A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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MANEIRAS DE TOMAR AS SARDIÑAS
Continuando nesa laboura de animar ao consumo de peixe, RSP céntrase hoxe -e como continuación do artigo de onte- nas maneiras de preparar e comer as sardiñas.E remata aconsellando como hai que facer para que non "repitan".

30 de septiembre de 1943

TRES MANERAS DE PREPARAR Y DE COMER SARDINAS


Por Ramón Suárez Picallo


Pues, sí señor; “como decíamos ayer”, las sardinas son un bocado exquisito y nutritivo, siempre que se las prepare y aliñe adecuadamente; y, aún sin más aliño que unas arenas de sal, pueden comerse, como se verá más adelante. En los puertos costeros donde abunda, son alimento de pobres; pero, en cambio en las ciudades de Tierra adentro como Madrid y París, por ejemplo, especialmente cuando escasean, no las menosprecian los ricos. En las provincias españolas de A Coruña, Pontevedra, Lugo, Oviedo y Santander, sin olvidar Santurce y Pasajes, en la Costa Vasca, son la base de grandes industrias y contribuyen, poderosamente, al enriquecimiento de la alimentación popular, preparadas de cien maneras distintas; frescas, saladas, prensadas en tomate en escabeche, en aceite y demás. Cierto es que las sardinas de aquel litoral, desde la frontera de Francia hasta el puerto portugués de Leixoes, son las más ricas del mundo. Ello se explica, por el clima, por la abundancia de ríos y rías donde desovar; la sardina es insípida y desabrida en los mares cálidos y fríos. De ahí qe la más rica que se produce en América sea la que se da en la costa chilena, entre Antofagasta y Talcahuano.

Pero no incidamos en hablar de las sardinas vivas, y vayamos a la manera de comerlas. Y a eso vamos.


SARDINAS A LA BRASA VIVA

Empezamos con la fórmula más simple y más barata. Con todo, tal como vienen del mar, se las tiene en sal gruesa más o menos media hora; se hace un buen brasero de leña o de carbón de leña, y se las pone sobre la brasa viva, aireada constantemente con un abanico de cartón o de otra cosa; cuando están asadas de un lado, se les da vuelta del otro y se sacarán del fuego cuando sueltan la espina por alguna o por varias partes. (Atención: en Chile hay la costumbre de freír las sardinas, hasta tostarlas, con lo que pierden gusto y valor nutritivo. “La sardina, soltando la espina”, dice un refrán).

Se tiene a mano una fuente con papas hervidas, partidas en dos, y se colocan sobre las papas las sardinas asadas. Las papas, en este caso, pueden sustituir con ventaja al pan, y son con referencia a las sardinas, como quien dice, “una cosa para la otra”. ¿Es o no es simple la fórmula? Simple y barata.

Pero, si el gastrónomo o la señora quieren algo más complicado, y desean despilfarrar, puede hacerse un corte a la sardina a lo largo del lomo y úntelo luego con un diente de ajo, aceite y perejil picado y échela después a asar. De igual modo pueden asarse a la parrilla y a la plancha, untando la plancha para que no se peguen.

Cuídese de no “agraviar” a la sardina, así preparada, con tenedor ni cuchillo. Tómesela cuidadosamente, con los dedos por la cabeza y por la cola, e hínquesele el diente de flanco, dejando limpia la espina. La sardina repele el metal. ¿Qué queda olor en los dedos? Pues se los lava y san se acabó.

SARDINAS A LA CATALANA

Se les corta la cabeza y la cola, y se las lava para que se desangren. Luego se las coloca en hilera, bien juntas una con otras, dentro de una cacerola de greda. Rodajas delgadas de cebolla tierna, con parte del tallo, perejil, orégano, rodajas de tomate y un poco de ají picante, según el gusto. Después otra hilera de sardinas y así sucesivamente. En recipiente aparte, aceite, una copa de vino blanco y un poco de salsa de tomate –si no hay tomates frescos– o un poco de pimentón en polvo. Una cucharada de vinagre. El vinagre puede sustituirse, con grande y exquisita ventaja, con el jugo de unos granos de uvas verdes, si están a mano y es su sazón. Se remece bien esta salsa “cruda” y se echa en la cacerola por encima de lo demás. Después, por encima de todo, dos puñados o más de arvejas tiernas. La cacerola, al fuego lento, hasta que esté a punto. Antes de servirlas, de la cacerola al plato, se las tiene unos minutos fuera del fuego, para que todo se rehaga y se “rehogue”. Si la economía no anda muy bien, se le echa menos aceite y menos vino blanco, y se pone, en cambio, a la salsa, un poco más de agua o caldo.

Con la sardina puede hacerse esto, porque tiene de por sí mucha grasa, especialmente en el verano. Todo es cuestión de “posibles” y de más o menos “imaginación” de parte de la cocinera.


SARDINAS EN ESCABECHE

El escabeche es un condimento universal, de modo que no hay por qué explicarlo. A las sardinas les viene muy bien el escabeche; y tiene, además la ventaja de que puede prepararse, de una vez, para varios días. Eso sí, debe tenérselo en recipiente de barro de greda y servirla con tenedor y cuchara de madera. Pero nosotros, para aportar “algo original”, queremos dar aquí una “variante” para escabechar las sardinas.

En el aceite en que se fríen –que debe ser relativamente abundante– échense unos dientes de ajo, con cáscara, a dorar junto con ellas. Las sardinas, para escabechar, deben estar un poco sobre tostado. Se sacan las “remesas” de las fritas y se fríen otras después, siempre en el mismo aceite, naturalmente. Al poner las sardinas fritas, en el recipiente de greda, se les pone unas hojas de laurel y otras de orégano, y unos granos de pimienta. Luego, al mismo aceite donde se frieron las sardinas, apartando la sartén del fuego, se le agrega vinagre, rebajado con agua y pimentón en polvo y unas cucharadas de caldo. Se vuelve la sartén al fuego, y, una vez que levantó el hervor, se echa todo el contenido por sobre las sardinas y la cosa está hecha.


GENERALIDADES

1.a Insistimos en que el pescado debe comerse sin que pierda su “sabor a mar”. No se debe, pues –y la sardina menos– achicharrar, ni tostar, ni cocer en demasía.

2.a Hay gentes que se quejan de que las sardinas “ le repiten”. Hay un remedio para evitar tales “repeticiones”. Antes de comerlas, se bebe un buen vaso de agua, y, después de comerlas un buen vaso de vino. No se ría nadie, porque el remedio es eficaz.

3.a La sardina, es el más nutritivo de todos los peces azules menores, por la cantidad de aceite –llamado “sain” vulgarmente– que contiene. Comienza a ser exquisita en octubre, y está en plenitud en enero. Es muy rica, también, en julio; es decir, en pleno invierno, equivalente al enero de Europa. Por allá suele decirse que “la sardina en el enero, vale por carnero”.

4.a No es nuestro propósito, al escribir lo que he escrito queda, producir un alza en el precio de la sardina –como se nos insinuó, malévolamente, cuando, aquí mismo, hicimos el elogio de la merluza-; queremos contribuir, espontánea y desinteresadamente –sin que nadie nos lo haya pedido, lo cual deja muy mal parado nuestro “orgullo técnico”– a la campaña que está haciéndose en pro del mayor consumo del pescado en Chile.

Si la sardina subiera de precio, y el aumento fuera en beneficio de quienes la pescan, no nos parecería mal, porque no están debidamente remunerados en la actualidad; pero si el beneficio fuese para quienes nada tienen que ver con el mar ni con las rudas faenas del mar, tampoco nos gustaría.

Por el sí o por el no, la aclaración queda hecha. Y en cuanto a lo otro: ¡Buen provecho!


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, o 30 de setembro de 1943)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Consumo de peixe - Publicado o 30-09-2010 01:04
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AS SARDIÑAS

Como ben titula RSP este artigo é un eloxio á sardiña e que só un mariñeiro observador que se adique a sua captura e quen de describir con tanto detalle. Coidamos que este artigo é merecente de aparecer nunha antoloxia ao respecto.

29 de septiembre de 1943

ELOGIO DE LA SARDINA Y DE SUS COSTUMBRES


Por Ramón Suárez Picallo

No vaya a ser cosa que, por causa de los grandes elogios, a la merluza, al congrio, a la corvina y a otros “peces mayores”, puestos en el candelero de la actualidad, vayamos a olvidar a los pequeños, a los más modestos, a esos que constituyen el buen proletariado del mar; la sardina, pongamos, por ejemplo, más preciada, cuanto más pequeña. Lo dice el refrán, muy popular entre quienes saben mucho de peces: “La mujer y la sardina, pequeniña”.

Nos viene a cuento su elogio, porque desde el 1 de octubre hasta el 1 de febrero, es cuando las sardinas son más exquisitas, aquí en Chile; como en Europa, lo son del 1 de mayo al 1 de octubre. Pero, dejemos para mañana el hablar de sardinas como bocado, y ocupémonos de ellas, como criatura de la Naturaleza, “vivita y coleando”, en sus anchos dominios azules del mar.

Merecen este elogio, porque son, por aquí, muy menospreciadas; en su valorización interviene la prosaica ley de la oferta y la demanda, tanto aquí como en Europa; la enorme abundancia con que se crecen y se multiplican, determinan los altibajos del precio y del aprecio en que se las tiene. Así, hemos visto pagarlas en el mismo puerto, en años abundantes, a real de vellón la docena, porque había pocas; mientras otro año, en la misma época y por el mismo real de vellón, se compraba un millar; y, merecen también el elogio por ser, de todos los frutos de mar, además de muy exquisito, el que con más facilidad llega a la mesa de los pobres “a las manos de pecadores”, como reza una vieja plegaria gallega.


FECUNDIDAD

La señora sardina, es una de las más fecundas madres del mar. Según los naturalistas que la estudiaron, cada hembra, puede producir más de un millón de crías al año, según se haya alimentado, y, según halle “lecho” adecuado para el desove.

Cuando presiente “alumbramiento”, busca la conjunción del mar con el río –las famosas rías del noroeste y del norte de España, donde la sardina es más rica y abundante– y allí deposita la carga maternal. Para alimentar las crías, los primeros días, la madre, fecunda y amorosa, mediante unos ejercicios respiratorios de sus branquias, remece las aguas, produciendo un limo muy sutil, que es el biberón de las sardinas-guaguas.

Los “viveros” además de estar señalados en las buenas cartas de pesca, son conocidos, desde hace cientos de años, por todos los marineros de la comarca; en torno a ellos está prohibida, en período de desove, toda faena pesquera y los viejos pescadores, pasan por frente a ellos, en silencio, paran los motores y bogan con el remo “canteado”, para que los ruidos no perturben la tranquilidad del nacimiento; porque, la sardina es muy sensible a los golpes y a las explosiones en contacto con las tensas vibraciones del agua. Tanto, que los que la buscan para atraparla, en las noches oscuras, suelen dar un golpe seco en el maderamen de la embarcación, para hacerla estremecer y agitar, y provocar en las aguas, una brillante fosforescencia blanca, indicadora del cardúmen. Y no hablemos de otras explosiones. Contra los pescadores con dinamita hay leyes severísimas. La sardina que haya podido huir de la zona donde explotó un “cartucho”, renegará de allí a miles de millas, y no volverá jamás. Varios años después de la pasada guerra, hubo ausencia casi total de sardinas en todas las costas europeas. Después de la actual, es de suponer que las sobrevivientes, se vengan a estas pacíficas riberas donde empiezan a ser muy estimadas.

Por causa de tales explosiones, que siempre hubo y, también, porque, en las sardinas se da el dicho de que “el pez gordo se come al chico”, no están cuajados de ellas, las superficies de los mares. Ellas van, por millones de millones, a parar al vientre de otros peces vivas como Jonás en el de la ballena. Todos los caníbales del mar, las prefieren como alimento; desde el delfín a la tonina, del tiburón al peje-sapo, sacian en la sardina su gran voracidad. Son a manera de “maltusianismo” cruel contra su fabulosa prolificación. Sin contar las aves marinas que también se las engullen enteras.


DISCIPLINA, SIBARITISMO Y AMOR A LA LUZ

La sardina es gregaria, multitudinaria y altamente disciplinada; no se sabe sí, políticamente, tiene tendencias totalitarias; lo cierto es que una sardina sola, carece en absoluto de personalidad. En el plato, debe empezar a contárselas por docenas en el mercado por millares, y, en el mar, por miles de millones, en cardúmenes de muchas millas cuadradas. Y, al revés de las criaturas de la fauna terrestre, que suelen unirse frente al enemigo, ellas se dispersan. Es tan sólo, en casos de emergencia y de peligro –la presencia de los peces voraces o las explosiones– cuando rompen su disciplina colectiva, y tiran cada una por su lado, para volver a juntarse en la normalidad.

La sardina es un pez sibarita y vegetariano, lo cual no suele ocurrir con otros, muy apreciados, escasamente pulcros en el comer; en unas verdes praderas que hay en el lecho del mar –y que se llaman vulgarmente “cebados”– escogen las sardinas, las yerbas más tiernas y rozagantes para que les sirvan de yantar; luego, como postre, suelen servirse espuma de mar, con muchos micro-organismos, que ellas mismas preparan mediante un maravilloso ejercicio respiratorio, que los pescadores conocen por el nombre de “górgola” y que nosotros traducimos libremente como burbujeo.

También aman y festejan la luz, las sardinas; especialmente las salidas y puestas del sol, como los pintores y los poetas; en esas horas, están como maravilladas, a flor de agua, siempre de cara y en marcha hacia el astro–Rey: los pescadores, sus enemigos cometen la alevosía de “enredarlas” a esas horas; la llaman pescar de “asexo” o de “amanexo” según realicen la faena al anochecer o al amanecer, respectivamente.

La luz “plateada de la luna”, -lo decimos así, aunque resulte cursi “rielando” - ¡otra vez! – la superficie encolmada de las aguas, produce en la sardina gran regocijo y contentamiento, despertando en ella, altas aficiones a saltar y danzar; efectivamente, en esas circunstancias, se levanta a medio metro del agua, haciendo piruetas y cabriolas en el aire como una muchacha de circo: danza al compás de su propia música, que produce al volver a zambullirse, rítmica y acompasadamente, por miles de millares. Un poeta español llamó a esta música, “gracioso y alegre bisbiseo de plata”. -¿Qué tal?

Y, por aquello de que: “¿A dónde irá el buey que no are, si no es el matadero?”, pongamos aquí punto a la literatura naturalista; para venir a dar en la atroz y prosaica conclusión, de que las sardinas, asadas, fritas, en escabeche, estofadas o en empanadas, son un bocado exquisito. Sospechamos, que este feo deseo de comerse a las sardinas, que nosotros sentimos, pese a sus buenas costumbres, lo siente, también, el lector que las haya comido otras veces, mucho antes de nuestro elogio. Si es así, y la paciencia no le falta, puede leer mañana aquí mismo, “tres maneras de preparar y de comer sardinas”, y que ellas, las sardinas, nos perdonen la conclusión a que hemos llegado. ¡Menos mal que las sardinas, no saben decir blasfemias interjecciones ni garabatos!


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 29 de setembro de... 1943)
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COUSAS DE CALQUER RUEIRO. OS TRES AMIGUIÑIOS, por Ricardo Flores
Nun dos seis lugares que compoñen a parroquia hai dous rueiros: o rueiro grande e o rueiro pequeno, tal é como os nomeian os viciños estando fora dêles, por haber máis fogares no primeiro que no segundo; e achando-se dentro do chan de calquera dos dous, referíndo-se ao outro, din-lle, o rueiro dalá.
Nos dous rueiros non escaseaba a xente miuda; coa dun e doutro, xuntaba-se unha boa rolada déla. Entre a do rueiro pequeno había tres nenos, cuios nomes eran: Fiz. Roque e Liño. Os tres concorrían á mesma escola, indo e voltando sempre xuntos, por seren moi amigos e apegados compañeiros en todas as andadas e brinquedos.
—Tres diaños en figura de nenos —a alguén se lle ouvia dicir con eisaxero, ao vé-los a cotío en arrichante compaña.
Que eran tres anxos, tampouco un podía dici-lo. Pois os nenos, gozando de pleia saude, o común é de que sexan travesos, cousa que ben se pode considerar normal; e éles, ao estaren dentro de tais condicions físicas, eran á par de todos.
Ademáis dos enredos entre os tres ou entreveirados con outros rapaces, cada quen tiña o seu entretenimento particular.
Fiz, adoitaba andar cun cichote, xoguete que soia facer-se de bieiteiro, levando-o na cintura á maneira de quen leva un revólver; e con ele, cando atopaba a xeito a alguén do seu igual, a veces inda que fora de máis tempo, pá!, disparaballe na coliga unha pêlla ou unha bolina feita con papel húmido, apretado côs dedos, non salvando-se sempre dun bon retruque de man ou de pe, por ben lixeiras que tivera as pernas e por moito que erguera os calcañares para correr; tratando-se de rapazas, prefería cichar-lles auga nas orellas, pois adivertia-lle máis, escachando-se de risa, e facia-se tamén de menos coida-do para o seu peléxo.
Roque, non saía da casa sen unha funda pendurada do brazo, ceibando pedriñas a canto paxaro albiscara; e senon, ceibaba-llas a calquer cousa, polo que moita xente tiña probado a sua ponteiria, e sendo poucas as casas do lugar que non lles tivera roto algún vidro das fenestras, o que, nalgúns casos, custaba-lle boas azoutas de sua nai, cando chegaban con queixas a xunto déla e non tiña máis remedio que pagá-lo.
A Liño, tiraba-lle o debuxo, e soia pôr-se a facer figuras no chan, riscando as liñas cun anaco de tella que percuraba levar sempre consigo. Debuxaba casas, navios, animáis, caricaturas de persoas, unha cheia de cousas, que chamaban a atención da xente, gabando a sua abelencia artística, có que ele pillaba fachenda, comezando a por ao pe de cada debuxo as iniciáis do seu nome e apelido: un ele e un pe. Liño Parga.
Un certo día, a iso da caída da tarde, achando-se os tres no seu rueiro, fartos de tanto xogar ao piom e de enredar á saltacabana, sentáron-se arrimados á casa da señora Xila de Couce; Couce era o apelido do seu home, de nome Xoán, máis coñecido polo mal-nome de "Porqueiro", o que lle viña herdado de seu abó, a quen llo habían posto por se adicar á cria de porcos; mais, ai! da persoa que se atrevese a nomeá-lo polo alcume diante do seu naris, que non lle quedaría chisca de gana de volver a facé-lo. E a Liño, nése intre, petou-lle debuxar no chan a figura dun porco; cando xa tiña arrematado e, por indicación de Roque, estaba-lle engadindo a botada dun cagallón, aparecen pola porta o "Porqueiro", quen ao ollar o debuxo, cometeu a babiolada de se dar por aludido, pillando o neno por unha orella e ameazando-o:
—Agora mesmo borras iso do chan. se non queres que che arrinque a orella.
O neno, tremante de mêdo, respondeu tatexando:
—Ssss... sí. señor. Máis, ssss.. .solte-me a orella, que... que xa o desfa... fago!
Ao soltar-lle a orella, côs zocos dos pés esfregou os riscos do debuxo, facendo-o desaparecer.
—E se volvo a pillar-te debuxando a mesma figura diante da miña casa, non che vou arrincar unha orella, arrincarei-che as duas —indo-se para dentro.
Os outros dous nenos erguiron-se e achegáron-se ao amigo: como en atitude de solidarida-de, pousáron-lle unha man en cada hombreiro e, levando-o no meio, foron-se dali caladiños como petos.
Ao día seguinte pola maña, a parede da casa da señora Xila de Couce, pola banda do curral, apareceu cunha ringleira de pes pintados con carbón. Cando se ergueu o "Porqueiro" e ollou aquilo, virou-se doente, que se nêse intre tivera diante de si ao autor da falcatruada, pobre do seu coiro! Asaca por aquí, pescuda por ali, non logrou descobrir quen fóra; inda que o suspeitaba e sen trabucamento. Como non había probas de testemuñas, pensou e pensou ben, que seria mellor deixar morrer asín o asunto, non escarabellan-do máis nêle. Botou man dun trapo e esfregou con êle e meia ducia de pes que lixugaban a parede: despois, pasou-lle unhas brochadas de cal e, as poucas horas, a fachada da casa xa estaba limpa, locindo toda ela a mesma brancura de neve da vespera, sen que se notaran ren os riscos das devanditas letras, inicial do alcume que tanto o amolaba.
E o feito, en nengún da viciñanza deixou un mal zoño: todos seguiron risoños igual que sempre, ollando con agarimosa tenrura aqueles nenos, e contemplando pracenteiramente os seus brinquedos e axiordos, co que tornaban asallosa a imaxen do rueiro.
Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE RICARDO FLORES - Publicado o 28-09-2010 10:49
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POETAS NO DESTERRO
RSP comenta o libro "Antología de poetas españoles desterrados" con prólogo e selección do tamén dramaturgo José Ricardo Morales, que xunto a Ferrater Mora (ambolos dous exiliados en Chile) e o editor Arturo Soria e Maurico Amster fundaron en 1941 a editorial Cruz del Sur...


27 de septiembre de 1943

“POETAS EN EL DESTIERRO”


Por Ramón Suárez Picallo

Noticia de Editorial “Cruz del Sur”, en su colección “Raíz y Estrella”. “Antología de poetas españoles desterrados”, encabezada por Antonio Machado, enterrado en el destierro.

Son ellos: Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, León Felipe, José Moreno Villa, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Juan Larrea, Emilio Prados, Rafael Alberti, Luis Cernuda y Manuel Altolaguirre.

José Ricardo Morales : Hizo la selección y ordenación, un magnífico prólogo, y la noticia bio-bibliográfica de cada uno de los poetas. Es, éste, un libro bellísimo de elegante prestancia, como suelen serlo todos los de “Cruz del Sur”, el más noble y elevado empeño editorial de Chile, hecho en los últimos tiempos.

Su contenido, puede deducirse de la sola enumeración de los poetas. Si a la lista se agrega a Federico García Lorca, y a Hernández, ellos constituyen la más gloriosa floración poética que tuvo España, desde los tiempos de Lope a nuestros días, en lo que va transcurrido de este siglo. Su emoción y su significado espiritual fluye del solo título, que es, de por sí un hondo drama, considerando la fuerza tremenda que para un español, poeta además, tiene la palabra “tierra”, para entender, por antítesis, cuanto, para él, significa “destierro”.

Todos cuantos trabajaron en el libro –cuyos nombre y apellidos constan en el colofón de gratitud– lo hicieron, entendiendo y sintiendo lo que traían entre manos; degustaron la belleza de su trabajo y lograron una preciosa joya de noble artesanía. Una pieza bibliográfica, en la que, el contenido y el continente, dan de sí todo cuanto pueden dar, al unísono las manos y el pensamiento y la emoción estética.


EL PRÓLOGO

José Ricardo Morales, abre el libro, con un Prólogo hondo, grave y bello, estremecido de emoción; pocas veces la lengua castellana, rayó a mayor altura, como expresión de un pensamiento hondamente sentido, ni alcanzó mayor decoro. He aquí una muestra:

“… El árbol poético español actual –dice Morales-, de abrileña hermosura, el más lozano que desde los siglos de oro haya existido, sintió, con la guerra, desmochados y hendidos a sangre y fuego sus más espléndidos y verdecientes ramos. Su poesía, que era, como la eterna, de sangre y de fuego, ardorosa corriente, “llama de amor viva”, letra que nos salía de la sangre, conoció la sangría y la mala muerte de sus enemigos le procuraron.

“…Trágica ausencia de los enterrados la de Miguel Unamuno, Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández, dueños de su bien morir, vivos siempre en su obra, a cuyo mundo poético, el de sus creaciones, supieron llevar el otro mundo: el de la muerte, rondadora perpetua de nuestra literatura. Dura suerte también –aquí, en este otro mundo, el Nuevo Mundo, el tercero, y no en discordia, sino en humanísima concordia con nosotros– la de aquellos que están fuera de sí y de lo suyo, los exiliados; la de los que no tienen sobre qué caerse muertos, no por mengua de holgura, que les sobra, ni de hacienda, que también está de más sino por falta de su razón de vida y muerte, que es la tierra, hecha viento durable en la palabra desterrados.

“A los que se tragó la tierra, los enterrados, y a los que la lejana tierra les estraga, los desterrados, hay que juntar también, aquellos poetas que en España, quedaron heridos por la, para ellos, peor de las muertes: la del silencio. Allá estarán con la lengua viva de nuestro idioma, muerta y seca, muda su viva voz inmutable, en espera y desespera de conocerle su libre curso y aventura. Con ellos, con los que callan y no otorgan, con los que dan la callada por respuesta en vida y en muerte, está nuestro pensamiento al reunir, en este haz de la Antología, a quienes tienen el venturoso privilegio de poder echar a vuelo cuanto de hermoseamiento bueno les viene a la pluma.

Como en otros siglos, en tiempos de amargor para la Patria, a los desterrados corresponde levantar la voz con que nuestra malherida España, vuela las tornas, se dirá a sí misma, y a todos, lo mucho que deba decirse. Sólo suena el río cuando agua lleva. Escuchémoslo aquí, cantando y sonando, cantante y sonante en su limpio manantial, hablando y cantando claro en el venero puro y eterno de la lírica española, fuente honda y estremecida, que si no nace ahora de la tierra asolada de España, surge de la otra tierra que es carne viva en sus mejores hijos; tierra o carne desolada y doliente, humana y conmovida de los poetas españoles en destierro”.

¿Puede decirse algo más, y mejor dicho, en torno al tema? ¡Queda dicho todo! ¡Y cómo queda dicho!

MAÑANA DE LA CRUZ
(BALADA DE PRIMAVERA)

Dios está azul. La flauta y el tambor
Anuncian ya la cruz de primavera.
¡Vivan las rosas, las rosas del amor,
entre el verdor con sol de la pradera! JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

“Ya floreció la cruz de primavera.

¡Amor, la cruz, amor ya floreció!”

Me respondió: “¿Tú quieres que te quiera?”
¡Y la mañana de luz me traspasó!”

____________ ___________

Vámosnos, al campo por romero,
vámosnos, vámosnos,
por romero y por amor…
Vámosnos, al campo por romero,
vámosnos, vámosnos,
por romero y por amor…
_________ __________

Le pregunté: “¿Me dejas qué te quiera?”
Me respondió radiante de pasión:
“Cuando florezca la cruz de primavera,
Yo te querré con todo el corazón”.

Alegran flauta y tambor nuestra
bandera,
La mariposa está aquí con la ilusión…
¡Mi novia es la virgen de la era
y va a quererme con todo el corazón!


(Artigo publicado no xornal La Hora en Santiago de Chile o 27 de setembro de ... 1943)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (intelectuais) - Publicado o 27-09-2010 00:49
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A BATALLA DE INGLATERRA
26 de septiembre de 1943
LA BATALLA DE GRAN BRETAÑA


Por Ramón Suárez Picallo

EL Imperio Inglés, o mejor dicho, la gran Comunidad de Naciones Británicas, celebra hoy, a lo largo y a lo ancho de su inmensa vastedad, la llamada Batalla de Gran Bretaña; la batalla famosa, sin par en la Historia, como hecho representativo de la voluntad de un pueblo, y de una comunidad de pueblos, por sobrevivir con decoro y facilitar vida decorosa a otros pueblos y a otras naciones.

Al perderla, perdieron los totalitarios la esperada victoria, que parecía estarles, entonces, al alcance de la mano; y ganándola, Gran Bretaña, abrió a la esperanza de la Humanidad acongojada, la perspectiva de un camino de salvación.

Recuerde el lector: Polonia devorada en pocos días. Catástrofe en Noruega; arrasadas las naciones balcánicas; invasiones de Bélgica y Holanda, el cataclismo gigantesco de Dunkerque y la caída vertical de Francia. Todo con la rapidez y la velocidad del huracán incontenible; con tiempo, apenas suficiente, para meditar en la magnitud de lo que acababa de suceder, y cerrar los ojos ante lo que se venía.

¿Qué quedaba entonces? Inglaterra, sola, trágicamente sola, solemnemente sola, frente al mundo, envuelto en la estupefacción; y en medio de los cánticos de victoria de los que se creían triunfadores, surgió la voluntad milagrosa de luchar y de vencer, en los que parecían los vencidos.

¿Cómo? ¿Dónde? ¿Con quién? Como se pueda, en todas partes – en la tierra, en el mar, en el aire, en las playas, en los acantilados y en las encrucijadas – con “sangre, sudor y lágrimas”.

La decisión heroica, fue conjuro y sortilegio para el renacer de insospechadas energías; y fue, también, universal para que los amigos de la causa democrática, se rehicieran y pensaran que Inglaterra no podía quedar en el noble empeño. Ella no se rendiría jamás, y, por lo tanto, toda ayuda, le llegaría siempre a tiempo. Se pensó, también entonces, seriamente, en la suerte que le esperaba al resto del mundo democrático –las Américas en primer lugar– si Hitler lograba vencer a Inglaterra.

Las advertencias y admoniciones, generosas y proféticas del gran Presidente Roosevelt, acerca del inminente peligro, comenzaron a ser escuchadas, cada día con más atención, dentro y fuera de su país. ¡El Nuevo Mundo podría ser atado al carro triunfal de los dueños de Europa, cerrándose al ciclo de su soberanía, de su Independencia y de sus tradiciones democráticas! Y los ojos, los espíritus, los corazones de todas las gentes de bien se volvieron hacia Inglaterra, baluarte de la Libertad de todos los continentes del Mundo.


EL TERROR

La Batalla de Gran Bretaña fue, típicamente, la batalla del terror, arma predilecta del totalitarismo. El terror colectivo, lanzado desde el aire sobre ciudades, puertos, villas y campos, sin discernimiento de objetivos, ni distingo entre combatientes y no combatientes.

En un período de cuatro meses –del 10 de julio al 30 de octubre de 1940– el pueblo británico recibió el mayor estrago, en vidas y bienes, en dolores y angustias que hasta entonces no había soportado –en iguales o parecidas condiciones de tiempo, lugar y elementos– ningún otro pueblo.

Hemos seguido, día a día, hora a hora, aquellas terribles jornadas en la mesa de rotulación y ordenación de cables, de un diario, que recibía informaciones de cuatro agencias; habíamos seguido, antes, desde sitio igual, en otras latitudes, las de Varsovia, las de Rótterdam, las de Belgrado y otras; sabíamos, por propia y dura experiencia personal, lo que es el bombardeo aéreo, de ciudades, villas y aldeas; pero aún así, o quizá por eso, muchas noches, al dormir, después de la tarea, seguíamos oyendo las explosiones, las sirenas, las campanas de las ambulancias cargadas de heridos; veíamos el resplandor de los incendios y al fondo los nombres: Londres, Coventry, Liverpool, Bristol.

Hubo días, y semanas, en que los títulos terroríficos de un día, podían servir para varios siguientes con sólo agregar ceros a la derecha al número de víctimas y al de los aparatos de bombardeo.

Pero… “¡Siempre habrá una Inglaterra!” El terror tiene su límite en su eficacia aplanadora; aquel en que “el terror deja de aterrorizar”. Extravasado, valerosamente, aquel límite por el pueblo británico, tenía ganada la batalla. En adelante, los bombardeos, serían llamados “incidentes”, “incursiones” y “visitas” por los ingleses. Hitler y Goering, verían fracasados sus planes de invadir una Inglaterra destrozada, desmoralizada, rendida, ya desde antes de la invasión.

Todo lo que vino después, hasta el día de hoy, arrancó de aquel punto principal: la invencibilidad de Inglaterra mediante el terror aéreo. El minutero del reloj totalitario, pasó el único punto tras del cual podrían haber triunfado, para desdicha del género humano. Perdida aquella, ellos no ganarían ya ninguna otra, absolutamente ninguna otra, capaz de influir en la decisión final de la gran contienda.


HOY

Sobre las tierras, los mares, las ciudades y las cordilleras, están llenos los cielos de alas, triunfadoras. El aire todo, es señorío azul de las Democracias; rutas infinitas sin estorbos ni tropiezos. De todas las formas, nombres y tamaños, velocidades y funciones, desde el raudo caza, hasta la fortaleza de gran bombardeo, “nuestros” aviones vuelan a miles, a decenas de miles, por centenas de miles, quizá.

¿Cuántos eran los “Hurricanes” y “Spitfires” que formaron las escuadrillas de la R.F.A. entre el 10 de julio y el 30 de octubre de 1940? ¿Cuántos los héroes que los pilotearon, metiéndose, a razón de uno por cincuenta, entre las espesas formaciones de “Junkers”, “Heinkel”, “Wulf” y “Messerschmitt”? Si se conociera la cifra exacta, habría una exclamación de asombro ante su insignificancia, su temeridad y su gloriosa eficacia.

Pues bien, los que fueran, ellos han sido los precursores del actual fabuloso dominio del aire; y en la historia de esta guerra, ellos con el pueblo inglés abrieron el primer capítulo victorioso; algo así como Covadonga y Don Pelayo en la Reconquista Cristiana.

La Comunidad de las Naciones Británicas y la Comunidad de todas las otras naciones democráticas, les rinden hoy su homenaje. Lo hacen con los laureles de la victoria al alcance casi de la mano; devolviendo al ciento por uno los golpes recibidos con la seguridad de poder duplicar y aún triplicar la recompensa. Hay, por eso, motivo de regocijo; y de emocionado recuerdo para aquellas horas inciertas, aciagas y oscuras, alumbradas por el heroísmo de aquellos pocos caballeros del aire de la R.F.A. que, como quien intenta ponerle puertas al mar, atajaban, sobre el canal y sobre Inglaterra, las terroríficas bandas de la destrucción, del incendio y de la muerte; y de glorificación: de un pueblo y de sus conductores, que supieron abrirse camino por un sendero que sólo les ofrecía sangre, sudor y lágrimas; y que hoy, próximo a la meta, le ofrece a la Humanidad la esperanza de vivir con decoro, con justicia y con Libertad, discurriendo por los nuevos y claros caminos de la Paz.

¡Por eso, en la celebración de la “Batalla de Inglaterra”, somos todos partícipes, con hurras y palmas para sus héroes!
Sobre a batalla de Inglaterra
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Tal día como hoxe... - Publicado o 26-09-2010 11:08
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O ESCARMENTO, por Manuel Lugrís Freire
¿Conocede–la vila de Sada? ¿Non? Pois abofé como o sinto moito. Inda que é pequena, a xentil e bonita non lla empata ningunha outra das vilas mariñeiras de Galicia.

Abonde con decirvos que ten unha campiña feiticeira, ridente, como en ningures teredes visto; e que a vila está no final desta campiña, gardada polo Couto e máis polo alto de Oucés como unha xoia pra que non a firan os feros coriscos da crúa invernía.

Mais, preto de Sada, á man esquerda según se entra pola carretera da Cruña, hai un monte nomeado Lixandre, que sempre deu que pensar a nenos e vellos. Non se ten noticia de que se atrevera ninguén a entrar de noite naquela arboreda.

No medio do monte hai aínda un croio que non poden abrazalo dous homes, e que lle chaman a pedra das agullas. Decían noutros tempos que quen tocara a esta pedra morrería dentro dos nove días xustos, debido a un encantamento que lle deran os mouros. Pola banda do Este está a moi nomeada Quenlle, que os homes sabidos din que foi unha mina de estaño no tempo dos fenicios, pero que agora é o sitio onde se xuntan de noite as estadeas, meigas e lugrumantes pra faceren palramento. Polo menos así coidaban fai anos os viciños da vila, e non sei se pensarán o mesmo agora.

Os trasnos non tiñan feito mal algún que se soupera. O que tiraba o sono dos labradores eran os conxanados raposos que vivían a centos no monte de Lixandre. Non pasaba día sin que deixaran de facer unha das súas; e non valía que se puxeran nos galiñeiros tarabelos nin trancas; os conxanados ladrós dábanse unha maña que para si quixeran algús dos caciques que, pra acabación da nosa pacencia, siguen vivindo sobre dos nosos labregos.

Tantos raposos había, que xa coidaban que a pedra das agullas tiña a mala virtú de crialos. O señor Chocos, un vello que aínda creía na atracción da sirena e no encantamento da Covadanca, xuraba e perxuraba, que aquel maldito croio tiña a culpa de todo.

—Mala sentella del sielo lo abrase: —dicía o señor Chocos cando lle faltaba unha galiña;— ese croio vai se–la miña condenación.

Mailo caso era que os raposos aumentaban, e tiñan tal atrevimento, que xa chegaban a pasearse pola praza da vila diante das mesmas barbas do tío Andrés de Olaia, camareiro do divino San Roque, e padriño de Sanamede, a quen o carpinteiro que o fixo púxolle nas mans unha ristra de chourizos a medio encher.

Un día, Lourenzo da Chaburra un labrego que ben podemos chamar anfibio porque tamén iba á rapeta, e que lía de corrido os boletís no adro de Santa María, conferenciou coa valente e honrada Pepa a Montañesa

—Señora Pepa —díxolle Lourenzo— os raposos ladrós inzan esta terra e non nos deixan vivire.

—É certo, amigo Lourenzo, é certo. Xa fai tempo que eu me din conta deso; pero estes viciños non se xuntan para nada, toda a forza se lles vai pola boca, e os raposos andan pola vila como polo propio monte, e levan trazas de facérense donos de todo.

—¿E logo? ¿darémoslles unha batida?

—É tempo perdido; os raposos e mailos conexos cando un pensa que xa non queda ningún, volven a aparecer coma os sapos cando cai orballo polo vran.

—¿E que me aconsella que faga pra que os raposos deixen en paz as miñas galiñas?

—Atende, Lourenzo; os raposos son animales de moita sabidencia. Búlranse sempre de tódalas pantermas e trebellos que se lles poñan. Cando coidan que lles peligra o pelexo, fanse os mortos.

—Pero logo ¿que me aconsella?

—O que teño aconsellado noutras ocasiós, sin que houbera viciño que se guiara por min: ¡O escamento!

—¿E de que maneira?

—Pois verás. Vaite ó monte de Lixandre, e pon unha trampa de dentes diante da cova dun raposo. Como eles non conocen ese mecanismo, caerá polo menos un. Cóllelo despois, esfólalo ben
esfoladiño, logo pono nun espeto e crávalo dereito no curuto do monte. Os demais raposos entenderán a indireita, e fuxirán a lonxe
por medo ó escarmento.

Así se fixo. Unha mañán apareceu un raposo encravado nun espeto. Os demais deberon de entender aquela razón, e mudaron
de tobo.

A virtú da pedra das agullas foi negada despois por todos. Tocáballe quen quería, sin térenlle medo, e asta fixeron enriba dela certas
necesidades.

¡Xa sabedes de que maneira morren os vellos encantamentos, e como se fan fuxir os raposos que gustan das vosas galiñas!
Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE LUGRÍS FREIRE - Publicado o 25-09-2010 10:46
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A NAI ENREDANDO CO FILHINHO, por Ricardo Flores

Grazas a Andrés Yañez, que puxo á nosa disposición diversos materiais de Ricardo Flores (1902-2002), podemos hoxe publicar o presente texto do autor sadense afincado en Buenos Aires.


Decorriam os días da prímeira semana do agosto e com um.a sazom ajeitada dum magnifico verao, indo ja fora um par de jornadas.

Na vila branca e marinheíra de Sada dava-se encéio aos trábalos de ornamentacom pública para o celebramenfo da sua festa mayor, em memoria da patronada parroquia. Santa María, e mais da cápela de San Roque. O folguedo e os diveríimentos comegam o día quinze e arremaíam o día dezoito.

Um.a fogueira circunstancia, fazia agoirar um.a fesía de agosto este ano verdaderamente rachada, como soe dizerse, mais rachada que nunca, tal era o balbor que tanto entusiasmo ascendía no ambiente.

Era um ano de muita fartura de froitos do mar, sobretodo de sardina , peixe de mui rendoso lucro; e as rapetas, havía que ver como vinham todas as manhás cedinho, tocando a buguina como anuncio do éxito das largadas de redes ao mar e as conseguintes aladas, deitando a bordo cárregas de peixe que traguiam para vender, e que significava boa compensagom do trabalho da noite.

Com tanta amorrada de sardina que havia, a gente andava, que nom cabía dentro de si, de contentíssima que se sentía, e metida em aprestos extraordinarios, um tanto de luxo, do que outros anos nom podia sonhar.

A vida deste povo, ao igual do que a vida doutros povos da Galiza, depende da pesca; o sustento da sua comunidade, provém do que se pode exírair das augas do mar, as que suponhem as hortas dos marinheiros. E a gente marinheíra, cando o vento nom se Ihe cola polos petos, por terem-nos bem forrados , sabem-se fazer ver e luzir-se de primeira, nom cabe dúvida.

Passava de meia manhá, e das sete companhas que sairam a véspera para pescar, faltava por estar de volta a do "Periquete" pois como fóra vender o peixe á Corunha, nom pudera chegar cedo, canda as demais, que foram vender a praças de mais perto.

A mulher de um dos que faltavam nesta companha, achava-se a espreita da sua chegada, e ao enxergar a lancha e a buceta que vinham a toda vela, com ansia botou a andar co filhinho no colo, duns seis sete meses, para agardar na rampa ao seu home quem de pe na proa da lancha vinha portando nas maos um barquinho de xoguete para seu pacholinho.

E mentras as duas embarcaçons vinham aproadas cara onde a mulher estava, que justo, ali tinham que atracar, ela tratava de Ihe escorrentar o sono ao filhinho, fazendo-lhe contos e enredando com ele a fim de que cando seu pai pujesse os pes nas lajes de rampa, cabo deles, topasse o seu amantinho eos olhos abertos.


Turulú, meu pacholinho
Ti bem podes turular-e
Túa nai está contigo
E teu pai ja vém do mar-e.

Ai, la-la-ra-lá ai, la-la-ra-lá ai, la-la-ra-lá ai, la-la-ra-la-la.

Este meu pequerrechinho
É como a flor do laranjo
Os olhinhos tem azúis
O mesminho que os dum anjo

Ai, la-la-ra-lá , etc.

Nom te troco, meu meninho
Nom te troco, meu amor-e
Nem pola prata da lúa
Nem polo ouro do sol-e.

Ai, la-la-ra-lá etc.

Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE RICARDO FLORES - Publicado o 24-09-2010 10:39
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HOMENAXE A MANUEL COUZO
O pasado xoves 16 de setembro tivo lugar unha homenaxe ao fundador, ex-presidente e presidente honorario do C. E. Sada y su Contornos de Buenos Aires, Manuel Couzo Bermúdez, organizada pola A. C. Irmáns Suárez Picallo e na que participaron numerosos veciños.


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Comezou ás 20:30 h. cun acto na Casa Municipal da Xuventude, onde se presentou o nº 4 dos Cadernos de Estudos Locais, dedicado, precisamente, a Manuel Couzo e o C. E. Sada y sus Contornos e do que son autores Abel López Soto e Manuel Pérez Lorenzo.


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Abríu o acto Francisco A. Pita, presidente da A. C. Irmáns Suárez Picallo, cunhas emotivas palabras de agradecemento a Manuel Couzo pola súa dedicación ao servizo dos demais. Posteriormente, Abel López, alcade de Sada, realizou unha semblanza biográfica do homenaxeado. Manuel Pérez realizou un breve percorrido polo asociacionismo sadense na diáspora, deténdose na historia do C. E. Sada y sus Contornos. Pechou as intervencións o propio Manuel Couzo, que agradeceu a homenaxe e lembrou diferentes anécdotas, tendo un recordo especial para Ramón Suárez Picallo, ao que tratou en Buenos Aires. Púxolle broche ao acto a preestrea do documental Ramón Suárez Picallo: A última viaxe, un excelente traballo sobre a vida de Ramón.


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Posteriormente tivo lugar a cea no restaurante Miramar. Logo de dar conta do menú, e xa no momento da sobremesa, Manuel Couzo pronunciou unhas palabras cargadas de emoción, agradecendo novamente a homenaxe. Abel López tomou tamén a palabra para recoñecer a traxectoria de Couzo, sen esquecer a doutros veciños presentes na sala que tamén houberon tomar o camiño das Américas, como José Gerpe ou Jesús Castro. Lembrou tamén o difícil momento polo que están a atravesar os traballadores das Cerámicas do Castro, algúns tamén presentes.


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Para concluír, fíxoselle entrega a Manuel Couzo dunha placa conmemorativa por parte do Concello, e a A. C. Irmáns Suárez Picallo designouno Socio Honorario, entragándolle un diploma e unha figura. Foi, sen dúbida, un dos actos máis emotivos e entrañables que ten organizado a nosa asociación.


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Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 23-09-2010 09:38
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OS LIBROS, UN BO AGASALLO E MENCIÑA
É este un dos poucos “paréntesis” escriturales autorreferidos por Suárez Picallo, nos que denota certa tendencia á hipocondría… e agradece os agasallos recibidos nese tempo, que foron moitos e variados... "Pero, para un enfermo que lo está tanto del alma como del cuerpo, hay un regalo supremo, porque es, además de regalo, medicina: un bello y amable libro..." e agradece e comenta que o propio Alberto Ghiraldo lle remita o seu libro sobre Rubén Darío.


POR PICK-UP
22 de septiembre de 1943

MUCHAS GRACIAS


A la cama del Santo Hospital, a donde hemos venido a dar con nuestros huesos –y sirva esto de explicación a la ausencia de veinte y tantos días de esta “Feria” – nos han llegado regalos muy preciados. La presencia de la amistad en las horas del dolor físico y de la soledad espiritual, es el más precioso bien, del que nos fue dado disfrutar, a plenitud, a manera de compensación por los males físicos sufridos y por los que aún nos quedan por sufrir.

No podemos, como serían nuestros deseos, hablar de todos esos regalos, porque son muchos: desde la bolsa de frutas a la bandeja de dulces; desde los cigarrillos de marcas desconocidas, hasta el aceite de oliva del amigo práctico, que conoce nuestra afición a las ensaladas; desde el alegre “rechouchío ” mañanero de los gorriones, en plena luna de miel, hasta la abnegada atención de estas admirables enfermeras, médicos y practicantes –de cuyo malparado esfuerzo hemos de hablar en su día– pasando por la visita cordial y la llamada telefónica, todo ha sido, para nuestro espíritu, regalo y agasajo. ¡A todos muchas gracias y el voto de que los dioses conserven, por siempre, esta abierta generosidad que Chile infunde a la gentes que viven sobre su tierra!


LIBROS

Pero, para un enfermo que lo está tanto del alma como del cuerpo, hay un regalo supremo, porque es, además de regalo, medicina: un bello y amable libro. También de eso hubo para nosotros. ¡Y qué libros!

Josefina Sol adorable criatura española, de las tierras de Alicante, luminosas como su nombre, nos ha enviado “Un Momento en Pekín”, de Lin Yutang. Veinte maravillosas novelas, metidas dentro de una novela sola; todas envueltas en uno de los más extraordinarios capítulos de la Historia de la China contemporánea, vivido, sufrido y sentido, por las admirables criaturas, forjadas con la gracia , la ternura y todos los “dones del Espíritu Santo”, con que es favorecido el más grande escritor chino de todos los tiempos, que es Lin Yutang.

¡Jamás, aunque viviéramos cien años, olvidaremos las horas de emoción que nos proporcionó el bello libro, venido de las manos amicales de Josefina Sol!


ALBERTO GHIRALDO Y RUBÉN DARÍO

Y…. “!Miel sobre hojuelas!”, Alberto Ghiraldo, el viejo escritor y poeta argentino, inolvidable amigo, de horas también inolvidables, nos ha enviado, con cariñosa dedicatoria un ejemplar de la definitiva y primorosa edición de su “Archivo de Rubén Darío”. (Losada. Buenos Aires. Julio de 1943). La fraternal amistad y la conmovedora devoción de Ghiraldo por el Altísimo Poeta de toda la lengua castellana, nos permite conocer uno de los más vivos e interesantes aspectos de la Historia Literaria de España y de Hispano América, desde 1890 a 1916: las relaciones epistolares entre Rubén Darío y los más grandes escritores y poetas de su generación y de su idioma.

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He aquí algunos nombres. De América, entre otros, Rodó, Lugones; Ingenieros; Nervo; Chocano; Lugones; Gómez Carrillo; Fiallo; James Freire; Guillermo Valencia; Claudio de Alas; Vargas Vila y Ricardo Palma. Y de España, Unamuno; Valle Inclán; los Machado; Alomar; Martínez Sierra; Juan Ramón, Pérez de Ayala; etc. Y sin faltar –ello no podía ocurrir tratándose de Rubén Darío– los astros franceses de aquel Mediodía, Paúl Fort; Tailhade y Remy de Gourmont, entre otros. Ellos escriben a Rubén y Rubén les escribe a ellos, sobre cosas humanas y divinas –aquel valor que nace, esta crítica amarga, tal o cual reyerta literaria, y, en la zarabanda de verso y prosa,, la necesidad de dinero, el editor tacaño y la colaboración no pagada- ; todo en el tono en que el hombre y la mujer se dan en la palabra: en la carta que suele servir de base para construir la “personalidad humana” del artista. ¡Un libro –paisaje, o panorama espiritual, éste que ofrece Alberto Ghiraldo, iluminado por la amistad y el amor al Arte y a la Belleza– representativo de un período crucial en la historia de la literatura contemporánea, en nuestro idioma.


EL VIAJERO QUE ENCONTRÓ UN TESORO

Ghiraldo, poeta, periodista y orador revolucionario, novelista y autor dramático, fue, también –y volverá a serlo, Dios medinte– viajero y buscador de tesoros. En los mítines de Buenos Aires, y en las tertulias de Madrid, en Montevideo y en Santiago de Chile, en París y en Compostela, anduvo siempre en busca de tesoros para su gran espíritu. Y encontró uno en sus andanzas: Este Epistolario de, y para Rubén Darío. Estaba en Navalsauz, un pueblecillo castellano, en la Provincia de Ávila, en las tierras pardas que sabían de los pasos de Santa Teresa de Jesús; o guardaba una mano amorosa, a la vez filial y maternal; a su vera, estaba la sombra entristecida de Francisca Sánchez, la moza castellana, a quien Rubén Darío enseñara a leer y escribir, y que habría de ser, en los últimos 17 años de la vida del poeta, refugio, remanso, fuente pura y cristalina de amor abnegado y madre de supervivencia física en un hijo.

El viajero cuenta cómo llegó hasta allí una mañana gloriosa de Primavera, en busca de precioso Archivo. Y son sus palabras, maravilladas, cuando el tesoro apareció ente sus ojos; junto con los comentarios y las noticias con que encabeza y remata cada capítulo del libro, aportación valiosísima para su mayor interés y embellecimiento. Porque Alberto Ghiraldo es, sin duda alguna, el escritor que “más cosas sabe” acerca de Rubén Darío, de su vida y de su obra. Consagró a su divulgación a su estudio y a su glosa, afanes y esfuerzos, que absorbieron, horas, día; meses; y aún años; de su labor intelectual; más madura y mejor lograda.

De todo lo cual, es prueba documental, para la Historia, este hermoso volumen –que vamos a volver a leer, por tercera vez– y que une para siempre, en la crónica literaria de España y de América, los nombres de Rubén Darío y de Alberto Ghiraldo.

¡Magnífico regalo, poeta amigo! ¡Por recibir tal presente, vale la pena el estar enfermo veinte días o más aún. Entre otras razones, por el placer de sentirse “mejorar a ojos vistos”, al conjuro de la lectura de tu libro.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 22 de setembro de ... 1943)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Tal día como hoxe... - Publicado o 22-09-2010 09:34
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A CRISE DO TRABALLO
No 1934, Xohán Antón Suárez Picallo reflexionaba sobre a crise do traballo e as cifras de parados.
Hoxe estamos a vivir unha época de crise que en Sada nos toca especialmente, dada a situación pola que atravesan as Cerámicas do Castro, que pouco ten que ver coa conxuntura global e moito cunha pésima xestión por parte dos que decidiron poñerse á fronte da mesma desprazando a Isaac Díaz Pardo. Desde aquí, o noso apoio aos traballadores do Castro e a Isaac.



La crisis del trabajo


Aumenta cada día en proporciones alarmantes, la crisis de trabajo en la villa y términos municipales. A la crisis antigua, se une ahora la falta de pesca, la paralización de obras en la localidad, la huelga del ramo de la Construcción en La Coruña, donde trabajaba buen número de obreros de este Ayuntamiento, y la angustiosa situación del agro, que a los mil problemas que ya tenía se une ahora la escasa venta de su ganado. Puede asegurarse que más del 50 por 100 de los obreros, están en paro forzoso, y sus hogares carecen de lo más indispensable para ir tirando. Ante esta situación, creemos que las autoridades en unión de las demás fuerzas de la villa, deben dirigirse a los poderes públicos solicitando que se abran algunas obras donde hallen ocupación los sin trabajo, consiguiendo además que obras como el puerto de refugio y otras no menos necesarias se llevasen a cabo. Por encima de todo está el pan de cada día, y nosotros esperamos que esta indicación recogida entre muchos que carecen de él sea tomada en cuenta, para con buena voluntad y cariño darles donde ganarlo. Hay que pensar algo más que en cosas de pequeña política local, que ante problemas como el reseñado no tiene importancia alguna.


El Pueblo Gallego, 19/01/1934
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 21-09-2010 01:06
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