A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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A PAZ

O 24 de outubro de 1945 constituiuse oficialmente a Organización das Nacións Unidas (ONU). Ramón Suárez Picallo no 4º ano da súa constitución adica este artigo.


24 de octubre de 1949

PALABRAS AL VIENTO

LA PAZ


<Por Ramón Suaréz Picallo


Bajo la advocación de la Organización de las Naciones Unidas, se celebra hoy, en todos los países que la integran, el “Día de la Paz”. En Chile, país substancial y esencialmente pacifista, la parte más importante y significativa de los festejos, corre a cargo de los escolares, niños y adolescentes, que harán exhibiciones deportivas, cantarán y bailarán en homenaje a la Paz, que para ellos es y quiera Dios que lo sea siempre una realidad viva; o, como decía el gran poeta argentino, Mario Bravo:

“Cantan los niños de las escuelas;

juegan los niños en las escuelas;

¡Esta es la Paz!
Mientras tanto, los hombres ya maduros, que hemos oído hablar de la Paz, junto con las canciones de cuna de nuestras madres, y que hemos soportado ya las consecuencias de dos tremendas guerras mundiales y de alguna que otra feroz guerra civil doméstica, hemos agotado ya la facultad de creer en la existencia real y positiva de la imponderable Bienaventuranza, proclamada en el Gloria in Excelsis…

Mas, esta angustia por falta de fe en la Paz, que entristece los últimos años de los hombres de nuestra generación, liberal, democrática y humanística, formada en los principios que creíamos inmortales de la Revolución Francesa, ampliados con las ideas generosas del socialismo -¡utópico y delicioso socialismo!– de los Tomás Moro, de los Iglesias, los Jaurés, los Briand, los Vandervelde, los Besteiro y los de los Ríos, no debe ser causa bastante para perturbar las esperanzas y las ilusiones de la juventud en una paz futura, por la que hoy, cantan y bailan los que vienen tras de nosotros, ¡ojalá que para enmendarnos la plana!

¡No! La primera condición para amar y servir a la paz, es olvidar agravios, injusticias y amarguras para que ella venga a nuestros corazones y a nuestros espíritus y pueda trocar las chozas en paraísos; apartar el rencor de nuestras almas, levantándola en vilo, para que, los malos recuerdos pasen por debajo sin tocarlas y la otra condición es ser de los que se van, sabiendo estar con los que vienen, para que éstos logren los bienes y dones de que nosotros –los hombres de mi generación– fuimos privados, quien sabe si en penitencia de terribles errores y de imperdonables pecados. Quizá -¡quién lo sabe!- por haber querido, amado y servido a las ideas de una paz vacía de contenido, en vez de enrolarnos derechamente, en la guerra, cuando la guerra estaba cargada de razones de justicia. Cuando, en fin, la guerra debía haberse hecho, precisamente, contra los enemigos permanentes y jurados de la paz del mundo.

¿Un sermón? De ninguna manera. Estas palabras, lanzadas al viento para que el viento se las lleve, quieren ser otra cosa: un voto todavía esperanzado, una oración, un deseo, a favor de la paz verdadera; de la paz de todos y de la paz para todos los hombres de buena y de mala voluntad. Para que los niños que aún están en las cunas, duerman y sueñen con mansos elefantes blancos, cruzando en paz, caminos de leyenda; para que los mozos vean logrados sus ensueños de largos viajes por el aire, la mar y la tierra, en busca de remotas metas ideales; para que los labradores de todas las campiñas puedan arar cantando las tierras de panllevar, y festejar con palmas, laureles y olivos, las opimas cosechas; para que en las fábricas y en los talleres, nadie se sienta esclavo de nadie, y una esperanza de superación humana, ilumine las rudas jornadas; para que los navegantes de todos los mares naveguen por rutas francas, en el noble trueque y transporte de hombres, ideas y mercancía.

No por la paz, monótona, silenciosa y fría y de los camposantos, impuesta por los gendarmes; sino que por una paz viva, con voz y voto, amparada en la Ley y en el Derecho; por una paz surgida de lo íntimo de las almas, con libertad para creer y expresar en voz alta la creencia, sin miedos ni temores físicos, ni espirituales; una paz con tolerancia , con convivencia y con estilo para saber llevarse y conllevarse, en buena vecindad y en buena armonía, buscando en el prójimo ls virtudes y prescindiendo de los defectos que de todo hay, y todo se encuentra, cuando se busca con afán y buena voluntad. Por una paz civil y civilizada, entre los hombres, entre los pueblos y entre los Estados.
Por todos estos inestimables bienes que deben ser base, cimiento, alma y cuerpo de la paz universal, elevamos hoy nuestra voz al viento, a modo de oración y de elegía, los hombres que no tuvimos paz; mientras las voces juveniles que tapan nuestra voz, entonan canciones de fe y de esperanza, afirmando su derecho a tenerla, a vivir en ella, con ella y para ella.

¡Que su cántico, cargado de porvenir esperanzado, sea oído y atendido a todo lo largo, lo ancho y lo profundo de la tierra! Tal es nuestro voto ferviente en este Día de la Paz.


(Publicado no xornal La Hora de Santiago de Chile o 24 de outubro... de 1949)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Tal día como hoxe... - Publicado o 24-10-2009 15:52
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Carta de R. Suárez Picallo a E. Blanco-Amor
CALIMA DO OESTE
PRESENTE, MEU CAPITÁN


Aquí, nun recuncho da Costa “do outro mar”, mariñeiro sin plaza, escoito, agora mesmo, a tua chamada, Capitán Blanco-Amor. Aínda que os novos ou vellos señoritos “spromen” non-o seipan, eu sigo ataleándo, no asexo e no amanexo, adicado a recoller señales no dia e na noite. As señales vellas, de Sada, de Beloy, de Morazón e de Carnoedo. ¡Ou Carnoedo, loiro e nadador, encolgado n’unha inxente ribeira, simbolizado n’un ergueito pino, lanzal e fidalgo, enriba de cirro, con Curbeiroa, Gadarío, Riobao e Taibó!

Fáltan-nos mariñeiros, Capitán Blanco-Amor. O noso Antón –¡meu irmán Antón!- morreu aquela noite de Agosto, crucificado de balas, no baldío da Areosa. Eduardo, aquel mariñeiro aldeano, loito, con traza de Lord inglés, tamén morreu. ¡Nunca mais empuñará o timón, camiño dos Caneiros de Betanzos! I-a velliña que nos facía o caldo, i-o vello zoqueiro, de irtos bigotes, en cuias mans, comían os cuxos as espigas do millo leitoso, morreron tamén. ¡Todo aquelo, e aquel Ourense teu, que criaba percebes nos troncos dos loureiros, fóronse para sempre, meu amigo e Capitán!

Por eso tí, devoto e leal á nosa vella dora mariñeira que se chama “Galicia”, que tuvemos que tripular un día, n’un porto de tránsito, con Alonso Ríos, con Chuco Regueira, c’o Mosqueira, con Cao Turnes, c’o vello Campos Couceiro, voltas a navegar n’ela cara a novos hourizontes, que sustituian aos vellos, sentado na chopeta de popa, mandando dar couce i-asimán, desplegando e recollento risos, facendo no comando a sexta guardia. ¡Resérvame un turno Capitán! Porque lle conservo moita lei á nosa vella dorna! Zecais non poida ser como tripulante efeitivo, escrito no sol; porque estou moi vello e mui escarraneado; pero podo aínda facer de Turnán; Zecais non seipa moito das cencias novas da navegación, que os mariñeiros de oficina que nunca viron o mar nomean oceanografía, astronomía ou telemetría; pero adeprendín con Mangúa, a clavar o ouvido no Caurel, e polo renxido do mar na escuridade da brétema, saber se estamos en riba de baixío ou en pleno mar aberto; e non esquecín, que cando as “Tres Marías” están tirando a Coitelada, e o “Carro” cae perpendicular sobor do Corno de Lourido, son, xustamente, as doce da noite.

Párceme que con non ter esquecido estas vellas cousas de mar, teño dereito a un turno na túa sexta guardia; se non podo embarcar, confórmome con ser fareiro dende esta outra Costa, pra mandarlle, de cando en cando, un refacho lumioso á nosa vella barca.

¡Canto quixera eu -¡Santo Deus!- empuñar un remo a tua veira, capitán! Contaríamos vellos contos ao conxuro da ardentía do mar, e poidera ser que ainda renovásemos vellas ilusións, en col da Liberdade i-encol da Pátria. Poida que as ilusións non se cumplisen, pero, pol-o menos, elas serían plegaria da nosa agonía, a veira mesma dos camiños que levan aos dominios do Além. ¡Ben sei que non pode ser! ¡Non me coñecen os novos tripulantes da nosa vella barca! E resígnome a vel-a desde lonxe. A súa velámen -¡Créemo, Capitán!- é a única estrela, que alumea a tépeda e tebrosa noite da miña absoluta soledade espiritual. Repito: Da noite sin luz, da miña total, absoluta e irremediabel soledade. ¡D’esta desamparada soledade, que condena a vivir conmigo solo i-a morrer n’un deserto soo conmigo!

De ahí, meu vello amigo, a eistremecida emoción, que me sobrecolleu de cabeza,a cozarón e a pés, cando, desde o meu faro solitario no recuncho d’unha Costa do mundo, escoitei nomearme, facendo reconto dos vellos tripulantes. Pois ben; escoita a miña resposta:

-“Presente, meu Capitán”.-

Navegues como queiras, poñas proa a Norte ou a Sur, ao Leste ou a Oeste, a calquera dos puntos da Rosa de todol-os ventos, eu, que te coñezo, sei de antemán que sempre irás a dar a Porto libre e salvo, coa nosa vella dorna, que se chama Galicia e Libertade.

Onte, hoxe, mañán, despois e sempre, para facer esa travesía, con calma chicha ou con duro leste, polo asexo ou pol-o amanexo, -non o esquezas- sempre contas conmigo, meu vello Capitán.

Porque, como decía o canto: ¡Para mariñeiros, nós! ¡Aínda que os “spromen” de agora nos teñan esquecidos, por mor da sua inxente sabidencia, encol da oceanografía, da astronomía e da telemetría! ¡Unhas ceicias grandes e maravillosas, que lles serviron para afundir a barca en que navegaban.-

Gracias a Deus, que a nosa, por virtude da sabidencia, menos trancendental do Mangúa, aínda sigue mavegándo, desposta a capear novos temporales.

-Ei, lancha!

¡Vai, lancha!-

Ramón Suárez Picallo

Sant-Iago de Chile freveiro do 1943.
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Correspondencia con Blanco Amor - Publicado o 20-10-2009 07:54
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HISTÓRICO. DE NUESTRAS COSTAS, por Manuel L. Freire-Calvelo
Manuel L. Freire Calvelo, nado en Sada no 1902 e practicante de oficio, foi como xornalista, un incansable defensor de causas xustas para o seu pobo(o porto de refuxio, a ponte do Pedrido...) e un verdadeiro propagandista das Mariñas.
Na revista sadense MARIÑANA publicou en 1925 este texto e moitos maís artigos.
O relato que se conta, recolle realmente un suceso acontecido tres anos antes. A traíña "Palmita",de Sada, naufragou en augas de Cedeira en decembro de 1922.



DE NUESTRAS COSTAS


Era una época de miseria. La siega del año precedente faltó, el invierno era más riguroso que de ordinario.

Se despidió de Sada con una tramontana fría y tempestuosa y una lluvia incesante, tenaz, que convirtió el poblado en lodazal inmenso; voló después el viento hacia el gregal y fué recorriendo el cuadrante, desencadenando violentes ponentadas y mestrales de los duros.

Durante el día los pescadores, con las manos en los bolsillos, el cuello al aire y la gorra hasta las orejas, iban y venían de sus casas a la de la “Trenla” –su taberna predilecta– y de la “Trenla” a sus casas. Bajaban poco a la ribera, a dar un vistazo al bote, un refuerzo a las amarras... y nada: aquello llevaba camino de no acabar en un mes.

–Queréis saber vosotros cuál fué uno de los apuros más terribles en que jamás me he visto? –preguntaba un fornido marinero, mirando a todos los que le rodeaban en la taberna–. Pues bien –añadió– voy a decíroslo y si hay entre vosotros alguno que pueda jactarse de haber corrido un peligro análogo, me comprometeré a oírlo sin chistar y a pagarle un “pucheiro” de caña.

–Lo que voy a contaros sucedió siendo yo marinero de la buceta de pesca “Palmita”, cuya tripulación la componían cinco hombres y un rapaz de 13 años.

El vendaval barría los nubarrones y dejaba el cielo limpio y despejado; pero el mar continuaba tan encrespado y rugiente. Salimos una mañana muy temprano, hasta la altura del cabo Prior, donde encontramos al falucho de Periquete. Hasta nosotros llegaba el formidable rugir del oleaje al romper en los peñascos de la costa; la marejada tenía un movimiento desigual, que se oía junto con el temeroso mugir de aquel vendaval que llevaba en sus alas voces dispersas de gentes que hablaban desde el cercano pueblecito pesquero, al aullido de los perros y alguna que otra campanada de la solitaria iglesia.

Pescábamos al palangre, a una milla de la costa de Ortegal y frente a la punta Agudela y peña Fouciña, y los cogió lo más fuerte del temporal. Cuando quisimos escapar ya no había tiempo: luchamos más de dos horas, y yo, cada vez que una ola reventaba encima de nosotros, ni siquiera me agachaba. Más ligero y mejor nadador que el resto de mis compañeros y porque Dios lo quiso pude agarrarme como una lapa a la quilla del bote; el patrón se quedó debajo y tuve que hacer un esfuerzo para desengancharlo y quitarlo a flote sobre la quilla. Idéntica operación tuve que realizar con el rapaz; así permanecimos dos horas, que nos parecieron siglos, pues es difícil de contaros la lucha que sostuvimos con las indómitas olas. Las doce de la noche eran cuando salía la luna. Aconsejé a mis compañeros que hiciesen un esfuerzo para aferrarnos a una gran peña cercana a nosotros, mientras yo conseguía, a nado, llegar a tierra, sin dejar antes de animarlos, diciéndoles que intentaría la salvación de ellos.

Más de 1.500 metros tuve que nadar hasta el pie del monte Candeira, combatiendo los calambres y el peligro de estrellarme en aquel sinnúmero de acantilados peñascos.

–Qué manera de nadar! Y estaría aquello... –dijo un oyente.

–Como un infierno. Como toda la costa. Pero había que subir a Candeira; sube que sube por aquella altura cortada a pico. He visto la cara de la muerte porque llevaba la misión de salvar a mis compañeros, que ya pedían a gritos socorro y tenía que mirar donde ponía los pies y las uñas... Total, que he estado suspendido un buen rato sobre... el infierno... Por último, al llegar arriba, me sangraban los dedos de los pies y varias partes del cuerpo y saqué un vestuario de sangre empapado en tierra.

–Cojeando, camina que caminarás, saltando cercas y pisando tojos, había recorrido media legua. La noche era clara, el viento fresco y el lejano mar había calmado su furor. A pesar de todo, mi ansiedad iba en aumento. La situación crítica de mis compañeros me angustiaba. Unos carreteros que acertaron a pasar me tomaron por loco, y gracias al estado de desesperación en que estaba consintieron en oírme, después de lo cual me proporcionaron una capa de paja con que cubrir mis desnudeces. Me indicaron un poblado de media docena de pescadores y corrí en aquella dirección.

Llegué. Desde las cumbres del monte los carreteros que me habían auxiliado encendían haces de tojos para indicarnos el sitio en que estaban los infelices hijos del mar.

La situación de éstos era angustiosa. Agarrados a la peña en que los había dejado, daban desgarradores gritos pidiendo auxilio:

“¡Virgen Santísima del Carmen, sálvame!... ¡Adiós mis padres, mis hermanos, mi pueblo, mi aldea querida!...”

–Con esto concluye mi cuento; después de dos días, y por tierra, regresamos a la villa de Sada, donde alguien intentó, sin resultado, pedir para mi, al Gobierno, una cruz de... no me acuerdo qué cruz era. Yo ya tenía bastante con la del naufragio...

Y el narrador dirigió una mirada a su auditorio, y al apurar su “pucheiro” de caña se puso a recitar:

Busquemos las espigas
que brillan como el oro
y al soplo de la brisa
se agitan como el mar.
Guardemos esos granos,
que son nuestro tesoro,
mientras el sol de Julio
nos tuesta sin cesar.



Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE FREIRE CALVELO - Publicado o 19-10-2009 09:52
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Discurso de Ramón Suárez Picallo nas Cortes da República celebradas en México no 1945
Discusión sobre a designación dunha “comisión especial para dictaminar sobre el estatuto autonómico de la región gallega”

El señor SUAREZ PICALLO: Señores Diputados, cuando salí de Santiago de Chile para asistir a estas sesiones de las Cortes, me acompañaban las mismas tres ilusiones que me acompañaron cuando, al proclamarse la República, salí de Buenos Aires para servirla, después de residir en America durante veinte anos. Estas tres ilusiones eran: contribuir al afincamiento de la República democrática española; crear para ella una vida de convivencia democrática y de armonía entre todas las partes que la integraban, y lograr para mi país gallego, para Galicia, una autonomía política que le permita dirigir, ordenar y encauzar aquellas peculiaridades que la hacen, no hostil a ningún otro pueblo de España, sino diferente en aquellas condiciones que definen una comunidad humana. Traje de Santiago de Chile esas ilusiones, después de muchas amarguras, como las han sufrido también SS. SS., y yo no deseo, señores de la minoría socialista, irme con una desilusión, la desilusión de que un grupo político, con el que siempre he mantenido cordiales y fraternales relaciones, pudiera impedir dar un paso más en la realización de la esperanza y de la ilusión autonómica de Galicia.

Con el respeto que me merecen todos los grupos parlamentarios y con toda la gratitud que sabemos tributar los gallegos, les estamos agradecidos a aquellos que han designado ya representantes para la Comisión que dictamine nuestro Estatuto; y además, yo deseo decirles a los señores Diputados socialistas, hablándoles a su corazón y a su buen sentido político, que faciliten este paso, que es para nosotros una de las armas psicológicas mas importantes para la reconquista de la Republica en nuestra tierra que vamos a ofrecerles a los hombres que están trabajando dentro de Galicia y a los millones de compatriotas nuestros que trabajan por ella en Nueva York y en Buenos Aires, en Cuba y en Santiago de Chile, que no han perdido aun la ilusión de la Republica y de la autonomía de Galicia.

Yo quiero recoger, naturalmente, algunas de las razones que don Indalecio Prieto adujo para considerar innecesaria la Comisión de Estatutos. Decía el señor Prieto, en primer lugar, que se carece de la documentación auténtica referente al Estatuto. Efectivamente, así es. El señor Prieto, por lo demás, se acogía al testimonio de cualquier señor Diputado. Hay muchos aquí que saben de ello; pero hay alguien más: el actual señor Presidente de la Republica recibió el Estatuto de Galicia, el día 15 de julio de 1936, de manos de Ángel Casal, alcalde de la ciudad de Santiago de Compostela, rodeado de todos los alcaldes de las villas gallegas, rodeado de todos los Diputados gallegos y de los presidentes de las cuatro Diputaciones Provinciales. Y esa Comisión, con Ángel Casal a la cabeza, está debajo de la tierra, acusados y ejecutados sus componentes tanto por ser hombres de izquierda como por ser autonomistas, porque para Franco este es también un delito horrendo. (Aplausos.) La documentación autentica -hemos hablado respecto a eso con quienes la recibieron- no esta aquí; pero para eso se designa una Comisión de Estatutos, entre los trabajos de la cual figura, naturalmente, el de procurar reunir toda la documentación apropiada que pueda obtener para formular su dictamen.

Nosotros no entramos hoy a anticipar poco ni mucho del contenido del Estatuto en sí. Si se discute en las Cortes, lo hemos de defender; pero lo que sí nos importa mucho es salvar este principio fundamental -el derecho bien ganado de Galicia a su autonomía-, que a mí, como a otros compañeros, me trajo desde Chile hasta México y nos trae por el mundo adelante, porque es la última manifestación de soberanía democrática de nuestro pueblo. Estamos obligados a defender y salvaguardar esa última expresión de la voluntad popular de Galicia en su plebiscito autonómico de 28 de junio de 1936. Esta manifestación de soberanía tiene absoluta validez para nosotros, porque si este Estatuto, plebiscitado después de ser elegidos todos nosotros, no tuviera validez, tampoco tendría valor la manifestación de voluntad que nos consagró a nosotros como representantes de la República.

Dentro de Galicia -quiero insistir en ello- se está trabajando devotamente, fervorosamente, ardorosamente, de consuno, en armonía con todos los demás pueblos españoles y de común acuerdo todos los sectores políticos. Al lado de los hombres del partido al cual pertenezco, están, afortunadamente, respetados como se merecen, hombres socialistas de altísima estimación y hombres de todos los otros grupos que han traído, sostenido y defendido la Republica.
Nosotros no entramos en el problema reglamentario, problema que ha dilucidado perfectamente, a mi juicio, el señor Jáuregui; problema que, por lo demás, no ha de escapar a la alta sabiduría jurídica del señor Presidente de las Cortes. Por otra parte, nos parece bien y magnifico que el señor Presidente llamase a debate, a este breve debate, seguramente brevísimo, acerca de la necesidad de crear la Comisión de Estatutos, a todos los grupos de la Cámara, porque en su aprobación o no aprobación, entiéndase bien, nos veremos obligados a estimar que aquellos que no aportan las arenas para una conquista, es que no desean la conquista en sí. Y para Galicia, el Estatuto es una gran conquista republicana.

Yo se bien que los socialistas, que trabajaron con nosotros, que hemos formado con ellos parte del Frente popular, que compartieron con nosotros todos los trabajos del plebiscito, en una campaña de propaganda como nunca se había hecho en Galicia, examinando cuestiones, tratando de no dañar ningún interés legítimo de Galicia ni de fuera de Galicia; nosotros sabemos que los señores Diputados socialistas no han de renegar de aquellos principios que nos hicieron ir como peregrinos a todo lo largo de Galicia tras una ilusión que queríamos fuese una realidad democrática. Yo me permito suplicar a los señores Diputados socialistas que no nos nieguen la herramienta para algo que ellos consideran lícito, y esta herramienta es, hoy por hoy, la creación de la Comisión de Estatutos, que debe estar formada por representantes de todas las minorías, de todas. Nosotros no hemos venido a estas sesiones a originar discusiones inútiles; hemos venido a colaborar con todos, del mismo modo que pedimos a todos que colaboren con nosotros. (El señor LONGUEIRA: Discrepo de las afirmaciones de su señoría.) Muy bien, señor Longueira. Para eso puede S. S. pedir la palabra. Eso es lo correcto. Nosotros, cuando hablamos, sabemos lo que decimos. Yo soy y me siento absolutamente Diputado gallego, al igual que su señoría. (El señor LONGUEIRA: No lo he negado.) Su señoría podría protestar si yo asumiera aquí la parte alícuota de la representación, que no deseo asumir, de su señoría. (El señor LONGUEIRA: Pues la han asumido el señor Castelao y su señoría.) Yo asumo la representación de los ciudadanos gallegos que me votaron, aunque se trate de aquellos que, a lo mejor, han perdido la idea de lo que era esta representación. Por otra parte, el señor Longueira me conoce y sabe que soy incapaz de conducirme ni en forma extemporánea ni de modo agresivo para nadie, ni de asumir representación que legítimamente no me corresponda.

Y continuo, señores Diputados, con unas brevísimas consideraciones que esta vez no van dirigidas solamente al sentido político, sino al sentimiento de los señores Diputados socialistas. Recuerdo que, con Jaime Quintanilla, el ilustre doctor socialista de El Ferrol, alcalde de la Villa, recorrimos toda la tierra de Galicia, afirmando el ilustre escritor, nuestro inolvidable coterráneo, que cuanto tiempo se tardase en aprobar el Estatuto gallego era tiempo que la República perdía en Galicia para consolidarse. Recuerdo a Bilbatúa y a Seoane, diputados que yacen bajo la tierra sagrada de Galicia, muertos por la doble causa autonomista y socialista. Están enterrados esos compañeros al lado de otros de todos los grupos y organizaciones, juntos con mi hermano de carne y de sangre, lo que, por ser hermano mío y morir con los otros por la misma causa, hace que todos sean mis hermanos. Y cuando hablo de mi país gallego, le doy al posesivo esta significación de una hermandad, de una fraternidad de muertos y de vivos que en 1936, el veintiocho de junio, expresaron la voluntad popular de Galicia al votar afirmativamente el Estatuto gallego.

Esperamos que este Parlamento confirme el mandato de aquella voluntad. Ruego, pido, suplico a la minoría socialista que nos ofrezca sus representantes en la Comisión de Estatutos, en la seguridad de que dará a los gallegos, a los núcleos republicanos gallegos que actúan en tierra gallega y a lo ancho y a lo largo de todo el mundo, un arma muy importante para reconquistar, no solamente la libertad y la autodeterminación política de Galicia, sino que también la República Española. (Aplausos.)



Cidade de México – 9 de novembro de 1945

(Libros de sesións celebradas en México das Cortes da República Española, nº 71, p. 7-25).
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GALICIA. SU DIALECTO - Poema de José María Montes Rouco (Osedo, Sada, 1822-1892)
Dedicada al ilustre vate gallego Sr. D. Francisco María de la Iglesia, con motivo del estreno del drama “A fonte do Xuramento”, verificado en el Liceo Brigantino.



Trovador, con dulce canto
Conmovistes esta tierra
Y aplacaste su quebranto
Cuando siempre, siempre encierra
Desventura y triste llanto.

Hoy la excelsa poesía
Y la mágica armonía,
La dieron sus bellas flores,
¡Serán acaso, ironía
De sus acerbos dolores!

No; Galicia, que su frente
La fiesta y los regocijos
Marcaron huella fulgente
Y hoy se entusiasma tu mente
Con la gloria de tus hijos.

Que supieron en sonrisa
Convertir tu eterno lloro
Y con tu acento sonoro
Te dieron vida, cual brisa
Da á las flores un tesoro.

Ese ha sido el noble acento
De tus huestes montañesas
Que en el combate sangriento
Lograron el escarmiento
De las águilas francesas.

Que también han hecho un día
En más remotas edades
Temblar a la tiranía
Que insensata se oponía
A tus libres Hermandades.

Si representa la historia
De mil renombrados hechos,
Si interpreta inmensa gloria
¿Cómo los galaicos pechos
Desdeñaron su memoria?

En regios labios impera
En nuestra pasada era,
Y más que en labios de reyes
Brilla tu habla lisonjera
En nuestras vetustas leyes.

Con ella fama alcanzaron
Nuestros ínclitos mayores,
Con ella su fe juraron
Cuando de estraños señores
Esta tierra rescataron.

Tierra de escasa fortuna!
Tierra de inmenso valor!
Tierra de preclara cuna!
Tierra esclava del dolor!
Tierra libre cual ninguna!

Gallegos! En nuestra vida
No tuvimos nunca mengua,
Que es su honra sin medida...
Tenemos la frente erguida...
Y ¡olvidamos nuestra lengua!


(El Eco de Galicia, La Habana, 15/10/1882).
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 18-10-2009 13:12
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A OBRA DOS IMPERIALISMOS ASOBALLADORES - Xohán Antón Suárez Picallo
N-ista hora en que todol-os anceios debesen camiñar cara o Progreso e a Libertade do home, sobor da vella Europa, volven a soar, coma fai 21 anos, os cañóns destructoes que deixan tras d-eles, door, miseria e odio. A Italia ou mellor dito Mussolini, acendeu a fogueira que cecais se extenda da milenaria Abisini, a toda Europa e logo ao resto do mundo. Todo por un cacho de terra máis para o vulgo. Por un desexo imperialista de impoñerse pol-a forza para nós. Porque terra sobra cando se travalla ben, i-en todo caso cando non chega, pol-a razón pídese máis, alí onde hai tanta virxen agardando que o brazo do home a faga producir a cotío. Mais nada d-esto é a causa. A causa é o orgulo da forza, cando ésta, non está frenada pola razón. Esa forza que apricada a defensa d-unha causa xusta poidese ser disculpabel.

Que os patrioteiros canten agora himnos aos pobos grandes en quilómetros e baionetas. Ahí teñen a mostra dos ventos que traen agora, e os que traerán logo. Porque a guerra non só, con ser d-abondo xá, é a loita no campo de bat6alla. A guerra, son os orfos, os inútiles, e os centos de miles de mortos que caen na loita. A guerra é a crisis que trae como consecuencia do despilfarro que se fai no tempo que dura. A guerra será tamén as comocións sociaes, políticas i-económicas que irremisiblemente, han producirse como resultado d-ela, e que os patrioteiros achacan sempre a marxistas, antipatriotas, etc., etc. Para eles un <> ten sempre razón, aínda que éste sexa como Mussolini. E un pobo non é grande, aínda que sexa berce de sabios, e disfroite d-un outo nivel de vida, se non ten moitos barcos de guerra, soldados e cañóns, ademais d-un <>. Checoeslovaquia, Suiza, Suecia, Holanda, Dinamarca e outras nacións pequenas en eistensión, para eles non valen rén. Pol-o visto n-unha Patria moi longa estase mellor pasando fame, que n-unha pequena comendo e vivindo relativamente ben. Claro que os feitos encarréganse de amostrarlles todol-os días a falla de senso dos seus argumentos; eles, porque nós, estamos de volta do que buscan coas súas teorías. Para nós un dictador, un imperio e moitos cañóns, camiñan sempre ao mesmo: opresión e guerra. E por eso estaremos sempre contra eles, non por esprito de contradición, senón por lei natural, de que o home non pode ser nemigo do home, serán o irmán e o amigo e proteitor. Que temos razón, vémolo todos os días, e agora n-ista hora de anguria en que se quebran as máis fondas espranzas de paz entre os homes máis que nunca. Por elo con máis afinco, seguiremos o noso camiño federalista, humán, frente aos imperialismos asoballadores que levan detrás d-eles a guerra, o odio entre uns e outros, e a máis desesperante miseria enxendradora das loitas fraticidas na humanidade.


Sada, Outono 1935.

(A Nosa Terra, 05/10/1935)
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 18-10-2009 13:01
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Xohán Antón Suárez Picallo
Nacido en Veloi (Sada) no 1907, protagonizou numerosas iniciativas no campo político, sindical e cultural dentro da súa vila e da comarca mariñá.
A primeira noticia que temos sobre el, deixóunola o seu irmán no 1926, cando integraba a agrupación nacionalista Mareiras, de Sada. Durante a II República actuaría coma vicepresidente do grupo local do PG, conselleiro comarcal do PG e membro do Consello Nacional do partido (1935-1936), presidente do Ateneo de Cultura Política y Social de Sada (1935), secretario xeral da Alianza de Esquerdas-Fronte Popular de Sada (1935-36), delegado na comarca das Misións Biolóxicas, colaborador do Seminario de Estudos Galegos, correpondente e articulista en A Nosa Terra, El Pueblo Gallego, Ser e Eco de Galicia, directivo da Sociedad Cultural Artística (1934), etc.
Ante a sublevación militar, participou na defensa de Sada, enfrontándose verbalmente aos primeiros falanxista que chegaran desde Betanzos. Agochouse nun primeiro momento en Meirás, na compaña de Manuel Prego, Antonio Carballeira, José Mosquera e Gumersindo Montero. Posteriormente partiron a pe cara Coruña os tres primeiros, instalándose nunha casa da Agra do Orzán, onde serían localizados polos falanxistas. Tras seren brutalmente torturados, os seus cadáveres aparecerían o 12/VIII/1936 no monte de Abeleiras, en Veigue (Sada). Xohán Antón tiña 29 anos.
Comentarios (0) - Categoría: Biografías-Xohan Antón Suárez Picallo - Publicado o 18-10-2009 12:19
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Presentado o libro RAMÓN SUÁREZ PICALLO. A VOZ ESQUECIDA DO GALEGUISMO
No día de onte, 16 de outubro, presentouse na Casa da Cultura "Pintor Llorens" de Sada un volume no que, ademais de abundante material gráfico e documental, recóllense as aportacións de diferentes investigadores acerca da figura excepcional de Ramón Suárez Picallo.
O libro, editado pola Comisión Irmáns Suárez Picallo co patrocinio da Deputación Provincial da Coruña, conta coas colaboracións de Justo Beramendi, Hernán Díaz, Alfredo Erias, Mercedes Fernández-Couto, Emilio Grandío Seoane, Esperanza Mariño, Edmundo Moure Rojas, Francisco Rodríguez, Xesús Torres Regueiro, Ramón Villares, Francisco Pita Fernández, Rexina Basadre Orozco e Manuel Pérez Lorenzo.
O seu deseño gráfico e maquetación correu a cargo de Xosé Díaz (Imago Mundi).
Na presentación interviron, ademais dos representantes da Comisión Irmáns Suárez Picallo (Francisco Pita e Manuel Pérez), a Deputada provincial Silvia Seixas e o Alcalde Abel López Soto, que entregou á Comisión valiosa documentación sobre Ramón Suárez Picallo.


[…] Queremos que a finalidade primordial desta publicación sexa falarvos de Ramón Suárez Picallo, quebrar definitivamente o silenzo que se cinguiu durante décadas en torno á súa figura, para que todos podamos servirnos do seu maxisterio e reivindicar un vínculo que nos une co pasado. Falarvos, en definitiva, dese “nós” colectivo en nome do que se erixía Ramón, e que engloba a todos os desherdados, a todos os que, como o seu irmán Xohán Antón, asasinado polos fascistas no 1936, foron vítimas da barbarie e da inxustiza por teren gastado os seus esforzos en causas xenerosas, en beneficio do ben común.

COMISIÓN IRMÁNS SUÁREZ PICALLO - PRESENTACIÓN

Por Ramón Suárez Picallo pasou gran parte da Galicia do século XX, a da terra europea e a ergueita en terras americanas. Así, a súa figura sérvenos de fío condutor para facer un percorrido pola Galicia de aquí e de “acolá” durante o século pasado. Daquelas terras e daquel tempo foi actor e partícipe sobranceiro. Ao noso protagonista poderíanselle dedicar as palabras que adornan toda gran biografía: orixe humilde, un home que se fixo a si mesmo, a vida foi a súa escola. E con seren máximas adoito repetidas, son características que lle acaen ben a aquel home que veu ao mundo en Veloi, un lugar da parroquia de Sada, en 1894. […]

RAMÓN VILLARES - PRÓLOGO


Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 17-10-2009 17:11
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