A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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CRÓNICA ENTRE AÑOS: PROGRESO Y DESENCANTO
PROGRESO Y DESENCANTO


Escuché la palabra “progreso” cuando niño (fines de la década de los 40’), por boca de mi padre, quien estaba influido por las ideas del neopositivismo, entonces en boga en esta parte del mundo, pese a que en Europa se imponía el existencialismo, como reacción a la barbarie bélica de la II Guerra. La ciencia y su brazo activo, la tecnología, estaban haciendo posibles logros impensados un siglo antes. Algunos sostenían (sostienen) que las grandes guerras aceleran las aplicaciones tecnológicas. Discutible, pero aquel progreso era un fenómeno –lo sigue siendo en muchos ámbitos- indiscutible y de suyo perturbador. En julio de 1969, la carrera espacial llegaba a su cenit con el alunizaje de la nave Apolo. (Mi abuela decía que se trataba de una patraña, una invención más del cine aliado a la publicidad, una puesta en escena de burda tramoya).

Ortega y Gasset había advertido, en los años 20’ del pasado siglo, que el progreso tecnológico y científico no avanzaba a parejas con una filosofía que lo sustentara, muy lejos de un proceso coherente de crecimiento, moral y espiritual, del orgulloso homo sapiens. Casi un siglo después podemos constatar, con profunda decepción y escepticismo, que su aserto sigue siendo válido y aun que se agudiza el diagnóstico. Nuestro planeta Tierra –el único que hasta ahora poseemos como hogar- padece un deterioro ecológico y climático de insospechables consecuencias, mientras los estados más poderosos lucubran paliativos falaces para mitigar el “efecto invernadero” y la contaminación acelerada de ríos y mares, puesto que el sistema económico mundial explota los recursos naturales de manera desquiciada, en pro de una productividad que se basa en el concepto “desechable”, esto es, crear para destruir de inmediato y volver a producir, acumulando chatarra, basuras y desechos que, en más de un noventa por ciento, no se reciclan ni renuevan. El panorama –me parece- no puede ser más desolador y oscuro. Y uno se pregunta: ¿hasta dónde será susceptible mantener los forzados “índices de crecimiento”, dudosa tabla para medir la factibilidad del sistema?

No obstante, surgen voces ilustres que afirman lo contrario, como la de Michel Serres, prestigioso filósofo francés quien sostiene, en su nuevo libro, que “el mundo vive su mejor época desde hace 3.000 años”. Esto podríamos sostenerlo desde dos perspectivas: una, a partir del añejo providencialismo, basado en el “plan de Dios para la redención del ser humano y su posterior felicidad eterna”, lo que significa que todo está previsto para un fin específico y radiante: la teleología judeo-cristiana que comparten otros credos del positivismo escatológico; la otra, sustentada en los avances vertiginosos de la ciencia y la tecnología, que serán capaces, incluso, de revertir los procesos, hasta hoy “naturales”, de la enfermedad, la decrepitud y la muerte, produciendo y clonando individuos cada vez más perfectibles –biológicamente hablando-.

Michel Serres advierte que: "Si usted busca en Internet 'causas de mortalidad en el mundo", argumenta, "le saldrán las cifras oficiales facilitadas por la Organización Mundial de la Salud. No son datos de Michel Serres, sino de la OMS. Bueno, pues verá usted que la causa menos frecuente de muerte en la actualidad es 'guerras, violencia y terrorismo'. Muere infinitamente más gente a causa el tabaco y de accidentes de coche. Así que hay una gran contradicción entre el estado real de las cosas y la forma en que lo estamos percibiendo, porque vivimos como si estuviéramos inmersos en un estado de violencia perpetua, pero eso no es real en absoluto".

Le faltó al venerable Serres mencionar la obesidad, la diabetes y el cáncer. Pero quizá omite una de las causas de muerte que aumenta con mayor celeridad en este mundo “ancho y ajeno”: el suicidio, cuyas cifras de crecimiento estadístico resultan alarmantes. Y otra no menos alarmante: el asesinato cotidiano de mujeres y la expoliación de niños y mujeres por los nuevos amos de la economía globalizada.

Me imagino que “estar bien o mejor” apunta a la incierta probabilidad de encontrar el pájaro azul de la felicidad, lo cual es muy difícil de establecer como parámetro colectivo, salvo que nos atengamos a ciertas encuestas televisivas orientadas a constatar el efecto entretenimiento/dicha, cuyos resultados macro, por ejemplo, asegurarían que “Chile es uno de los países más felices del mundo”. ¿Cómo puede ser feliz una nación? Será preciso sumar los guarismos de felicidad personal –en este caso- de sus dieciséis millones de habitantes, establecer luego una escala de la dicha, como quien emplea los rangos Mercali o Richter para medir la potencia devastadora de los sismos, y dividir por esta fórmula el total de la población, aunque sería preciso dejar fuera de ella a los recién nacidos (¿cómo preguntarles, si carecen de memoria transmisible?); asimismo a quienes padecen Alzheimer agudo, pues ni siquiera recordarán momentos felices o desdichados; a los locos o perturbados mentales, aunque entre estos pudiera haber individuos dichosos, ocultos tras las máscaras de su desvarío.

No he leído ninguna de las obras de Michel Serres, por lo que no puedo opinar con propiedad acerca de su pensamiento filosófico. De hecho, el artículo desde donde extraigo sus difundidas opiniones, publicado en el diario El País de España, me fue enviado por mi querido sobrino y amigo, José Antonio Moure Bolados, quien ostenta la saludable inquietud por develar los complejos misterios (problemas, escriben los científicos, renuentes a la palabra “misterio”) de la existencia, que se reducirían a tres: la vida, el amor y la muerte (caminos entrecruzados de Eros y Tánatos). No obstante, su optimismo (el de Serres) me parece errado, aun cuando debiera yo concluir, ante lo que percibo como mezcla de ingenuidad y ceguera, parodiando a un tío de humor retranqueiro : -“Ojalá que yo me equivoque y él tenga razón, pero ni lo creo ni lo espero”.

Ya me conoces, amigo lector, soy un escéptico irremediable. Como tal, miro el rostro afable y simpático de Michel Serres, en la nítida fotografía que publica El País, al borde de cumplir los ochenta y siete años. Imagino que vive en una hermosa casaquinta (como la que yo sueño), alejado de los apremios del mundo, quizá en el “lugar ameno” que cantaba Fray Luis de León, saboreando el breve ocaso de la vejez y el confortable laissez faire. Si yo fuera mal pensado, diría que atisbo en la base de la pupila de sus ojos claros la línea rotunda de la irreparable senectud, aunque el brillo de su mirada, más que efecto del lente fotográfico, pudiera ser el destello postrero de su sabiduría, ampliada y enriquecida en los ámbitos de la academia francesa, donde casi todo lo que se diga o escriba nos sigue pareciendo –sobre todo a los menesterosos del tercer mundo occidental- como un prolongado y emulador destello del Siglo de las Luces.

Otro ilustre anciano como él, a su misma edad de ahora (87), de origen portugués, Premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago, escribe en El último cuaderno (2007):

DESENCANTO
Todos los días desaparecen especies animales y vegetales, idiomas, oficios. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Cada día hay una minoría que sabe más y una mayoría que sabe menos. La ignorancia se expande de forma aterradora. Tenemos un gravísimo problema en la redistribución de la riqueza. La explotación ha llegado a extremos diabólicos. Las multinacionales dominan el mundo. No sé si son las sombras o las imágenes las que nos ocultan la realidad. Podemos discutir sobre el tema infinitamente, lo cierto es que hemos perdido capacidad crítica para analizar lo que pasa en el mundo. De ahí que parezca que estamos encerrados en la caverna de Platón. Abandonamos nuestra responsabilidad de pensar, de actuar. Nos convertimos en seres inertes sin la capacidad de indignación, de inconformismo y de protesta que nos caracterizó durante muchos años. Estamos llegando al fin de una civilización y no me gusta la que se anuncia . El neoliberalismo, en mi opinión, es un nuevo totalitarismo disfrazado de democracia, de la que no se mantienen más que las apariencias.
El centro comercial es el símbolo de ese nuevo mundo. Pero hay otro pequeño mundo que desaparece, el de las pequeñas industrias y de la artesanía. Está claro que todo tiene que morir, pero hay gente que, mientras vive, tiende a construir su propia felicidad, y ésos son eliminados. Pierden la batalla por la supervivencia, no soportan vivir según las reglas del sistema. Se van como vencidos, pero con la dignidad intacta, simplemente diciendo que se retiran porque no quieren este mundo.


A mí, Saramago me interpreta bien. Si alguna duda me surge de sus ideas, la aclaro de inmediato, leyendo el Libro del Desasosiego, de ese grandísimo lusitano, poeta y contable, que fue y que sigue siendo en sus textos, Fernando Pessoa.

Si estuviésemos en condiciones de desentrañar la historia que cada cual trae grabada en sus genes, podríamos dilucidar qué eran, hace 3.000 años o más, los antepasados de Michel Serres y los de José Saramago. Quizá los del primero fuesen jefes de la tribu o guerreros poderosos o brujos omnipresentes; los del segundo, campesinos que iniciaban las tareas de la agricultura en una pequeña aldea de Tras os Montes, quizá inventores, a la postre, del espirituoso viño verde.


En esto de especular, todo podría ser, amigo lector. Entretanto, concluyo el 2016 en la tarea de cronista e inicio el 2017 de la mejor manera: encabalgado en las palabras.

Te deseo felicidad, en la medida de lo posible.


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Edmundo Moure
Diciembre 31, 2016
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 01-01-2017 19:36
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UNHA ESTRELA BRILLABA EN FONTÁN: LEMBRANZAS DE NADAL
Foi hai moitos anos. Xa preto de trinta. Naquel Nadal, moitas cousas eran diferentes. Para empezar, a xente enviaba postais por esas datas, e non mensaxes vía teléfono móbil (unha tecnoloxía aínda en cernes, mentres que agora moitos non imaxinan a vida sen ela). Non se colgaban bonecos vermellos de barbas brancas nas fiestras, nin se enmarcaban con grilandas eléctricas. Os agasallos aparecían nos zapatos, e non nos calcetíns. As luces das rúas eran composicións con bombillas de cores, e non tiras de LED. Os nenos de San Ildefonso cantaban o premio en pesetas, e non en euros. Naquel Nadal, o futuro parecía menos aterrador: a democracia consolidábase en España, a guerra fría parecía diluírse no mundo, e ninguén imaxinaba que o mellor proxecto mundial nese prometedor futuro sería acabar coa ameaza do terrorismo e minimizar as consecuencias dun cambio climático desastroso e dunha crise que varrería á clase media no país.

Naqueles nadais de mil novecentos oitenta e pico, os nenos formábamos parte da paisaxe das rúas de aldeas, vilas e cidades. E sumabámonos con alegría ás celebracións de Nadal. Escribíamos longas cartas manuscritas aos Reis de Oriente, nas que asegurábamos ser os que mellor se portaban, prendíamos candeas nas mesas das nosas casas, participabamos en beléns viventes de escolas e igrexas, aportando o noso boneco favorito como perfecto Neno Xesús, e prestábamos a nosa inescusable axuda aos nosos pais mentres montaban a árbore a uns días (algúns semanas, pero non meses) da Noiteboa. Esa árbore era verde.

Cando empezaba o frío, e a chuvia impedía que xogaramos na rúa, os meus curmáns e máis eu xuntabámonos con outros amigos da veciñanza, nenos e nenas sen distinción, e urdíamos unha trama secreta: ensaiar panxoliñas. Cantabamos unha e outra vez acompañados dunha vella cinta de casete (que foi delas?) aquilo de "Pero mira como beben los peces en el río", "Falade ben baixo", "Campana sobre campana", "Navidad, dulce Navidad", "Fun fun fun" e unha morea máis de títulos e cantos que hoxe esquecín. Ese ensaio levábase á práctica o día de Noiteboa, cando cargados de abrigos e bufandas, de culleres, botellas de anís, cunchas e pandeiretas de plástico, nos dirixíamos Fontán arriba coa nosa caixa de habanos baleira e coa nosa ilusión intacta, para petar nas primeiras casas, e iamos baixando rúa por rúa a pedi-lo aguinaldo ata chegar ao porto. Timbrabamos en cada porta, e señoras en mandil que nos coñecían polos nosos nomes ou polos dos nosos pais abrían traendo tras de si o recendo de carne asada, bacallau... A elas adoitaba unirse o resto de persoas que estivese na casa, e escoitaban as panxoliñas (esas ensaiadas dende días atrás) con estoico sorriso e nalgúns casos mesmo con aplausos. Cinco pesos (vinte e cinco pesetas, para os que o esqueceran) eran o noso botín máis prezado, que pasaba a ocupar o seu lugar na caixa de habanos. Doutras casas, saiamos cargados de doces e polvoróns. No bar dos meus tíos ofrecíamos o noso derradeiro recital da noite, diante de homes que na súa maioría traballaban no mar e logo de apurar o último trago ían a deleitarse coas ceas cuxa preparación interrompéramos por uns minutos un pouco antes, homes en aparencia rudos que ceibaban gargalladas coa nosa arte e logo abrían con solemnidade a súa carteira de coiro, ata que a caixa de habanos non daba xa máis de si. Deseguido, faciamos reparto do recadado, moedas prateadas con cheiro a puro, sentados á entrada do bar.

Logo todo era erguerse co peto cheo –manancial de futuras larpeiradas non aptas para os cativos de agora- e volver para as nosas casas, coas nosas respectivas familias a gozar da maxia da xornada, con parada inescusable no muro (para quen non coñece Fontán, o muro é como un miradoiro sobre porto e mar). Dende alí xogabamos a buscar a estrela de Belén, que, supúñamos, sería aquela que máis brillaba no ceo.

Foi hai moitos anos. Xa preto de trinta. Esta Noiteboa busquei outra vez a estrela que máis brillaba no ceo. E, como un lóstrego, a lembranza partiume por dentro, e souben que esa estrela brillante xa a levaba comigo.


Texto de Vanesa Santiago Vázquez.
Imaxe: rapazada no porto de Fontán gozando dos agasallos do inverno de 1987.
Comentarios (0) - Categoría: Artigos - Publicado o 27-12-2016 17:22
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DESEXÁMOSVOS BO NADAL E BOAS FESTAS
Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 25-12-2016 14:00
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Libros galegos en Chile
EL FELIZ AGASAJO DE LOS LIBROS

Ayer compartimos -Marisol y yo- con mi amigo Oscar Pedreira Álvarez, primo hermano (curmán) de nuestro recordado Demófilo Pedreira Rumbo, en casa de su hija Marisol y de su yerno Pablo Terra, un almuerzo memorable. Marisol Pedreira cocinó una paella deliciosa, que acompañada de un espirituoso vino blanco, escanciado gentilmente por Pablo y de una entretenida conversación, articuló la grata velada.
Oscar Pedreira, coruñés, de profesión ingeniero y de largo oficio como vendedor de libros en Argentina, reside en Caracas, Venezuela, junto a su hijo. Disfrutará la canícula estival de Chile, merced a la hospitalidad de su hija, yerno y nietos (Andrea y Diego), hasta mediados de enero próximo. Nos une nuestra común ascendencia gallega y el recuerdo entrañable del inolvidable (inesquencíbel) Demófilo, ese magnífico “gallego de dos mundos”, como le bautizáramos en mi libro Gente de la Tierra, cuya muerte física (pasamento) parecemos no asumir, como si nuestra porfía gallega lo trajera de nuevo al permanente coloquio.
Oscar posee con su hijo una librería en Caracas, que a duras penas sobrevive en medio del desastre económico y social que padece hoy la patria de Simón Bolívar. Al concluir el almuerzo, mientras disfrutábamos un exquisito flan de leche (recordé la “leche asada” que preparaba mi abuela gallega en Chacra El Olivo), Oscar me distinguió con el feliz agasajo de siete libros, que paso a detallar:
Unha ducia de Galegos, de Víctor Freixanes, destacado escritor y periodista, a quien conocí en Vigo, hace diez años. Se trata de un conjunto de doce biografías de grandes gallegos de la literatura: Ramón Otero Pedrayo, Valentín Paz Andrade, Luis Seoane, Eduardo Blanco Amor, Ramón Piñeiro, Celso Emilio Ferreiro, Xaime Isla Couto, Xesús Alonso Montero, Xosé Manuel Beiras, Xosé Luis Méndez Ferrín y Monseñor Araúxo Iglesias... Con estos autores me vincula (vencella) mi amor por la palabra creadora y mi fidelidad anímica y espiritual con la lengua de Rosalía de Castro. (Esta mañana, durante mi viaje habitual en el Metro, he leído las bellas y certeras páginas dedicadas a Ramón Otero Pedrayo, el hijo dilecto de Trasalba).
...Sigo en la mención de los libros: Homes do espacio, de Lois F. Marcos, breves relatos; Adiós María, novela de Xohana Torres; Historias do Canizo, de Ánxel Sevillano; Manuel Curros Enríquez, súa vida e súa obra, de Luis Carré Alvarellos, obra editada en 1953, en Buenos Aires, la “quinta provincia gallega”; La Monja de San Payo, de Valentín Lamas Carvajal, el escritor ciego del siglo XIX gallego; un conjunto de viejas leyendas escritas en lengua castellana, edición de 1930, hecha en Ourense.
Dejo para el final de este escrutinio-resumen del amable agasallo de Oscar, ese libro extraordinario que mi padre leía y releía, glosando a pie de página y marcando frases, oraciones y párrafos. Me refiero a Sempre en Galiza, del gran Alfonso Rodríguez Castelao, auténtico renacentista gallego: narrador, ensayista, dibujante eximio, médico y destacado político de la II República Española, fallecido en el exilio de Buenos Aires, el 7 de enero de 1950. Se trata de una edición de 1976, auspiciada por el Centro Galego de Bos Aires. Mi padre decía que se trataba de un virtual “evangelio gallego” que todos los paisanos debiesen leer y conocer en profundidad. Su reflexión era quizá un resabio tardío del positivismo, cuyos mentores confiaban en la perfectibilidad humana a través de la educación.
Sempre en Galiza es una suerte de diario testimonial de Castelao, escrito en lengua gallega, a partir de sus experiencias políticas e ideológicas en esa España “de charanga y pandereta” que hombres notables como él lucharon por liberar y modernizar, por arrancarla de las garras de una monarquía decadente y de una jerarquía eclesiástica aun sumida en la atmósfera inquisitorial de la Edad Media. Extraigo un breve párrafo, palabras donde destella la vieja ironía galaica, que alguna vez nos leyera mi padre en la sobremesa de los domingos (la traducción es mía, del original en gallego):
Estoy lejos de mi Tierra, en Badajoz. Me cubre un inmenso fanal azul. Me encuentro en la torre de “Espanta Perros” y veo desde aquí las calles incardinadas de la ciudad. Una espigada cigüeña vigila desde el borde de su nido, y las torcazas chillan en el aire. En la lejanía percibo la fortificación de Elvas -la plaza portuguesa, enemiga temporal de Badajoz-Me acompaña un perro vagabundo, que me sigue a todas partes; un can nostálgico y fiel, que me mira con ojos amorosos; un perro agradecido hasta el servilismo, que por un terrón de azúcar me aguarda en la puerta del café, para hacerme compañía en el paseo vespertino... Este afectuoso animal me provoca enojo y compasión, y viéndolo tan hambriento, tan sucio y tan manso, me parece un símbolo... ‘Aquí se muere de asco hasta el obispo’.
Prosa vibrante, incisiva, a ratos descarnada, en ocasiones poética, sin falso lirismo ni efusiones edulcoradas. Es el artista pleno, a quien “le duele España”, como le dolía a Unamuno y a Machado. (Siento la tentación de seguir leyendo, pero mi jefe me pide la relación de los impuestos a pagar; guardo el volumen y espero, como si yo fuera Fernando Pessoa, escondiendo entre los libros de contabilidad los poemas que escribía en desmedro de la anotación compulsiva de los registros contables)…
Oscar Pedreira no habló mucho esta tarde. Yo le observaba de soslayo. Sus ojos, de cuando en cuando, parecían perderse en lontananza, entristecidos por la añoranza de su patria actual, Caracas. También a él le duele su Venezuela ultrajada.
Los gallegos, apreciado lector, tenemos al menos siete patrias, como bien me lo hiciera saber, hace quince años, ese gran maestro gallego llamado Basilio Losada.
Ya te contaré acerca de eso, curioso lector, uno de estos días. Por ahora, disfruto el regalo de los libros que han llegado a mí de la mano de Oscar, un galego bo e xeneroso.


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Edmundo Moure
diciembre 19, 2016
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 21-12-2016 00:08
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VALDI, CHAIREGO DE HONRA 2016
Onte nomeouse chairego de honra en Vilalba ao noso socio e amigo Xosé Val Díaz. Dende aquí, vaian os nosos parabéns!
Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 18-12-2016 12:28
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Presentación de VINTE FRAGMENTOS DE MOCIDADE VORAZ

Hoxe,ás 20´30 horas, na Oficina Municipal de Información Xuvenil (OMIX) de Sada, sita na avenida da Mariña nº 62, se presenta o libro VINTE FRAGMENTOS DE MOCIDADE VORAZ coa participación do seu autor Tito Pérez e a colaboración especial de José Erre.
Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 02-12-2016 01:22
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FIDEL CASTRO, hijo de padre lucense
FIDEL CASTRO, HIJO DE PADRE LUCENSE

Paciente y alerta lector cautivo, me propongo escribir aquí una crónica distinta, más entrañable, quizá, obviando el odioso enfrentamiento ideológico (por lo general, desprovisto de ideas) con el que se pretende denostar al líder cubano después de su muerte, con aleteos de zopilotes y graznidos de cuervos.
Como bien sabéis, Fidel Castro Ruz fue hijo de un gallego de Lugo, de la aldea o villa de Láncara, que visitara en julio de 1992, donde fue vitoreado por tirios y troyanos; más por gentes de derecha, muy abundosas en Galicia desde tiempos remotos. El periodista Fernando Orgambides escribió a la sazón una interesante crónica, publicada en el diario El País. Con ella haré algo inusual y espero contar con vuestra benevolencia: glosaré los principales párrafos del artículo, destacándolos en cursiva y negritas, amparado en la irrefutable certeza de la muerte del controvertido líder de la Revolución Cubana. (Sí, con mayúsculas, como la Francesa, la Mexicana y la Rusa, aunque les escueza a los neo-admiradores de Pinochet).
Preciso es recordar que nosotros, los Moure Rojas, somos como él, hijos de campesinos humildes por la vía paterna.
El líder cubano, Fidel Castro, se declaró ayer (28 de julio de 1992)"hijo legítimo de Galicia" y prometió que jamás defraudará a sus progenitores, en el curso de la jornada más emotiva de su viaje a la tierra de sus antepasados, donde conoció personalmente el terruño de su padre. Castro, acompañado siempre por el presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne, confesó que su estancia ayer en Láncara (Lugo), donde fue vitoreado por los vecinos, queda registrada ya como uno de los días más importantes de su vida.
Curiosa compañía, paradojal para algunos. Manuel Fraga Iribarne fue ministro de Turismo y Comunicaciones, durante los treinta y ocho años de férrea dictadura militar-católica-corporativista de otro gallego, oriundo de El Ferrol (A Coruña), Francisco Franco Bahamonde. Pero a ambos los ligó una suerte de amistad, puesto que el padre de Fraga compartió con el padre de Fidel, varios años, como emigrante en Cuba.
Para tanto desavisado, cumple recordar que el gobierno de Franco, pese a la indignación del Departamento de Estado de USA, no se sumó al infame bloqueo contra Cuba. Ante la reclamación hecha por un delegado oficial de John Kennedy, enrostrando a Francisco Franco su “inconsecuencia” al apoyar a un régimen marxista-leninista y ateo, el cazurro dictador respondió: -“Doscientos años antes de que ustedes existieran como nación, nosotros ya teníamos estrechos vínculos con Cuba”-.
Aclamado por un grupo incondicional de adictos que le siguen a modo de coro por todas partes, el líder cubano cumplió por fin su anhelado deseo de conocer el lugar donde nació su padre: Láncara, un pueblecito situado a veinte kilómetros de Lugo. Castro y Fraga, rodeados por un impresionante dispositivo policial, llegaron a Láncara poco antes de la una de la tarde. Estuvieron en el pueblo poco más de veinte minutos y visitaron juntos la casa, hoy deshabitada, donde nació Ángel Castro y Argiz, un emigrante de extracción humilde que hizo fortuna en la isla.
Recuerdo que la hermana de Fidel, quien se autoexilió en Miami, en procura de la democracia de color verde, transformándose en feroz opositora al régimen de su hermano, rompió definitivamente con Fidel cuando éste se negó a pagarle una cuantiosa indemnización, luego de haber expropiado la hacienda cañera de su padre, que pasó a ser propiedad del Estado.
La casa, sin luz eléctrica, es una vivienda de una sola planta construida sobre piedra, que sólo ha sido habitada por otras dos familias más después de la de Castro.
Al respecto, mi padre comentaba que, desde la Edad Media y hasta fines de los 70, en la “Galicia profunda”, de la que era originario, la vida rural y sus consiguientes relaciones parroquiales, habían variado muy poco. De hecho, apenas a comienzos de los 80 llegó allí el maravilloso (y terrible) invento de la televisión.
El líder cubano departió con su familia, paseó por la única calle de Láncara y fue vitoreado por unas doscientas personas. La banda de música de Sarria le obsequió con unos pasodobles y la orquesta cubana Neno González, que se trasladó a Láncara expresamente desde Asturias, le interpretó unas congas.
Todo resultó feliz, pero no hubo grandes emociones. Una hora antes, Castro fue nombrado "hijo predilecto" del lugar en la parroquia donde está instalado el concejo, Puebla de San Julián. Paradójicamente, la emoción no se apoderó de Castro, que era el homenajeado, sino de Fraga que, a mitad de un discurso de bienvenida al líder cubano, prorrumpió en sollozos. Nadie se explicaba ayer por qué lloró Fraga y no Fidel. Las lágrimas del presidente de la Xunta se desprendieron justamente en el instante en que recordaba la emigración gallega y, particularmente, la de su padre a Cuba, cuya historia personal es muy paralela a la del progenitor de Castro.
En 1999, luego de la ceremonia oficial de la entrega de los Premios Galicia, a personajes de distintas esferas que han hecho lo suyo por el engrandecimiento de la patria de Rosalía de Castro, comenté a mi amiga, la maestra Maricarmen Pazos, que yo había visto llorar a Manuel Fraga. Ella me respondió, con laconismo y retranca gallega: -“Non te preocupes, Fraga sempre chora”. Bueno, pero no serían, en este caso, lágrimas de cocodrilo…
El líder revolucionario recordó a su padre en sus intervenciones públicas de ayer, pero insistió en declararse "nieto de campesinos pobres" más que hijo de un emigrante gallego que hizo fortuna en América. Reveló que su padre pensó en volver siempre a Láncara, pero no pudo hacerlo, y por eso ayer era para él un día de emoción grande. El presidente de la Xunta recordó las vidas paralelas de ambas familias y, dirigiéndose a Castro, comentó que los gallegos son gente que saben distinguir entre lo público y lo privado, personas entregadas al trabajo, el ahorro y la iniciativa individual, e invocó a Dios para que la isla encuentre rápidamente la reconciliación entre sus dos comunidades enfrentadas.
Parientes míos, tocados por la vara de la fortuna, afirman aún hoy que nuestro abuelo Cándido no era un emigrante, sino un diplomático que viajó para cumplir funciones representativas en Buenos Aires. La mala imaginación suele correr a parejas con la desmemoria.
En realidad, Fraga formuló un llamamiento velado a que Fidel hiciera cambios en la isla, pero Castro -que ayer suspendió por sorpresa una comparecencia ante los medios informativos- no contestó. Fraga, por último, le ofreció "nuestra casa", en alusión a Galicia, "no exenta de problemas, pero abierta a todos y con todos en paz", y le invitó a adaptarse a los nuevos tiempos, lo que se interpreta como un velado llamamiento para la democratización de la isla.
Este “llamamiento” resulta curioso y algo esperpéntico, viniendo de quien fuera Ministro de un régimen que conculcó todas las libertades cívicas. Fraga, como bien se sabe, articuló durante su larga gestión la censura de los medios periodísticos y de la literatura. En cuanto a la “paz” -relativísima por cierto-, a la que alude, en nombre de su Dios vengador, esta se logró después de un millón de españoles muertos, parte en la guerra fratricida y parte por las ejecuciones sumarias a lo largo de tres décadas.
La exhortación de Fraga Iribarne se parece mucho a los clamores de los pinochetistas chilenos “en defensa de la democracia y de los derechos humanos”. Al menos, a Fraga le ayudaba el incomparable humor gallego.
Y concluye el cronista, sin mucho entusiasmo, como se aprecia, por aquel ilustre visitante indiano:
…Terminó con una romería popular, a la que asistieron más de mil personas, en la localidad lucense de Armea de Arriba. Castro y Fraga degustaron vinos de la tierra y almorzaron empanadas, pulpo, sardinas, pimientos asados y rosquillas. Ambos cerraron el día con una partida de dominó. Ganó Fraga.
El dominó requiere de cierta pericia numérica y de una buena dosis de picardía. Lo que le sobraba a Manuel Fraga le faltaba a Fidel Castro, seguro. Después de todo, es misterioso el reparto de los dones.
Y si nos atenemos a la pertinacia y a la longevidad -en el poder, en el ánima y en el cuerpo- de Fidel Castro Ruz, coincidiremos con Camilo José Cela (escritor gallego, Premio Nobel de Literatura 1979), en que: “nunca se puede ser gallego impunemente”.
¡Que viva Galicia! ¡Que viva Fidel!

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Edmundo Moure
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 02-12-2016 00:53
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Pésame por Celestino Poza
Dende a AC Irmáns Suárez Picallo queremos expresar publicamente o noso pesar polo pasamento de Celestino Poza Dominguez, e sumámonos ás condolencias á familia e persoas achegadas a el.
S.T.T.L., compañeiro.

--> Noticia en La Voz de Galicia: Falleció el pintor Tino Poza.
--> Noticia en La Opinión de A Coruña: Fallece Celestino Poza.
Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 01-12-2016 12:30
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FIDEL CASTRO, UN SUEÑO HECHO ISLA
FIDEL CASTRO, UN SUEÑO HECHO ISLA

Vuestros brazos son un bosque
que llena toda la tierra;
si enarboláis vuestras manos
el cielo cubrís con ellas.
.
Marcos Ana


Cuando escribía, aún conmocionado por la noticia una crónica en homenaje al poeta Marcos Ana, fallecido este 26 de noviembre de 2016, me entero de la muerte de Fidel Castro Ruz. Soy incapaz, en este momento, de escribir un texto sobre el gran revolucionario cubano, hijo de emigrante gallego, que logró la singular hazaña de derrotar a Fulgencio Batista en los albores de 1959, a solo noventa millas de las fauces imperialistas del Tío Sam.
Entonces, recojo una crónica escrita hace un cuarto de siglo, que para mí no ha perdido vigencia ni oportunidad, pues trasunta lo que experimentara nuestra joven generación de los 60, imbuida del idealismo combatiente de los anhelos revolucionarios durante la segunda mitad del siglo XX. La ofrezco a mis lectores, como un homenaje al gran Fidel:

“Teníamos dieciocho años en 1959. Aquel Año Nuevo, el tío Indalecio, ex anarquista de la columna Durruti, irrumpió con la noticia: Fidel Castro y los suyos entraban victoriosos en las calles de la Habana... Batista huía a Miami, a disfrutar los cientos de millones de dólares sustraídos al erario nacional. El balneario caribeño de Washington cerraba sus casinos y prostíbulos.

“Para los españoles que habían padecido la derrota a manos de Franco, los viejos sueños parecían encarnar en la esperanza. En especial los gallegos progresistas, cuyo flujo vital hacia Cuba fuera intenso al promediar el siglo XX, se sentían identificados con la victoria de las milicias populares sobre el ejército regular de Fulgencio Batista. Para nosotros, jóvenes iberoamericanos, un mundo nuevo surgía en medio de los gastados regímenes de nuestra preterida América. Poco después lo confirmamos: la Revolución Cubana era una formidable expresión de antiimperialismo, el primer triunfo político y militar contra los amos del Norte, que lograba afianzarse como gobierno socialista en su mismísimo “patio trasero”.

“Los victoriosos barbudos de Sierra Maestra hablaban el lenguaje de una dignidad hasta entonces desconocida por nuestros próceres de salón. Habían ganado una guerra verdadera, combatiendo contra uno de los ejércitos mejor preparados de Iberoamérica. Los opresores criollos temblaban, esperando la enérgica intervención del tío Sam en defensa de sus intereses.

“Cuba fue consolidándose gracias al trabajo de su pueblo. Obtuvo logros notables en salud, educación, economía productiva, cultura. Su influjo se extendió a lo largo y ancho de nuestro continente. “Los resultados de una revolución verdadera sólo pueden medirse al cabo de muchos años, porque se trata de un movimiento político, económico y social de alcances universales, un nuevo concepto de las relaciones humanas...”, nos decía Indalecio, lleno de entusiasmo juvenil.

“Cierto. Y aunque en las décadas siguientes la Revolución Cubana sufriera rudos golpes, entre los que estuvo la muerte del Che y el fracaso de la guerrilla en el corazón de la América del Sur, sus efectos se hacían notar por doquier. En Chile, la Democracia Cristiana levantaba al emblema de la “revolución en libertad”, y en su proyecto político figuraban las principales reivindicaciones del proceso cubano, como si perteneciesen a su ideario reformista.

“Igual cosa ocurrió en Venezuela, Ecuador, Perú, e incluso en la Argentina anterior a las dictaduras militares de Videla y Galtieri. Por otra parte, la actitud política de las derechas sufrió cambios importantes, buscando adecuarse a las nuevas exigencias sociales que el “mal ejemplo” cubano exacerbaba en nuestros países, y, de paso, elaborando estrategias conjuntas para erradicar “el peligro castrista”. Así nació la infamante “doctrina de seguridad nacional”, sangre y espíritu de las castas cuarteleras, que la hicieron suya sin mayores escrúpulos “patrióticos”; en el caso concreto de Chile, aceptándola con monolítica aquiescencia y singular servilismo.

“La muerte de Salvador Allende, víctima de la traición y el abandono, constituyó para nosotros una gran decepción... ”Las derrotas deben fortalecernos; otros tomarán nuestro lugar con renovados bríos”, insistía Indalecio, físicamente desgastado por la vejez, pero con sus ojos encendidos por un inclaudicable espíritu de lucha que apagaría sólo la muerte. “Quisiera ver el sueño de Cuba hecho realidad en toda América”, fue una de sus postreras expresiones. “Ustedes lo verán, antes de que el siglo concluya”...

“La crisis del mundo socialista y la derechización de la Comunidad Europea han fortalecido a las oligarquías criollas. Sus ideólogos van imponiendo, cada vez con mayor desparpajo, esquemas económicos aberrantes para los sectores más desposeídos, con la complicidad de los movimientos reformistas que se sienten hoy avasallados por el lenguaje y la acción de la tecnocracia neoliberal, eficiente administradora de la miseria ajena en beneficio de las minorías.

“En nuestro país resulta patética la actitud de ciertos demócratas de supuesto cuño izquierdista, empeñados en no inquietar a la Derecha, asegurándole una “administración eficiente” de sus negocios; ofendido por el repudio internacional al ex dictador, a quien –oh paradoja– ha contribuido a legitimar paso a paso desde el acatamiento de la espuria Constitución del 80; entusiasta para celebrar los “éxitos económicos” del pinochetismo, mientras los tecnólogos de palacio se comprometen a consolidarlos en el “mediano y largo plazo”, y juran al empresariado amor eterno y fidelidad a toda prueba.

“Entretanto, los trabajadores siguen aguardando mejores días, desconcertados ante el nuevo rumbo que tomaron sus líderes, enérgicos y combativos ayer, contemporizadores y “pragmáticos” hoy. Nada ha cambiado para los desposeídos. Al contrario, los niveles de vida han ido deteriorándose paulatinamente, con el consiguiente aumento de la delincuencia y de actos violentistas que no parecen obedecer a móviles ideológicos, pero que son imputados a la Izquierda revolucionaria chilena (a lo que resta de ella) por un oficialismo que parodia los ademanes autoritarios de sus predecesores.

“¿Y Cuba?

“Resiste a pie firme los embates de sus enemigos, acosada por el vecino Imperio que espera el momento propicio para asestar el golpe final contra la Revolución. Pero su ideario no será borrado mientras exista el anhelo de un futuro promisorio para los pueblos de América. Sueño y esperanza siguen siendo isla encantada en la entraña rumorosa del Caribe, y memoria viva en el recuerdo de Indalecio, “muerto en acción” hace quince años.”

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Edmundo Moure
Mayo 1991; noviembre 2016
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 26-11-2016 23:14
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MARCOS ANA, EL POETA GUERRERO

MARCOS ANA, EL POETA GUERRERO

Prisionero durante veintisiete años en las mazmorras franquistas, condenado a muerte en dos oportunidades, quizá porque cuando se conjugan en un individuo las virtudes del luchador y del poeta, éste posee varias vidas... Hoy ha muerto, en forma definitiva para su ente corporal, Marcos Ana.

A lo largo de esa interminable existencia carcelaria, semejante a la de Nelson Mandela, Marcos Ana fue capaz de vivir en plenitud su pasión por la literatura, unida a la vocación política, haciendo realidad lo cantado por otro poeta de su generación, Gabriel Celaya:


Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.


Esta actitud hecha versos como saetas, que suele escandalizar a los puristas que olvidan el aserto de Vicente Huidobro: “Cantar a la rosa es también un acto político”. Así, Marcos Ana se entregó a una causa que se cobijaba en sus entrañas. Sin arredrarse ni claudicar, víctima de una de las más feroces dictaduras -¡vaya que las hubo!- del siglo XX, tuvo la fuerza y la capacidad para crear, dentro de la cárcel, un periódico clandestino de combate, para desarrollar un taller literario para los presos, entendiendo que la palabra es una arcilla indispensable para construir la casa de la esperanza.


Sus poemas trasuntan una suerte de “lírica carcelaria” que nos conmueve, más allá de cualquier sensiblería dramática, y nos recuerda a otro ilustre poeta prisionero que murió con los ojos desmesuradamente abiertos, en la cárcel de Alicante, Miguel Hernández, el pastor de Orihuela, aunque en él se cebaron la enfermedad y los apremios para matarle, luego de tres años tras las rejas.


Decidme cómo es un árbol

Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire.
Recitadme un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre,
decidme cómo es el beso de una mujer,
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo.
¿Aún las noches se perfuman de enamorados
tiemblos de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa?
22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas,
su olor, su aroma,
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron.
No puedo seguir:
escucho los pasos del funcionario.


Fernando Macarro Castillo, conocido universalmente como Marcos Ana, fue y seguirá siendo un poeta hispano, oriundo del ayuntamiento de San Vicente, Salamanca. Hijo de campesinos pobres, pasó la infancia en su localidad natal hasta que se trasladó con su familia a Alcalá de Henares, en 1929. Marchó al frente al estallar la guerra civil, en julio de 1936, afiliándose a las Juventudes Socialistas Unificadas. Debido a su corta edad, no pudo incorporarse a las tropas combatientes de la República hasta 1938.
Luchó en la batalla de Madrid, al tiempo que trabajaba como comisario político del Partido Comunista. Antes de la caída de la capital de España, logró refugiarse en Alicante, en espera de un navío que le rescatase a él y a otros compañeros. Fue apresado por soldados italianos que servían a Franco y luego compartió la prisión con Miguel Hernández. Su carácter rebelde y contumaz le acarreó una brutal represión que incluía apremios físicos, torturas y extensos periodos de incomunicación. Pero nada quebró su entereza moral, fortalecida por constantes lecturas de obras “clásicas” que el régimen autorizaba circular en sus mazmorras. Aquellos funcionarios de la brutalidad católica-corporativa rendían tributo, talvez sin advertirlo, al ilustrísimo preso bajo las garras inquisitoriales, Miguel de Cervantes y Saavedra, aunque la lectura de El Quijote estuviese restringida. Pero el espíritu combativo también anidaba en aquellos autores como Quevedo, Lope de Vega, Calderón. Gracias a una red interna de libros clandestinos, leyó a Rafael Alberti, a Federico García Lorca, a León Felipe y a Grabriel Celaya.
En 1956 comienza a escribir sus primeros poemas bajo el seudónimo de Marcos Ana, textos que salieron de la prisión, llevados por manos anónimas, escondidos entre los senos propiciatorios de las mujeres españolas, nutriendo la esperanza y la rebeldía de numerosos opositores al tirano. Estos versos desgarrados y valerosos, alentaron a organizaciones como Amnistía Internacional para procurar su liberación, la que tuvo lugar en 1961, cuando logró refugiarse en Francia, donde se integraría al Centro de Información y Solidaridad con España, dirigido por Pablo Picasso. Recorrió Europa y Sudamérica, donde su poesía combatiente influyera de manera significativa, en especial entre los jóvenes que padecían las dictaduras de Videla, en Argentina, y de Pinochet, en Chile.
En un mundo al parecer entregado solo al hedonismo cerril, donde se reniega sin mayor análisis de los procesos revolucionarios, dando por sentado el fracaso de las llamadas “utopías sociales”, la figura de Marcos Ana crece y se proyecta como un paradigma para las nuevas generaciones, para aquellos que lograrán, pese a todo, alzarse sobre la ceniza artera de un egoísmo que pugna por ahogarnos en una atmósfera de claudicación y derrotismo.

Abrimos, en esta mañana de noviembre que nos trae la mala nueva de su partida, las páginas del Canto General, y cantamos, en homenaje a Marcos Ana, la vibrante exhortación de Pablo Neruda:

No me siento solo en la noche,
en la oscuridad de la tierra.
Soy pueblo, pueblo innumerable.
Tengo en mi voz la fuerza pura
para atravesar el silencio
y germinar en las tinieblas.

Muerte, martirio, sombra, hielo,
cubren de pronto la semilla.
Y parece enterrado el pueblo.
Pero el maíz vuelve a la tierra.
Atravesaron el silencio
sus implacables manos rojas.
Desde la muerte renacemos.

¡Larga vida al poeta Marcos Ana!

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Edmundo Moure
Noviembre 26, 2016
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 26-11-2016 22:59
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