A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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ESPÍAS
Hoxe vai de espias. A raiz da protección que se ofrece en EE.UU. en 1949 aos espias que traballan para eles nos países enimigos dos norteamericanos, RSP comenta a escasa consideración das persoas que realizan tal actividade así como a similitude entre espía e traidor...


27 de febrero de 1949

EL ESPÍA PROTEGIDO


Por Ramón Suárez Picallo

La Comisión Parlamentaria de Servicios Armados de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, aprobó por unanimidad, un proyecto de Ley, por el cual son compensados y protegidos los extranjeros que ayuden a los agentes de los Servicios de Inteligencia e Información norteamericanos diseminados en todo el mundo, especialmente en aquellos países que figuran como posibles enemigos en una guerra más o menos en ciernes.

El presidente de la mentada Comisión, Mr. Carl Vinson, diputado demócrata, por Georgia no deja lugar a dudas sobre el significado del acuerdo: “Se trata lisa y llanamente –declaró- de proteger al espía y al espionaje; y si ustedes hallan otro nombre menos duro, tanto mejor. Por de pronto ya era hora de que los servidores que se juegan la pelleja por una información que nos favorece, tuviesen algo en recompensa”.

La recompensa consiste en que los “informadores”, pueden entrar libres de pago de derechos y requisitos legales, en el territorio de la Unión donde tendrán residencia, ciudadanía y empleo, según la importancia de los servicios prestados, todo ello aparte del precio específico que hayan recibido por cada uno de sus informes y servicios. He aquí una disposición única y original, proclamando por vez primera en la Historia, la protección al espía, figura legendaria, fea o simpática, según a quien sirva.

El espía, así a secas, era un tipo despreciado, injuriado, sin protección jurídica ni diplomática de nadie; ni siquiera del país a quien servía, jugándose la vida minuto a minuto. Y a pesar de ello, ninguno de los grandes generales de la historia –Alejandro, Julio César, Tamerlán, Napoleón y Wellington- pudieron prescindir de sus preciosos servicios; y ganaron muchas batallas merced a una previa “confidencia” sobre la posición, fuerza y posibilidades del enemigo. De ahí, de la utilidad y eficiencia de su misión, provino que todos los códigos militares del mundo castiguen con la pena de muerte al espía que sirve al enemigo, mientras que los Estados Mayores gastan mucho dinero, halagos, elogios y ascensos, para estimular al espía propio.

Claro que en nuestros tiempos el espionaje está disfrazado con eufemismos rimbombantes, altamente honoríficos y con inmunidades diplomáticas, gracias al progreso del lenguaje, del Derecho Internacional y de las fórmulas protocolares que a él se refieren; pero en el fondo, sigue siendo siempre la misma cosa: un servicio hecho a costa de un fingimiento o de una alevosía. Sólo en alguno que otro país, muy atrasado en la jerarquización de los oficios y de los vocablos, se recurre aún hoy a la palabra espía, para liquidar y quitar de en medio a los adversarios políticos, cubriéndolos de ignominia; mientras que, los gobiernos de esos mismos países, tienen a su disposición –con otros nombres y otros significados- los más perfectos servicios de espionaje, conocidos en todos los tiempos históricos.

Por lo demás, aún dentro de la repugnancia que instintivamente produce siempre el espía a secas, hay matices al respecto que incluso señalan los propios códigos castrenses; no es igual ser espía en tiempo de paz que en tiempo de guerra; ni lo es tampoco si la “información” se le ofrece a una potencia “amiga” con la que se mantienen correctas y amistosas relaciones diplomáticas, a otra potencia “enemiga” o a punto de serlo. Porque no se puede ni se debe confundir el traidor con el espía. El traidor vende a su Patria por dinero o por otras razones al enemigo que la invade, mientras el espía, en muchos casos, sirve o cree servir, a un ideal; Napoleón halló en toda la Europa que logró dominar, grupos de amigos de la Revolución Francesa que creían que él iba a imponer los Derechos del Hombre y del Ciudadano a puro disparo de los cañones de su artillería, y que, por eso, le facilitaron el paso.

Y, en la Europa de hoy, hay pueblos –o por lo menos grandes sectores de pueblos- que recibirían como un bien de la divina Providencia, una invasión militar del bando contrario a los gobiernos que los tienen sometidos y opresos. Porque las guerras de estos tiempos –la recién pasada y la que parece estarse preparando- no son guerras entre estados, patrias y naciones, sino que son guerras civiles entre hombres de más acá y de más allá de las líneas de fuego, enzarzados en una lucha feroz por concepciones distintas y opuestas sobre el modo de vivir y aún el de morir. Y mueren y morirán, en defensa de esas concepciones, los unos y los otros.

De ahí la decadencia de los viejos conceptos de “espía” y de “traidor”; ellos seguirán siendo repugnantes al vulgo, a los Estados Mayores y a muchas personas aferradas al clásico sentido del honor. Pero, frente a ellos se levanta el sentido de la eficacia, reflejado en el acuerdo de la Comisión Parlamentaria del Congreso norteamericano premiando y protegiendo a quienes sirvan a sus ejércitos, facilitándoles “informaciones útiles”

¿Para bien o para mal? No es cuenta nuestra.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 27 de febreiro de... 1949)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (outros) - Publicado o 27-02-2011 03:05
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