A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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ANTONIO DE LEZAMA Y GONZÁLEZ DEL CAMPILLO

Articulo adicado ao periodista republicano español, Antonio de Lezama, que entre a suas múltiples e diversas actividades foi corresponsal de guerra en África e que tras a guerra de 1936 -cando a caída de Madrid- se refuxia na embaixada de Chile acadando máis tarde o exilio a dito pais onde rexentaba unha libreria, aparte de colaborar tamén no xornal La Hora como RSP...


29 de noviembre de 1943

ANTONIO DE LEZAMA, LIBRERO


Por Ramón Suárez Picallo

En la calle Miraflores, a poco de pasar Merced hacia Monjitas, en la acera de la Derecha, yendo para el Mapocho, verá el transeúnte la placa: “Antonio de Lezama, librero”. Una cabellera alba y rizada, unos ojos nórdicos, una figura esquía , todo oculto tras una cachimba de contramaestre de quechemarín vasco. Es un caballero español, de las letras y de las armas; de las hidalguías añejas y de las inquietudes nuevas, que se metió a librero. Es un pedazo de la España peregrina y andariega, con penacho de aventura y gracia de patriarca.

Lector: si pasas por allí, no te tiente el diablo a enamorarte de alguno de los libros de Antonio de Lezama. Te lo venderá, porque vive de eso; pero le darás un terrible disgusto, quitándolo de sus amados anaqueles. Pero de todos modos, pasa por allí. ¿Qué le compras? Muy bien. ¿Qué no le compras? Mejor. Verás lo que es un hombre, fugado de dentro de un libro, y vuelto a meterse otra vez entre libros. Te lo presentamos:


FILIACIÓN

Antonio de Lezama y González del Campillo, nacido en Vasconia y apasionadamente vasco y precisamente por eso fervorosamente español. El padre revolucionario y figura insigne de la anterior República; sabio, gran escritor, magnífico periodista y caballero insuperable; el abuelo, don Juan de Dios de Lezama, muere como un héroe del Romancero atacando con trece milicianos liberales un ejército carlista a las orillas del Ebro, en Haro. Por parte de madre de origen asturiano con afincamiento en México; desciende del famoso don José del Campillo y Costo, a quien se llamaba el sabio Ministro del buen Rey Fernando VI. El abuelo, guardia de Corps y coronel carlista. ¡Buena mescolanza!

Una y otra familia compiten en aristocracia y vanidad, pero abuelo, padre y nieto, desprecian títulos y convenientes y se van al lado del pueblo.

El que hoy pone orgullosamente “Antonio de Lezama”, librero, en una muestra que le parece más noble blasón que el de pariente mayor de Vizcaya, estudia leyes y filosofía y letras y cuando su padre muere le sucede en su puesto de redactor de “El Liberal”, en la época gloriosa de los Fernanflor, los Gómez Carrillo, los Zozaya, los Vicente, los Cortón, los Nogales y cuanto hubo de más preciado en el periodismo español.

Con el periodismo alterna la política y el teatro y la literatura, y su vida por la vehemencia y lo azarosa, es un folletín. Desde los 14 años interviene personalmente en todo movimiento revolucionario y eso le vale una constante persecución y encarcelamientos, que alcanzan más de tres años, esos que suelen terminar a palos o tipos, discusiones y polémicas y que abundan en puñetazos y muchísimas de los cuales acaban en desafíos de los cuales cuenta con crecidísimo número, pero a los cuales jamás fue como provocador.


EN LA GUERRA

Enamorado de África y de sus problemas realiza infinidad de viajes y recorre aquel Continente desde Trípoli hasta Dakar, y conoce, perfectamente, todo Marruecos. Como corresponsal de guerra asiste a todas las campañas desde 1909 hasta la de 1926, y allí es herido, porque no gusta ir agregado a los cuarteles generales, sino con las fuerzas más intensamente combatientes. Regulares, Legión Extranjera, Jarkas o los mejores regimientos algunas de cuyas unidades le nombran soldado honorario y aún cabo, como el Regimiento de Navarra. Sus crónicas son ejemplo de sinceridad a prueba de sacrificios y enemigas, pues no vacila en acusar de cobardes y traidores, a algunos generales. También en aquellas tierras africanas tiene encuentros personales que zanja con oficiales españoles y franceses. Su afición y conocimiento de los problemas marroquíes, le llevan a la vicepresidencia de la Junta de Estudios Islámicos que preside Gonzalo de Reparaz y tiene su sede en el Ateneo de Madrid. También visita los frentes franceses e italianos en la pasada gran guerra europea.

En “El Liberal” hace campaña aliadófila de extraordinaria violencia, y desenmascara y desmonta el aparato de espionaje alemán, que funcionaba en Madrid. Ni duelos, ni atentados personales, ni procesamientos, le hacen claudicar.

Funda con sus compañeros de redacción, administración y obreros de la imprenta, y con motivo de una huelga, “La Libertad”, de la que es subdirector, pues por disciplina política y para no perder independencia política, no quiere nunca ser director, aunque se le brinda el puesto reiteradamente.


EN LA REVOLUCIÓN

La actuación revolucionaria, cada día más acentuada, su fraternal amistad con Fermín Galán, y cuantos con él realizaron la famosa Sanjuanada; la labor de propaganda en toda España, especialmente en Asturias, a donde va varias veces como delegado del Comité Revolucionario Nacional; la fundación del Partido Radical Socialista, nacido en el Cárcel de Madrid, donde se hallaba con Marcelino Domingo, Alvaro de Albornoz y otras insignes figuras del republicanísimo español; la fusión de este partido, ya en plena República, de cuya Junta Municipa de Madrid fue presidente al estallar la sublevación militar; y todo el proceso hasta el 14 de abril de 1931, son páginas en las que Lezama colabora con apasionamiento que no mancilla el interés, porque ni pide ni quiere nada, antes bien, da cuanto tiene, que no era poco.


AVIADOR

Su afición a la aeronáutica le lleva a hacerse piloto de globo libre, y a realizar infinidad de vuelos en avión que, homologados, arrojan más de 400 horas de vuelo. Construye un aeroplano ideado por un ingeniero amigo suyo; polemiza con las más sobresalientes figuras profesionales acerca de los más pesados y los más ligeros, que el aire y su odio a los dirigibles se traduce en cuatro o cinco duelos. Es propietario y director de la primera revista de aeronáutica española “Alas”, y con el piloto Ernesto Navarro, bate el primer record de distancia de España, hazaña que hoy les hace sonreír a los dos.


CONTRA LA TRAICIÓN

Cuando los militares se sublevan, Lezama arma el Partido de Izquierda Republicana de Madrid, toma Carabanchel y el Campamento con el Coronel Mangada; organiza los batallones “Ambiente”, Escuadrones de Caballería, Brigadas, etc. Desde el primer día actúa como uno de los cinco primeros delegados políticos representando a todos los partidos republicanos, que fueron la base y origen del Comisariado, encargados de la organización de las milicias y ejército republicano. Comisionado por Gobierno de Giral, su fraternal amigo, de una delicada misión en Cartagena, marcha allí en viaje rapidísimo y al regresar vuelos el auto y sufre la fractura completa y doble de la cadera. Es hospitalizado, pero a los 18 días, y apoyado en dos bastones, se reintegra a su puesto de Comisario de batallón de la XII Brigada Internacional. Al poco tiempo Lezama, a quien el Ministro de la Guerra, Coronel Hernández Saravia ha colocado la estrella de Comandante arrancada de su propio uniforme, es nombrado Comisario de Guerra de la VI División. Este escritor, rabiosamente antimilitarista, ante la República en peligro, todo lo deja y viste un uniforme que no abandona mientras hay guerra en España, y en su cargo de Comisario de División asimilado a Coronel, pero con funciones aún superiores, no se separa un solo momento de sus soldados y atiende a la defensa de Madrid, a excepción de un mes en que fue con la División a operar en Guadalajara, donde es herido, y otros tantos días en que la unidad es destinada a difíciles operaciones en Castellón, donde matan al jefe militar, el heroico Teniente Coronel Melero; y Lezama tiene que asumir su puesto hasta que la División es disuelta para engrosar otros cuerpos militares. Entonces, es nombrado Director de la Escuela Superior de Comisarios de Guerra, en Madrid, de donde Lezama no quiere salir, ni para ocupar una Embajada, para él extraordinariamente grata. Sólo en una ocasión, al ser destruida Guérnica, le pide al General Miaja que le destine a Euzkadi: pero el General le contesta: “Defendiendo Madrid defiende Ud. su propia patria vasca”. Lezama, convencido, se cuadra ante el General y se reintegra a su puesto de combate.

BAJO LA PROTECCIÓN DE CHILE

En marzo de 1938, al caer Madrid, y cuando recibe la orden precisa de marchar a Valencia, ante la imposibilidad material de escapar, y en condiciones realmente novelescas, logra refugiarse en la Embajada de Chile, donde permanece año y medio, con las naturales angustias de cuatro asaltos frustrados gracias a la enérgica hidalguía de los diplomáticos chilenos y brasileños; y, al fin, consiguen salir los últimos cinco refugiados, de los 17 a quienes protegió Chile, y viene a Santiago.

Aquí, con Margarita Xirgú, Edmundo Barbero y Santiago Ontañon, camaradas estos dos de aventuras y exilio, con Pablo de la Fuente, trabaja en la Escuela de Arte Teatral que funda la insigne trágica, y da a un grupo de chilenas y chilenos, la clase de historia, teoría y arte del Teatro. La empresa artísticamente es un éxito glorioso, pero económicamente resulta catastrófica.

Luego, como no quiere perder el penacho que lució toda su vida, pone una tienda que tiene una muestra que es como un pabellón, en que los colores por él defendidos, toda la vida, rezan: ANTONIO DE LEZAMA, LIBRERO; aguarda, pacientemente, cachimba en boca, con gafas en vez del impertinente monóculo que llevó toda la vida; aguarda a que entren compradores y ve tristemente que toman los libros y a veces se los llevan, cosas que desea, pero que le apena a quien fue siempre un entusiasta bibliófilo y tuvo una de las mejores bibliotecas particulares de Madrid, en una preciosa finca que hacían aún más adorable una esposa y unos niños que allá le añoran, y a él le aprietan aquí el corazón con su recuerdo.

Este es Antonio de Lezama, el librero, el que ha vivido y espera continuar una vida pletórica de emociones, peligros e ideales; el esclavo de la República; el español más chileno de cuantos aquí viven, el que se ríe de los años y a quien no le tiemblan las manos cuando esgrimen la pluma o el arma. Este es el que en España llamaban “El Caballero Lezama”, y, aquí, nadie podrá desmentirlo

-Antonio de Lezama, librero ¡te saludamos!


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 29 de novembro de... 1943)
Breve biografía de Antonio Lezama
Outras actividades de Antonio Lezama en Chile
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (intelectuais) - Publicado o 29-11-2010 01:37
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