A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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A ASOCIACIÓN CULTURAL IRMÁNS SUÁREZ PICALLO TEN QUE RENUNCIAR A UNHA SUBVENCIÓN DA XUNTA
HAI UNS DÍAS ENVIAMOS UNHA CARTA DE RENUNCIA A UNHA SUBVENCIÓN DA XUNTA QUE NOS PERMITIRÍA FACER MOITAS ACTIVIDADES DE INTERESE...
A CONTINUACIÓN REPRODUCIMOS A CARTA ONDE SE INDICAN OS MOTIVOS QUE NOS LEVARON A FACER ISTO.


***


En relación a axuda concedida a Asociación Cultural Irmáns Suárez Picallo para o programa (nº expediente 2013/000245-0) de Actividades Culturais do Ano Lugrís Freire e outras pola que se nos concede una subvención de 1.277'79 € e se nos pide xustificar a totalidade do presupostado, que ascende a 7.456'36 €, esta Asociación que presido, reunida en Xunta directiva, acordou rexeitar por unanimidade dita concesión.

Como se indicou na memoria xustificativa das actuacións previstas para o presente ano, os ingresos previstos ascendían a 3.084€ máis outros 500€ concedidos en subvención nominativa polo Concello de Sada. É evidente que non dispoñemos de máis ingresos, e por iso solicitabamos unha subvención para levar adiante outros ambiciosos proxectos, pero aínda sumando a subvención concedida pola Consellería de Cultura acadariamos uns ingresos duns 5.800€. Polo tanto, non podemos asumir de ningún xeito unha xustificación de gastos de máis de 7.000€, pois isto suporía hipotecar economicamente o futuro da nosa entidade.

Desde logo, non entendemos que se nos esixa xustificar todo o proxecto previsto cando os ingresos para levalo adiante quedan moi por debaixo da nosa capacidade de autofinanciamento. O total a inverter dependerá da contía da axuda, e os proxectos previstos deberán acomodarse a esa contía; o que non ten sentido é que a Xunta de Galicia aporte o 25% da cantidade solicitada (cantidade solicitada que xa supuña só un 60% do orzamento total do proxecto) e esixa que se manteña o total presupostado.

Non podemos comprender esta política de axudas da Consellería, que aboca a moitas asociacións culturais do país -que xa veñen traballando en condicións bastante precarias- a ter que renunciar as subvencións. Ou quizais sexa precisamente iso o que se pretende. Así que só levaremos adiante honradamente o que nos permita a nosa capacidade de autofinanciamento, como, por outra parte, vimos facendo de cotío, dado o importante respaldo que atopamos na sociedade e no comercio local.

Sen máis, agardando que dea curso a esta renuncia, imposta polas propias condicións establecidas por vostedes, aproveito para saudalo cordialmente.

En Sada, a 23 de setembro de 2013

Asdo. Francisco A. Pita Fernández
Presidente da A. C. Irmáns Suárez Picallo

Sr. Secretario Xeral de Cultura · Xunta de Galicia
Comentarios (1) - Categoría: Actualidade - Publicado o 28-09-2013 16:09
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40 ANOS DO PASAMENTO DE PABLO NERUDA


A CUARENTA AÑOS DEL PASAMENTO DE PABLO POETA



Cuarenta años han pasado de aquel triste 23 de septiembre de 1973 en que Pablo Neruda tuviera su "tránsito a la otra orilla", o "pasamento", como dicen los gallegos.

Fue en la clínica Santa María, en Santiago de Chile, junto al río Mapocho. Aún se especula sobre un posible asesinato, a manos de los siniestros médicos de la DINA, que hoy siguen ejerciendo su profesión en establecimientos de salud privada, con sus diplomas colgados como botín de guerra.

Pablo Poeta fue traído, desde su casa en Isla Negra, por su compañera, Matilde Urrutia, y por la valiente escritora, amiga entrañable de ambos, Teresa Hamel, sorteando las patrullas militares que extendían sus garras sobre la pisoteada Patria.

En mayo de 1983, en mi primer viaje a Galicia y a España, pude apreciar de qué manera se conocía, en tierras de Federico García Lorca y de Miguel Hernández, a nuestro Poeta. Muchos de sus libros se exhibían, no sólo en las principales librerías, sino en los pequeños kioscos de las estaciones ferroviarias y de las calles de provincia de toda la Península. El más universal de los chilenos latía en las viejas aldeas de su "España en el corazón".

Pasarán los años y quizá los siglos, y la palabra encendida de Pablo seguirá resonando en la memoria de la cultura universal, cuando los nombres de los siniestros mílites, empresarios y políticos golpistas hayan sido borrados del inconsciente colectivo, relegados a la estéril ceniza del olvido.

Es el galardón que asiste a los grandes creadores, el que hace posible que El Ingenioso Hidalgo siga recorriendo los caminos de La Mancha, "desfaciendo entuertos", esparciendo el Ideal por sobre la miseria aleve de lo cotidiano.

Brindemos por el hijo de Parral, por Pablo Neruda, Pablo Poeta, con una copa llena de la sangre de la Poesía, porque "al vino no lo vence ni la muerte".

Salud.


Edmundo Moure
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 23-09-2013 22:34
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TOTALITARISMO E RELIXIÓN NA 2ª GUERRA

23 de septiembre de 1943

FE FASCISTA CONTRA FE CATÓLICA


Por Ramón Suárez Picallo

El dilema –disparatado y ridículo– lo han planteado, claramente, los restos, dispersos, en debacle, del señor Mussolini y de sus huestes, al dictado de los nazis alemanes, a los que se han entregado, con las pocas armas y bagajes que les quedan. El dilema lo han planteado ahora los fascistas en pleno furor de la derrota, pero sus contenidos los “tenían dentro” desde siempre. A ellos les pasa como a los que “dicen, estando borrachos, lo que pensaron cuando estaban cuerdos”.

Desde siempre, el totalitarismo –en todas sus variedades– es enemigo de la Fe cristiana; lo dijeron sus líderes y lo acreditaron sus huestes con los hechos. La idea del hombre para el Estado–todo, que el nacifascismo trató de imponer a sangre y fuego en el mundo, es antítesis bien clara de la que informa la doctrina cristiana, que concede al hombre responsabilidad y libre albedrío; el hombre para su alma y el alma para su Dios. Y si la Iglesia Católica –en su carácter de Poder Temporal, con diplomáticos, cancillerías, sutilezas y oportunismos políticos– no vio la antítesis, cuando debió haberla visto, tiene ahora, a la vista, las consecuencias de su tremendo error. Los ejemplares y virtuosos sacerdotes vascos enterrados y desterrados, la vieron mejor; quizá, ellos no supieran mucha Teología, ni fueran muy doctos en Derecho Político, pero sentían, amaban y servían a Cristo, oponiéndose a los bombardeos hechos por alemanes e italianos, de sus pueblos y de sus gentes. Los bombardeadotes, contaban, entonces con las aquiescencias y las bendiciones que debían tener los curas de Euzkadi. Y eran los mismos, los mismitos, que hoy tienen sitiada la Santa Sede Romana, arrestados a varios Cardenales, y que le dicen al Vicario de Cristo en la Tierra, que debe optar entre la Fe Católica y la Fe fascista!

¡Señor; cuán grande y sapiente es tu Providencia!


PROTESTAMOS, SÍ SEÑOR

Y dicho lo que había que decir, porque es la verdad, permítasenos, ahora, protestar contra la tropelía y la injuria, inferida a la Cristiandad y a su cabeza visible. Y sonreírnos un poco, de quienes suponen que pueden ser términos de un dilema, un sistema político transitorio, cruel y tiránico, fruto de un instante de delirio social y humano, y una Fe trascendente de amor y de misericordia, a lo largo de 20 siglos de Historia. El disparate es tremendo, alucinante, y propio de alucinados ante la catástrofe.

Protestamos, pues, hoy como hemos protestado antes. Cuando lo de Guernica y lo de Varsovia; lo de Madrid y lo de Londres; ante el martirio de los fieles y de los sacerdotes de Polonia, de Bélgica y de Francia, de Yugoeslavia y de Grecia. Ante el ametrallamiento, en vuelo rasante de la carretera de Málaga a Almería, cubierta de fugitivos y ante el atropello de que fueron víctimas el Rector, los profesores y los alumnos de la Universidad Católica de Lovaina.

Nuestras protestas de entonces, eran más solitarias, porque el “hilo se corta por lo más delgado”. Y la parte más delgada del hilo, eran, a la sazón los creyentes en Cristo y en la Democracia y en la Libertad, convencidos de su perfecta compatibilidad espiritual y política; hoy la cosa varía. La cosa es demasiado fuerte. La Iglesia es atacada en su cabeza misma, en el centro vital de su pensamiento, de su espíritu y de su ecumenidad universal; y de su poder político y económico, que no es poco, dicha sea de paso. De ahí la extensión de la protesta. Porque, si en Italia, se saliesen con la suya los que tienen sitiado el Vaticano, ya tendría Su Santidad, y las Eminencias que con él residen, ir pensando en liar sus bártulos y buscar otro sitio para residir, fuera de la tierra donde San Pedro puso la primera piedra. No sucederá por aquello de que “Dios aprieta, pero no ahoga”; y, también, porque las Democracias, “plutocráticas, judeo-masónicas y bolcheviques”, llevan la de ganar, y, por ende es segura la posibilidad de que todo quede donde está, y cómo está, por lo menos, en lo que a la Roma Vaticana se refiere.

Mientras tanto vengan las protestas contra el nazi-fascismo, agresor de la Iglesia Católica. Buena falta hacen, aquí donde fue izada la Cruz Swástica, en un Altar donde se rendía homenaje al Santísimo Sacramento. Vengan esas protestas, porque “por mucho trigo nunca es mal año”. Sobre todo la de la Acción Católica, si no quiere quedarse con el Sambenito de “protectores del judaísmo”, de que la acusan nazis y fascistas. Los mismos que tienen arrestados a varios Cardenales y sitiada a la Santa Sede Romana. ¡Lo que es la ingratitud!


POR OTROS HORIZONTES

En cambio, por otros horizontes y caminos, que no son los de Roma, andan muy bien las cosas de la Fe y de la Religión. Días pasados, se celebró en Moscú, un Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa, con toda la pompa y ceremonia de su rito, en medio del mayor respeto, del pueblo y del gobierno soviéticos. Fueron designadas sus más altas jerarquías, que, inmediatamente, elevaron sus preces por el triunfo de los Ejércitos soviéticos, de paso que expresaron su lealtad y acatamiento a los legítimos poderes del Estado.

Y, de hoy para siempre, el clero y los fieles rusos –después de una dura experiencia que les era harto menester– practicarán el culto, sin la menor traba, dentro de las normas jurídicas y políticas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El acontecimiento tiene extraordinaria importancia y trascendencia para hoy y para el próxima mañana.

Así lo vieron sin duda las autoridades superiores, de la siempre vigilante Iglesia Británica –disidente y discrepante, con la de Roma y la de Moscú– enviando una alta representación; e invitando, a su vez, al Patriarca Soviético, Sergius, a devolver a Inglaterra la fraternal visita.

Por otra parte, en los Estados Unidos, se celebró, hace poco, una reunión de representantes de todas la iglesias cristianas, de la que salió una declaración de repudio al totalitarismo, y un índice de puntos básicos para el período de post-guerra.

Y, los sacerdotes católicos franceses por la suya, no tuvieron ningún reparo, con ocasión de las feroces persecuciones a los judíos, ordenadas por Hitler y ejecutadas por Laval, en amparar y proteger a los niños, ancianos y mujeres de la raza perseguida.

Y es que, si todos los caminos no conducen a Roma, por todos ellos se puede llegar a Dios y al cumplimiento de sus mandatos espirituales. Esta guerra –nunca nos cansaremos de repetirlo– es una revolución social, política y espiritual. Y entre sus consecuencias inmediatas no será la de menor volumen, la aparición, en el mundo, de nuevas maneras para que la criatura pueda entenderse con su Creador, sin que lo divino dé con lo humano.

Desde este punto de vista, todo va muy bien en todas partes, menos en Roma.
¡Por algo será!

(Artigo publicado no xornal La Hora en Santiago de Chile tal día como hoxe pero de ... 1943)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Relixión - Publicado o 23-09-2013 01:20
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LA CUESTIÓN PALPITANTE, DE E. PARDO BAZÁN
A Casa Museo Emilia Pardo Bazán publica hoxe no seu Facebook unha ligazón á versión dixital da obra da autora coruñesa La cuestión palpitante, precedida dun interesante texto:


Achegámonos hoxe a unha polémica relativa a unha publicación da autora coruñesa.

“La Cuestión Palpitante”

Obra que contén unha serie de artigos publicados no diario La Época entre o 7 de novembro do ano 1882 e o 16 de abril de 1883.

O compendio de artigos que conforman a obra prologada polo propio Clarín ve a luz no ano 1883.

A autora expón e reflexiona a cerca das ideas naturalistas imperantes en Francia.

O “naturalismo” é considerado obsceno na época.

Vexamos algún dos acontecementos e comportamentos ao redor da publicación:

“A prensa”: ataca ferozmente a publicación.

“A cidade herculina”: lee escandalizada o novo libro da autora.

“Os estudosos”: murmurios de uns e silencio cómplice de outros.

“As amizades próximas”: preguntan ao seu marido como é quen de permitir a publicación da obra.

“José Quiroga (o seu marido)”: asustado sostén “!Tienes que retractarte, y públicamente, de lo escrito y retira ese libro nefando!”

“Zola”: “Por lo que oigo decir ..., el naturalismo de esa señora es puramente formal, artístico y literario”

“Emilia Pardo Bazán”: “No entendeis nada. No, no me habéis entendido, no habéis entendido mi libro. Nadie, nadie ...

En “La Cuestión Palpitante” atoparédesvos fronte a fronte con Zola, Flaubert, os irmáns Goncourt,... entre outros.



La cuestión palpitante - RAG
Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE E. PARDO BAZÁN - Publicado o 18-09-2013 23:56
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LUISA VILLALTA: PAIXÓN E COMPROMISO
A produtora audiovisual "Gallaecia Filmes" do IES Isaac Díaz Pardo (Sada), ven de presentar a súa última creación, o documental "Luísa Villalta: paixón e compromiso", dedicado á escritora que exerceu como docente no centro e faleceu no ano 2004, deixando unha impronta imborrable en varias xeracións de alumnas e alumnos.
Desde a AC Irmáns Suárez Picallo queremos transmitir o noso recoñecemento a Gallaecia Filmes e o noso agradecemento especialmente ao seu promotor e director, Xosé Seoane, por esta imprescindible homenaxe a Luísa.


Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 16-09-2013 20:53
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HOXE ÁS 20.30h NA CAPELA DE SAN ROQUE

Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 13-09-2013 11:32
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CHILE septiembre 1973

E para rematar estas vivencias chilenas ocurridas hai 40 anos, insertamos esta nova colaboración de Edmundo Moure na que lembra un dos actos celebrados o pasado día 11 no estadio Nacional de Santigo no que tomou parte coa sua familia.


LA MEMORIA VIVA DE NUESTROS DESAPARECIDOS


La política de aniquilación del enemigo ideológico, adoptada por el Estado chileno, a través de la manu militari de la dictadura, con el concurso activo de los civiles de la Derecha favorecida, no alcanzó los resultados que aquellos cuatro sicópatas de uniforme preveían, desde el primer acuerdo de la conjura contra Salvador Allende. “Estamos dispuestos a extirpar el cáncer marxista hasta sus últimas consecuencias”, fue parte de la proclama delirante de Gustavo Leigh, comandante espurio de la fuerza aérea de Chile, propósito cuartelero de combate que hicieron suyo los otros tres generales golpistas, aquella borrascosa mañana del 11 de septiembre de 1973.

Cuarenta años después, tanto esa política como su vaticinio febril, no pudieron cumplirse a cabalidad, pese a que la planificación del exterminio se hizo efectiva con brutal eficacia en todo el territorio nacional, e incluso en el exterior, como ocurriera con los atentados que agentes de seguridad de la siniestra DINA, dirigidos por el coronel Manuel Contreras, perpetraron en Buenos Aires, Washington y Roma.

Sergio Arellano Stark, compañero de armas de Augusto Pinochet Ugarte, uno de sus íntimos incondicionales, quien convenciera al dictador en ciernes para que se sumara al golpe, llevó a cabo el espeluznante recorrido de la “caravana de la muerte”, a lo largo de Chile, cumpliendo un calendario de ejecuciones encomendadas por su jefe directo, Pinochet. Las pruebas irrebatibles de estos crímenes provocaron, veintisiete años más tarde, el desafuero del militar, ungido senador en virtud de la Constitución antidemocrática que dictara, bajo inspiración del genio ideológico de la Derecha, Jaime Guzmán. Pero aquellos fundamentos irrefutables no le significaron el juicio penal que casi todo Chile esperaba, porque los jueces, venales y serviles, le lanzaron el salvavidas de la misma causal de incapacidad que iba a dejar también impune al mílite Arellano Stark: demencia senil o Alzheimer. Como si los estragos de la edad provecta pudiesen constituir una coartada para los criminales de lesa humanidad.

Anoche, 11 de septiembre de 2013, concurrimos al homenaje que varias agrupaciones políticas y sociales rindieron a los caídos, torturados y desaparecidos en el Estadio Nacional de Santiago, el primer recinto que los militares habilitaron, al día siguiente del Golpe, como prisión masiva y centro de apremios y torturas. Marisol, mi compañera, tenía quince años en 1973. Mis hijos, José María y Sol, no habían nacido aún. Yo tenía treinta y dos años y era entonces militante del Partido Comunista. Los cuatro participamos, unidos por distintas experiencias y por la misma conciencia histórica, porque en nuestro hogar el pensamiento, la palabra y la memoria son inseparables para urdir una vida consciente y auténtica. Esto es lo primero, antes aún que los esfuerzos de manutención y las urgencias de la vida pedestre.

Llegamos a las siete de la tarde ante la entrada principal del Estadio, donde se alza esa estatua desnuda del discóbolo que suele ser objeto de burdas bromas; esta vez lucía un clavel rojo en el pubis, lo que no me pareció grotesco ni extemporáneo. Quizá pude haber aventurado una metáfora de humor equívoco, pero nuestro espíritu se orientaba a revivir y honrar la memoria de tantos compatriotas ultimados por el odio de un poder que actuó, ciego y sordo, para servir a sus dos amos: la plutocracia chilena y sus secuaces internacionales. Nos integramos, pues, en expectante silencio, al enfervorizado ambiente de la conmemoración.

Frente a una sencilla tarima, flanqueada por velas que formaban sobre el piso las siglas del Partido Socialista y del Partido Comunista, se instaló una abigarrada concurrencia de miles de entusiastas convocados, entre los cuales resaltaba la pujante juventud, integrada en su mayoría por nietos que aquella “generación diezmada” a la que pertenecemos los veteranos del 70’. Pude reconocer a antiguos compañeros que cumplían, con emoción y entusiasmo, su deber memorioso. Entre ellos, Yerko Vilina, Bruno Serrano, Luis Vera, Max Berrú, César Millahueique, Juan Samuel Aravena; este último leyó un breve y desgarrador texto poético sobre el tópico de la paradoja del perdón, visto desde su perspectiva testimonial de combatiente que sobreviviera al horror.

Al inicio del acto programado, nos fueron entregadas sendas fotografías de desaparecidos y ejecutados. Recibí la imagen vívida de Carlos Berger Guralnik, a quien ayer veíamos representado en el film de Andrés Wood, “Ecos del Desierto”, concebido sobre la trama de la feroz encomienda de aquella “caravana de la muerte” y la ejecución sumaria de Carlos Berger, esposo de la abogada Carmen Hertz, ejemplar luchadora por la causa de los derechos humanos a la que consagró, sin pausa, estas cuatro décadas. Recibí aquel retrato con unción, entendiendo que no se trataba de una simple coincidencia, sino de sucesos que constituyen eslabones de nuestra propia circunstancia. Lo alcé sobre el semicírculo, como si se tratase de un hermano de sangre caído en la desigual lucha por la dignidad del pueblo chileno.

Nos acompañaron la música de varios conjuntos, la voz de las representantes de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos, el canto de Isabel Aldunate, el testimonio de dirigentes juveniles que asumen como propio el legado de la Unidad Popular; todo ello con el trasfondo vibrante de la voz del compañero Presidente, Salvador Allende, a través de sus discursos más señeros.

Al promediar la velada conmemorativa cantamos, en multitudinario coro, la canción “Libertad”, inspirada en un célebre poema de Paul Eluard. El fuego de la memoria parecía entibiar el frescor de la noche de septiembre. Recordé en silencio las imágenes de aquel martes aciago de 1973, cuatro décadas atrás... Acudieron nombres y rostros amigos, con lacerante nitidez. Pero en el ambiente aligerado por la música y las jóvenes palabras, parecía flamear el apremio sin tiempo de la esperanza.

Entonces nos miramos, Marisol y yo, para luego abrazar a nuestros hijos y coincidir en un juicio íntimo, que se volvía grito multitudinario en todas las gargantas: “La memoria viva ha derrotado, una vez más, a la artera ceniza del olvido”.

Y, como nos expresara Pablo Poeta, quien se marchó, doce días después de la asonada: “Somos pueblo, pueblo innumerable, y desde la muerte, renacemos”.

Que así sea.


Edmundo Moure
11 de septiembre de 2013
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 13-09-2013 00:31
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LEMBRANDO A SALVADOR ALLENDE



LA CAÍDA




Por la televisión supimos

mataron al Presidente

la casa fue destruida

por halcones

que rezaban en inglés

no matarás no matarás

pero las palabras

(que no eran el Verbo precisamente)

se hicieron rezongo de fusiles

y el eco no pudo sujetar las sílabas

hasta el día del perdón



El rostro del Presidente fue mutilado

de las arrugas se borró toda ideología

menos el trazo grave de los anhelos

(muera la inteligencia viva la muerte)

Un nicho pequeño mirando el mar

un tarro de flores anónimas

la escéptica sonrisa donde cabalgaron

sus anteojos de médico pueblerino

(eso se presumía

estaba en el aire

clavado en murmullos

y hojas agobiadas del vocablo otoño)



Nos quedamos sin noticias

Nada pasaba

los moralistas difundían lamentos

de Pompeya y Babilonia

Ella y yo nos seguíamos amando

cada atardecer

hasta agotarnos en fríos requiebros



Cuando el presente se nos vino encima

recorríamos el parque

leyendo árboles que nos gustaban

ciprés castaño de Indias ceibo acacio de oriente

Y ella acordándose de la casa de campo

del horno donde inventábamos el pan



Las calles fueron bautizadas con otros nombres

que no sonaran a hermano compañero camarada

Las seguíamos llamando según nuestros sueños

Y Carlos y Pablo y Juan y Diego

eran las mejores esquinas

para cruzar un saludo silencioso

hasta la otra orilla del Mar



Al anochecer

en cualquier café

encontrábamos al Presidente acorralado

en la última mesa

muriéndose tras su copa rota

apagándose en el sucio lamento del dominó



Era preciso acordarse

del triple canto del gallo

del color que adquirimos para sobrevivir

del compadre que vendió su sonrisa

por treinta denarios

disfrazándose de camaleón



El Vicario besó sus mejillas

para delatarlo

quiso usurpar la cara del Presidente

pero los anteojos le sobraron

y el palio quedó grande

para disfrazar de prosperidad

sus carcomidos heroísmos



Desde esa época

la historia de nosotros no fue la Historia

sino pobres sucesos

que escribíamos en paredes de W C

cuando tantos amigos se nos iban

con maletín raído o camisa de madera

llevándose retratos de parientes

y breves cartas signadas con "hasta pronto"



¿Qué hicimos Nadja?

Nos fuimos escondiendo uno a uno

mimetizándonos de "tenía que suceder"

tapándonos la cara con "no había más remedio"

mirando los ojos de nuestros hijos

para cerrarlos de "otra vez será"



Ahora el filo del tiempo

ha extendido su lento cuchillo

y el rumor del Presidente rebrota

entre las ruinas de aquella Casa Civil

construida sobre la arena


Edmundo Moure Rojas
&&&



(Poema del libro “Fuegos de Amor y de Guerra”;

Publicado en antologías de Chile, Argentina y España)
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 12-09-2013 00:22
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LA PORFIADA MEMORIA (sept.1973-sept.2013)

Hoxe cúmplense 40 anos daquel 11 de setembro de 1973 no que os militares baixo as órdenes de Pinochet acabaron coa democracia en Chile de Salvador Allende.
O noso colaborador e amigo o escritor chileno Edmundo Moure Rojas non remite hoxe esta terceira entrega adicada a lembrar tal acontecemento.



EL FUEGO Y LA CENIZA

(Septiembre de 1973; Septiembre de 2013)


Ningún hombre es una Isla,
Entero en sí mismo; todo hombre
Es un pedazo del Continente,
Una parte de Tierra Firme; si
El Mar se llevara un Terrón,
Europa perdería un Promontorio
Como si se llevaran la Casa
De sus amigos o la tuya propia.
La Muerte de cualquier hombre me disminuye
Porque soy parte de la Humanidad; y
Por eso nunca procures saber
Por quién doblan las campanas:
Doblan por ti.
John Donne (1573-1631)



Mi generación nació en los albores de la II Guerra Mundial. Somos hijos de muchas hogueras y de terribles holocaustos. No obstante, aprendimos muy temprano, por boca memoriosa de los ancestros de la Galicia remota, que el espacio sagrado en donde se guarda el fuego se llama hogar, o lareira... Cuando había que conservarlo, como el mayor de los tesoros surgidos de las tinieblas, las benefactoras brasas se cautelaban durante todo el año. El último día de aquel ciclo, a medianoche, se las dejaba extinguir y las cenizas eran arrojadas sobre el campo, en señal unívoca de muerte y resurrección. Y se volvía a encender la nueva lumbre, con la promesa de doce meses venturosos. Si, por alguna razón, se apagaba antes de tiempo, la desgracia caía sobre la casa-hogar, en la forma mustia de la ceniza, metáfora ancestral de la desdicha humana que conlleva toda aniquilación.

Pero el fuego ardía también en nosotros. Temprano escuchamos al poeta que nos decía: “No es el hombre lo que me maravilla, sino el fuego que devora al hombre”. Queríamos aprehender esas llamas y atesorarlas en el arca del corazón. Las brisas que las avivaban eran las ideas. Había que cambiar el mundo con ellas, y éramos los elegidos para esa tarea, por convicción íntima, nacida de la voluntad de entregarnos a la incipiente lucha revolucionaria. Desde un modesto barrio, al sur de Santiago de Chile, en las calles de una república joven que entendíamos como “ejemplar democracia”, según se nos enseñaba en la clase de Historia, íbamos a derribar los odiosos poderes de la plutocracia. Era posible. Bastaba con que nos uniéramos, conjurados bajo la luz de generosos ideales, hermanos en la común batalla liberadora.

Teníamos dieciocho años en el despertar de 1959. Por la radio nos enteramos, a eso del mediodía, de la victoria de Fidel, Camilo y el Che, del desplome del tirano Batista y de su vergonzosa y consiguiente huída a Miami, donde el Gobierno del Imperio de las Estrellas le recibía como huésped dilecto, al igual que lo hiciera con otros sátrapas de nuestras repúblicas bananeras del Caribe; también con tiranos engendrados en países de más al sur, entre quienes nos jurábamos demócratas, herederos de Miranda, Lastarria, Bilbao, Martí, Rodó e Ingenieros…

Celebramos el histórico triunfo cubano, con familiares y amigos del barrio, dentro de nuestras coléricas cofradías. Íbamos a cambiar la Historia, codo a codo con aquellos sucios barbudos de la sierra y de la selva. Nada ni nadie podría detener el proceso de transformación inminente. Las añosas estructuras no podrían eludir su derrumbe.

El fuego incubaba entre nosotros su tiempo y su ira.

Éramos jóvenes llenos de ideales. Nos apasionaba la política, porque veíamos en ella, más que simple estrategia de lucha por el poder, medio posible de crear un mundo mejor. El socialismo marxista, la social democracia europea y el social-cristianismo de Maritain eran vías abiertas, caminos para encauzar las diversas corrientes de pensamiento filosófico, en detrimento del credo ramplón del libre mercado, regulador “natural” de la vida humana, que representaba el viejo capitalismo de cuatro siglos, opresor e injusto, sustentador –sobre todo en nuestro continente- de las peores tiranías, culpable de crímenes de lesa humanidad, del genocidio de los pueblos originarios y del hambre de millones de seres.

La noche del domingo 4 de septiembre de 1970, arribamos a Casa, con algunos compañeros de militancia, cargados de banderas, celebrando a gritos la victoria en las urnas de Salvador Allende. Mi padre gallego, emigrante, hijo apasionado de la República Española, estaba frente a la verja, los brazos sobre el tórax y una mirada que encendía de preocupación sus ojos azules.

-“¡Ganamos!”– grité, palmoteándole… -“Aún no hemos ganado nada- retrucó, porque desde este momento las fuerzas reaccionarias se confabularán para impedir que Allende gobierne. Se avecinan días terribles”- Cerró la puerta. A través de la ventana observé su silueta. Había abierto un libro. Quizá buscaba también una respuesta que no fuera la tragedia de otro pueblo avasallado por sus opresores.

Pensé que él estaba equivocado, que en Chile no ocurriría lo de España. Mil días más tarde, Allende se despidió para siempre de las grandes alamedas y pereció, en medio del humo y la metralla, en la feroz asonada militar del 11 de septiembre de 1973 contra la República, simbolizada en su Casa de La Moneda, habitación de los presidentes democráticos de Chile, bombardeada sin piedad por criminales facciosos. Una vez más, la artera ceniza parecía ahogar todo ardor propiciatorio.

Pese a todo, continuamos acariciando los sueños del fuego liberador; los alentamos durante un cuarto de siglo, hasta que los sentimos desplomarse, bajo el peso de nuestros propios errores y de la garra ávida del enemigo, con la caída del socialismo de estado, y con otras decepciones íntimas en la pequeña patria. Antes, habíamos presenciado la muerte del Che –abandonado de sus antiguos camaradas-, y la desaparición de otros combatientes heroicos, en medio de la utopía del fusil justiciero y de la redención campesina.

Sólo China parecía sobrevivir, exhibiendo la asombrosa capacidad de adaptación de sus mandarines, vueltos comisarios políticos, de astuto doble discurso y acción sibilina, incólumes en su inmenso reino de mil trescientos millones, hábiles para copiar la mejor tecnología de Occidente, mejorarla y producirla a bajísimo costo (una revancha sutil, quizá, de la depredación ocasionada en su ancestral imperio por las potencias occidentales, en tiempos de su refinada civilización, para apropiarse de la pólvora, el papel, la tinta, la brújula, los lentes ópticos, y otros cien prodigios del saber humano).

Fidel envejeció, como los patriarcas otoñales de palacio que recrea el realismo mágico, sofocado en los estertores de su propio anhelo mesiánico. Cuba sobrevive, bajo un bloqueo de medio siglo, que ningún otro país nuestro hubiera podido resistir, pero es un pobre consuelo ante el esfuerzo contumaz de su pueblo digno y solidario. Hoy se espera también su definitivo derrumbe, para que el Imperio entre a saco en la isla y reponga los alegres y lujosos casinos de los 50’.

Concebir un sistema social más justo y equitativo, que no se mueva según las leyes de la oferta y la demanda, que desestime la codicia como regla de oro para los móviles humanos, que condene y proscriba la avaricia, anatematizada por todas las grande religiones, parece en nuestros días una intención utópica, fuera de la realidad, propósito tan descabellado e incierto como preconizar revoluciones armadas. Se colegiría, entonces, que el ser humano no puede ser mejor de lo que es y que los ilusos que porfíen lo contrario deben ser apartados del fluir imparable del progreso tecnológico, nueva panacea vertiginosa que sólo permite medrar a los más astutos.

Puede que nos hayamos vuelto extemporáneos, porque cada cultura tiene sus propios dioses y cada generación sus códigos para entender el mundo, y los nuestros fueron ya borrados de los altares y proscritos de los libros de texto.

¿Qué nos queda hoy? La respuesta rotunda y totalitaria de la globalización real y virtual: la productividad a todo trance del capitalismo salvaje, hecha filosofía planetaria de vida circense y de muerte ecológica del planeta. Un solo guía, un solo sistema.

El principal móvil humano parece ser la ambición devenida en avaricia, el deseo sin pausa de poseer, que la subcultura de hoy exacerba a través de los medios de información, dominados de manera casi incontrarrestable por las grandes corporaciones, adversarios sin rostro ni nacionalidad, como el señor del castillo de Kafka, amo anónimo de individuos numerados que le sirven y veneran.

Ya ni siquiera debemos preocuparnos por la vida futura. Los vicarios y administradores de Dios, que hace dos milenios crucificaron a Cristo, parecen preteridos por una sociedad que relegó el espíritu religioso a inútil ejercicio convencional, porque la felicidad, o se obtiene aquí o no se logra jamás. Y los que aún pretenden llevar una vida religiosa más o menos fundamentalista o sostener a viva fuerza sus teocracias –algunos pueblos musulmanes- son atacados en dos frentes: como terroristas, agentes perversos del caos, o como potenciales clientes para integrarse al sistema del “american way of life”, que los corroerá por dentro, tarde o temprano, bajo su inevitable marea.

Quizá por eso, a cuarenta años de la tragedia que se abatió sobre la patria, organizada y ejecutada por quienes se mimetizan hoy bajo nuevos disfraces de hipocresía, toda esta farándula electorera nos resulte vacua, sin sentido, salvo para los prevaricadores del poder, cuyo discurso se hace único y homogéneo, como si se cumpliera el verso-arenga de Nicanor Parra: “La Izquierda y la Derecha unidas, jamás serán vencidas”.

La literatura y otras artes seguirán siendo cálido refugio para algunos de nosotros –lo han sido ya en tantas derrotas y fracasos-, uno de los escasos reinos que pueden cobijar aún a la inmensa minoría de desterrados a la que pertenecemos, tú y yo, nunca rendidos, fieles al fuego, a la sangre y a la memoria, cobijados en esta Casa reconstruida sobre “la triste ceniza que yace y duerme en el olvido”.

El corazón continuará latiendo entre las brasas que preservamos, para que otros puedan avivar, sin pausa, la llama intemporal de la esperanza.

Edmundo Moure
11 de septiembre de 2013


Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 11-09-2013 18:45
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LA ORATORIA Y LOS POLÍTICOS

9 de septiembre de 1947

ORADORES, LECTORES E IMPROVISADORES


Por Ramón Suárez Picallo

Varios honorables señores diputados chilenos han presentado a la Mesa de la Cámara de que forman parte un proyecto de enmienda al Reglamento de la Corporación para que se prohíba a sus miembros leer discursos. Ellos suponen -y no van muy errados en el supuesto- que, en muchos casos cuando los señores legisladores leen sesudos y meditados trabajos sobre tal o cual tema, no responden a su estado de ánimo surgido espontáneamente del debate parlamentario propiamente dicho, que es lo que le da tono, carácter y fisonomía a una rama muy importante de la oratoria política sino que, por el contrario, las “piezas” leídas representan preconceptos y dogmas concebidos “a priori”. Más aún, piensan y no piensan del todo mal, que mucho de los “discursos” leídos no corresponden, ni en la forma ni en el fondo al pensamiento de los que pasan por ser sus autores. En una palabra, que hay “hacedores de discursos” para que lo digan otros, así como hasta fabricantes registrados de artículos que no tienen de tales artículos ni remotas noticias. O, como reza el refrán: “Unos cardan la lana y otros llevan la fama”.

En esto que haya en Chile, gentes que “echan” discursos de fabricación ajena no hay nada de particular que menoscabe el prestigio de sus buenos y verdaderos oradores. España país donde la oratoria florece como la madreselva en primavera, tuvo -y creemos que aún tiene hoy- el gremio de los que hacen discursos de encargo. Pérez Galdós los encarna con soberana gracia en su magnífico personaje, Salvador Monsalud, secretario del Duque del Parque, quien satisfacía los deliquios oratorios y parlamentarios de su señor, haciéndolo acreditar como elocuentísimo. Hasta que un día, el Duque trabucó los papeles y tuvo que decir “he dicho” cuando sólo estaba en la mitad del exordio. Porque el Duque no leía -leer bien es todo un arte- sino que se aprendía de memoria los discursos de factura ajena. Y esto sí que es grave. Porque si es muy terrible escuchar la lectura de una “pieza oratoria” por un señor con voz monocorde, hueca y pesada, que corta la palabra al pasar de carilla a carilla, no le es menos oír a un señor que está recitando un texto ajeno, sin el menor sentido del énfasis; y que se refiere en tono lírico a una escopeta y con tono heroico a las espigas del trigo.

Y nos tememos mucho que los honorables parlamentarios que propician la enmienda a que hemos aludido, maten a los fabricantes de discursos y a los que los leen mal, pero que en cambio, hagan recibir a los recitadores que no saben de tonos ni de acentos; en cuyo caso habrá sido mucho peor el remedio que la enfermedad.

Por lo demás, las opiniones están muy divididas en cuanto a subestimar los discursos escritos. Conocemos un país regido por una dictadura, donde todos los discursos sobre temas de interés público deben ser leídos y “improvisados”. Se alega que por mucho talento oratorio que tenga el ‘discursador’, la improvisación lo lleva naturalmente a decir tonterías sobre cosas graves, o se deja envolver por la pasión que provoca todo debate. La verdad es que el dictador de referencia no está dotado por el Espíritu Santo con el don de la elocuencia y no tolera oradores que tengan una facultad de la que él está privado. Conocimos asimismo, una ciudad donde nadie tolera los discursos leídos: en ella ocurrió la anécdota siguiente: el Alcalde era un orador magnífico envidiado por todos y muy especialmente por sus adversarios políticos; entre estos había uno tozudo, culto y sapiente, pero que puesto a improvisar en una tribuna no era capaz de decir ni pío. Un día el contrincante del Alcalde anunció una conferencia sobre un tema de gran interés, sosteniendo puntos de vista contrarios a los del Monterilla elocuente. Escribió la conferencia y se la aprendió de memoria de cabo a rabo. Tomó una habitación en el hotel y allí delante del espejo y solo la repitió más de cien veces hasta que la chapó con gestos, puntos y comas. Pero el alcalde supo la cosa y le mandó a un amigo tomar la habitación contigua en el mismo hotel y copiar la elucubración de su adversario. Lo hizo así y luego lo imprimió y repartió una copia entre cada uno de los asistentes. Y cuando el conferenciante subió a la tribuna inició su peroración con voz solemne y campanuda:

“Obligado a improvisar sobre tema de tanta importancia.”.

La carcajada fue universal puesto que todos los asistentes tenían en sus manos una octavilla con esas mismas palabras y con todo el resto del discurso, que el orador se proponía pronunciar y que no pronunció ante la tan regocijada concurrencia que recibió sus primeras palabras. Un asistente del auditorio puso fin al acto con esta salida:

“No se moleste usted don Fulano. Tenemos aquí toda la conferencia y preferimos leerla tranquilamente en la cama”.

No conocemos -y lo sentimos mucho- las facultades oratorias de los señores diputados que propician la enmienda a que nos referíamos, pero no pude negarse que ella es original, y hasta cierto punto, su tanto y cuanto revolucionaria, aunque la aprueben Demóstenes, Cicerón, Bossuet, Jaurés, Monseñor Jara, Castelar y Vásquez Mella, poseedores a plenitud del don de la oratoria en sus más altas y nobles manifestaciones.

Porque en contra de lo que opinen en su detrimento quienes no la poseen, la oratoria es todo un arte y a veces un Sacramento –el Santo Sacramento de la Palabra– que no puede ser mixtificada por quienes no sienten sobre sus almas, su magia, su fuerza y su eterno sortilegio como expresión de las altas ideas y de los nobles pensamientos que esclarecen la Justicia, el Bien y la Belleza.


(Artigo publicado no xornal La Hora en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de... 1947)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (políticos) - Publicado o 09-09-2013 08:51
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