A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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EL PRIMER MILAGRO, conto de nadal de Azorín
Este conto de nadal, é un agasallo do noso colaborador e bo amigo Edmundo Moure Rojas.


Este cuento apareció como historia del mes de diciembre en el Número Almanaque para 1927 de la revista «Blanco y Negro». Posteriormente fue incluido en la obra «Blanco en azul» (editada en Madrid en 1929 por Biblioteca nueva).





EL PRIMER MILAGRO,

por Azorín (José Martínez Ruiz)

La tarde va declinando; se filtran los postreros destellos de sol por el angosto ventanuco del sótano. Todo está en silencio. Las manos del anciano van removiendo, como si fuera una blanda masa, el montón de monedas de oro, relucientes, que está sobre la mesa. El anciano tiene una larga barba entrecana; los ojos aparecen hundidos. Los últimos fulgores del sol van desapareciendo; por el tragaluz ya sólo se escurre una débil y difusa claridad. Las monedas vuelven a la recia y sólida arca. El anciano cierra la puerta con un cerrojo, con dos, con una armella, con unas barras de hierro, y luego asciende, lento, por la angosta escalerita. Ya está en la casa. La casa se levanta en un extremo del pueblo; se halla rodeada de extenso vergel, y tiene, a un lado, una accesoria para labriegos y servidumbre. El anciano camina lentamente por la casa; su índice –el de la mano derecha- pasa y repta sobre la curvada nariz. Al pasar por un corredor ha visto el viejo una puerta abierta; esta puerta ha mandado él que esté siempre cerrada. Se detiene un momento el viejo; da una voz de pronto; le enardece la cólera; acude un criado; el viejo impropera al criado, se acerca a él, le grita en su propia cara. Tiembla el pobre servidor, y prorrumpe en palabras de excusa. Y el viejecito de la barba larga prosigue su camino. De pronto se detiene otra vez; ha visto sobre un mueble unas migajas de pan. La cosa es insólita. No puede creer el anciano lo que ven sus ojos. Llegarán, por este camino, a dispersar, destruir su hacienda. Han estado aquí, sin duda, comiendo pan -pan salido, indudablemente, de la despensa-, y han dejado caer unas migajas. Y ahora su cólera es terrible. La casa se hunde a gritos; la mujer del viejo, los hijos, los criados, todos, todos, le rodean suspensos, temblorosos, mohínos, tristes. Y el viejo prosigue con sus gritos, con sus denuestos, con sus improperios, con sus injurias.
La hora de cenar ha llegado. Antes ha conversado el anciano con los cachicanes que llegan todas las noches de las heredades cercanas. Todos han de darle cuenta- cuenta menudísima, detallada- de la jornada diaria. No puede acostarse ningún día el viejo sin que sepa, concretamente, en qué se ha gastado el más pequeño dinero y qué es lo que han hecho, minuto por minuto, todos sus servidores. La relación de los labrantines se desliza entreverada por los gritos y denuestos del anciano. Y todos sienten ante él un profundo pavor.
El pastor se ha retrasado un poco esta noche. El pastor regresa de los prados próximos al pueblo, todas las noches, poco antes de sentarse a la mesa el anciano. El pastor apacienta una punta de cabras y un hatillo de carneros. Cuando llega, después de la jornada, por la noche, encierra su ganado en una corraliza del huerto y se presenta al amo para dar cuenta de la jornada del día. El anciano, un poco impaciente, se ha sentado a la mesa. Le intriga la tardanza del pastor. La cosa es verdaderamente extraña. A un criado que tarda en traerle una vianda -retraso de un minuto-, el anciano le grita desaforadamente. El criado se desconcierta; un plato cae al suelo; la mujer y los hijos del viejo se muestran despavoridos; sin duda, ante esta catástrofe –la caída de un plato-, la casa se va a venir abajo con el vociferar colérico, iracundo, tempestuoso, del viejo. Y, en efecto, media hora dura la terrible cólera del anciano. El pastor aparece en la puerta; trae cara de quien va a ser ajusticiado; en mal momento va a dar cuenta de su misión del día.
-¿Ocurre alguna novedad?- pregunta el viejo al pastor
El pastor tarda un instante en responder; con el sombrero en la mano, mira absorto, indeciso, al señor.
-Ocurrir, como ocurrir- dice al cabo-, no ocurre nada…
-Cuando tú hablas de eso modo es que ha ocurrido algo…
-Ocurrir, como ocurrir… -repite el pastor dando vueltas entre las manos al sombrero.
-¡Sois unos idiotas, mentecatos, estúpidos! ¿No sabéis hablar? ¿No tienes lengua? Habla, habla…
Y el pastor, trémulo, habla. No ocurre novedad, no ha sucedido nada durante el día. Los carneros y las cabras han pastado, como siempre, en los prados de los alrededores. Los carneros y las cabras siguen perfectamente; han pastado bien; si, han pastado como todos los días… El viejo se impacienta.
-¡Pero, idiota, acabarás de hablar! – grita colérico.
Y el pastor dice, repite, torna a repetir que no ha ocurrido nada. No ha ocurrido nada; pero en el establo que se halla a la salida del pueblo, junto a la era -establo y era propiedad del señor-, ha visto, cuando regresaba el pastor a casa, una cosa que no había visto antes. Ha visto que dentro del establo había gente.
El viejo, al escuchar esas palabras, da un salto. No puede contenerse; se levanta, se acerca al pastor y le grita:
-¿Gente en el establo? ¿El establo que está junto a la era? Pero…, pero ¿es que no se respeta ya la propiedad? ¿Es que os habéis propuesto arruinarme todos?
El establo son cuatro paredillas ruinosas; la puerta -de madera carcomida, desvencijada- puede abrirse con facilidad; una ventanita, abierta en la pared del fondo, da a la era. Ha entrado gente en el establo; se han instalado allí; pasarán allí la noche; tal vez estén viviendo allí desde hace días. Y todo esto en la propiedad, en la sagrada propiedad del viejo. Y sin pedirle a el permiso. Ahora la tormenta de cólera es tan grande, más grande, más estruendosa que antes. Sí, sí; indudablemente todos se han propuesto arruinar al pobre anciano; todos, descuidados, manirrotos, sin parar atención en la hacienda, se han propuesto que este anciano acabe en la pobreza, en la miseria. El caso de ahora es terrible; no se ha visto nunca cosa semejante; nunca ha entrado nadie en una propiedad –casa o tierra – de este viejo señor. Y el viejo señor, ante hecho tan peregrino, estupendo, decide ir él mismo a comprobar el desafuero, a remediarlo, a echar del establo a esos vagabundos.
¿Qué gente era? – le pregunta al pastor
Pues eran…, pues eran -replica titubeante el pastor- pues era un hombre y una mujer.
¿Un hombre y una mujer? Pues ahora veréis.
Y el viejo de la larga barba ha cogido su sombrero, ha empuñado el bastón y se ha puesto en camino hacia la era próxima al pueblo.
La noche es clara, límpida, diáfana; brillan –como las moneditas de oro antes– las estrellitas en el cielo. Todo está sosegado; el silencio es grato, profundo. El anciano va caminando solo, nerviosamente, vibrando de cólera. Da fuertes golpazos con el callado en el suelo. La silueta del establo ante la blancura de la era, se percibe a lo lejos, sobre el cielo de un azul oscuro. Ya va llegando el anciano a las paredillas ruinosas. La puerta está cerrada. La mano del viejo pasa y repasa por la luenga barba. No quiere el viejo penetrar de pronto por la puerta. Se detiene un momento, y luego, despacito, se va acercando a la ventanita que da a la era. Se ve dentro un vivo resplandor. El anciano va a aplicar su cara hacia la ventana. Y sus ojuelos vivarachos están cerca del angosto hueco. La mirada del anciano penetra en lo interior. Y, de repente, el viejo lanza un grito, un grito que se esfuerza, un segundo después, por reprimir. La sorpresa ha paralizado los movimientos del anciano. A la sorpresa sucede la admiración, a la admiración, la estupefacción profunda. Todo el cuerpo del anciano está clavado junto a la pared con sólida inmovilidad. La respiración del viejo es anhelosa. Jamás ha visto el viejo lo que ha visto ahora; esto que el anciano contempla no lo han contemplado, sin duda, nunca ojos humanos. No se aparta la mirada del viejo del interior del establo. Pasan los minutos, pasan las horas insensiblemente. El espectáculo es maravilloso, sorprendente. ¿Cuánto tiempo ha pasado ya? ¿Cómo medir el tiempo ante tan peregrino espectáculo? Tiene la sensación el anciano de que han pasado muchas horas, muchos días, muchos años… El tiempo no es nada al lado de esta maravilla, única en la tierra.
Regresaba lentamente, absorto, meditativo, el vino a su casa de la ciudad. Han tardado en abrirle la puerta, y él no ha dicho nada. Dentro de la casa, una criada ha dejado caer la vela cuando iba alumbrándole, y él no ha tenido ni la más leve palabra de reproche. Con la cabeza baja, reconcentrado, iba andando por los corredores como un fantasma. Su mujer, que le ha recibido en una sala, al hacer un movimiento brusco, ha derribado un mueble; han caído al suelo unas figuritas, y se han roto. El anciano no ha dicho nada. La sorpresa ha paralizado a la esposa del caballero. La sorpresa, el asombro ante la insólita mansedumbre del viejo ha sobrecogido a todos. El anciano, encerrado en un profundo mutismo, se ha sentado en un sillón. Sentado, ha dejado caer la cabeza sobre el pecho, ha estado meditando un largo rato. Le han llamado después –como se llama a un durmiente- , y él, con mansedumbre, con bondad, dócilmente cual un niño, se ha dejado llevar hasta la cama y ha consentido que le fueran desnudando. Y a la mañana siguiente, el viejo ha continuado silencioso, absorto; a unos pobres que han llamado a la puerta les ha entregado un puñado de monedas de plata. De su boca no sale ni la más leve palabra de cólera. La estupefacción es profunda en todos. De un monstruo se ha trocado en un niño el viejo señor. Su mujer, los hijos, están alarmados; no pueden imaginar tal cambio; algo grave debe de ocurrirle al viejo; durante su paseo, por la noche, a la era, al establo, algo ha debido de ocurrirle. Esta mansedumbre de ahora es acaso más terrible que las cóleras de antes; acaso pueda ser anuncio este abatimiento de algún grave mal. Todos miran, observan y examinan al anciano, en silencio, recelosos, inquietos. No se deciden a interrogarle; él se obstina en su mutismo. Y la mujer, al cabo, dulcemente, con precauciones, interroga al anciano. El coloquio es largo, prolijo; el viejo no accede a revelar su secreto. Y al cabo, tras el mucho porfiar, con dulzura, de la mujer ha puesto, para hablar, para hacer la revelación suprema, sus labios. El asombro se pinta en la cara de la esposa.
¡Tres reyes y un niño! – exclama sin poder contenerse.
Y el anciano le indica que calle, poniéndose el índice de través en la boca. Sí, sí, la mujer callará. Callará, pero pensará siempre lo que está pensando ahora. No sabe la buena señora qué es peor, si lo de antes – la cólera de antes – o esta locura, sí, locura, de ahora. ¡Tres reyes en un establo y un niño! Evidentemente; durante su paseo nocturno debió de ocurrirle algo al anciano. Poco a poco se difunde por la casa la noticia de que la mujer del anciano conoce el secreto de éste; preguntan los hijos a la madre; la madre se resiste a hablar; al cabo, pegando la boca al oído de la hija, revela el secreto del padre. Y la exclamación no se hace esperar.
- ¡Qué locura! ¡Pobre!
La servidumbre se enteran de que los hijos conocen la causa del mutismo del señor; no se atreven, por lo pronto, a interrogar a los hijos; al cabo, una sirvienta anciana, que lleva en la casa treinta años, pregunta a la hija. Y la hija, poniendo sus labios a la par del oído de la anciana, le dice unas palabras.
¡Oh, qué locura! ¡Pobre, pobre señor! – exclama la vieja.
Poco a poco la noticia se ha ido difundiendo por toda la casa. Sí; el señor está loco; padece una singular locura; todos mueven a un lado la cabeza tristemente, compasivamente, cuando hablan del anciano. ¡Tres reyes y un niño en un establo! ¡Pobre señor!
Y el viejo de la larga barba, sin impaciencias, sin irritación, sin cóleras, va viendo, en profundo sosiego, cómo pasan los días. A la mansedumbre se junta en su persona la persona la liberalidad. Da de su dinero a los pobres, a los necesitados; tiene palabras dulces para todos, exorables. Y todos en la casa, asombrados, recelosos, entristecidos –sí, entristecidos-, le miran con mirada larga y piadosa. El señor se ha vuelto loco; no puede ser de otra manera. ¡Tres reyes en un estado! La mujer, inquieta, va a buscar a un famoso doctor. Este doctor es un hombre muy sabio; conoce las propiedades de los simples, de las piedras y las plantas. Cuando ha entrado el doctor a la casa le han conducido a presencia del viejo; ha dejado éste hacer al doctor; parecía un niño, un niño dócil y débil. El doctor le ha ido examinando; le interrogaba sobre la vida, sobre sus costumbres, sobre su alimentación. El anciano sonríe con dulzura. Y cuando le ha revelado su secreto al doctor, después de un prolijo interrogatorio, el doctor ha movido la cabeza, asintiendo, como se asiente, para no desazonarlo, a los despropósitos de un loco.
-Sí, sí –decía el doctor-. Sí, sí; es posible. Sí, sí; tres reyes y un niño en un establo.
Y otra vez tornaba a mover la cabeza. Y cuando se han despedido, en el zaguán, a la mujer del anciano, que le interrogaba ansiosamente, ha dicho:
-Locura pacífica, sí; una locura pacífica. Nada de peligro; ningún cuidado. Loco, sí, pero pacífico.
Esperemos…
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 23-12-2015 01:09
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PARABÉNS A GALLAECIA FILMES
Gallaecia Filmes, o proxecto cinematográfico do I.E.S. ISAAC DÍAZ PARDO de Sada, dirixido polo profesor Xosé Seoane, está de en hora boa. O seu documental sobre fontes e lavadeiros de Sada, na realización do cal participaron alumnas e alumnos do instituto -na foto, algúns deles-, conseguiu un premio no Festival de Cine de Ourense.
Desde aquí vaian os nosos parabéns!

--> Pode lerse a nova en La Voz de Galicia

[Fonte da imaxe: La voz de Galicia]
Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 12-12-2015 19:33
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RESISTIR
Ilustración: “Las tentaciones de San Antonio Abad” Pieter Coecke van Aelst, s. XVI. Museo del Prado.


RESISTIR


Por Edmundo Moure

He aquí nuestro verbo –transitivo- de mayor recurrencia, aunque su conjugación no sea consciente: Yo resisto, tú resistes, él resiste, nosotros resistimos, vosotros resistís, ellos resisten… Es el complemento inequívoco de la voluntad de vivir, ese móvil volitivo que Schopenhauer consideró clave del universo, incluido el pretencioso bípedo pensante, con su carga inevitable de antropomorfismo: El mundo como voluntad y representación, y la voluntad expresada en el pulso unívoco de la naturaleza. Con ella, el atributo de la resistencia, junto a la representación crítica o reflexiva, son actitudes esenciales para el ser humano, si bien cuando comienza su etapa de pez prisionero en el estanque hospitalario de la madre, sólo reacciona instintivamente a los estímulos, y pareciera decir “resisto como puedo”.
Hoy se esgrimen teorías acerca de una conciencia primaria que incluye ciertos aprendizajes elementales, provocados por estímulos sensoriales que se grabarían en un incipiente registro de la memoria. (Hay poetas que pretenden escribir, inspirados en visiones intrauterinas, donde habrían sido capaces de intuir las metáforas con que articulan esa creación lírica, comunicándose con su madre y aun con otros individuos cercanos, como quien envía recurrentes whatsapps… Y no hablemos de los recuerdos de otras vidas, porque eso supera mi capacidad de imaginación y hace temblar los cimientos de mi modesta lógica terrestre).
A resistir se atribuye, como sinónimo, el verbo soportar, aunque éste, para mí, tiene una connotación más pasiva, de aguante casi resignado, como algunas relaciones, afectivas u odiosas, que se extienden en el tiempo, más allá de lo deseable, transformándose en virtuales martirios o karmas, sumiéndonos en nula voluntad de reacción...
Pero quien resiste se niega a soportar, va más allá, busca instancias de superación de lo que le afecta o constriñe, pese a que el ciclo vital le irá presentando nuevos escollos y cargas y presiones y fatigas sin cuento, porque ese parece ser el meollo de esta vida y sus interminables apremios; apenas creemos salir de uno, cuando ya nos acosa el siguiente.
A partir de la idea del libre albedrío, asociamos la resistencia con el acto loable de luchar contra las tentaciones del pecado, superándolas. Cristo resistió a Satanás, en su vigilia del desierto, cuando éste le ofrecía los bienes, propiedades y delicias del reino de este mundo, prebendas que parecen no haber resistido los políticos y paniaguados de nuestro tiempo, tan débiles de carácter cuando se trata de aceptar óbolos a cambio de votos favorables en el proceso legislativo. Célebres fueron las tentaciones que padeció San Antonio Alonso, inmortalizadas en la pintura, aunque él jamás postulara a un cargo de servicio público, ni siquiera de modesto concejal. Otras eran las convocatorias melifluas de Satanás, pues en aquel tiempo el pecado tenía rostro y formas femeninas. (Los curas aún sostienen que el atractivo abisal se transmite por el útero de la mujer; también los fundamentalistas islámicos y los musulmanes “moderados”, que en esto de culpar a la fémina, sobran propuestas e hipocresías).
Resistir tiene también connotaciones heroicas. “Madrid qué bien resiste/ Madrid qué bien resiste…”, es parte de la letra de una de las canciones emblemáticas de la Guerra Civil Española, que cantara de manera inigualable Rolando Alarcón. La resistencia francesa contra el nazismo se cubrió de gloria, haciéndonos casi olvidar la cobardía y el ultraje infligidos a la “línea Maginot”, cuyo nombre de matrona somnolienta quizá exacerbó la furia asesina de la blitzkrieg germana.
¿Y los Mapuches? Ésos sí que son paradigma de la resistencia, durante cinco siglos, arrostrando el asedio español, primero, y luego, el acoso rastrero y vil de los huincas chilenos, que no trepidan en subterfugios para acorralarlos sin piedad, sea mediante las fuerzas militares, la policía militarizada o las bandas patronales armadas de los “propietarios” de la Araucanía, con la complicidad de los gobiernos de turno, que adquieren carros blindados y armas de guerra para combatirlos, mientras hablan de “integración de los pueblos originarios” en las cenas a todo trapo de Naciones Unidas.
Yo resistí, yo resisto, amigo lector, los avatares que puedo enfrentar. Uno de ellos es la cotidiana compulsión del trabajo asalariado, en la que llevo reptando hace cincuenta y seis años, de manera ininterrumpida, sin años sabáticos ni largas vacaciones pagadas.

El resultado no ha sido, pese a la receta preconizada por el liberalismo –ideológico y social-, favorable en términos pecuniarios; por el contrario, parece que no combiné los ingredientes de manera adecuada. Donde sí falló mi resistencia (a fuer de confesiones íntimas) fue en las tentaciones de la carne –hedonísticas, como dicen los críticos literarios-, donde quedó en evidencia mi flaqueza y la debilidad de aquellas “convicciones morales” que heredé en los sobrios desayunos, hostia incluida, del credo católico-apostólico-romano.
En contraposición, mi capacidad de resistencia física ha sobrepasado mis propias expectativas, y me vanaglorio de ello, como si de una competición olímpica se tratase. Puede que sea un orgullo algo pedestre, lo asumo, recordando a mi padre, cuando alguien le preguntó: -¿Por qué son tan fuertes los gallegos? Y él respondió, con la retranca viva en sus ojos azules: -Bueno, así somos los que hemos podido resistir…
Pero también me queda la satisfacción de esta pertinacia en el amor por las palabras, eso que se define como literatura, y que para mí es un camino sin pausa y sin retorno posible, una senda como la del peregrino contumaz, cuyo premio mayor sería sucumbir en el camino bajo el último aliento, mirando por última vez las estrellas que le guían por la senda ancestral de la Vía Láctea.
Hoy almorcé, de pasada, en el Bar Ciro, luego de diligencias contables y burocráticas. Un sándwich de pierna de cerdo con palta, tomate y ají verde, acompañado de un botellín de tinto Carmen Margaux. Excelente. Lo disfruté, cambiando unas palabras con Emilio, el viejo mozo de tiempos pasados (viejo y mozo, vaya paradoja), recordando que hace cincuenta años, un 23 de diciembre de 1965, se inició aquí mi larga despedida de soltero, agasajo que aún me parece incumplido… Mientras pagaba la consumición en la caja, advertí a dos asiduos parroquianos que bebían sendas copas de colemono. Sucumbí a la tentación y pedí a Emilio una para mí. Estaba heladito, delicioso. No pude resistir la tentación.
Salí del Ciro con la culpa del retraso y el remordimiento de la dieta quebrada, pero saqué fuerzas de flaqueza y las emprendí hacia la oficina, donde continué esta crónica, antes de asentar las facturas de Compra en el libro respectivo.
Luego, resistí la tentación de seguir escribiendo. La vieja voz de la prudencia, que tenía el acento de mi abuela chilena, Fresia, me aconsejó concluir aquí esta crónica.
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 06-12-2015 18:34
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NO PASAMENTO DE XOSÉ NEIRA VILAS
XOSÉ NEIRA VILAS, BUENO, GENEROSO Y PERDURABLE


Uno de los primeros libros galegos que leímos en la casa petrucial de La Cisterna, Chile, fue Memorias dun neno labrego, cuya primera edición data de 1961, dedicado, amorosamente por su autor a “A todos os nenos e a todas as nenas que falan galego”, revelando aquella intención esencial de su larga y prolífica vida literaria: preservar y extender el uso de la lengua gallega, a partir de los niños que la maman como su primera leche vocal. Me parece hoy escuchar la voz de mi padre gallego, nacido al sur de Lugo, cuando abría las páginas de aquella breve novela, adquirida en Buenos Aires, para instruirnos de su contenido: Este libro trata dun rapaz chamado Balbino. O neno é labrego e ten unha familia moi pobre, pero esto non lle impedirá que lle sucedan moitas aventuras que plasmará nun caderno. É un neno aventurero e vergonzoso, moi pícaro e valente. Pensa moito no mundo e o reflexa nos episodios na súa vida como labrego…
Y venía luego la morosa lectura de las peripecias de Balbino, con las imprescindibles moralejas que íbamos desgranando sobre aquella mesa donde jamás hubo menos de una docena de ávidos comensales, alertas al pan y a la palabra. Era aquella una de las mejores anclas en el mar de la memoria de la tribu, que mi padre afianzaba en las amadas e inigualables palabras de su tierra natal.
A los ochenta y siete años de edad ha partido Neira Vilas, a ese paraíso ventureiro que se asemella a Galicia, como vislumbraba Alfonso Castelao, autor del otro libro señero de nuestra infancia, Os dous de sempre, que podemos muy bien hermanar con Memorias dun neno labrego, dos cuerdas sonoras para la melodía incomparable de la lengua de Rosalía.
Buena parte de su existencia, como sabemos, la vivió Xosé Neira Vilas en Cuba, como tantos gallegos, como Manuel Curros Enríquez y otros ilustres o esforzados hijos de Breogán. Siempre con el espíritu y la mirada puestos en su Galicia, vinculando, de manera persistente y fundacional, aquellos confines, lo que es propio de los gallegos de la diáspora y constituye un prurito vital que heredamos de nuestros antepasados, de esos antergos que un día se embarcaron, con su maleta de cartón y un fardel de sueños que harían fructificar hasta en las comarcas más australes del mundo, como es el caso de nuestro Chiloé, la Nueva Galicia…
Memorias dun neno labrego fue también un libro básico durante los once años que impartimos clases de Lingua e Cultura Galegas, en la Universidad de Santiago de Chile (1999-2009), y a menudo dábamos noticia de nuevos textos y crónicas de Xosé Neira Vilas, uno de nuestros preferidos, sin duda, por su enraizamiento existencial y amoroso con nuestra Iberoamérica.
Tuve el honor y el placer de compartir con Xosé Neira Vilas, en mayo de 2008, con ocasión de presentar en Sada el libro La Feria del Mundo, escolma de crónicas de Ramón Suárez Picallo, articulado por la historiadora chilena, Carmen Norambuena y este humilde cronista, editado por el Consello da Cultura Galega. Allí estuve con tres grandes de la cultura gallega, que firmaron uno de los ejemplares que conservo como un tesoro: Avelino Pousa Antelo, Isaac Díaz Pardo y Xosé Neira Vilas, los tres ahora en el Parnaso da Nosa Lingua, falando de vagar en alguna tasca del paraíso gallego...
Parabéns para Xosé Neira Vilas, bo, xeneroso e perdurábel.

Edmundo Moure
Santiago del Nuevo Extremo
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 27-11-2015 16:18
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FALECE D. XOSÉ NEIRA VILAS
Hoxe faleceu, na súa casa de Gres, o escritor Xosé Neira Vilas, autor do libro máis vendido da historia da literatura galega, Memorias dun neno labrego.

Desde a A. C. Irmáns Suárez Picallo, da que era Socio de Honra e da que recibira o pasado ano o I Premio Ramón Suárez Picallo, lamentamos esta perda ao tempo que agradecemos a D. Xosé a súa exemplar dedicación á cultura galega.

Que a terra lle sexa leve!
Morre Neira Vilas (Sermos Galiza)
Falece o escritor Xosé Neira Vilas (CRTVG)
Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 27-11-2015 12:11
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10º aniversario da SGHN de SADA
A SGHN As Mariñas (Sada) está a celebrar o 10º aniversario cunha serie de actos que se poden ver no cartaz que se inclúe. Parabéns para a Delegación sadense da SGHN, polo traballo de concienciación que está a desenrolar no coidado e protección do medio ambiente da localidade.


Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 26-11-2015 00:04
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DEVOCIÓN Y POLÍTICA
17 de noviembre de 1942

DEVOCIÓN Y POLÍTICA


Por Ramón Suárez Picallo

Días pasados, el sábado 15 del corriente mes de noviembre, hemos entrado en el viejo templo de San Francisco, donde está celebrándose el Mes de María. Iluminación y flores, y un público perteneciente a todas las clases sociales, edades y sexos daban a la amplia nave un aspecto imponente, e indicaban cómo está de arraigada en Chile la devoción Mariana. El respeto a la mujer y el culto a la madre, que caracterizaban la emoción religiosa, de raigambre española, florecían en una fervorosa y dulce letanía; hecha en honor de la Madre de las Madres: “Torre de Marfil”, “Casa de oro”, “Arca de la Fe”. “Estrella de la mañana”: “Salud de los enfermos”, “Refugio de pecadores”.

Pero de pronto, se quebró el encanto. Un predicador subió al púlpito, y con frase hueca, artificial y grandilocuente, sin emoción y sin fe, hizo derivar el magnífico espectáculo hacia la política. Su palabra, citando partidos, sistemas y regímenes, elogiando y censurando, parecía la voz de Adolfo Hitler, hablando en el Palacio de los Deportes de Berlín, ante sus huestes paganas devotas de Wotán, amparadas en el signo de una cruz, torva y ganchuda, enemiga de la Cruz del Redentor.

Roto el dulce sortilegio, una gran cantidad de fieles salió del viejo templo. Mojaron los dedos, índice y mayor, en la pila del agua bendita, trazaron sobre la frente la señal de la Cruz, doblaron la rodilla frente a la imagen de la Virgen, y dejaron la nave del viejo templo, convertida en un mítin político del partido conservador, o en la redacción de un diario reaccionario.

En la puerta, alguien susurró a nuestro oído: “Así nacieron en el mundo muchos conflictos sociales y feroces guerras civiles. Así se quebrantó la unidad nacional y espiritual de varias naciones, y así nacieron odios y rencores irreconciliables entre hermanos. Cuando éstos convirtieron la Cátedra del Espíritu Santo, en tribuna de Partidos Políticos, que siempre dieron la razón a los ricos y a los poderosos”. Volvimos los ojos hacia el Altar Mayor, cuajado de flores y de luz, y presentimos que la Madre de las Madres, dirigía una mirada de reproche al sacerdote que confundía su casa con una tribuna política.


(Texto publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de... 1942)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Relixión - Publicado o 17-11-2015 17:05
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APOIO AO CERCO. Manifestación en Santiago.

O próximo domingo día 15 ás 11:00 h. terá lugar en Compostela unha manifestación convocada pola Asociación de Armadores de Cerco de Galicia reclamando un reparto xusto de cotas. É sumamente importante que a veciñanza de Sada estea presente,e tamén doutros lugares de Galicia apoiando a un sector que resulta vital para a nosa economía.

O Concello de Sada establece un servizo de autobuses para quen queira desprazarse a Compostela. A inscrición realízase no edificio da Avda. da Mariña e hoxe venres,é o último día de prazo.
Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 13-11-2015 00:08
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APOIO AO SECTOR DO CERCO GALEGO

A Asociación Cultural "Irmáns Suárez Picallo" solidarizase co sector do Cerco Galego e suscribe a declaración institucional do Concello de Sada de apoio ao Cerco Galego e as cen familias do municipio que viven directamente do mar.
Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 08-11-2015 19:05
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A HORA CERO DE ITALIA (na Segunda Guerra Mundial)
8 de noviembre de 1942


ITALIA EN PELIGRO



Por Ramón Suárez Picallo

No es el palo de África un palo de ciego. Los ingleses que andan por allí, saben perfectamente a donde van. “A por Italia”, como diría uno de Burgos o de Coquimbo. Si el lector nos perdona la vanidad, recordaremos que al comenzar la triunfante ofensiva británica en el desierto egipcio, hemos dicho que Italia es higo maduro que espera el sacudón para caerse.

Efectivamente, la derrota de los ejércitos del Eje ha causado asombro y consternación en Italia. Setenta y cinco mil de sus soldados están a punto de caer prisioneros. Su colonia tripolitana parece ser objetivo inmediato de los ejércitos aliados. Las vías mediterráneas de comunicación le han sido cortadas. Su población civil está descontenta, por lo cual hay unidades militares alemanas en Milán y en Turín. En Croacia y en el resto de los Balcanes, mueren como moscas, a manos de los guerrilleros, los soldados italianos de ocupación. Y sobre todo eso la R.F.A. ha resuelto triturar con sus bombas la vitad ciudad de Génova, mientras las radios comentan la posibilidad de que la tan anunciada invasión europea se produzca por las costas italianas. Y a todo esto, los italianos con buen sentido, preguntándose a cada hora: ¿Por qué? ¿Para ganar qué?

Es la hora cero de Italia. El periodo de las vacas flacas. El minuto de la angustia y del pánico. Lo ve todo el mundo y todo el mundo lo sabe. Y recuerda que cuando Francia –la gran nación latina hermana y amiga de Italia– iniciaba su agonía recibió, por la espalda, una puñalada trapera, asestada alevosamente; y recuerda también todo el mundo, que Grecia, la Madre Eterna de nuestra civilización, está hoy invadida por sus antípodas espirituales, a quienes la Italia de nuestros días abrió las puertas del mundo occidental.

Hay, sin duda, una Providencia histórica al lado del destino de cada país; nada se pierde ni se escapa a los ojos de larga mirada de esa Providencia; ella sabe dar a cada cual y en su hora lo que cada cual merece.


(Artigo publicado no xornal La Hora, de Santiago de Chile, tal día como hoxe pero... de 1942)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Segunda Guerra Mundial (Italia) - Publicado o 08-11-2015 00:06
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