A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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UN LIBRO DO SÉCULO XIX SOBRE A PENA DE MORTE
RSP comenta a publicación destas obras do historiador e ensaista francés F.P. Guillermo Guizot(1787-1874). A traducción e comentarios son do profesor republicano e exiliado en Chile José Ferrater Mora.Do libro "De la pena de muerte en materia política" existía xa unha traducción de 1835 de Agustín Alcayde Ibieca. Na citada obra Guizot sostén que a pena de morte, en materia política, non logra ninguna das duas finalidades e resulta, polo tanto,inútil...


25 de febrero de 1944

SOBRE LA PENA DE MUERTE EN MATERIA POLÍTICA


Por Ramón Suárez Picallo

NOTICIA: Editorial “Cruz del Sur”, en su colección “Tierra Firme”, ha editado últimamente “De la pena de muerte en materia política”, y “De las conspiraciones y de la justicia politica”.

AUTOR: Francisco Pedro Guillermo Guizot, historiador, jurista y hombre de Estado francés nacido el 4 de octubre de 1787 y muerto el 12 de septiembre de 1874. Ministro de Restauración borbónica a la caída de Napoleón y de Luis Felipe de Orleáns. Su padre, abogado ilustre, murió en la guillotina en la época del Terror, en 1794. Él, exilado político en varias épocas del agitado siglo XIX francés, alternando sus trabajos de historiador y ensayista político y de profesor de la Universidad de París, con los de varias veces Ministro de Francia. TESIS: Enfrente y contra del Despotismo y de la Revolución; es decir: Contra los dos despotismos clásicos, conocidos a todo lo largo de la historia; en defensa de la tolerancia y de la convivencia social por sentido realista, por conveniencia política y por comodidad para la Sociedad y para el Estado. La crueldad, es siempre reprobable; pero, lo es mucho más cuando resulta contraproducente o inútil.

TRADUCTOR Y COMENTARISTA: Traduce y comenta el precioso libro, el profesor republicano español, residente en Chile, doctor José Ferrater Mora, uno de los más puros y documentados valores intelectuales y humanos de la España peregrina y desterrada. Hablando de la colección “Tierra Firme”, iniciada con el libro de Guizot, dice el profesor Ferrater, que la dirige que “se propone destacar el pensamiento universal de todas las épocas, aquellas obras en las que se defienden esas cosas frágiles que están constantemente zozobrando, y que, en nuestros días bracean desesperadamente para no hundirse; el respeto a la verdad, la tolerancia política y religiosa y la libertad de la persona”. Antes de esta traducción castellana, el trabajo de Guizot, sobre pena de muerte, había tenido otra: una, hecha en Valladolid, en enero de 1835, del doctor Agustín Alcayde Ibieca, Ministro togado de aquella Real Audiencia. Eran momentos de ruda guerra civil en España, entre liberales y carlistas, en la que, los unos y los otros pedían la cabeza del adversario. El otro trabajo, “De las conspiraciones…” es la primera vez que se traduce al castellano. El original de ambos, en francés, se halla en la Biblioteca Nacional de Chile y fue galantemente facilitado por su Director para que saliese a luz esta edición castellana que comentamos.


UN GESTO DE VICEVERSA

Vayan para “Cruz del Sur” nuestras felicitaciones, por su gesto de valiente y rotunda viceversa, en estos momentos históricos que vivimos. Cuando por una disidencia interpartidista se pide para el vencido la pena de muerte: cuando los regímenes políticos totalitarios y de los otros se asientan sobre el cadalso, el exilio, la Cárcel, o el campo de concertación y cuando miles de hombres tienen en reserva la cuerda y el palo encebado para colgar al adversario; y cuando se grita, furiosamente, el “muera quien no piensa igual que pienso yo”, publicar un libro en el que se proclama la inutilidad, y aún la contraproducencia de tales penas es un admirable atrevimiento, digno de ser aplaudido hasta romperse las manos, por quienes viven y piensan con lo eterno, sin dejarse alucinar por lo transitorio de la propaganda, hecha a base de la “pancarta”, la “consigna” y el “agiprop”. Es posible, más que posible casi seguro, que este libro, alegato contra la pena de muerte por causas política, no resulte un “éxito de librería”; pero, es desde ahora, una magnífica afirmación ideológica, generosa y levantada, sobre todo, si se tiene en cuenta que quienes la hacen, tienen hartos motivos para pedirles vidas y las cabezas de quienes los hicieron apatridas y desterrados, proscriptos y trotamundos, y los proclamaron delincuentes por haber sido leales y virtuosos:

DOCTRINA

Es muy difícil tratándose de un libro macizo de ideas como lo es éste, hacer un resumen de contenido. Guizot es un realista más o menos maquiavélico; no es un liberal generoso ni un ideólogo iluminado y místico. Su alegato contra la pena de muerte por causas políticas se basa en la conveniencia. Ello, no obstante, tiene que recurrir, y lo hace, a fuentes de tipo jurídico y filosófico, que proclamaron, en su día, su repudio a la pena irreparable.

“El gobierno –dice– acosado por todo género de dificultades que le crean sus adversarios proclama la necesidad de la pena de muerte y la aplica como medida defensiva. ¿Qué ha logrado? Después de una sentencia o de una ejecución, vacila, balbucea y explica el porqué de la medida. En torno al sentenciado, o al ejecutado, se crea un ambiente de piedad, a veces de horror, y sus amigos –los del reo– se multiplican, atraídos por la aureola de martirio. ¿Queda, después tranquilo el gobierno? No; por el contrario; la ejecución de tal pena a las largas le perjudica más que el desorden mismo que quiso sofocar”.

Pues bien, -agrega Guizot– la necesidad de las penas –descartada como lo está por la Civilización la pena como venganza– depende de su eficacia moral –ejemplar y material– suprimir al adversario y alejar el peligro. La pena de muerte, en materia política, no logra ninguna de las dos finalidades y resulta, por lo tanto, inútil. Porque, la fuerza de las leyes resulta, en mucho mayor grado, de la conciencia moral de los hombres, que del temor que ellas inspiren, mientras no se trate de delincuentes comunes, en cuyo caso está justificada –según Guizot– la pena de muerte. El bandido, el asesino, el ladrón vulgar, están alejados de la sociedad, no tienen amigos en ella y están colocados frente a ella. No ocurre igual con el llamado “delincuente político”, que tiene amigos, sueltos u organizados y que consideran sagrada la causa a la que dio su vida, y muy honrados de seguirla.

Tal, brevemente resumidas, la doctrina de Guizot. No hay necesidad de compartirla, para estimar el palpitante interés de su libro en los momentos actuales, aunque sea como viceversa a un estado de ánimo colectivo, provocando desde hace 20 años con el advenimiento de los regímenes políticos de fuerza.

Y, tal interés, resulta particularmente actual, en aquellos países en los que, simultáneamente, se está ventilando un problema de guerra civil interior y otro de guerra de invasión internacional, ambos estrechamente vinculados en las responsabilidades, y por lo tanto, en los premios y en los castigos que a su tiempo habrán de venir.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 25 de febreiro de... 1944)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (intelectuais) - Publicado o 25-02-2011 01:11
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