de Mondoñedo, se dio sepultura en el cementerio parroquial de San Lorenzo de Sasdónigas al cadáver de Antonio Rico Pérez, que falleció repentinamente el día anterior a la orilla de la carretera, sobre el lugar de Paibeira, cuando regresaba de Mondoñedo hacia su domicilio de Sasdónigas.
En el momento del trágico suceso, Antonio contaba con 75 años de edad, se hallaba casado con Rosa González y ejercía la profesión de labrador. Tenía ya hecho testamento. Entre otras disposiciones dejaba encargado: “que se diese a los pobres catorce hanegas de centeno, una carga de vino y ciento sesenta libras de carne a los que concurriesen en la casa el día de la función”.
Dejó de su matrimonio una hija llamada Manuela, casada en su compañía con Bartolomé Fernández del Riego, que la tuvo de su mujer en estado de solteros (1).
Para recordar el fatal suceso, fue colocada una pequeña cruz de madera, sobre un muro de piedra, rematado con una gran piedra pizarrosa, en el margen derecho del trazado de la antigua carretera N-634. Con motivo de las diversas reparaciones, limpieza de ribazos, cambio de trazado de la carretera y el abandono y desidia de otros, desde hace unos años desapareció para siempre la cruz e incluso, como hemos comprobado, el muro de piedra sobre el que se hallaba colocada.

(1)- Archivo Diocesano de Mondoñedo, libro 3 de defunciones de la parroquia de San Lorenzo de Sasdónigas (1852-1880), folio 61.

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 20-04-2018 21:37
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UN VECINO EJEMPLAR
Se llamaba Baltasar Díaz Cayón. Había nacido en Madrid en el año 1888. Su padre era natural del lugar de la Argueira, de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Mondoñedo y su madre del cercano Valadouro. Cuando Baltasar contaba con escasos años, su madre viaja desde Madrid hasta su lugar de procedencia para dar a luz a un nuevo retoño, con tan poca fortuna, que fallece durante el parto. Inmediatamente, el pequeño Baltasar es trasladado al lugar de la Argueira y es criado por los abuelos paternos y por su tía Josefa.
En este lugar del Carmen pasaría su infancia, como otros niños de su época y siempre al cuidado de su familia paterna. Su carácter enérgico y emprendedor lo lleva a participar como miembro de una cuadrilla de segadores mindonienses a Castilla. Sus patronos al verlo tan joven le encargan la tarea de atar los tallos de los cereales segados por sus compañeros de cuadrilla.
Con catorce años se marcha a Madrid y comienza a trabajar en una panadería, donde alcanza la categoría de oficial de pala con apenas 18 años. Con el paso de los años y a base de trabajar intensamente, de ahorrar cuanto podía, invierte sus caudales en la adquisición de una panadería y de una vivienda situada en la calle Espíritu Santo nº 2 de Madrid. El negocio del pan se llamaba “La Tahona del Mico”. Como el negocio prosperaba adecuadamente, en compañía de varios socios llegó a regentar otras tres industrias del pan en la capital.
Baltasar se casa en Madrid, pero a los pocos años se queda viudo y sin descendencia. Poco tiempo más tarde, se casa de nuevo con Cristina Sanmartín García, natural de la población maragata de Santa Marina de Somoza, ayuntamiento de Santa Colomba de Somoza (León). Su nueva esposa regentaba un próspero negocio de comidas en el barrio de Lavapiés.
Cuando sus quehaceres diarios se lo permitían, visitaban varias veces al año a su familia del Carmen y amigos de Mondoñedo. Venían en su vehículo particular, marca Chevrolet, conducido por un operario (Pepe el Maño) y más tarde por su sobrino político (Tomás Martínez). De su estancia en Mondoñedo ha dejado huella. En el mes de junio de 1936 consiguió una subvención de 12000 pesetas para realizar reparaciones en el camino de carro que desde el lugar de Balboa va a Argueira. Con el paso de los años, decide construir una espléndida y confortable vivienda, tipo chalet, a la que le pondría en su fachada principal el nombre de “Villa Cristina”, en honor a su segunda esposa. En Santa Marina (León), el matrimonio es recordado con cariño por sus vecinos más mayores, población en la que costearon varias veces el fuego para sus fiestas patronales y donaron diversos premios para carreras pedestres. A la entrada de esta localidad construyeron otra buena edificación.
En 1936, con motivo de las fiestas del Carmen de Mondoñedo, se tiraron durante el día numerosos y estruendosos fuegos artificiales costeados por D. Baltasar. También se celebró una interesante carrera pedestre, para la que donó varios premios. En los años cuarenta, realiza otro gesto que lo honra como ser humano, pues regala al Asilo de Ancianos y al Hospital de S. Pablo de Mondoñedo doce camas a cada uno, con todo su ajuar. Cada año, cuando llegaba la época de la siega y la malla del abundante trigo que cosechaba la familia, acudían a realizar estas tareas numerosos vecinos de la parroquia del Carmen, que eran bien remunerados y abundantemente alimentados. Cuando se daban por rematadas esas laboriosas tareas y se echaba encima la noche, no faltaba el buen vino de Valdepeñas y la música de alguna gaita o acordeón para recuperar el ánimo de los cansados trabajadores.
D. Baltasar era un enamorado de las plantas y de los árboles frutales, de los cuales dejó plantados numerosos ejemplares rodeando parte de sus propiedades. La estrella que guiaba a nuestro vecino brilló de nuevo en el año 1951, al ser agraciado con un importante premio en la lotería Nacional.
En los años cincuenta, en un gesto que lo honra como buen vecino y excelente feligrés, dona un costoso manto a la Virgen del Carmen y otro al Niño, que fueron bordados en oro por las monjas Adoratrices de la Plaza de España de Madrid. Regía la parroquia mindoniense D. Venancio Méndez.
Hace unos años, yo visité la población de Santa Marina, vi la edificación que había costeado el matrimonio, hablé con algunos vecinos mayores y tuve la fortuna de encontrarme con su sobrino Tomás Martínez, quien me trató con suma amabilidad y me pasó a una dependencia de su domicilio, donde me encontré sobre un aparador una fotografía de gran tamaño, toda enmarcada en madera, de la Virgen del Carmen de Mondoñedo. Imagen que había sido captada el día que estrenó su nuevo manto.
En 1926 D. Baltasar Díaz Cayón había ocupado el cargo de Secretario segundo de la Federación Patronal Madrileña. Más tarde representa a los fabricantes de pan, como Presidente del Sindicato de Madrid y como consejero del Consorcio de Panaderías.
Llegó a presidir el Sindicato Libre de Panaderías. En las elecciones a concejales de 1931, que trajeron La República, presentó su candidatura por el Distrito de Hospicio, como monárquico (1). En marzo de 1934 una comisión de patronos Panaderos de Madrid, presidida por D. Baltasar, como presidente del sindicato visitó al ministro de la Gobernación para ofrecerle su más leal colaboración, garantizando el abastecimiento de pan en la capital en caso de cualquier conflicto que pudiera ocurrir (2). En 1936 la Cámara Oficial de industria de Madrid lo nombra miembro, por el grupo sexto, categoría A, Industrias de la Alimentación.
Tampoco le iba a faltar un grave incidente en su agitada vida. A las siete y media de la tarde del 20 de mayo de 1932, D. Baltasar Díaz Cayón, propietario de la “Tahona del Mico”, situada en la calle Espíritu Santo, número 2 y copropietario del restaurante “Las Gabrielas”, al llegar a la esquina de la calle de La Victoria, esquina a la de La Cruz, un individuo le dio un golpecito en un hombro, a la vez que le disparaba un tiro en la espalda con una pistola automática. D. Baltasar cayó al suelo y el agresor pretendía huir, pero unos soldados, varios números de la guardia civil y público que por allí transitaba, lo rodearon y detuvieron. D. Baltasar sufría una herida gravísima en la axila derecha, sin orificio de salida. Fue trasladado al dispensario de la calle Núñez de Arce donde se le operó y extrajo el proyectil. El agresor se llamaba Bernardo Guerrero Águila, de 27 años y pertenecía al gremio de artes graficas (3). D. Baltasar tardó en recuperarse de la herida sufrida 97 días. En el juicio D. Baltasar manifiesta que no cree tener enemigos, pero reconoce que en aquella época había recibido algunos anónimos amenazadores. El agresor fue condenado a 12 años de prisión.
D. Baltasar Díaz Cayón falleció en Madrid el 1 de enero de 1962, cuando contaba con la edad de 73 años. Su esposa falleció unos meses más tarde. De sus matrimonios no quedaba descendencia alguna. Sus restos mortales descansan para siempre en el panteón familiar de la capital.

(1)-“La Nación”, 26 de marzo de 1931, pág. 12.
(2)- “La Nación”, 9 de marzo de 1934, pág. 16.
(3)- “La Correspondencia”, 21 de mayo de 1932, núm. 46, pág. 2.

Comentarios (0) - Categoría: Cronicón - Publicado o 13-04-2018 23:14
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