A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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CARMEN AMAYA, BAILADORA
Carmen Amaya (1913-1963) foi unha bailadora e cantante de flamenco española. Naceu en Barcelona e formou parte dunha das familias máis vinculadas ao flamenco.
RSP escribe este artigo ao respecto cando a artista visitou Chile en 1950...


23 de febrero de 1950

ARTES Y EMOCIÓN DE ESPAÑA
CARMEN AMAYA


Por Ramón Suárez Picallo

Ante un público cordial, numeroso y fervoroso, devoto de lo español, está actuando en el primer coliseo de Chile la bailarina gitana Carmen Amaya, rodeada de un magnífico conjunto de artistas, que sin llegar a su jerarquía, desempeña su papel con absoluto

Respeto y sometimiento a la impronta que les marca su maestra.

Dejemos aparte los aspectos técnicos, la tradición y la pureza del flamenquismo y del andalucismo, en lo que ellos se refieren a la canción y a la danza, para decir que Carmen Amaya es, rodeada de sus gentes –las más pertenecientes a su propia familia racial y consanguínea– un espectáculo único de emoción, de arte y de belleza española.

Porque así como hay personas nacidas para escribir versos, predicar el Evangelio, actuar en política, conquistar mundos, vender y comprar, cantar y tocar el violín, o descubrir maravillas técnicas, por entrañable vocación –aquello que natura da e non presta Salamanca- las hay que nacieron, viven y morirán dedicadas a expresar, en unos pasos de danza, las más sutiles creaciones de una raza nacida para bailar. Y a esta índole vocacional insobornable pertenece Carmen Amaya; y la honra, la enaltece y la exalta con su genio; con su entraña y con su gracia, y lo que es más, enseña a quienes la rodean a sentir lo mismo que ella siente y a expresarlo con corrección y con decoro artístico.

Y ahora, dicho lo que dicho queda, queremos recordar que en esta misma página y columna nos hemos referido, muchas veces, a una manía muy común en América: darle a lo flamenco y a lo andaluz una extensión representativa que no tiene .

Y así hemos visto millares de “cantaores”, “bailaores” y “guitarristas”, más o menos eficientes, titularse representantes del folklore español. Así, de todo “lo español” en su conjunto, en vez de referirse a una sola parte de ese magnífico tesoro, variado, polífono, policromo y poliespiritual de las viejas Españas, plurales en todo, y muy especialmente en el arte de bailar y cantar.

Y este conjunto de Carmen Amaya no se aparta del mismo defecto, que llamaremos, por llamarle algo, desconocimiento, voluntario o involuntario, de la geografía artística peninsular. Se llama Compañía Española de Arte Folklórico. Y no es eso. Para serlo le faltan, por lo menos, diez aspectos regionales, esencialmente folklóricos y especialisimos. Cierto es que figuran en el programa una nota mallorquina, una valenciana y una estilización del schotis madrileño, todo lo cual resulta, dentro del cuadro que dirige Carmen Amaya, una ligera incongruencia, por no decir un pegote. Y no es que lo hagan mal quienes lo hacen, lo hacen muy bien, pero no se trata de eso.

Por lo demás, ni el famoso “Bolero”, de Ravel, ni la “Danza número 5”, de Granados (Playera Andaluza), ni ese prodigio de genio que es “El Amor brujo”, de De Falla, -y que Carmen Amaya y su conjunto interpretan original y maravillosamente- son folklor propiamente dicho. Son obras maestras, hijas de una gran inspiración subjetiva y personal, aunque hayan sido tomadas de temas populares, que son los únicos verdaderamente folklóricos.

Carmen Amaya, que ofreció su arte genial a los grupos intelectuales más ilustres y selectos de Londres, de París y de Washington, es ya una figura de relieve universal, como representante de una modalidad artística española, cuya autenticidad debe conservar, como oro en paño, por ella y por España, sin mezcla ni mistificaciones. Deber especialisimo que deben cumplir los asesores y directores artísticos de su compañía, pasando un poco por encima de las consideraciones de taquilla y de galería, casi siempre reñidas con el arte verdadero, singularmente tratándose de una artista de raza a quien lo le van ni le vienen las cuestiones de orden exclusivamente crematística.

Y que conste bien claro que todas esas reflexiones quieren ser sólo indicaciones amables para la gran artista que acaba de ofrecernos un instante de conmovida emoción, de la que mucho habemos menester, quienes tenemos a España, a su arte y a su espíritu, tan cerca del corazón, como lejos en el tiempo y en el espacio.

De un tiempo a esta parte, quien sabe por qué extrañas o íntimas causas, América entera, tanto esta nuestra como la “otra”, se siente cautivada por el viejo y mágico sortilegio de España.

La prensa, sin distinción de matices, dedica páginas enteras de sus suplementos literarios a temas y autores españoles; las grandes emisoras radiales ofrecen, con distintos nombres, amplios espacios a España, los unos malos, los otros menos malos y algunos casi buenos. Pero, como decía el otro, valga la intención; y, en este caso -fuera de otras intenciones– se revela el interés de lectores de periódicos y auditores de radio por los temas referentes a España. Y esto, en toda la América del Sur y del Norte, con Chile a la cabeza.

Un americano ilustre afirmó cierto vez: “Trata de ser lo que verdaderamente eres; sé fiel a lo que fueron los tuyos, porque si no, no serás nunca nada”. Y quizá, en estos instantes de desorientación espiritual, de no querer o no poder saber nadie de dónde viene ni de dónde va, sea España, como entraña del cuerpo, estrella en el cielo y raíz en la tierra, un buen punto de referencia del ayer y una meta esperanzada del mañana.

Pues bien, también en el teatro se advierte este retorno a lo español; en la comedia, en el drama, en la zarzuela y en estas manifestaciones de canto y de danzas, los públicos de América suelen volcarse, cordialmente con alma y corazón, a cambio de que se les ofrezcan en toda su pura autenticidad.

Y las actuaciones de Carmen Amaya en el Teatro Municipal de Santiago de Chile confirman estas aseveraciones nuestras. Ella representa auténtica y cabalmente uno de los más vivos aspectos del genio artístico de España; y de ahí las clamorosas ovaciones con que el público chileno rubrica, estas noches, su genial y esforzado trabajo.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 23 de febreiro de... 1950)
Sobre Carmen Amaya
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (artistas) - Publicado o 23-02-2011 02:19
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