A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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O PRIMEIRO ARTIGO DE R. SUÁREZ PICALLO PUBLICADO EN GALICIA
O 15 de abril do 1925 a revista local de Sada Mariñana publicou nas súas páxinas un artigo que, desde Buenos Aires, enviara Ramón Suárez Picallo. A singularidade deste texto radica no feito de ser, que nós teñamos constancia, o primeiro de Suárez Picallo que viu luz en Galicia, logo dunha dilatada experiencia como xornalista na capital porteña. Polo seu evidente interese, recuperámolo hoxe.



GALICIA DESDE LEJOS…

Cuando el gallego abandona su tierra, para buscar en otras lo que en ella no halló, o no le dieron, siente y ama hondamente, apasionadamente a su dulce, a su incomparable Galicia.
Es entonces cuando la morriña, esa tenaza torturante, se apodera totalmente de su alma. La visión de la casa solariega, de la cena patriarcal, alrededor del hogar, amenizada con cuentos de trasnos y estadeas; el recuerdo de la fuente cristalina y del regacho burbullante, hacen asomar a sus ojos tiernas lágrimas, y su espíritu, envuelto en el manto invisible de la melancolía, vuela hacia hallá…
Y sintiéndose poeta canta. Trueca sus penas en versos añorantes, de una amargura conmovedora, llenos de amor sin límites, en los que campean los diminutivos: ¡naiciña!, amerosiña, santiña. Verdaderos dechados de ternura, que hacen de nuestra habla agarimosa la más dulce de las músicas.
Si una mano piadosa recogiese las ofrendas líricas –lágrimas trocadas en perlas, querido Cabanillas– que a Galicia dedicaron sus hijos emigrados, podría formar con ellas una magnífica corona, que adornase su cabeza augusta. Porque ha de saberse que entre los que comen el poco sabroso pan del exilio, pocos son los que, al recordar el meigo currunchiño, no se sientan poetas. Poetas, cuyos versos son cachos sangrantes de su alma atormentada por su visión perenne y por el temor, ¡ay!, de no volver a verlo nunca más…

* * *

Escúchalos, lector:

“Allá quedó la casa solariega,
a la que el sol besaba enardecido;
la huerta, el castañal, la fértil vega
y el caminito por el cual he huído.
…………………………………………………………….
Veinte años pasaron. ¡Es muy tarde!;
mas todo aquellos es lámpara que arde
a quien mi sangre doy con devoción.
Y siendo, a dios, rebelde le pidiera
que me diera al morir esta visión.”
José Adán.
(De “Añoranzas”).

* * *

“En la paz de tus campos silenciosos,
cuando gimen las místicas campanas,
cuando el toque del “Algelus” se extiende
con invisible estela de plegarias,
y vuelan arrullantes a sus nidos
las aves sobre verdes enramadas,
y una enorme quietud domina todo
y puéblanse los aires de fragancias,
sentí chirriar el carro que da tumbos
por la pendiente pedregosa y áspera,
guiado por un pícaro mozuelo
que, retador, ante su yunta marcha.”
Fausto Vázquez-Pandelo.
(De “Canto a Galicia”).

* * *

“Con la mejor rapaza bailar una muiñeira
al son de nuestra gaita, bajo una carballeira,
beber de un solo trago un jarro de buen bino;
acudir a la tasca y a la hilada del lino;
ser fuerte y comedido, no ofender ni temblar,
blando diciendo amores, rudo al “aturuxar”,
sin pensar en más gloria, galardón ni primicia
que saber que he nacido en tierra de Galcia.
Envío:
¡¡Esto ansía un poeta desde tierra lejana
que ha vivido al calor de esa tierra pagana!!”
Antonio Castro Seijo.
(De “Añoranza”).

* * *

Y estos otros primores escritos en nuestro querido idioma:

“O fogueiral que encende n’o emigrado
teu recordo, naiciña, nobre e santa,
a morriña axiganta
com’a s’amarte, ¡nai!, fora un pecado
pra o pobre alonxado
qu’ante o imposibre de bicarte, canta,
rosarios de querer n’a lexanía…
¡Naiciña!, ¡Nai Galicia!, ¡gran Señora!:
Calquer filliño teu que lonxe ría…
O corazón lle chora…”
Jesús Calviño de Castro.
(De “Vibraciós”).

* * *

“Alma lonxana da Galicia Nai
que é todo meu orgullo e meu tesouro;
¡o corazón, coma una frecha d’ouro,
nas alas da saudade hacias ti vai!”
Eduardo Blanco Amor.
(De “Ofrenda”).
* * *

“Quen puidera c’o vento, fuxir d’aquí
e pousando en Galicia, bicar alí,
o verde manto,
que, dos meus, cobre as cinzas
n’o camposanto.”
Ricardo Conde Salgado.
(De “Fora do niño”, musicada por el maestro Paz Hermo).

* * *

No creas que los autores de los que acabas de leer son genios corridos por las trompetas de la fama. Nada de eso. Son modestos trabajadores, que se ganan el sustento en tareas ajenas a la literatura y que dedican las horas de descanso a cantarle a la tierra que los vio nacer. A pesar de estar alejados de Galicia desde hace muchos años, no perdieron, no, su visión dolorosa. Exhalarán, ¡pobriños!, el último suspiro con ella reflejada en sus pupilas.


* * *
Que Galicia es un pueblo lírico por excelencia, es cosa archisabida para quien haya estudiado sus características, sus tradiciones y su historia. Galicia canta siempre, aun cuando expresa sus dolores más hondos. Por eso Galicia es un verdadero vergel de poetas. Ahí están dando de ello testimonio, Curros, Rosalía y Pondal, trilogía augusta, iniciadora de nuestro renacimiento literario. Y siguiendo sus huellas, ahí están también Cabanillas, Taibo, López Abente, Noriega Varela, Andrade y otros, cuyas producciones constituyen un monumento más que sobrado para simbolizar en las más altas cumbres nuestro idioma y nuestras letras gallegas, glorificadas por el gran Alfonso el Sabio.
Y a este renacimiento y a este espíritu lítico, no son extraños los emigrados gallegos, especialmente los residentes en la Argentina. Solo en la ciudad de Buenos Aires aparecen periódicamente cinco órganos de publicidad, semanales, decenales y quincenales, sin contar los órganos de entidades mutualistas y culturales, que son más de veinte y de excelente muchos de ellos.
¡Es que Galicia despierta! Despierta a la aurora de días mejores. Los emigrados la acompañan, desde lejos –¡demasiado lejos!– en su gloriosa alborada. Que no sólo aportando ahí riquezas materiales se honra a Galicia, sino que también aportando valores morales y espirituales se contribuye a su grandeza.
De un pueblo que sabe expresar cantando sus inquietudes, hay mucho que esperar. Por eso esperamos mucho de Galicia.
Mientras tanto, ¡Nai Galicia!, tus hijos diseminados por el mundo, te llevan en su alma y cuando quieren mitigar tus penas, te cantan para mecerte.
A cambio de las flores de su lírico jardín, mándales, naiciña, tu bendición. Que bien la merecen los que desde lejos cantan a la madre augusta su saudade.


RAMÓN SUÁREZ PICALLO
Buenos Aires, Marzo de 1925.
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 29-10-2009 11:34
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A DUQUESA CAYETANA DE ALBA
María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y de Silva (Palacio de Liria, Madrid, España, 28 de marzo de 1926) é unha aristócrata española, XVIII Duquesa de Alba, actual xefa da Casa de Alba é coñecida habitualmente como Cayetana de Alba, Cayetana II de Alba, a Duquesa de Alba. Aínda hoxe é noticia nas portadas de revistas e xornais. Cando casou, no ano 1947, RSP escribiu o seguinte artigo.

14 de octubre de 1947

BODAS DUCALES QUE PODRÍAN SER REALES


Por Ramón Suárez Picallo

En la maravillosa Catedral de Sevilla, una de las más hermosas del mundo, a la sombra de la famosa torre de la Giralda, se ha celebrado el matrimonio de la Duquesa Cayetana do Montoro, hija del Duque de Alba y de Berwick, don Jacobo María Stuardo Fitz James y Portocarrero, con don Luis Martínez de Orujo, hijo del Duque de Sotomayor.

Entre ambos consortes reúnen alrededor de cincuenta títulos nobiliarios más y son entre los dos veinte veces Grandes de España, según lo que en los cánones de la Heráldica, se entiende por grande y por noble. La novia, personaje principal del acontecimiento, tiene 21 primaveras y se dice que es bellísima; agrega a sus blasones y a su belleza, una especial circunstancia: es descendiente directa y lleva el mismo nombre de pila de aquella otra famosa Cayetana de Alba que según decires le sirviera de modelo a don Francisco de Goya y Lucientes para el maravilloso cuadro “La Maja desnuda”.

En cuanto al novio no le va en zaga en lo de nobleza y abolengo. La casa de Sotomayor, original de Galicia, entronca con la primera aristocracia real sueva de los tiempos de don Frucia, que tenía por sedes de las villas de Tuy, Allariz y Betanzos y se enlaza después con las más linajudas familias de España y de Portugal. La boda ducal, según informaciones que tenemos a la vista, ha superado en fastuosidad y pompa a cuantas se hayan celebrado en España y en Europa en el último siglo, incluyendo a las más renombradas bodas reales y principescas.

Las bellas naves de la espléndida Catedral gótica estaban materialmente ocupadas por más de tres mil personas pertenecientes a la aristocracia de toda España y a las tres tradicionales Órdenes Españolas de Caballería – Santiago, Alcántara y Calatrava – con sus vistosos hábitos y uniformes; y además altos jefes militares con sus mejores atuendos de gala, y más de mil damas, luciendo peinetones y mantillas cuajadas de alhajas y de claveles reventones y de albos jazmines. Sin contar con la presencia del “brazo eclesiástico” que debió también echar lo suyo, puesto que el Sacramento fue consagrado por Monseñor el Arzobispo de la Diócesis, doctor Marcelino Olaechea y Loizaga con todos los miembros del Cabildo sevillano, y con una especialísima bendición papal “ad hoc” concedida por el Sumo Pontífice romano, contraviniendo los cánones que obligan para consagrar matrimonio la presencia del párroco.

Como podría observar el curioso lector, una ceremonia deslumbrante digna de un buen libretista italiano y de la inspiración musical de Verdi para lograr una ópera muy superior a la “Aída” en olor, color y sabor.

En cuanto al yantar subsiguiente a la ceremonia religiosa, palidecieron ante él Trimalción, Lúculo, Gargantúa, Pantagruel y aún el españolísimo Camacho a quien alude Don Quijote y aplaude el gran comilón de Sancho Panza, por sus memorables bodas. Las mesas fueron colocadas en los jardines encantados del Palacio de las Dueñas, cubiertas de claveles y de jazmines. El opulento condumio fue aderezado y aliñado por los catorce mejores maestros cocineros de España que responden geográficamente a las catorce regiones en que se divide el incomparable mapa gastronómico peninsular ibérico y que en su día elogiara fervorosamente Francisco I de Francia, como el más suculento del mundo conocido. ¡Y eso que él tenía por súbdito al insigne Rabelais! El pote gallego, el lacón y las empanadas de lampreas y de anguilas del Miño, del Sar y del Sarela; la fabada asturiana; la caldereta montañesa y el bacalao a la vizcaína, del País Vasco; la sin par paella valenciana con el gazpacho andaluz y murciano; el incomparable cocido castellano y extremeño y el jabalí en adobo de los manchegos; la buyavesa de Mallorca y Cataluña y el sancocho semitropical de Las Canarias. Y después la maravillosa repostería española que va desde las tartas de Monforte, las mantecadas de Astorga, las yemas de Santa Teresa hasta los insuperables brazos de gitano que tienen su capitalidad en la prócer Granada. Rociado y regado todo ello con los vinos rojos y dorados que sintetizan la luz del sol de Andalucía, y la agilidad mental de sus tierras anacreónticas.

Por esta vez –¡la cosa no era para menos tratándose de quien se trataba!- se olvidó que 28 millones de españoles tiene rigurosamente racionados los artículos esenciales de su comer y de su vivir diario: el pan, el aceite, el pescado, la carne, las patatas, la mantequilla, y las cebollas, entre otros, que, quien quiera tenerlos, ha de comprarlos a precios fabulosos en el Mercado Negro que allí se llama straperlo , dirigido y usufructuado por los jefes militares si los funcionarios falangistas del movimiento “salvador”.

De todos modos, el Generalísimo y sus adláteres no deben estar muy satisfechos del suceso social de Sevilla después de haberlo autorizado. Porque la boda de la Duquesa de Alba y del Duque de Sotomayor apadrinada por el pretendiente a la corona fue un gran mitin político y una manera de poner en ridículo las pretensiones del Generalísimo y su inaudito título de “Jefe del Reino de España, por la gracia de Dios”. Él, pese a su plebeyez espiritual y heráldica de milite afortunado, de muy humilde y turbio origen, tenía sus reales pretensiones. Pensaba, según fuentes de información fidedignas, casar a su hija Carmen, tontita, fea y gazmoña, con algunos de los príncipes tronados de Europa vinculados a viejas casas reinantes, para proclamarla reina de España en uso de las facultades que le concedieron unos cuantos señores – muy señores nuestros- llamados procuradores en Cortes.

Pues señor, ahí es nada lo de Sevilla. Cualesquiera de los asistentes de la comentada boda ducal le da vuelta y raya al Caudillísimo en lo de poder ser jefe del reino sin llaves que él había inventado, quizá con el remoto afán de ser rey suegro. En pureza de sangre, en opulencia, en blasones heráldicos y hasta en saber hacer bodas rumbosas, don Francisco Franco Bahamonde a pesar de ser propietario de las Torres de Meiras, que un día ilustrarán el talento esclarecido de la Condesa de Pardo Bazán, no pasa de ser un mediocre escudero o camarero mayor.

¿Y España? Eso ya es harina de otro costal. España contempla estos espectáculos diciendo para sí: “Ni contigo ni sin migo; ya vendrá la mía – que no es la vuestra- por sus pasos contados, con tiempo, con humor y con vagar”.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile, o 14 de outubro ...de 1947)
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ERASMO DE ROTTERDAM
27 de octubre de 1947

ERASMO DE ROTTERDAM


Por Ramón Suárez Picallo

En la nota anterior, hemos hablado, de pasada, de Erasmo de Rotterdam, como figura cumbre de la Europa culta del siglo XVI. En efecto, el gran humanista holandés, nació en la ciudad cuyo nombre llevaba, el 27 de octubre de 1467 y murió el 12 de julio de 1536. Fruto de la unión irregular, quedo huérfano a los catorce años de edad, cuando cursaba, con gran aprovechamiento, estudios religiosos. Fue un niño de coro en Utrecht, muy dado a la música y a las literaturas clásicas, diciéndose de él que en pocos meses aprendió de memoria a Horacio, a Virgilio y a Terencio. Fue ordenado presbítero el día de San Marcos de 1492, pero no era por ahí por donde habría de discurrir su vida gloriosa. Espíritu independiente, indisciplinado y librepensador, abandonó enseguida la carrera eclesiástica, para viajar; visitó la Italia del Renacimiento, la Francia alucinada por la Teología y la Inglaterra de Enrique VIII. En la casa del canciller Tomás Moro, católico ferviente, escritor de “Utopía” y amigo de Catalina de Aragón, escribió la obra que habría de discurrir su vida gloriosa. “Elogio de la estulticia”, más conocido en castellano como “Elogio de la locura”1.
Doctor en Teología, cristiano sincero y profundo, eruditísimo en los textos sagrados, tradujo al griego y al latín el Nuevo Testamento que le dedicó al Papa Pío II, a pesar de que su versión había sido censurada. Pontífices, Cardenales, señores y reyes –Francisco I, Carlos V, León X, Enrique VIII y otros- le ofrecieron puestos y prebendas que él no aceptó. Prefería ser profesor de Cambridge y de Oxford, amigo de Luis Vives y de la desventurada Catalina, y de todos los grandes humanistas de su época, criticando, censurando y ridiculizando a los grandes fanáticos en que se dividía el mundo en que vivió: los reformistas y los contrarreformistas, absolutamente iguales en sus alucinaciones, en sus excesos y en la apología de las más inverosímiles supersticiones, que no tenían nada que ver con los principios puros, claros y sencillos del Cristianismo de los Apóstoles.

Arremetió bravamente contra la Escolástica, contra los dogmas y contra la corrupción que envolvía a la Roma Vaticana caída en los deliquios sensuales del Renacimiento; pero no escatimó tampoco sus dicterios contra los reformistas protestantes –especialmente Lutero- cuando liquidaron a sangre y a fuego la revuelta de los campesinos de Maguncia y quemaron vivos a sus adversarios.

Después de recorrer casi todas las universidades europeas, se refugió en la de Basilea, de la que fue rector en sus últimos años; allí dirigió y corrigió las pruebas de imprenta de muchas obras suyas, especialmente del “Elogio de la locura”, que alcanzó, entonces el fabuloso tiraje de 25.000 ejemplares distribuidos por todo el Continente. Quizás fueron los suyos, los libros que hicieron más popular el reciente invento de Gutenberg.

Erasmo de Rotterdam fue, de todos los grandes humanistas europeos de su época, el que ejerció mayor influencia sobre sus contemporáneos. Hubo “erasmistas” en Francia, en Italia, en Inglaterra, en Alemania, en Hungría, en todos los países donde el humanismo era parte de la cultura. No obstante, su eclecticismo no fue bien entendido en su época, momento histórico de fanáticas controversias y extremismos.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile, o 27 de outubro ...de 1947)
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MIGUEL DE SERVET
27 de octubre de 1947

MIGUEL DE SERVET


Por Ramón Suárez Picallo

El día 27 de octubre de 1553, murió en Ginebra, quemado vivo en pira, el insigne sabio español Miguel Servet, víctima del árido y fiero fanatismo protestante, que en las tierras helvéticas dirigía, controlaba y regulaba, a la sazón, un bárbaro tirano, legítimo hermano de los Arbués y de los Torquemada, colocado en la acera de enfrente en lo que al dogma se refería, pero igualito a ellos en su feroz intolerancia. Se llamaba Juan Calvino. En recuerdo de aquel terrible sacrificio, el curiosos viajero que visita, hoy la ciudad del Lago Lheman, encontrará en uno de sus más bellos rincones – en el mismo sitio donde fue asado vivo el descubridor de la circulación de la sangre- sobre un muro de piedra, una placa en granito, que dice así: “A Miguel Servet de Villanueva de Aragón, los ginebrinos devotos de Calvino, sinceramente arrepentidos, le ofrecen este homenaje de desagravio. Él fue víctima, más que de la mala voluntad de un hombre o de un pueblo, de un momento histórico, caracterizado por polémicas teológicas olvidadas. Felizmente, para siempre”.

Miguel Servet había nacido en Tudela o en Villanueva de Aragón, es decir, en las tierras de gentes rudas, sinceras y tercas, de las confluencias de Aragón, Navarra, La Rioja y el País Vasco. Era hijo de un notario, de familia acomodada que educaba a sus hijos en las Universidades de la época. Por eso Miguel estudió leyes, teología, geografía, matemáticas y humanidades clásicas en la Universidad de Zaragoza. Eran los tiempos del Humanismo y de la Reforma y era Maestro en toda la Europa culta de la época, Erasmo de Rotterdam. El joven navarro-aragonés, salió de España y recorrió, como viajero y estudiante, todas las escuelas europeas de la época como buen español, terco aventurero y librepensador: Bolonia, Basilea, Estrasburgo, París, Montpellier. Pobre de solemnidad, vivía como corrector de pruebas de los más intrincados textos latinos, hebreos y griegos con míseros jornales de obrero de imprenta.
Fugitivo de la intolerancia católica española, italiana, y francesa, estuvo en Alemania donde armó un escándalo épico, que le obligó a cambiar de nombre. Volvió entonces a París, donde conoció por primera vez, al que habría de ser más tarde su juez y su verdugo: Calvino, que lo mismo que Lutero, era más reaccionario y más cruel que los peores inquisidores españoles. Por lo demás, él atizaba incesantemente el fuego polémico, discutiendo, nada menos, que el dogma de la Santísima Trinidad. Mientras tanto, completaba sus estudios como podía, hasta hacerse un médico ilustre, especializado en los problemas de la circulación de la sangre, en las Matemáticas y en la Exégesis de los textos bíblicos, así como de los Padres y los Doctores de la Iglesia. Conoció al Emperador Carlos V y a todos los que eran entonces sus servidores y vasallos; se metió con todas las universidades europeas, hasta que, por su mal, fue a dar a la ciudad de Ginebra, donde su antiguo amigo, Calvino, era dueño y señor. Calvino era un tipo torvo, cruel, injusto, torpe y astuto en el peor de los sentidos. Mandó instruirle proceso al español que en todos los órdenes le hacía sombra por su grandeza moral, por su sabiduría y por la magnífica independencia de su pensamiento aplicado a los misterios de la fisiología humana y al proceso circulatorio. Trátase del tema que fue más tarde esencial y básico para los más extraordinarios descubrimientos científicos en referencia con la Medicina.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile, o 27 de outubro ...de 1947)

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O ASNO

26 de octubre de 1943

ELOGIO DEL HERMANO ASNO


Por Ramón Suárez Picallo

Tiempos son estos, ¡oh hermano asno!, de grandes y definitivas reivindicaciones. Ahí está la tuya, en solemne prosa gubernativa, declarándote artículo de primera necesidad, como el pan de Dios, el arroz, el azúcar, la leche y el café. Serás, desde ahora, objeto de atenciones, vigilancias y cuidados de que mucho habías menester.

Tú, honesto, discreto, paciente y filosófico, cuadrúpedo y semoviente, eras motivo de muchos y muy inmerecidos agravios; aparte de tu triste vida física de trabajador menospreciado y mal comido, eras punto de referencia y término de comparación insultante, para todas las ineptitudes. Así, se le llamaba “burro” al zopenco y al mentecato, al mal escritor, al diputado mudo, al gobernante torpe, al municipe indolente, al estudiante que jamás supo la lección y al profesor que nunca la explicó a derechas. Y cuando los hombres solían hacer una de las suyas, su inmensa vanidad les hacía decir que habían hecho una burrada, en vez de decir, como era lo justo, que lo mal hecho era una “hombrada”.
Y por si todo eso fuera poco, ahora, últimamente, por causa de la guerra, de la carestía y de las dificultades de la importación, la humana ingratitud –que es infinita– vino a colmar las desdichas de tu triste vida, con una muerte infame y un destino, “post–mortem”, más infame aún: El fiero matachín de carnicería, te quería convertir en chuletas, en bisteques y en chorizos, para saciar la voracidad de aquellos mismos a quienes habías servido, con ejemplar paciencia y cristiana mansedumbre, llevándolos a tus lomos por senderos y caminos, pasito a paso, para que los ojos del que iba encima de ti se deleitasen en el verdor de los paisajes.

Tú, que condujiste al Redentor del Mundo, desde Galilea a Egipto para librarlos de las iras de un rey envidioso e infanticida; tú que fuiste competidor –aunque por casualidad como todo lo grande– del Dios Pan, tocando la flauta; tú que fuiste dilecto de Apuleyo, y compañero de aventuras de Rocinante, al lado del más estupendo caballero de todos los siglos; muy querido del más discreto y razonable de los escuderos; tú, bienamado amigo de la libre gitanería, motivo de madrigalescos elogios de los faraones; tú que condujiste a James Borrow, a lo largo y a lo ancho de Europa, divulgando la Santa Biblia protestante. Tú, hermano asno, necesitabas una rehabilitación histórica, política, social y hasta filosófica. Hasta el presente, sólo tuvieron palabras amables para ti, los gitanos y algún que otro poeta generoso. En la casa pairal de los amos, no eras admitido por indigno; los caminos, todos llenos de tus andanzas, se te hicieron hostiles: el caballo, el tren, el automóvil y la bicicleta, te arrumbaron a las cunetas; sólo para los santos y pobres, los tristes y los humildes, tuviste algún valor y merecimiento.
Pero todo llega en su día, y la justicia llegó también para ti. Alguien dijo que este siglo será el siglo de los seres simples, sencillos y comunes, porque el mundo está cansado de las cosas complicadas y difíciles. Y tú eres, desde siempre, el más sencillo y más simple de todos los seres de la creación. Hay quien te supone, terco, tozudo, amigo de llevar la contraria. Es posible que haya algo de cierto en la afirmación; pro aún así, tu terquedad resulta una malva, frente a la de muchos hombres, empeñados en llevarle la contra el mundo entero, a sangre y fuego, contra viento y marea y contra toda razón y justicia.

Y, ahí estás, siendo tema y motivo de preocupaciones gubernativas, en estos tiempos de reivindicaciones democráticas, para impedir que la ingratitud y la voracidad humana te hagan víctima de sus desaguisados, lanzándote, como a los injustos y condenados, en calderos hirvientes..
Enhorabuena y que sea para bien, hermano asno.

En tu honor –bien merecido en verdad– ahí te va este elogio en prosa, seguido de otro en verso, que viene más abajo y que escribió un amigo que o es tuyo y mío.



CANCIÓN SUAVE A LOS BURROS DE MI PUEBLO

Por Héctor Inchaustegul Cabral En su libro

Poeta de la República Dominicana “Poemas de una sola angustia”


Asno de San José y del Carbonero,

triste vehículo que liga al pobre diablo

y al ricachón ufano,

que llevas todas las mañanas, trotandito

el agrio sudor del campesino

tornado en frutas olorosas;

¡yo te saludo y canto!

Si la preñada está en el mes,

que vaya en burro;

que el viejo puede dar un paso apenas

porque la tierra y lo está llamando, a

que monte en burro;

que el muchacho es harto chico

para llevar la leche al pueblo,

que vaya en burro, pues…

Asno de San José, del acordeonista

y del maestro rural que peina canas

asno que lleva el agua

y la santa medicina.

Asno de infancia triste y corta,

cuya vejez es larga

y mucho más triste todavía…

De pequeño, dulces ojos ingenuos,

pero largo, mansedumbre,

y un amor sin nombre

hacia las flacas sombras…

Después orejas largas y caídas,

muertas como dos cáscaras inútiles

sobre la noble frente añubascada.

Después la larga caminata,

los excesivos pesos,

las rojas y opacas mataduras,

y, muy de tarde en tarde,

la blanca manecita de un niño

que acaricia, lentamente,

los doloridos belfos

en donde ya la espina

no halla donde clavar

su única garra.

Después a ancha sábana

los abrojos florecidos de amarillo,

el pasto inaccesible,

el sueño imposible de la cebada;;

y las pedradas, los insultos,

el duro hueso que va rompiendo, poco a poco,

el pellejo sin pelos;

y mil espinas clavadas

en las ancas, en las patas y en los belfos.

Asno de San José y del Carbonero

triste y tardo vehículo que liga

lo rural y paupérrimo

con el alarde urbano de la aldea;

asno de infancia inútil y alegre,

cuya vejez, como todas,

del otro mundo…

se detiene en la puerta, abierta de par en par.

¡Yo te canto y saludo!

Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile o 26 de outubro de... 1943
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A PAZ

O 24 de outubro de 1945 constituiuse oficialmente a Organización das Nacións Unidas (ONU). Ramón Suárez Picallo no 4º ano da súa constitución adica este artigo.


24 de octubre de 1949

PALABRAS AL VIENTO

LA PAZ


<Por Ramón Suaréz Picallo


Bajo la advocación de la Organización de las Naciones Unidas, se celebra hoy, en todos los países que la integran, el “Día de la Paz”. En Chile, país substancial y esencialmente pacifista, la parte más importante y significativa de los festejos, corre a cargo de los escolares, niños y adolescentes, que harán exhibiciones deportivas, cantarán y bailarán en homenaje a la Paz, que para ellos es y quiera Dios que lo sea siempre una realidad viva; o, como decía el gran poeta argentino, Mario Bravo:

“Cantan los niños de las escuelas;

juegan los niños en las escuelas;

¡Esta es la Paz!
Mientras tanto, los hombres ya maduros, que hemos oído hablar de la Paz, junto con las canciones de cuna de nuestras madres, y que hemos soportado ya las consecuencias de dos tremendas guerras mundiales y de alguna que otra feroz guerra civil doméstica, hemos agotado ya la facultad de creer en la existencia real y positiva de la imponderable Bienaventuranza, proclamada en el Gloria in Excelsis…

Mas, esta angustia por falta de fe en la Paz, que entristece los últimos años de los hombres de nuestra generación, liberal, democrática y humanística, formada en los principios que creíamos inmortales de la Revolución Francesa, ampliados con las ideas generosas del socialismo -¡utópico y delicioso socialismo!– de los Tomás Moro, de los Iglesias, los Jaurés, los Briand, los Vandervelde, los Besteiro y los de los Ríos, no debe ser causa bastante para perturbar las esperanzas y las ilusiones de la juventud en una paz futura, por la que hoy, cantan y bailan los que vienen tras de nosotros, ¡ojalá que para enmendarnos la plana!

¡No! La primera condición para amar y servir a la paz, es olvidar agravios, injusticias y amarguras para que ella venga a nuestros corazones y a nuestros espíritus y pueda trocar las chozas en paraísos; apartar el rencor de nuestras almas, levantándola en vilo, para que, los malos recuerdos pasen por debajo sin tocarlas y la otra condición es ser de los que se van, sabiendo estar con los que vienen, para que éstos logren los bienes y dones de que nosotros –los hombres de mi generación– fuimos privados, quien sabe si en penitencia de terribles errores y de imperdonables pecados. Quizá -¡quién lo sabe!- por haber querido, amado y servido a las ideas de una paz vacía de contenido, en vez de enrolarnos derechamente, en la guerra, cuando la guerra estaba cargada de razones de justicia. Cuando, en fin, la guerra debía haberse hecho, precisamente, contra los enemigos permanentes y jurados de la paz del mundo.

¿Un sermón? De ninguna manera. Estas palabras, lanzadas al viento para que el viento se las lleve, quieren ser otra cosa: un voto todavía esperanzado, una oración, un deseo, a favor de la paz verdadera; de la paz de todos y de la paz para todos los hombres de buena y de mala voluntad. Para que los niños que aún están en las cunas, duerman y sueñen con mansos elefantes blancos, cruzando en paz, caminos de leyenda; para que los mozos vean logrados sus ensueños de largos viajes por el aire, la mar y la tierra, en busca de remotas metas ideales; para que los labradores de todas las campiñas puedan arar cantando las tierras de panllevar, y festejar con palmas, laureles y olivos, las opimas cosechas; para que en las fábricas y en los talleres, nadie se sienta esclavo de nadie, y una esperanza de superación humana, ilumine las rudas jornadas; para que los navegantes de todos los mares naveguen por rutas francas, en el noble trueque y transporte de hombres, ideas y mercancía.

No por la paz, monótona, silenciosa y fría y de los camposantos, impuesta por los gendarmes; sino que por una paz viva, con voz y voto, amparada en la Ley y en el Derecho; por una paz surgida de lo íntimo de las almas, con libertad para creer y expresar en voz alta la creencia, sin miedos ni temores físicos, ni espirituales; una paz con tolerancia , con convivencia y con estilo para saber llevarse y conllevarse, en buena vecindad y en buena armonía, buscando en el prójimo ls virtudes y prescindiendo de los defectos que de todo hay, y todo se encuentra, cuando se busca con afán y buena voluntad. Por una paz civil y civilizada, entre los hombres, entre los pueblos y entre los Estados.
Por todos estos inestimables bienes que deben ser base, cimiento, alma y cuerpo de la paz universal, elevamos hoy nuestra voz al viento, a modo de oración y de elegía, los hombres que no tuvimos paz; mientras las voces juveniles que tapan nuestra voz, entonan canciones de fe y de esperanza, afirmando su derecho a tenerla, a vivir en ella, con ella y para ella.

¡Que su cántico, cargado de porvenir esperanzado, sea oído y atendido a todo lo largo, lo ancho y lo profundo de la tierra! Tal es nuestro voto ferviente en este Día de la Paz.


(Publicado no xornal La Hora de Santiago de Chile o 24 de outubro... de 1949)
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Carta de R. Suárez Picallo a E. Blanco-Amor
CALIMA DO OESTE
PRESENTE, MEU CAPITÁN


Aquí, nun recuncho da Costa “do outro mar”, mariñeiro sin plaza, escoito, agora mesmo, a tua chamada, Capitán Blanco-Amor. Aínda que os novos ou vellos señoritos “spromen” non-o seipan, eu sigo ataleándo, no asexo e no amanexo, adicado a recoller señales no dia e na noite. As señales vellas, de Sada, de Beloy, de Morazón e de Carnoedo. ¡Ou Carnoedo, loiro e nadador, encolgado n’unha inxente ribeira, simbolizado n’un ergueito pino, lanzal e fidalgo, enriba de cirro, con Curbeiroa, Gadarío, Riobao e Taibó!

Fáltan-nos mariñeiros, Capitán Blanco-Amor. O noso Antón –¡meu irmán Antón!- morreu aquela noite de Agosto, crucificado de balas, no baldío da Areosa. Eduardo, aquel mariñeiro aldeano, loito, con traza de Lord inglés, tamén morreu. ¡Nunca mais empuñará o timón, camiño dos Caneiros de Betanzos! I-a velliña que nos facía o caldo, i-o vello zoqueiro, de irtos bigotes, en cuias mans, comían os cuxos as espigas do millo leitoso, morreron tamén. ¡Todo aquelo, e aquel Ourense teu, que criaba percebes nos troncos dos loureiros, fóronse para sempre, meu amigo e Capitán!

Por eso tí, devoto e leal á nosa vella dora mariñeira que se chama “Galicia”, que tuvemos que tripular un día, n’un porto de tránsito, con Alonso Ríos, con Chuco Regueira, c’o Mosqueira, con Cao Turnes, c’o vello Campos Couceiro, voltas a navegar n’ela cara a novos hourizontes, que sustituian aos vellos, sentado na chopeta de popa, mandando dar couce i-asimán, desplegando e recollento risos, facendo no comando a sexta guardia. ¡Resérvame un turno Capitán! Porque lle conservo moita lei á nosa vella dorna! Zecais non poida ser como tripulante efeitivo, escrito no sol; porque estou moi vello e mui escarraneado; pero podo aínda facer de Turnán; Zecais non seipa moito das cencias novas da navegación, que os mariñeiros de oficina que nunca viron o mar nomean oceanografía, astronomía ou telemetría; pero adeprendín con Mangúa, a clavar o ouvido no Caurel, e polo renxido do mar na escuridade da brétema, saber se estamos en riba de baixío ou en pleno mar aberto; e non esquecín, que cando as “Tres Marías” están tirando a Coitelada, e o “Carro” cae perpendicular sobor do Corno de Lourido, son, xustamente, as doce da noite.

Párceme que con non ter esquecido estas vellas cousas de mar, teño dereito a un turno na túa sexta guardia; se non podo embarcar, confórmome con ser fareiro dende esta outra Costa, pra mandarlle, de cando en cando, un refacho lumioso á nosa vella barca.

¡Canto quixera eu -¡Santo Deus!- empuñar un remo a tua veira, capitán! Contaríamos vellos contos ao conxuro da ardentía do mar, e poidera ser que ainda renovásemos vellas ilusións, en col da Liberdade i-encol da Pátria. Poida que as ilusións non se cumplisen, pero, pol-o menos, elas serían plegaria da nosa agonía, a veira mesma dos camiños que levan aos dominios do Além. ¡Ben sei que non pode ser! ¡Non me coñecen os novos tripulantes da nosa vella barca! E resígnome a vel-a desde lonxe. A súa velámen -¡Créemo, Capitán!- é a única estrela, que alumea a tépeda e tebrosa noite da miña absoluta soledade espiritual. Repito: Da noite sin luz, da miña total, absoluta e irremediabel soledade. ¡D’esta desamparada soledade, que condena a vivir conmigo solo i-a morrer n’un deserto soo conmigo!

De ahí, meu vello amigo, a eistremecida emoción, que me sobrecolleu de cabeza,a cozarón e a pés, cando, desde o meu faro solitario no recuncho d’unha Costa do mundo, escoitei nomearme, facendo reconto dos vellos tripulantes. Pois ben; escoita a miña resposta:

-“Presente, meu Capitán”.-

Navegues como queiras, poñas proa a Norte ou a Sur, ao Leste ou a Oeste, a calquera dos puntos da Rosa de todol-os ventos, eu, que te coñezo, sei de antemán que sempre irás a dar a Porto libre e salvo, coa nosa vella dorna, que se chama Galicia e Libertade.

Onte, hoxe, mañán, despois e sempre, para facer esa travesía, con calma chicha ou con duro leste, polo asexo ou pol-o amanexo, -non o esquezas- sempre contas conmigo, meu vello Capitán.

Porque, como decía o canto: ¡Para mariñeiros, nós! ¡Aínda que os “spromen” de agora nos teñan esquecidos, por mor da sua inxente sabidencia, encol da oceanografía, da astronomía e da telemetría! ¡Unhas ceicias grandes e maravillosas, que lles serviron para afundir a barca en que navegaban.-

Gracias a Deus, que a nosa, por virtude da sabidencia, menos trancendental do Mangúa, aínda sigue mavegándo, desposta a capear novos temporales.

-Ei, lancha!

¡Vai, lancha!-

Ramón Suárez Picallo

Sant-Iago de Chile freveiro do 1943.
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Correspondencia con Blanco Amor - Publicado o 20-10-2009 07:54
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HISTÓRICO. DE NUESTRAS COSTAS, por Manuel L. Freire-Calvelo
Manuel L. Freire Calvelo, nado en Sada no 1902 e practicante de oficio, foi como xornalista, un incansable defensor de causas xustas para o seu pobo(o porto de refuxio, a ponte do Pedrido...) e un verdadeiro propagandista das Mariñas.
Na revista sadense MARIÑANA publicou en 1925 este texto e moitos maís artigos.
O relato que se conta, recolle realmente un suceso acontecido tres anos antes. A traíña "Palmita",de Sada, naufragou en augas de Cedeira en decembro de 1922.



DE NUESTRAS COSTAS


Era una época de miseria. La siega del año precedente faltó, el invierno era más riguroso que de ordinario.

Se despidió de Sada con una tramontana fría y tempestuosa y una lluvia incesante, tenaz, que convirtió el poblado en lodazal inmenso; voló después el viento hacia el gregal y fué recorriendo el cuadrante, desencadenando violentes ponentadas y mestrales de los duros.

Durante el día los pescadores, con las manos en los bolsillos, el cuello al aire y la gorra hasta las orejas, iban y venían de sus casas a la de la “Trenla” –su taberna predilecta– y de la “Trenla” a sus casas. Bajaban poco a la ribera, a dar un vistazo al bote, un refuerzo a las amarras... y nada: aquello llevaba camino de no acabar en un mes.

–Queréis saber vosotros cuál fué uno de los apuros más terribles en que jamás me he visto? –preguntaba un fornido marinero, mirando a todos los que le rodeaban en la taberna–. Pues bien –añadió– voy a decíroslo y si hay entre vosotros alguno que pueda jactarse de haber corrido un peligro análogo, me comprometeré a oírlo sin chistar y a pagarle un “pucheiro” de caña.

–Lo que voy a contaros sucedió siendo yo marinero de la buceta de pesca “Palmita”, cuya tripulación la componían cinco hombres y un rapaz de 13 años.

El vendaval barría los nubarrones y dejaba el cielo limpio y despejado; pero el mar continuaba tan encrespado y rugiente. Salimos una mañana muy temprano, hasta la altura del cabo Prior, donde encontramos al falucho de Periquete. Hasta nosotros llegaba el formidable rugir del oleaje al romper en los peñascos de la costa; la marejada tenía un movimiento desigual, que se oía junto con el temeroso mugir de aquel vendaval que llevaba en sus alas voces dispersas de gentes que hablaban desde el cercano pueblecito pesquero, al aullido de los perros y alguna que otra campanada de la solitaria iglesia.

Pescábamos al palangre, a una milla de la costa de Ortegal y frente a la punta Agudela y peña Fouciña, y los cogió lo más fuerte del temporal. Cuando quisimos escapar ya no había tiempo: luchamos más de dos horas, y yo, cada vez que una ola reventaba encima de nosotros, ni siquiera me agachaba. Más ligero y mejor nadador que el resto de mis compañeros y porque Dios lo quiso pude agarrarme como una lapa a la quilla del bote; el patrón se quedó debajo y tuve que hacer un esfuerzo para desengancharlo y quitarlo a flote sobre la quilla. Idéntica operación tuve que realizar con el rapaz; así permanecimos dos horas, que nos parecieron siglos, pues es difícil de contaros la lucha que sostuvimos con las indómitas olas. Las doce de la noche eran cuando salía la luna. Aconsejé a mis compañeros que hiciesen un esfuerzo para aferrarnos a una gran peña cercana a nosotros, mientras yo conseguía, a nado, llegar a tierra, sin dejar antes de animarlos, diciéndoles que intentaría la salvación de ellos.

Más de 1.500 metros tuve que nadar hasta el pie del monte Candeira, combatiendo los calambres y el peligro de estrellarme en aquel sinnúmero de acantilados peñascos.

–Qué manera de nadar! Y estaría aquello... –dijo un oyente.

–Como un infierno. Como toda la costa. Pero había que subir a Candeira; sube que sube por aquella altura cortada a pico. He visto la cara de la muerte porque llevaba la misión de salvar a mis compañeros, que ya pedían a gritos socorro y tenía que mirar donde ponía los pies y las uñas... Total, que he estado suspendido un buen rato sobre... el infierno... Por último, al llegar arriba, me sangraban los dedos de los pies y varias partes del cuerpo y saqué un vestuario de sangre empapado en tierra.

–Cojeando, camina que caminarás, saltando cercas y pisando tojos, había recorrido media legua. La noche era clara, el viento fresco y el lejano mar había calmado su furor. A pesar de todo, mi ansiedad iba en aumento. La situación crítica de mis compañeros me angustiaba. Unos carreteros que acertaron a pasar me tomaron por loco, y gracias al estado de desesperación en que estaba consintieron en oírme, después de lo cual me proporcionaron una capa de paja con que cubrir mis desnudeces. Me indicaron un poblado de media docena de pescadores y corrí en aquella dirección.

Llegué. Desde las cumbres del monte los carreteros que me habían auxiliado encendían haces de tojos para indicarnos el sitio en que estaban los infelices hijos del mar.

La situación de éstos era angustiosa. Agarrados a la peña en que los había dejado, daban desgarradores gritos pidiendo auxilio:

“¡Virgen Santísima del Carmen, sálvame!... ¡Adiós mis padres, mis hermanos, mi pueblo, mi aldea querida!...”

–Con esto concluye mi cuento; después de dos días, y por tierra, regresamos a la villa de Sada, donde alguien intentó, sin resultado, pedir para mi, al Gobierno, una cruz de... no me acuerdo qué cruz era. Yo ya tenía bastante con la del naufragio...

Y el narrador dirigió una mirada a su auditorio, y al apurar su “pucheiro” de caña se puso a recitar:

Busquemos las espigas
que brillan como el oro
y al soplo de la brisa
se agitan como el mar.
Guardemos esos granos,
que son nuestro tesoro,
mientras el sol de Julio
nos tuesta sin cesar.



Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE FREIRE CALVELO - Publicado o 19-10-2009 09:52
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Discurso de Ramón Suárez Picallo nas Cortes da República celebradas en México no 1945
Discusión sobre a designación dunha “comisión especial para dictaminar sobre el estatuto autonómico de la región gallega”

El señor SUAREZ PICALLO: Señores Diputados, cuando salí de Santiago de Chile para asistir a estas sesiones de las Cortes, me acompañaban las mismas tres ilusiones que me acompañaron cuando, al proclamarse la República, salí de Buenos Aires para servirla, después de residir en America durante veinte anos. Estas tres ilusiones eran: contribuir al afincamiento de la República democrática española; crear para ella una vida de convivencia democrática y de armonía entre todas las partes que la integraban, y lograr para mi país gallego, para Galicia, una autonomía política que le permita dirigir, ordenar y encauzar aquellas peculiaridades que la hacen, no hostil a ningún otro pueblo de España, sino diferente en aquellas condiciones que definen una comunidad humana. Traje de Santiago de Chile esas ilusiones, después de muchas amarguras, como las han sufrido también SS. SS., y yo no deseo, señores de la minoría socialista, irme con una desilusión, la desilusión de que un grupo político, con el que siempre he mantenido cordiales y fraternales relaciones, pudiera impedir dar un paso más en la realización de la esperanza y de la ilusión autonómica de Galicia.

Con el respeto que me merecen todos los grupos parlamentarios y con toda la gratitud que sabemos tributar los gallegos, les estamos agradecidos a aquellos que han designado ya representantes para la Comisión que dictamine nuestro Estatuto; y además, yo deseo decirles a los señores Diputados socialistas, hablándoles a su corazón y a su buen sentido político, que faciliten este paso, que es para nosotros una de las armas psicológicas mas importantes para la reconquista de la Republica en nuestra tierra que vamos a ofrecerles a los hombres que están trabajando dentro de Galicia y a los millones de compatriotas nuestros que trabajan por ella en Nueva York y en Buenos Aires, en Cuba y en Santiago de Chile, que no han perdido aun la ilusión de la Republica y de la autonomía de Galicia.

Yo quiero recoger, naturalmente, algunas de las razones que don Indalecio Prieto adujo para considerar innecesaria la Comisión de Estatutos. Decía el señor Prieto, en primer lugar, que se carece de la documentación auténtica referente al Estatuto. Efectivamente, así es. El señor Prieto, por lo demás, se acogía al testimonio de cualquier señor Diputado. Hay muchos aquí que saben de ello; pero hay alguien más: el actual señor Presidente de la Republica recibió el Estatuto de Galicia, el día 15 de julio de 1936, de manos de Ángel Casal, alcalde de la ciudad de Santiago de Compostela, rodeado de todos los alcaldes de las villas gallegas, rodeado de todos los Diputados gallegos y de los presidentes de las cuatro Diputaciones Provinciales. Y esa Comisión, con Ángel Casal a la cabeza, está debajo de la tierra, acusados y ejecutados sus componentes tanto por ser hombres de izquierda como por ser autonomistas, porque para Franco este es también un delito horrendo. (Aplausos.) La documentación autentica -hemos hablado respecto a eso con quienes la recibieron- no esta aquí; pero para eso se designa una Comisión de Estatutos, entre los trabajos de la cual figura, naturalmente, el de procurar reunir toda la documentación apropiada que pueda obtener para formular su dictamen.

Nosotros no entramos hoy a anticipar poco ni mucho del contenido del Estatuto en sí. Si se discute en las Cortes, lo hemos de defender; pero lo que sí nos importa mucho es salvar este principio fundamental -el derecho bien ganado de Galicia a su autonomía-, que a mí, como a otros compañeros, me trajo desde Chile hasta México y nos trae por el mundo adelante, porque es la última manifestación de soberanía democrática de nuestro pueblo. Estamos obligados a defender y salvaguardar esa última expresión de la voluntad popular de Galicia en su plebiscito autonómico de 28 de junio de 1936. Esta manifestación de soberanía tiene absoluta validez para nosotros, porque si este Estatuto, plebiscitado después de ser elegidos todos nosotros, no tuviera validez, tampoco tendría valor la manifestación de voluntad que nos consagró a nosotros como representantes de la República.

Dentro de Galicia -quiero insistir en ello- se está trabajando devotamente, fervorosamente, ardorosamente, de consuno, en armonía con todos los demás pueblos españoles y de común acuerdo todos los sectores políticos. Al lado de los hombres del partido al cual pertenezco, están, afortunadamente, respetados como se merecen, hombres socialistas de altísima estimación y hombres de todos los otros grupos que han traído, sostenido y defendido la Republica.
Nosotros no entramos en el problema reglamentario, problema que ha dilucidado perfectamente, a mi juicio, el señor Jáuregui; problema que, por lo demás, no ha de escapar a la alta sabiduría jurídica del señor Presidente de las Cortes. Por otra parte, nos parece bien y magnifico que el señor Presidente llamase a debate, a este breve debate, seguramente brevísimo, acerca de la necesidad de crear la Comisión de Estatutos, a todos los grupos de la Cámara, porque en su aprobación o no aprobación, entiéndase bien, nos veremos obligados a estimar que aquellos que no aportan las arenas para una conquista, es que no desean la conquista en sí. Y para Galicia, el Estatuto es una gran conquista republicana.

Yo se bien que los socialistas, que trabajaron con nosotros, que hemos formado con ellos parte del Frente popular, que compartieron con nosotros todos los trabajos del plebiscito, en una campaña de propaganda como nunca se había hecho en Galicia, examinando cuestiones, tratando de no dañar ningún interés legítimo de Galicia ni de fuera de Galicia; nosotros sabemos que los señores Diputados socialistas no han de renegar de aquellos principios que nos hicieron ir como peregrinos a todo lo largo de Galicia tras una ilusión que queríamos fuese una realidad democrática. Yo me permito suplicar a los señores Diputados socialistas que no nos nieguen la herramienta para algo que ellos consideran lícito, y esta herramienta es, hoy por hoy, la creación de la Comisión de Estatutos, que debe estar formada por representantes de todas las minorías, de todas. Nosotros no hemos venido a estas sesiones a originar discusiones inútiles; hemos venido a colaborar con todos, del mismo modo que pedimos a todos que colaboren con nosotros. (El señor LONGUEIRA: Discrepo de las afirmaciones de su señoría.) Muy bien, señor Longueira. Para eso puede S. S. pedir la palabra. Eso es lo correcto. Nosotros, cuando hablamos, sabemos lo que decimos. Yo soy y me siento absolutamente Diputado gallego, al igual que su señoría. (El señor LONGUEIRA: No lo he negado.) Su señoría podría protestar si yo asumiera aquí la parte alícuota de la representación, que no deseo asumir, de su señoría. (El señor LONGUEIRA: Pues la han asumido el señor Castelao y su señoría.) Yo asumo la representación de los ciudadanos gallegos que me votaron, aunque se trate de aquellos que, a lo mejor, han perdido la idea de lo que era esta representación. Por otra parte, el señor Longueira me conoce y sabe que soy incapaz de conducirme ni en forma extemporánea ni de modo agresivo para nadie, ni de asumir representación que legítimamente no me corresponda.

Y continuo, señores Diputados, con unas brevísimas consideraciones que esta vez no van dirigidas solamente al sentido político, sino al sentimiento de los señores Diputados socialistas. Recuerdo que, con Jaime Quintanilla, el ilustre doctor socialista de El Ferrol, alcalde de la Villa, recorrimos toda la tierra de Galicia, afirmando el ilustre escritor, nuestro inolvidable coterráneo, que cuanto tiempo se tardase en aprobar el Estatuto gallego era tiempo que la República perdía en Galicia para consolidarse. Recuerdo a Bilbatúa y a Seoane, diputados que yacen bajo la tierra sagrada de Galicia, muertos por la doble causa autonomista y socialista. Están enterrados esos compañeros al lado de otros de todos los grupos y organizaciones, juntos con mi hermano de carne y de sangre, lo que, por ser hermano mío y morir con los otros por la misma causa, hace que todos sean mis hermanos. Y cuando hablo de mi país gallego, le doy al posesivo esta significación de una hermandad, de una fraternidad de muertos y de vivos que en 1936, el veintiocho de junio, expresaron la voluntad popular de Galicia al votar afirmativamente el Estatuto gallego.

Esperamos que este Parlamento confirme el mandato de aquella voluntad. Ruego, pido, suplico a la minoría socialista que nos ofrezca sus representantes en la Comisión de Estatutos, en la seguridad de que dará a los gallegos, a los núcleos republicanos gallegos que actúan en tierra gallega y a lo ancho y a lo largo de todo el mundo, un arma muy importante para reconquistar, no solamente la libertad y la autodeterminación política de Galicia, sino que también la República Española. (Aplausos.)



Cidade de México – 9 de novembro de 1945

(Libros de sesións celebradas en México das Cortes da República Española, nº 71, p. 7-25).
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GALICIA. SU DIALECTO - Poema de José María Montes Rouco (Osedo, Sada, 1822-1892)
Dedicada al ilustre vate gallego Sr. D. Francisco María de la Iglesia, con motivo del estreno del drama “A fonte do Xuramento”, verificado en el Liceo Brigantino.



Trovador, con dulce canto
Conmovistes esta tierra
Y aplacaste su quebranto
Cuando siempre, siempre encierra
Desventura y triste llanto.

Hoy la excelsa poesía
Y la mágica armonía,
La dieron sus bellas flores,
¡Serán acaso, ironía
De sus acerbos dolores!

No; Galicia, que su frente
La fiesta y los regocijos
Marcaron huella fulgente
Y hoy se entusiasma tu mente
Con la gloria de tus hijos.

Que supieron en sonrisa
Convertir tu eterno lloro
Y con tu acento sonoro
Te dieron vida, cual brisa
Da á las flores un tesoro.

Ese ha sido el noble acento
De tus huestes montañesas
Que en el combate sangriento
Lograron el escarmiento
De las águilas francesas.

Que también han hecho un día
En más remotas edades
Temblar a la tiranía
Que insensata se oponía
A tus libres Hermandades.

Si representa la historia
De mil renombrados hechos,
Si interpreta inmensa gloria
¿Cómo los galaicos pechos
Desdeñaron su memoria?

En regios labios impera
En nuestra pasada era,
Y más que en labios de reyes
Brilla tu habla lisonjera
En nuestras vetustas leyes.

Con ella fama alcanzaron
Nuestros ínclitos mayores,
Con ella su fe juraron
Cuando de estraños señores
Esta tierra rescataron.

Tierra de escasa fortuna!
Tierra de inmenso valor!
Tierra de preclara cuna!
Tierra esclava del dolor!
Tierra libre cual ninguna!

Gallegos! En nuestra vida
No tuvimos nunca mengua,
Que es su honra sin medida...
Tenemos la frente erguida...
Y ¡olvidamos nuestra lengua!


(El Eco de Galicia, La Habana, 15/10/1882).
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 18-10-2009 13:12
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