A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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PRESENTACIÓN DE AREAL Nº12
Como ven sendo habitual, no mes de abril presentamos un novo exemplar da revista AREAL, e desta vez xa vai o número 12. A presentación será o próximo venres, día 22 de abril, ás 20:00 h. na Casa da Cultura de Sada, e contaremos coa actuación do grupo de música e danza tradicional sadense Queiroa.
Ademais da revista, repartirase o Caderno de Estudos Locais nº19, que trata o tema das inundacións en Sada, de Rafael Carballeira Coego.
Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 20-04-2016 12:52
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14 de abril en Sada. Ofrenda floral

Este xoves, 14 de abril, ás 20 horas da tarde, coincidindo co 85 aniversario da proclamación da II República, faremos un sinxelo acto de homenaxe ás vítimas da represión franquista no monumento dedicado a elas no paseo marítimo de Sada. No acto terá lugar a habitual ofrenda floral.

Agardamos contar coa túa presenza. Un cordial saúdo,

A.C. IRMÁNS SUÁREZ PICALLO
Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 12-04-2016 20:27
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Caderno dedicado a Luisa Viqueira Landa
Onte, na inaguración da exposición HEROINAS (REPUBLICANAS) da artista sadense Marta Paz,promovida pola nosa asociación coa colaboración do Concello de Sada,e na que presentou o acto Paco Pita,Presidente da A.C. Irmáns Suárez Picallo e interviron ademáis Benito Portela.Alcalde de Sada; Marta Paz, pintora e feminista; Lola Ferreiro, doutora en Medicina, activista feminista; Manuel Rguez.Viqueira, fillo de Luisa Viqueira e Marcos Villar, concelleiro de Cultura presentouse o Caderno de Estudos Xerais nº 6 dedicado a Luisa Viqueira Landa, no que se recollen as intervencións que, con motivo da traída das súas cinzas o 18 de abril de 2015 ao cemiterio de Ouces (Bergondo), se fixeron en dito acto.
Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 09-04-2016 10:47
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JUICIOS CRÍTICOS ( Edmundo Moure opina sobre a sua obra)
JUICIOS CRÍTICOS


Cada hombre lleva en sí un mundo compuesto por todo aquello que ha visto y amado, adonde continuamente regresa, aun cuando recorra y parezca habitar un mundo extraño.
René de Chateaubriand


En 1950 ingresé al primer año de Humanidades, en el Liceo Manuel de Salas (7° Básico, hoy). Tenía nueve años, era el más chico en edad y porte. La profesora de “Castellano”(me gusta este sustantivo más que “Lenguaje”), una vieja gorda y mal encarada (tal vez cuarentona), nos encomendó la primera tarea: escribir en casa una composición, en dos hojas de cuaderno, sobre el tema “Vacaciones”. Escribí mi texto, ese fin de semana, y lo entregué el lunes. El miércoles, la maestra leyó las calificaciones, cuya relación acostumbraba a informar desde la nota más alta, e iba descendiendo en los guarismos, hasta llegar a los desafortunados… Con estupor, advertí que no decía mi nombre; fui el último en ser mencionado: -Edmundo Moure, tiene un uno... Casi me caí del asiento. Imposible, yo había hecho mi tarea con empeño y convencimiento. Cuando sonó la campana del recreo, me acerqué a la gorda, con cara interrogativa y suplicante… -Mire jovencito, acepto cualquier cosa menos la deshonestidad… -No le entiendo señorita… -Seamos claros, esta composición se la escribió algún adulto, su papá o su mamá, ¿cierto? –No –le respondí en un susurro. –La escribí yo solo. –No le creo, el lenguaje empleado no corresponde a un niño. Respiré hondo, saqué fuerzas de flaqueza, y le rogué: -Señorita, por favor, deme otro tema y yo se lo escribo aquí mismo... Me escrutó, sorprendida. –Bueno, tome esta hoja y escríbame algo sobre la primavera.
Lo hice, en no más de quince minutos, y le alargué la hoja. Mientras leía mi nueva creación, observé que la gorda maestra fruncía el entrecejo. Sonrió levemente, diciéndome: -Tiene usted talento lingüístico, debieracultivarlo si quiere llegar lejos…Suspiré, exitoso. Mi nota final se había empinado a un seis coma cinco.
Dos años después de este primer juicio crítico, organizaron en el colegio un concurso de cuentos, en dos niveles: primero y segundo ciclo de humanidades. Participé con mi relato “El capitán indómito”. Era la historia de un comandante de barco de origen irlandés, de apellido Mac Muty, y transcurría en el Mar de los Sargazos (no me acuerdo hoy de la trama, pero se desencadenaban terribles acontecimientos)…

Bueno, obtuve el primer premio, y eso me dio alas para soñar que alguna vez sería un escritor célebre y, por supuesto, adinerado, quizá propietario de un velero que atravesara los mares procelosos hasta el Cabo de Hornos… Los libros de Emilio Salgari me habían transformado en navegante cabal, e intenté construir pequeñas embarcaciones de madera, pero mis manos carecían (y carecen) de toda habilidad artesanal. Mi compañero de banco, el alemán Meyer, que construía maravillosos galeones en miniatura, con palos de fósforos y madera de balsa, criticó mis dedos, comparándolos con los de un campesino bruto: -Quizá podrías probar inscribiéndote en el curso gratuito de jardinería… Y rio de buena gana, con su risa teutona y salivosa.
Nueve años más tarde, a los dieciocho, pergeñé un puñado de poemas inspirados en las atrocidades del imperialismo yanqui en la guerra de Vietnam. Un día, tuve el coraje de entregárselos a mi padre, para que los leyera y me aportara su juicio crítico de lector contumaz. Pasaron dos o tres semanas, sin que me dijese nada. Lo abordé, preguntándole qué le habían parecido aquellos textos –para mí- de indudable interés literario. Me miró de soslayo, alargándome la carpeta que los contenía, mientras me preguntaba, con acento sardónico: -¿Has leído a Quevedo? –No mucho, papá –le respondí, algunas cosas que nos pidieron en el colegio. –Bueno, ahí en la biblioteca del salón están las obras completas. Y se volvió, ofreciéndome su espalda como telón que hubiese caído en rotundo veredicto.
Pasaron veinte años de intensas y constantes lecturas. Es posible que durante ese tiempo haya yo escrito algunas páginas que jamás di a conocer, que extravié en la prolífica biblioteca del olvido, donde yacen quizá las mejores obras de la literatura universal. En 1979 publiqué, merced al sistema de autoedición, mi primer poemario, Ciudad Crepuscular, mediante venta de suscripciones entre mis compañeros de la empresa alemana en la que trabajaba. Presenté a aquel hijo de mis palabras en el Instituto Chileno-Hispánico de Cultura, con el respaldo y apoyo intelectual de mi buen amigo, el poeta Raúl Mellado Castro, ante nutrida concurrencia.
Dos semanas más tarde, en el suplemento literario de El Mercurio, Enrique Lafourcade comentaba el nuevo libro con escaso entusiasmo, en su estilo entre perdonavidas satisfecho y crítico arrogante. Pero ese juicio me afectó menos que el de Jorge Garrido, estafeta de la empresa germana, quien me pidióque le concediera unos minutos, porque debía manifestarme algo importante.
Entramos en uno de los bares que entonces abundaban en calle Teatinos. Jorge me miró a los ojos, diciéndome: -Estoy sentido con usted, porque no me consideró en las suscripciones de su libro… -Amigo –le respondí, no quise gravarte con un gasto semejante. –Esa no es una buena razón –retrucó… Además, yo compré el libro en la presentación y le voy a decir, en su cara, que es regularcito… De los dieciocho poemas, hay tres que se salvan; el resto es prescindible, sin mayores luces poéticas. Yo que usted, lo pensaría antes de publicar otro libro de poemas.

A estas alturas de mi vida, con veintiún libros publicados –dieciséis en Chile y cinco en España- y más de un millar de crónicas aparecidas en diarios y revistas literarias, a lo que cabe agregar cuatro obras inéditas, el juicio categórico del estafeta Garrido me parece acertadísimo. De aquel libro, rescataría yo dos poemas; el resto no merece estar impreso.
Puesto ahora a ordenar mis escritos, pensando en la posteridad, incorporé todo, incluyendo los libros, en formato PDF, en una carpeta virtual, con el título “Mi Herencia”, con copia de seguridad en pendrive, por lo que pudiera suceder. Este notable patrimonio pertenece desde ya a mis hijos. Ellos, o mis nietos o biznietos sabrán hacer algo productivo con el trascendental legado…
Puede que algún joven crítico, sagaz y conocedor, de aquellos que reciben las becas Guggenheim u otras prebendas académicas por el estilo, y se van a estudiar al vilipendiado imperio del norte, descubra el valor de una obra como la mía, merecedora sin duda del más alto encomio…
El grillo que guardo en el armario, apostilla:
-¿Y de qué te va a servir el prestigio póstumo?
-Después de todo –le respondo-, puede que el Paraíso sea la biblioteca infinita que soñaba Borges. Aunque también cabe que ella fuese el mismísimo Infierno…
-Eso, ni los críticos lo saben con certeza, -sentencia el grillo, mientras canta en su rincón, como si se mofara.

&&&
Edmundo Moure
Marzo de 2016
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 01-04-2016 00:23
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